Xtories

La casa de las tormentas

La casa está vacía, pero el olor a ganado y sudor aún persiste. Cuando lo encuentra masturbándose en el establo, el miedo debería huir, pero el deseo la clava en la pared. Allí, entre la paja y la luz que entra por los boquetes, descubrirá que su primera vez no será con un chico de su edad, sino con un desconocido que sabe exactamente cómo hacerla gemir.

Frank19744K vistas8.4· 5 votos

LA CASA DE LAS TORMENTAS

Saliendo de mi casa y a unos treinta minutos de caminata hay un camino que sube hacia un monte, en la cima de ese monte se encuentra una antigua casa de campo, con su era, su alberca para recoger agua de lluvia y una casa con un granero y establo para cabras junto a una gran encina que está delante de la casa, que parece un paraguas y la protege del sol y de la lluvia. Naturalmente allí ya no vive nadie y la casa está abandonada, aunque hace unos 10 o 15 años todavía los pastores aprovechaban el establo para recoger las cabras y ovejas que formaban sus rebaños.

Sus muros anchos todavía aguantan en condiciones el establo y gran parte de la casa y del primer piso,a pesar del espolio al que ha sido sometida la vivienda que carece de ventanas y puertas, solo una gran tabla apoyada en una pared servía para cerrar el establo.

¿Por qué cuento todo esto? Porque mi mejor, o extraña, o casualidad experiencia sexual de mi adolescencia tuvo lugar en esa casa abandonada.

Era una adolescente cuando salí de caminata hacia esa casa porque no es difícil de llegar, es un lugar tranquilo y sus vistas sobre la ciudad son preciosas, y se puede ver el mar sin problemas.

Como digo, ese era un día de diario, que es cuando menos gente sube por allí, me dirigí a la casa, no tenia clases y ya pegaba el calor, así que me puse mis shorts vaqueros, un top palabra de honor blanco y mis tenis cómodos para poder andar por el monte. Aunque hay un pequeño repecho justo antes de llegar conseguí llegar a la casa, la rodee y me dio por entrar en el establo. Aun conserva el olor del ganado que allí dormía antiguamente y el suelo aun conserva algo de paja y excrementos secos. Al entrar me golpeó el fuerte olor, pero te acostumbrabas rápido. Observé los vanos de las ventanas bajas que había en el establo, las vigas de madera y algún boquete en el techo por donde se colaba en forma de rayo la luz del sol. Me llamó la atención que en la pared del fondo hubiese apoyada una bicicleta y es que estaba nueva, entré sin hacer ruido y en la habitación contigua se encontraba un hombre mayor, podría ser mi padre o un poco más mayor, yo era joven. Estaba apoyado en un saliente que hacia función de banco de piedra junto a otra ventana por donde se veía el mar a lo lejos, estaba sin pantalones meneándose lentamente la polla. Yo me quedé allí parada, sin decir nada, el hombre cuando me vio me preguntó si me iba a quedar allí mirando como se pajeaba, le contesté que sí que me quedaría junto a la pared. El hombre se puso en pie con toda su polla erecta apuntando hacia mi. La verdad no sé qué se me pasó por la cabeza en quedarme allí en vez de haberme dado la vuelta o pensar que me podían violar o dejar a aquel hombre disfrutar de su paja, pero en vez de eso me quedé apoyada en la pared mirando aquella polla mientras inconscientemente mi mano se posaba en mi entrepierna.

Cuando se hubo levantado me preguntó si podía ayudarlo a lo que accedí y me dirigí hacia él. Me cogió la mano y la colocó en su miembro, yo empecé a pajearlo lentamente, tal y como se lo estaba haciendo así mismo sin quitar la vista de aquella polla que sentía caliente y dura en mi mano. De repente noté que el hombre me había bajado el top y acariciaba mis pequeños pechos con una delicadeza extrema, apenas los rozaba con la yema de sus dedos mientras yo seguía con la polla en mi mano. Nos miramos y nos sonreímos uno al otro. Luego bajó su mano y desabrochó mi pantalón que cayó al suelo dejando a la vista mi tanguita blanco. El hombre comenzó entonces a acariciar mi sexo por encima del tanga y yo comencé a emitir mis primeros gemidos. Luego me cogió de la mano y me llevó hasta el ancho alfeizar de la ventana donde se arrodilló para quitarme el tanga. Ya me encontraba desnuda no sabia en qué momento el top que permanecía enrollado en mi cintura había desaparecido. El hombre se quitó la camiseta, la colocó en el alfeizar y me pidió que me sentase, quería ver mi sexo con la luz del sol. Yo, sin saber por qué me senté y abrí mis piernas para que ese hombre viese mi sexo depilado a la luz del sol.

El hombre, de rodillas entre mis piernas, acarició mi sexo, lo abrió lo miró, lo observó, lo tocó, lo probó y acabó lamiendo mi sexo lentamente. Como saboreándolo. Yo solo podía emitir gemidos mientras ese hombre me producía el mayor de los placeres. Todo lo hacia lentamente, saboreando el momento y con una gran dulzura. Mientras su lengua se entretenía en mi clítoris, sus manos se aferraban a mis pechos, luego soltó mis pechos y dirigió uno de sus dedos a mi sexo para penetrarme con él. Seguía arrancando gemidos de mi garganta cuando volvió a lamer mi clítoris mientras me penetraba con su dedo. Luego cambió de dedo y el que me estaba penetrando en mi sexo pasó a penetrar mi culo así que me penetró los dos agujeros a la vez que me lamía el clítoris. Así estuvo hasta que mis piernas empezaron a temblarme, mis gemidos aumentaban el tono y terminé por correrme como nunca en su boca. Mientras permanecía jadeante apoyada en la pared de aquella ventana, el hombre con un poco de trabajo consiguió ponerse en pie junto a mi. Su polla dura se encontraba junto a mi cara y sin que dijese nada comencé a lamer aquel miembro para terminar metiéndomelo en la boca. Era la primera vez en mi vida que realizaba una felación y el hombre solo me pidió que la hiciera de forma lenta. Le miraba a los ojos y él a mi, mientras su polla entraba y salia de mi boca.

Yo pensé que el hombre se correría en mi boca cuando me sacó la polla y me puso de pie. Se sentó en el banco de piedra, me giró dejándome de espaldas a él y me fue atrayendo hacia sí hasta que quedé sobre su polla que sujetó con su mano mientras con su otra mano en mis caderas me tiraba hacia abajo. Agarré aquella polla y me fui sentando lentamente sobre ella, sentía como me iba abriendo mi sexo hasta que terminé empalada. Con sus manos en mis caderas me fue subiendo y bajando lentamente. Apoyé mis manos en sus rodillas y comencé a follarme a aquel desconocido. Sus gemidos eran apagados y yo solo recuerdo tener abierta la boca sin emitir sonido alguno. Comenzó a acariciar mis pechos mientras yo seguía sobre aquella polla que llenaba mi sexo. El hombre me preguntó si me entraba bien y es verdad que me acostumbré a su polla, comenzó a acariciar mi clítoris y mis gemidos aumentaron de intensidad. El hombre me retiró y me hizo apoyarme en la pared, mirando por la ventana, él se colocó detrás de mi y apuntó su sexo al mio, con la otra mano fue tirando de mis caderas hacia él hasta que volvió a penetrarme. Para comprobar que me entraba bien me la introducía entera para sacármela y volverla a meter de una sola vez. Lo repitió varias veces y cuando estuvo convencido sus embestidas fueron subiendo de intensidad. Yo permanencia apoyada en la pared con la cabeza entre mis brazos mientras el hombre desconocido me follaba por detrás. Sus manos no paraban de recorrer mi cuerpo, desde mi culo hasta mis pechos que eran estrujados y mis pezones pellizcados. El placer me venía y entre gemidos le dije que me iba a correr otra vez, y menuda corrida, sentí bajar por mis muslos un liquido pero no sabría decir si fue mi corrida, si me oriné o si era sudor, lo cierto es que exploté de placer. El hombre me volvió a cambiar de postura y rápidamente colocó su camiseta en el banco de piedra donde hizo que me tumbase, se colocó entre mis piernas y dirigió su polla hacia mi coñito. Esta vez fui yo quien cogió esa polla y la introdujo en mi sexo. El siguió con sus embestidas, su sudor caía sobre mi cuerpo sudado también y comenzó unas penetraciones mas rápidas. Yo empecé a notar un poco de dolor y cuando le iba a pedir que parase, me pidió que aguantase un momento que se iba a correr, y así lo hizo, sacó su polla de mi coñito y frente a mí, comenzó a pajearse frenéticamente acompañado de fuertes gemidos, toda su leche cayó sobre mis pechos y mi vientre. Jadeantes permanecimos un rato en aquella postura, yo tumbada en el banco y el hombre misterioso apoyado en la pared. Pasado no sabemos cuanto tiempo, el hombre me ayudó a incorporarme, su corrida seguía sobre mi cuerpo sudoroso lo que ayudó a que su leche rodase hasta mis muslos. Con el bidón de agua que llevaba en la bicicleta trató de limpiar su corrida y luego usó unas toallitas, nos recompusimos la ropa que tuvimos que ir buscando por medio establo para salir de aquel edificio. No hablamos entre nosotros, solo se dirigió a mi para decirme que me acompañaría hasta mi casa, para que no me pasase nada por el camino.

Como si lo que me acabase de pasar fuera muy normal. Esa la podría considerar mi primera experiencia sexual. La primera vez que intenté tener una relación sexual fue con un compañero de clase y aquello no se podía considerar nada, solo que fue la primera vez que vi una polla tiesa cerca de mí y el chico la primera vez que tocaba un culo y unas tetas de verdad. Lo mas cerca de esa experiencia satisfactoria fue en esa casa abandonada. Aunque la primera vez que conseguí penetrarme el coñito con algo más largo, ancho y duro que mis dedos fue cuando me masturbé con el cepillo del pelo. Lo que viví en esa casa abandonada no lo viviré nunca más, y no me arrepentí nunca, al contrario.

Fuimos bajando el monte, solo parando para mirar a la casa abandonada. El hombre agarrado a su bici me preguntó si me encontraba bien, a lo que con una sonrisa le contesté que mejor que nunca. Cuando llegamos a mi casa se me quedó mirando a los ojos, se despidió de mi aunque no sabia si darme un par de besos, la mano o un abrazo, que en verdad es lo que hubiese preferido, aunque había gente mirándonos así que todo se quedó en un hasta luego.

Pasaron varios días y mi experiencia la seguía teniendo muy viva, tanto que me masturbé en casa varias veces recordando a ese hombre. Incluso me metí un par de dedos en mi culo y mi sexo.

Algo más de dos semanas después volví a subir a la casa, iba hasta con la misma ropa por si el hombre se había olvidado de mi, pero no estaba en la casa. Recorrí el establo despacio hasta que me volví a encontrar con el banco de piedra junto a la ventana. Me dirigí hacia ese lugar que marcaría mi vida como la mejor experiencia vivida, me asomé por el vano desnudo de la ventana pero no vi nada, solo el mar a lo lejos. Me senté en el ancho alfeizar y cerré los ojos. Traté de recordar como recorría mi sexo con su lengua, como acariciaba mis pechos y mi cuerpo, mis manos seguían el itinerario que siguió aquel hombre y cuando abrí los ojos me di cuenta que me estaba desnudando recorriendo mis pechos redondos y que se habían puesto duros así que me quité los pantalones y comencé a masturbarme junto a la ventana de aquella casa abandonada en la cima de un monte. Cuando me hube corrido, miré a mi alrededor por si aparecía el hombre mayor con su bici, pero no vino nadie. Me vestí y volví para mi casa en silencio y mirando hacia atrás como la última vez que estuve en esa casa.

Caí en la obsesión por volver con aquel hombre así que unos días después volví a la casa, esta vez me puse un top que era un sujetador y un pantalón bastante pegado y corto pero no me puse ropa interior, mis pezones y mi sexo se iban marcando, si el hombre de la bici aparecía lo tendría mas fácil. No fue uno de los mejores días para ir, el calor era asfixiante, la humedad dejaba mi cuerpo empapado en sudor y la subida se hizo interminable bajo aquel sol de justicia. El agua que llevaba ya estaba caliente cuando llegué a la casa abandonada. Solo el sonido incansable y penetrante de las chicharras me acompañaban en aquel lugar. Entré al establo pero estaba vacío. Me asomé por una de las ventanas y allí vi al hombre, pedaleando su bici y acercándose a la casa. Salí del establo a su encuentro y se llevó una gran sorpresa al verme allí. Dejó la bici apoyada contra la pared y se vino hacia mi, me miró a los ojos y me abrazó para después besarme en la boca. Un beso apasionado, largo y sentido mientras me cogía y me alzaba al aire. Crucé mis piernas en su cintura mientras también yo me entregaba a ese apasionado beso. Me bajó al suelo, me cogió de la mano y me encaminó esta vez a la casa. Fuimos subiendo las escaleras con cuidado de no caer porque no había barandilla, y en el descansillo contra la pared, volvió a besarme y a morder mi cuello mientras sus manos se aferraban a mi culo, seguimos subiendo hasta la única habitación del primer piso que parecía estar entera y que tenia pinta de ser el dormitorio. El hombre traía una mochila con varias cosas, toallas, toallitas, agua y alguna cosa mas que fui descubriendo después. En la habitación había una especie de tocador sin espejo y un taburete un poco desvencijado, es lo único que recuerdo ya que rápidamente el hombre se vino para mi y me desnudó. Arrastró el mueble junto a la ventana, colocó una toalla y me subió encima. El mueble protestó un poco y parecía que se iba a desmontar, pero aguantó mi cuerpo que antes de estar sobre el mueble ya era besado y lamido por el hombre desconocido. Volvió a reproducir el ritual de la otra vez, recorrer mi cuerpo con la mayor de las ternuras posibles. Apenas rozar mi piel que brillaba por el sudor y después su lengua borrando las huellas de sus dedos, se volvió a arrodillar entre mis piernas y casi me corro antes de que empezase a recorrer mi sexo. Tal era mi deseo por repetir lo vivido antes en aquella casa. Me volví a correr como la vez anterior después de que me hubiese lamido y penetrado con sus dedos, luego me bajé de aquel mueble para sacar su polla de los pantalones y comenzar primero a acariciarla lentamente, observé que tenia los huevos depilados y comencé a acariciarlos a la vez que comenzaba a pajearlo mientras le miraba a los ojos. Él permanecía de pie apoyado en el mueble mientras yo estaba de rodillas con su polla en mis manos, tras pajearlo comencé a lamer aquel poderoso miembro fálico, desde los huevos hasta el glande y bajando por todo el tallo, se sentó en el taburete quedando una postura mas cómoda para mí, y volví a agarrar esa polla dura y a chuparla hasta que me pidió que me la metiese en la boca cosa que hice lentamente. Me la sacó para pasármela por mis tetas mientras me besaba, su mano en mi nuca la usaba para manejar mi cabeza y una vez me hubo besado me la inclinaba para que su polla volviese a mi boca. Así estuvo jugando conmigo hasta que me levantó del suelo y me sentó sobre él, pero esta vez cara a cara, así pudo besarme y chupar mis pechos mientras yo me penetraba aquella polla que volvía a llenar mi sexo. Esta vez lo que hizo fue meterme un dedo por el culo mientras seguía sobre él. Primero solo lo fue introduciendo para después meterlo y sacarlo como si fuese una doble penetración. Luego me levantó para apoyarme en el mueble que miraba hacia el mar. Me penetró de una sola vez. Mientras me penetraba desde atrás como la vez anterior me volvió a meter el dedo por el culo Esta vez sus sacudidas eran un poco mas violentas que la primera vez, lo que me ayudó a alcanzar el orgasmo antes. Pero el todavía no había terminado conmigo, me sacó su polla y volvió a arrodillarse detrás de mi, su lengua recorrió mi sexo como queriendo recoger mi corrida para terminar lamiendo mi ano. Eso no me atrajo mucho, y quise protestar, pero me dijo que me quedase quieta mientras volvía a meter un dedo en mi culo. Cada vez me penetraba mas rápido y me producía placer así que le pedí que me acariciase el clítoris, cosa que hizo encantado. Yo permanecía apoyada en el mueble mientras el placer volvía a recorrer mi cuerpo. Después de volver a correrme, me introdujo dos dedos en mi sexo, y una vez húmedos losintentó introducir en mi culo, eso me causó un poco de dolor, entonces me iba a retirar cuando se puso de pie, me besó mientras forzaba para introducir los dos dedos en mi culo. Yo gemí pero quedó apagado por su beso. Así estuvo un tiempo hasta que pensó que ya era suficiente. Se dirigió a su mochila y extrajo un frasco negro, me pidió que me apoyase sobre el mueble como antes, me untó el ano con ese liquido, resultó ser lubricante que aplicó antes de dirigir su polla a mi culo. Cuando me di cuenta, su polla estaba entrando en mi culo que la aceptó sin problemas. Sus embestidas empezaron siendo lentas y pronto toda su polla se encontraba dentro de mi culo. Me pidió que llevaseel ritmo, y fui yo quien empezó a follar aquella polla con mi culo. El hombre comenzaba a gemir de placer mientras ponía sus manos en mis caderas y me indicaba hasta donde podía sacar su polla de mi culo para volver a enterrarla dentro de mi. Aquello me proporcionó un placer desconocido, como todo lo que fui descubriendo con ese hombre. Cuando el placer le venia me pidió correrse en mis tetas, a lo que accedí. Era para mi algo mágico sentir como descargaba su semen caliente sobre mi cuerpo, como pajeaba frenéticamente su polla y la escurría hasta la ultima gota sobre mi cuerpo, como su leche recorría mis pechos, mi vientre y mis muslos. Y así terminamos aquel día, yo de rodillas cubierta de sudor mezclado con su semen mientras el permanecía de pie apoyado en el desvencijado mueble que había sido testigo de nuestro encuentro sexual.

Después de habernos limpiado, permanecimos abrazados un rato eterno, ese fue el abrazo más reconfortante que he tenido nunca, ni con mi familia me sentí nunca como en aquél momento. El calor de nuestros cuerpos más el calor del día nos hizo sudar más todavía, pero eso no importaba en aquel espacio de tiempo que duró el abrazo. Nos vestimos y abandonamos aquella casa abandonada.

Me volvió a acompañar a mi casa, aunque cuando fuimos llegando se fue separando de mi, quedándose unos metros por detrás de mi. Cuando llegué a mi casa y abrí la puerta me esperé a que pasase, nos miramos y él siguió calle abajo, hasta que antes de montarse en su bici volvió la vista atrás para vernos una vez más. Y esa fue la ultima vez que nos vimos. Luego en casa y después de una ducha me tumbé en mi cama, cogí el móvil y me puse a ver mis redes sociales y a chatear con mis amigas. Busqué en Google diferencias de edad en parejas, luego me fueron saliendo enlaces a hombres mayores y adolescentes estos pasaron a enlaces a paginas porno y los abrí, no me gustó ver a esos hombres tan mayores y esas chicas jóvenes. Ya sé que eso es ficción, pero lo mio era realidad y no quise ser así. Esa excusa, tal vez muy tonta y pobre, es la que me llevó a decidir no volver a ver más al hombre de la bicicleta. Nunca supe su nombre, ni él el mio. Pero ese día fue el último que pasé con él. No volví a subir a la casa de las tormentas, ni siquiera pasaba por donde pudiera verla a menos que fuese necesario desde lejos.

Un par de meses después, estando en la calle con mi madre y una vecina, lo vi aparecer a lo lejos con su bici. El corazón me dio un vuelco porque no sabia qué hacia por allí. Iba haciéndose el despistado y cuando llegó a nuestra altura se paró. Yo estaba blanca y asustada, algo que tuvo que observar en mi rostro. Se dirigió a mi madre que acababa de despedirse de la vecina. Le preguntó si podía ayudarlo, que se había quedado sin batería en el móvil y no tenia señal GPS y que salir de aquellas calles le estaba costando mucho. Mi madre se echó a reír y le dio la razón mientras de reojo me miraba a los ojos, mi madre le fue explicando qué camino tomar, el repitió las indicaciones dadas por mi madre un par de veces, le dio las gracias a mi madre, nos deseó una gran tarde y se marchó calle abajo.

Llegado el invierno me atreví a subir a aquella casa abandonada. Y ya no era mi casa abandonada, había sido vandalizada, sus muros estaban llenos de grafitis y el establo había salido ardiendo. Con precaución entré a aquella parte de la casa con miedo de que lo que quedaba del techo se cayera sobre mi. Llegué hasta la habitación de la ventana que miraba al mar donde seguía el banco de piedra, ahora cubierto de hollín. Me acerqué a aquella ventana y comencé a recordar aquellos días de finales de primavera y su calor, a aquel hombre y empecé a acariciar mis pechos pero no fue igual, ya no era mi casa abandonada, ya mis recuerdos no estaban en ese establo quemado. Abandoné el establo y entré en la casa, me paré en el descansillo donde nos besamos, entré al dormitorio del mueble desvencijado donde recordé el calor de aquel día, el sonido de las chicharras y nuestros gemidos. Ahora solo había silencio. Las paredes estaban también llenas de pintadas. Un colchón mugriento en un rincón y varias latas de cerveza y jeringuillas por el sueloera la nueva decoración de aquel espacio y aquel mueble que había sido testigo de lo nuestro había sido tirado por la ventana.

Abandoné el lugar con una mezcla de tristeza y alivio. Caminé en dirección a mi casa, y no volví la vista atrás.