Sutituyendo al esposo de una amiga
Helena necesita un esposo para sus vacaciones y Joshua es el único disponible. Lo que empieza como un favor para salvar las apariencias se convierte en una trampa de deseo donde fingir ser marido significa perder el control.
Cuando la empresa le indicó a Joshua que le concedían unas vacaciones de dos meses, como recompensa por el excelente trabajo que había realizado en una operación comercial que había resultado bastante fructífera, decidió tomar el coche y volver a su pueblo natal. Llevaba algunos años sin estar en el pueblo, y recodó que allí aún tenía algunos familiares, y un hermano.
El hermano tan pronto supo la noticia, se apresuró a pedirle que se quedara en su casa. Por lo que, tras pensarlo, a los dos días llego al pueblo. Una vez allí, de dedicó a saludar a los antiguos amigos y familiares, hasta que un día se encontró con una de sus amigas íntimas de la adolescencia, a la que había perdido la pista. Esta se llamaba Helena, si, “como Helena de Troya”. El la recordaba como una joven bastante delgada, algunas pecas en la cara y aunque no era fea, tampoco le parecía una gran belleza.
Se encontraba en una cafetería con su hermano, cuando la vieron pasar, quien saludo afectuosamente a su hermano. Joshua no la había reconocido.
-Joshua. ¿no me digas que no reconoces a Helena? ¡Erais muy amigos! Le dijo el hermano al ver que Joshua no le decía nada.
Joshua se quedó bastante impactado ante la indicación de su hermano. Realmente no había reconocido a Helena. La mujer estaba tan cambiada que le pareció otra persona. Pero, ¿cómo?... ¿eres Helena?
La mujer igualmente se había quedado sorprendida, ya que tampoco había reconocido a Joshua, aunque al estar con su hermano lo relacionó al instante, terminando por exclamar: ¿tú eres Joshua? ¡que cambiado estas! ¡no te había reconocido tampoco!
Ella se detuvo unos momentos y comenzaron hablar, ya que llevaban muchos años sin verse. Joshua estaba maravillado observando a su amiga de la infancia, que ahora tenía según, luego le confesó la mujer 36 años. No tenía nada que ver con la joven que el recordaba. Helena se había transformado en una mujer bastante bonita de cara, aunque seguía conservando sus pecas, con un cuerpo bastante perfilado, ni delgado ni grueso, casi el ideal, que denotaba una figura anatómica casi perfecta. La mujer al observar como la miró su antiguo amigo le afloraron los colores. Tras unas palabras más, ella terminó por dejarle su teléfono, quedando en verse más adelante para tomar un café.
Una vez hubo marchado la mujer, Joshua quiso saber más de Helena, siendo informado por su hermano. Este le dijo que se encontraba casada con un comerciante, bastante bien posicionado en la ciudad, pero que era un hombre que viajaba mucho. Joshua no le comentó a su hermano la tremenda impresión que había causado su amiga, pero era cierto que había quedado impactado.
Pensó que aquella nunca le llamaría. Sin embargo, se sorprendió cuando pocos días después, recibió la llamada de Helena, y a su instancia, se encontraron en una cafetería. Allí estuvieron hablando de sus vidas, y recordando momentos de su infancia juntos. Al saber que Joshua no estaba casado, la mujer le pregunto: -¿de verdad que no estas casado? Pero ¿estarás conviviendo con alguna mujer?
-Bueno Helena. Mantuve una relación con una mujer hasta que hace unos dos años, pero aquello acabó. Le contestó Joshua.
El hombre le comentó que él tampoco tenía hijos, aunque percibió cierta tristeza en la cara de la mujer al referirse a la prole. Ella le confesó que su esposo pese a que era buena persona, pasaba mucho tiempo dedicado a su trabajo, y le dedicaba poco tiempo a ella. Evidenció cierta tristeza y desilusión en la mujer, no solo por su intención de ser madre, sino también por el escaso interés de su esposo hacia ella. Por lo que le contó Joshua sacó la conclusión de que parecía más un matrimonio de conveniencia social, que por un amor verdadero.
Fue en ese momento, cuando Helena le comentó que había sido invitada a unas vacaciones en Menorca donde acudirían varios amigos de la empresa donde trabajaba. Circunstancia que parecía ocurrir cada poco tiempo, pero, estaba harta de acudir sola, ya que su marido nunca la había acompañado.
Tras ese primer encuentro, se produjeron dos más, y en el último Joshua la invitó a comer en un restaurante. El hombre notaba que se sentía bien en la compañía de aquella mujer, antigua amiga, y, como no tenía nada que hacer, accedió a compartir un rato con la misma. Por otro lado, Helena se sentía también con necesidad de salir y contactar, y hacerlo con un viejo amigo le pareció una idea excelente.
Mientras almorzaban en el restaurante, salió de nuevo el viaje de las vacaciones a Mallorca. En ese momento, Joshua observó como cambió el gesto de su acompañante, quien le manifestó con bastante enfado, que su esposo nuevamente se había negado a acompañarla, pese haberle prometido que en esa ocasión iba acudir. Le señaló con evidente enfado, que a última hora se había echado atrás, ante la aparición de un negocio importante, que no quiso perder. Helena le dijo a Joshua que estaba pensando en desistir de dichas vacaciones, ya que le suponía un calvario ir sola, dado que las otras compañeras se reirían de ella. Ya había pasado bastantes burlas por tal motivo, al margen de que se sentía sola ante sus amigas, que acudían con sus parejas.
Estaban hablando, cuando la mujer le miró fijamente a los ojos, y como si de pronto se le hubiera iluminado la mente, le preguntó: oye Joshua, ¿tú estás de vacaciones verdad?
El hombre sorprendido por la pregunta le contestó: Pues sí. Tengo dos meses de vacaciones. ¿Por qué lo preguntas?
La mujer lo miro nuevamente, y entonces le propuso: estaba pensando… ¿por qué no te vienes conmigo a esas vacaciones a Menorca? Así no iré sola.
-¿Nosotros dos, sin tu esposo? Le pregunto sorprendido Joshua, que no se esperaba una propuesta semejante por parte de la amiga.
Ella entonces le contesto: ¿Porque no? ¡Me acompañas y te haces pasar por mi esposo!
-¿Cómo…?carraspeó Joshua ante semejante propuesta. Ja ja… ¿estás de coña? ¿cómo voy hacerme pasar por tu esposo? le contesto el hombre realmente impactado por la proposición de su amiga. Era una proposición de consideró descabellada desde el primer momento.
-Anda, ¡hazme ese favor! Le reiteró la mujer. Me he hecho mucha ilusión con esas vacaciones. No conozco Menorca, y…la verdad es que, ir sola no me apetece. Anímate…¡Seguro que lo pasaremos bien! ¡Es todo incluido, no nos costará un euro! Le explicó la mujer sumamente ilusionada, intentando convencer a su antiguo amigo.
Joshua no supo que contestar. La realidad es que no tenía nada que hacer. La mujer le había indicado que serían unos diez días, tampoco ello iba a suponer gran problema. Pero ¿aquello de hacerse pasar por el marido de la amiga, no le dejaba muy convencido? No obstante, no quiso contestarle ante la insistencia de su amiga, quedando en llamarse lo antes posible. En el fondo, tenía pensado decirle que no. Pero no se atrevió a decírselo tan bruscamente.
En la noche, Joshua se quedó pensando en la propuesta de su antigua amiga. La realidad es que no tenía compromisos con ninguna mujer. Había visto a su amiga de la infancia, y se había quedado alucinado ante el cambiazo de la misma. Le parecía un “verdadero bombón”. Por otro lado, llevaba tiempo sin sexo. La idea de pasar unos días con aquella mujer, instintivamente hizo emerger su pene. Pero tuvo claro que nada iba a conseguir, ya que era una mujer casada, y era una amiga.
No tenía claro que debía hacer. No quería ser descortés con su amiga, pero tampoco quería tener problemas con el esposo de aquella. Sin embargo, a la mañana siguiente, recibió un “wasap” de Helena, comunicándole que tenía el vuelo reservado para dentro de dos días, a nombre de los dos. Le hizo saber que era un buen amigo de la infancia, y que tenía plena confianza en él.
Joshua se quedó sin saber que hacer. Aquella le pareció una faena, que decidiera sin su consentimiento. Pero tampoco quería quedar mal con Helena rechazando la oferta. Por ello, sin saber cómo, se vio aceptándola. A fin de no levantar sospechas quedaron, en llegar al aeropuerto por separado, reuniéndose en el recinto aeroportuario. La mujer, al estar casada, no quería que su esposo se enterara de que iba acompañada.
Hizo su maleta, con lo necesario para un par de días, y a la mañana siguiente llegó en taxi al aeropuerto, observando que su amiga llego tiempo después, acompañada de su esposo. Le había enviado un wasap indicándole que el marido se marcharía tras dejarla en la entrada del aeropuerto. Y, así ocurrió. Una vez dentro, ella se acercó hasta él y lo saludo más afectuosamente que otras veces. No pudo por menos que fijarse en cómo iba vestida, constatando que estaba realmente preciosa. Cuando aquella se retiró la chaquetilla que llevaba puesta, contempló que portaba una blusa blanca donde marcaban sus grandes y firmes pechos. Igualmente llevaba una faldita que, aunque no muy corta, dejaba a la vista sus hermosos muslos. Ello le confirmó que era una hermosa mujer.
Helena se percató de la sorpresa de su amigo, y con una sonrisa en los labios, le preguntó: ¿no te gusta cómo voy vestida?
-Vaya Helena. ¿Tu marido vio bien cómo vas vestida? ¡Estás divina! Le contestó sonriendo el hombre.
Ja ja. ¡Mi esposo apenas se percató de mi vestimenta! El solo estaba pensando en dejarme cuanto antes, para ir a su trabajo. ¡Tampoco le hizo mucha gracia, saber que me iba a venir sola! ¡Pero, él se lo pierde!
Ya en el avión se sentaron juntos, hablando largo y tendido durante el trayecto. Cuando iban llegando al aeropuerto de Menorca, la mujer le comentó a Joshua: Oye Joshua, a partir de ahora tenemos que comportarnos “como si fuéramos marido y mujer”.
El hombre, inicialmente no entendió mucho que significaba aquello, aunque pronto se percató de lo que pretendía su amiga. Quería dar la imagen de que iba acompañada de su esposo, y ello requería mostrar un comportamiento similar al de cualquier pareja. Un cierto cosquilleó subió por su cuerpo ante aquella pretensión.
La mujer no perdió tiempo en demostrar a su acompañante lo que conllevaba aquella situación, y le tomó del brazo mientras bajaba por las escaleras del avión. Al llegar al hotel, se encontraron con el resto de compañeras de trabajo de Helena, que afortunadamente no conocían al esposo de ésta, por lo que saludaron afectuosamente a Joshua, deduciendo que era la pareja de Helena. El hombre se percató al instante que eran bastante cotillas, y que aquella situación iba a ser algo comprometida, percatándose de los comentarios entre ellas. Logró escuchar cómo le susurraban a Helena: “Vaya, tu marido es muy apuesto”.” ¿Dónde lo tenías escondido?”.
En ese momento, el hombre se vio sorprendido, al comprobar que Helena, se giró y con cierto atrevimiento, le dio un beso de pico en la boca, comentándole posteriormente que era para que no sospecharan. Pese a no llegar a mayores, esos primeros gestos de familiaridad de la mujer, agitaron a Joshua, quien llevaba tiempo sin contacto con ninguna mujer.
Cuando llegaron al hotel se mezclaron con el resto de los amigos de la empresa de Helena, hasta llegar a la recepción, donde les asignaron la habitación de matrimonio. Joshua comprobó que únicamente les entregaron las llaves de una habitación. Lo entendió, ya que haber solicitado dos habitaciones, hubiera levantado sospechas. En ese instante, se dio cuenta de que iba a dormir en la misma habitación de la amiga de la infancia. ¡Un nuevo escalofrío recorrió su cuerpo!
Y, esa presunción se vio confirmada, al abrir la habitación, percatándose que había una sola cama, en este caso, de matrimonio. Joshua ni Helena comentaron nada al respecto. Habían sido citados para almorzar, por lo que, tras asearse un poco y cambiarse de vestimenta, bajaron al comedor. Almorzaron, hablaron largo y tendido, incluso tomaron alguna copa con el resto de amigas y sus parejas. En la noche tras cenar, aprovechando la presencia de un grupo musical que amenizaba la noche, durante el cual Helena aprovechó para sacar a bailar a Joshua. Quiso aprovechar la ocasión para exhibirse ante sus amigas, y que la vieran. Ante las miradas de sus compañeras, la mujer quiso mostrarse más íntima con Joshua, abrazando al hombre de forma más cariñosa, y hasta propinándole nuevamente algún que otro beso de pico.
A medida que transcurrió la velada, las copas comenzaron a poner más acaramelados a las parejas. Joshua fue tomando confianza, y comenzó a toquetear a su amiga, abrazándola, con algún que otro apretón, atrayéndola hacia él, aprovechando la música. Entre los empujones y encontronazos con las otras parejas de baile, en cierta ocasión mientras se estaban mirando a la cara, la mujer fue golpeada, yendo su boca a encontrarse directamente con la del amigo. Un cierto nerviosismo se apoderó de ellos, ante ese inesperado beso. No obstante, Helena, al ver que eran observados por algunas parejas, quiso mostrarse más decidida, y sin pensarlo dos veces, acercó su boca y beso a Joshua más amorosamente. Tanto, que incluso llegaron a entremezclar sus lenguas.
El corazón de Joshua comenzó latir aceleradamente, en sintonía con lo que le ocurría al de su amiga. Obviamente intentó reponerse, siguiendo el juego a su amiga, sin poder evitar que su pene comenzara a endurecerse bajo el pantalón. Esa circunstancia, también fue percibida por Helena, notando un cierto escalofrío. Sabía que aquella situación era bastante peligrosa, y, comprobar como había excitado a su amigo, le convenció que esas vacaciones con su antiguo amigo podían tener una trascendencia inesperada. Ello le llevó a pensar en Joshua, su amigo de la infancia, percatándose de que era un hombre bastante bien parecido, guapo y, además, sumamente deseable. No en vano había comprobado con cierta envidia, las miradas de algunas amigas hacia su acompañante.
Poco después, comprobando que las parejas comenzaron a retirarse a sus habitaciones, ellos hicieron lo propio. Al llegar a la habitación, la mujer observó cómo su acompañante colocó una manta en el sofá. Era obvio que pretendía dormir allí. Helena se quedó indecisa. No era lógico que su amigo se quedara en un sofá y ella en la cama. Por otro lado, pensó: ¿y si aparece cualquier persona y comprobaba que dormimos separados? No podía consentirlo. Por ello le dijo: - ¿es que no vas a dormir en la cama?
- Había pensado que en el sofá. Y tú en la cama…le respondió Joshua algo inquieto, sin saber que decir.
Helena, entonces le respondió: ¿No creo que sea justo ni conveniente? ¿Suponte que alguien toca y entra en la habitación? ¿Qué pensará? ¡Anda, entra en la cama! ¡es suficientemente grande y cabemos los dos perfectamente!
El hombre retiró la manta del sillón y se dirigió a la cama. Al ver como Helena se desprendía del top que llevaba, para quedar solo en lencería interior, no pudo evitar un endurecimiento de su pene. Llevaba puesto únicamente un pantalón del pijama, y sin poder evitarlo, constató el endurecimiento de vástago.
Intentando tranquilizarse, ambos se metieron en la cama. Luego, para romper el silencio, comenzaron hablar de banalidades, de cómo había ido el día, de las amigas de Helena, hasta que sin pensarlo conciliaron el sueño.
Al día siguiente la empresa los llevó a dar una vuelta por la isla en autobús, haciendo una parada en una playa para tomar un baño. Joshua no había visto el bikini que llevaba su amiga, dado que se había cambiado dentro del baño de la habitación. Al verla desprenderse de su ropa en plena playa, quedó alucinado, ante la belleza de su amiga. El, la había visto solo vestida. Al observarla con aquel precioso traje de baño que portaba un “dos piezas”, donde resaltaban poderosamente los voluminosos pechos de la amiga, no pudo evitar volver a envararse. Al fijarse en la parte baja, divisó que la braguita era tan corta que, pudo darse cuenta de que su amiga se recortaba el pubis perfectamente. Tuvo que realizar verdaderos esfuerzos para que no se le observara su notable erección. En el agua, Helena se acercó y le propinó a su pareja algunos besitos a la vista de sus amigas, al tiempo que se abrazó al mismo. En esa ocasión, la mujer se ruborizó al fijarse en la tremenda erección que mostraba el bañador de su amigo.
De nuevo en la arena, Joshua se ofreció a darle unos masajes, recreándose en el cuerpo de su amiga, masajeando la espalda y muslos con deleite, ante la aquiescencia de aquella.
En la noche bailaron, juntando sus cuerpos, dándose algún que otro beso, con la intención de no levantar sospechas. Todo a instancias de la propia Helena. Dado que la mujer se encontró cansada por el ajetreo del día, le pidió regresar a la habitación. En el recorrido de vuelta, Helena había tomado tanta confianza, que casi sin pensarlo, abrazó a su amigo como si fueran pareja. Ya dentro de la habitación, Helena le agradeció a su amigo su comportamiento, manifestándole que lo estaba pasando muy bien, y que era un buen acompañante.
La primera en entrar a ducharse fue la mujer. Antes de entrar había tomado un camisón de dormir algo transparente, así como unas braguitas y el sostén. Se notaba agitada. De hecho, mientras se duchaba estuvo pensando en su acompañante, en el tremendo bulto que había visto emerger en su pantalón, y eso la tenía agitada. Mientras se secaba, se miró en el espejo, completamente desnuda, se palpó los pechos sensualmente. La presencia tan cerca de su amigo de la infancia, y el tiempo que llevaba sin sexo con su marido, la hizo sentirse sumamente erótica y sensual. Una vez colocado el camisón, volvió a observarse en el espejo, y decidió quitarse el sostén. Sin el mismo, comprobó que sus pechos se mostraban pujantes, bajo la suave tela del camisón de dormir. Por otro lado, poseía unos pezones bastante gruesos y rojizos, que sobresalían claramente bajo la tela. Su braguita, casi minúscula, apenas tapaba parte de su pubis. Era consciente de que era una autentica provocación. Pero, en el fondo se sentía cachonda y, hasta deseaba calentar a su amigo.
Cuando Joshua contempló el cuerpo de la mujer bajo aquel camisón tan sensual y, la ausencia de sostén, se alteró, viendo como su vástago se revolucionó, marchando rápidamente a ducharse, ante la sonrisa de la mujer. Al volver a la cama, una vez bajo las sábanas, aquella le recordó los suaves masajes recibidos en la playa. Joshua, entonces la miró y le preguntó si quería que la volviera a dar unos masajes en su cuerpo, especialmente en sus piernas.
-¿De verdad estarías dispuesto a darme un masaje? Pero, ¿estarás cansado? La verdad es que no quiero abusar. - le contestó aquella con cierta sensualidad en sus palabras.
-Tranquila. Estoy bien. Verás que ello se relajará- se limitó a decirle Joshua.
Tomó una crema que halló en el baño, y la instó a que se colocara boca abajo, para comenzar a darle un suave masaje por los pies, subiendo por sus muslos, hasta alcanzar el contorno de sus nalgas y braguita. Luego le pidió que se volviera, y colocara boca arriba sobre la cama. Al girarse boca arriba, la mujer constató con agitación, el bulto que se había formado en el bóxer del amigo. No obstante, no le hizo comentario alguno.
Joshua, mientras masajeaba las piernas de su amiga, fue subiendo, fijándose que la braguita de la mujer era tan minúscula que apenas cubría, justamente la raja de su coño. De hecho, por los laterales de la braguita, sobresalían los pliegues de los labios exteriores de la vagina. Pero su agitación se incrementó al darse cuenta de la existencia de cierta humedad en la prenda íntima. Helena se limitó a cerrar los ojos, cuando la mano del hombre se fue acercando a los contornos de su braguita, emitiendo unos suspiros, sin poder contener los mismos.
Tras unos masajes sumamente sensuales cerca de su entrepierna, le preguntó su quería que le diera unos masajes en la espalda. Para ello tenía que desprenderse del camisón. La mujer, le miró mostrando una mirada lasciva y con los cachetes sonrojados. Era una proposición bastante sugerente. No obstante, se volvió a colocar boca abajo, retirando el camisón, quedando su espalda completamente desnuda. Obviamente, aun recostada sobre la cama, dejó a la vista del hombre una buena parte de sus buenos pechos, que quedaron aplastados en la cama.
Joshua no podía con su tremenda erección. No obstante, le fue aplicando el masaje por la espalda, bajando por la cintura, masajeando las nalgas de la mujer, hasta atreverse acercar a la zona de su entrepierna. Tenía a su compañera extendida sobre la cama, boca abajo, únicamente con una pequeña braguita. Aquella era una tentación en toda regla. Se percató de lo bien contorneados muslos, así como de las firmes nalgas de la mujer. Poseía un trasero casi perfecto. Su amiga era un portento de mujer.
La visión del cuerpo casi desnudo de la mujer, le llevó a resultar más osado. Así, en el momento de masajear las nalgas, llego a introducir su mano entre los muslos, acercándose peligrosamente a los laterales de la braguita. De hecho, aquella braguita, era tan débil que se introducía entre sus nalguitas. Joshua se dio cuenta de que, si continuaba, podría ocurrir algo no deseado, y, ¿no sabía cómo iba a reaccionar su amiga? Por ello, decidió terminar, ante la agitación de la mujer por su repentino arrepentimiento, metiéndose en la cama.
Helena se quedó excitada. Hubiera deseado que su amigo continuara, y hasta que le metiera mano. Viendo que aquel se había metido bajo las sábanas para ver la tv, se giró, le miró a la cara sin decirle nada. Joshua conocía este tipo de miradas. Era la de una mujer pidiendo guerra.
El hombre no pudo contenerse más. Sin decirle nada, se acercó y la beso dulcemente en los labios. Helena, no se había colocado el camión, y en esos momentos estaba con sus pechos desnudos, cubiertos en ese momento únicamente con la sabana. Pese a todo, abrió la boca, y le correspondió al beso, entrelazándose las lenguas. La excitación de la mujer fue de tal calibre, que sin más prologo, le abrazó, posando sus pechos desnudos junto al tórax del hombre. Joshua tremendamente excitado, comenzó a pasar su lengua por el lóbulo de las orejas de la mujer, su cuello, y al ver que solo gemía y no mostraba rechazo, decidió bajar hasta los pechos de la misma.
En ese momento, comprobó que aquella mujer tenía dos senos bastante grandes, de buen volumen, sumamente apretados y firmes. Algunas pecas resaltaban entre la intensa blancura de aquellos pechos. Nacho se agitó ante la belleza de los mismos. Al instante su boca se apoderó de aquellos, lamiendo suavemente el contorno de estos sin alcanzar los pezones, elevando la agitación de la mujer. Esos besos alrededor de los pechos, pusieron a la mujer al borde de la excitación máxima, que se produjo, cuando el hombre, decidió atrapar los pezones.
-Oh Joshua. Oh. sii…comételos ooo siii Suspiro la mujer, revolviéndose en la cama, ante las caricias del compañero, quien le succionaba sus senos deliciosamente. El amigo continuó durante varios minutos ocupándose de los hermosos pechos, alternando con subidas hasta la boca, para luego regresar nuevamente a los senos. Ello fue suficiente para enloquecer a la mujer. Excitación que fue en aumento, cuando su amigo fue bajando hasta besar su ombligo, estremeciéndose ante la carga morbosa que esos puntos erógenos le producían.
El hombre estaba lanzado. Lo que le llevó a alcanzar la entrepierna de la mujer, pasando su lengua por encima de la tela de la braguita, ya humedecida, para continuar besando su pubis, pasando por la cara interior de los muslos. Helena no pudo más, comenzó a gemir y suspirar sin miramientos. A ver como Joshua besaba nuevamente la tela de su braguita, precisamente donde se localizaba la raja de su coño, la hizo suspirar, intentando cerrar las piernas, atrapando entre ellas la cabeza del hombre. Oh Joshua, exclamó con un suspiro.
Con suavidad Joshua la obligó abrirlas, volviendo a realizar la misma acción. Luego, tras una mirada sensual a la cara de la mujer, tomó uno de los laterales de la braguita, y suavemente, la hizo a un lado, quedando por primera vez ante su vista, el delicioso coño de su amiga. Joshua se quedó enmudecido, recreándose con la vista, comprobando que la mujer tenía los vellos recortados, pero conservaba los mismos casi alrededor de los labios vaginales. Esa forma de recortarse el vello, le concedía una sensualidad bastante excitante. Los labios vaginales eran igualmente pronunciados, abultados y destacaban notablemente. Fue más de lo que pudo soportar el hombre.
Rápidamente, acercó su lengua y lamió los labios vaginales, suavemente, para luego hacerlo de arriba abajo, como una brocha, verificando que se encontraban totalmente brillantes por la excitación. El intenso olor de la vagina de su amiga, lo envolvió. Pese haberse duchado, comprobó que la mujer debía estar sumamente caliente, por cuanto el aroma le resultó embriagador. Continuó pasando su lengua de arriba abajo a lo largo de toda la raja, para pronto devorar entre lengüetazos y chupeteos, haciendo gemir y agitarse a la mujer. Cuando por fin alcanzó el clítoris, escuchó los gemidos de aquella, volviendo a intentar apretar sus muslos, viendo como poco después, comenzó a convulsionarse, entrando en éxtasis. Helena se estaba viniendo. Su esposo jamás le había practicado sexo oral.
-oh sii me vengo ooo si Joshua siiii…
Pese a ver que entraba en trance, Joshua continuó lamiendo y chupando el sabroso coño su amiga, hasta que aquella terminó en un alocado orgasmo, vertiendo todos sus jugos en la propia boca de su amigo. Tras correrse de una forma brutal y hasta escandalosa, con gritos que pudieron escucharse en las otras habitaciones, Joshua volvió sobre sus pasos, pasando de nuevo por los pechos, hasta alcanzar los labios de la mujer. La mujer estaba tan receptiva que aceptó aquellos besos con autentica lujuria, absorbiendo incluso parte de sus propios jugos vaginales.
Esa agitación le llevó alcanzar por primera vez el bóxer del hombre. Al palpar el mismo, un estremecimiento recorrió todo su ser, sorprendida ante el tremendo abultamiento, percibiendo la dureza del falo. Con agitación exclamó: - Uhm Joshua…¿Cómo estás?. No tardó en comenzar a toquetear el pene por encima de la prenda, diciéndole, morbosamente ¿La debes de tener enorme? ¡vaya bulto!
Al instante, su codicia la traicionó y rápidamente bajó el bóxer del amigo, quedando alucinada ante el tamaño de los genitales. No esperaba hallar un pene de aquellas dimensiones. Su excitación la llevó a tomarlo en la mano, rodeándolo entre ellas, intentado comprobar el grosor y longitud del mismo, constatando que ya mantenía una buena erección: ¡oh Joshua!… “es bastante grande”. ¡Qué barbaridad!
Sin esperar respuesta, continuó manipulando aquel sable. Estaba extasiada, y hasta asustada. No sabía si realmente le asustaba las dimensiones de aquel vástago, o lo que realmente le asustaba era, saber que estaba cometiendo su primera infidelidad matrimonial. Nunca había sido infiel a su esposo, pese a que en mas de una ocasión tuvo intención de hacerlo, ante la pasividad del marido. Ello la llevó a decir: ¿ay, Joshua? ¿No sé si debo hacer esto? Nunca le he sido infiel a mi esposo.
Vale. Tranquila. Le contestó el hombre, quedando un poco nervioso ante las dudas de su amiga. Tampoco quería forzarla. No obstante, le pregunto: ¿Eres capaz de hacer que me corra?
Ella le miró a la cara, mientras continuó manoseando el sable. Sin decirle nada, acerco su boca y lamió la tranca de arriba abajo, para luego introducir una parte de ella. No era una experta en esos menesteres y de ello se percató su amigo. Según comentaría posteriormente, nunca le había hecho eso a su marido. La realidad es que nunca había hecho sexo oral.
Joshua estaba tan excitado que, fue suficiente sentir el calor de la boca de la mujer sobre su falo para que se tensara, y gimiendo, comenzando a lanzar una buena cantidad de semen, manchando la cara y pecho de la mujer. Tras acabar, ella le besó, admirada, y sorprendida por la forma de correrse de aquel semental. Tras asearse, durmieron plácidamente hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente les invitaron a un espectáculo y posterior almuerzo. Joshua notó como su compañera, se mostró más amorosa, hasta el punto que verificó como lo besaba con frecuencia, apretando su cuerpo de forma muy morbosa contra el suyo. Esos gestos se prodigaron incluso cuando no había nadie cerca que justificara ese tipo de toqueteos. Lo que le evidenció que Helena estaba bastante receptiva. Había comprobado algunas miradas de la mujer, que evidenciaban la lujuria en su rostro. Recordó lo sucedido la noche anterior, y un estremecimiento volvió a recorrer su cuerpo.
Joshua observó como en la tarde, las mujeres fueron de compras a una zona comercial, mientras los hombres tomaron unas copas en unas cafeterías. Comprobó que Helena y otras mujeres del grupo habían entrado en una tienda de lencería. Luego, las vio salir con unas bolsas, evidenciando que había adquirido algún artículo. Le sorprendió la forma en que se reían y hacían bromas, mientras se acercaban a ellos.
Ya en la noche tras la cena, estuvieron tomando unas copas, constatando Joshua como su compañera no paraba de besarlo. Eran besos ardientes, hasta con lengua, y eso lo tenía nuevamente envarado. Se dijo para sí que Helena estaba desarrollando su papel de esposa antes sus amigos bastante bien. En un momento dado, detectó la mirada de la mujer, quien le solicitó regresar a la habitación. Las risas de algunas mujeres, mientras se retiraban, le dejo perplejo. No llegó a comprender el motivo.
Ya dentro de la habitación, tras asearse la mujer, le tocó el turno a Joshua. Al regresar del baño, comprobó que Helena ya estaba dentro de la cama. Esta vez él se había colocado un slip, por lo que procedió igualmente a meterse bajo las sábanas.
Ya dentro de la cama, tras unos momentos de indecisión, se acercó a la cara de la mujer, y sin decirse nada aquella le ofreció sus labios nuevamente. Helena parecía estar bien receptiva. Nuevamente volvió a percatarse del calor del cuerpo de la mujer, al tiempo que le besaba con mucha pasión. Su agitación aumentó cuando la mujer dirigió su mano hacia su slip. No esperaba aquel tipo de lanzamiento de su amiga. Especialmente ante las reticencias de la noche anterior.
El la correspondió besándola, e intentando bajar a sus pechos. Una nueva sorpresa le esperaba. La mujer llevaba en esta ocasión un sostén. Pero no era un sostén cualquiera. En esta ocasión era una pieza bastante sensual y hasta provocativa. Comprobó que la prenda solo le cubría la parte baja de sus pechos, dejando a la vista la parte superior de los pechos, y esencialmente los pezones. Aquellos emergían bajo el sostén, en clara invitación a chuparlos. El hombre no lo dudo. Besó aquellos sugerentes pechos, mientras la mujer le comentó que lo habían adquirido en la tienda de lencería, ya que las otras mujeres habían hecho lo mismo.
Pero, a Joshua aún le esperaba otra sorpresa. Esta fue detectada, cuando el hombre alcanzó el pubis. Comprobó que llevaba una tanga. Pero tampoco era una tanga cualquiera. Esta tenía la particularidad de que dicha prenda disponía de “una abertura al centro”, que permitía ver claramente la raja del coño y hasta el ano de la mujer.
Helena tenía ya el pene del hombre en la mano, percibiendo claramente el endurecimiento del mismo, ante la sorpresa que su tanga había ocasionado al varón.
-¿te gusta?. Todas las mujeres no hemos comprado una parecida. Le comento con agitación, ante la cara de sorpresa del amigo. No quería hacerlo, pero, ¡como todas lo hicieron, no quise quedarme atrás! Le comentó con cara de morbosidad. La mujer, se notaba sumamente nerviosa, agitada y sonrojada al mostrarse así ante un hombre que no era su esposo. Intuía lo que iba a ocurrir, pero pensó que podía controlar la situación. Solo pensaba en provocar al amigo y así poder correrse a gusto. Por ello, añadió: ¡Se que no eres mi marido!, pero, ya que la he comprado, se me ha ocurrido mostrártela. ¿Te gusta?
-¿vaya pregunta?. Uhm… Uy Helena. ¡Ya has notado como me has puesto! Le contestó el amigo, dirigiendo su mirada hacia el pene que continuaba en manos de la mujer. Este se puso fierro como una roca, ante la visión del coñito de la amiga, el cual se mostraba claramente a través de la abertura en la braguita.
Ja ja… ya lo he notado. ¡Se te ha puesto bien dura! No se… ¿quizás… no debí hacerlo? Ya les dije a una amiga que me parecía demasiado atrevida -le comentó la mujer, como si estuviera arrepentida de su acción, al ver el efecto que había ocasionado en la mandarria de su amigo.
Joshua, no le respondió. Se metió entre las piernas de la mujer, y acercó su boca a la abertura del coño, que se entreveía en medio de la braguita. Helena gimió al sentir la lengua del amigo nuevamente pasándola por todos sus labios vaginales. La abertura permitía chupar perfectamente su raja y hasta el propio ano de la mujer. Joshua no perdió ocasión, y lamio ambos orificios, excitando de tal forma a la mujer que casi al instante alcanzó el orgasmo.
-Oh Joshua me has vuelto hacer correr. Oo siiii sigue…. Oh que gusto me das..
Joshua sabía que aquella no le iba a permitir penetrarla. Por ello decidido intentar otro juego. Le pidió que se subiera sobre él, para que el pudiera comerle mejor sus pechos, ya que le gustaba ver cómo le colgaran. Excitada, Helena, cual gata en celo, accedió a la petición del amigo, subiendo su cuerpo sobre el del hombre, haciendo que, al sentarse, se abriera de piernas, con lo que la abertura de su braguita quedó en contacto directo con el pene de mismo. Joshua tenía el falo en horizontal, por lo que la mujer poco a poco se fue sentando sobre éste. Era el primer contacto directo de su pene con la vagina de aquella hembra.
Helena percibió ese contacto, y notó su agitación. Percibió el tremendo calambrazo al sentir como sus labios vaginales abrazaban el trozo de carne de su amigo. Pese a su inicial nerviosismo, comenzó a frotarse sobre aquel falo, deslizando su coño sobre aquella la barra, observando como sus labios vaginales abrazaban el potente falo del hombre. En esta ocasión si había contacto directo. La abertura en la braga permitía ese deslizamiento y el contacto, permitiendo a la mujer sentir la dureza del falo bajo su coñito. Ello lo llevó a restregarse sobre la verga del amigo, utilizando el pene como rail sobre el que comenzó a deslizarse, realizando movimientos de adelante y hacia atrás.
-Oh Joshua que bueno…. ooo
Al no existir penetración, Helena se confió, y continuó con esos movimientos, mientras su amigo se había hecho cargo de sus hermosos senos, que devoró con su ávida boca. La mujer comenzó a excitarse peligrosamente. Aunque era una infidelidad en toda regla, le estaba agradando aquel tipo de juego, sintiendo una sensación placentera al permitir que sus labios vaginales abrazaran directamente la macana del semental de su amigo. Podía sentir como palpitaba la verga del mismo, sentía el grosor de aquel falo, la rugosidad de las venas que lo circundaban. Sus labios vaginales repasaron ampliamente la superficie del pene del hombre, aumentando su excitación.
Joshua, la tomó suavemente por las caderas y la ayudó en los movimientos hacia adelante y hacia atrás, con la intención de intensificar el placer y despertar en ella el morbo. La mujer cerró los ojos, con el fin de poder disfrutar de los roces de sus genitales. Los movimientos pronto comenzaron a ser totalmente hacia adelante y hacia atrás, pero de manera frenética. Helena se percató que sus abundantes jugos vaginales estaban mojando no solo el pene, sino que discurrían empapando las pelotas del amigo.
Joshua viendo como aquella mujer se movía sobre su verga, la corrió bien hacia atrás, lo que motivó que, en una ocasión, la cabeza del nabo quedara justo a la entrada del coño de la mujer. La levantó utilizando elevando sus muslos, con lo que su pene emergió igualmente hacia arriba, colocándose de una forma muy peligrosa a las puertas de la vagina. Sabía que era una decisión peligrosa, y no sabía como iba a reaccionar la amiga, pero quiso arriesgarse. A esa altura de la noche, sentía unas ganas enormes de clavar aquella mujer. Sabía que no debía hacerlo, ya que ella no se lo había permitido, pero ansiaba meter su verga dentro de aquel coño.
Movido por ese pensamiento levantó un poco más de lo debido el cuerpo de la mujer, elevándola con sus propios muslos, y al tirar hacia él nuevamente, el propio peso hizo que arrastrara una parte del pene del hombre, incrustándose parte de su falo en la vagina de la mujer.
Oh noo ooo. Exclamó Helena al sentir como una parte del pene se había ensartado en su coño. La entrada había sido brusca, percibiendo como sus paredes vaginales se abrieron forzadamente, más de lo habitual ante la dureza y dimensiones del falo de su amigo.
Ambos se quedaron quietos, sin moverse. Oh Joshua…¡sabes que esto no puede ser! ¡además no estoy protegida! Al tiempo que, logró retirarse, extrayendo el falo de su coño. Se quedó mirando el falo, añadiendo: ¡Chico lo tienes bastante grande…!
El hombre quedó agitado, nervioso. Pensó que quizás se había sobrepasado. La mujer pese a todo, nuevamente comenzó a moverse hacia adelante y para atrás sobre la tranca del semental. La macana de Joshua estaba en su máxima dimensión, aunque nuevamente permanecía en posición horizontal.
La mujer de sentía temerosa, no solo ante el hecho de que pudiera ser penetrada, sino por las dimensiones del vástago de su amigo. Había sentido como había entrado al cabeza del pene y ya le pareció sumamente grande. Pensar que aquel falo le entrara completamente la agitó bastante.
Joshua pese a todo la tomó nuevamente de la cintura empujando para que fueran más acelerados sus movimientos de atrás y adelante, viendo que la mujer correspondió. Esos movimientos estaban masajeando los labios vaginales contra el trozo de carne del hombre, de una forma tan placentera, que la mujer pronto sintió como, contra todo pronóstico, le vino el orgasmo.
-mmhggg gg
Helena, fuera de control, y notó que aquel juego le tenía enloquecida. Se sentía tan bien, sintiendo aquel pedazo de carne bajos sus labios vaginales, que hasta ansiaba que la clavara. Mientras continuaron con ese juego, Joshua volvió a elevar un poco el cuerpo de la mujer en sus movimientos hacia atrás, quedando nuevamente el falo a la entrada de la cuquita de la amiga. Helena se percató nuevamente de la acción. Le miró a los ojos, y entonces exclamó: ¡Oh Joshua sabes que no podemos follar! ¡Te dije que ahí no puedo llegar!
Pero, pese a sus palabras, Joshua comprobó que no hizo nada por apartarse. Comprobó que su falo estaba a las puertas nuevamente de la rica almeja de su amiga. Helena estaba ensimismada en un mar de dudas. De un lado no quería llegar a cometer aquella infidelidad, pero de otro lado, deseaba ardientemente que su amigo no le hiciera caso y la terminara de clavar. Mientras se debatía, le dijo nuevamente: Oh Joshua…¡no quiero ser infiel a mi esposo!. Además, “me encuentro bastante caliente”…hasta, “es posible que éste cerca de mis días fértiles”. Ya te dije que no me cuido, ni tomo ningún anticonceptivo.
Joshua no le contestó. Contempló que, pese a las protestas y dudas de la mujer, aquella continuó en la misma posición, sin retirarse, con la verga del mismo a las puertas de su coño. Dada la excelente lubricación de la mujer, aquella era consciente de que en cuanto aflojara su cuerpo, automáticamente su trasero descendería por los muslos del hombre, hasta alcanzar el pene de aquel. El reciente orgasmo le había dejado casi sin fuerzas, por lo que cedió un poco, comprobando como el glande del hombre entró en contacto con su vagina. Oh… nooooo
La mujer miró el encuentro de los sexos, y se quedó dudando. Se sentía bastante caliente, con sus labios vaginales sumamente dilatados, y percibía el placer que le daba sentir la cabeza de la tranca del hombre. Se había percatado que era extremadamente grande, mucho más grande que la de su esposo. Dudó que incluso aquella verga, pudiera entrarle en su amplitud.
Estaba en ese pensamiento, cuando sintió los labios amorosos y dulces del hombre besando sus descubiertos pechos. Eso la terminó de relajar. Notó que cuerpo se entregó. Cerró los ojos y se dejó caer lentamente. Sus piernas habían estado reteniendo la entrada de aquel falo en su vagina, y, al no aguantarse más, con su propio movimiento y la gravedad de su propio cuerpo, fue suficiente para que su vagina terminará por tragar gran parte de la mandarria del hombre. Era un pene de una magnitud muy superior a la que su estrecha vagina había soportado hasta la fecha. No solo se sintió tremendamente abierta, sino que notaba la presión que sus padres vaginales ejercían, dilatándose al máximo para permitir la invasión del poderoso falo.
Oh Joshua…. Ha entrado…ooo que grande… me abres mucho…oh es demasiado grande…oo
Joshua no le contestó. Espero unos momentos, mientras succionaba los pezones de la mujer, tiró de sus caderas hacia él, terminando por endosarle la totalidad de su falo. Ohhh…nooo. Había clavado su pene a la mujer hasta los mismos testículos.
Helena arqueó su cuerpo al sentirse atravesada por aquella barrena. Se sentía abierta, reventada, totalmente llena. Era como si le faltara la respiración…, oh, me llenas… me ha entrado toda…oh..
Era evidente que su vagina era muy estrecha para una polla de las dimensiones de la de Joshua, pero, sorprendentemente, en ese momento la tenía toda encajada dentro de su vagina. Era una sensación electrizante. Estaba cometiendo su primera infidelidad matrimonial, pero sentía que pese a todo debía continuar. Se recostó sobre el pecho del hombre, arqueada por el intenso dolor ante tamaña intrusión, intentando relajarse. El hombre le paso sus manos por la espalda para consolarla, y tratar de relajarla, a la espera de que la vagina se dilatara.
-Ya.. la tienes toda dentro. Le dijo.
-Oh sí. Pero, “me siento toda abierta por dentro”. ¡Noto un dolor fuerte en mi vagina! Es muy grande. Me vas a terminar abriendo totalmente. ¡Nunca he sentido nada igual!
Él la tomó de las piernas, evitando que se saliera, para iniciar pronto los “movimientos de mete y saca”. El dolor fue cediendo, y la mujer comenzó a sentirme mejor, por lo que procedió a colaborar, como poseída, cerrando los ojos y dejándose llevar.
-oh Joshua… no debo… ohh ¡que grande la tienes!, me rompes…. Comenzó a exclamar, mientras era penetrada sin parar por su acompañante, el cual enardecido, empleó todo su poderío, para clavar una y otra vez el coño de la amiga. La sensual penetración se prodigó por espacio de varios minutos, alcanzando la mujer dos orgasmos casi continuos, gimiendo de forma alocada sin tener reparos en que sus gritos pudieran ser escuchados en las habitaciones contiguas.
En medio del intenso orgasmo de la mujer, Joshua no detuvo sus bombeos. Al contrario, la continuó penetrando, ensartando una y otra vez su pene, con enorme energía, acreditando su exacerbado poderío. Se sentía en la gloria clavando el estrecho, pero ahora dilatado coño de su amiga de la infancia. Helena estaba totalmente entregada, como ida. Sus dos anteriores orgasmos la habían dejado tremendamente relajada, y entregada completamente al semental que la poseía.
Tanto, que no se percató de que Joshua, embravecido, había perdido el control, la penetraba con ahínco, como si le fuera la vida en ello. El varón aceleró el ritmo de sus penetraciones, clavando con dureza la maltrecha vagina, para, sin previo aviso, “venirse dentro de aquella”.
El hombre llevaba tanto tiempo sin tener sexo, y tenía sus testículos con una carga seminal acumulada, bastante importante. Por ello, cuando comenzó a soltar su caliente semen en lo más profundo de la cálida vagina. Su venida resultó muy copiosa. Tanto que su pene parecía un surtidor, soltando chorros y chorros de leche caliente que inundaron la ardiente panocha de su amiga. Parecía un volcán en erupción, ya que no paraba de descargar.
Mientras se venía, se dio cuenta de la locura que estaba haciendo, ya que la mujer no estaba protegida, pero sus deseos de correrse dentro de su amiga, superaron todos sus prejuicios. En ese momento escuchó las palabras de su amigo casi gritando: -Oh lo estás haciendo dentro… oj Joshua…que has hecho noooo..
La mujer había salido de suletargo, al sentir como el semental comenzó a regar su coño con su semen. Para cuando se dio cuenta, ya era tarde, nada podía hacer. Su amigo se estaba viniendo dentro. Comprobó que todo esfuerzo en contra era banal. Ya nada podía hacer para evitarlo, por lo que se entregó. De pronto se vio entregada y disfrutando, viendo como Joshua lanzaba lechada tras lechada, inundando su vagina y regando sus ovarios. Pese a darse cuenta de las consecuencias, se sintió como enloquecida. Admiró la enorme fuerza y poderío con que su amigo se estaba viniendo dentro de ella. ¡Jamás su marido podría igualarle! ¡Joshua prácticamente le estaba regando sus ovarios! ¡sentía el fluir del semen, que era lanzado contra las paredes de su vagina, una y otra vez!
Oh Joshua me vas a llenar… oh… la mujer no entendía como su amigo podía tener tanto semen acumulado.
Tras acabar el hombre, permaneció con su falo dentro de la mujer, a la espera de que ambos se recuperaran. Cuando sus respiraciones se controlaron, la mujer se percató de la trascendencia de lo ocurrido. Se dio cuenta, que amigo se había corrido abundantemente dentro de ella. Y ella, ¡no estaba protegida!: Oh Joshua ¿Qué has hecho? ¡te ha corrido dentro! ¿te dije que no podías hacerlo?
Ante las palabras de la mujer, el hombre se sintió culpable, y no supo que contestarle. Estaba claro que se había extralimitado. Lo siento Helena… No supe contenerme. Me tenías como enloquecido Se limitó a decirle agachando la cabeza.
No obstante, un tiempo después, le indicó: Helena, llevas años casada con tu marido y no te ha embarazado. ¿Por una vez que lo hayas hecho conmigo hoy, no creo te vayas a quedar embarazada?
La mujer se dio cuenta que podía estar en lo cierto. Llevaba bastantes años de matrimonio y aún no había sido concebida por su esposo. No obstante, era consciente de que existía una gran diferencia entre los encuentros sexuales con su esposo y el tremendo polvo que le había echado su amigo. Por ello le contestó: Ya, “pero nunca mi marido me ha echado un polvo como el que me acabas de echar”. Ay Joshua, cuando mi esposo se corre apenas siento su semen. Tú, por el contrario, “me has bañado por dentro”, ¿pensé no ibas a parar de correrte?
Mientras terminaban de hablar, Helena se dio cuenta que su amigo aún continuaba con su barrena dentro de ella. Su agitación volvió a incrementarse al ver cómo aquel le comenzó de nuevo a dar besos a sus pezones, mordisqueándolos, succionándolos volviendo a enloquecerla. La mujer hundió la cabeza hacia atrás en señal de clara satisfacción, y de total entrega: -Oh Joshua no sigassss… ¿oh que locura? oh que bien lo haces…
Joshua volvió a sentir como su falo comenzó a endurecerse dentro del coño de su amiga. Llevaba tiempo sin sexo, y no quiso desaprovechar la ocasión de tener a una mujer tan bella y hermosa como su amiga. La hizo colocar en plan perrito sobre la cama, para posicionarse detrás de la misma, volviendo a dirigir su falo al inflamado coño de su amiga. Pronto su verga llenó la cavidad vaginal de la mujer, la cual se agitó al ver como aquella barrena volvía abrir su panocha, penetrando profundamente en ella.
Al observar el cuerpo de la mujer, en plan perrito sobre la cama, con sus grandes pechos que colgaban, mostrando aquel trasero desnudo y empalada por su mandarria, Joshua vio como su pene comenzó a crecer aún más dentro de la cuevita cálida y húmeda de la amiga. Agitado, la comenzó a penetrar con gran ahínco, extrayendo su falo casi en su totalidad para volver a introducirlo completamente, ante los gemidos de la mujer.
-Oh Joshua sigue así…. oh cógeme de esa forma…. Oh como te siento dentro. La tienes enorme… oo sii. No paraba de exclamar la mujer, enloquecida al sentir como la gruesa y enorme polla de su amigo entraba una y otra vez en su vagina, abriéndola al máximo, y chocando una y otra vez contra las paredes de su útero.
El amigo la tomó con tal envergadura, que sentía como el glande colisionaba una y otra vez contra el útero de la mujer, lo que la llevó alcanzar un nuevo orgasmo. Su agitación aumentó al comprobar que pese estarse viniendo, el semental no paró de bombearla una y otra vez. Parecía una autentica apisonadora. Aquel semental parecía disponer de una autentica perforadora, metiendo y sacando el pene de su coño. Eso la terminó de enloquecer, obteniendo varios pequeños orgasmos casi seguidos, mientras Joshua le continuó martilleando su coño.
-Oh Joshua para.. para…. no puedo más…me vas a matar…. comenzó a gemir la mujer ante el ímpetu y fuerza con que estaba siendo tomada por su amigo. Sus gritos debían ser escuchados en las habitaciones contiguas, ya que no se reprimía.
Ante la petición de la mujer, el hombre, aceleró aún más su penetración, clavando su verga profundamente en la jugosa almeja de su acompañante, verificando que estaba por venirse. Se tenía que volver a correr. Helena… uf nena… ¡estoy a punto otra vez! ¿las quieres dentro? ¿quieres que vuelva a regar tu coñito?
Helena se sorprendió que se lo pidiera. ¡Que importaba ya! Se dijo para su misma. Anteriormente se había vendido dentro abundantemente. Además, necesitaba volver a sentir como aquel semental le volvía a regar su coño. Era una sensación que quería volver a disfrutar. Por ello le contesto: -Oh Joshua… hazlo dentro… riégame otra vez… Oh dios que locura. Vas a terminar preñándome… pero, “quiero volver a sentir tu semen”……hazlo……
Sin más preámbulo, el hombre soltó nuevamente su carga. Ahí te va Helena. Uf te voy a volver a llenar… oh sí que placer…Exclamó mientras inició el lanzamiento de su semen profundamente en la jugosa panocha de su amiga. Nuevamente su corrida, volvió a resultar copiosa, llenando la cavidad vaginal con su caliente y espeso semen.
Cuando al fin acabó y extrajo su pene, aun goteando restos de semen, la mujer le miró diciendo: Oh Joshua… me has vuelto a llenar. No pensé que fueras tan buen amante. ¡Me has echado dos polvos que nunca olvidaré! Y un momento después, tras observarse su inflamado y dilatado coño, de donde emergía restos de semen, añadió: Oh ¿mira cómo me has dejado? ¡seguro que de esta me vas a dejar embarazada! ¡Qué forma de correrse!
Joshua la atrajo hacia él, al tiempo que la beso nuevamente, estrujándola entre sus brazos, diciéndole: ¡Tampoco yo pensé que estuvieras tan buena! Tienes un coñito delicioso. Cuando la tuve dentro, no sé qué me paso, pero no pude resistirme a llenarte.
Helena no pudo por menos que emitir una sonrisa, volviendo a besarlo dulcemente en la boca, dejándose ambos dormir, plácidamente.
continuara
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