Xtories

Malas compañías pt 2

Jesús sabe que Mario es su mejor amigo, pero también sabe que Gaby es vulnerable a su encanto. Con un plan calculado para aislarla y provocarla, decide cruzar la línea de la amistad y la lealtad, sabiendo que el riesgo es parte del placer.

Homelander16K vistas9.0· 14 votos

—¡Maldición! ¡Mucha información! — decía Selene intentando ordenar sus ideas.

Dejó que Gaby le contara todo de golpe, era un buen chisme. Ese día por la mañana, Gaby no resistió más, había demasiado que contarle a su alcahueta número uno, llevaban 40 minutos en esa emocionante plática. Gaby se sentía bien de por fin ser la protagonista de una de esas charlas morbosas.

—¿Qué tal el vídeo? ¿Sí estaba muy bueno? — la miraba fijamente para no perder detalle de su expresión.

—Era… — pensaba que palabra lo describía mejor.

Gaby no quería decir “absolutamente cachondo e increíble”, pero tampoco mentir. Selene es de las que a veces molesta demasiado y es indiscreta. Divertida, cariñosa y con un corazón enorme, una fantástica amiga. Pero también a veces escandalosa y cínica. Gaby cuidaba un poco sus palabras con ella, Selene siempre quería saber demasiado, eso le inquietaba un poco a la tímida Gaby.

—Salvaje — decía por fin, Selene esperaba más — Muy fuerte, como muy sucio… Incluso algo cruel con María — decía siendo objetiva, más no honesta.

—El sexo salvaje es lo mejor, él seguro que puede hacerlo muy bien de ese modo — decía la otra jovencita con tono lujurioso, reían.

—No sé, a todos nos gusta diferente — decía ella proyectando, siempre proyectamos sin darnos cuenta, cuando defendemos un punto, suele ser porque es NUESTRO punto.

—A nadie le gusta estar mal follada.

—No follar salvaje no significa estar mal follada.

—Lo que tú digas… Gaby mal follada — decía y ambas reían histéricas. Porque no había dolo alguno en Selene, solo era ella misma, como siempre.

—Eres una estúpida — bajaban la velocidad.

—¿Qué tal va Mario en eso?

—Mejorando bastante — dijo rápidamente.

—¿Entonces para que le hablaste y pediste consejo al güero?

—¡Yo que sé! Él es experto en eso, como quiera Mario ya le había platicado todo.

—Tienes que presentármelo, no conozco a nadie que le hable, preséntamelo tú — decía la rubia de sopetón.

—Claro — comenzaba Gaby — “Hola güero, ¿Cómo estás? ¡ah, mira! Esta es mi amiga Selene y quiere que te la folles salvajemente”.

—“Mucho gusto güero, lo que dijo Gaby, 3 veces, por favor” — respondía Selene fingiendo saludar al aire y reían más — ¿Y qué te recomendó? — retomaba cuando se iban las risas.

—Ni siquiera me dio consejos, solo me dijo pendejadas.

—Pendejadas como que quiere meterte su chorizo — respondía la también emocionada Selene.

—¡Ay, ya! ¡Solo estaba jugando! Siendo amable, yo que sé — decía Gaby sin poder evitar sonreír como idiota.

—¡Ay, dios mío!

—¿Qué? — preguntó casi con miedo.

—¡Tú también quieres!

—¡No! — dijo histérica, molesta, como cualquiera que es atrapado.

—¡No mames, Gaby! ¡Es el mejor amigo de tu wey! Hasta YO creo que es demasiado — decía riendo la cínica rubia tetona, tenía varias anécdotas interesantes esa chica, Gaby se las sabía todas — Sí está buenísimo el wey y todo, ¡pero es el mejor amigo de tu wey! — decía riendo histérica.

—¡Él no me quiere coger! Ya te dije.

—¡No lo puedo creer! ¡Dios! ¡Esto será un chisme épico! — decía riendo, ignorándola, molestándola.

—Estás loquita.

—Bueno, si no le vas a dar el culo tú, me lo presentas entonces.

—Sí, ajá.

Terminaba sarcásticamente y de manera sencilla, la profesora Mendívil entraba al salón, se acababa el tiempo libre.

—Yo también te extraño, mi bebé — le escribía Mario horas más tarde en WhatsApp.

No estaba en clase ese día, no legó a tiempo, a veces le pasaba, se le pegaban seguido las sábanas al adolescente.

—Pero vendrás a la salida, ¿verdad?

—Sí, la clase avanzada de sexo oral con la miss Gaby y la de follar delicioso no me las pierdo.

Escribió ingeniosamente él y ella se mordía el labio para no carcajearse en plena clase.

—Eres un tarado, te amo.

—Te amo también.

Gaby seguía sintiendo una caricia en el corazón y sonriendo involuntariamente cuando él se lo escribía o decía, disfrutaba el momento sonriendo dulcemente viendo la pantalla, él le enviaba un emoji asquerosamente cursi de un changuito con un corazón en la frente.

—¡Gaby!

La espabilaba una voz masculina llamándole, al parecer desde la ventana del salón de clases. Alzaba la vista y en el trayecto se topaba con la mirada de Selene, se detenía a verla un segundo porque su amiga la miraba emocionada apuntando con los ojos a la ventana, mientras le sonreía como idiota, Gaby por fin volteaba a la ventana, Jesús, güero, era quien la llamaba obviamente.

—Hola, güero — le decía acercándose a la ventana — No vino Mario — le dijo con seguridad. Antes de antier, ese era el único contacto que tenían ellos 2.

—Lo sé, pasemos el receso juntos — le dijo sonriéndole con su increíble sonrisa.

—Emmm, s-sí, claro — dijo caminando directamente a la puerta para salir de ahí para con él. No quería ir a su mochila y que Selene hiciera alguna estupidez que viera y mal entendiera él.

Caminaban por el patio uno al lado del otro, ella con las manos al frente de su regazo y él con más naturalidad, igual no se miraban.

—¿Qué sueles desayunar? — rompió el silencio él, se acercaban al comedor.

—Yo trai- — recordaba su lonchera abandonada en su mochila, se sentía estúpida de tener que regresar por ella — Lo que sea — se sentía aún más estúpida dándose cuenta que ni siquiera traía consigo la cartera — Pero hoy no tengo hambre la verdad.

—¿Cómo no vas a comer? — decía tomando una charola.

—No, está bien, te acompaño nomás.

—No digas tonterías, ¿No traes dinero? Yo invito, toma lo que quieras — dijo con sencillez.

—Solo tomaré fruta — dijo la chica tomando una charola por fin.

Avanzaban por la fila, se ignoraban deliberadamente, de pronto Gaby sintió que la empujaban y se le metían a un lado.

—Perdón, es mi amiga, vengo con ella — le decía Selene a un chico que no tuvo los tamaños para echarla de la fila.

—¡Lárgate! — le dijo Gaby entre dientes lo más bajo posible, la miraba con ojos de pistola, Selene sacaba la lengua tontamente, no se iría a ningún lado — ¡Hola! Soy amiga de Gaby — decía en voz alta llamando la atención de Jesús, le extendía la mano, él la tomaba con seguridad — Selene.

—Jesús — respondía tranquilamente.

—¡Ah!, ¿tú eres Jesús? Gaby me habló de ti — dijo ella sonriéndole con sorna.

—Espero que cosas buenas — respondió él con una sonrisa cálida.

Miraron a Gaby, ella estaba en medio de ellos tomando fruta, intentando ignorarles.

—Sí, solo cosas muy buenas, no te preocupes — remató Selene, Gaby le pateó la espinilla y la rubia tetona reía despistando.

Se sentaban los 3 a la mesa. ¿Dónde carajos está Isaac cuando se necesita? Gaby juraría que ese tarado tiene el súper poder de interrumpirlas cuando ella menos quería despegarse de Selene, ahora mismo ni sus luces.

—Lastima que no tenían chorizo, ¿Verdad, Gaby? Se antoja — decía sin pudor la chica viendo a su amiga.

—A ti siempre se te antoja — le respondía Gaby intentando meter las manos, Selene le daba una paliza inmisericorde.

—¡Ay ya! ¡No me quemes! — decía Selene riendo con naturalidad, le sonreía a Jesús, nunca se le podía tomar desprevenida a Selene, todo lo convertía en ganancias.

—¿Vas en clase con Gaby? Nunca te había visto — lanzaba un jap directo Jesús metiéndose en medio.

—Ammmm s-sí, vamos en la misma clase — titubeaba en un segundo la rubia con el ego herido.

—No me suenas, ¿Entraste apenas este semestre?

—No, no, o sea desde primero.

—¡Qué mentirosa!

—¡Lo juro! — decía Selene intentando reír, Gaby observaba.

—¡Conozco a un montón de tu clase! A Mario, a Gaby, Raúl, Esteban, Axel, Laura…

—Bueno, es que son amigos de Mario.

—También conozco a Estefanía, Saraí y Mayela, tú no me suenas — dijo rápidamente.

Mencionar a Mayela fue un golpe bajo. Una chica cortita, gorda y morena que no habló en todo primer semestre, algunos juraban que era muda, Selene tartamudeó.

—Bu-bueno, sí, estoy con Gaby — dijo la chichona buscando su dignidad con la mirada clavada en la charola.

Gaby lo miró y le sonrió, ¿Agradeciéndole? Eso fue asombroso, Gaby intentaba recordar si alguna vez Selene se quedó callada y no intentaba desesperadamente ser el centro de atención. ¿Fue por ella? Jesús le sonrió, le acarició la rodilla de una sola pasada, mientras se miraban a los ojos sonriendo, ella sintió una punzada, él retiró la mano antes de que fuera incómodo.

Se puso de pie, ella lo hizo por reflejo, Selene los miró.

—Me dio gusto conocerte, Selene, nos vemos — dijo el chico retirándose, sabiendo que Gaby lo seguiría y así fue.

—¡Wow, eso fue cruel! — decía Gaby y él sonreía — Esta es la segunda vez esta semana que te veo hacer pedazos a una chica — dijo Gaby ingeniosamente, Jesús la miró confundido — ¡El vídeo! — dijo Gaby sonriendo torpemente y Jesús se carcajeó.

—¡Entonces si lo viste! ¡Muy buena! — le dijo chocándole el puño aún riendo, se relajaban — Sentí que tu amiguita quería llamar toda la atención, a veces esas chicas me exasperan, y siendo honestos, es verdad que no sabía su nombre — decía encogiéndose de hombros.

—Obvio lo vi — dijo, pero prosiguió rápidamente, quiso dejarlo como una anotación a pie de página, no comentarlo — Tu María es muy de llamar la atención — remató con honestidad.

Había convivido un par de ocasiones con la nalgona fea aquella, ¿Dónde estaba? Volteaba sutilmente buscándola.

—Mi chica llama la atención aunque no quiera — decía él orgulloso.

—Por su culo gordo — decía sin pensarlo, lo miró esperando un golpe de regreso.

—Sí, por su hermoso culote — reían. Él era genial, no se tomaba las cosas a pecho, parecía divertido, ingenioso y relajado.

—Bueno, también Selene llama la atención sin querer a veces.

—¿Por sus tetotas? Supongo — decía encogiéndose de hombros de nuevo — ¡Hey! — decía alzándole la voz a alguien a lo lejos.

—Te haces que te vale, pero las notaste, sus tetas — decía insegura, ni siquiera vio a quien llamaba él.

—No estoy ciego, pero no es mi tipo.

—¡Ella es muy guapa! — dijo sin creerle una mierda.

—Sí, está buena, pero no es mi tipo — dijo con tranquilidad — Dos por favor, ¿Cómo estás, Mine? — decía a alguien más y Gaby por fin notó a Minerva, la chica que vendía esos deliciosos muffins de doble chocolate — Mira, tus favoritos — dijo sonriéndole dulcemente y dándole uno — Hasta luego, Mine — la chica se despedía alzando una mano.

Comían sentados el delicioso pastelillo, Gaby en serio los amaba.

—¿Sabes por qué ella vende esto? — le preguntaba Jesús de la nada.

—No.

—Si te fijas, ningún otro alumno vende nada, está prohibido teóricamente, pero ella tiene un permiso especial, sus padres tienen problemas de dinero.

—Ya, no tenía idea — decía viendo a la chica a lo lejos — ¿Cómo lo sabes?

—Ella me lo contó, estuvimos juntos en algebra lineal. Es súper estudiosa — de pronto el actor porno tenía profundidad, parecía un humano.

—¿Cómo sabías que me gustaban? — preguntó de golpe sobre el muffin.

—Mario me lo dijo. Le aconsejé comprarte uno todos los días, estuvieran molestos, felices, normales, se hablaran o no ese día — decía con sencillez, Mario no había fallado una sola vez, ella no sabía que pensar sobre eso.

—Gracias… Y al menos a él sí le diste un buen consejo — él la miró confundido — Ayer te pedí consejo y solo me dijiste tonterías y ni me dijiste nada útil.

—¡Aaahh! Mmmm — pensaba — Siendo justos no me pediste consejo, solo hiciste preguntas sobre su desempeño y el mío.

—Bueno, dame un consejo.

Jesús pensó. La miró y ella le sonreía con naturalidad, ya no tenía esa tonta sonrisa nerviosa que él ve muchas veces cuando sabe que una chica está intimidada por él, ¿Eso era bueno? Quiso boicotearlos, como hizo con Mario y ese video. Sonó la chicharra final, había pasado un lindo rato con la chica, decidió no hacerlo.

—Mmmmm la mayoría de problemas en parejas primerizas es que no se comunican bien. Y no lo digo superficialmente o refiriéndome a lo sentimental, sino a lo meramente sexual. Te aseguro que no se dicen abiertamente lo que quieren, llamando a las cosas como son, sin miedo a quedar como tontos, pervertidos o raros. Simplemente dile lo que quieres, de la manera más literal, explícita y clara que puedas. Si lo haces de manera sucia, puntos extra.

Le dijo concienzudamente a la chica. Gaby escucho cada palabra, tenía sentido y él parecía honesto o claro o lo que fuera, parecía genuino. Ella casi hablaba, él continuó un poco más.

—No tengas miedo de que a él le de asco o parezcas rara, a nadie le daría asco hacerte nada, no importa lo que pidas.

Le dijo él con seguridad y ahí había otro comentario peligroso aderezando todo, rieron nerviosos.

—Suena bien, pe-

—¡A clase, jóvenes!

Decía una profesora mal encarada presionándoles, se levantaron y caminaban lentamente, la mujer les seguía, pero no tan cerca, podían hacer un último comentario.

—¿Nada? ¿Crees que nada de lo que pueda pedirle le parezca demasiado? — preguntó con curiosidad.

—Créeme, creo saber cuáles son tus inseguridades, a él no va molestarle en lo más mínimo.

Dijo el muchacho sonriéndole con complicidad, casi picardía. La dejó parada en la puerta de su clase y se retiró, siendo asquerosamente cool, lanzando ese comentario final, pareciendo saber exactamente de qué hablaba ella y saliendo justo a tiempo, ella lo miró irse, claro que él no volteó atrás.

Las clases pasaban, ella pensó en mandarle mensaje, pero sería demasiado, se sentía rara respecto a él. Selene estuvo curiosamente muy seria esas últimas horas, Gaby disfrutaba su silencioso berrinche.

—Estoy ansioso — le escribía Mario.

—Yo también (emoji ebrio) — respondía ella.

Cuando ella salió de clase solo pensaba en Mario, lujuriosa y afectivamente, solo quería estar con él, no pensaba en nada ni nadie más, Jesús no iba permitir eso.

—¡Hey, tú!

Le decía el lindo muchacho acercándose por detrás. Apenas terminó la última clase salió corriendo para hacerse idiota a lado del laboratorio de biología, vista perfecta hacia todo el patio, la acechó desde ahí.

—Hola, güero.

—¿Qué harás? ¿Me acompañas por algo? — dijo él rápidamente, ella balbuceó, tenía la terrible costumbre de no saber decir que no — Es rápido, aquí por el jardín — dijo él con seguridad.

Jesús ya sabía que el 50% con las mujeres es simplemente decirles, la mayoría aman a un hombre seguro y le seguirán.

Caminaron sin decir mucho, el jardín estaba cerca. Ella no se decidía entre si decirle algo o no a Mario, es de esas cosas que a veces decidimos no decir, puede que por 30 minutos de retraso nuestra pareja ni rechiste sino dices nada, pensando que simplemente te retrasaste por alguna estupidez, pero si le dices que estás con alguien más, contarán cada minuto.

—¿Qué venimos a hacer? — preguntó nerviosa.

—Oh nada, es rápido, ¿tienes prisa?

—Bueno, sí, no mucha, no.

—No tardo, me dan eso y te acompaño a tu casa.

Dijo ante la nerviosa sonrisa de la chica, que él notó y disfrutó. Sabía perfectamente la rutina de ellos cuando Mario faltaba a clase, el pobre adolecente se lo contó mil veces. Sabía que Mario siempre la esperaba cerca de su casa, irónicamente Mario se lo contó presumiéndole.

Llegaron a ese jardín y Jesús entró rápidamente en ese local de celulares que estaba ahí.

—¿Quién es? — le preguntaba Jonathan, un amigo de él detrás del mostrador, miraba a Gaby parada afuera.

—Mi próxima víctima — decía Jesús con tono burlón, Jonathan la miraba, era muy como Jesús, guapo y extrovertido, sabia que lo era y era bueno con las mujeres por tanto.

—¿De verdad? — veía a la linda Gaby analizándola — No se ve mal, pero te he visto culos mil veces mejores besándote las patas.

—Es un caso especial — dijo sonriéndole, el otro chico la miraba y se encogía de hombros — Tal vez prefiero no saber — dijo riendo. Él lo conocía mejor que muchos, sabía que Jesús estaba algo perturbado.

—¿Qué hace?

—Solo está ahí — respondía con desinterés, Jesús miraba su cronometro, apenas 15 minutos.

Se hacía idiota sentado en el amplio sillón de su camarada dentro de su negocio. Solo le dijo que la estaba haciendo esperar y a ese otro chico no le importaba una mierda, así que él se concentraba en su laptop mientras Jesús en su celular.

—Ahí viene.

Le dijo de pronto el otro y Jesús escuchó enseguida la campana golpeando la puerta al entrar. El guapo muchacho corrió detrás del mostrador en un punto ciego desde la recepción.

—Buenas tardes — saludó con naturalidad el chico detrás del mostrador.

—Hola, buenas, ammmm ¿Jesús sigue por aquí? Mi amigo, el güero alto — decía evidentemente preocupada, intentaba ver dentro, Jesús estaba literalmente frente a ella detrás de un acrílico enorme y negro.

—Sí, está atrás, ¡Jesús! — gritaba el chico y miraba hacía atrás haciéndose idiota — No debe tardar, siéntate, espéralo aquí, no te preocupes.

—Emmm es que…

—¿Quieres un café? Para esperarlo — dijo el hábil amigo de güero acercándose a la cafetera.

—O-ok — dijo la chica torciendo la boca.

Gaby se acababa el café sentada en el cómodo sillón de la recepción, ni las luces del güero, miraba hacia dentro del local, ni siquiera se escuchaba que movieran nada, ya habían venido 3 personas y él no aparecía. Jesús miraba su cronometro, 36 minutos, no estaba mal. Gaby tenía el número marcado de Mario hace 10 minutos en su celular, no se decidía a llamarle y decirle qué, pero él ya había enviado 8 mensajes, presionó a llamar.

—Hola, amor — comenzaba la llamada, Jesús paraba la oreja detrás de ese acrílico negro lo mejor que podía — Sí, me retrasé, perdón… sí, no tardo… Emmm aquí en un local de celulares… No sé, es que… Con güero… Sí, tu amigo, ya no tardo… Llegando te cuento, sí… Te amo también.

Gaby colgaba y se ponía de pie, miraba al chico detrás del mostrador, él le sonreía y le escribía a güero en WhatsApp aunque estaba básicamente a lado de él, “parece a punto de irse, haz tu movimiento”.

—Jonathan.

Decía güero llamándole, como si viniera de más lejos y aparecía de atrás del acrílico, desde donde estaba Gaby parecía que venía de detrás, la chica se levantó.

—¿Listo? — le respondía el amigo haciendo el paripé.

—Listo, ¿Nos vamos? Disculpa por hacerte esperar — le decía a Gaby, ella negaba con la cabeza tranquilizándolo.

—Tenemos que darnos prisa — decía Gaby nerviosa mirando la hora, intentó hacerle charla a Mario para distraerlo, él respondió con monosílabos los últimos mensajes.

—¿Qué tanta prisa? — preguntó divertido él.

—Emmm pues mucha — respondió confundida — No importa, vivo aquí a 2 cuadras ya — decía aliviada mirando la lontananza.

—¿Detrás del mercado Sonora?

—Ahí exactamente — dijo ella sin prestarle atención.

Güero pensó que era la manera perfecta de coronar el asunto, si tenía suerte Mario vería todo. Se paró frente a ella de golpe, Gaby prácticamente chocó con él porque llevaba la vista en el aparato, alzó la mirada confundida y él sonreía con malicia divertida.

—¿Qué? — sonrió nerviosa.

Él de puso de rodillas hábilmente, la abrazó de las rodillas, ella forcejeó riendo e intentó impedirlo, pero él era ridículamente fuerte y grande a comparación. Jesús la subió a su hombro de esa manera cliché con su lindo trasero a lado de su cara carga sobre su espalda y él comenzó a correr con ella cargada de esa manera hacía donde ella le indicó.

Mario escuchó risas y gritos divertidos y desesperados dando la vuelta, escuchó bien, sí, era Gaby. Caminó rápidamente a la esquina sin saber que pensar. Apretó el puño instintivamente cuando vio a güero corriendo hacia ahí, con su chica cargada al hombro y su lindo trasero básicamente golpeándole la mejilla. Jesús lo saludaba alzando una mano y riendo, lo peor es que su Gaby forcejeaba, pataleaba y gritaba demasiado, pero divertida, pasándola bien, demasiado.

Güero llegó a dónde Mario estaba plantado al piso con rabia contenida y bajó a Gaby como si pesara 2 kilos. Dejándola parada entre él y su amigo, un movimiento completamente natural, ninguna dificultad, control total, fuerza más que suficiente.

—¡Güero! — gritaba ella aún con ese tono divertido y le golpeaba el pecho cómicamente — ¿¡Por qué!? — preguntaba con histeria cómica.

—Dijiste que teníamos que darnos prisa, así era más rápido — decía riendo.

—¡Estás loco! — seguía partiéndose la caja, Mario le tomó el codo para llamar su atención y ella casi salta del susto, ni siquiera lo había notado detrás de ella — ¡Mario!

Mario hizo un esfuerzo sobrehumano para no enloquecer y gritarles. Hay cosas funestas como que descubras a tu chica con la verga de otro en la boca, pero verla tener juegos físicos "tontos" con otro hombre no está muy debajo en esa lista de cosas funestas.

—¿Dónde estaban? — preguntó lo más amablemente que pudo, se sentía idiota mientas ellos aún reían y recuperaban la respiración.

—Bueno, yo... Emmm es que güero...

—Fue mi culpa, perdón — dijo güero sin dar detalles, no le daría la tranquilidad de saber que nada sucedió, apuntó detrás de sí solamente.

—Ya, ok, ¿nos vamos?

—Sí, sí — dijo Gaby al fin notando el mal rollo de Mario — Nos vemos, güero.

Dijo la chica despidiéndose de lejos solo alzando la mano, intentó ni mirarlo, Mario hizo lo mismo de mala gana y sin decir nada, Jesús sonreía de oreja a oreja. Se hacía idiota en el celular mientras veía donde entraba la pareja, quién sabe, tal vez sería útil saber exactamente dónde vivía ella. Miró el cronómetro, la retrasó 43 minutos, no estaba mal.

—¿Todo bien? — le preguntó Gaby mientras entraban a su casa, ella sabía que no.

—¿Dónde estaban? ¿Qué estaban haciendo? — preguntó Mario con evidente inseguridad sentándose en el sillón, como negándose a ir al cuarto antes de hablarlo.

A Gaby nunca le gustaron los celos, por más mínimos que fueron, tampoco nunca dio razones para ello, nunca tenían estas charlas. Ella se sentó junto a él.

—Bu-bueno, güero fue... Estábamos en... No sé exactamente que cosa... — se ponía jodidamente nerviosa.

Se dio cuenta de que no tenía coartada y se sentía irónicamente atrapada aún sabiendo que no hizo nada, pero sabía que sus torpes palabras solo empeoraban todo, lo miró nerviosa.

—Te juro que no hicimos nada — dijo firmemente, no es que tuviera que explicarlo literalmente ¿o sí? ¿eso era una posibilidad?

—N-no ya sé, solo... ¡Esperé 40 minutos! Podías decirme dónde estaban no sé, pude ir, pero ya sé que no hicieron nada tú y él obvio.

—¿Entonces por qué preguntas? — dijo a la defensiva.

—¡Pregunté que hacían! No insinué nada.

—Él entró a un negocio de celulares, ¡no sé!

—¿Qué hacías con él?

—¡Nada! — dijo poniéndose de pie, él la siguió.

—¡No me refiero a eso! Literalmente, ¿que hacían? ¿por que estaban juntos?

—¡Somos amigos! ¡yo que sé! Pasamos el receso juntos, saliendo él me dijo que lo acompañara ahí, ¡es todo! — se cruzaba de brazos, mala cosa.

—¡No son amigos! ¡él es mi amigo, no tuyo!

—¡Yo puedo ser amiga de quién yo quiera!

—¡No de él!

Ella lo miró con total incredulidad, Mario tenía defectos como todos, ser un toxico de mierda nunca fue uno.

—¿Perdón? — preguntó ella con cruel sarcasmo.

—¡No sé! Es raro, es mi amigo, es como si yo me hiciera amigo de Selene, sería raro.

—No, de hecho, me encantaría que dejaran de agarrarse de las greñas — dijo ella honestamente, mal ejemplo.

—No quiero que le hables.

—Ok, ahora es cuando te vas para que esto no se vuelva una pelea enorme y estúpida — dijo ella con seguridad.

—Bien.

Dijo poniéndose furioso de pie y se fue sin siquiera despedirse.

Jesús le envió un mensaje trampa a Mario esa tarde. Siempre que él pasaba la tarde con Gaby contestaba intermitentemente, pero contestaba, Mario no le contestó esa tarde por obvias razones, Jesús pensó en que seguramente sería buena señal.

—¿Qué andas haciendo? ¿sigues ocupada con mi amigo? Jajaja — le escribió a ella por la noche.

—No, ya se fue — ella pensó en dejarlo así o incluso mentir, pero seguía molesta, necesitaba desahogar y Selene seguía sería — Peleamos, es un tarado.

—¿Por qué pelearon? — escribió emocionado.

—Por ti — torció la boca apenas lo envió, ¿debió decírselo? — Piensa que nos gustamos o algo, está loco — escribió genuinamente ella.

—¿Podemos vernos? — ella espabiló.

—No. O sea ¿para que? Ya es medio tarde. Mis papás ya no me dejarán salir — escribió nerviosa.

—Voy a tu casa, vivo cerca. Solo 10 minutos — ella no contestaba — Solo 10, quiero decirte algo, pero solo en persona, es importante.

—Ok, pero solo 10.

Solo escribieron un mensaje más para acordar verse en ese lindo jardín cerca de la casa de ella. Jesús quería dar un gran paso, ella no estaba segura de que esperar. No le fue tan difícil salir de casa como dijo, pero su madre fue firme en que regresara pronto.

Hacía mucho calor aunque ya estaba oscuro y eran las 9pm. Ella llevaba un short diminuto blanco muy apretado de tela. Porque era cómodo mayormente, era solo un extra que su culo se viera tan precioso y redondo, que incluso ella se diera cuenta, aunque casualmente ella tenía muchos shorts y usaba mucho ese en particular. Cuando ella llegó lo vio ahí sentado y él le sonrió nervioso, güero practicó esa sonrisa nerviosa antes de salir de casa, lo logró, ella sintió un pequeño escalofrío.

—Hola, güero — dijo ella, sentándose instintivamente lejos de él en la misma banca.

—Hola, ¿Estás bien? — ella se encogió de hombros — ¿Qué dijo exactamente?

—Qué ya no te hablara, pero obvio no le permitiré controlarme así, él sabe que se portó ridículo... Eso espero.

—¿Él piensa que nos gustamos?

—Sí, eso creo, no lo dijo así, pero sí. Creo que piensa más que tú me gustas que yo gustarte a ti — decidió dejarlo salir todo, ni ella sabe porque.

—¿Y...? — preguntó nervioso, ella abrió los ojos.

—¿Y qué? — dijo y él le esquivaba la mirada — ¿Y qué, Jesús? — presionó molesta, ¿cómo se atrevía a preguntar siquiera? — ¿Para eso querías que viniera?

—¿Es verdad?

—¡No! ¿De que hablas?

—¡Ok, ok! Tal vez fue mi culpa.

—¿¡Por qué!? ¿qué hiciste? — la cabeza le daba vueltas.

—Nada es que... — la miró fijamente, también practicó esa mirada, completamente aterrado, también funcionó.

—¿¡Qué hiciste!? ¿¡qué pasó!?

—Supongo que lo dijo por mí — dijo tomándole la mano, ella la retiró histérica.

—Yo-yo ¡no es cierto! ¡no digas mamadas!

—¡Perdón!

—¡Yo no te gusto!

Él la miró intensamente, directo a los ojos y sutilmente a los labios, mirada profunda y decidida. Esa mirada no necesitó practicarla antes de ir ahí, la usó muchas veces, todas las veces cerró el trato. Le acercó el rostro lentamente, tan lento y poco sutilmente que ella pudo quitarse fácilmente, pero no lo hizo.

Solo cerró los ojos en el último instante, no quiso ver, pero tampoco evitarlo. Él la besó profundamente de inmediato, ella correspondió el beso, güero jugaba con su lengua haciéndola a ella jugar con la suya. Le acariciaba gentilmente el muslo, la piel tersa y desnuda de su pierna se sentía bien, a él le venía una genuina erección de adrenalina y a ella le temblaban las rodillas, todo era tan asombroso.

Se separaron un segundo y cuando ella despertaba de su sopor seguía sin creer que se besaba con él aunque lo viera frente a ella, balbuceó algo, quiso pararlo todo, incluso alzó las manos frente a ella para darse entonación, pero él la tomó por la cintura y se la sentó encima, de nuevo con una maestría y facilidad asombrosa.

—Güero, no... — dijo débilmente, apenas audible.

Pero lo que le faltó de fuerza en las palabras lo ponía en su mirada. Pedía clemencia, le miraba con semblante histérico, queriendo que él lo detuviera todo porque ella ya no podía. Él solo le sonrió cálidamente como diciéndole que todo estaba bien, hundía su cara en su cuello para besar y lamer a la novia de su mejor amigo.

Gaby miraba hacia el cielo, con el rostro clavado ahí, aunque con los ojos cerrados, perdida sin poder detenerse. Jesús sabía exactamente como besarle el cuello sorbiendo un poco al final, lamiendo a lo largo y tomaba su precioso culo con ambas manos, ella se retorcía disfrutando. Su corazón lloraba, pero su cuerpo gozaba.

—Ya, güero... — dijo retirándose un poco, impulsándose en el pecho del chico, las manos de él en su culo firmemente puestas no la dejaban salir de ahí — ¡Suéltame el trasero! — dijo sonriendo nerviosa.

—No, me encanta tu trasero, siempre me ha gustado.

—¡Claro que no! Yo ni te gusto, no se porq- — pensaba, sonreía, se divertía, pero no quería ponerse cómoda, espabilaba — Solo bájame — dijo melancólica de pronto.

Volvió a intentar impulsarse, pero esta vez hecho la mano más abajo, le manoseó la erección sin querer y lo notó enseguida, porque sintió una firme vara en su mano, una grande. Y notó la evidente forma fálica, no había modo de que fuera otra cosa, retiró asustada la mano de inmediato.

—¿¡Eso...!? — expresó asustada mirando su entrepierna.

Pero pasó de estar completamente segura de saber lo que tocó a no saber que tocó, apretó las cejas confundida mirando ahí fijamente. A güero se le marcaba perfectamente una vara ahí, pero grande, DEMASIADO, eso no podía ser su verga, ¿verdad? ¿¡verdad!?

—Sí, es exactamente lo que crees — dijo apretándole el trasero con las 2 manos.

Por gusto y para darse agarre, la restregó contra él con fuerza, pasándole bien el bulto por toda la concha, levantando la cadera un poco al final.

—¡Claro que no es tu...! — dijo histérica y sin poder terminar porque sintió esa cosa rozándole.

Estaba histérica, más no parecía ni un poco enojada, una pierna le tembló sintiendo esa cosa enorme contra su concha y abrió los ojos desesperada mirando ahí debajo.

—Bájame, güero — dijo sin moverse, pidiéndolo, pero no haciendo nada al respecto.

Él le dio otra repegón y ella se puso rígida de la espalda y piernas levantándose un poco al final, fue un espasmo sexual tan intenso que sintió que se correría si él le daba otro.

—Bájame — le dijo con el mismo tono que parecía no querer decírselo realmente.

Ella jamás olvidaría como él la miraba en ese momento. Con absoluta y completa lujuria. Él besó su cuello delicadamente y ella sintió como de sus labios salía una punzada que le recorría todo el cuerpo. Le acariciaba con firmeza su precioso culo a 2 manos, la restregaba contra él a buen ritmo sin detenerse y ella, sin darse cuenta, también lo hacía. Le abrazaba con fuerza la parte superior pasándole los brazos por encima de los hombros, mientras él la sostenía aún de las sentaderas y se restregaban uno al otro en su ligera ropa gimiendo delicadamente en el oído del otro sin mirarse.

De pronto él dio exactamente en el punto dónde debía y lo supo por un breve, pero fuerte espasmo de ella. Se miraron por medio segundo y ella le sonrió nerviosa mordiéndose el labio, él tomó su cadera para ganar en precisión, le pasó firmemente el madero por ese punto mágico y ella se recostó sobre su hombro entregándose a lo qué sabía que venía. Él la acarició usando su cuerpo, ella gemía delicadamente, le clavaba las uñas en los brazos y le mordía el hombro.

Güero podía sentir la humedad y calidez de ella incluso con la ropa y ella podía distinguir la forma fálica perfectamente.

—Güero… ¡Güero! — gimoteó ella quien sabe porque en el último segundo.

Luego comenzó a temblar sobre él. Primero delicadamente, mientras le clavaba los dientes con más fuerza en el hombro derecho. Cuando él no paró, ella le abrazó desesperada con fuerza y comenzó a tener espasmos lujuriosos y violentos sobre él, le mordió con fuerza el hombro y aún así se le escaparon fuertes gemidos mientras disfrutaba teniendo su intenso orgasmo sobre el mejor amigo de su novio.

Bajaban la velocidad, de pronto ella aterrizaba y miraba intensamente a güero, le sonreía involuntariamente y un segundo después desviaba la mirada.

—Bájame — dijo suavemente.

—Cómo digas — él le sonrió, tomó su cintura y la regresó fácilmente al lugar de dónde la tomó.

Ella se acomodó nerviosa hiperventilando.

—Tengo que irme, mi mamá me va matar si me tardo más.

—Ok, adiós, Gaby — dijo él con sencillez.

—Adiós, güero.

Dijo Gaby poniéndose de pie y yéndose sin voltear atrás. Él vio riendo poco como le temblaron las rodillas a ella los 2 primeros pasos.

—No sé, suena a qué pudiste follartela ahí mismo, dices el jardín de San Mateo, ¿no? Es súper discreto, seguro pudiste follartela ahí mismo, te apendejaste, estaba puesta según lo que me dices.

Le decía aquel amigo del local de celulares a Jesús después de escuchar la historia, ese mismo que lo ayudó a quemar tiempo mientras Gaby lo esperaba como idiota sentada en el local.

—Definitivamente pude follarmela — dijo güero compartiendo un cigarro con él.

—¿Entonces?

—Dos cosas. Necesito un buen lugar y mucho tiempo para follarmela tantas veces que ya no se me pare y ella quede lela — reían pasándose el cigarro.

—¿Te gusta en serio? ¿o por qué tanto esfuerzo?

—Nah, para nada. Solo tengo mis razones.

—Claro que sí, maldito enfermo — reían — ¿Cuál es la otra cosa? ¿el lugar y...?

—Ella me dijo que la bajara. Ella realmente no quería que la bajara, y seguramente hubiera podido follarmela aún así, pero hubiera sido entre sus dudas y miedos, podría funcionar, pero no siempre sale bien. Me he dado cuenta que es bueno dejarlas con ganas, la idea crece en sus cabecitas, cuando me la folle lo deseara más de lo que lo deseaba hace rato. Creo que hasta ese momento ella todavía no lo veía como una posibilidad real, ahora sí, eso crecerá en su cabecita. Lo hubiera hecho ahora, hubiera funcionado, pero probablemente mañana no me hablaría y sería todo, se acabaría, porque obtuvo lo que quiso en ese momento de locura. Quiero que ella me ruegue por follarmela, no lo haré a menos que ella me lo pida desesperadamente.

—Amigo, tú sí que eres un caso.

—Lo sé — dijo sonriéndole.

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