Disfrutando del partido
Las reglas son claras: gol de Argentina, placer; gol de Canadá, castigo. Pero mientras el reloj corre y el cuerpo se calienta, la línea entre el juego y la realidad se desdibuja hasta que el silbato final suena.
No pensé que el partido de Argentina se volviera tan interesante. Todos tenemos fé en la Scaloneta pero ésto ya es otro nivel, nunca un equipo de fútbol me había hecho ganar así.
Él me invitó a su casa, y como ya es costumbre entre nosotros, usamos el lema de "mi casa, mis reglas" para disfrutarnos y jugar.
Era la primera vez que veíamos un partido juntos (si, se que no deberíamos empezar en la semifinal, que cortamos con cábalas, pero hacía mucho que no nos veíamos y teníamos el feriado libre)
Las pautas eran claras: Gol de Argentina, me masturba hasta hacerme acabar. Fuera de eso, no puedo acabar mientras el reloj corra. Gol de Canadá, me da diez nalgadas. Entretiempo: debo quedarme abierta de piernas totalmente a su disposición. Gana Argentina: me acaba dónde él quiera. Gana Canadá: 50 nalgadas.
El árbitro silba y comienza el partido. Parejo al inicio, costaba pasar la defensa de Canadá, nunca los había visto jugar. Yo estaba concentrada. No soy futbolera pero Argentina es Argentina.
A los 22 minutos, el primer gol. Grito, festejo, y comienzo a sentir cómo su mano me hace mimos en el muslo, yendo hacia mi entrepierna. Estamos sentados en el sillón. Abro las piernas, facilitando su acceso. Me besa en el cuello y cuando quiero responder a sus caricias me reta: "manos quietas, seguí mirando". Comienza a tocarme sobre la tanga, celeste como debe ser, pasando sus dedos a lo largo de mi intimidad. La situación, sus manos, me empiezan a calentar. Me sube la camiseta para besarme en las tetas, morderme, chupar mis pezones que responden rápidamente a sus labios. Los primeros gemidos salen de mi boca y ya me estoy mojando. Mete su mano por debajo de mi tanga, tocando toda mi intimidad. En la tv, Argentina intentaba anotar el segundo. Y yo que aún le debía el primero estaba entregada a sus expertas manos. Pronto, está estimulando mi clítoris, ya hinchado por sus caricias. Mi cabeza recostada hacia atrás, mis gemidos tapan el relato del partido, el placer aumenta cada vez más, se acumula en mi vientre y desde mi intimidad irradia a todo el cuerpo. Comencé a tener espasmos y la vista se me nubla. "Dale, acabame pendeja" me susurra al oído y yo me dejo ir. Mis piernas tiemblan y mojo su mano y mi tanga. Él sonríe complacido.
Van 35' del partido, él no deja de tocarme, pero ésta vez no tengo permitido acabar, no mientras el tiempo siga corriendo y no hayan anotado otro tanto.
Es bueno, limita el contacto a caricias suaves y mete sus dedos de vez en cuando, el placer me envuelve y me mantiene en una dulce nube, esa estimulación lenta hará que pueda aguantar hasta el entretiempo. Veo el partido, cada acercamiento al arco es una esperanza de placer o de castigo.
La intensidad de sus caricias aumenta poco a poco, tocando más directamente en mi centro de placer, mientras con su otra mano juega con mis pezones, suave como me gusta. Mi excitación crece rápidamente. Veo el reloj y aún faltan 3'. El calor aumenta más y más. Veo que se están por cumplir los 45' y deciden alargar 2' más el primer tiempo. Él me abre de piernas totalmente, con sus hábiles dedos descubre mi clítoris y me toca directamente. El fuego se concentra allí y a la vez se irradia por mi piel. Una capa de sudor me cubre, casi que estoy gritando pero no cierro los ojos, los mantengo fijos en la pantalla, en el reloj. Veo cómo pasan los segundos y el placer me llega en oleadas cada vez más intensas pero debo aguantar. Él ni siquiera me recuerda que aún no tengo permitido acabar. Sabe que yo acato sus reglas. Los últimos 10 segundos son una eternidad y, en cuánto el silbato suena, dejo de contenerme, tiemblo, me derrito en sus manos, y el orgasmo que tenía acumulado me arrastra.
Él no me deja descansar. Se arrodilla en el piso y manteniendo mis piernas abiertas me da uno de los mejores orales de mi vida. Sé que ésto va a durar lo que dure el entretiempo y planeo disfrutarlo. Corre mi tanga y pasa su lengua por todos lados, aprovecha y muerde la parte interna de mis muslos, y estimula mi clítoris con precisión. Sólo se escuchan mis gemidos en la habitación, me pierdo en el placer, y rápidamente me hace acabar. Le mojo la cara y él sigue en su labor. El fuego sube por mis piernas y empiezo a perder noción de todo. Me hace llegar al orgasmo ¿Seis? ¿Siete veces? Tal vez. Sabe que soy multiorgásmica y lo aprovecha al máximo. Estoy empapando el sillón cada vez que acabo, la estimulación me vuelve loca y empieza a quemar y estoy en el cielo y en el infierno a la vez, esa sobreestimulación hace maravillas y estoy sintiendo tanto placer que debo morderme el brazo para no gritar.
Sólo para y me deja volver a respirar cuando inicia el segundo tiempo. Mi corazón recupera el ritmo y poco a poco recuerdo cómo volver a usar las piernas. Le sonrió mientras tomo un poco de birra y escucho un "Que rica que sos" que me hace sonrojar.
Nuestra concentración vuelve al partido. Aunque no por mucho tiempo. El segundo tiempo arranca dinámico, y a los 7' ya habían anotado el segundo. "Abrí las piernas" me pide, yo me acomodo para lo que está por suceder. Me corre la tanga y sus dedos me penetran sin esfuerzo porque ya estoy completamente mojada. Me hace gritar al comenzar a moverse rápido, está tocando todos los lugares correctos dentro de mi intimidad y sigo tan sensible que rápidamente me vuelvo a calentar demasiado. En cada estocada toca mi clítoris y me retuerzo de placer. Veo sus ojos fijos en mí, que reflejan el deseo que me tiene, lo que yo le provoco. Muerde mis tetas dejandome marcada y el saberme tan suya me termina de llevar al límite. El orgasmo llega rápidamente, el alivio me recorre y los espasmos de mi cuerpo disminuyen.
Nos acurrucamos mientras termina el partido. Un final muy cortado pero siempre prestando atención por si alguien más decide anotar.
Final del juego, gana Argentina y sé que tengo luz verde. Aprovecho para sacarme la tanga empapada, le bajo el pantalón y me subo a horcajadas encima suyo, siento su dureza a través del boxer, y me froto contra él para provocarlo aún más. Pasa sus manos por mi culo y chupa y muerde mis tetas. Subo la intensidad y me masturbo contra él. Rápidamente esa capa de tela me resulta demasiada separación. "Cogeme" le pido y él asiente. Me acuesta en el sillón, se saca el bóxer frente a mi cara y meto su pija en mi boca como sé que le gusta. Se la chupo, entra hasta mi garganta y él mira complacido con lo que hago. Eventualmente sale y se pone entre mis piernas, estoy totalmente abierta ante él. Sin rodeos me penetra de una estocada, y se mueve sin perder ese ritmo. Me está cogiendo duro a esa velocidad que a mí me excita tanto. Ahogo mis gritos contra su pecho y en el camino lo muerdo algunas veces, apenas controlo mi cuerpo y amo ser usada así, para sentir y dar placer. Siento que estoy cerca de acabar y quiero que él lo haga conmigo. "Llename de leche, por favor" le suplico con voz entrecortada. "Te voy a acabar pendeja" declara. Sus movimientos se vuelven erráticos, y me llevan más cerca del orgasmo. Lo escucho gemir y gruñir y dejo de contenerme. Mientras acabo aprieto su pija y eso lo arrastra conmigo, sus embestidas se detienen, siento su leche adentro mío. Ambos nos quedamos disfrutando del momento, de los cuerpos. Se relaja a mi lado.
"¿Nos vemos para el próximo partido?" Pregunto y él me sonríe "Por supuesto"
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