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Mi esposa argentina 7 parte 3

Dorival no pedía permiso; tomaba lo que quería mientras ella dormía. Y cuando ella abrió los ojos, no hubo miedo, solo una confusión húmeda que se transformó en entrega total.

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MI ESPOSA ARGENTINA 7 Parte 3

Veía a Fernanda caminar empujando el carrito del equipaje en el aeropuerto, un pantalón blanco ceñía su culo impactante. Habían pasado tres días desde el encuentro con Germán. Ahora nos aprestábamos a volar a Bariloche, luego rentaríamos un coche allí.

Había sido una culeada salvaje y su culo había quedado bastante dolorido todos estos días.

Vi como unos turistas brasileños seguían con la vista a mi esposa, mientras ella caminaba abstraída diciéndole algo a nuestra niña.

¿Qué había pasado en esa condenada tienda de German?

Y es que más allá de estar de paseo o en plan turisteo, en los últimos meses habíamos avanzado muchos casilleros en nuestro juego.

Por un lado estaba ese deseo de ella de querer tener otro hijo luego del viaje pero a la vez, desde lo de Aitor solo habían pasado unos meses y todo ese desborde que vino luego, las sucesivas orgias con Ernesto y otros y todo lo demás que había sucedido estaba todavía en plena ebullición, así como la plenitud física exuberante de ella a los 35 años y que pedía ser vivida a pleno y sin pausas.

Pero además se agregaba el hecho de estar en su propio país y estar viviendo algo que nunca se había permitido de más joven, es que ahora era otra mujer y no la casi adolescente que se había casado con Luis, su primer esposo para viajar a Cleveland.

_ ¿Que fue, que nos pasó?_ le había preguntado yo esa misma noche, todavía con las impresiones vividas a flor de piel.

_Yo creo que es simplemente que seguimos siendo nosotros, en otro lugar, en otro país pero ya estamos en una dinámica determinada y no la hemos podido detener_ dijo ella, con su camiseta de dormir y un pantalón pijama que traslucía el tanga negro que demarcaba su culo en dos mitades perfectos.

_ Que dos tremendos hijos de puta, que chulos de feria_

_Los clásicos negros, grasunes, misóginos, golfos, ordinarios_

_ ¿Grasunes?_ pregunté, recordé esa impresión que me había despertado la piel de German, capa sobre capa de grasa en la piel.

_Grasas, horteras, ordinarios, esos tipos que sabés que solo quieren cogerte y que piensan que las mujeres somos apenas un culo o un par de tetas_

_Pero creo que ya habías estado con tíos así en España_

_Sí, yo creo que allá me lo permití y acá es como que todo tiene una connotación de violencia que es hasta social y política, es decir que yo para ellos sería una cheta, una cheta de mierda viste que me llamaban así y para mí, ellos son esos negros de mierda de los que hay que cuidarse y evitar_

_Ha sido fuerte en todo sentido, yo sentía por momentos que era como estaba en otro plano de la realidad, yo apenas había entrado a comprar un chocolate y unos chuches y luego tú estabas follando con ellos_

_Es una extrañeza primordial, estar entre extraños y ser un extraño y todo eso despierta un miedo también, un miedo irracional, yo sentía menos control que cuando hemos pasado por algo similar en España y a la vez………_

_Te follaron como bestias, especialmente Germán_

_Que básico, amor, no, quería decir que para mí fue tremendo eso de querer ser uno de ellos, quería ser aceptada por ellos, por eso lo de rompeme, yo misma pedir que me rompieran el orto, usar las mismas palabras de ellos, romper el orto, que me rompan el orto, como una trola, ser una trola como ellos querían y al vez saber que para ellos soy la cheta inalcanzable por más que me estén cogiendo, simbólicamente soy esa rubia con guita a la que nunca van a tener acceso_

_ La rubia que está buena que te cagas además y eso los vuelve más brutales, como si la posesión no terminara nunca de concretarse_

_Que bien, amor, sos medio psicólogo ya_

Fernanda se había sentado sobre sus talones en la cama. Estaba limpia, recién duchada, perfumada y relajada, la recordé unas horas atrás gimiendo como una zorra con la polla de ese palurdo en el culo.

_Pero además de todo, te gustó_ dije

_Me gustó sentirme poseída por él, ser su puta_

_Que te diera por el culo_

_Que me reventara el orto, si_ dijo ella con una sonrisa, hablando sucio en argentino.

_Ahora es mi turno_ dije

_Dale…_ dijo ella recostándose en la cama.

En los tres días siguientes antes de la partida a Bariloche, evitamos cuidadosamente ir a la tienda de Germán o que él pudiera vernos por la calle.

En todos nuestros viajes anteriores habíamos viajado al sur de Argentina, casi siempre viajábamos con mis suegros también, ellos esquiaban bastante bien, especialmente Gustavo, mi suegro.

Fernanda había heredado eso de su padre, la veía yo deslizarse entre la nieve con la ropa deportiva y los esquíes cuesta abajo por el Cerro Catedral.

_Mira, es mamá_ le decía yo a mi hija Sol quien lanzaba grititos de entusiasmo.

Esquiar no era para mí, a pesar de que Fernanda había intentado animarme, ella había aprendido de pequeña.

Luego, tomar un chocolate caliente era parte del ritual de ese paseo invernal.

Nos alojábamos en un hotel bastante importante con vista al lago y a los cerros nevados, era un paisaje alpino muy similar a Suiza en verdad.

En el hotel había muchos turistas de todas partes del mundo pero creo que predominaban los brasileños.

Mientras esperábamos en el hall a Gabriela, mi suegra, quien se estaba cambiando, para ir a cenar.

Sol comenzó a jugar con una niña de su misma edad, brasileña, la niña era una pequeña preciosidad mulata, con el pelo ensortijado, copia precisa de la madre, una mujer más bien bajita, de pelo mota y ensortijado.

_Ven aquí Renata, no molestes mi vida_ dijo ella

_Está bien, no molesta, están jugando_ dijo Fernanda.

Ella estaba vestida con un jersey de invierno que de todas maneras no podía disimular la ampulosidad de sus pechos y un vaquero ajustado que realzaba sus largas piernas cruzadas, sentada sobre el sofá.

Entonces apareció el marido de la señora brasileña, un hombre de unos cincuenta años, de gafas y con el pelo muy corto, tenía una cara grande y ancha.

_Como va ¿españoles?_ dijo sentándose frente a mi

_Yo sí, mi esposa es argentina_ dije

_Ah beleza, mi nombre es Dorival, mi esposa Marcia_ dijo

_Fernanda mucho gusto_ dijo mi esposa tendiéndole la mano

_ ¿De Buenos Aires?_ dijo él

_Vivimos en Madrid_ dije yo

_Ah que beleza, Madrid, estuvimos hace dos años, nosotros moramos en Sao Paulo_ dijo él

_Que hermoso Brasil, tenemos que ir, Carlos_ dijo ella

_ ¿No han estado?_ preguntó él

Así siguió esa charla insustancial sobre lugares, que se suele dar en el hall de recepción de un hotel, los días siguientes volvimos a vernos con este matrimonio brasileño y las niñas siempre jugueteaban un poco entre ellas, tenían otros dos niños un poco más grandes también.

Ella hablaba menos que él, que era bastante parlanchín y llevaba la voz cantante, dijo que era industrial en Brasil pero no aclaró de que rubro.

En determinado momento me confesó en un aparte que no le gustaban mucho los argentinos, que ahora que ganaban en el futbol eran insoportables.

_Nosotros hemos ganado más mundiales que ellos, brincadeira_ me dijo

Luego nosotros viajamos a San Martin de los Andes con mis suegros, todo fue de maravillas y luego regresamos al Llao Llao, mis suegros retornaban a Buenos Aires y nosotros pensábamos ir a Villa La Angostura para continuar el viaje.

Entonces volvimos a coincidir con Marcia y Dorival y nos ofrecieron ir a Villa La Angostura con ellos, que ya habían reservado una cabaña allí.

Yo ya había notado en como él devoraba con la vista a Fernanda, lo consulté con ella, sino sería algo incómodo la convivencia.

El hecho de que las niñas congeniaran tan bien, nos decidió como suele pasar en estos casos.

_Bueno, que me mire un poco, es natural_ dijo mi esposa y estuve de acuerdo con ella.

Habíamos rentado un coche, ellos también, llegamos a la cabaña, el paisaje era de una belleza agreste y deslumbrante.

_Ah beleza, esto en Brasil sí que no hay_ dijo Dorival y entonces sorprendí su mirada dirigiéndose a Fernanda que bajaba algo del coche.

Luego esa noche después de cenar me comentó algo sobre ella.

_Fernanda es bellísima eh, estas argentinas, debes estar feliz, Carlos_

_Si claro, Marcia es muy interesante también_

_Si es buena madre, pero Fernanda es top model, ese aire de inglesa que tiene ¿no?_ dijo.

Estábamos bebiendo el último whisky ya en la cabaña antes de dormir y de alguna manera me sorprendía que fuera tan directo.

_Si, un poco una mezcla de razas como suele suceder en América_

_Yo en cambio solo portugueses y mulatos_

_Está muy bien_ dije

Él tenía unos ojillos astutos, como de ratón.

_ ¿Qué tal Fernanda en la cama? Debe ser una leona ¿O es muy fría?_

_No, fría….no…nada de eso_

_Eres un cabrón…con suerte…_ dijo, sus manos eran grandes y de dedos cortos y bastos.

Y de pronto lo solté, como solía hacerlo en estos casos, me salía sin pensar.

_Además somos una pareja abierta_ dije

_ ¿Abierta? ¿Cómo es eso?_ se echó para atrás en el sofá donde estábamos, escuché las voces de Marcia y Fernanda que estaban durmiendo a las niñas.

_Que somos una pareja liberal, abierta en el sexo_

_ ¿Swingers? ¿Intercambios?_ dijo él, de alguna manera quería tantearlo, imaginé que se pondría nervioso y había querido jugar con él un poco por haberse atrevido a hablarme así de Fernanda.

_Más bien, somos de incluir un tercero, solo de vez en cuando_

_Un trío_ dijo él mirando para abajo, jugando con el vaso de whisky

_Yo suelo mirar_ dije

_ ¿Tu miras mientras ella fode con otro cara?_ dijo levantando la vista

_Solo de vez en cuando_ dije

_Brincadeira, meu amigo, es que claro….Fernandinha es mucho……_ dijo meneando la cabeza

En eso aparecieron Fernanda y Marcia, mi esposa estaba increíble como siempre, ahora llevaba unas botas marrones por sobre los vaqueros, casi hasta las rodillas, una camisa suelta por encima.

_Tengo sueño, amor, me voy a la cama_ dijo y se inclinó para besarme

La vista de Dorival se perdía en su culo.

Marcia también se fue a dormir.

_Mi esposa, Carlos es muy religiosa, sabes, si le llegó a proponer algo así, mi hermano_

_Claro, entiendo_ dije

Entonces comenzó a preguntarme como elegíamos a ese tercero para jugar con nosotros, si páginas de intercambio o cosas así.

En general le mentí mucho como para acomodar las cosas a algo más creíble y terminé confesando que solo habían sido dos encuentros, hacía mucho tiempo ya. El hombre parecía bastante cortado y confuso y me arrepentí de haberle embrollado.

Finalmente nos fuimos a dormir, habiendo bebido y hablado de más esa noche.

Al día siguiente hicimos las excursiones previstas y notaba que la mirada de Dorival sobre Fernanda era cada vez más turbia, aunque al parecer nada había cambiado en cuanto al trato hacia nosotros, esa noche sería la última, juntos en la cabaña, nosotros pensábamos ir al Calafate.

La situación se dio como en un calco de la noche anterior pues otra vez acabamos él y yo tomando una copa mientras nuestras esposas se ocupaban de los niños, a Fernanda le caía muy simpática la buena de Marcia.

Yo me había abstenido de hablar con Fernanda sobre la confesión de nuestras preferencias que le había hecho a este hombre, supuse que no sería de su agrado.

Notaba como él me estudiaba mientras bebíamos, sus ojillos no se despegaban de los míos, era un hombre grueso, no gordo pero si con algo de sobrepeso aunque parecía ser muy fuerte y bien plantado, como un pequeño toro o bull dog.

Fernanda y Marcia se sentaron un momento con nosotros y luego se marcharon a dormir.

_ ¿Bebemos una último, meu cara? Este whisky es excelente_ dijo

_La verdad es que ya hemos bebido demasiado_

_Una última, no hará daño_ dijo y sirvió los vasos con hielo

_Estos lugares son una maravilla natural, América lo tiene todo_ dije

_Debes conocer las playas de Brasil, Bahía, todo el norte, me imagino a Fernanda en traje de baño por esas playas…Uff una aparición, una virgen_

_Iremos seguramente _

_ ¿Dónde vose van en verano?_

_Un poco de Marbella, Alicante también que a mis padres les gustaba_

Dorival parecía no escucharme, estaba pensativo con su vaso entre las manos

_ Carlos, he estado pensando a raíz de lo que me has dicho sobre, Fernanda, que ustedes son liberales_ dijo

_ Si….._

_Me gustaría ver a tu esposa, desnuda mientras duerme_ dijo

_Debes estar bromeando_ dije

_No, imaginé que podríamos entrar mientras duerme y tu correr un poco las mantas y así yo podría verla_

_No, a ella no le gustaría_

_Le he dado un somnífero a Marcia para que duerma bien esta noche, dentro de una hora puedo ir a la habitación de vose, Fernanda estará bien dormida_

_No, Dorival, no lo hagas, es una locura_

_Supongo que sí, es una locura, está bien, perdona, es que es la última noche y a veces……la oportunidad pasa para siempre_

Nos despedimos, pero yo sentía una rara aprensión, la puerta de nuestra habitación no tenía llave.

La calefacción por radiadores de la casa era algo exagerado, lo mismo había ocurrido en el hotel, nos decían que a los turistas brasileños les gustaba así. En las habitaciones dormíamos prácticamente desnudos y con muy pocas frazadas.

Entré en la habitación, Fernanda dormía boca abajo, la cubría solo una fina sábana, llevaba un tanga oscuro que dividía su culo en dos perfectas mitades simétricas y una camiseta con tirantes sin sujetador, se veían sus hermosos hombros y un brazo delgado y estilizado.

Me dormí también.

Sentí que una mosca hacía nido en mi brazo, insistente, sacándome del sueño.

Me desperté, miré mi brazo, no era una mosca, sino uno de los dedos gruesos de Dorival haciendo presión en mi piel.

Lo miré, no daba crédito, pero a la vez lo esperaba.

_ ¿Qué quieres? Vete_ dije en voz baja

_Quiero verla, destápala….anda….._ dijo

_ No, estás loco_ dije

_Ese tercero que juega con vose, a veces debe ser bastante dominante ¿no es verdad?_ dijo

Me giré para verlo mejor, estaba en cuclillas al lado de la cama, con una camiseta de la selección brasileña de fútbol, era completamente ridículo

_Si, a veces lo es_ dije

_Me lo suponía, es que se ve…que a ella le debe gustar…..que la traten un poco malandro_ dijo

_ ¿Malandro?_

_Con rudeza, a lo malandro, a lo chico malo_

_No, estás loco, vete_

_Venga meu cornudo, muéstrame el culo de tu esposa_ dijo de pronto y se acomodó las gafas

_Oye…_ dije

Pero él ya estaba dando vuelta a la cama y su mano estaba en el borde de la sábana y entonces tiró de ella y la tela comenzó a bajar y la espalda de Fernanda se vio con nitidez y la camiseta estaba un poco levantada y se veía el nacimiento de la espaldita y luego emergió la tira del tanga de color oscuro.

Y cuando llegue al lado de él, ya la sábana había sido corrida en su totalidad y se veía el soberbio cuerpazo de Fernanda agitado levemente por el rumor de su respiración, los delicados pies desnudos, las piernas poderosas y musculadas, el pelo fino y sedoso sobre la carita.

Y entonces Dorival se arrodillo al lado de la cama y acercó su cara a las nalgas rotundas y blancas y olisqueó como un perrillo y posó sus labios allí y también una mano corta y tosca y era como si estuviera orando allí, como si fuera a dejar una plegaria sobre esa superficie sagrada.

Fernanda se removió incomoda y a punto de despertarse, él seguía acariciando ese culo y parte de la cadera y sus labios mulatos se entreabrieron para besar levemente la piel tersa

Y yo nuevamente comencé a sentir fascinación por la escena, porque estuviera ocurriendo lo improbable y mi polla no mentía en su erección y podía sentir la osadía desmesurada de este hombre y la desesperación y el deseo, pero nada de todo esto hubiese ocurrido si yo no le hubiese dado el pie, al confesarle que éramos una pareja liberal. Es decir otra vez yo era el demiurgo de todo, el propiciante.

Y cuál sería la reacción de Fernanda al despertarse, pues este hombre había venido a follar, no a verla desnuda solamente.

Ahora acariciaba las piernas desnudas de mi esposa y los besos ya eran más salidos, más guarros y sonoros, su lengua se atrevía a jugar sobre el tanga a la altura del coño, en esos pliegues exquisitos y prohibidos. Ella gimió suavemente, apenas un ronroneo.

_Carlos….._ dijo y se acomodó un poco abriendo sus piernas, permitiéndole el acceso, pensando que era yo el que estaba lamiendo su coño por sobre el tanga.

Y entonces Dorival, corrió la tela del diminuto tanga y metió su lengua allí, en ese manjar húmedo, como un bizcocho mojado en licor y su lengua de mulato sorbió esos jugos y ella volvió a suspirar.

Y yo sabía que el juego se descubriría tarde o temprano y mientras tanto todo era incertidumbre y morbo y el hombre ahora usaba sus dedos y penetraba el coño de mi esposa quien estaba despertándose pero aún seguía bajo los efectos del sueño.

_Carlos….ay amor…..ay….amor…._ dijo ella

Y ahora Dorival así estimulado por los gemidos de ella, sorbía y chupaba ya sin remilgos y los dedos se metían acuosamente por el coño embadurnado.

_Ay……..si……..amor………si…_ dijo ella y se removió, excitada, todavía medio dormida.

Un beso bien sonoro de Dorival impactó en medio del ano y corrió la tira del tanga completamente para meter su lengua allí, en el agujero prieto del ano, en ese anillo rugoso mientras sus dedos estaban encharcados en la oquedad de la vagina y la lengua mulata se hundió en medio de las montañas de las nalgas de mi esposa, sin piedad.

_Ay…..ay….amor….que…..qué lindo…._ dijo ella y se retorció nuevamente y tiró un brazo hacía atrás pero no llegó a tocar la cabeza del hombre, por suerte, pues se hubiera dado cuenta de que no era yo quien la estaba besando.

Ahora el culo y las caderas de mi esposa eran sacudidas sin miramientos por las manos gruesas de este hombre que la invadían y la lengua perforaba el culo dormido y caliente y ella ya gemía cada vez más, perfectamente complacida y sorprendida de que yo hubiese iniciado ese ataque furtivo en plena noche.

_Ay…..si….si…amor…..meteme todo…..si acabo….mi vida…. Si_ dijo ella y entonces Dorival ya perdido también metió uno de sus dedos en el culo de Fernanda quien pegó un pequeño gritito y trató de esconder su cara en la almohada y el hombre penetró con ese dedo el ano de ella, abriéndolo con decisión, mientras con la otra mano penetraba el coño y su boca besaba las nalgas yendo de una a otra como un poseso.

_Ay……..dios……voy a acabar……mi amor……acabo….amor_ decía ella en un suave ronroneo.

Y todo esto era más de lo que Dorival hubiese podido soñar, tener a semejante diosa que lo había vuelto loco desde el primer día en ese estado de entrega total, gimiendo como una perra por la acción de sus dedos y de su boca.

Y el ruido acuoso de la penetración de coño y culo era ya vergonzante y humillante y también los besos en las nalgas y hasta una pequeña mordida que la había hecho dar un pequeño grito de dolor.

_Ay…..ay….no doy…más….amor….voy a acabar…..me haces acabar….mi amor…._

Y entonces Dorival redobló el ritmo de la doble penetración y los nudillos se hundían en coño y culo con total frenesí y violencia.

_Ay….si…..si…si amor…….. Acaboooo!!!!

Los besos sonaban chirlosos y chupeteantes sobre las nalgas y las caderas de Fernanda

_Ahhhhh….Mmmmmm….Ahhhhh!!!_

Ella se corría sin remedio con su cara metida entre las almohadas para ahogar los gemidos y los gritos. Su cuerpazo temblaba espasmódicamente.

Y como seguiría todo aquello me preguntaba yo.

Pero Dorival ya estaba lo suficientemente envalentonado y acabo sacando el tanga por los tobillos y ella no se giraba, seguía temblando de pies a cabeza.

Y luego se puso a espaldas de ella, de costado y metió el tanga empapado de flujos en la boca de Fernanda y ella debe haber notado algo ya, la panza de ese hombre sobre su espalda, algo raro, que no estaba bien, pues quiso llevar un brazo hacía atrás y él cogió ese brazo con decisión y lo dobló sobre la espalda aprisionándola así y metió una pierna gruesa y fornida entre las piernas de ella, separándolas un poco y luego fue todo un solo golpe de polla bien preciso y yo no me había dado cuenta hasta entonces que estaba denudo, que solo llevaba la casaca de la selección brasileña de fútbol.

Y ya la estaba penetrando, ya una polla gorda y gruesa, no muy larga se había metido en su coño y la embutía de costado con fuerza y otra mano se colaba por dentro de la camiseta de dormir y se aferraba a un pecho redondo y colosal y tierno y terso y la boca mulata besó el cuellito de gacela como si fuera la mordida de una serpiente que quisiera inmovilizar a su presa.

Y se la estaba follando y ella gimió dentro de la mordaza de su propio tanga.

_ Yo tengo lo que vose precisa, gostoso……gostoso…..mi putiñha_ le susurró Dorival y ella gimió pero esta vez por la sorpresa

Entonces di vuelta a la cama y me subí a ella y Fernanda tenía los ojos como platos y le acaricié el pelo como para tranquilizarla y ella cerró los ojos como asintiendo, como condescendiendo, comprendiendo que era otra de mis locuras, de mis traiciones, de mis jugadas secretas y arteras.

Y entonces ya con la situación más clara, Dorival quitó el tanga de la boca de Fernanda y la besó y la boca del mulato era una obscenidad profanando la boquita de mi esposa y la noté avergonzada, humillada, tal vez por la presencia de Marcia en la casa.

_Vose el linda demais_ dijo él y levantó la camiseta y se metió todo un pezón en la boca y ella lo miró sorprendida, la cabeza casi calva y las gafas y la casaca de Brasil puesta.

Y sacó su polla y se puso de rodillas en la cama y ella comprendió y se hizo un ovillo entre sus piernas y comenzó a mamarle la polla y aquel brasileño mediocre no podía creer en su suerte y lo bien que había jugado sus pocas cartas de triunfo.

Y luego ella lo montó y le ofreció sus pechos en la boca, para que los besara y lamiera y sorbiera, hambriento y la folló duro esta vez, impulsándose desde abajo con la fuerza de sus piernas fornidas.

Y Fernanda me miró con expresión llorosa, confundida de algún modo, abrazando la cabeza de aquel hombre entre sus pechos, sus manos delicadas y largas cogiendo la nuca rapada y tosca, la gran cabeza de bull dog metida entre los pechos llenos y blancos.

Y la polla penetrándola como un pistón, desde abajo, sin pausa.

_Querés que todos me cojan….que todas me cojan_ dijo ella, mirándome

_Si, hasta este aprovechado está follándote_ dije, sin saber muy bien lo que decía

_Y ahora me va a dar por el culo también…_ dijo ella

_Si….el también……va a meter su verga en tu culo.._ dije y me aproximé y la besé en la boca, como algo un poco extraño a nosotros, el que yo participara también.

Y luego si Dorival se puso sobre ella y yo mismo le alcancé el lubricante y él se empeñó y separó las nalgas de Fernanda con sus manos toscas y de dedos cortos y frotó su polla gorda y la hizo resbalar por el ano, hasta que esta entró con su cabeza chocando en el agujero del ano y empujó y la invadió y ella suspiró.

_Ahora si Brasil se está fodiendo a la Argentina, caralho_ dijo con voz sorda, con la casaca de la selección brasileña puesta.

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