El último Susurro
Glen siempre sospechó, pero nunca imaginó que la traición lo haría sentir así. Al encontrar a su esposa y a su amante entrelazados, el dolor se transforma en una excitación prohibida que ninguno de los tres podía prever.
**El Último Susurro**
Andrea estaba en su casa, el lugar que durante años había compartido con su esposo Glen. Esa tarde, la habitación que alguna vez fue un refugio de amor y promesas se sentía sofocante, como si las paredes mismas pudieran sentir el peso de la traición que estaba por desatarse. El sol se filtraba a través de las cortinas, creando sombras danzantes en el suelo, pero Andrea no prestaba atención. Estaba concentrada en Rafael, su amante, que la observaba con una mezcla de deseo y preocupación.
Rafael había entrado en su vida como una ráfaga de viento, trayendo consigo una chispa que ella había creído apagada. Con él, Andrea había encontrado un escape a la monotonía que sentía una sensación que no había querido admitir ni siquiera a sí misma. Rafael, por mucho tiempo trato de seducirla, pero Andrea era una esposa fiel, en su esposo encontraba la pasión que, necesitaba y no hubiera pasado nada, pero el destino le hizo encontrar accidentalmente a Rafael desnudo un día en el club. Ella entró a los descuidadamente y en silencio a los vestidores y vio a Rafael que sin notar su presencia, se quitó el bóxer y mostrándole un tolete, que le dejo sin habla..... Medía unos 28 por 5 centímetros, al menos…
Ella se quedó petrificada, sin habla. Mirando aquel instrumento en mediano crecimiento, pensando:
"Que cosa tan espectacular”.
Su vulva chorreaba de lo mojada que estaba por la impresión. Desde el fondo de su ser fluyó un deseo inaguantable por ese gran pedazo de carne.
En su corta experiencia, pues Andrea ya había conocido el sexo extramarital en un par de ocasiones.
Ella no había visto nunca una verga tan grande, realmente le llamaba la atención. Esta era un mástil de carne caliente de casi 30 cm de largo y más de 5 de grueso, cabezón y con grandes venas marcadas en su tallo. Había tenido otros penes a más de el de su esposo entre sus piernas, pero ni el pene más grande que había tenido dentro de sus encantos, le llegaba a hacer competencia a este monstruo, de venas resaltadas y semierecto en el que tenía clavada su mirada.
Quedo impresionada y cautivada por este pingo de carne.
Desde que lo vio, íntimamente lo deseó y después de haberlo deseado y hasta haberse masturbado pensando en este pedazo de carne durante todo este tiempo, HOY había llegado el momento en que lo iba a gozar. Lo quería adentro, todo lo posible. Sin buscarlo siquiera, solito llegaba por primera vez y lo iba a tener para jugar con él a su antojo.
Ese día, Glen había estado trabajando hasta tarde, como de costumbre, con la esperanza de terminar un proyecto que debía presupuestar. Andrea lo sabía. Sabía que él siempre llegaba a casa agotado, se duchaba rápido y caía rendido en la cama. Era la rutina perfecta para ocultar lo que ella y Rafael tenían. Pero esa noche, algo diferente se sentía en el aire.
Glen había llegado más temprano, pero sin hacer ruido. Quizás por instinto, o por una sospecha que había empezado a crecer en él, decidió no anunciar su llegada.
Se detuvo en el pasillo, con el corazón latiéndole fuertemente en el pecho. Desde donde estaba, podía ver la sombra de su esposa y de otro hombre, entrelazados en el sofá que él mismo había elegido para su hogar. La furia, la traición, el dolor, todo se mezcló en un solo grito ahogado que no salió de su garganta. En lugar de eso, entró en la sala en completo silencio. Observaba a su esposa mientras Rafael la abrazaba; el mundo exterior parecía lejano e irrelevante. La culpa había sido expuesta en todo su esplendor.
Glen había llegado a casa sintiendo que algo estaba mal. La tensión entre él y Andrea había crecido en las últimas semanas, y aunque no quería enfrentar la posibilidad, sabía que debía confrontar la verdad. Al entrar en la casa, el silencio lo envolvió como un manto pesado. No se escuchaban los sonidos habituales: ni la televisión en la sala ni el murmullo de Andrea hablando por teléfono.
Al entrar, Glen se encontró con una escena que lo golpeó como una descarga eléctrica: Andrea y Rafael estaban juntos, enredados en una intimidad que no le pertenecía.
Mientras Andrea y Rafael se revolcaban en la sala, bajo la luz tenue de una lámpara, entregados a su pasión, ninguno de los dos notó el sonido suave de la puerta principal abriéndose. Ahí estaban desnudos, entrelazados, mostrando todas sus dimensiones, a pesar de que Andrea es alta, sus cuerpos contrastaban, la corpulencia de él, que le permitía manejarla con facilidad contra la entrega de ella, bella, delgada y sumisa, con su bien formado y trabajado cuerpo abriéndose y permitiéndole llegar a sus más íntimos encantos.
Se abrió de piernas y el Comenzó a frotar su sobre dotado miembro sobre los labios vaginales de la estrecha y arrecha cónyuge de Glen, que ya gemía y demostraba lo húmeda que estaba al sentirlo… sus labios se abrían lentamente, intentando dar cabida al voluminoso visitante, él, muy lentamente avanzaba, dando tiempo a que la vagina de Andrea, la esposa abnegada y “fiel”, se vaya distendiendo y acoplando al ingreso de la cabeza de su pene…
Sus partos habían sido por cesárea, por lo que sus caderas y vagina continuaban siendo estrechas como las de una señorita. Rafael no había acabado de meter la cabeza, cuando Andrea, gimiendo fuertemente, exclama: no me entra más, es demasiado grande, siento como me dilata hasta las caderas….él pacientemente, siguió empujando y su cabeza ingresó dentro de la vagina de mi adorada compañera…ella gemía con una mezcla de dolor y excitación, que me paraba la verga y a Rafael le daba más bríos para seguir empujando… ya clavada hasta la mitad, Andrea comenzó a arder en calentura, estaba totalmente prendida en un éxtasis pre-orgásmico sumamente elevado, comenzó a jalarlo hacia ella y él se dejó ir, la penetración fue total, hasta sonó como un pistón neumático el rato que la penetro totalmente, ella emitía unos gemidos guturales y roncos, extraños y lo besaba y acariciaba con locura….
Su amante inicio lentamente el bombeo, sacando su miembro para luego hundirlo hasta el fondo, Andrea exclamo: "Creo que lo tengo hasta el útero, me toca la matriz…" la salir el pene, se le corto el aire, parece que este inmenso miembro le succionaba su energía…al tercer embate, ella se desmadejó, sus músculos se soltaron y se elevó en un orgasmo sumamente intenso, que la llevó prácticamente hasta la inconciencia, Rafael con movimientos suaves, le sostuvo hasta que pase el clímax, Andrea quedó como desmayada, el comenzó a retirar su miembro y ella sacando fuerzas de su flaqueza, cruzó las piernas por detrás de él para evitar que se retire….
Comenzó a recuperarse y él inició un lento vaivén, ella lo acariciaba, en momentos le clavaba sus uñas en la espalda y pasivamente recibía el embate, él salía hasta la mitad y volvía penetrarla hasta el fondo, cada entrada sonaba como un pistón neumático y generaba en ella un gemido, él jugaba con sus senos y besaba su cuello, mientras le culeaba, clavando su grande y gruesa estaca de carne hasta el fondo de las entrañas de su querida, amante y puta esposa. La madre de los hijos de Glen gozaba como lo que era: una perra en celo, ella que decía que el tamaño no era importante, estaba sucumbiendo ante una gran verga que la llenaba por completo, su disfrute era total.
Ya recuperadas sus fuerzas giraron en la cama y ella comenzó a cabalgarlo lentamente, gozaba más en esta posición, porque podía controlar la introducción del pene en su vagina, sin dejar que le llegara tan al fondo, como para que le toque la matriz y le cause dolor, así lo cabalgó como una amazona, haciendo crujir el pobre sofá de manera estruendosa, alcanzando su segundo orgasmo entre gritos y gemidos escandalosos, que debieron haberse escuchado por todo el vecindario.
Cayó sobre el pecho de él, rendida del esfuerzo, pero ensartada aun en el vibrante y voluminoso pene de Rafael, giraron y él en la posición del misionero nuevamente comenzó a moverse, lentamente al principio, pero cobrando intensidad en cada penetración, ella totalmente pasiva, desmadejada, gemía y lo recibía, levantando su cadera, el movimiento se hizo más brusco, denotando su próxima venida, ella abrazo con sus piernas las piernas de él para acoplarse mejor y gozar más de semejante culiada, su miembro se endurecía más, según lo comentaba ella en medio de expresiones como: "Así, que rico, dame más, me partes en dos, pero dame, como me gusta, que rica verga, culéame fuerte, más fuerte, que bien culeas, gozó como la puta que soy, quiero tu leche adentro, dame, dame! él se puso tenso y le arremetió toda su verga, hasta que se huevos chocaron contra el aterciopelado culo de Andrea y se vino intensamente, eyaculando abundante esperma, mientras la dama exclamaba como sentía el torrente caliente de semen en lo mas profundo de su ser, su leche la desbordaba por la gran cantidad que él le estaba depositando, ella se vino nuevamente, y él se aletargo quieta y blandamente…..
Giró y se acostó al lado de ella, al salir su miembro, ya semi flácido, sonó como una gaseosa al destaparse y quedó ante los ojos de Glen la chorreante panocha de su mujer, dilatada, derramando gran cantidad de blanco y espeso semen, su chucha estaba totalmente abierta, no se podía cerrar demostrando que había sido invadida y culiada a profundidad por un órgano de medidas, descomunales…
Durante unos segundos que parecieron eternos, Glen se quedó en la puerta, su sombra alargada por la luz tenue del atardecer que se colaba a través de las cortinas.
Andrea y Rafael se congelaron al verlo. El aire se volvió denso, cargado de una tensión que cortaba como un cuchillo. El rostro de Glen era una máscara de emociones contenidas; sus ojos fijos en los de su esposa, buscando una explicación que no llegaba.
Andrea sintió el pánico apoderarse de ella; su corazón latía con fuerza desbocada. No era solo el miedo de haber sido descubierta, sino la profunda traición que había infligido al hombre con el que había compartido años de su vida. Rafael, por su parte, apenas podía mantener la calma. Sabía que la situación era explosiva, que cualquier movimiento en falso podría desencadenar un desastre.
Glen avanzó un paso más, y su voz finalmente rompió el silencio. Era calmada, demasiado calmada para la gravedad de la situación.
--Así que, esto es lo que hemos llegado a ser, Andrea.
¡¡¡TU LA PUTA Y YO EL CORNUDO!!!
Las palabras eran un golpe seco, llenas de una tristeza que dolía más que cualquier grito. Andrea sintió como si su pecho se comprimiera; las lágrimas amenazaban con salir, pero se obligó a mantenerse fuerte, aunque no sabía para qué.
--Lo siento --fue lo único que pudo decir, su voz apenas un susurro.
Glen se acercó más, sus ojos oscuros como pozos sin fondo.
--¿Lo sientes? --repitió, con un tono de incredulidad. Luego, sus ojos se posaron en Rafael--. ¿Y tú? ¿También lo sientes?
Rafael tragó saliva, aún sentía en su pene el calor de la dulce y sedosa concha de Andrea mientras la culpa quemaba su garganta.
--Esto no debió haber pasado así... --comenzó, pero Glen lo interrumpió.
--Pero pasó. --Glen estaba ahora lo suficientemente cerca como para que ambos pudieran sentir la frialdad en su voz. Viendo a su esposa Exclamó lentamente..
Lo vi. Todo.!!!!!.
¡¡¡Desde la primera clavada, los orgasmos y cómo te llenó de leche!!!
Andrea retrocedió un paso, sintiendo que el suelo bajo sus pies se desmoronaba, sus bellas y bien formadas tetas talla 34B se agitaban rápidamente brindando un espectáculo muy sensual. Glen no gritaba, no alzaba la voz. Su dolor estaba enterrado bajo capas de silencio y autocontrol, y eso lo hacía todo mucho peor.
Finalmente, Glen suspiró, como si cargara el peso de todo lo que había sucedido sobre sus hombros.
--Andrea --dijo, y la forma en que pronunció su nombre fue como un metal--. ¿Es esto lo que quieres? ¿Es esto lo que eliges? ¿Quieres cambiar una vida por una verga?,?,?
La pregunta quedó suspendida en el aire, como una daga esperando caer. Andrea sabía que lo que dijera a continuación podría cambiarlo todo para siempre, pero su mente estaba nublada, perdida en el caos de sus propias emociones. Quería llorar…
Glen miró a ambos, esperando, pero sin esperanzas. Era como si ya supiera la respuesta, como si ya hubiera aceptado los hechos y los cuernos, aunque cada segundo que pasaba doliera más que el anterior.
El silencio se extendió en la habitación; cada segundo se sentía como una eternidad. Finalmente, Andrea abrió la boca para hablar, pero las palabras no salieron. No había una respuesta fácil, no había excusa que pudiera borrar lo que había sucedido. Al final, lo único que quedaba era el dolor y la inevitabilidad de las decisiones que los habían llevado hasta ese punto.
Glen, lleno de adrenalina, dio un último vistazo a la escena, y sin poder contenerse ni aguantar sus primarios deseos, se lanzó sobre ella, la besó, tomó sus pechos con sabor a otro hombre y los chupó, sintiendo su gusto, olor y textura lo que le erizó y no pudo más, se bajó sus pantalones, tomó su pene y la penetró. Su miembro que no era pequeño era de tamaño normal, 19 x 3 cm de diámetro, que siempre había hecho gozar a Andrea, entró sin ningún impedimento, patinando y demasiado holgado en la mojada y dilatada vagina de su amada…. Que estaba abierta y con los labios vaginales hinchados y dilatados, podía recibir dos o tres vergas al mismo tiempo sin inmutarse por cómo la dejó el encuentro anterior. La besó y ella le correspondió, su boca sabía intensamente a la verga de Rafael, ella le preguntó, ¿¿te gusto así hecha polvo y llena de leche y bien culiada?? ¿Tu Viste como me dio verga? Él le dijo que era la mejor sensación del mundo sentirle así, oliendo y derramando leche de otro hombre y comenzó a patinar en la leche de el y los jugos de ella, hasta que las leches de los dos machos se unieron dentro de los rincones más íntimos de su vagina de recatada esposa que demostraba a todas luces con los labios muy inflamados, de la agresión recibida con todo el placer por la arrecha de Andrea con el gigante ariete del amante, el proceder de Andrea que le permitió llegar a esta situación solo se debía a su ardiente libido…. entre tanto sin decir una palabra, Rafael se había dado vuelta y salido de la habitación, dejando a Andrea y a Glen atrapados en su propio éxtasis sexual en medio de otro clímax de ella.
Cuando Rafael regresó. Andrea, dijo a su marido que le amaba y quería Todo con él, pero que no pudo resistirse ante semejante verga de Rafael. Se levantó dejando un charco en el desvencijado sofá donde estaban mezclados sus fluidos vaginales y el semen de los dos hombres que le habían manoseado, besado, penetrado, eyaculado y gozado. Regalándole varios orgasmos…..
Al dirigirse al baño, casi no podía caminar, de la dilatación que tenía en su vagina y caderas, iba toda con las piernas abiertas, chorreando leche de su panocha dilatada, entre sus piernas, sujetándose su cintura, decía que todos sus huesos se sentían fuera de posición al caminar, mientras los espermatozoides de los dos machos se abrazaban en su útero. Entra al baño, cerró la puerta y abrió la ducha.
Rafael se acercó a Glen y le dijo que muchas gracias, que tiene una esposa espectacular, y que no se preocupe que él había entendido perfectamente y que se quede tranquilo y cuente con su discreción de caballero, dijo: les considero unos entrañables amigos y espero poder ser un buen amigo para ustedes...
Andrea salió del baño, semi vestida, mientras se acababa de vestir, Rafael la besó con pasión uniendo sus salivas y abrazándola fuertemente acariciando sus bien formadas nalgas y se marchó.
Los esposos cogidos de la mano se sentían más unidos con esta experiencia…. Glen trataba de entender a Andrea y su calentura en tanto que ella, ya pensaba en el siguiente trío con sus dos padrotes….
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