Xtories

Karma 4

Oscar lleva años cargando el peso de una noche en la que su silencio valió más que su amistad. Ahora, mientras descifran un fraude financiero, Ana descubre que la verdadera estafa no fue en los libros contables, sino en la confianza de un amigo que nunca supo que fue usado como juguete.

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Karma 4

2013, Mayo 14

11.30 hs.

Sentada en el bar acordado, Ana espera a su amigo con los documentos pedidos sobre la mesa. Tiene dentro suyo una mezcla de sentimientos que la tienen alterada. Asombro, admiración, indignación y preocupación, dan vuelta dentro de su cabeza provocándole inoportunas náuseas

Siente asombro por el entramado descubierto, admiración por la sagacidad de su viejo amigo por imaginárselo, indignación por la parte que le toca y preocupación por el futuro próximo.

Ahora entiendo la invocación a nuestro viejo juramento y el pedido de confidencialidad. ¿Cómo se puede ser tan desleal con quien les dio un futuro cuando todo estaba perdido? Justo a él, que no dudó en compartir aquello por lo que trabajó tantos años.

Nace una empresa

A pesar de que Segundo, el padre de Oscar, era un destacado herrero de la zona, sus ingresos solo alcanzaban para vivir sin necesidades en el departamento del fondo de la casa de sus suegros. Sueldo que su estilizada y abnegada mujer, estiraba con esmero cada mes para que no les faltara nada.

El único lujo permitido en el hogar de Oscar, era el infaltable ordenador en su dormitorio. Su padre estaba convencido de que el futuro navegaba dentro de él y que solo había que alentarlo para que lo busque con esmero.

Desde su inicio en la escuela secundaria se dedicó con ahínco a buscar ese tesoro escondido y para cuando contaba con solo quince años ya realizaba pequeños desarrollos. Programas que luego vendía a los comerciantes de la zona para que los ayude a llevar adelante sus negocios.

Religiosamente, sus ingresos quedaban en manos de su madre.

Eso le permitió incursionar poco a poco en el mundo de la seguridad informática y digital. Temas como blockchain y algoritmos dejaron de ser un secreto para él y le dieron la oportunidad de desarrollar proyectos de más envergadura. Temas que le consumieron casi todo el tiempo libre hasta su ingreso a la Universidad. Falta de tiempo que no afectó su relación con Ana, su única amiga.

Compinches desde pequeños, se instaló entre ellos una extraña sintonía y se hizo común que con la anuencia de sus madres, vecinas y amigas de toda la vida, a la salida de la escuela primaria, recalaran en la casa de uno u otro para realizar la tarea.

Al llegar a la etapa de escuela secundaria, sus afinidades estaban bastante definidas, orientadas a la informática por parte de Oscar y a la administración contable por parte de ella. Los puntos de contacto se mantuvieron y salvo las horas aplicadas en clase y las que Oscar dedicaba a sus proyectos, el resto del tiempo lo compartían juntos interiorizándose en los temas del otro.

El verano anterior al ingreso a la universidad, Oscar logró colocar su primer proyecto personal en la cooperativa obrera del barrio. Su presidente, Don Abraham, era un judío sesentón de risa fácil y alma solidaria muy amigo de mi padre. Infaltable a las mesas de mus con vermut, de los sábados al mediodía en el bar de la avenida. Cita obligada y divertida de los varones de las familias después de la media jornada de trabajo.

A él confiaban sus magros ahorros y a él acudían en busca del crédito tan negado por los grandes bancos de la Avenida, volcados a atender a las empresas donde ellos trabajaban, al igual que la gran financiera de la zona.

Era común encontrarlo los domingos por la tarde en casa de Oscar tomando mate y expresando su preocupación por la seguridad de su cooperativa. Solo pensar que podía fallar a la confianza de sus amigos, lo agobiaba.

Sus sistemas de archivos eran muy precarios y el personal de años que trabajaba para él, apenas manejaban un ordenador antiguo como agenda. El resto se basaba todo en fichas obsoletas.

Al enterarse que el hijo de su amigo era estudiante avanzado de informática, no dudo en pedirle que lo vaya a ver. Oscar le hizo comprar un servidor, dos terminales para las cajas, otras dos para el personal interno y uno para su oficina.

Los instaló en red, cargó su programa de gestión y los ayudó a cargar todos los datos mientras ellos seguían en paralelo con su sistema. El programa era básicamente un compilado de bases de datos organizadas para llevar todas las cuentas y registrar todos los movimientos de depósito y extracción.

La novedad era que integraba un algoritmo de seguridad de su diseño capaz de detectar cualquier ataque externo y bloquear inmediatamente todo el sistema evitando estafas. Como agregado, se actualizaba automáticamente y cambiaba las configuraciones de acceso remoto en forma continua, limitando el acceso a las cuentas sólo al movimiento interno en caso de ataque.

Para orgullo de Segundo, la inauguración fue todo un éxito y los primeros días el local se llenaba de público solo para ver la novedad. Este trabajo no solo le permitió a Oscar actualizar sus ordenadores, si no que fue el puntapié inicial de los próximos años de su vida.

A comienzos del año 2006, mientras cursaba segundo año y comenzaba su noviazgo con Liliana, la hija de Juan, un hackeo masivo provocó una pérdida millonaria de depósitos en toda la banca de la zona. Con la excepción de la Cooperativa de Abraham, para alegría de los amigos de su padre que no paraban de agradecérselo.

La noticia circuló de boca en boca por toda la zona y pronto llegó a los oídos de Invest, la sucursal local de una gran financiera empresarial. Intrigados por los rumores y muy golpeados por las pérdidas del desfalco, se reunieron con Don Abraham, al que conocían desde mucho tiempo atrás y por ética y respeto, le solicitaron permiso para entrevistar a Oscar.

Acudió nervioso a la entrevista acompañado de su padre y para su sorpresa, no lo dejaron pasar. Era una entrevista personal y debía firmar documentos de compromiso de confidencialidad antes de reunirse con ellos, al ser mayor de edad no necesitaba autorización de adultos para ello.

Pensando en que era un desaire hacia su padre, estuvo a punto de negarse, pero él se opuso con una sonrisa. Lo abrazó y mirándole orgulloso a los ojos le pidió que acepte.

Adelante hijo, es hora de volar solo. -

Entró acojonado, pero seguro de lo que podía ser capaz de ofrecer. La oferta era compleja y ambiciosa, deseaban contratarlo en exclusividad para que desarrollara un producto adaptado a la medida de sus necesidades. Cosa a la que se negó, no era su aspiración ser un friki de laboratorio enterrado en un subsuelo. Tenía muchas cosas en la cabeza y no quería estar atado.

Les ofreció desarrollar un programa exclusivo a su medida, pero con la condición de que lo haría como un proveedor más. Guardándose los derechos de autoría del algoritmo y la posible comercialización del producto genérico en el mercado financiero y empresarial.

Finalmente llegaron a un acuerdo y le dieron seis meses de plazo para entregar el proyecto. El primer gran cambio en su vida profesional, fue tener que inscribirse como empresa para poder facturar el servicio y pagar todos los impuestos que hicieran falta, cosa que delegó en el estudio contable donde trabajaba su viejo amigo Ricardo. Su amigo más entrañable después de Ana.

Ricardo era un caso aparte en la pandilla. Un niño dulce y cariñoso con el que compartieron de pequeños muchas meriendas después de clases, hijo de inmigrantes gallegos duros de expresar emociones de los que heredó una palabra firme como el acero.

Todo cambió en el séptimo año de la escuela primaria, cuando la muerte de su padre en un accidente laboral en el corralón de materiales donde trabajaba y del cual los propietarios nunca se hicieron responsables, lo convirtió en un muchacho apático y oscuro.

Se abrió del grupo, debió trabajar para mantener a su madre, se inscribió en la escuela nocturna para estudiar contabilidad y los quince años recaló en las oscuras oficinas de un garito clandestino donde se codeó con lo mas negro de la sociedad.

Sin embargo, gracias a los valores transmitidos por sus padres y a la férrea amistad que lo unía con Oscar -con el que compartía largas madrugadas intercambiando experiencias y forjando una amistad a prueba de balas- pudo emerger de ese ambiente sin más daño que su afición al sexo sin compromiso con las putas a las que administraba sus ahorros y que solía compartir con Oscar antes de conocer a Liliana.

Su conocimiento de lo más sórdido de la economía negra y la ayuda de Oscar adaptando el programa a sus necesidades sin cobrarle un peso, lo llevaron -al recibirse de contador en tiempo récord-, a ser altamente codiciado entre las grandes empresas que tenían mucho que ocultar.

No podía imaginar Oscar, que esas modificaciones para nada legales, serían el origen de muchos de sus problemas.

2008, el año de los acontecimientos.

Coincidiendo con el comienzo del cuarto año de su carrera, con el programa de la financiera funcionando a pleno, y luego de patentar a su nombre el algoritmo y registrar la propiedad intelectual del producto por consejo de su padre -decisión que sería determinante en el futuro-, Oscar lanza al mercado la versión comercial de Beta, su primer programa de gestión administrativa, contable y financiera con un éxito resonante para una empresa emergente.

Éxito propagado a los cuatro vientos por la feliz y orgullosa Liliana, sobre todo en las narices de Ana.

Felicidad extraña para los que saben de las quejas vertidas en la intimidad ante sus amigas, -y que siempre alguien se encarga de divulgar-, de la poca atención que su novio le dispensa en pos de atender la carrera y el desarrollo de su programa.

Pionero en la oferta de módulos incrementales, -que permiten su adquisición, tanto a las empresas más pequeñas como a las más sofisticadas-, se vuelve un éxito de ventas, prácticamente desde su salida al mercado.

El otro hecho trascendente es la detención del padre y del abuelo materno de Beto, -ambos militares-, por delitos de lesa humanidad durante la dictadura militar y el embargo de todos su bienes, menos el piso en que habitaban, legado de su abuela materna.

De la noche a la mañana los sueños del novio de Ana caen al vacío y de no ser por su apoyo y la generosa oferta de Oscar ofreciéndole que se encargara de la comercialización del programa, hubiera abandonado la carrera.

Claro que no todo lo que brilla es oro en la vida de Oscar, la incorporación de Beto como comercial a la incipiente empresa, -que a la larga demostró ser acertada al convertirse rápidamente en el vendedor estrella-, desata la furia de su archirrival Liliana exigiendo lo mismo para ella.

Por lo que Oscar, para que se calmen las aguas con su media naranja, no tiene más remedio que zonificar las ventas y repartirla entre los dos, el Norte para Liliana y el Sur para Beto. Y es precisamente esa guerra, ese enfrentamiento despiadado por superarse entre ellos en sus números de venta, lo que lleva a la empresa a un crecimiento desmesurado que los obliga a contratar más personal.

Oscar no duda y generosamente ofrece la oportunidad a varios de los viejos miembros de la pandilla, todos de su misma edad, compañeros de correrías infantiles y de escuela primaria.

2013, Mayo 14,

12.00 hs.

Ana sonríe recordando la generosidad de su amigo, sonrisa que se le borra de la cara cuando descubre a Oscar cruzando la puerta del bar, se sienta a su lado y la mira intensamente.

¿A qué conclusión llegaste? -Pregunta Oscar abatido.

Supongo que la misma que tú, pero no comprendo el alcance, esto es un entramado muy complicado como para que se le ocurra a él solo. Imagino que tú sabrás más.

Saber, no sé mucho más, pero temo que pronto nos vamos a enterar.

Comen hablando de los viejos tiempos, mientras Oscar revisa todos los documentos asintiendo con la cabeza y a las dos de la tarde se reúnen con el presidente de la compañía y dos directivos fundadores.

2013, Mayo 14,

14.00 hs.

Si nos han citado de esta manera es que han descubierto el problema y no nos va a gustar lo que vamos a escuchar.

Lamento decirle que está en lo cierto. Le responde un apesadumbrado Oscar.

Por favor explíquenos

Espero recuerde usted, que al instalarse el sistema de gestión, ustedes optaron por una versión que permite la. inclusión, modificación o incluso la eliminación de documentos en fechas concretas, según pida la necesidad, para que cuadre el balance. También permite el acceso a un servidor remoto para el manejo de una contabilidad paralela que se mueve mayormente en efectivo.

Sí, si, por supuesto, nos sorprendió en un principio que algo así se pudiera ofrecer, ya que es claramente ilegal, pero reconozco que nos ha sido de gran utilidad.

Perfecto, estas acciones sólo son posibles con una clave especial que solo poseen el contador general y el presidente de la compañía.

Es correcto.

En ese momento, Segundo le alcanza una carpeta con comprobantesy refiriéndose a ellos comienza a explicar:

Esa clave ha sido utilizada para intercalar en el servidor remoto, estas compras ficticias de cosechas en el momento que estaban con el precio más alto, para luego incorporar los comprobantes de venta a los exportadores en el momento de precio más bajo, asegurando siempre una mínima ganancia a vuestra compañía para no llamar la atención. Esa ganancia por supuesto, es siempre inferior a lo que rinde ese dinero invertido correctamente en el mercado. Y esa es la diferencia que le queda a favor del que hizo la maniobra utilizando vuestro dinero. Ya que al tratarse de operaciones en efectivo el dinero no se puede rastrear, hemos chequeado esos comprobantes, tanto de venta como de compra, con vuestros clientes y proveedores de más confianza y niegan tener conocimiento de ello, aunque tratándose de este tipo de operaciones no sería raro que no lo quieran reconocer a un extraño por mas que diga representarlos. Creo conveniente que hablen ustedes con ellos, aunque según los registros del programa, no hay duda de la estafa. Como podrán ver, todos estos documentos han sido intercalados con la clave de vuestro contador general, así como los comprobantes de entrada y salida de esa mercadería que nunca pasó por vuestros depósitos.

Algo parecido sucede con las inversiones. Minutos después de que ustedes deciden una compra de acciones y antes de que la concreten, alguien se les adelanta y lo mismo sucede cuando deciden vender. Pueden observar el detalle, verán que las empresas inversoras son siempre las mismas.

¿Descubrió cómo se filtra esa información?

Estoy casi seguro de que tienen un topo adentro. No sé si será el mismo contador que carga las facturas falsas u otro, porque también encontré que en esas fechas les hackearon el cortafuegos y tuvieron acceso a vuestro sistema desde afuera. Por esa razón eliminé el programa que tenían instalado y lo reemplacé por uno de nuestra empresa con las últimas medidas de seguridad que les dejo sin cargo

¿Algo más que podamos hacer?

Las decisiones de vuestra empresa no me competen, por nuestra parte todo ha quedado actualizado y la clave de acceso cambiada. Les alcanzaremos los honorarios a la brevedad.

Luego de entregar la nueva clave al presidente de la acopiadora, Ana y Oscar se despiden y se reúnen nuevamente en el bar cercano al hotel donde ella plantea sus dudas.

2013, Mayo 14,

18.00 hs.

¿Fue realmente un trabajo interno?

A medias. Es cierta la participación del contador, pero no va a ser tan estúpido de poner la clave maestra sabiendo todos que es el único que la tiene además de la dirección. Entraron por la puerta trasera que solo utilizamos nosotros para las reparaciones y actualizaciones.

¿Fue Alberto, no es así?

Sí, ya lo habrás comprobado en nuestros registros de viaje, pero imagino que supondrás como yo, que él no puede ser el cerebro detrás de todo esto.

¿Y sabiéndolo lo encubres? No es propio de ti.

No lo hago solo por él, si esto se sabe nos hundimos todos, además esa sola coincidencia no es prueba de nada.

¿Y si habla el contador cuando lo acusen? ¿Y si lo cuenta todo cuando se vea perdido?

No lo hará, porque no lo acusarán. Llegarán a un acuerdo. La empresa no está lo suficientemente limpia como para pelearse con el contador.

¿Entonces cómo seguimos?

Ahora necesitamos más información, pruebas que lamentablemente, creo que encontraremos en los clientes que nos faltan visitar, sospecho que esto es mucho más grande de lo que pensamos. Por eso te necesito a mi lado, eres la única en que puedo confiar aunque no me lo merezca.

¿Por qué dices eso? Eres mi mejor amigo, que hayas ofrecido algo ilegal no va a cambiar lo que siento por tú. Siempre me has sido leal.

A Oscar le duelen esas palabras, él no ha sido leal, ni a ella ni a Alberto, por eso debe tratar de salvarlos, aunque mucho se teme que no va a ser posible

La pandilla años atrás

Vivían todos sobre la misma calle en grandes casonas antiguas. Casonas que albergaban hasta tres generaciones de la misma familia.

Alberto vivía en un departamento ubicado sobre la tienda que regenteaba su padre, ubicado en el cruce de esa calle y la segunda avenida. Departamento de techos altos y gruesas paredes, como los de antes, fresco en verano y cálido en invierno.

Con una cocina grande que oficiaba de comedor y sala de estar, dos dormitorios grandes y uno más pequeño donde su madre daba clases de piano. Completaba la propiedad una gran terraza muy soleada repleta de macetas donde se encontraba el baño.

En el piso de abajo funcionaba el negocio. Un local poblado de conjuntos de pantalón y camisa azules y marrones de gruesa tela, monos de trabajo, delantales, botas, guantes y múltiples accesorios para el trabajo, donde se proveían casi todos los trabajadores de la zona.

La tienda era atendida por Álvaro, el padre de Alberto. Un ahora jovial gordo, al igual que su abuelo Don Tomás, el fundador del negocio. De cara colorada y risa fácil, mantenía el mismo sistema de pago que su padre, una firma en una libretita, que era todo lo que se necesitaba para acceder al tan necesario crédito.

Alberto, que era rubio como su padre, heredó de él también su altura y la delgadez de los años jóvenes. Su madre pretendía infructuosamente que heredara sus dones y se convirtiera en pianista, pero él, desde pequeño, y mientras ayudaba en la trastienda ordenando los stocks y despachando pedidos, soñaba con ser un gran científico de la cada vez más influyente informática.

Al finalizar los estudios secundarios, se dedicó en exclusiva a ayudar a su padre mientras cursaba la carrera en el turno noche.

Así fue como, con su vocación definida, frustró los sueños de su madre, una conocida profesora de piano, de hacerlo un concertista y se volcó a la carrera de informática.

En una calle cortada, que finaliza frente a la casa de Alberto y a los fondos de la peluquería donde se atendían semanalmente las coquetas mujeres de la zona para retocar su permanente, vivía Mirta la mejor amiga de Alberto e hija de Norma, la voluptuosa y tetona peluquera de las damas del barrio y fuente de divulgación de las más jugosas novedades de la barriada. Musa de los onanistas sueños de los amigos de Alberto, era la esposa de Jorge un conductor de bus urbano.

Amigos desde pequeños y compañeros de banco desde siempre, fue a partir del violento crecimiento mamario de Mirta y su interés en que Alberto le enseñe a tocar el piano, que comenzó el enamoramiento del joven muchacho y terminaran noviando.

No tardó Mirta en descubrir que una sutil provocación a su novio como insinuar carne sin mostrar demasiado, le hacía innecesario pedir para obtener sus favores. Un par de botones mal abrochados, suplían con creces un par de corcheas mal embocadas sobre el teclado.

Sin ella proponérselo, en ese pequeño taller musical y en las largas tardes ayudando en el negocio, no solo conquistó a su profesor sino que también encontró la vocación que la convertirían en una gran vendedora.

Abandonó los estudios al terminar la formación secundaria y a la edad de veintidós años logró la primera gran venta de su vida, casarse con Alberto sin haberle permitido catar sus profundas intimidades, más allá de los intensos magreos que dejaban a su novio al borde del colapso.

Cuando Mirta convenció a Alberto de casarse con ella, Oscar y Ana ya estaban distanciados, su relación con Liliana iba viento en popa y el sexo que mantenían le tenía sorbido los sesos. Para colmo, al poco tiempo Ana empezó a noviar con Beto, con el que él casi no se dirigía la palabra.

Antes de conocer a Ana, el líder indiscutido de la pandilla era Beto, cosa que a Oscar y a ella traía sin cuidado, mientras mantuviera las formas y respetara que no le festejen sus chorradas. Aunque eso hizo que nunca tengan un gran apego con el resto de los compinches, ya sea porque sus amigos mantenían la distancia para no molestar a su líder, o porque a ellos no les importaba demasiado.

Hoy piensa que también hubo un poco de soberbia de su parte. Teme que, en esos años, los veía de alguna forma…como inferiores a él.

Sabía de buena fuente que salvo Liliana, su enemiga acérrima, casi todas las mujeres del grupo habían caído frente a su encanto antes de formar pareja definitiva, y aunque parezca extraño, sus novios de entonces nunca acusaron recibo o directamente miraron para otro lado

Ser hijo de un militar, su porte y su dinero lo convertían en alguien asediado por las mujeres, sobre todo si se tenía en cuenta lo que se rumoreaba que calzaba entre las piernas.

También supo, que cuando alcanzó la mayoría de edad, y hasta que empezó a salir con Ana, muchas mujeres mayores que él lo pasaban a buscar con autos imponentes por su casa, para orgullo de su padre y resignación de su madre que veía repetir su triste historia al lado del genocida.

Muchas veces se pregunta por qué no lo habló con Ana. Hoy comprende con pena que la respuesta era muy sencilla, no lo hizo por un simple código machista que encumbra a tipos como él y los hace ver como superhombres. Por lo menos así lo ve hoy a la luz de los hechos.

Al ser la primera pareja en formalizar su relación, la noticia de la futura boda corrió como reguero de pólvora entre los amigos y de ahí a preparar los festejos y las despedidas de solteros de los novios, hubo un solo paso.

Las despedidas coincidieron con las vacaciones que Ana pasó con sus padres en Brasil.

La fiesta de los varones se programó en una cantina de la ribera, con el expreso pedido de la madre de Alberto hacia su persona, de evitar desbordes con las bebidas y cuidar a su hijo de agresiones violentas como las que se estilaban en esa época.

La despedida de las mujeres se organizó para el mismo día en el taller de Juan, el padre de Liliana, gentilmente cedido y preparado adecuadamente para la ocasión por él.

Llegó el día y mientras en la cantina se desplegaban todas las burradas amistosas de estilo, con bebida abundante, bromas picantes, regalos vergonzosos y alusiones permanentes a la imposibilidad de Alberto de atender semejante hembra, las damas festejaban a la novia con un baile femenino de disfraces, donde imagina que las burradas irían por caminos similares.

A las dos de la mañana, Alberto recibió una llamada en el Nokia que su padre le regaló por el compromiso y disculpándose con los demás, salió pitando de la reunión. Dos minutos más tarde sonó el suyo y tal como lo tenía programado, también salió disparado. El resto estaba tan borracho que ni se enteró.

En esos años, su situación económica todavía no le permitía ser el propietario de un vehículo propio ni gastar en un taxi, todo iba para al desarrollo del programa, razón por la cual debió trasladarse en autobús hacia donde era requerido, lo que le llevó casi una hora.

Al llegar a su destino, que no era otro que el taller de Juan, entendió la razón de elegir ese extraño lugar para la fiesta. Las luces estroboscópicas y la música estridente que se filtraba por las celosías del cerrado portón, eran capaces de aturdir a una junta de jubilados sordos. En cambio, en ese barrio industrial, a nadie le molestaba.

Con una sonrisa, tomó su móvil y llamó a Liliana, que era la que lo había llamado. Apareció por una puerta lateral por la que se accedía a las escaleras que llevaban a las oficinas del taller, se colgó de su cuello y casi le saca los dientes con su morreo.

Algo bebida, vestida con una infartante mini tableada roja, un top blanco de tirantes, tacones de infarto y sin llevar aparentemente corpiño para la ocasión, estaba para comérsela.

Después del morreo cachondo subieron al entrepiso. Se trataba de una construcción destinada a oficinas adosada a la pared lateral, que tenía unos tres metros de ancho y que ocupando todo el largo del taller, estaba totalmente balconeada y equipada con grandes ventanales orientados hacia la planta baja.

Además de los muebles de trabajo normales, contaba con un gran sillón de tres cuerpos formando un tresillo con dos sillones de distinto estilo, algunas sillas sueltas y un baño individual con ducha ubicado sobre la pared del fondo.

Liliana había ubicado los sillones individuales frente al ventanal y lo invitaba a presenciar el espectáculo con una sonrisa maliciosa.

La planta de abajo, perfectamente limpia y acondicionada, con un potente equipo de música, bombas de humo y luces de discoteca, lucía en el centro de la escena, un sillón de relax decorado como un trono y frente a él, una fornida silla de metal de respaldo alto.

A las tres de la mañana en punto, la música estridente calló y en su lugar apareció un sonido de tambores de ceremonia. A continuación, hizo su ingreso un cortejo de mujeres semidesnudas disfrazadas de supuestas esclavas egipcias. El cortejo era encabezado por Marta, la novia de Nacho e íntima amiga de la agasajada, seguida de las empleadas de la peluquería de su madre. Remataba el conjunto la veterana y exuberante Juana, la puta del barrio, hija de Julia, de quien heredó el oficio.

Sobre sus hombros portaban una soga con la cual arrastraban del cuello a Alberto, semiborracho de su fiesta y disfrazado de esclavo. El sorprendido novio estaba vestido solo con una cofia y un pañuelo anudado a su cintura a modo de taparrabo. Accesorio que lucía extrañamente elevado sobre su pubis ante el morboso espectáculo que observaba con los ojos abiertos como platos.

Lo ubicaron de espaldas a la silla de metal, le desataron la soga del cuello, se pusieron en semicírculo tras él y se dispusieron a esperar. Minutos después sonaron otra vez los tambores e hicieron su ingreso otras dos esclavas portando largos bastones.

Se detuvieron al lado del trono y los golpearon contra el piso anunciando la aparición de Mirta, que disfrazada de faraona, solo con largos pareos transparentes sobre su desnudo cuerpo, lucía espectacular.

La novia se detuvo frente a su trono de cara al esclavo y simulando una expresión de odio por el prisionero, levantó un brazo y dio inicio a una estridente y luminosa representación de su enojo en forma de tormenta eléctrica, -rayos incluidos., provenientes del proyector.

Luego comenzó a deslizarse lentamente rumbo a su víctima. En su camino, se iba desprendiendo uno a uno de los pareos que la vestían, los cuales iba pasando a Marta para que vaya atando al esclavo a la fuerte silla.

La escena era tan atrapante, que Liliana y Oscar no podían dejar de mirar. Ni que decir de Alberto, que observaba la incipiente y provocativa desnudez de su no catada novia con una erección de campeonato.

Cuando se desprendió del último pañuelo, con el que taparon los ojos de Alberto, solo quedó vestida con una escueta telita sobre su vientre, que dejaba medio culo y toda su depilada entrepierna a la vista.

Comenzó a girar alrededor de su novio frotándole los empitonados pezones por el cuerpo y rozándolo con las uñas sobre el pecho, susurrando a la supuesta víctima, lo mal que se había portado y el castigo cachondo que le esperaba.

A su señal la tormenta cesó, sus dos esclavas personales salieron de escena y ante una nueva melopea de tambores, reingresaron acompañando a otro hombre totalmente maquillado de negro y vestido igual que Alberto pero con cofia de rey.

Rey que no era otro que Beto, que luciendo una sonrisa maliciosa, abultaba el taparrabo de manera intimidante. Lo sentaron en el sillón grande y empezó la verdadera fiesta.

Mirta se ubicó de rodillas entre sus piernas y Juana en la misma posición entre las piernas de Alberto, mientras Marta, semidesnuda y con las tetas al aire, ubicada sobre un costado de Alberto y mordiéndole el lóbulo de la oreja rozándolo con los pezones, le empezó a murmurar.

¿Vas a estar a la altura? ¿Sabrás satisfacer a tu novia? ¿Serás capaz de dejar tu egoísmo de lado hasta que ella quede satisfecha?

Alberto, sin ver nada, cabeceaba asintiendo como si tuviera un ataque.

Ante el asentimiento de la víctima, Juana y Mirta, en sintonía, levantaron los taparrabos, se apoderaron de la erección de sus víctimas y comenzaron una lenta masturbación.

¿Te gusta lo que te hace tu novia? ¿Vas a aguantar si te hace una chupadita?

Después de la aceptación incondicional del novio ante la novedad de su vida, Juana se tragó toda su más que normal polla simulando ser su novia, mientras Mirta solo podía dar cuenta del inflamado glande de Beto.

Observar el cuello tensado del novio aguantando el envite acojonaba. Al volver a la masturbación, Marta volvió a susurrar en su oído, mientras Liliana y él encandilados, frotaban sus sexos expuestos totalmente atrapados en la escena que se representaba ante nuestros ojos.

¿Sabes lo que está haciendo ahora tu futura mujer? Se está masturbando mientras te pajea, ¿La oyes? ¿Serás capaz de esperar su satisfacción personal antes de alcanzar la tuya? ¿Podrás tolerar sus gemidos sin correrte? ¿Le demostrarás que serás un buen esposo?

Ante el espástico asentimiento del incauto, Mirta se subió sobre la grupa de Beto y alineando al monstruo con su hambriento coño, se lo tragó despacio sin mayor dificultad. Puso en marcha sus caderas y cubierta por el sonido de los tambores, comenzó una cópula desesperada entre gritos y gemidos que acojonaban.

Le ofrecía sus tetas para que se las mordiera, se aferraba a su cuello con desesperación, le comía la boca, para finalmente explotar en un terrible orgasmo soldada al cuerpo del impasible patán.

En sintonía, Alberto, creyendo que era su novia quien lo pajeaba, al oír el estallido de su novia, eyaculó de tal manera que tiñó de blanco a la asombrada veterana.

El gran error fue pensar que el experimentado Beto se conformaría con eso. Se desató con facilidad levantando a Mirta de las corvas sin desenfundar su dura tranca, reclinó el sillón de relax, apoyó suavemente a la novia de frente a él y subiendo los talones de la desfallecida muchacha a sus hombros, la empezó a follar a una velocidad endemoniada.

La veloz reacción de Marta, elevando la música a niveles de sordera, evitó que el exhausto novio escuchara los gritos y aullidos de su profanada futura mujer.

Para cuando Beto explotó en un estallido brutal sobre la desvanecida novia, Liliana hacía rato, que cachonda perdida, saltaba sobre la polla de Oscar sin perder detalle de la escena.

Cuando Beto se retiró satisfecho por un lateral, Oscar y su pareja, ya ajenos a todo, estaban follando sobre el gran sillón como descosidos.

El alcohol, el morboso espectáculo y su juventud inexperta, no le permitieron apreciar la profunda humillación a que había sido sometido el incauto novio y el mensaje que todo esto les enviaba.

Se despertaron cerca del mediodía, se hicieron unos mimos y pasaron al pequeño baño a darse una ducha juntos. Más allá de provocaciones, toqueteos y enjabonadas cachondas, no fueron más allá. Estaban saciados de sexo.

Después de vestirse, acomodaron los sillones, abrieron los ventanales que daban al taller para ventilar y bajaron a la planta donde se desarrolló la fiesta para dejar todo en orden.

No hizo falta gran cosa, las chicas habían dejado todo tan impecable, que nadie imaginaría que en ese lugar se hubieran desarrollado las escenas tan impactantes que presenciaron la última noche. Tiempo después se enteraron que todo había sido organizado por un amigo de Juan, especialista en espectáculos eróticos,

Por alguna extraña razón o quizás avergonzado de haberse excitado tanto con un acto que encerraba una profunda humillación, en esa fiesta no volvió pensar hasta que fue demasiado tarde.

La ceremonia religiosa se celebró en una pequeña capilla cercana y la fiesta en el club del barrio. Una fiesta familiar y divertida con todos los condimentos de una reunión de buenos vecinos.

Después de una semana de luna de miel en la costa, la pareja se instaló en un dormitorio con baño sobre la terraza de la casa de Alberto y se integraron los dos al negocio familiar, mientras Alberto continuaba sus estudios en horario nocturno. Él en su viejo puesto del depósito y despacho y ella como promotora de ventas. Tarea para la que parecía haber nacido.

De la noche a la mañana, el lugar se convirtió en el lugar de compra obligado para todos los obreros de la zona, jóvenes y no tan jóvenes dispuestos a descubrir si la atractiva mujer tenía la camisa bien abotonada.

Al terminar Alberto sus estudios, Mirta y Álvaro quedaron a cargo del negocio familiar, mientras él aceptó la oferta de Oscar, que quizás en forma inconsciente, como forma de compensar su deslealtad no dudó en incorporarlo a la empresa como técnico de soporte de ventas.

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