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Las vueltas de la vida (13)

La confianza se había roto hace tiempo, pero la verdad solo llegó cuando decidió seguirla. Ahora, frente a la mesa de la cena familiar, Ernesto tiene la llave para destruirlo todo: su matrimonio, su empresa y la reputación de su suegro. ¿Está listo para quemar sus puentes y empezar de cero?

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Las vueltas de la vida

Tercera parte. Capítulo 2

Antes de tomar la decisión que venía madurando en mí, quise buscar un argumento verdadero antes de hablar con Esmeralda, haría lo que nunca había querido o podido hacer, saber, ya no si me era infiel, eso lo daba por hecho, necesitaba averiguar con quien o quienes.

Unos días después, arreglé en la empresa unas reuniones que no existirían, para tener el día libre, aunque me hiciera sentir un boludo, seguiría a Esmeralda, para ver que hacía en sus días mientras yo estaba trabajando.

Como todas las mañanas salí antes que Candela y qué Esmeralda, di una vuelta manzana con el auto y me quedé esperando a que saliera mi esposa.

La primera en irse fue Candela, cuando su amiga la pasó a buscar para ir a la Facultad.

Casi a las nueve de la mañana la vi salir a Esmeralda con su auto y la seguí hasta que se detuvo frente a una gran casa del barrio norte de la ciudad.

No sabía quién vivía allí, pero me quedé esperando casi hasta el mediodía, cuando la vi salir cambiada, ya no llevaba la ropa del gimnasio con la que había entrado a la casa, ahora iba bien arreglada, con un pantalón gris, una camisa blanca y zapatos de taco alto.

Detrás de ella luego de cerrar la puerta de la casa, un hombre la tomó de la cintura y caminaron conversando y riendo unos metros hasta el auto de ese hombre, que reconocí inmediatamente al verlo, era Samuel Fégerman, dueño de una empresa con la que alguna vez había trabajado en una obra importante.

Subieron al auto y los seguí hasta un restaurante, esperé casi dos horas a que salieran, y volvieran a subir al auto, los seguí hasta un banco y luego hasta la facultad de Candela donde mi hija se subió a ese auto para ir luego de vuelta a la casa de Samuel.

En ese momento decidí dejar de seguirlos, hice unas cuadras y se me ocurrió un encuentro “casual” con Víctor Arriaga, amigo de Fégerman y dueño de otra empresa.

La empresa de mi suegro y las de esos dos hombres, habíamos hecho una obra importante hacía un par de años.

Fui hasta la empresa de Víctor, si seguía haciendo el mismo horario que antes, a las cinco de la tarde lo vería salir y “casualmente” nos encontraríamos.

A las cinco y diez de la tarde lo vi salir y caminar con su maletín hacia su auto, arranqué y pasé junto a él tocándole bocina, estacioné unos metros más adelante y me bajé.

-Hola Víctor, qué casualidad!

-Ernesto! ¿Cómo andás?

-Pasaba por acá y justo te vi, ¿cómo andás?, tanto tiempo sin verte

-Bien querido ¿vos?

-Todo bien por suerte! ¿Tenés tiempo nos tomamos un café y conversamos un rato?

-Dale

Caminamos unos metros hasta la esquina de su empresa, donde había un bar, entramos pedimos café para los dos y nos sentamos en una mesa.

-¿Cómo va esa empresa Víctor?

-Por suerte muy bien Ernesto, la verdad no me puedo quejar!

-Qué bueno cuánto me alegro.

-¿La tuya cómo va?

-Bien también por suerte! Un trabajo tras otro!

Nos trajeron el café, hablamos un momento más de algunos trabajos de nuestras empresas, y decidí preguntarle por Samuel.

-Decime Víctor, ¿Qué es de la vida de Samuel? ¿Cómo anda su empresa?

-Bien también! Terminamos una obra que hicimos juntos hace unos tres meses!

-Qué bueno! ¿Y sigue tan galán como siempre?

-Callate! Al galán de América lo engancharon!

-No me digas!

-Así como lo escuchás! Hace tiempo anda de novio!

-No te creo Víctor! ¿Samuel de novio?

-Así es! Como será lo enganchado que está que hasta se fue con ella a Europa como un mes!

-Jodeme!

-Posta! Pero no viven juntos! Cada uno en su casa, la mujer tiene dos hijos grandes! Pero lo tiene bien enganchado, aunque lo he visto con alguna que otra mujer también, viste como es…!

-Y… el tipo no pierde sus mañas…

Luego cambiamos de tema, hasta que media hora después, le dije que ya me tenía que ir, pero que nos podríamos juntar alguna vez los tres.

Nos despedimos frente a su auto y caminé hasta el mío, pensando en que ya tenía la información suficiente, ¿para qué más?

Pasaron un par de días y esa mañana del viernes, antes de irme para la empresa, Esmeralda me dijo que esa noche vendrían sus padres a cenar, y le dije que estaba perfecto.

Durante el día lo estuve pensando, sin dudas era un buen momento, hablaría con mi esposa esa tarde, y luego se lo comunicaría a mi suegro en la noche, luego de la cena.

Salí temprano de la empresa y llegué a casa a eso de las cuatro y media.

Esmeralda, cosa rara, estaba en casa haciendo algo en la cocina, nos saludamos fríamente como desde hace tiempo y fui a nuestra habitación a cambiarme.

Volví a la cocina y le dije:

-Esmeralda, ¿podemos hablar?

Puso cara de no entender el por qué, y me dijo:

-Sí, claro! ¿Pasa algo?

Seguramente no se imaginaba de qué se trataba

Ella seguía frente a la mesada de la cocina y yo me quedé parado, apoyado en el marco de la puerta de la cocina.

-Sin dudas lo tendríamos que haber hablado hace tiempo… pero creo que ya no tiene sentido…

-¿Qué cosa Ernesto?

-Lo nuestro Esmeralda… ¿Qué sentido tiene que sigamos juntos? Los chicos ya son grandes, y nosotros…, bueno creo que sos consciente de que hace tiempo no hay un “nosotros”, por eso creo que lo mejor es divorciarnos…

-¿Qué decís? ¿Y quién se va a hacer cargo de la empresa?

Quizás hubiera esperado otra reacción, pero no…, que lo primero que preguntara fuera eso, dejaba las cosas claras.

-Fijate Esmeralda… lo primero que preguntaste fue quien se hará cargo de la empresa, hubiera esperado que, aunque sea por respeto a lo que alguna vez tuvimos, hubieras preguntado por qué, o quizás darme la razón… no sé… pero tu primera reacción fue esa, más claro… echale agua!

-Tenés razón… ¿Y por qué te querés divorciar?

-Siento que es lo mejor… seguir cada uno su camino… ¿Qué sentido tiene?

-¿Estás con otra mujer?

-Si lo que me querés preguntar es si tengo una relación con otra mujer, te digo que no… pero sí que he estado este tiempo con otras mujeres, desde que ya no me has vuelto a tocar…

-¿Encima que me metés los cuernos, me echás la culpa a mí de que lo nuestro no existe más?

-Ya somos grandes Esmeralda como para estar haciéndonos los boludos! Es más… creo que hasta te haría un favor… así podés blanquear lo de Fégerman!

-¿Qué decís?

-Eso Esmeralda, ¿o me vas a negar que salís con él desde hace tiempo?

-No sé de qué hablás!

-No es necesario que lo aceptes ni que lo niegues, de todas formas es lo mismo… sé que a Europa te fuiste con él!

Y la cara se le puso blanca, la había descubierto!

-Pero tranquila que no te estoy reclamando nada! Vos tomaste tus decisiones y yo estoy tomando las mías!

-¿Y que pensás hacer? Mi papá no va a querer que sigas en la empresa si te divorcias de mí!

-La cena de esta noche viene al pelo! Hoy mismo le voy a informar a tus padres que nos vamos a divorciar y que voy a dejar la conducción de la empresa!

-No podés hacer eso! La empresa de papá te dio de comer todos estos años!

-Mirá Esmeralda… Tu familia vive diez veces mejor de lo que vivía cuando la dirigía tu viejo, lo sabés muy bien, tanto como lo sabe tu viejo, casa nueva, auto importado, viajes, empleada doméstica… ¿Tenía todo eso antes? Claramente no! Cuando me hice cargo tenía un galpón con cuatro empleados y ahora tiene dos galpones, oficinas y veintitrés empleados! De todas formas, la empresa seguirá a tu nombre y siendo de tu padre, que seguramente encontrará a alguien más para que la maneje!

-A papá no le va a gustar esto!

-En verdad lo lamento por él si es así! Pero la decisión ya la he tomado!

Se dio media vuelta y salió de la cocina con cara de cabreo, seguramente imaginando en lo que mi decisión le podría afectar.

Supuse que si lo que estaba haciendo Esmeralda era preparar la cena, habría que comprar comida hecha para esa noche, por lo que tomé las llaves del auto y salí a comprar algo.

Regresé cerca de las ocho de la noche, hice algo de tiempo por ahí, tampoco es que tuviera muchas ganas de volver a casa, pero quería hacerlo, tenía que hacerlo para terminar con todo aquello y comenzar una nueva vida.

Esmeralda apareció por la cocina ya cambiada, y veinte minutos después, llegaron mis suegros.

Conversamos cosas sin importancia mientras preparábamos la mesa.

En eso llegó Candela, nos saludó a todos y un momento después, nos sentamos a cenar.

Que decir, la cena fue bastante tensa, a diferencia de otras veces, yo hablé poco, y Esmeralda estaba calladad y sin dudas nerviosa, la que monopolizó la conversación fue Candela, contándoles a mis próximos ex suegros del cortometraje que estaban filmando, un trabajo para la facultad.

Terminamos de comer, Esmeralda juntó los platos y volvió a la mesa, el momento había llegado, entonces decidí tomar la palabra.

-Bueno… aprovechando que estamos todos, les quería contar que Esmeralda y yo nos vamos a divorciar!

Sin dudas mi frase cayó como balde de agua fría, los miré a uno por uno para ver sus reacciones, la de Candela y de mi suegra fueron de sorpresa, Esmeralda miraba hacia abajo y mi suegro me clavó la vista, y yo por supuesto le mantuve la mirada, suponiendo que sería el primero en decir algo, seguramente algo sobre la empresa, pero la que habló primero fue mi suegra.

-¿Cómo que se van a divorciar?

-Así es! No tiene sentido que sigamos juntos!

-¿Pero qué pasó?

Volvió a preguntar mi suegra. Esmeralda no decía nada.

-En realidad viene pasando desde hace tiempo, ya hace mucho que dejamos de ser un matrimonio como tal!

-¿Estás seguro de esto Ernesto?

Dijo mi suegro

-Sí Rogelio! Y aprovecho para decirte que también voy a renunciar a la dirección de la empresa!

Mi suegra volvió a preguntar.

-¿Hay otra mujer?

-No Irma, no la hay como tal, aunque en este tiempo he estado con otras mujeres!

Y ahora mi suegro volvió a mirarme y a preguntarme.

-¿Le fuiste infiel a Esmeralda?

Ya nada me importaba, lo que pudiera decir o pensar de mí.

-Se podría decir que sí!

-¿Cómo pudiste? Sos un desagradecido!

La cosa se iba caldeando, mi intención no era entrar en discusión con nadie, tan solo ponerlos al tanto de mi decisión y continuar con mi vida.

-Mirá Rogelio! No es mi intención discutir con vos, ni con Irma, ni con Esmeralda o Candela! Somos todos adultos y creo que responsables de nuestras decisiones y actitudes! Tan solo se los quería decir a la cara para que estuvieran al tanto!

-Sos un hijo de puta!

Dijo mi suegra, y mi temperatura se comenzaba a elevar!

-Por favor Irma, no me insultes, siempre te respeté y hoy no va a ser diferente!

-Vos no me digas como tengo que hablar! Le metés los cuernos a mi hija, ¿qué querés, qué te felicite?

-No, tan solo que aceptes las cosas como son!

-¿Y cómo son?

Dijo mi suegro ya con cara de mala leche y elevando el tono de voz.

-Fácil Rogelio! Mi matrimonio con tu hija se terminó y dejo de ser el responsable de la empresa!

-Mirá vos que pedazo de turro resultaste!

-Rogelio, te digo lo mismo que a Irma, no es mi intención entrar en discusión! Por lo que te pido que moderes tus palabras!

-Moderar las pelotas!

Y ya la paciencia se me colmó!

-Escuchame Rogelio, mi intención es hacerlo por las buenas, pero si la querés complicar, tengo para un buen rato!

-No me vengas a amenazar pelotudo!

-No te amenazo! Pero no me hagas hablar Rogelio, te dije que solo se los quería comunicar!

-¿Qué tenés para decir? Desagradecido de mierda! Cuando llegaste a esta familia no eras nada! Y ahora tampoco! Sin la empresa no sos nada! No solo le metés los cuernos a mi hija, sino que te creés un gran empresario!

-Mirá Rogelio, cuando me hice cargo, tu empresa era un galpón de mierda con maquinas del año del pedo y cuatro empleados! Y ahora vivís en una casa de doscientos metros cuadrados con pileta, empleada doméstica, manejás un auto alemán y viajas a donde se te canta, ¿eso lo hiciste vos?

Mi suegro no pudo rebatir eso, entonces seguí:

-Y también creo que te tendrías que preguntar por qué tu hija está tan calladita!

En ese momento mi suegro la miró, Esmeralda levantó la vista y la volvió a bajar, cuando mi suegra le preguntó.

-¿Vos que tenés que decir a todo esto Esme?

-Nada mamá! Yo no decidí divorciarme! Es idea de él!

Ya mi paciencia se había ido a la mierda, entonces la miré y le dije.

-¿Lo decís vos o lo digo yo Esmeralda?

Ni levantó la vista, se quedó callada y fue mi suegro quien preguntó.

-¿Qué tiene que decir?

-Preferiría que lo cuente ella, pero si no va a decir nada, se los tendré que decir yo, no me gusta esto de ser el malo de la película, al que todos van a insultar y echarle las culpas!

Y levantando algo el tono de mi voz, dije:

-Esmeralda, ¿lo contás vos?

Ante su silencio, Rogelio dijo:

-Hablá de una vez por todas! ¿Qué tiene que decir?

La volví a mirar y ante su silencio dije:

-Si alguien ha sido infiel en primer término, ese no fui yo!

En ese momento Esmeralda me miró, quizás intentando que me callara, pero ya me habían hecho calentar y no me callé.

-Contales Esmeralda que hace tiempo andás con Fégerman! Que incluso mientras yo trabajaba creyendo que te ibas a Europa con tus amigas, te fuiste con él! O quizás también lo pueda contar Candela! Que también está al tanto y nunca dijo nada! ¿O acaso ustedes también lo sabían?

-¿Eso es verdad Esmeralda?

Le dijo Rogelio mirándola con cara de odio, pero Esmeralda no respondió.

-Contestame carajo! ¿Es verdad que andás con Fégerman? ¿Qué te fuiste a Europa con él?

Y de su boca salió un tímido, casi inaudible,

-Sí!

Se hizo un silencio, la mirada de mi suegro quedó clavada en su hija, yo miré a Candela que tenía una cara de miedo junto con sorpresa y le dije.

-Bueno… ya cumplí con mi parte! Ya están al tanto!

-Sos un hijo de puta Ernesto!

Me gritó mi suegro y me terminó de hacer calentar, ya nada me importaba.

-No me insultes Rogelio! Que si hablamos de hijo de puta, aquí no soy el único! Vos me sacás varias cabezas!

-Hablá cagón! ¿Qué tenés para decir? Te vas a cagar de hambre sin la empresa pelotudo!

-Vos lo pediste Rogelio… si me cago de hambre es problema mío! ¿sabe Irma que durante tantos meses te estuviste cogiendo a la mujer de González para no echarlo? ¿Y qué le pagabas por sus servicios? Todavía hay empleados que tienen fotos Irma, por si creés que no es verdad!

Y el viejo se puso blanco, Irma le clavó la mirada pero no dijo nada!

-Esto es todo!

Dije poniéndome de pie y yéndome de la mesa, mientras escuchaba a Irma preguntándole al viejo si eso era verdad.

Entré a mi habitación, armé un bolso y mi maleta con la ropa, mis cosas personales y antes de irme, dejé las llaves de la casa y de la empresa sobre la mesa, no sin antes ver a mi suegra llorar puteando a mi suegro y a Candela mirarme con cara de “perdón papá” o al menos eso quise pensar.

-En unos días vendré a buscar el resto de mis cosas!

Y mirando a mi hija, le dije:

-Llamame cuando quieras hablar Cande!

Me subí a mi auto y busqué un hotel para pasar la noche, luego vería como seguir.

Quizás alguien imaginaría que Esmeralda o Candela me llamarían, arrepentidas, pues está equivocado, y eso no hizo más que confirmar que había hecho lo correcto.

Estuve ese fin de semana en un hotel, el lunes temprano pasé por la empresa y llevarme las pocas cosas mías que allí tenía y a despedirme de los empleados, que no salían de su asombro.

Suponía que me encontraría con mi suegro, pero hasta que me fui, a eso de las nueve y media de la mañana, no había llegado.

Iba de camino a la salida, cuando Ismael, uno de los empleados que habían comenzado a trabajar cuando me hice cargo, me alcanzó y me dijo que si seguía en otra empresa o montaba la mía propia, le avisara y se iría a trabajar conmigo, y le dije que aún no lo había decidido, pero si así fuera, lo llamaría.

Esa tarde alquilé una casita, nada importante ni lujosa, para vivir me alcanzaba y sobraba.

Y empecé a pensar que hacer, tenía bastante dinero ahorrado y podría pensar en armar mi propia empresa, pero me tomaría unos días de descanso.

Hablé con mi abogado, el que me asesoraba en cuestiones de la empresa para que me representara en el divorcio, que esperaba fuera sin problemas, quizás me correspondiera algo por mi trabajo en la empresa, pero no reclamaría nada, con desentenderme de todo me bastaba.

Me fui una semana a la costa, con una extraña sensación de paz, como liberado de un peso que arrastraba desde hacía años.

Esos días me sirvieron para pensar en mi futuro y decidí comenzar con mi propia empresa, el dinero que tenía me alcanzaría para arrancar, y si todo iba bien, poco a poco podría ir creciendo.

Alquilé un pequeño galpón con dos oficinas al frente en el primer piso, compré algunas máquinas y llamé a Ismael y le conté que había arrancado con una nueva empresa, y que cuando tuviera el primer trabajo, lo volvería a llamar.

Eso ocurrió casi un mes después, con mis ahorros me podría solventar unos meses sin trabajos, pero necesitaba que mi empresa comenzara a funcionar.

Un par de conocidos con los que había trabajado en la empresa de mi suegro, me llamaron por teléfono y me dijeron que trabajarían conmigo, ya que mi ex suegro se había vuelto a hacer cargo y no querían seguir con él.

Casi seis meses después, mi empresa estaba funcionando mejor de lo que esperaba, no solo Ismael se vino a trabajar conmigo, lo hicieron también dos empleados más, que como supuse, no se bancaron trabajar con mi ex suegro.

El divorcio se resolvió sin problemas, tan solo me quedé con mi auto, era la única petición que le había hecho al abogado respecto de los bienes, ni siquiera me interesó la casa que habíamos comprado y que sin dudas podría haber reclamado mi parte.

Un sábado en la tarde, fui a hacer algunas compras al hipermercado de la cadena francesa que hay en la zona norte de la ciudad, iba por uno de los pasillos con mi carrito cargado, y al llegar a uno de los pasillos centrales, de frente, también con su carrito lleno, venía Miriam, la ex esposa de Domínguez, que al verme, esbozó una sonrisa.

Nos saludamos dejando nuestros carritos a un costado.

-Ernesto! Qué casualidad!

-Hola Miriam! ¿Cómo estás?

-Muy bien, por suerte! ¿Vos?

-Todo bien! En verdad, acostumbrándome a esto de hacer las compras! Durante mucho tiempo no las he hecho!

-¿Y ahora te toca hacerlas?

-Bueno… desde que me divorcié… ya no tengo quien las haga…

-¿Te divorciaste? No sabía!

-Hace unos meses, ya no tenía sentido seguir en un matrimonio que no era tal, de hecho Esmeralda salía hacía tiempo con otro hombre!

-Ay Ernesto! Qué cosa con la gente! Uno vive una vida, y resulta que nada es como uno creía! Al menos así fue en mi caso!

-Yo lo suponía, y durante tiempo pensé que quizás las cosas volverían a ser como antes, pero no fue así, me costó un tiempo, pero pude tomar la decisión, digamos que pateé el tablero, dejé todo atrás y empecé de vuelta!

-¿Y cómo estás en esta nueva vida?

-La verdad que muy conforme, monté mi propia empresa y me va bien por suerte! Aunque aún son trabajos chicos, pero ya crecerá!

-Qué bueno Ernesto!

-¿Y a vos? Cómo va esa vida de divorciada?

-Bueno… costó un poco al principio, más que nada adaptarme a estar sola con las nenas! Por suerte el tema dinero no es problema, pero sé que los ahorros no son eternos, y estoy pensando en abrir una casa de ropa femenina en City Bell, ya he estado viendo proveedores de Buenos Aires, un lindo local en la zona comercial y también una chica para que trabaje conmigo, más que nada para poder tener el tiempo que sea necesario para las nenas!

-Qué bueno! Si necesitas ayuda con algo, no dudes en avisarme! Por las refacciones en el local o lo que sea!

-Gracias Ernesto! Lo voy a tener en cuenta!

Terminamos de hacer nuestras compras, pasamos por la caja y antes de irnos, nos sentamos a tomar una café en la zona comercial del centro.

Si bien nos conocíamos, nunca habíamos tenido una conversación tan extensa ni de tantos temas.

Si casi darme cuenta, se hicieron las ocho de la noche, hora en que me dijo que tenía que ir a buscar a sus hijas a casa de su madre.

Antes de despedirnos, quedamos de acuerdo en volver a vernos, y le volví a ofrecer mi ayuda con su futuro local de ropa.

De camino a casa, me fui pensando en lo pelotudo que había sido Domínguez al dejar de lado a una mujer como ella, no solo es una hermosa mujer, sino que su carácter, su forma de hablar, de sonreír y de pensar, la hacían una mujer fascinante, y locamente se me dio por imaginar que podría pasar algo entre nosotros, quizás tan solo éramos dos conocidos, pero ambos sin compromisos, ¿quién sabe?

La semana siguiente, me mandó un mensaje para preguntarme si podía ir con ella a ver el local que le había gustado, para que le diera mi opinión sobre las remodelaciones que podría hacer allí, y por supuesto la acompañé.

Luego de verlo, conforme con las condiciones del alquiler y las posibilidades de arreglos, nos fuimos a tomar un café a un bar a un par de cuadras.

Sin dudas me sentía atraído por esa hermosa mujer, pero no quería dar un paso en falso, en verdad me gustaría intentar algo con ella, pero no sabía lo que podía sentir ella sobre eso.

Con la excusa de su local, nos encontramos varias veces más, le ayudé con las instalaciones, la compra del mobiliario, el armado del local, incluso la ayudé a ordenar toda la ropa, limpiar todo y preparar la inauguración, que fue a finales de ese noviembre, un brindis con amigos y conocidos, donde conocí a sus hermosas hijas.

En un encuentro, un viernes en la noche para cenar, me contó que su ex esposo, luego de quedar sin trabajo y sin acciones de la empresa de Rafael, comenzó a buscar trabajo para poder vivir, y lo consiguió a través de un amigo que tiene una empresa con sede en Paraguay, le ofreció un trabajo allí, y se mudó a Asunción, ya hacía unos meses.

Desde el divorcio, tan solo había visto una vez a sus hijas, en casa de los padres de ella, ya que Miriam no quería volver a encontrarse con él, y a pesar de que le tendría que pasar una mensualidad por las nenas, a Miriam poco le importaba ese dinero, prefería tenerlo lejos, un tipo así, no era un buen ejemplo para sus hijas, al menos hasta que le demostrara que había cambiado, cosa que yo veía bastante difícil.

Esa noche también hablamos de Carolina y de Martín, yo le conté que lo que había hecho Martín, al jugarse así por Carolina, me había hecho rever muchas cosas de mi vida, y en parte por eso había tomado la decisión de cambiarla.

Miriam me decía que sin dudas se seguían amando y que tenían que volver a estar juntos, y le di la razón.

Hablaba bastante seguido con Carolina, aunque nuca le conté lo que había hecho Martín, sentía que no podía meterme en su relación, estaba seguro que pasado el tiempo, quizás al volver a verse, todo se pudiera solucionar, ambos se lo merecían.

También crucé mensajes con Martín en varias oportunidades, aunque hacía tiempo no nos veíamos en persona.

Nos encontramos un sábado de principios de enero por la noche para cenar, Miriam quería agradecerme todo lo que había hecho por ella y por su nuevo negocio, y esa noche fue muy distinta a los demás encuentros, Miriam estaba hermosa, más arreglada de lo habitual, sin dudas una bellísima mujer que cada vez me gustaba más.

Terminamos de cenar, y mientras tomábamos un café, me dijo que le gustaba mucho mi compañía, que le atraía como hombre y que le gustaría que nos conozcamos mejor.

Que decir… yo estaba en la misma frecuencia y se lo hice saber, salimos del restaurante y de camino al auto nos besamos por primera vez.

No pasó nada esa noche, ni en los siguientes encuentros, pero nuestros contactos eran casi diarios, nos veíamos varias veces por semana, pasaba yo por su negocio, salíamos a cenar o a tomar un café, incluso una noche con sus hijas cenamos en un restaurante de Gonnet.

El trece de abril era mi cumpleaños, llegaba a los cincuenta, y decidí hacer una reunión en casa, con amigos y familiares.

Mentiría si dijera que no tenía ganas de hacer el amor con ella, desde que nos habíamos encontrado esa tarde en el centro comercial, no había vuelto a estar con ninguna chica contratada, quizás sintiendo que algo podía pasar entre nosotros.

Y así fue, cuando le conté de la reunión por mi cumpleaños, con una hermosa sonrisa me dijo que ese día me haría un regalo, luego de la reunión, se quedaría a pasar la noche conmigo, y me sorprendió tanto como me alegró.

Días antes, preparando todo para mi cumpleaños, la comida, la bebida y la lista de invitados, Miriam me dijo que podríamos hacer que Martín y Carolina se encontraran, pero sin que lo supieran, y me pareció una buena idea, aunque no sabíamos cómo podía resultar.

Una semana antes, lo llamé a Martín por teléfono para invitarlo a casa ese sábado, me dijo que allí estaría, y antes de que me lo preguntara, le dije que Carolina no estaría, ya que estaba de viaje, quizás si sabía que ella estaba quno vendría.

Al día siguiente, la llamé a Carolina para invitarla también, pero no le dije nada de Martín, ella no estaba al tanto de mi relación con él, con lo que no sospecharía nada.

Ese sábado Miriam no fue al negocio, dejó a la empleada a cargo y estuvo casi todo el día conmigo, ayudándome a preparar todo, y yo más que pensar en la reunión, pensaba en lo que pasaría después, y eso me tenía muy ansioso, tanto que en un momento de la tarde, entre beso y beso, casi lo terminamos haciendo, pero entre risas, me dijo que tuviera paciencia, tan solo faltaban unas horas.

A eso de las seis y media de la tarde se fue para su casa a cambiarse y regresaría trayendo a Carolina, ya veríamos como resultaba ese plan de juntarlos.

Estaba comenzando una nueva etapa de mi vida, y me tenía completamente ilusionado, la forma en que Miriam me trataba, como se preocupaba por mi y por mis cosas, la relación que poco a poco se había ido profundizando entre nosotros, me hacía sentir tan bien, como hacía mucho tiempo no me sentía.

Sé que ya no soy un chico, llego a los cincuenta, pero estoy ilusionado como un adolescente, con una hermosa mujer tan solo seis años menor, y siento que la vida me ha dado una nueva oportunidad, y por supuesto, no voy a desperdiciarla…

Fin.

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