Una canción cualquiera…
La música baja, la luz se apaga y unas manos extrañas toman el control de tus caderas. Él no dice una palabra, solo te posee con el roce y la mirada. Pero cuando la canción termina, tú decides quién tiene la última palabra sobre tu placer.
Una canción cualquiera…
Una noche cualquiera, en un club cualquiera….
Unas copas de más de una bebida que ya no recuerdo…
Luz tenue…
Música cualquiera demasiado alta, demasiado mala, pero todo es secundario.
Estoy bailando sola, dejándome llevar...
Empieza a sonar “Lose Control” de Teddy Swims. No es mi favorita, pero la sensualidad que desprende, esa voz rasgada…mmm, irresistible.
“algo me está afectando últimamente… Ya no me reconozco”…
Mi cuerpo se adapta al ritmo, moviéndose de forma que nunca había imaginado. No sé bailar, pero mis caderas parecen saber exactamente qué hacer, se mueven sensualmente. Creo que no lo estoy haciendo tan mal, lo intuyo, un chico en la barra me observa con una intensidad que me traspasa. Me gusta pensar que le gusta el espectáculo que, sin querer, le estoy ofreciendo.
Cierro los ojos, dejando que las copas hagan su magia. Me pierdo en la sensualidad de la música y, aunque generalmente no me gusta sentirme observada, su mirada cargada de deseo me excita de una manera que no puedo negar…
“Feels like the walls are all closing, and the devil’s knocking at my door”
De repente y suavemente, siento unas manos fuertes y grandes en mis caderas. “El diablo llama a mi puerta”, y yo no tengo intención de cerrársela. Mmmmm…
Sigo sin abrir los ojos, dejando que esas manos me guíen mientras la canción me envuelve. Imagino que son sus manos, las del chico de la barra, y pienso en todas esas veces que dije que no soy buena estando sola. Quizá esta noche sea diferente.
Me deleito con cada movimiento, permitiendo que sus caricias despierten cada rincón de mi piel haciéndola erizarse. Ese contacto, tan inesperado cómo deseado, se convierte en un juego erótico y sensual que me atrapa. Siento cómo mi cuerpo reacciona, cómo cada roce se intensifica, cómo el deseo se entrelaza con la música y el calor de esas manos, que ahora exploran mi cuerpo con una delicadeza que me enciende.
Cuando la canción pierde el control, siento que esas grandes manos me atraen hacia un cuerpo firme y grande que se fusiona con el mío de una manera deliciosa.
Me dejo llevar, permito que el control perdido lo tome él, quienquiera que sea, y me entregue a esta danza de cuerpos que apenas se rozan pero que están incendiando mi piel.
No dice nada, solo su respiración en mi oído acompaña la música. Nos mecemos al ritmo sensual y lento, un juego que me enciende más con cada movimiento. Sus manos exploran mi cuerpo, rozando mis pechos mi cintura y mis caderas… cada caricia me hace estremecer. Lo dejo hacer, me gusta y sé que él también lo está disfrutando. Puedo sentir su dureza presionando contra mí, intensificando el deseo que ya me consume.
Sigue, suave, rozándome cómo si fuera suya. Mi cuerpo responde, humedeciéndose, anticipando lo que podría venir, mmmm… un placer para todos mis sentidos.
“Los malo hábitos son difíciles de dejar cuando estoy contigo”… Pero ya no estoy con él, y estas sensaciones son un sustituto perverso que me enciende más de lo que quisiera admitir.
La canción avanza, y sus manos siguen danzando sensualmente por mi cuerpo, lento, suave, abrazándome, acariciando mis curvas, creando una mezcla de dulzura y picardía que me deja anhelando más. Su respiración se vuelve más pesada, cómo un eco del placer que sentimos. Y justo cuando los últimos acordes se desvanecen, me regala un mordisco erótico en mi cuello desnudo, un gesto que me deja ardiendo.
La canción termina, y él se aleja, dejándome sola en medio de la pista, con su calor todavía impregnado en mi piel. Vuelve a la barra, donde estaba antes, donde comenzó todo, dedicándome una seductora sonrisa que promete más de lo que debería querer.
Podría quedarme y ver hasta donde me lleva esa sonrisa, podría llegar a ser placentero… pero su recuerdo me ha envuelto en un calor irresistible, tanto que, a pesar de la tentadora invitación que veo en sus ojos, decido poner fin a la noche. Prefiero retirarme y concederme el placer más íntimo, el que sólo yo puedo darme en este momento.
K – Army.
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