Xtories

Las vueltas de la vida (7)

Después de años separados, Martín y Carolina vuelven a estar juntos, construyendo un futuro ideal. Pero cuando la verdad sobre el pasado de ella y el chantaje de su jefe salen a la luz, la confianza se rompe y Martín se ve obligado a elegir entre el amor que siempre sintió y la dignidad traicionada.

lolalp7.1K vistas9.4· 23 votos

Las vueltas de la vida

Segunda parte. Capítulo 1

Martín Adrian Villalba.

La había visto un par de veces en el supermercado, y en cada ocasión me parecía más hermosa. Lógicamente nunca me atreví ni siquiera a darle las buenas tardes, sin dudas estaba muchos escalones por sobre mí.

Me parecía una chica preciosa, y no solo por su cuerpo, que en verdad era un sueño, sino por su cara, sus gestos, su forma de caminar, pero me enamoré de ella esa tarde que mirándome a los ojos, me preguntó por la harina leudante. Su mirada, su sonrisa, su voz, me cautivaron de tal manera, que sin temor a equivocarme, en ese preciso instante se adueño de mi corazón.

Pero yo era un chico del montón, que no sobresalía en nada, de una familia humilde, trabajadores de clase casi baja, que apenas si llegan a comer el mes entero, y buscando llevar unos pesos a casa, fue que conseguí trabajo como repositor en el supermercado de una cadena de locales que hay en muchas ciudades de la provincia.

Soy Martín Adrián Villalba, hijo único de Mirta Valenzuela, maestra de profesión y por convicción y de Daniel Villalba, mi fallecido padre que trabajó muchos años en una fábrica de piezas metálicas para la industria.

A partir de esas primeras palabras que cruzamos, cada vez que venía al supermercado nos saludábamos, después de un tiempo comentábamos alguna cosa y en todas esas ocasiones, me parecía que le gustaba hablar conmigo, pero yo era tan tímido y me sentía tan poca cosa a su lado, que nunca me atreví a decirle lo que me gustaba.

Esa tardecita que me invitó a su casa a comer unas pizzas, casi se me para el corazón, no lo podía creer.

Llegué a casa totalmente ilusionado, me bañé, me afeité y me puse mi mejor ropa, quería ir bien vestido, dar una buena imagen.

Nervioso es poco, cuando toqué timbre en su casa, el corazón me latía a mil, incluso no me importaba no conocer a nadie, o sentirme perdido, lo único que me importaba era estar con ella.

La noche estuvo muy bien, y cuando se fueron yendo sus amigos, le ayudé a juntar y ordenar todo.

Nos sentamos a conversar en el sillón, tenía que intentarlo, por supuesto podía salir mal, quizás tan solo quería que fuéramos amigos, pero en un momento me la jugué, suavemente aparté un mechón de su cabello, me acerqué a ella y le di un suave beso en los labios, esperando su reacción, imaginando que podría ser hasta un cachetazo. Pero no, luego de ese pequeño beso me miró a los ojos y lo supe. Esta vez fue ella quien acercó su boca a la mía y nos volvimos a besar.

Sonará demasiado cursi, pero en ese momento, más que mariposas en la panza, sentía que me había sacado la lotería.

Nos dijimos lo que nos pasaba el uno por el otro y a partir de allí, comenzamos una relación, la etapa más feliz de mi vida hasta ese momento.

Poco a poco nos fuimos conociendo, días después tomé coraje, y una tarde les pedí permiso a sus padres para salir a pasear con ella, tan importante era para mí, que quería hacer las cosas bien.

Pero en el mejor momento de mi vida, la muerte de papá me hizo muy mal, me bajoneó mucho, pero ahí estuvo ella, todo el tiempo junto a mí, y eso no hizo más que confirmar lo que sentía.

Yo no había estado con ninguna chica hasta ese momento, si, un poco tardío mi debut, pero no se me había dado, siempre fui consciente que no era un chico atractivo, ni alto, ni rubio, ni musculoso, ni divertido, pero junto a ella, sin lugar a dudas me sentía feliz.

Perdimos juntos nuestras virginidades, aquella tarde en casa, en mi habitación, al verla por primera vez desnuda casi me muero, era perfecta, su cuerpo era el más hermoso que había visto, ni siquiera el de una modelo de aviso publicitario le hacía sombra.

Tenía cero experiencia y en ese momento lo único que me importaba era que se sintiera bien, que lo pudiera disfrutar, fui lo más suave y cariñoso que pude, sin apuro, respetando sus tiempos, y por suerte fue muy lindo para los dos.

A partir de allí, puedo decir que fueron los momentos más felices de mi vida, aunque mi sueño siempre había sido estudiar arquitectura, era consciente de que llegar a la universidad, para gente de mi clase era muy complicado.

La muerte de papá, condicionó aún más esa posibilidad, su ingreso era tan importante como el de mamá o el mío, por lo que poco a poco, la posibilidad de estudiar en la universidad se me fue esfumando.

Aunque fuera un trabajo no calificado, que cualquiera podría realizar, aunque no tuviera ningún estudio, siempre busqué hacerlo lo mejor posible, y así fue como luego de un tiempo llegué a ser el encargado. Pero cuando el director general me citó en Buenos Aires para ofrecerme una dirección zonal, confirmé que lo estaba haciendo bien.

Ese ofrecimiento me trajo aparejado una dualidad de sentimientos, tomar esa decisión era algo muy difícil, ya que aceptar ese puesto era un salto tanto en la jerarquía como en el salario, uno que nunca hubiera llegado a imaginar, pero por otro lado, significaba irme de la ciudad, alejándome de Carolina.

Éramos muy jóvenes los dos, Carolina seguiría estudiando y estaba seguro que sería una contadora y de las buenas, sin dudas tendría un buen futuro y yo no podría pretender estar a su lado siendo un simple encargado de un supermercado, con este ofrecimiento me convertiría en trabajador muy bien remunerado y con posibilidades de seguir ascendiendo.

Tomar la decisión no fue fácil para mí, pero Carolina, antes de pensar en que estaríamos tan lejos, puso por delante mi situación, sin dudas podría haber sido egoísta y no apoyarme en esto, pero pensó en mí, en mi futuro, y la amé más por eso.

Finalmente acepté irme a Bahía Blanca, dejando como en stand by nuestra relación, no dejaba de amarla por estar lejos, pero estaba seguro que al mejorar mi situación laboral, en algún tiempo podría volver a pensar en estar juntos, quizás existiera en algún momento la posibilidad de volver a la ciudad o tal vez que Carolina, ya recibida de contadora, decidiera irse para Bahía Blanca.

Eran todas suposiciones, pero me sirvieron para definir mi decisión y no sufrir tanto por la separación.

Los primeros tiempos en Bahía fueron muy duros, estar solo en una ciudad nueva no es fácil, al menos no lo fue para mí, pero el trabajo casi que llenaba mis días.

Al poco tiempo pude conseguir que mamá se fuera para allí también, me pesaba saberla lejos y sola.

Yo vivía en la casa que me daba la empresa y a mamá le alquilé un departamento en una linda zona, y por supuesto la veía casi todos los días.

En Bahía Blanca, la cadena tenía seis sucursales, cuatro en zona céntrica y dos en barrios algo más alejados.

En una de esas sucursales, una mañana al llegar, la encargada de nombre, Mara, me puso al tanto de un tema que había intentado resolver, pero que la había superado.

Un empleado que hacía menos de un año trabajaba allí, tenía varios problemas. Llegadas tarde, ausencias sin aviso, varias quejas de clientes por su trato, pero la gota que rebalsó el vaso, había sido un maltrato verbal a la encargada por un llamado de atención.

Esa misma mañana, le pedí el legajo del empleado en cuestión y lo llamé para hablar con él y comunicarle que los motivos eran suficientes para despedirlo, y que sería en ese mismo momento, por lo que le llegaría el telegrama de despido a su casa y cobraría la liquidación correspondiente los primeros días del mes siguiente.

Intentó hacerse el cocorito, y en el momento que levantó el tono de voz, me paré y le dije que si no se retiraba de la sucursal, lo haría sacar por la gente de seguridad y le haría una denuncia por agresiones, testigos sobraban. Bajó el copete, salió de la oficina y minutos después, lo vi salir de la sucursal con su mochila colgada.

Antes de retirarme, puse al tanto a Mara de lo sucedido, quedando de acuerdo que en la semana volvía a pasar por allí.

Me agradeció con una sonrisa y un “hasta la próxima” que creo dándome a entender algo más.

Volví a pasar el viernes de esa semana y me esperó con un café, que tomamos en la oficina, comentando no solo cosas de trabajo, también le conté que venía de La Plata y que hacía poco tiempo estaba en la ciudad.

Así fue que cada vez que pasaba por allí, nos tomábamos un café y charlábamos un rato.

Hacía ya meses que lo único que hacía era trabajar, y un sábado, luego de terminar una visita en Punta Alta, volví a Bahía y paré en un bar a tomarme una cerveza.

El lugar estaba bien, y la música y el movimiento, hicieron que me pidiera una segunda cerveza, pero esta vez con unas papas para acompañarla.

Estaba terminando cuando vi entra a tres chicas, y entre ellas a Mara, se sentaron a cierta distancia, y ella no me había visto.

Estuvieron tomando cerveza y conversando, yo miraba hacia allí cada tanto, no quería parecer demasiado interesado, hasta que en un momento que miré hacia su mesa, ella miró hacia mi lado y me reconoció.

Me saludó desde allí con la mano y una sonrisa, y yo le correspondí de igual forma el saludo.

Una de las chicas que estaba con ella, se fue un momento después, cuando un chico entró a buscarla, seguramente era su novio.

Estaba ya por irme cuando la otra chica, se puso a hablar con un chico que estaba en la barra y también se fue.

En ese momento Mara se paró de su mesa y se acercó a la mía, nos saludamos y le ofrecí sentarse. Aceptó y pedimos otras cervezas.

Conversamos un rato, me contó que hacía más de un año se había separado de su novio, con el que habían vivido juntos por casi tres años, y que desde entonces estaba sola, y que sus amigas le insistían todo el tiempo de salir, para aunque sea, pasar la noche con alguien.

Yo le conté un poco más de mí, de Carolina, de mi madre y de mi trabajo.

Cerca de la una de la mañana, le dije que ya me tenía que ir, ella no, pero yo al día siguiente tenía que trabajar.

Me dijo que se iría en un taxi, pero me ofrecí a llevarla hasta su casa, donde la dejé a eso de la una y media de la mañana.

De camino a casa, me fui pensando en ella, además de ser una hermosa chica, fuera del trabajo era muy distinta, no tan seria y muy conversadora, sin dudas me hubiera quedado un rato más con ella, si no hubiera tenido que madrugar.

A partir de allí, cada vez que nos veíamos conversábamos un buen rato, hasta que casi un mes después, me dijo que era su cumpleaños y que le gustaría que fuera a su casa el sábado en la noche.

Había bastante gente, algunos compañeros de trabajo y algunas personas que yo no conocía, pero a pesar de eso, estuvo bastante pendiente de mí, no dejándome solo.

Cuando toda la gente se fue yendo, le comencé a ayudar a juntar y ordenar todo y a eso de las tres de la mañana, ya solo quedaba yo.

Tomamos un café luego de ordenar todo y una cosa llevó a la otra, las miradas a los besos, los besos a las caricias, y cuando quise darme cuenta, estábamos los dos desnudos en su cama.

Esa fue la primera vez que hicimos el amor y estuvo más que bien.

Me quedé también el domingo allí, donde lo hicimos dos veces más, Mara tenía un cuerpo hermoso por donde se lo mire y era una locura recorrerlo con las manos o la boca, y la facilidad de sus orgasmos, hacía que esos momentos de pasión fueran de lo más intensos.

Con el correr de las semanas, esos encuentros se fueron repitiendo, y a pesar de no ser un gran experimentado en cuestiones de mujeres, me parecía sentir que Mara se estaba enamorando de mí, aunque siempre fui claro con ella, aún tenía a Carolina en mi corazón, y creo que ella siguió conmigo, esperando que poco a poco sea ella quien ocupara mi corazón, a medida que dejara de pensar en Carolina.

En una llamada telefónica decidí no ocultarle lo que estaba pasando con Mara, imaginando quizás que a ella le pasaría algo similar, al conocer nuevas personas en la universidad, y poco a poco nuestro contacto se fue espaciando, de tal forma que estuvimos muchos meses sin saber el uno del otro.

La relación con Mara, si bien era muy agradable y divertida, nunca llegó más allá, y estoy seguro de que Mara lo hubiera esperado, pasábamos buenos momentos, y no solo en la cama, también solíamos salir a cenar, a bailar o a tomar algo a algún bar, cual si fuéramos una pareja, pero sin serlo.

Creo que luego de un tiempo lo fue entendiendo y nuestros encuentros se fueron distanciando, hasta el punto que luego de casi un mes de vernos solo por trabajo en la sucursal, me contó que desde hacía unos meses, estaba saliendo con un chico, incluso mientras manteníamos nuestros encuentros, algo que no me cayó bien, y cuando le dije que ya no nos veríamos, me dijo que en unas semanas se iría a vivir a Mar del Plata con él, por lo que dejamos de vernos, hasta que unas semanas después, me llegó su carta de renuncia.

Estaba esa mañana en mi oficina, a punto de salir para la sucursal de Coronel Dorrego, cuando me llamó por teléfono Ramón, el gerente de zona, para que en dos semanas, fuera a Buenos Aires para reunirme con él.

Aunque no me adelantó nada sobre esa reunión, se me dio por pensar que quería hacerme alguna propuesta de trabajo, ¿sería la de cambiar de zona, o quizás ocupar su lugar? Ya vería.

La reunión sería el viernes de la semana siguiente y se me ocurrió pasar ese día por La Plata, me iría en colectivo hasta Buenos Aires y luego de la reunión, me volvería a Bahía desde La Plata, para poder ver un par de horas a Carolina, aunque en verdad no sabía con que me encontraría, quizás hasta estaba con alguien, pero de todas formas tenía ganas de verla después de tanto tiempo.

En esa reunión, Ramón me comentó que poco tiempo habría una vacante de un puesto similar al mío en la zona sur del Gran Buenos Aires, y si estaba interesado en volver, que lo pensara y le respondiera. Quedamos de acuerdo que en unos días le daría la respuesta, que en gran parte dependía de lo que me encontrara al ver a Carolina.

Antes de ir para Buenos Aires, le había avisado a Carolina y quedamos en vernos en un café en La Plata, y ni bien la vi, se me aceleró el corazón, estaba tan hermosa como siempre y su sonrisa me volvió a cautivar.

El tiempo pasó tan rápido que cuando me quise dar cuenta, ya tenía que ir a la terminal de ómnibus a tomar el colectivo para volver, pero lo más importante fue lo que sentí al verla y creo que a ella le pasó lo mismo, y más aún, cuando me dijo que no estaba con nadie.

La decisión ya estaba tomada, si todo iba bien, en poco tiempo estaría de vuelta en la ciudad y si mis sensaciones no me engañaban, existía la posibilidad de retomar nuestra relación, allí donde la habíamos dejado años atrás.

Me volví a Bahía, casi feliz diría, y al llegar, se lo conté a mamá, diciéndole que en poco tiempo me volvería para La Plata.

No quería obligar a mamá a volver conmigo, ya que tenía una relación como de amigos con un vecino, con el que se llevaba muy bien y pasaban mucho tiempo juntos, si mamá decidía quedarse, yo estaría de acuerdo.

El lunes mismo lo llamé a Ramón para confirmarle que aceptaba el ofrecimiento y quedamos de acuerdo en poner al día en Bahía a quien sería mi sucesor.

Casi tres meses después, ya teníamos con mamá todo listo para la mudanza, por teléfono alquilé para los dos una casa en La Plata y tres días después nos mudamos, nuestras cosas iban en un camión y nosotros volvíamos en colectivo, ya que el auto que usaba tenía que dejarlo en Bahía, pero en La Plata me darían otro.

No quise avisarle a Carolina de mi vuelta, quería sorprenderla, y así fue que luego de acomodar todas nuestras cosas en la casa, dos días después de llegar, me fui al trabajo de Carolina, a la hora de salida, sin avisarle por supuesto.

La vi salir y al cruzar la calle me vio, se le dibujó una sonrisa que me lo dijo todo.

Llegó hasta mí y me abrazó, y ni siquiera me pude aguantar hasta más tarde, tuve la necesidad de decirle que la seguía queriendo y que me gustaría volver a intentarlo y su cara me lo dijo todo, sin dudas nos seguíamos amando y como tanto había deseado y esperado, la vida nos daba una nueva oportunidad de estar juntos.

Y allí volvimos a empezar, a vernos casi todos los días y a volver a estar juntos, en todos los aspectos, también íntimamente, donde aquella noche en el hotel, parecía que el tiempo no había pasado y volví a sentirme tan unido a ella, como hacía años.

Fue una noche maravillosa, donde no nos dimos descanso, volver a sentir sus orgasmos me excitó terriblemente y disfrutamos esa larga noche.

Como no teníamos un lugar donde vernos, durante un tiempo pasábamos las noches en el hotel, hasta que ya no pude aguantar más, quería amanecer con ella cada día, y fue así que le pedí que nos casáramos y viviéramos juntos.

Ya nos casaríamos, pero inmediatamente comenzamos a buscar un lugar para vivir, y unas semanas después, estábamos viviendo juntos, muy cerca de la casa de Margarita, ya que Carolina quería estar cerca de ella por cualquier cosa.

Finalmente nos casamos a principio de diciembre y nos fuimos unos días a Cariló, donde pasamos unos días maravillosos, de amor, playa y pasión, mucha pasión.

Al volver al trabajo, se aproximaban las fiestas de fin de año, tanto de su trabajo como del mío, y los dos fuimos a ambas

Esa noche en la fiesta de la consultora, Carolina estaba hermosa, con ese vestido largo que no mostraba ni insinuaba nada, pero estaba hermosa, con su pelo recogido y esa chaqueta que la hacía ver muy elegante.

En un momento de la noche, me presentó a su director, Francisco, y luego a Rafael, el dueño de la consultora, ambos nos saludaron muy amablemente y nos felicitaron por nuestra reciente boda.

Un rato después, entró un hombre con una mujer del brazo y se sentó en la mesa del dueño, en ese momento Carolina me dijo que ese hombre era quien reemplazaría a Rafael en su puesto como director general.

La cena transcurrió normalmente, en nuestra mesa, la gente fue agradable, incluso estuve conversando con algunos compañeros de Carolina, como si nos conociéramos.

En un momento que Carolina fue al baño, vi al tipo ese que la siguió con la mirada, no me extrañaba, muchos hombres miraban sin disimulo a Carolina, sin dudas por su belleza, pero cuando volvía, la volvió a mirar hasta que llegó a nuestra mesa.

No sé por qué, pero ese tipo no me cayó bien, tenía cara de baboso, porque lo seguí observando y miraba a cuanta chica joven o bonita le pasaba por adelante, al punto de que ni siquiera hablaba con su mujer, que parecía más perdida que yo en esa fiesta, y varias veces, lo vi mirando a Carolina, incluso al momento de irse, luego de saludar tan solo a los comensales de su mesa, volvió a mirarla, antes de caminar hacia la salida del salón.

En febrero nos fuimos unos días a Mar del Plata y allí decidimos juntar dinero para comprarnos una casa, yo tenía mis buenos ahorros y tanto carolina como yo teníamos buenos ingresos, por lo que lo que nos faltara para comprar la casa, lo podríamos saldar con algún préstamo bancario.

Cuando Carolina comenzó a ocupar el puesto de su director, su sueldo subió aún más y eso nos permitió comprar por fin nuestra casa, sacando un crédito bancario.

No podía sentirme más feliz, finalmente nuestro amor había estado siempre en nuestros corazones y la vida nos había vuelto a juntar, y más unidos que nunca.

Fue a finales de julio, que nos mudamos definitivamente a nuestra casa, comenzando una nueva etapa en nuestras vidas, sin dudas, tan esperada por los dos.

Pero como si al estar todo tan bien, tan encaminado, fuera necesario que algo pasara, finalmente terminó pasando.

Hacía unos días que veía a Carolina algo tensa, al preguntarle me dijo que eran cuestiones de su nuevo cargo en la empresa, pero esa tarde que llegué a casas y la encontré sentada en el sillón llorando, al ver su cara supe que algo no estaba bien, y lo confirmé cuando me dijo que necesitaba hablar conmigo.

Miles de cosas me pasaron por la cabeza en ese momento, pero fue cuando me comenzó a contar, que no pude creer lo que me decía.

Se me hizo un nudo en la garganta cuando me dijo que se había prostituido para pagar el tratamiento de su madre, me sentí muy mal por no haber estado a su lado en tan desdichado momento, sin dudas con el dinero que tenía ahorrado hubiera podido ayudarla.

Sentía una inmensa pena por ella, imaginándola con esos hombres por dinero, sé que no debe ser fácil para ninguna mujer, tener que dedicarse a eso, a comerciar con su cuerpo, con hombres que ni siquiera conoce, compartiendo lo más íntimo que tenemos, nuestra sexualidad.

Cuando me contó del tal Ernesto, ya no me gustó la cosa, había sido un cliente, pero también, la había hecho gozar como mujer, y eso despertó en mí un sentimiento raro, que nunca había tenido, sin dudas el saber de su relación con ese hombre había hecho crecer en mí unos celos que intenté dominar, y que me dijera que aún seguía en contacto con él, no me gustaba nada, aunque queriéndola como la quiero, sabía que estaba siendo sincera conmigo, y entendí lo que la avergonzaba el estar contándome todo eso.

Karen se hacía llamar, y en esos momentos trataba de no pensar desde mí, intentaba ponerme en su lugar, y entender lo que le había costado llegar a eso para que su madre mejorara.

Pero mi cabeza hizo un clic en el momento que me contó lo del director, ese hijo de puta que no le sacaba la vista de encima en la fiesta, y que había resultado un cliente, y que abusando de su posición en la empresa, la había chantajeado.

Aún no me lo había dicho, y solo esperaba que no hubiera pasado lo que estaba pensando, que estuviera tan mal por el temor a perder el trabajo y el título, pero cuando se lo pregunté directamente y bajó la mirada, el corazón se me detuvo, su silencio me lo estaba diciendo, pero necesité estar seguro de lo que escuchaba, y le volví a preguntar se era verdad, y que entre lágrimas me pidiera una y mil veces perdón, me lo confirmaba, se había acostado con ese tipo!

Y la puta madre que lo parió!

Me acababa de confesar que se había acostado con el hijo de puta que la chantajeó, y que como buen hijo de puta, pretendía seguir chantajeándola.

El mundo se me vino abajo, ¿Por qué no me contó todo esto antes? ¿Por qué no confió en mí? De alguna forma lo hubiéramos resuelto, un abogado, dejar la empresa, que sé yo…, incluso lo hubiera cagado a trompadas a ese malparido, pero eligió acostarse con él!

Mil cosas se cruzaron por mi cabeza para decirle en ese momento, muchas cosas hirientes, casi que la hubiera mandado a la mierda, diciéndole que quería arreglar todo como una puta otra vez, pero tan solo le pregunté si esa era la confianza que nos teníamos.

Me levanté del sillón, tenía frente a mí a una mujer desconocida, no era la mujer que había elegido para el resto de mi vida, era una mujer que ante un problema, había hecho cosas a mis espaldas sin siquiera yo saberlo, que me había sido infiel, tan solo por salvar su trabajo o su reputación o su título o no sé qué mierda.

Su decisión me dolía, me dolía y mucho, desde que volvimos a estar juntos, creí que las cosas serían entre los dos, lo bueno y lo malo, las alegrías y las amarguras, los logros y las frustraciones, pero esto me partía a la mitad.

Fui a nuestra habitación, el dolor era tan grande que ya ni quería tenerla frente a mí, en un bolso puse un poco de ropa, tenía decidido a irme de esa casa, no podía seguir allí, no podría tomar otra decisión, no en ese momento.

Volví al estar y antes de salir de la que fuera nuestra casa, le dije que no me llamara ni me escribiera.

Fue cruzar la puerta de salida y largarme a llorar como un chico, no terminaba de entender todo esto, no me entraba en la cabeza que ella, mi Carolina, el amor de mi vida me hubiera sido infiel, daba lo mismo si fue por placer o por el chantaje, el resultado fue el mismo, se acostó con otro tipo.

Caminé sin rumbo por un buen rato, mi destino era la casa de mi madre, el único lugar donde podría pasar al menos unos días, al menos hasta resolver como seguir.

Llegué a casa de mamá cerca de las nueve de la noche, entré con mi llave, mamá estaba por cenar y al verme se sorprendió.

-Hijo! No te esperaba!

-Pero al ver mi semblante, su cara cambió!

-Hola ma!

-¿Qué pasó corazón?

-Paso por el baño y te lo cuento!

Entre al baño, hice mis necesidades y me lavé la cara, volví al salón y me senté junto a mi mamá, que tomó mis manos.

-Contame hijito!

-Me fui de casa! Carolina me contó algo que no me pude bancar!

-¿Qué cosa hijo?

-Llegué a casa y estaba llorando, y ahí fue que me contó que luego de la muerte de su padre, su madre intentó suicidarse…

Las manos de mi mamá taparon su boca ante el asombro de esa noticia.

-Tuvo que internarla en una clínica psiquiátrica por varios meses y para poder pagarla se prostituyó!

-Ay hijo! Pobre chica!

-Te juro que me dolió que haya tenido que pasar por eso! Entiendo que fue por la necesidad, pero…

-No te alejes de ella por eso hijo! Estoy segura que lo hizo tan solo por el dinero y no debe haber sido fácil haber tenido que llegar a eso!

-Así traté de verlo ma! Pero eso no es todo, desde hace un tiempo, tiene un director que fue unos de los tipos que estuvo con ella cuando era prostituta, un cliente, digamos. Al principio pensó que no la había reconocido, pero sí, y no solo que la reconoció, sino que armó un chantaje para volver a estar con ella y Carolina no me contó nada y para evitar los problemas que se le venían, se terminó acostando con el tipo! Y eso sí que no me lo pude bancar! No de ella! No me esperaba eso! No solo no me contó nada, sino que me fue infiel! Y eso no me lo puedo bancar ma! ¿Entendés que me metió los cuernos?

-Ay hijo! Te entiendo mi amor! Qué macana! Sé cuanto la querés y cuanto te quiere! ¿Y qué pensás hacer?

-No lo sé mamá! Pero ya no pude estar ahí! Ya no quise tenerla delante de mí!

-Yo te diría que te tranquilices! Que pienses bien lo que vas a decidir! Yo lo voy a entender y te voy a apoyar en lo que decidas! Y acá te podés quedar cuanto quieras!

Se acercó y me abrazó y en ese momento era todo cuanto necesitaba.

Me ofreció algo de cenar, pero no podía pasar bocado, me di un baño y me fui a la cama, a la que fuera mi habitación, cuando aún vivía con ella.

Con la cabeza apoyada en mi almohada, mirando el techo, no terminaba de entender lo que me estaba pasando, tanto tiempo esperando, deseando volver a su lado, volver a estar juntos, proponerle matrimonio, comprarnos una casa, sentir en lo más profundo de mi ser que era ella, que siempre lo había sido, que con Carolina era con quien, después de tanto tiempo, quería compartir mi vida, lo que quedara por vivir.

Pero a tan solo unos meses de reencontrarnos, este revés significaba un dolor muy grande para mí, tiraba por tierra todo cuanto tenía pensado, todo cuanto había imaginado, toda esta felicidad que se había apoderado de mis días, de amanecer cada mañana junto a ella, deseando que fueran muchos los días que me quedaran por vivir, para volver a sentir lo mismo cada mañana al abrir mis ojos.

Pero eso… eso ya había cambiado… ya no era la vida que tenía soñada… un puñal en el pecho me lo había arrebatado todo.

No sé en qué momento me quedé dormido, pero cuando abrí los ojos, mamá, sentada en mi cama me miraba, al ver que despertaba, tomó mi mano y me dijo:

-Acá estoy hijo mío! Para lo que necesites!

-Gracias ma!

-¿Vas a ir a trabajar?

-Tengo que ir! No puedo dejarle mi trabajo a nadie, al menos sin avisar!

-Está bien hijo! Ya está el desayuno preparado! Cuando quieras vení y desayunamos juntos!

-Gracias ma! Me doy un baño y voy!

Me bañé, me cambié con la ropa que había traído y desayuné con mamá antes de irme a trabajar.

Mamá no volvió a tocar el tema, supongo que tratando de no agobiarme, pero cuando me despedí de ella para irme me dijo:

-Acá estoy hijo, cuando necesites hablar, no lo dudes, no te voy a estar preguntando todo el tiempo, pero quiero que sepas que podés contar conmigo para lo que sea!

-Gracias mamá!

Y antes de salir le di un abrazo!

El día de trabajo, fue de lo más atípico, aunque pude hacer todo lo que tenía planificado, mi cabeza estaba en otro lado.

Terminé temprano ese día y me fui a tomar algo, entré al bar, pedí una cerveza y me senté solo en una mesa, intentando pensar en cómo seguiría mi vida a partir de esto.

Lógicamente no dejaba de amarla, pero no terminaba de entender su decisión, ¿qué hubiera hecho yo en su lugar?

Sin dudas mi mirada masculina distaría mucho de la suya, supongo que mi reacción primaria, hubiera sido armar flor de escándalo, que se enterara todo el mundo de ese chantaje, al menos para que quien lo supiera dudara de la veracidad de la maniobra de ese hijo de puta. Eso en el menor de los casos, la respuesta digamos, más civilizada, pero sin dudas le hubiera roto todos los huesos, lo hubiera mandado al hospital sin el más mínimo remordimiento.

Pero… ¿por qué Carolina había accedido a ese chantaje? ¿Por qué no pudo ver que un tipo capaz de urdir una encerrona de esa calaña, continuaría extorsionándola?

Y lo que más me dolía, lo que me decepcionaba de ella, era que hubiera decidido no contármelo, no confiar en mí para que pudiéramos encontrar la forma de resolverlo, sin tener que llegar a la infidelidad.

Lo que tampoco me gustó, fue que no me contara, al reencontrarnos, de que había tenido que ejercer de prostituta, supongo que avergonzada por haber tenido que hacerlo, pero hubiera preferido que no me lo ocultara, de hecho en ese momento no éramos nada, no estábamos juntos, y ella podría haber estado con cuanto hombre se le ocurriera, y supongo también lo hubiera entendido.

Y como si eso fuera poco, enterarme la relación o no sé qué, que tuvo y tiene con el tal Ernesto, unos de sus clientes, con el cual fue más allá, no solo que sigue presente en su vida, sino que además, disfrutó con él como mujer.

Soy consciente de que también yo estuve disfrutando del sexo con otra mujer, pero tan solo para darle esas sensaciones al cuerpo, nunca tuve ningún sentimiento hacia Mara, de hecho no me afectó cuando me dijo que ya no nos veríamos y que se mudaría con su novio, el que no sabía que existía, a Mar del Plata, para no volver a verla.

¿Pero su caso sería el mismo? ¿Realmente no ha existido nada más con ese hombre? La duda me sobrevino, sabiendo lo sabido, existía la posibilidad de que también se hubiera seguido encontrando con Ernesto, por lo que sea que siente por él, que no sé si es atracción, agradecimiento o qué sé yo…

¿Y ahora?

Sin dudas Carolina me llamaría o me escribiría buscando mi perdón, intentando explicarme su error, puedo sentir que su amor es verdadero, siempre lo sentí así, siempre sentí que estaba conmigo por lo que sentía por mí, y no por mi figura o mi situación económica, pero esta situación irremediablemente, cambiaba mi forma de verla, ¿Quién puede garantizarme que la mujer que yo he idealizado sea realmente la mujer con quien me había casado?

Como lo imaginaba, dos días después, me llegó un mensaje suyo, que en ese momento no quise leer, imaginaba lo que diría allí, y en ese momento no tenía respuesta para eso, necesitaba pensar muy bien lo que diría y lo que haría.

Al llegar esa noche a casa, se lo conté a mamá, que ya no me preguntaba nada, solo cómo estaba, y en varias oportunidades lo agradecí, por momentos no tenía ni ganas de hablar.

Recién decidí leerlo una semana después, esa noche de viernes que, luego del trabajo, me tomaba la segunda cerveza en ese bar que cada vez frecuentaba más a menudo.

Ella no sabría que lo había leído, no tengo habilitada esa opción en mi teléfono, y en ese mensaje decía:

-Martín, sé que no debo llamarte o escribirte, y esta será la única vez que lo haga. Ya no estoy en casa, no merezco eso, vos sos el que debe vivir allí. Antes de irme dejé todos mis ahorros para las cuotas del préstamo. Cuando llegue el momento del divorcio, tan solo tendrás que avisarme y no reclamaré nada, firmaré lo que haga falta para que esa casa sea solo tuya. Te pido una y mil veces perdón.

Terminé de leer ese mensaje con lágrimas en los ojos, incluso la pareja que estaba en la mesa frente a mí, me miraban, quizás sorprendidos de mi reacción.

Yo aún no había decidido cómo afrontar la situación, si volver a hablar con ella, perdonarla, o no sé qué, y ella ya me hablaba del divorcio.

La puta madre!

¿Qué tengo que hacer?

¿Qué quiero hacer?

Continuará…

Continúa en