Karma1
El aire dentro del vehículo se ha vuelto gélido, a pesar del calor de mayo. Ana observa a Oscar y a Beto, sabiendo que cada uno guarda una versión de la verdad que ninguno se atreve a decir. Este viaje no es solo un trayecto geográfico, es el camino de vuelta a los fantasmas que nunca lograron enterrar.
2013, Mayo 13, Lunes
07.00 hs.
Desde la butaca central del asiento trasero del gran todo terreno, Ana contempla embelesada la salida del Sol tras los verdes campos, e imagina su reflejo sobre el mar, distante pocos kilómetros.
Son las siete de la mañana, la ruta paralela a la costa luce despejada y la temperatura exterior debe haber descendido un par de grados por la evaporación del rocío. Sin embargo, el día asoma despejado y muy probablemente sobre mediodía la temperatura será agradable. Mayo se ha presentado cálido y el otoño muestra sus colores en todo su esplendor.
Los campos sembrados están tapizados de hojas doradas, los árboles pelados semejan esculturas y los que son perennes luchan por llamar su atención, ejecutando su sinfonía de verdes, rojos y morados.
A pesar de tanta belleza, de tan exuberante exhibición de abundancia de siembras y ganado, se siente inquieta, el clima dentro del vehículo se ha tornado gélido, a pesar de que la calefacción está a tope. Algo está por suceder y no imagina qué.
Gira levemente la cabeza y observa a Oscar, el conductor, su amigo de toda la vida
¿Qué te pasa viejo amigo, toda una vida juntos, tantas cosas vividas y todavía no confías en mí?
Nacieron el mismo mes del mismo año, vivieron sus primeros tiempos a pocos metros de distancia uno del otro y sus madres eran amigas de toda la vida, al igual que sus padres. Cree saberlo todo sobre él, menos su vida afectiva, un acuerdo tácito entre ellos desde siempre, y sin embargo, ignora el motivo de la llamada intempestiva citándolos a este extraño viaje con urgencia. Por más que le ha preguntado no ha soltado prenda.
Compartieron los mismos amigos y el mismo curso durante la escuela primaria. Solo se separaron al empezar a cursar la secundaria, ya que él, que siempre fue un manitas, eligió la escuela técnica, mientras que ella, optó por el bachillerato comercial, pero ni siquiera eso evitó que pasaran juntos las horas libres conversando, compartiendo éxitos y desventuras. Siempre fueron los distintos, con todo lo que eso implica. Respetuosos de su intimidad, han evitado desde siempre, los temas amorosos.
Los estudios se les daban bien, sin esfuerzo. Amaban la buena música y la literatura, sus padres les tenían absoluta confianza y no se dejaban llevar por la moda del momento.
Tanta complicidad alimentó los sueños de sus madres de que fueran a más y sin embargo nunca cruzaron la barrera, valoraban demasiado su amistad como para ponerla en riesgo por intentarlo.
Lo ve sentado al volante y se sonríe a pesar de verlo con el rostro contraído, es que el gigantón parece estar encogido para entrar en la butaca.
Mira que es grande el tío y pensar que es ese aspecto brutal, de gesto adusto, con el que masculla las sublimes ecuaciones que resuelve su cabeza sin escribir una línea, el que nos permitió transitar todos los estudios secundarios sin ser pasto de acoso de las banditas de abusadores y repetidores que poblaban las aulas en nuestras escuelas. Bastaba presentarme con él del brazo a la primera reunión de cada nuevo curso, para que me etiquetaran de intocable.
Nadie diría que bajo esa capa de aparente violencia contenida se esconde un ser humano honesto, solidario y un amigo incondicional como pocos.
A su lado, sentado en el asiento del acompañante, viaja su antítesis, Beto, el mejor vendedor de la empresa, estrella de Facebook y también vecino de toda la vida.
El rico que habita en cada vecindad, el que lo tuvo todo, el que siempre poseía la mejor bicicleta, la ropa de moda y era amado por todas las mujeres.
Medianamente alto, delgado, nariz aguileña y unos ojos azules en los que se perdían sus conquistas. Dotado, según dicen, de una polla legendaria que era el sueño de las féminas que lo rondaban, jóvenes y no tan jóvenes, con pareja o sin ella.
Pagado de sí mismo y autoritario como pocos a su edad, eligió para sus estudios secundarios el liceo militar. Líder por naturaleza, tenía a toda la barriada bailando al ritmo de sus caprichos, con un solo par de excepciones, Oscar y Ana.
Su porte militar, su capacidad de mando y don de gente lo fueron convirtiendo en un líder por naturaleza. Debido a eso y a que aspiraba a manejar en un futuro la fortuna familiar de su madre, es que a nadie extrañó que decidiera anotarse en empresariales en una de las mejores universidades de la ciudad.
El por qué comparte el viaje, silbando bajito e intentando mostrarse despreocupado a pesar del ambiente reinante, es muy simple, trabajan en la misma empresa y es mi pareja.
Sí, es así, los opuestos irremediablemente se atraen, -reflexiona Ana-, como también sucede con Liliana, la esposa de Oscar, Mi némesis de toda la adolescencia.
Vecina del mismo barrio, compañera de juegos en la infancia, de toda la escuela primaria y también de la secundaria, solo se separaron en la Universidad, donde ella eligió empresariales, igual que Beto, pero en una Universidad pública.
Alta e inteligente, hermosa, voluptuosa como pocas y enemiga declarada de Beto en su lucha por el liderazgo del grupo, jamás toleró dos cosas de Ana, que siempre la superara en las notas y que Oscar, cuyos logros académicos nadie soñaría igualar, la prefiriera a ella para sus confidencias.
Su obsesión por ser la mejor en todo y su necesidad de competir a cualquier precio, la llevaron al iniciar la Universidad, -Al suponer que las notas de Ana se debían a la ayuda de Oscar-, a rondarlo de forma descarada, sin lograr que éste le dispensara la mínima atención. Lo irónico del tema, era que lo que ella tomaba como desprecio era simplemente ignorancia. Sumido en su mundo de números, del cual solo se apartaba en las charlas con su amiga, Oscar apenas tomaba nota del mundo que lo rodeaba.
Y fue ese mundo interior el que lo llevó a incursionar en la informática, carrera que eligió para la universidad, y a poner las bases a la edad temprana de 15 años, de lo que hoy es la pequeña empresa que emplea a casi todos los compinches de la barriada en que se criaron.
Apoyado incondicionalmente por su padre Segundo, -La Mole, o simplemente Mole para los amigos-, un oficial metalúrgico independiente, altamente capacitado y por su madre, Ángela, -Nené para los íntimos- una delgada mujer con un carácter jodido como el demonio y capaz de sacarle los ojos quien osara meterse con sus pequeños, solo tenía una sombra que lo importunaba, su pequeño hermano Osvaldo ocho años menor, que tenía la costumbre de desconectarle los equipos informáticos en mitad de su tareas, con tal de que le preste atención y jugara con él.
Su incapacidad de comprender mensajes subliminales, ironías o segundas intenciones alejadas de la lógica de sus algoritmos, fueron las que llevaron a Ana a convertirse en su confidente y ángel guardián protector de las miserias del mundo exterior.
Tarea en la que fallé estrepitosamente ante la realidad irrefutable de las voluptuosas carnes de Liliana, quien celosa de ver que durante años Oscar la ignorara y estuviera siempre a mi lado y aprovechándose de su bonhomía, le pidió que la ayudara a comprender matemáticas financieras durante el segundo año del curso universitario y lo atrapó como a una mosca en su telaraña.
Noviembre de 2006, Viernes 3
Facultad de ingeniería
Apurado por llegar a la biblioteca, antes que se ocupen los pocos lugares disponibles a esa hora, Oscar no se percata de la figura femenina que está detenida de espaldas en mitad de su camino, consultando un manojo de folios con atención. Es tanta su preocupación, de que alguien retire antes que él el único tratado de algoritmos disponible, -Y que jamás podría darse el lujo de comprar- que el choque es inevitable y la mujer sale despedida cayendo de bruces un par de metros más adelante, perdiendo todas sus anotaciones que quedan desperdigadas por el piso.
Pocos segundos tarda Oscar en pedir disculpas y precipitarse a ayudar a la dama, sin dejar de apreciar el fastuoso trasero que asoma fugaz bajo la desacomodada minifalda.
Pe…pe...perdón, no te vi, déjame que te ayude -se precipita a recoger los papeles, sin atender a la despatarrada dama que lo observa desde el piso con una sonrisa.
No es nada Oscar, puedo levantarme sola. -comenta irónica ante el aturullado muchacho que no capta el mensaje-
Sí que lo es, debí prestar más at… ¿Te conozco? -comenta acomodándose los lentes y mirándola más atentamente- ¿Liliana? ¿Qué haces por aquí? Te hacía en el edificio de empresariales.
Y no estás equivocado, pero tengo atravesada Estadísticas en matemáticas financieras y quiero ver si aquí encuentro alguien que pueda ayudarme.
Si me comentas tus dudas quizás yo pueda hacerlo -Se ofrece a colaborar, olvidándose por completo de los algoritmos-
Pasan la tarde en el sector de mesas para grupos y al terminar la tarde ya han terminado con un par de capítulos de los diez que tiene el temario. Liliana se endereza en su silla y estirándose aparatosamente le sonríe a Oscar agradecida.
De haber sabido que se te daban tan bien los números hubiera acudido a ti mucho antes.
Ja, ja, ja, única manera de que te hubieras dignado a dirigirme la palabra.
¿Por qué lo dices?
Porque vivimos a doscientos metros uno del otro hace veinte años y nunca lo has hecho.
No sé si sabes, estimado amigo, que una dama nunca debe ser la que da el primer paso, me he acercado a ti de mil formas y si no hubieras sido tan ciego te hubieras dado cuenta, pero estamos a tiempo de arreglarlo, te invito a un café en casa.
No creo que a Juan, tu padre, le agrade, no es que nuestras familias se lleven muy bien.
No va a haber problema, este fin de semana no están. De todas maneras nunca entendí la inquina que le tiene mi padre al tuyo, son dos personas muy diferentes, con intereses tan contrapuestos, que es difícil pensar que alguna vez hayan interactuado juntos, aunque sé que en su juventud formaban parte del mismo grupo de amigos.
VILLA IMPERIO
1975, Febrero 2. Domingo
El partido
Recostada sobre el sudoeste del gran mosaico que conforma la gran capital, se encuentra Villa imperio, una barriada con forma de sector circular formado por dos grandes avenidas perpendiculares, denominadas primera y segunda, y por el arco dibujado como con un compás desde su intersección y con un radio de un kilómetro.
Arco que es parte de la gran avenida que como un tajo, la separa del gran conurbano menos favorecido. Avenida que hoy cuenta con dos carriles ladeados por un gran vergel y que rodea la gran ciudad-
La villa es uno de los tantos barrios de clase media obrera de la gran capital. Fuente inagotable de la mano de obra que construyó la grandeza que hoy ostenta orgullosa
Y es sobre el verde terreno lateral de esa gran avenida, que se lleva adelante el desafío habitual de cada domingo por la mañana. Un partido de fútbol cinco, contra la barriada vecina, donde se dirime el orgullo vecinal y el favor de las damas que presencian el partido, las que observan el desafío -y a sus jugadores- sentadas sobre la baranda de troncos que delimita la calzada.
En el campo de juego, de arcos imaginarios delimitados por bolsos y prendas de los jugadores -motivo de arduas disputas para determinar si fue tiro en los palos o sobre el travesaño-, el partido se juega con fiereza y se presenta equilibrado. Es la disputa más importante de la temporada, se avecinan los bailes de Carnaval y las damas están mirando.
Dirigido con su voz resonante por Cacho, el autoimpuesto director técnico conocido como El Corto por su baja estatura, y primera voz del coro de la parroquia para orgullo de Fermina, su beata madre y enfermera aficionada encargada de aplicar las inyecciones recetadas en la barriada, el equipo reúne lo mejor de la villa.
El arco local es custodiado por La Mole, un gigantón de un metro noventa, herrero de profesión desde que salió de la escuela primaria y cuyo único mérito para ocupar ese puesto es el tamaño de su cuerpo y la demostración habitual ante amigos, de triturar una baldosa en la palma de su mano con un golpe de puño de la otra. Cosa que infunde un gran respeto entre los atacantes contrarios, que solo se atreven a patear de larga distancia. Son partidos en los que un foul solo se cobra si es fractura expuesta.
En la defensa sobre el lado derecho se ubica Álvaro, El Ruso, un flaco alto y delgado con pinta de frágil pero muy veloz, hijo de Don Tomás, el dueño de la tienda de ropa de trabajo ubicada en la esquina de la calle principal y la segunda avenida, en cuyos altos también residen. Tienda donde se surten casi todos los padres de familia de la barriada gracias a sus créditos generosos y cuyas únicas demandas de garantía son la palabra, un apretón de mano y la promesa de pago anotada en su legendaria libretita de resortes.
Sobre el lado Izquierdo de la defensa juega Jorge, El portugués, hijo del peluquero, un flaco rápido y habilidoso como pocos. Campeón imbatible en el juego del metegol.
La dupla de ataque, que es lo mejor del conjunto barrial, está conformada por José, El Negro, el centro delantero y gran cabeceador, hijo de un conductor de autobuses y comandada por Juan, el entre ala, la estrella del equipo que dueño de una habilidad endiablada, es capaz de enloquecer por igual a los rivales y a las damas que presencian el partido sentadas sobre la baranda de troncos.
Sobre todo a Juanita, que bebe los vientos por él.
No es la única que suspira por un jugador, lo mismo le ocurre a Nené con La Mole, aunque él no se dé cuenta. Un hombretón honesto, de gesto adusto, solidario como pocos y de fuerza legendaria, al que solo le basta cruzarse con la dama, para convertirse en un tierno corderito al que se le traban las palabras.
Lejos está de suponer La Mole, que a la hermosa e iracunda muchacha le sucede lo mismo, ni ella de saber, que bajo esa timidez, se esconde un amante experimentado como pocos.
1973, Febrero 2, Viernes
17.00 hs.
La centenaria villa fué poblándose paulatinamente por las oleadas de inmigrantes que llegaron de Europa escapando de la guerra o de los horrendos residuos de pobreza que ésta dejaba. Tal es el caso de Nazareno, un excombatiente de la primera guerra mundial, a la que fue convocado cuando esta ya agonizaba a la temprana edad de trece años. Llamado al que respondió orgulloso, aunque lamentablemente, años después, tuvo que huir de su amada patria, -a la que siempre añoraba y nunca volvió a ver-, tras sufrir los horrores del fascismo.
Alentado por sus compatriotas que ya habían emigrado, llegó a la villa cargado con sus únicos tesoros: su palabra, su honestidad, su querida prima Anetta, quince años menor y a la larga su esposa, y el oficio de herrero heredado de su padre, -también enlistado y que lo salvó de la primera línea de combate-, que transmitió a Segundo, -su tardío y único hijo varón-, desde que salió de la escuela primaria. Hoy al frente del taller familiar con sus jóvenes dieciocho años y que se encuentra en estos momentos dando terminación a una ornamentada reja en la que trabajó toda la semana.
Terminada su tarea, La Mole refresca su imponente cuerpo de los intensos calores emanados de la fragua en el piletón del lavadero, sin notar que es atentamente observado desde el balcón del primer piso de la casa lindera.
¿Día pesado Segundo? Le sorprende la voz femenina.
El muchacho levanta la vista y contesta con una sonrisa.
Ufff, ni te imaginas. Trabajar en la fragua estas tardes de verano es agotador.
¿Y por qué no te pegas una buena ducha?
Porque a mi padre no le apetece hacer destapar las cañerías obstruidas del baño. Dice que eso le corresponde al dueño de la propiedad.
Pues algo de razón tiene, Don Manuel debería ocuparse de eso.
Entonces seguiremos usando el piletón por muchos años. A ese hombre no le sacas una moneda ni aunque lo mates.
Ja, ja, ja, tienes razón, cada vez que me atraso con el pago del alquiler, le sale una cana nueva. Ven sube a darte una ducha. No vas a ir a casa con esa pinta, pareces un deshollinador. No vaya a ser que te cruces con Angelita, ja ja ja.
El solo hecho de escuchar el nombre de su obsesión le produce un escalofrío. Le da vergüenza constatar que su viejo amor secreto es conocido por todos. Vuelve a mirar hacia el balcón para comprobar que no es una broma y la mujer ya no está.
Finalmente se decide y comienza a subir con cuidado por la vieja escalera oxidada, de escalones extrañamente pulidos para estar a la intemperie y ser tan poco transitados. No es la primera vez que la joven viuda lo invita a su casa, pero si es la primera en que él acepta.
Julia es una voluptuosa mujer de treinta y ocho años que perdió a su marido en el bombardeo del 55, cuando recién llevaban un mes de casados y ella estaba embarazada de Juana, que durante el verano trabaja en la costa. Desde ese día se viste de luto, no se le conoció más hombre ni de qué vive, aunque se comenta que el finado le dejó una pensión generosa.
Cuando alcanza el balcón, se anuncia e ingresa indeciso en la penumbra de la habitación, donde una vieja cama de hierro, una mesita de cabecera y una cajonera de cedro con espejo son toda la decoración.
Está contemplando distraído el entorno con curiosidad, cuando la voz de la mujer lo pone en marcha, cruza la puerta interior e ingresa al pasillo donde se encuentra el servicio, previo a llegar a la cocina. Ingresa y comprueba que Julia ya ha encendido el calefón eléctrico y está comprobando con la palma de su mano, la temperatura del agua.
Vamos desvístete que esto me sale caro. - lo apremia- y no tengas vergüenza que podría ser tu madre.
Segundo entra y se queda impactado, Julia luce una corta bata, malamente cerrada con una cinta de tela, que deja entrever por las parcialmente abiertas solapas un par de tetas imponentes, cuyos prominentes pezones se marcan sobre la tela.
Deja de mirar como un pasmarote y desnúdate. Si quieres que como una buena madre te enseñe a ser hombre, te quiero limpio.
Excitado por sus palabras, Segundo se quita la ropa y no advierte el gesto de aprobación de la mujer al evaluar sus intimidades. Entra a la ducha y a sus espaldas entra la mujer luego de deshacerse de la bata.
Cuando intenta darse vuelta, la mujer se lo impide y tomando una esponja, la enjabona y procede a fregarle la espalda mientras Segundo se lava la cabeza. Una vez satisfecha con el resultado de su friega, lo gira y repite la tarea evitando exprofeso tocar la zona íntima, que se muestra erguida y arrogante.
Cuando queda satisfecha con su tarea, toma con la mano el sexo del sobreexcitado muchacho y con un par de sacudidas lo hace explotar dirigiendo la descarga al desagüe.
Ahora sí estás listo, si no, no me ibas a durar nada
Ante su perplejidad, la experimentada dama sale de la ducha y tomando uno de los toallones se dirige al dormitorio.
Sécate y la seguimos en la cama si estás interesado en saber cómo tratar a una mujer, hace tiempo que te tengo ganas, pero si ya estás servido o tienes miedo, ya sabes donde está la salida.
Sin pensar demasiado, en que posiblemente ese fuera el medio de vida de la solitaria mujer, no deja pasar la oportunidad y se dirige presuroso a su encuentro.
Después de esa tarde le siguieron otras, siempre los viernes, como un rito de despedida hasta la semana entrante. Encuentro donde la mujer dejó de sentirse sola a pesar de estar con tantos hombres y moldeó al muchacho a su medida, preparándolo para la vida, sin olvidarse que, lo que los une es pasajero, como pasajera es la felicidad.
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