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Pequeñas Aventuras: Despedida de soltera

Marta siempre fue la esposa perfecta, pero esa noche en Cádiz, entre el alcohol y los disfraces, decidió ser un poco mala. Con el permiso tácito de su marido y la complicidad de un desconocido, se dispuso a vivir una experiencia que nunca debería haber ocurrido.

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Mi mejor amiga, Alma, por fin había decidido sentar la cabeza y casarse; y como es de esperar, antes de la boda toca la respectiva despedida de soltera, en este caso decidimos entre todas las amigas, ir a celebrar dicha despedida a los carnavales de Cádiz. Así es como empieza esta pequeña aventura que viví.

-Juan -. Llamé a mi marido desde el pasillo.

-Dime Marta -. Contestó él viniendo a mi encuentro.

-Ya han venido a recogerme las chicas -. Dije cogiendo la maleta de viaje.

-Muy bien, mami -. Dijo dándome un beso en los labios. - No seas mala -.

-¿Solo un poco mala? -. Pregunté riendo.

-Bueno, pero un poco solo -. Contestó Juan uniéndose a mi risa.

-Te quiero, papi -. Me despedí lanzándome a besarle yo a él.

Del viaje hasta Cádiz no hay mucho que contar. Eramos cinco chicas en un coche, conducido por mi amiga Inés, las más loca de todas y la que se había encargado de organizarlo todo, en el que, exceptuando ella, fuimos todas bebiendo y riendo todo el camino, así que cuando llegamos al hotel casi de noche, íbamos ya bastante entonadas.

-A ver, lo primero -. Dijo Inés nada mas dejar la maleta en la habitación. -Quiero un copa, y lo segundo, aquí tenéis los disfraces -. Continuó dejando una bolsa en el centro de la habitación.

Los disfraces, por así llamarlos, parecían sacados de un sex-shop. Eran todos de gata sexy, con guantes, medias, antifaz, orejas de gata y una mini falda, muy corta, con cola incluida.

-Todas a disfrazarse -. Ordenó mi amiga.

Comencé a ponerme el disfraz y al momento me arrepentí de solo haber echado tangas en la maleta. Me puse la mini falda viendo como parte de mi culo se veía por debajo de esta.

-Yo así no puedo salir a la calle -. Dije saliendo al encuentro de mi amigas.

-Joder, Marta -. Dijo Inés nada más verme. -Te queda muy provocativo -.

Debo decir que de mis amigas soy la que más caderas y culo tiene, y por ende, la que más enseñaba.

-Tía, me da vergüenza -. Dije intentando bajar un poco la falda.

-No seas tonta y luce ese cuerpo -. Fue su respuesta dándome una palmada en el culo.

No me dejó lugar a réplica.

-Lo que pasa en Cádiz, se queda en Cádiz -. Dijo levantando su copa. Todas brindamos mientras reíamos.

Comenzamos la noche bebiendo y bailando en la habitación del hotel. La verdad es que no eramos las únicas, en otras habitaciones también se escuchaba ruido y música, estaba claro que había más gente en el hotel de fiesta como nosotras.

-Voy a buscar ganado -. Dijo de pronto Inés, que rápidamente se había puesto a nuestro nivel de alcohol.

No pasó mucho tiempo cuando volvió a la habitación con un grupo de cinco chicos.

-Chicas, vamos a jugar a un juego -. Dijo cuando todos entraron en la habitación.

La verdad es que para animar las fiestas era la mejor.

-Les he dicho que cada uno puede elegir a una, luego ya lo que pase es cosa de cada cual -. Dijo riendo.

La situación resultó curiosa, ya no eramos unas niñas, ni mucho menos, pero ese tipo de juegos resultaban sugerentes. Ninguna pusimos ninguna pega.

-Yo lo tengo claro -. Dijo él más lanzado de ellos, agarrándole de la cintura a Inés y dándole un apasionado beso en la boca.

-¿Los demás? -. Dijo cuando al fin se separó del chico.

Pasaron unos minutos en los que nadie se atrevía a nada, hasta que otro de ellos se animó.

-Vale, elijo yo ahora -. Dijo otro de aspecto algo más mayor que el resto.

El chico avanzó por la habitación y se sentó a mi lado.

-Soy Jose -. Dijo dándome dos besos.

-Marta -. Respondí yo.

Era un chico, bueno, un hombre, muy atractivo tendría mas o menos mi edad, parecía que no encajaba con el resto, que eran más jóvenes, pero sus ojos azules me atraparon y el disfraz de pirata que llevaba le daba un toque morboso. Sinceramente, dejé de prestar atención al resto del juego.

-Nos ha dicho tu amiga que estáis de despedida de soltera -. Comenzó a decir. - ¿No habré elegido justo a la novia? -.

-No -. Respondí soltando un carcajada.

-Menos mal que he sabido elegir -. Dijo riendo él también.

Yo solo me encogí de hombros, creo que captó el mensaje.

-Pero, ¿Tienes pareja, verdad? -. Preguntó.

-Sí -. Respondí sincera.

-Vaya, pues he elegido mal entonces -. Dijo con un suspiro.

Me quedé unos segundos mirándolo. La verdad es que era muy guapo y el alcohol ya me estaba empezando a calentar el cuerpo.

-No tienes por qué haber elegido mal -. Dije de manera insinuante.

-¿Te puedo besar? -. Lanzó su pregunta de golpe.

-Sí -. Volví a responder sin pensar.

En ese instante no se lo pensó y se abalanzó a comerme la boca. No negaré que se me vino mi marido a la mente, pero bueno, Juan me dijo que podía ser un poco mala, y un beso no era nada importante.

-¡Vamos de fiesta! -. Dijo de pronto mi amiga.

Nos fuimos del hotel y llegamos a la zona de más bullicio de la ciudad. No me separé ni un instante de Jose, estuvimos hablando y riendo todo el camino, confieso que me había encantado que me eligiera a mí en el juego que se había inventado mi amiga.

-Yo no te he preguntado a ti si tienes pareja -. Dije en un momento dado.

-Sí tengo -. Contestó siendo sincero él también.

Los dos nos quedamos unos segundos en silencio, sopesando nuestro siguiente movimiento. A mi me produjo cierto alivio, y morbo a la vez, saber que también tenía pareja

-¿Tengo permiso para besarte cuando quiera? -. Me preguntó de pronto.

-Cuando quieras -. Respondí y al instante teníamos nuestros lenguas entrelazadas de nuevo.

Puede parecer una tontería, pero quizá la gente de mi edad lo entenderá. Soy una madre y esposa perfecta, adoro a mi marido, que es genial, pero toda esa situación me hacía sentir joven, y esa noche quería ser libre, hacer lo que mi cuerpo quisiera, confieso que estaba bastante caliente y tenía claro que me iba a dejar llevar.

-Necesito ir a hacer pis, ¿Me acompañas? -. Le dije a Jose.

-Claro -. Respondió él.

Era una zona sin baños, así que, le dí mi bolso y me coloqué entre un par de coches. Me subí la falda, me baje el tanga y el alcohol hizo que saliera mi parte guarrilla.

-Puedes darte la vuelta si quieres -. Le dije viendo como Jose, siendo un caballero, me daba la espalda.

-¿Seguro? -. Preguntó tímidamente.

-Seguro -. Respondí.

Se giró y sentí un morbo tremendo al ver su mirada clavada en mi coño mientras meaba. Lo admito, estaba cada vez más cachonda.

-Acércate -. Le dije mientras me incorporaba.

Obedeció y cuando lo tuve a mi alcance cogí su mano y la posé sobre mi coño húmedo, a la vez que llevaba mi mano a su paquete. Me sentí una adolescente de nuevo, recordé esos años en los que las situaciones sexuales se tenían que resolver donde surgieran.

-Yo también quiero ver -. Le dije mirándole a los ojos.

Mientras yo le desabrochaba el pantalón, él empezaba a jugar con sus dedos en mi coño. Mi excitación ya era máxima. Le saqué la polla ya dura y me gustó lo que vi, mucho, demasiado.

-Joder, que polla -. Exclamé.

Me recogí el pelo y me arrodillé delante de él acercando mi cara a su sexo.

-¿Alguna vez te la ha chupado una gatita? -. Dije riendo acordándome de mi disfraz en ese momento.

-Creo que no -. Respondió Jose siguiéndome el juego.

En ese momento se acabaron los prolegómenos. Cogí esa polla y me la metí en la boca. Era larga y gruesa, no era capaz de metérmela entera aunque quisiera, notaba como rozaba mi garganta cada vez que lo intentaba, pero me estaba resultando deliciosa.

-Que bien la chupas -. Dijo José cogiéndome del pelo.

La verdad es que estaba disfrutando mucho comiéndome esa polla. Quizá fuera por la situación, pero estar, a mi edad, mamándosela en un parking a un chico que acaba de conocer, había llevado mi libido al máximo.

-Que rica -. Dije parando un segundo para bajarme el tanga y volver a metérmela en la boca.

Comencé a masturbarme sin dejar de chupar esa enorme polla, la sentía latir dentro de mi boca, notaba como emanaba flujos que endulzaban mi lengua, a la vez que mi coño comenzaba a chorrear cada vez más. Lo tuve claro, la quería en mi interior.

-¡Fóllame! -. Exclamé, casi supliqué, incorporándome para apoyarme contra el coche de espaldas a Jose.

Levanté mi falda, me abrí bien de piernas y esperé ansiosa la primera embestida.

-Lo estoy deseando -. Fueron sus palabras.

Solté un grito cuando noté como Jose entraba hasta el fondo de mí. Sentí como su polla rellenaba completamente mi coño. Comenzó a embestirme con fuerza mientras me agarraba de la cintura. Me recliné más y apoyé mi cabeza contra el capó del coche, en esa posición podía sentirla incluso más profundamente. Comencé a masturbar mi clítoris con intensidad, mientras Jose me follaba de manera salvaje.

-¡Joder! -. Exclamé. -No te cortes, reviéntame -. Dije de manera lasciva.

La increíble follada que me estaba dando Jose hizo que saliera a la luz mi parte más cachonda.

-Cógeme del cuello -. Dije entre gemidos.

Jose obedeció y me agarró del cuello apretando mi cabeza contra el capó del coche. Comencé a notar como mi orgasmo se acercaba. Me sentía chorrear. Paré de tocarme para intentar aguantar lo máximo posible sin correrme, aunque sabía que no iba a ser por mucho tiempo, quería disfrutar el mayor tiempo posible de ese morboso polvo.

-¿Me puedo correr dentro? -. Me preguntó Jose entre suspiros.

-Haz lo que quieras, pero no pares -. Respondí yo presa de la lujuria.

Creo que ese detalle fue la gota que colmó el vaso, o más bien la gota que colmó mi coño. Sin poder contener un fuerte grito de placer exploté en un enorme orgasmo. Os puedo asegurar que me habría empapado hasta los tobillos con mi corrida si no fuera por que la polla de Jose rellenaba completamente mi coño sin dejar ni un resquicio para que escaparan mis flujos.

-¿Te has corrido? -. Le pregunté cuando pude recobrar el aliento al sentir que su polla aún seguía dura dentro de mí.

-No -. Respondió sincero.

Supongo que pudo contenerse utilizando el sentido común, cosa que yo no tuve presa de la excitación y que agradecí en ese momento. Aún así, ese increíble polvo que me había brindado ese chico, se merecía un digno final.

-Mejor -. Dije apartando mi cuerpo de él dejando salir todo el flujo generado por mi cuerpo.

Le agarré la polla empapada y me volví poner de rodillas enfrente suya.

-Por que esta gatita quiere leche -. Dije pasándome la lengua por los labios y mirándole a los ojos con la mayor cara de guarra que pude poner en ese momento.

Empecé a meneársela mientras le daba pequeños lametones en el capullo, sintiendo como le palpitaba, había sido capaz de no correrse antes pero estaba claro que estaba a punto.

-La quiero toda -. Le dije sacando la lengua cuando noté que estaba a punto.

Fueron las palabras clave. Soltó un fuerte gemido y soltó su primera descarga, con tal fuerza que ni una gota cayó en mi boca. Su leche era tan espesa que tardó un segundo en resbalar por mi mejilla, puse mi mano bajo mi barbilla para que su semen no cayera al suelo y llenara la palma de mi mano.

-Que rica -. Dije a la vez que comenzaba a lamer su corrida de mi mano, mientras él no dejaba de embadurnarme la cara con sus descargas.

-Que morbo tienes Marta -. Dijo soltando un último suspiro.

-Gracias -. Contesté yo poniendo cara de buena mientras terminaba de relamerme su leche de mis labios.

Sinceramente, me había encantado esa pequeña aventura que acababa de vivir y, también hay que decirlo, había sido un polvo genial.

NdA: Seré breve. GRACIAS por leerme.

Relato corto y clásico, donde más cómodo me encuentro escribiendo, contando las aventuras de Marta. Espero que guste.

Besos de pico.

"Nada de lo que escribo es mentira, pero tampoco es totalmente cierto".