Xtories

El negro me la robó

Eduardo creía que su relación era estable hasta que el cancelamiento de un vuelo lo dejó atrapado en casa. Escondido en el armario, presenciará la destrucción de su mundo mientras dos cuerpos se entregan a una pasión brutal y prohibida. Lo que comienza como una traición se convierte en una lección de sumisión que él no podrá evitar.

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Me llamo Eduardo, tengo 28 años, soy delgado, poco musculado, con el pelo castaño, blanco de piel. En este relato os voy a contar como me robaron a mi novia.

Desde los 25 años estaba saliendo con Carla. Ella era algo más joven que yo, rubia, con los ojos azules, piel blanca, algo pecosa. Ella era muy delgada, con unos pechos pequeños y rosados, caderas finas… Era una chica muy dulce y agradable.

Con respecto a nuestra vida sexual, Carla y yo solíamos follar una o dos veces por semana. Generalmente sexo vainilla que llaman. Penetración, algo de sexo oral y siempre con condón, puesto que no queríamos que se quedase embarazada. Nuestro sexo era “correcto” ni demasiado pasional, ni demasiado soso. Por lo menos para mí, cubría mis expectativas y necesidades. Aclarados estos puntos, nos metemos en materia.

Durante el cumpleaños de Carla, esta me presentó a algunos de sus amigos de la universidad, entre ellos a Ibrah, un senegalés negro como el carbón que ya desde el principio me dio mala vibra. Ibrah era bastante más alto que yo y que carla, musculado, con la piel muy oscura, barba negra y escasa y pelo corto muy rizado. Cuando durante la fiesta vi como Ibrah miraba a Carla, me hirvió la sangre; cuando la abrazó para despedirse, mi instinto me pedía iniciar una pelea que evidentemente, no podría ganar. No quería ni oír hablar de ese mostrenco africano.

Al terminar el cumple, le expresé mis pensamientos a Carla, que no se los tomó demasiado bien. Ella me acusó de ser celoso, de preocuparme por tonterías, de intentar alejarla de sus amigos, incluso me acusó de ser racista. Tal fue la sarta de acusaciones que me soltó, que pensé que si obviaba el tema, sería mejor para todos. Y así lo hice.

Tres semanas después, tenía pensado ir a visitar a mi hermana a Holanda. Mi plan original consistía en que Carla viniese conmigo, sin embargo, ella alegó que el coste de los billetes sería demasiado caro y que ella prefería quedarse en casa. Reconozco que me sentí algo decepcionado, pues tenía la esperanza de que un viaje pudiese acercarnos un poco más el uno al otro, pero acepté su decisión sin problema. Esa tarde, a la entrada del aeropuerto, Carla me despidió con un beso muy dulce.

Estuve unas tres horas en el aeropuerto, esperando mi vuelo, que se retrasaba una y otra vez, hasta que finalmente se canceló. A pesar de mi frustración, llame a mi hermana para contarle la situación y decirle que intentaría ir en el vuelo del día siguiente. Pensé por un momento en llamar a Carla, con la intención de avisarle de la cancelación, pero finalmente decidí darle una sorpresa.

Llegue a casa y ella no estaba, intuí que se habría ido a cenar fuera de casa. Dejé mi equipaje en la habitación estudio y me fui al dormitorio. Tras darle algunas vueltas, pensé un plan y cuando oí el sonido de la puerta abrirse lo puse en ejecución. Me escondí en el armario, agazapado para darle a Carla la sorpresa.

Estaba listo para salir cuando vi pasar la figura de carla y otra figura más. Una figura corpulenta. Entreabrí la puerta para poder ver algo más. Era el, el negro de mis peores pesadillas. Sujetaba a carla por la cintura, mientras se agachaba para besarla.

Rápidamente mis mejores deseos se tornaron en rencor, incredulidad y excitación. No podía dejar de mirar y aun así era consciente del dolor que me producía mirar. Carla me ponía los cuernos con Ibrahim. Un montón de preguntas surgieron en mi cabeza. ¿Cuánto tiempo llevarían poniéndome los cuernos? ¿Por esto no quería venir Carla a Holanda? ¿Había fracasado como novio?

Solo podía fijar la vista en ellos. Como sus grandes manos negras levantaban la camiseta de carla y contrastaban con su blanca piel. De repente el negro le preguntó si estaba preparada. Carla asintió y vi como el negro le ponía algo en el cuello. Justo después, con su mano inclinó la barbilla de Carla hacia arriba y le metió un beso profundo. Todo mientras sus manos desabrocharon su sujetador, que cayó al suelo, revelando sus pezones rosados.

Carla después desabrochó la camisa de Ibrah, lamiendo justo después los abdominales y pectorales color ébano. Poco a poco fue bajando, desabrochando el pantalón vaquero y finalmente, liberó a la bestia. Un pene negro de colosales dimensiones comparado con el mío.

Ibrah agarró a Carla por el pelo e introdujo su monstruosidad en la boca de mi novia. Ella reaccionó como pudo, agarrándose a sus piernas y cogiendo velocidad y cada vez más profundidad. El, a ratos le soltaba alguna bofetada, a lo que carla solo respondía mirándole con deseo y lascivia. Mientras contemplaba la escena, yo ardía en rabia, pero totalmente inmovilizado ejercía de espectador a mis propios cuernos.

De repente Carla empezó a toser, las babas propias de una arcada empezaron a resbalar por su barbilla y pechos. El negro sujetó su cabeza y escupió en su cara antes de volver a violar su boca con dureza. De forma repentina, saco su polla de la boca de Carla y comenzó a orinar sobre mi novia, quien abría la boca y gemía de placer. Yo estaba asqueado y sorprendido, pues nunca hubiese imaginado eso de Carla.

Cuando el negro hubo terminado de mear sobre mi novia, la puso a cuatro patas sobre la cama. Sin piedad comenzó a embestirla como un toro. Ella solo gemía y gritaba de placer como no hacía conmigo. A cada embestida la cama crujía e Ibrah azotaba en la nalga a Carla. Esta última, solo pedía más velocidad y dureza. Viendo la escena, poco después me di cuenta de que estaba empalmado ante semejante traición. Mi novia siendo reventada por un negro y yo empalmado viendo la situación.

Con brusquedad Ibrah volteo a Carla y comenzó a follarla en misionero, abofeteándola con brusquedad mientras empotraba el rosado coño de mi novia. Entonces me percaté de que ni Ibrah usaba condón, ni Carla se lo había pedido. Era un rasgo menor, otra humillación más a mí ya más que dañada hombría. Carla gemía su nombre mientras Ibrah se vanagloriaba de como el follaba mejor que yo. Aun con mi erección y la excitación, la afirmación de Carla a las frases de Ibrah se clavó como una estaca en mi corazón. Casi llorando me saqué el pene del pantalón y empecé a masturbarme.

El Negro, entonces se sentó sobre la cara de Carla. Reconozco que por mi escondite no vi bien lo que pasaba, pero intuyo que carla debió comerle el culo, pues el gemía mientras se hacía una paja con la mano izquierda.

Así siguieron un rato, hasta que nuevamente puso a Carla de lado y comenzó a empotrarla nuevamente agarrándola del cuello. Todo mientras yo me masturbaba y Carla se quedaba ronca de gritar y gemir de placer.

Tras varios minutos así se corrió dentro del coño de mi novia. La tarea estaba terminada, ahora Carla ya estaba manchada, su trabajo se había terminado. Fui a cerrarme los pantalones, cuando golpeé levemente la puerta. Ibrah se acercó rápidamente a mí, abrió rápidamente la puerta y me sacó tirándome al suelo. Allí me dio un par de hostias antes de reírse y afirmar que Carla ahora era suya. Justo después ordeno a Carla, que estaba en shock, sentarse sobre mi cara. Ella, con gracilidad y obediencia lo hizo, resbalando el semen de Ibrah directo a mi boca mientras carla restregaba su mancillado coño sobre mi cara.

Cuando Carla se levantó, Ibrah me agarró por la pechera y me sacó de nuestro piso tirándome las maletas encima. Carla permaneció inmóvil y callada, un silencio demoledor. Al levantarme Ibrah me cerró la puerta en la cara, y tras unos minutos me vi obligado a coger mis maletas e irme. Según salía por la calle, vi como el corneador iba tirando mis cosas del piso por la ventana, mientras nuevamente empotraba a Carla en la misma ventana.

El negro me había robado a Carla, y ya no podría recuperarla.