Vicios de una gata lujuriosa
La oficina se vacía, pero la reunión apenas comienza. Pablo tiene un reto para ella: servir champagne y someterse a la lujuria de sus socios mientras él observa. ¿Podrá resistir el placer prohibido sin romper las reglas del juego?
Vicios de una gata lujuriosa.
Me vi en el espejo de la habitación: una mujer morena, de piel bronceada, con sandalias de taco alto, medias de rejilla hasta medio muslo, sujetas por las ligas a un corsé que levantaba mis tetas dejándolas a la vista. Todo gris oscuro, casi negro. El corsé se ataba por delante y al apoyar en las caderas resaltaba mis nalgas. Mi coñito depilado se enmarcaba entre las tiras del liguero y mis pezones duros, que volvían loco a Pablo, parecían misiles en los meloncitos de mis senos expuestos por los aros del corsé. Me pinté los labios de rojo fuerte. El collar de cuero me hacía más parecer mas golfa. Era un bomba sexual.
Me dediqué a pensar en qué querría Pablo que hiciera mientras esperaba su llamada. Yo había aceptado su reto: obedecer sus ordenes. Y sonó el teléfono. Era él pidiéndome que fuera. Debía esperar hasta que abriera la puerta.
Me puse un antifaz negro y un batín de seda del mismo color que me llegaba a las rodillas y entré en el recibidor de la sala de reuniones donde Pablo y sus socios estaban firmando un acuerdo de negocios. En una mesa había una bandeja con cinco copas de champán y un cubo grande plateado. Y una nota diciendo que la bebida estaba en la nevera, que la preparara al llegar. Abrí la heladera, el frío me dio en la piel y mis pezones respondieron poniéndose más erectos. Saqué el hielo, lo puse en el cubo y luego agarré una botella de Moet- Chandon, era lo que yo me merecía, una bebida de lujo para una putita de lujo.
- Pasa- dijo Pablo abriendo la puerta, yo entré contoneándome pero procurando que no se cayera la bandeja que dejé en la mesa de reuniones.
- Esta junta ha sido un éxito y creo que nos hemos ganado una alegría. Así que acá tenemos una gatita para que nos haga disfrutar. ¡ Abre el batín y deja que te veamos bien!
Obedecí y me estiré para lucir mi cuerpo que es muy sabroso, no sólo lo digo yo. Eran tres hombre mas Pablo, todos en la cuarentena larga o cincuentena corta. Los ojos de los tíos se encendieron al verme semi desnuda.
- Don Pablo...¿quiere que les sirva el champán?.- yo me movía coqueta con la bata abierta luciendo tetas y coñito.
- Sí...nena y fuera la bata.
- Como mande- me quité el batín y quedé esplendorosa con mi corsé, ligas y medias, moviendo el culito agarré la botella y solté el tapón. Una es buena abriendo botellas de champán y, sólo sonó, no se perdió ni una gota.
- Don Pablo...¿ en qué orden reparto?
- Que sirva el champan mientras la toqueteamos un poco. - dijo uno de los hombres.
- Fran, buena idea. Nena ven para acá.
Los hombres se juntaron, yo me acerqué y comencé a escanciar la bebida. Mientras lo hacía, la mano que tenían libre de la copa, me sobaba. Me tocaban el culo, las tetas, yo encantada, quería ponerles muy muy cachondos, que mi cuerpito los volviera locos. Me estaba poniendo muy muy caliente. Pablo se dio cuenta, había cogido conmigo lo suficiente para conocer como soy.
- Por nuestro nuevo proyecto- dijo brindando.
- Y por la madrina- soltó uno que estaba jugando con los dedos en mis pezón derecho.
Se bebieron la primera copa. Había para una segunda, yo estaba con la botella en la mano y sus manos en mi carne. Volví a servir. Me seguían sobando, yo ardía de deseo. Su tocar era cada vez más lento, más fuerte, mas posesivo. Sentía sus manos recorrer mis nalgas, mi espalda, mis tetas, acariciada, tocada como si fuera un juguete de sus deseos, y yo ardiendo.
Uno me tocó la concha, notó la humedad de mi calentura, metió el dedo, lo sacó empapado, los chupó y sentenció.
. Esta hembra está en celo.
. Habrá que follarla – soltó otro con voz lujuriosa.
- Nena...¿ cómo están mis socios?
Aproveché para dejar la botella y lancé mis manos a tocarles la polla, todas estaban duras, dispuestas a la batalla.
- Muy animados y muy duros...Don Pablo.
- Ya sabes lo que vamos a hacer...¿ verdad?
. Sí...Don Pablo coger a esta gatita mimosa.
- Ponte en cuatro patas sobre ese sillón para que podamos metértela bien.
Era un sofá sin espaldar ni brazos, ideal para ponerme con el sexo a la altura de las pollas de aquellos hombres que me iban a follar. Fui conteneándome hasta llegar, arrodillarme y una vez así poner las manos para apoyarme y ofrecerme a las vergas de aquellos sementales.
Se habían bajado los pantalones y los calzoncillos. Con los sacos, las camisas, las corbatas, los calcetines puestos daban la imagen de dueños y amos de la hembra que era yo. Un juguete a su lujuria. Y a mí me ponía mucho.
- A dedos quien la mete primero- propuso el que llamaban Fran.
Y jugaron quien era el que iniciaba la ronda. Pablo no intervino, el era el director de orquesta. El que ganó se puso detrás mío, y sin miramientos apoyó su cipote en mi concha y me penetró.
- 25 empujones, como el 25% de la sociedad. Si no te corres, luego habrá segunda ronda – soltó muy serio Pablo.
- ¡ Va a ser divertido!...a la putita le damos caña pero la leche la guardamos y así dura mas
El que me follaba empezó a contar.
Una - y la clavó hasta el fondo. Yo me sentí llena, el cabrón la tenía larga y gorda. Volvió para atrás, sentí como mi vagina se iba vaciando y cuando el ciruelo casi llegó a mis labios, volvió a meterse para dentro.
- Dos- dijeron los cuatro machos.
Yo era la hembra a poseer, el coño que les satisfacía, la putita que tenían para sus juegos. Me di cuenta que debía seguir caliente pero no dejarme llevar por mi propia lujuria. Gozar pero no llegar al orgasmo porque de hacerlo no podría aguantar la sesión de sexo que me esperaba.
Y así como un yegua seguí disfrutando de sus embestidas. El cabrón no se corrió, la sacó dura, mojada, y me la llevo a la cara.
- Lame tus jugos...puta.
Lamí su verga mientras el siguiente me la metía hasta la empuñadura. La tenía un poco más pequeña, junté los muslos, apreté mi vagina. Y empezaron con la cuenta. Y estaba ardiendo y ellos mas y mas animados.
- ¡ Puta qué buena estás!
- ¡ Como te gusta que te follen!
- ¡ Yegua!
- ¡Zorra!
- ¡Perra!
- ¡Chupa... jodida!
Así me iban casi chillando mientras llegaba mi follador a los 25 empujones. La polla que me daba en la cara me ponía aun más haciendo que me sintiera más y mas hembra. Pablo me me miraba, sabía que aquel entregarme me excitaba y yo sabía que le volvía loco de deseo el ofrecer a su puta.
Salió el segundo y llegó el tercero. Tenía un rabo enorme, de esos que te dilatan la vagina, que llegan hasta el fondo. Entró sin problemas por lo empapada que yo estaba. Y volvieron a contar. El segundo follador se puso ante mi cara para que lamiera su verga. Dos vergas que se turnaban, que me golpeaban la cara, ambos sobaban mis tetas, yo tenía el rostro sucio de mis flujos y mis babas. Y me decían lo puta que era y lo buena que estaba. Y yo me volvía loca pero seguía sabiendo que no debía venirme. Estaba en la cresta de un lanzarme al orgasmo que retenía jugosa porque quería fuera el homenaje a Pablo que me paladeaba con los ojos mientras me susurraba:
- ¡ Yegua...puta...guarra...cerda...zorra...golfa...viciosa...mi nena...mi gata! - lo soltaba a un ritmo muy lento, mucho más que el conteo de las embestidas salvajes de su socio que me estaban volviendo loca.
Y aquella bestia sacó su terrible y maravillosa polla de mi coñito sin soltar su leche. Pablo sonreía lujurioso, satisfecho, sabiendo que el romper de mi placer iba a ser con él.
- ¡ Chicos...esperad!...que ahora me toca a mí.
La situación me excitaba por su perversidad, cuatro hombres con chaqueta, camisa, corbata suelta, y calcetines con la pija dura y yo su putita, la yegua de aquellos salvajes sementales.
Pablo se tumbó, la verga en alto, para comerla, sabía que él quería otra cosa, pero debía ordenarla y lo hizo:
-¡ Monta, puta!
Y le obedecí, me empalé en su estaca. Frente a mí, los otros tres machos estaban con la poronga dispuesta. Empecé a cabalgar, subía y bajaba según el ritmo de la cuenta de aquellos viciosos, habían bajado el ritmo, y yo gozaba como la viciosa que soy. Sus cipotes me pasaban por la cara, a veces se paraban para que los lamiera o los chupara. Yo me iba derritiendo, sabía que no podía aguantar mucho más. Casi grito para rogar:
- Don Pablo...su leche...no puedo mas.
Y me quedé clavada, sin moverme, con su espadón hasta lo más profundo de mi concha para que empujase y soltara su semen. Mientras puse las manos bajo mis senos ofreciéndoles a la descarga de los machos, ellos se la menearon y de pronto... sentí el impacto de su leche en las tetas, en la cara y Pablo se derramó en mí. Yo había empezado a caer en el reventar de la ola de un orgasmo terrible donde todo mi ser se estremecía de placer. Fue rápido, salvaje, muy fuerte, arrasador.
- ¿ Te ha gustado...gatita?
- Sí...Pablo me conoces y me has hecho gozar como una perra en celo.
Y despacio me levanté y fui para la puerta agarrando la bata, volviendo a ponérmela y salí camino de mi habitación. Llegué, fui al baño, me lavé la concha, luego me lavé la cara y el torso, mientras lo hacía con el dedo cataba el sabor de los machos que me habían poseído. Me puse la pollera, la blusa, metí en una bolsa la bata de seda, las esposas y la fusta y mis braguitas, me miré en el espejo, me vi como lo que había sido: una puta y con el lápiz de labios dibujé un corazón en el vidrio y escribí: Gracias Pablo.
Un taxi me llevó a mi casa. Mi marido no había llegado. Le volví a quedar con el corsé, las ligas, las medias y los zapatos de taco altísimo. Y esperé. Estaba muy caliente, sabía lo que quería.
Mi hombre entró en casa, apenas dejó la maleta en el suelo me vio.
- ¡Hostias..Mariela..estás cojonuda...una putita de puta madre!
- Eso soy...mi macho... una puta mala que merece un castigo.- y le di la fusta, apoyándome en la mesa quedando con las nalgas ante sus ojos.
- Nena...¿ qué quieres?- me preguntó sabiendo la respuesta.
- Que me castigues y me la pongas detrás...sin quitarte la ropa...que me uses como la puta que soy.
Y lo hizo, me azotó las nalgas, me ardían cuando embadurnó mi ojete con su saliva y me metió la polla hasta dentro por el culo. Yo me masturbé tocando mi clítoris mientras él me gozaba como a la gata lujuriosa y viciosa que soy.
Este relato pertenece a una serie escrita por charlines y esta autora cuyos títulos son: Me encontré con una gata, Domando a una gata, Ronroneo de pantera (charlines) Caprichos de una dama, Caprichos de una gata (gatacolorada)
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