El alquiler de mi sumiso (10)
La vergüenza del tacón alto se mezcla con el placer del castigo. Mientras él se arrodilla, ella fuma y observa, sabiendo que su sumisión es el preludio de un placer prohibido que no le pertenece.
Tras terminar, supe que no debía hacerles esperar. Era la primera vez que andaba con unos zapatos de tan elevado tacón. Mi destreza no era muy buena. Al llegar a ellos se quedaron mirándome siendo Sergio quien con piropos soeces y humillantes elogió mi transformación.
Me gusta. Veo que le has enseñado a maquillarse como a mí me gusta. Gírate que te mire bien.
Me fui dando la vuelta muy despacio para mostrarme ante el. El sentimiento en mí era contradictorio pues por un lado la vergüenza que pasé fue brutal aunque por otra parte el pensar en mi señora y dueña y lo que podía estar sintiendo al ver mi obediencia ciega a ella hizo que me llenara de felicidad y sentir lo que realmente era, un esclavo suyo.
Bien, ahora nos preparas unos vermouth y algo para picar.
Me marché a la cocina contoneándome como una vulgar criada mientras oía como se reían de mí ambos. Volví para servirles lo que me habían pedido y permanecí junto a ellos por si me necesitaban. Sus arrumacos eran constantes acariciando sin cesar el cuerpo de mi señora que solo se había puesto una bata corta y transparente y sin ropa interior.
Acércate perra.
Me puse entre ellos y sus manos comenzaron a subir por mis piernas acariciando mis genitales. Eran la manos de mi señora las que rodearon mis testiculos apretándolos y haciendo que mis piernas flaquearan.
-¿Que haces? ¿Por qué te encoges?
Fue Sergio el que levantando mi falda cambió la mano de mi señora por la suya. Ahora el dolor se hizo mayor aunque procuré soportarlo y darles las gracias por sus “caricias”.
Échate en el suelo a cuatro patas.
Así les serví de reposapiés a la vez que los dedos de mi señora comenzaron a frotar mi ano, pasando uno de los cubitos de hielo de su bebida por el hasta lograr introducirlo dentro de mi. Mis piernas empezaron a ser recorridas por hilos de líquido de mi ano que no cesaba en sus contracciones queriendo expulsarlo. Sin embargo por más que mis contracciones se fueron haciendo más intensas la mano de mi señora lo impedían.
Ja, ja, ja, mira Sergio cómo está de mojada nuestra criada. Podíamos aplicarle un correctivo pues bien le tengo ordenado que no le está permitido hacerlo sin mi permiso.
Mi señora, no me he corrido. Es el agua del hielo derretido.
Me da lo mismo lo que sea. Bien sabes que no me gusta que te pongas así de húmeda sin mi permiso.
Por favor, mi señora, no me he corrido.
No debemos permitir que se excuse ante lo que es evidente. Vayamos dentro, si te parece.
Quitaron sus pies de mi espalda y tomando mi correa me llevaron dentro. Entramos en una habitación totalmente equipada. Me mandaron desnudar y Sergio levantó la presa del cepo.
- Agáchate y colócate aquí.
Coloqué mi cuello y mis manos en las aberturas y volvió a cerrarlo con un candado. Después me mandó abrir bien las piernas colocando mis tobillos junto a los pies del cepo para pasar unas correas por ellos y mantenerme totalmente inmovilizado. Así se sentaron frente a mi.
Vas a aprender que cuando tus amos decidan algo no debes contrariarnos nunca. ¿Lo has entendido, mi perra?
Si mi ama.
¿Que te apetece usar, cariño? A mi me gusta este látigo corto y trenzado.
Yo prefiero la fusta.
Y a ti ¿qué te gusta más, mi perrita?
No supe qué contestar. No quería contravenir sus gustos. Les miré a los ojos.
Yo simplemente estoy para obedecerles y complacerles en sus gustos.
Fue mi ama la que se levantó primero. Sergio permaneció frente a mí mientras con su mano dejaba hacer sonar su látigo. El estar inmóvil me producía tanto temor por lo que iba a sentir como excitación al saberme en su dominio. Pensando en mi situación sentí el primer estallido de la fusta de mi ama sobre mi culo. La fusta no cesó hasta pasados diez golpes con ella. Fue entonces cuando vi a mi ama ante mi, sentarse de nuevo muy sonriente y besando a Sergio le invitó a realizar su deseo con el látigo.
Gracias cariño. Ya tenía ganas de que me llegara el turno.
Mi Ama cruzó sus piernas dejando la fusta sobre ellas y encendiéndose un cigarrillo me miró.
Te has portado muy bien. Solo espero que con Sergio te portes de la misma manera.
Una bocanada de humo entró en mi boca a la vez que el látigo comenzaba a remarcar las marcas dejadas por la fusta. El trenzado del látigo repartía su dureza por mi culo con cada una de sus tiras.
No cesaba de mirar a mi ama mientras una sonrisa llenaba su cara a la vez que sus labios chupaban el cigarrillo para expulsar el humo sobre mi cara. Aunque mi boca se apretaba para no dejar escapar ni un solo quejido mis ojos dejaban escapar unas lágrimas debido al fuerte dolor soportado.
¡Que bien me siento, cariño! Hasta me he excitado con cada uno de los latigazos que le he dado procurando darlos sobre las marcas de tu fusta.
La mano de mi señora se posó sobre la entrepierna de Sergio comprobando su excitación.
Ya veo como te has puesto. Me encanta que disfrutes así.
Ambos se levantaron y mirándome se dirigieron a mi.
Vas a ver como tu ama disfruta y goza como no lo ha hecho nunca contigo.
Colocó a mi ama mirándome, agachada y colocándose primero junto a ella le introdujo su polla en la boca. Nunca imaginé lo humillante que podría ser el ver como tu esposa, tu ama, abría su boca y engullía esa polla enorme para con un mete y saca apresarla con sus labios para darle unas lamidas muy fuertes. Pasado un rato Sergio se colocó tras ella cogiéndola por sus caderas e introduciéndole toda su polla que hizo emitir por ella un gemido enorme de placer.
Siiiiii, sigue así. ¿Te das cuenta lo que necesito para gozar? Con tu pollita, que no me llena, no he sentido nunca un orgasmo así.
Vi como Serio se separaba de ella, me enseñaba su polla y con su mano llena de saliva lubricaba su culo.
Ten cuidado Sergio. No es algo que el maricón de mi marido halla usado mucho.
No te preocupes cariño mío. No te va a doler nada.
Diciendo esto me hizo ver como el tronco de su polla iba desapareciendo poco a poco en el culo de mi señora.
No te muevas, está muy gorda. Tengo que acostumbrarme.
Sin hacerle caso la fue sacando de su interior para volver a metérsela hasta el fondo. Fue un gemido de mi esposa la que le dio la señal a Sergio que necesitaba más.
Vas a sentirla toda dentro de ti. Goza mi amor.
Sergio inició un mete y saca cada vez más rápido que los gemidos de placer de mi esposa y ama inundaron toda la habitación.
Yaaaaaaaa, no puedo más. Para por favor.
Él se separó de ella acompañándola hasta el sillón. Se le veía exhausta de placer. No dejaba de mirarme. Su mirada emanaba alegría, felicidad y mucha humillación hacia mí.
Enciéndeme un cigarrillo, por favor.
Verla allí echada llevándose a la boca su cigarrillo y chupándolo con fuerza entre sus labios para dejar escapar el humo muy lentamente era una imagen muy sensual, erótica y provocadora.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Cornudo En Casa... Olvide El Celular... (parte 2)
Alfredo creía conocer a su esposa, pero esa noche Mariana le muestra un lado oscuro que él nunca se atrevió a pedir.
Comparte:Voyeurismo ocultoCuckoldDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
Apuntes sobre... otra forma de ser usada...
No sabía que Germán había preparado este infierno de placer. Al entrar en la habitación, las cadenas ya esperaban por mí, y la voz de mi amante en el…
Comparte:Bdsm plenoSumision consentidaVoyeurismo oculto
- Confesiones
La Sra Sandra
Sandra no es la ejecutiva amable que todos conocen. Es una mujer de mirada fría que espera órdenes, no preguntas.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Dominación
La llegada a nuestra casa de una Ama
Imagina abrir la puerta y encontrar a tu esposa en el suelo, sometida a una extraña mujer que ya ha tomado el control de tu hogar.
Comparte:Bdsm plenoDominacion femeninaSumision consentida
- Hetero: Infidelidad
Mi experiencia cuckold
Conoce a una mujer en una app y descubre que ella no viene sola. En su apartamento, la dinámica cambia rápidamente: él es el espectador y tú eres el…
Comparte:CuckoldVoyeurismo ocultoDominacion femenina
- Hetero: Infidelidad
Dije que sí y ahora soy un cornudo consentido y fe
Él creía estar cumpliendo un deseo secreto, pero ella ya llevaba años viviendo esa realidad.
Comparte:CuckoldDominacion femeninaSumision consentida