Creí que no, pero sí (14)
Después de semanas de silencio, la maestra Valeria decide no esperar más. En la fiesta de fin de año, un beso inesperado con un compañero despierta deseos olvidados, pero su mente solo tiene un nombre: Sebastián. Cuando él regresa de la nada, el tiempo se detiene y las barreras caen.
Capítulo 14
Valeria
Casi dos semanas pasaron sin tener comunicación con Seba, como lo había pensado, yo no le escribí, y él tampoco lo hizo.
Para que mentir, eso me tenía muy mal, no entendía que había pasado, por qué ya no me hablaba, entiendo que está en otra ciudad y con trabajo, pero en los primeros tiempos hablábamos muy seguido, y ahora… ahora tantos días sin saber nada de él.
Ya no sabía que pensar, pero estaba convencida de que estaría saliendo con alguna chica, y eso me daba una sensación extraña, como un vacío que no terminaba de entender.
Pero tenía que comprender su situación, un chico joven, con un buen trabajo, un buen sueldo, una posición que en el futbol da cierto prestigio, tenía que encontrar la forma de dejar de pensar en él, sin dudas nuestros caminos tomaban rumbos diferentes…
Esos primeros días de diciembre, comenzamos a preparar la fiesta de fin de año de la escuela, fiesta que se hacía todos los años, pero que por supuesto, estando casada nunca había ido, es tan solo para el personal de la escuela, y mi ex nunca quiso que fuera sola.
Desde que estoy todos los días en la escuela, incluso algunos en ambos turnos, me fui relacionando con muchos profesores y preceptores, que antes tan solo saludaba al cruzarlos en los pasillos, incluso
Con varios hombres, con los que antes, como una boluda, por no tener problemas con mi ex, ni les hablaba.
Así fue que conocí a Eduardo, un profesor de matemáticas de unos sesenta años muy agradable, a Pablo, Pedro, Gerardo y Esteban, preceptores que también me parecieron buena gente, también a Elena y Mariana, dos preceptoras y Ángeles, Mirta y Viviana, otras preceptoras.
Con ellos se armó un lindo grupo con el que nos habíamos encontrado un par de viernes a tomar unas cervezas.
Con Mabel, la directora, un par de compañeras y yo, organizamos la fiesta de ese año, la que por supuesto no me iba a perder.
Se haría, como cada año, en uno de los salones de la escuela, que por su cercanía con la cocina, era el más apto.
Acomodaríamos las mesas rectangulares para ocho personas, tres por lado y una en cada punta, para la que alquilaríamos manteles.
También alquilaríamos la vajilla, contrataríamos un DJ, una barra para tragos y a una empresa de catering que se encargaría de la comida y la bebida.
La fiesta se haría el viernes veintiuno de diciembre, el último viernes de trabajo, ya que luego solo iríamos el veintiséis para cerrar el año escolar.
Entre todas decoramos el salón, armamos unos centros de mesa y dejamos todo listo, solo nos faltaba recibir todo y armar las mesas.
Esa noche también se contrataría gente para servir las mesas, así nadie tenía que trabajar.
Llegamos a eso de las cuatro de la tarde, yo fui con ropa para trabajar y luego de arreglar todo, me cambiaría allí mismo, para no volver a casa.
Dejamos todo listo y mientras el DJ armaba todo y colocaba las luces de colores, me fui a cambiar.
Esa noche me pondría un vestido que mi ex nunca me dejó usar, no era nada escandaloso ni insinuante, me llegaba hasta las rodillas, abotonado por delante, con unos volados y bordados en el frente. Lo único que podría decirse “atrevido”, era que gran parte de la espalda quedaba descubierta, por lo que tendría que usarlo sin corpiño, pero ya me lo había probado en casa y por los bordados no se notaban los pezones.
Me cambié, me maquillé, me recogí el pelo y me puse las sandalias blancas de taco alto que me había comprado para esa fiesta.
Me miré en el espejo del baño y me vi bien, me gustó lo que vi.
A las nueve comenzó a llegar la gente, nos conocíamos casi todos, por lo que los saludos y los grupos se fueron formando y tomando algunas bebidas que los mozos iban ofreciendo.
A las nueve y media ya estábamos todos y nos fuimos ubicando, en mi mesa estábamos varios de los de ese grupo que habíamos formado, a mi derecha se sentó Viviana y a mi izquierda Pedro, el preceptor.
La cena estuvo estupenda, excelente la comida, y no faltó bebida, como para no ponerme en pedo, solo tomé un par de vasos de cerveza.
Durante la cena, Viviana, divorciada hacía tiempo y con una hija de nueve años, me contó que un profesor de educación física, se le venía acercando hacía tiempo, incluso la había invitado alguna vez a salir, pero ella no había tenido con quien dejar a su hija.
Luego de la comida, se apagaron las luces del salón, que quedó iluminado solo por las luces de colores, la música para bailar empezó a sonar y todos se levantaron para ir a la improvisada pista de baile en una punta del salón.
En la mesa quedamos tan solo Pedro y yo, que en ese momento estábamos conversando animadamente y la música centroamericana no era lo nuestro.
Luego vinieron los postres y el brindis, donde Mabel, la directora tomó el micrófono y dijo:
-Buenas noches para todos! Seré breve! Solo quiero agradecerles a todos ustedes por la dedicación y el esfuerzo en este año de trabajo, y desearles unas excelentes fiestas junto a su familia! Y por último! Decirles que la barra ya está habilitada! A pasarla bien compañeros!
Todos la aplaudieron al tiempo que las luces se volvían a apagar y la música a sonar.
Luego de unos temas, sonó rock nacional y fue en ese momento que Pedro me dijo de ir a bailar.
Bailamos, cantamos, saltamos y reímos durante un buen rato, luego nos fuimos hacia la barra a buscar algo para tomar.
-¿Qué tomás Vale?
Me preguntó Pedro y sin saber bien que tomar, le dije:
-Algo que no tenga mucho alcohol y no sea muy amargo!
-¿Un daiquiri?
-Dale!
-¿Frutilla o durazno?
-De frutilla!
Con mi daiquiri y su fernet con cola, nos quedamos cerca de la barra, para luego de un momento, volver a la pista a bailar.
Cansados los dos, volvimos a la barra y repetimos las bebidas, y nos fuimos a sentar un rato, donde Pedro de contó de su separación por la infidelidad de su esposa, y yo le conté del mío.
Un rato después, volvimos a la pista y bailamos con varios compañeros entre risas, el alcohol ya estaba haciendo sus efectos en varios de ellos.
Sonaron unas cumbias románticas, y Pedro me tomó de la cintura para bailar entre risas junto al resto.
La estaba pasando realmente bien, como pude ser tan boluda de permitir que el boludo de mi ex me prohibiera esto.
Seguí bailando, riendo y tomando daiquiri de frutilla, conversando con muchos compañeros.
A eso de las tres de la mañana, volvimos con Pedro a la mesa, y allí sentada, pude ver a Viviana abrazada y a los besos con su pretendiente en un rincón del salón.
Le dije a Pedro y ambos nos reímos viendo que se le había dado esa noche.
Ya no daba más, estaba muerta y me dolían horrores los pies con los tacos altos, se lo comenté a Pedro y me dijo que me los quitara, y así, descalza, bailamos un rato más.
A las tres y media la gente comenzó a irse, y para las cuatro, quedábamos pocos, comenzamos a juntar y a acomodar todo, y Pedro se quedó para ayudarnos.
A las cuatro y media, Pedro me preguntó:
-Vale, ¿estás en auto?
-No, Pedro, no tengo auto, vine en un taxi!
-Sí querés puedo llevarte!
-Ay te lo agradecería!
Un momento después, nos despedimos y salimos, yo con mis zapatos en la mano.
De camino, le dije a Pedro:
-Muero por un café!
-Busquemos algún lugar abierto!
Me dijo, tomando dirección al centro, pero no encontramos ningún bar abierto.
-Puede que en alguna estación de servicio…
-No te hagas problema Pedro! No pasa nada!
-O también… si te parece… en casa tengo máquina de café! Si querés podemos tomar uno en casa!
Me lo dijo casi con vergüenza, quizás no queriendo que pensara en que me proponía otra cosa, pero la había pasado tan bien con él, que le dije:
-Dale!
Y fuimos para su casa, vive en el tercer piso de un edificio en una zona semi céntrica, subimos y entramos en su casa.
Le pedí pasar al baño y luego me senté en el sillón, me volví a sacar los zapatos, y esperé hasta que trajo el café para los dos.
Me contó con más detalles la infidelidad de su esposa y yo le terminé contando de los golpes que el pelotudo me había dado.
La conversación fue girando hasta cuestiones tan íntimas que me terminó contando de sus sensaciones de no haber sido lo suficientemente hombre para su ex esposa y que eso lo había llevado a no intentar nada con otras mujeres, temiendo no poder satisfacerlas.
Pedro me parecía un buen hombre, que sin dudas, la infidelidad de su esposa le había afectado demasiado, al punto de no querer nada con otra mujer.
No sé si el alcohol que había tomado o lo bien que me sentí con él esa noche, pero me salió acercarme a él y darle un suave beso en los labios.
-No todas las mujeres son iguales Pedro, no todas buscan un semental o un hombre bien dotado, o incansable en la cama, otras valoramos otras cosas en un hombre, una buena conversación, pasar un buen momento más allá del sexo, una salida, y esas cosas, y si el sexo se da, pues mejor…
Luego de decirle eso, fue él quien me volvió a besar y yo correspondí ese beso, que se fue tornando cada vez más intenso.
-Vale, sé que somos compañeros de trabajo, que nos llevamos bien, y por ninguna razón quiero que deje de ser así…
-Pedro, somos dos personas adultas, sin compromiso, que pueden decidir qué hacer, puede ser un buen momento o no, ya luego veremos, pero no tiene por qué interferir en nuestra relación de trabajo…
Nos volvimos a besar y poco a poco nos comenzamos a acariciar, suavemente, lentamente, notaba que Pedro no se atrevía a ir más allá, entonces, lentamente le desabroché los botones de su camisa y se la quité, acaricié su pecho mientras lo besaba, fue entonces cuando pareció animarse y acarició mis tetas por sobre el vestido, y luego mi panza llegando a mis piernas, acariciándolas por debajo del vestido.
Ya decidida a que ocurriera, le dije que podíamos ir a su habitación, me tomó de la mano y caminamos esos metros.
Entramos a su habitación, retiró el cubrecama y mientras le desabrochaba su pantalón, él me desprendía el vestido, dejándome solo con la tanguita.
Se quitó el pantalón y así nos recostamos en su cama, donde nos seguimos besando y tocando.
Mi mano bajó a su bóxer y tomé su erección entre mis manos, allí pude entender quizás sus temores, su pija no era muy grande, quizás un poco menos que la media, pero estaba bien dura y no dudé en meter mi mano dentro del bóxer y acariciarla suavemente.
Nos terminamos de desnudar y volvimos a besarnos y a tocarnos.
Mi primer orgasmo llegó gracias a su boca y su lengua en mi sexo, y un momento después, ya excitada, le pedí que me cogiera, Pedro sacó un preservativo de su mesa de noche, se lo colocó y llevando su cuerpo sobre el mío, apoyó su pija en mi conchita y poco a poco me fue penetrando, para comenzar lentamente las penetraciones, que poco a poco me llevaron a las puertas de otro orgasmo.
Quería aguantarlo hasta que él estuviera por eyacular y se lo dije.
Bastó que se lo pidiera para que acelerara sus embestidas y acabara un momento antes de que me llegara el orgasmo, y en ese momento ni siquiera supe por qué, Sebastián se cruzó por mi cabeza, y junto con mi orgasmo, se me escaparon unas lágrimas, que oculté de Pedro, no quería que se sintiera mal.
Luego de eso, se salió de mí, se deshizo del preservativo y se acostó a mi lado.
-Gracias Vale! Me encantó! Espero haberlo hecho bien!
-Más que bien Pedro! Dos orgasmos te di! Dos lindos orgasmos! Me encantó Pedro…
Le dije acariciando suavemente su cara, pero ya no daba más y le pregunté si podía quedarme allí con él, me dijo que sí y me fui quedando dormida, pensando en Sebastián…
Al día siguiente, me desperté y estaba sola en la cama, no pude evitar el volver a pensar en Seba, sin dudas me hubiera gustado vivir algo así con él, seguramente me hubiera despertado con otro ánimo, volvía a sentirme mal, esa misma sensación de haberlo traicionado, y otra vez las lágrimas, todo un bodrio en mi cabeza.
Un rato después, escuché la puerta del departamento, y a Pedro hacer algo en la cocina.
Me levanté, tomé mi ropa y fui al baño, ya vestida salí del baño y fui para la cocina.
-Buen día Vale! ¿Dormiste bien?
-Hola Pedro! Muy bien!
-Fui a comprar unas medialunas, te iba a despertar con el mate!
-Gracias Pedro! Pero me desperté haciéndome pis y me levanté!
-Querés quedarte, podemos almorzar luego…
-Te agradezco Pedro, pero tengo que irme, almuerzo con mi padre en un rato y necesito pasar por casa para cambiarme.
-Gracias Vale por lo de anoche!
-Gracias a vos Pedro! Lo disfruté mucho! Y por favor no te sientas menos hombre que nadie! Me hiciste gozar anoche!
-Gracias Vale!
-Estoy en un momento raro de mi vida! Me gustó mucho pero no sé decirte si volverá a ocurrir… hay alguien más, aunque nada ha pasado…
-Tranquila Vale! Lo entiendo y agradezco tu sinceridad! También me gustó mucho! Vamos que te llevo!
Salimos de su casa y en su auto me llevó hasta la mía, no tenía que almorzar con mi padre, pero no quería quedarme en su casa, necesitaba estar sola… necesitaba pensar…
A pesar de no vernos, de no hablarnos, necesitaba saber de él… tomé mi teléfono y le envié un mensaje… tan solo…
-Hola Seba.
***
Sebastián
Al día siguiente, mientras tomaba unos mates con mamá y le contaba todo, sin decirle nada, busqué un departamento en Mar del Plata desde el veintiséis de diciembre hasta el dos de enero, recibiendo allí el año nuevo.
Mis viejos se merecían eso y mucho más, varias veces los había escuchado hablar, imaginando tener un negocio allí en casa, un kiosco almacén o uno de artículos de limpieza y eso venía pensando, con algunos ahorros y un buen sueldo podría hacer que eso fuera posible.
En el almuerzo, contándoles de Manuel, les dije que nos iríamos al día siguiente unos días a Villa Gesell, pero que volvería para pasar la navidad con ellos, y ya en la sobremesa, les mostré el departamento de Mar del Plata, no entendieron, mamá me preguntó si después me iba a Mar del Plata, pero les dije, “nos vamos”.
La cara de ambos fue un poema, a mi vieja se le escaparon un par de lágrimas y mi viejo sonreía, sin dudas felices, y eso era lo que más me importaba, ellos había hecho el esfuerzo para que pudiera estudiar y yo se los quería compensar.
Les dije cuando nos íbamos y cuando volvíamos, y en broma, le dije a mamá que preparara la bikini.
El diecisiete de diciembre, salí de Magdalena temprano, fui a buscar a Manuel y tomamos la ruta para Villa Gesell.
Habíamos alquilado un departamento, pequeño pero suficiente para los dos.
Llegamos al mediodía, fuimos a buscar la llave y nos instalamos, era un día de sol y calor, y luego de dejar todo en el departamento, comimos algo rápido y nos fuimos a la playa, que estaba a solo una cuadra.
Manuel no pasaba desapercibido, con su altura, su espalda y su cuerpo fibroso, su pelo casi rubio y su cara de nene bueno, atraía varias miradas, ya me imaginaba cuando fuera conocido, atajar en un club de primera división es una vidriera, y si lo hace bien, la prensa deportiva principalmente, hablará bien de él. Lo único que tenía que tratar de hacer, es seguir teniendo los pies bien puestos sobre la tierra, no creérsela.
Después de esa tarde de playa, nos dimos un baño, salimos a cenar y luego a tomar algo a un bar.
Yo andaba con mis mambos mentales y con una cerveza en la mano me quedé cerca de la barra, pero Manu, ni lerdo ni perezoso, ya se estaba apalabrando a una chica, bastante linda por cierto.
Yo me quedé viendo tan solo el panorama y pensando en que hacer, mandarle o no algún mensaje a Valeria, hacía días que no sabía de ella, pero ese no sería el momento.
Me pedí una cerveza más y luego del tercer sorbo, Manuel se acercó diciéndome que se iba con esa chica, y que si no llegaba al departamento, que no me preocupara, le di un abrazo y le dije que usara forro.
Entendí perfectamente, joven, fachero, de vacaciones, sin dudas le sacaría punta al lápiz.
Me terminé la cerveza y me fui para el departamento.
Cómo suponía, al despertarme vi que Manu no había vuelto, me preparé unos mates y me fui a la playa, comprando de camino una sombrilla y dos reposeras, la tarde anterior no me había bancado estar todo el tiempo al sol.
A eso de las once de la mañana, me llegó un mensaje de Manu, preguntándome por donde andaba, le dije y a los pocos minutos, se sentó junto a mí, bajo la sombrilla.
Me contó de su conquista y me dijo que al día siguiente esa chica se volvía a su casa y que esa noche se volverían a ver en el bar.
Al día siguiente, Manuel apareció recién a las tres de la tarde, diciéndome entre risas que la despedida se había hecho un poco más larga.
Al día siguiente fuimos para Mar de las Pampas, no conocíamos y quedamos encantados, un lugar realmente hermoso entre pinos y con unas playas hermosas.
Fueron unos días muy lindos, la pasé muy bien con Manu, pero el pibe no dejaba títere con cabeza, sin dudas al regresar, tendría que tomarse unos días para descansar de esas vacaciones.
Al volver lo llevé a su casa y de allí fui a casa de mis padres, para, luego de navidad, irme con ellos a Mar del Plata.
Salimos el veintiséis bien temprano, la ruta estaba tranquila y llegamos a “la feliz” al mediodía, nos instalamos en el departamento, que estaba en un edificio con vista al mar, muy cerca de playa Varese.
Mi intención era que mis viejos disfrutaran de esos días, mi mamá decía que podíamos comprar cosas para cocinar allí, pero yo no quería que hiciera nada, solo que descansaran y disfrutaran.
Salimos todos los días a comer afuera, paseamos por la ciudad, fuimos a varias playas, al puerto, al casino, aunque no jugamos, solo para conocerlo y hasta fuimos al teatro, mis viejos nunca habían estado en uno.
Ese último día del año, estábamos en la playa con mis viejos, y pensé en mandarle un mensaje a Valeria, más allá de todo, quería desearle un buen año.
Pensé un rato que escribirle, y por fin me decidí y le puse:
-Vale, de corazón te deseo para este nuevo año que cada deseo, cada proyecto, cada sueño se te haga realidad, que la vida te colme de bendiciones a cada paso, que cada día te de paz, alegría y te permita mirar al futuro, teniendo la seguridad de que será mejor, cada vez mejor.
Quizás sonaba un poco cursi y con frases usadas normalmente en estas oportunidades, pero en verdad deseaba que así fuera.
Su respuesta no tardó en llegar, y decía:
-Querido Seba! Tus palabras me hicieron llorar, sé que así será! También te deseo una buena vida, sé que tenés todo para lograrlo, sobre todo un buen corazón. Que el universo te de la felicidad que merecés! Solo espero que en algún momento pueda volver a tomar unos mates con vos, en verdad los extraño. Feliz año nuevo!
Terminé de leer ese mensaje y muchas cosas se me vinieron a la cabeza, que me dijera que extrañaba mis mates, era una forma de decir que me extrañaba, y no sé si para bien o para mal, también tenía ganas de tomar unos mates con ella, ya decidiría después, si le avisaría para vernos el jueves que estaría en La Plata.
Despedimos el año cenando en un restaurante y luego nos fuimos a la playa, que estaba llena de gente, que al igual que nosotros, recibirían el nuevo año viendo desde allí los fuegos artificiales, escuchando música y brindando.
Volvimos para Magdalena el dos de enero, salimos de Mar del Plata luego de almorzar, para no llegar de noche.
Luego de unos kilómetros de ruta, me sonó el teléfono, al ver la pantalla, puse las luces intermitentes y me paré en la banquina, era una llamada de Morales y tenía que atender.
Morales me dijo que la reunión del viernes se había adelantado para el jueves a las nueve de la mañana, me preguntó si podía estar allí y le dije que sí. Pensaba ir a La Plata ese jueves y quedarme hasta el viernes, pero bueno, solo podría pasar a buscar más ropa y de allí irme para Florencio Varela.
Llegamos a Magdalena, bajamos todas las cosas, mamá preparó algo para cenar temprano, y antes de las diez de la noche ya estaba en la cama.
Antes de dormirme, pensé en que había decidido estar un día en La Plata, aún sin saber si le avisaría a Valeria, pero ahora eso ya no sería posible… Quedaría para el mes siguiente… o no sé…
Uff…
***
Valeria
La semana siguiente de la fiesta, nos juntamos con las chicas para despedir el año, andaban todas bastante complicadas de horarios y nos vimos el martes a las seis de la tarde en un bar, a tomar un café, luego nos volveríamos a ver, pero ya el año entrante, antes de que Pía y Alejandra se fueran de vacaciones.
Esa semana también me encontré con María Marta, la invité a cenar antes de la navidad para que conociera mi casa.
Fue una noche muy linda, hablar con ella es bárbaro, María Marta es tan simpática, tan amable, tan dulce y cariñosa, su forma de tratarme me acerca cada vez más a ella, sin dudas seremos buenas amigas, incluso le dije que quería que conociera a las chicas, quedando de acuerdo en que en la juntada de enero, vendría conmigo.
Hablamos de las vacaciones y me preguntó si iría a algún lado, le dije que prefería ahorrar ese dinero y me dijo que podría ir con ella a la costa, en la segunda quincena de enero se iba a Pinamar, como todos los años.
Ya terminadas las clases, tenía los días libres, me venía bien para descansar, leer y sobre todo pensar, tenía que decidir qué hacer con mi vida, ¿seguir trabajando en la secretaría de la escuela? ¿Conseguir más horas como profesora? ¿Buscar otro trabajo? ¿Pensar en rehacer mi vida? Sin dudas era algo que me gustaría, no me veo sola, me gustaría formar un familia, también me gustaría ser madre, compartir mi vida con alguien…
Después de tanto tiempo sin recibir un mensaje suyo, ese último día del año, se me aceleró el corazón al ver en la pantalla de mi teléfono.
El mensaje de Seba me hizo llorar, conociéndolo, sabía que cada una de sus palabras eran sinceras, y le respondí, pensando una y otra vez que decirle, pero decidí poner lo que realmente sentí en ese momento.
El fin de año fui a casa de mi padre, me invitó a cenar y por primera vez, compartí la mesa con su nueva mujer, ya nos habíamos visto un par de veces, y finalmente me resultó una mujer agradable, bastante más joven que papá, pero que parecía quererlo de verdad, eso al menos me dejó tranquila.
Con María Marta, cruzábamos mensajes, audios o llamadas, bastante seguido y en verdad lo agradecía, esa cercanía con ella me hacía bien.
Estaba al tanto de lo que pasaba con Seba, de lo que lo extrañaba y de las ganas que tenía de verlo.
Ese jueves, estaba despierta pero aún en la cama, eran las siete y media cuando una llamada entró en mi teléfono, vi que era María Marta y me preocupé, no era una hora habitual y atendí.
-Hola Mary! ¿Todo bien?
-Hola Vale! Sí corazón! Todo bien! Acabo de hablar con Seba, llegó recién a su casa, pero a las nueve tiene que estar en Florencio Varela!
-¿Estaba en La Plata?
-No! Viene de casa de sus padres! Me dijo que vino a buscar ropa y a dejar unas cosas y se va a Tandil hasta febrero! Te llamé por si querías verlo!
-Gracias Mary! Voy para allá! Después paso por tu casa!
-Dale! Te espero con el mate!
Corté con ella, miré la hora y no tenía mucho tiempo, me puse lo primero que encontré, pasé por el baño y llamé un taxi, a las ocho menos cuarto, ya estaba en la puerta del edificio esperando y ansiosa como no recordaba haber estado.
Los nervios me invadieron, el taxi no llegaba y no podía dejar de mirar la hora a cada momento, si Seba tenía que estar a las nueve en Florencio Varela, a más tardar a las ocho se estaría yendo, y tenía que llegar antes, necesitaba verlo...
Ocho menos diez llegó el taxi, me subí y le di la dirección, no era lejos, pero a esa hora hay un poco de tráfico.
Deseaba llegar antes de que se fuera, necesitaba aunque sea verlo un momento, darle un abrazo…
Cuando el taxi dio la vuelta, vi que su moto no estaba en la puerta y ya me puse mal.
Ni siquiera esperé el vuelto, le dije al taxista que se quedara con el cambio, bajé corriendo y toqué su timbre, pero no atendió… la puta madre… no llegué a tiempo…
Lo único que podía pasar es que estuviera en el ascensor, bajando, pero su moto tendría que estar en la vereda.
No pude contener el llanto… me senté en los escalones de la entrada del edificio, tan solo para darme cuenta el dolor en el pecho que me había producido no poder verlo… y en ese momento me di cuenta…
***
Sebastián
Iba justo de tiempo, tan solo podría bajar la sombrilla y las reposeras, poner ropa en el bolso y rajar para Varela.
Estaba entrando en la ciudad y el tráfico se fue poniendo intenso, entre los autos y los semáforos, ya me estaba preocupando, a mi primera reunión de trabajo con la primera división, no podía llegar tarde.
Llegando a casa, a lo lejos la reconocí y me reí solo, a esa hora, siete y media de la mañana, Mary estaba barriendo la vereda.
Paré frente a su casa para saludarla, aunque ella ni miró.
-Perdón señora…
Miró en mi dirección y en su cara se dibujó una amplia sonrisa.
-Seba! Corazón! Que gusto verte!
Se acercó a mí y nos dimos un abrazo.
-Hola Mary! ¿Qué hacés barriendo la vereda a esta hora?
-Es que me levanto temprano! ¿Cómo estás? ¿Qué andás haciendo vos tan temprano? ¿Cómo pasaste las fiestas? ¿Ya terminó tu trabajo en Varela? ¿Volvés a La Plata?
-Pará ametralladora de preguntas!
-Perdón Seba!
-Pasé solo a dejar unas cosas y a buscar ropa, a las nueve tengo que estar en Varela, me voy a la pretemporada con el equipo de primera división y vuelvo en febrero!
-Qué bueno!
-Y las fiestas muy bien! Navidad en Magdalena y el fin de año con mis viejos en Mar del Plata, vengo de casa de ellos! Pero ya me tengo que ir Mary! Si no voy a llegar tarde!
-Bueno no te retengo más! Andá corazón! Cuando vuelvas nos vemos!
-Dale Mary!
Nos volvimos a dar un abrazo y me fui para el departamento.
Bajé las reposeras y la sombrilla para dejarlas en casa, y el bolso para llevarme un poco más de ropa.
En casa estaba todo en orden, en verdad extrañaba vivir ahí. Guardé toda la ropa en el bolso, miré la hora, eran ya las ocho menos diez, no me daba tiempo ni de tomar unos mates, ya tomaría algo de camino o al llegar a Varela.
Pasé por el baño, cerré el departamento y bajé, cargué el bolso en el auto y arranqué.
Hice unos metros y por el espejo vi que un taxi paraba en la puerta del edificio, miré hacia adelante y luego otra vez al espejo, y casi llegando a la esquina, del taxi vi que bajaba una mujer, que me pareció Valeria, no podía ser ella, quizás alguna mujer que se le parecía, pero con el corazón acelerado, dejé de acelerar, quedando casi detenido en mitad de la calle.
Por el espejo vi que el taxi venía detrás y decidí dar la vuelta manzana.
En esas cuadras en ese par de minutos, pensé mil cosas, ¿podría ser Valeria? Definitivamente no, no le había dicho en ningún momento que estaría en La Plata, pero… ¿y si era ella? Tenía que confirmarlo.
Di vuelta en la esquina y no vi a nadie, pero al detener el auto en la puerta del edificio la vi… era Valeria, sentada en los escalones de la entrada del edificio, con sus brazos cruzados sobre sus rodillas y su cabeza entre ellos.
Bajé del auto, ella no levantó la cabeza, y antes de llegar dije su nombre.
-Vale…
En ese momento levantó la vista, estaba llorando y esa imagen me llegó al corazón. Se levantó rápidamente y caminó hacia mí.
-Seba!
Antes de llegar ya había abierto sus brazos y me abrazó, y yo también la abracé, con el corazón acelerado, fue un abrazo que dijo muchas cosas, duró bastante más que cualquier abrazo que nos hayamos dado, luego me miró a los ojos y me dijo:
-Creí que ya no te encontraba!
-Justo me estaba yendo cuando vi que paraba un taxi! ¿Cómo supiste que estaba acá?
-Mary… Quería verte Seba… necesitaba verte, hablar con vos…
-Yo también… pero tengo que estar a las nueve en Varela!
-Ya sé… ya Mary me dijo que hasta febrero no volvés… ¿podré verte cuando vuelvas?
-Claro!
-Extrañé mucho tus abrazos… te extrañé mucho Seba… este tiempo casi sin hablarnos me hizo sentir muy mal…
-A mí también Vale… pero bueno… las cosas de la vida…
-Lo sé… extraño tus mates y las charlas… ¿podremos tomar unos mates cuando vuelvas?
-Por supuesto! También los extrañé… también te extrañé… perdón Vale, pero no puedo llegar tarde a mi primera reunión del equipo de primera división!
-¿Seguirás trabajando en Varela?
-Creo que no! creo que solo la pretemporada, voy como suplente del profe titular, creo que solo es eso!
-Bueno… andá corazón! Y cuando vuelvas vemos, ¿sí?
-Dale!
-No sabías que te habías comprado un auto…
-Hace poco lo tengo! Ya te contaré!
Nos volvimos a abrazar, Valeria en ningún momento dejó de llorar, sin dudas eso quería decir muchas cosas, que por supuesto me volvieron a ilusionar, todo eso que había estado tratando de dejar atrás, de olvidar, en un abrir y cerrar de ojos se me vino nuevamente al primer plano.
Hubiera querido decir muchas cosas, pero no podía, no era el momento, no podía decirle que estaba enamorado de ella un minuto antes de irme… tocaba esperar un mes…
Caminé hasta el auto, Valeria se quedó mirándome, aún con lágrimas en los ojos.
-¿Cómo volvés a tu casa?
-Voy a lo de Mary!
-Tené cuidado! No sea cosa que te cruces con tu ex…
-Tenés razón!
-Decile a Mary que venga ella! Tiene llave de mi departamento…
-Ahora la llamo!
-Chau Vale! Me encantó verte…
-A mi también Seba… y mucho… Chau corazón…
Me subí al auto, miré la hora, eran ocho y diez, la puta, tendría que apurarme si no quería llegar tarde, pero bueno, sentí que había valido la pena.
La miré una última vez y arranqué, con el corazón acelerado aún, ella quedó viendo como me alejaba, y saludando con su mano.
Durante todo el camino a Florencio Varela no pude dejar de pensar en lo que había ocurrido, sin esperarlo, sin haber podido prepararme para ese encuentro, ya se me había trastocado la vida.
Según me dijo, su necesidad de verme la hizo estar ahí, sin dudas Mary sabía algo y por eso le había avisado, un nuevo horizonte se me estaba abriendo, pero tocaba esperar…
Un mes…
***
Valeria
Lo vi alejarse con el corazón saliéndoseme del pecho, en ese abrazo lo supe, en su mirada, en sus palabras entendí que es él, que es con él con quiero vivir la vida, nunca sentí algo así por alguien, esa necesidad corporal de sentirme entre sus brazos, de perderme en su mirada, de querer y de sentirme querida.
No tenía en claro nada con él aún, no sabía de sus sentimientos o de sus ideas de futuro, tendría que esperar a su regreso para tener las cosas claras, pero haberme dado cuenta de lo que siento por él me dio una sensación de tranquilidad… como si ya se lo hubiera dicho.
Llamé por teléfono a Mary.
-Hola Vale! ¿Pudiste verlo?
-Sí Mary!
-Vení, te espero!
-Seba me dijo que podías venir vos, que tenés llave de su departamento, por las dudas para no cruzarme con mi ex, o que me vea por la ventana…
-Ahí voy!
Parada en la puerta del edificio, la vi venir caminando a Mary, lo hacía apurada y con unas llaves en la mano.
-Cuanto me alegra Vale! ¿Pudieron hablar algo?
-Casi nada! Se tenía que ir! Pero… lo supe Mary… es él Mary… con él quiero estar, quiero intentarlo…
-Ay Vale!
Me abrazó y entramos al edificio, subimos al departamento de Seba, entramos y Mary fue a la cocina a preparar unos mates.
Pensé que Mary, sabiendo lo que me estaba pasando, sería más efusiva, pero quizás la había tomado por sorpresa lo que le dije.
Unos minutos después, volvió con el mate preparado y nos sentamos en el sillón.
La cara de Mary me llamó la atención, estaba algo seria y no me miraba ni me decía nada. Me dio el primer mate y me preguntó:
-¿Entonces estás enamorada de él?
-Si Mary! Me di cuenta que sí! Cuando me abrazó no tuve dudas, el corazón me iba a mil!
-Cuanto me alegro corazón!
Le devolví el mate, tratando de entender lo que pasaba, como que no la veía contenta, y le pregunté:
-¿Todo bien Mary? No tenés buena cara…
-Vale…
Hizo una pausa y luego sí, me miró a los ojos, la veía casi a punto de llorar, no sabía si era de alegría por lo que le había dicho o por algo más.
-¿Qué corazón?
-Tengo que decirte algo… sé que te lo tendría que haber contado ya… pero nunca me animé…
En ese momento, lo primero que se me vino a la cabeza, es que ella estaba al tanto de que Seba estaba con otra mujer, y casi me da algo.
-Contame Mary!
-Hace un tiempo… Me acosté con Seba…
No me esperaba eso… no supe ni como sentirme… me quedé un momento en silencio, pero pensé en ese momento, que más allá de lo que me estaba pasando, era plenamente consciente de que Seba era un hombre sin compromisos, y menos conmigo…
-Perdón Vale! Te juro que cuando pasó yo no sabía nada, ni siquiera sabía que vos y Seba se conocían… Te juro que no sabía nada, él nunca me había contado, ni siquiera sabía que había vivido detrás de la que era tu casa… te juro Vale…
De sus ojos saltaron las lágrimas, sin dudas se sentía como que me había traicionado, pero no era así… yo nada tenía con Seba, y además me estaba diciendo que ni siquiera sabía que nos conocíamos.
-Tranquila Mary…
-Te lo juro Vale…
Me decía con la voz entrecortada por el llanto. Tomé sus dos manos con las mías y cuando me miró a los ojos le dije:
-Tranquila Mary! No te pongas mal por eso! Y más aún si no sabías que nos conocíamos… No pasa nada corazón!
-Después de que eso pasara Seba me contó que te conocía, que habían hablado muchas veces y que eran como amigos, que se habían conocido cuando vivía detrás de tu casa, también me contó de tu ex y de lo que te habías enterado gracias a él. Sabía muchas cosas de vos, pero nunca pude decírtelo… Perdón Vale por ocultarte todo esto… pero no supe como contártelo… no sabía si hacía bien en decirte lo que sabía… pero ahora que sé qué lo que sentís por él, ya no me lo pude callar.
-Tranquila Mary, no llores por favor… no pasa nada… no estoy enojada con vos, ni nada que se le parezca… ya te digo, incluso al día de hoy, no tenemos nada, y ni siquiera sé si algún día lo tendremos…
-Dios quiera que sí… vos y Seba son dos soles, estoy segura que serían muy felices juntos…
-Hoy puedo decirte que así lo espero, pero no sé qué es lo que Seba pueda llegar a sentir por mí…
-Ya lo sabrás cuando vuelva corazón… y deseo de todo corazón que las cosas salgan bien para ustedes dos, ambos lo merecen!
-Gracias Mary!
Ya me volvía para casa y para que entendiera que no tenía ningún resentimiento hacia ella, le dije que me gustaría que conozca a mis amigas, quedando en que en la próxima juntada, la semana siguiente, vendría conmigo, pero antes de irme le pregunté:
-Mary, una cosa más me gustaría preguntarte…
-Preguntame corazón!
-¿Te enamoraste de Seba?
-No te voy a mentir Vale, es un chico del que me podría enamorar, incluso se lo dije, con quince o veinte años menos, me hubiera enamorado de él, es un hombre muy lindo... pero no Vale... no estoy enamorada de él, solo agradecida...
Me quedé con ella hasta casi el mediodía en el departamento de Seba, me parecía mentira volver a estar allí después de tantos meses.
Volví para casa, el mes de enero me resultaría eterno, ya quería que Seba volviera, ya quería tenerlo a mi lado otra vez…
Continuará…
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