Xtories

Embarazados 2

Solo fue un calentón, se dijo al pagar el taxi. Pero cuando la puerta se abrió, ella no estaba fuera: estaba esperándolo. Dos días de pasión absoluta bastaron para destruir una relación de año y medio y reescribir el destino de dos vidas.

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Esos dos días resultaron infernales, tenía remordimientos por haber follado con una desconocida, quería a Aroa, nunca tuve motivos para lo contrario, era la mujer perfecta, la que deseaba en mi vida para formar una familia, pero las imágenes del encuentro con Carmen me bombardeaba la cabeza, alejándome cada vez más de la buena de Aroa. Aún así esos días salí con mi novia y hasta mantuvimos relaciones sexuales plenas y satisfactorias. Llevábamos 10 meses juntos y nos entendíamos a la perfección en la cama, ella era pasional y entregada, con un cuerpo perfecto y mucha simpatía.

Llegó el gran día, mi corazón estaba a mil, se me iba a salir de su sitio en cualquier momento, nunca había engañado a Aroa. Como planeamos la llamé para alertarla de mi gastroenteritis y la conveniencia de que no se acercara a mí para que ella no lo contrajese. Tras decirle que saliera a divertirse en la feria con sus amigas se despidió de mi con un -Te amo, cuídate mi amor, muack.-

A la hora acordada bajé a recibir el taxi y pagarlo, vi como se paraba un taxi junto a mi, preguntando por mi nombre e indicándome el importe a pagar, mi decepción fue tremenda, me hacía mucha ilusión pasar la noche con Carmen. A pesar de la decepción lo entendía, aquello fue un calentón del momento, no podía recriminarle nada a ella, aunque me hubiera gustado saborearla ese fin de semana. Volvería a la realidad de mi vida con la buena de Aroa. Pagué el taxi y me volví para casa.

-No te parece a ti que se te olvida algo.-escuché decir a una voz femenina.

-¿Pero como..? No te he visto dentro del coche, ¿como has venido?-

-Quería ver tu reacción y me he escondido detrás del asiento.-

-Bueno y ¿que te ha parecido mi reacción?-

-Magnífica, era lo que esperaba, tus gestos de desesperación han sido sublimes.-

-Te he extrañado mucho estos dos días y al no verte me había confundido-

-¿Que quieres de mí?

-Conocerte, te lo dije bailando, me encantas-

-Pero yo tengo novio desde hace año y medio…-

-Pero también quieres conocerme, por eso estás aquí, ahora vamos a subir a mi casa para seguir charlando si te parece...-

Carmen acepto como era de esperar, aquella criatura era muy observadora y por su ocurrencia de ocultarse, parecía juguetona. En el ascensor su rostro se acercó al mío, pude sentir su respiración y su aliento fresco cuando me dijo.

-¿No vas a besarme?-

Me lancé como un lobo lo hace contra su presa arrinconándola en el ascensor, pegando nuestros cuerpo, asalté sus labios con deseo, esos deseos contenidos de dos días de espera, mordía sus labios, buscaba su lengua juguetona en un intento de anudarlas, nuestros fluidos se compartieron y lo que probamos nos gustó.

Se había parado el ascensor y el deseo había hecho que no me diera cuenta. Fue ella la que empujándome contra la puerta consiguió que esta se abriera.

-Te deseo Carmen.-

-Y yo a ti Toni.-

Abrí la puerta y se desató la locura, Carmen se lanzó sobre mí y agarrada de mi cuello como su fuera un Koala cruzó sus piernas en mis caderas, devorando con deseo mis labios. Estaba claro que el deseo era mutuo. Besándonos la llevé a mi dormitorio, ella me descabalgó y nos desnudamos mutuamente, estaba deseando desnudarla y ver si aquella mujer era perfecta como parecía, exceptuando algunas cicatrices que no me atreví a preguntar, era una diosa, más de lo que realmente había pensado, una mujer diez con un rostro precioso, rozando lo divino.

Allí la tenía frente a mí mostrándome su desnudez, ambos nerviosos pero deseosos. La tumbé en la cama bocabajo lamí su cuello y el lóbulo de su oreja, los humedecía y soplaba para que su piel se erizara, recorrí su espalda y sus glúteos con mi lengua, tratando de saborear la esencia de un capricho de los dioses, saboreé y besé sus pantorrillas y piernas. Su respiración denotaba que sentía placer, ese placer que mostraba su cuerpo. La volteé para seguir lamiendo y besando su cuerpo, cada cicatriz, cada lunar, su preciosa cara, su estilizado cuello, sus pechos y pezones empitonados, sus brazos y manos, recorrí su inmaculada barriguita, lugar donde no tenía alguna herida de guerra, ni un lunar, lamí y soplé su barriguita y vi como su piel se erizaba, su precioso ombligo decorado con un piercing con el que jugué con mi lengua, lamí los dedos de sus pies metiéndolos en mi boca uno a uno, mientras miraba su cara de placer, subía por sus muslos hasta su rasurado pubis y bajé con mi lengua hasta su vulva. Su respiración se aceleró, lo estaba deseando, mi lengua jugó con su clítoris y en la entrada de la vagina, lamiendo los labios de su coñito volvía al clítoris, ella gemía y se retorcía de placer, su excitación con las preliminares fue máxima, llegado el momento de su orgasmo arqueó su espalda y agarró mi cabeza.

-Sigue, no pares, sigue, me voy a correr, ahí, ahí, sigue así, que gustooo, me corroooo, me corroooo.-

Pude saborear su corrida, su sabor era muy distinto al de Aroa, era más dulce, más lácteo, un sabor muy agradable.

Tras recuperar el aliento fue ella la encargada de besarme y lamerme, cientos de sensaciones placenteras recorrían mi cuerpo con el simple contacto de sus dedos, de su boca o de su lengua, hasta hacerme la mejor felación que me hicieron nunca, lamió mis huevos mientras masturbaba mi polla, tras lo cual lamió el largo de mi polla hasta el glande dándole un giro completo con su lengua, para después introducirla mas de la mitad en su preciosa boca y empezar una suerte de bailes con su lengua que hicieron que explotara de placer.

-Me corro, quítate, me corrooo, dios que ricooo, dioooooos que placeeeer-

Ella cerró su boca alrededor de mi glande y tragó la copiosa corrida, no podía creerlo, era la primera vez que una mujer lo hacía, dejándome sin palabras cuando al terminar succionó para sacar las ultimas gotas, una sensación de frio-calor recorrió mi médula espinal. Nunca había sentido tanto placer. Ella se tumbó sobre mí y puso su cara en mi pecho, yo acariciaba su pelo.

-Dios mío, ¿donde estabas escondida tanto tiempo?-

-Estaba buscándote, pero ya te he encontrado.-

-¿Y que piensas hacer ahora que me has encontrado?-

-Disfrutar este momento, de esta locura.-

Sus suspiros se me clavaban en mi oído, como el suspiro de una quinceañera enamorada. Acaricié su espalda y vi su pelo erizarse, ella se tumbó bocarriba Para que siguiera acariciándola, así lo hice parándome en esas cicatrices que tenía en el hombro, brazos y piernas.

-¿Cómo diablos te hiciste esto?-

-Son caídas de motos, heridas de guerra.-

No quise profundizar más en este hecho ya que sus suspiros volvieron a golpear mis oídos, era patente que aquello le gustaba. Ella agarró mi polla y empezó a masturbarme, yo pasaba de sus pechos a su vulva, masajeaba su clítoris y metía dos dedos en su coñito rosado.

Ella se volteó para ponerse encima de mí, agarró mi polla y la restregaba por el largo de su coñito hasta tocar su clítoris, la vi abrir la boca al sentir como mi glande se abría paso en su vagina. A partir de ahí todo fueron gemidos, mi polla horadaba su coño centímetro a centímetro, controlada la profundidad por ella, poco a poco, sin prisas pero sin pausa, logró encajarse toda la polla, sus gemidos inundaron la estancia. No podía creerlo, dos encuentros y no había sido yo quien iniciara la penetración, nunca mis novias me habían montado en una postura inicial, lo normal era un misionero o a cuatro patas si estábamos a mil, pero ninguna me había montado, Carmen en nuestro segundo encuentro lo volvió hacer. Definitivamente ella era más sexual que ninguna, las comparaciones dejaban a Aroa en muy mal lugar. Máxime cuando ya encajada mi polla se puso en cuclillas y empezó a botar encima de ella, miré la escena y veía como mi polla salía casi entera para de nuevo ser engullida por ella, literalmente ella me estaba follando, saltando sobre mí, hice un gran esfuerzo de contención para evitar correrme antes que ella.

-Me corro, me corro, que polla tienes tío, te siento muy dentro, oh dios mío me corrooo.-

Sin moverme había conseguido sacarle un orgasmo a Carmen, busqué posturas donde mi aguante fuera superior, aún no quería correrme, quería disfrutarla, hacerla mía, ser su mejor amante. Cambié mi posición poniéndola bocarriba, con los pies en mis hombros, haciendo la tijera de lado, en el filo de la cama utilizando la máxima profundidad, a cuatro patas y levantada a pulso, con Carmen agarrada de mi cuello, agarraba de sus nalgas la alzaba y la dejaba caer clavándola hasta los huevos. Sus gritos de placer en mi oído, me animaba a seguir dándole duro.

-Me corro Carmen, me corro, donde…-

-Córrete dentro, síii córrete dentro.-

-Me corro, me corrooooo, si, si,siiiiiii.-

-Oh síii, oh síii, te siento muy dentro.-

La solté en la cama temblorosa, había tenido su cuarto orgasmo de la mañana. Me tumbé junto a ella, por segunda vez tuvimos la sensación de tocar el cielo con las manos. No acometimos la empresa de un nuevo orgasmo. Era la hora de almorzar y pedí comida a domicilio. Mientras nos relajamos tomando una ducha antes de comer.

Almorzamos y fuimos al salón a ver alguna película. Juntos empezamos a verla con mi brazo por encima de sus hombros y su cabeza apoyada en mi hombro. A los diez minutos la sentí respirar profundamente, miré el espejo situado frente a ella y pude ver sus ojos cerrados. Como pude la cargué en mis brazos y la llevé a la cama. Pude observarla mientras dormía, me sentía afortunado de tenerla allí, su precioso rostro, su sinuoso cuerpo, toda ella espectacular, dormida, confiando su seguridad en mi el segundo día.

Me quedé dormido media hora después, sincronizándome con su respiración.

-¡Pero que guapo, guapísimo eres tío.-

-Guapa, guapísima tú y no admito discusión.-

Despertarse con aquellas palabras te elevan la autoestima hasta límites celestiales. Ella agarró mis partes nobles por encima de mí pijama.

-¿Estas listo para el siguiente asalto?-

-Cuando quieras y como quieras.-

La tarde noche fue también muy activa, había hecho los deberes y sabía lo que le gustaba, lo que la llevaba al cielo. Acabamos la noche rotos, tirados sobre la cama, había sido una jornada espectacular de sexo, donde descubrí a la mujer que quería en mi vida, poco o nada me importaba Aroa. Quería a Carmen en mi vida, era la mujer de mis sueños.

No se si dormir con ella era buena idea, mis sentimientos hacia Carmen estaban cambiando a pasos agigantados, no entendía cómo había llegado a mi vida de esta manera y ya me tenía enganchado a sus caricias, a sus besos, al ardor de su cuerpo, toda ella era pura fantasía. Caí dormido con mi brazo extendido y ella sobre mi hombro. Protegida bajo mi ala se quedó dormida antes que yo, me sentía afortunado. El sueño me venció tratando de imitar su cadenciosa respiración.

Sentí al despertar la dureza matutina con un inmenso placer, Carmen se había despertado y tenía mi polla en la boca, lamiendo mi glande y ensalivándolo para meterlo en su boca.

-Joder tía, así da gusto despertarse.-

-No me puedo resistir a esta belleza, lo siento.-

Le pedí que se volteara para hacer un sesenta y nueve, lamí su coño y su culo hasta provocarle un orgasmo que degusté con placer. La volteé para follarla en la postura del misionero, la mejor postura para sentir sus tensos pezones rozando mi piel, su bello cuello expuesto para ser mordido, sus preciosos labios dispuestos a ser devorados, la folle lentamente, gustándome en cada embestida, penetraciones largas y profundas, mirando a sus ojos, mirando su preciosa cara.

-Que polla tienes tío, me matas de placer, me matas-

-Es toda tuya, querida-

Mis embestidas se aceleraban y el calor del buen sexo aseguraba que volveríamos a combustionar en breve.

-Me corro Toni, me corro, no pares, no pares. Sigue, sigue, aghjhh me corrooooo. Te quiero, te quiero.-

Ella fue la primera en declararse y segundos después lo haría yo.

-Me corro Carmen, me corrooo.-

-Dentro, lo quiero muy dentro de mí coñooo.-

-Me corrooooo o siiiii, aggghhh.-

-¡Oh siiii, joder te siento tan dentrooo, que ricooo por dios.-

Tras el orgasmo la besé y al separarme la miré a los ojos y le solté un -te amo- que nos cortó la respiración, dejándome caer junto a ella.

-¿Cómo que me amas? ¡Y a tu novia qué! ¿Ya no la amas?-

-¿Cómo que me quieres? ¡Y a tu novio qué! ¿Ya no lo quieres?-

Carmen se sentó sobre la cama, cruzando sus pies, puso sus manos en su cara.

-Oh dios mío, hay dios, no me lo puedo creer, he olvidado más de un año de relación, he olvidado a mí novio, no sé qué me ha pasado.-

-Lo mismo que a mí, no lo puedes evitar, te has enamorado de mí.-

-Yo no, no, no, no puedo enamorarme de ti, tengo nov…-

-Y yo también tengo novia, querida, estamos igual, dime ahora que no me amas y te dejaré ir para siempre de mi vida.-

-No, no, no, no, no te, no, no, no puedo, no puedo, no sé qué me pasa no puedo.-

Apartó sus manos de la cara y de sus ojos brotaron las primeras lágrimas. Me apresuré a situarme frente a ella y abriendo mis piernas la abracé y besé en la frente hasta calmarla. Estaba temblorosa, confundida, pero no arrepentida por haber corneado a su novio.

Dos días después cortamos con nuestras respectivas parejas, para dar paso a lo evidente, el amor había triunfado, ella había encontrado al hombre de sus sueños y yo a la mujer de mi vida.

Nos casamos a los 21 años y nuestra vida iba viento en popa y a toda vela, disfrutamos cada segundo que estábamos juntos, yo rescaté la carpintería donde trabajaba y monté una tienda de armarios, puertas y bricolaje, negocio que funciona como un reloj.

Ella por su parte había optado (aunque no lo necesitaba) por limpiar casas por horas (entre las cuales estaba la casa de mi padre a la que iba 3 horas lunes y viernes, pues vive solo desde la muerte de mi madre) así ella se saca un sueldo para sus caprichos, que por otro lado no son nada baratos.

A los dos años de estar casados, empezamos a buscar un bebé con el que compartir nuestro amor, nuestra vida sexual era espectacular, no había ni un pero, el amor flotaba en el aire. Estuvimos mucho tiempo buscando sin resultado. Acudimos a una clínica privada con el fin de que nos ayudaran. El resultado y después de muchas pruebas, nos diagnosticaron que ella no tenía ningún problema para concebir, pero que yo si tenía problemas, que no se podía corregir y es que de pequeño sufrí una inflamación testicular a causa de unas paperas que me había dejado estéril.

Para un buen macho alfa como yo, deseado por muchas mujeres, con la estima sexual por los cielos, fue un palo tremendo no poder dar descendencia a mi mujer, aunque ella me animaba diciéndome que todo estaba bien así, que con nuestro amor superaríamos todo los problemas que surgieran en nuestra vida.

Pasaban los meses y sentía que nuestra relación se podría enfriar y deteriorar por este motivo, cada vez que paseábamos y veíamos unos grupos de niños los mirábamos y en nuestro interior sentíamos el vacío de ser una familia incompleta.

Pasaba los días buscando por Internet si había algún tratamiento “aunque fuera en otro país”, me aferraba a una esperanza que se diluía a cada artículo que leía, leí como hombres con mi problema, que habían optado por la inseminación artificial habían tenido problemas, unos que su hijo tenía los ojos claros y nadie en su familia poseía esos rasgos y mil historias más.

Pero llegó a mi la página de Todorelatos y en concreto uno de ellos, en la que una pareja de Barcelona con el mismo problema, ellos en este caso buscaron un chico que se parecía a él, la mujer tuvo sexo con él hasta conseguir quedar embarazada, no sé por qué motivo la historia me produjo una erección tremenda saqué mi polla y me masturbé leyendo las palabras del marido que contaba esa historia, pensando en lo cornudo que era y cómo lo preparó todo con el fin del embarazo, buscando al chico, entregando a su mujer al placer con otro hombre, leyendo cómo expresaba sus sentimientos de excitación y celos al ver a su mujer usada por otro macho que no era el, me corrí coincidiendo con la parte que contaba cómo se corría aquel chico dentro del coño de su mujer y como el semen salía de su vagina a borbotones.

Mí corrida fue brutal, limpiando mi semen en un pañuelo de papel, por un momento imaginé que Carmen, hacía lo mismo y otro chico la disfrutaba hasta preñarla delante de mí, descarté esa posibilidad de inmediato, no, no iba a entregar a mí mujer a otro hombre, la quería demasiado, ella era mi vida, el amor de mi vida, ella era mía, solo mía.

En mi 25 cumpleaños, Carmen me dijo que pidiera un deseo al soplar la vela, y así lo hice, merendamos, dejándome solo para irse a la ducha, volvió con un conjunto de lencería que ríete tú de las modelos de revista, se me acercó sensualmente y me dijo que disfrutara de su regalo, y así lo hice, estuve disfrutando de ella tres horas, en las que la pasión y el buen sexo que teníamos se unía a la celebración, hubo felación, sexo en todas las posturas, con las piernas en alto, de lado, a cuatro patas, el misionero, de pie, ella encima, eyaculé dos veces y ella perdió la cuenta de sus orgasmos. Quise cobrarme bien mi regalo y follarme su delicioso culito pero tuve el mismo resultado, imposible tengo mucha polla para un culito tan pequeño y estrechito, desistí a cambio de una comida de polla y huevos que me hicieron temblar las piernas.

Ya en la cena, me preguntó que deseo había pedido mientras soplaba las velas, y no tuve ningún reparo en decirle que mi único deseo era tener un hijo, a lo que ella respondió que en la situación actual no podíamos. Ella piensa como yo que en una clínica es muy frío y programado quedarse embarazada y no había una garantía de éxito de lo que realmente esperábamos. Aún así ella tendría la satisfacción de ser madre pero no le gustaba nada no saber el esperma de quien era y aunque las clínicas llevan controles sobre esas donaciones, a ella la idea no la entusiasmaba mucho, pero si yo quería ella se sometía al tratamiento.