Me dejé follar por mi cuñado y tres más
El silencio de la noche se rompe cuando las cámaras del edificio delatan su secreto. Ahora, atadas y vendadas, no tienen control sobre quién las toca ni cómo las usan. La humillación y el placer se entrelazan mientras descubren que el 'castigo' es solo el comienzo de una noche de excesos.
Este cuento formará parte de una serie, y del segundo tomo del libro de relatos eróticos, que se encuentra publicado en Amazon, titulado “Historia de Ana. Doctora y algo más”
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Había aceptado la propuesta de María.
Esperé que Rolo se durmiera. Con bragas y una bata de baño por encima, salí en puntas de pie del dormitorio hasta el salón. María estaba esperándome, con sólo una camiseta grande encima.
En silencio y con sigilo abrimos la puerta del apartamento, salimos hasta los ascensores y bajamos al sector de piscina y sauna, siempre tomadas de las manos.
—Esta sauna nos hará traspirar. Lo colocaré a la menor temperatura posible.
Se quitó la camiseta, y luego bajó sus bragas, quedando desnuda. Tenía un cuerpo perfecto, tetas redondas y firmes. Pequeñas gotas de sudor, comenzaban a aparecer sobre su pecho, reflejando las luces y haciéndola brillar. Ya la deseaba.
Vino hasta mí, para quitar mi bata, entonces le pedí.
—Por favor baja las luces, tengo vergüenza. Soy mayor que tú.
Ella apagó y encendió luces, hasta dejar solamente las que indicaban el camino de los asientos, dejando el ambiente en penumbra.
La dejé quitar mi bata y mis bragas. Cuando se arrodilló para hacerlo, pasó su cara por mi pubis y mi vagina, olfateándola.
—Aún tienes olor a sexo. Me encanta.
Subió lamiendo mi cuerpo, y cuando estuvo a mi altura le ofrecí mi boca abierta para besarnos.
Pasó sus labios despacio sobre los míos, apenas rozando con su lengua. Tuve plena conciencia que buscaba excitarme en forma lenta y pausada. No recibiría los besos apasionados que suelen dar los hombres. La pasión llegaría cuando fuera el momento.
Sentía sus pechos apretarse contra los míos. Comencé a gemir y las piernas perdieron firmeza.
Con delicadeza me recostó en uno de los amplios escalones de la sauna. Luego tomó una de mis piernas y la subió colocándola en el escalón superior, y la otra quedó colgando hacia abajo. Había quedado toda abierta, esperándola.
Lamió mis muslos interiores, subiendo despacio, tan despacio que me desesperaba, ya quería que enterrara su lengua en mi vagina, o sus dedos, o cualquier cosa.
La sentí pasar por toda mi vagina. Empezó allá abajo, en el perineo, la recorrió toda por fuera, subiendo lento hasta llegar a mi clítoris. Allí primero lamió y luego le dio golpes con la punta, y no pude contenerme más.
—Ahhh…..Dios……me gusta…..ahhhh…..sigue, sigue por favor….chúpamela……
No se hizo rogar. Enterró su boca entera en mi vagina, metió su lengua lo más profundo que pudo, y lamía, primero dentro, luego subió, subió, llegó al clítoris, colocó su lengua debajo, y su labio superior arriba, apretándolo, y ahora sí, chupaba y chupaba; y yo tomé su cabeza con mis manos, la apreté contra mi coño, levantando mis caderas intentando empujar más aún, y no pude contener mis gritos de placer.
—¡Ahhh……, Dios míoooo……..!
En medio del éxtasis, recordé el lugar donde estábamos, me tapé con una mano mi boca intentando ahogar mis bramidos.
Ella aprovechó para soltarse, con ambas manos levantó mis piernas hasta que mis rodillas casi tocaron mis pechos, y bajó su boca hasta mi ano. Lamió todo por fuera en círculos, y luego metió su lengua, empujando al máximo posible, y cuando la tuvo adentro, la movía arriba y abajo.
La retiró solo para tomar impulso, llevó más arriba mis piernas, y regresó, volvió a meter su lengua en mi culo, y ya adentro, comenzó a chuparlo.
—Nooooo……., Diosss…..me gusta….ahhhhh….me voy a correr…….
—Aún no. Espera.
Sacó su lengua de mi culo, dejó caer mis piernas, regresó a mi vagina, metió dos dedos, los sacó encharcados de mis jugos, y los llevó a mi culo mojándolo con mis secreciones, y despacio metió su dedo mayor hasta que pasó el esfínter, los sacó y regresó con mayor e índice, y cuando ambos estaban adentro, volvió a traer su boca a mi coño.
Ahora lamía y lo chupaba al mismo tiempo que metía y sacaba dos dedos de mi culo.
Y me descontrolé. Perdí toda razón, todo criterio, me transformé en una zorra que sólo deseaba gozar hasta morirme haciéndolo.
—Maríaa….., por Diossss…..Agggg……me muerooo…..sigue, sigue…., lo quiero todo, chúpame toda….ahhh…..méteme fuerte los dedos…..más….más fuerte……
Ella arremetió con todas sus fuerzas, se apoderó de la parte superior de mi coño, había apretado con toda su boca mi clítoris, no lo soltaba, no dejaba de chuparlo, y al mismo tiempo enterraba sus dos dedos, con fuerza dentro de mi culo una y otra vez.
Y sucedió. Con mis manos apreté su cabeza contra mi coño, y me corrí gritando y bramando, como una marrana, en la boca de María.
—Me voy a correr…, lo voy a hacer en tu boca…..quiero más…., chupa, chupa….méteme todo……, pégame…. Quiero que me hagas cualquier cosa…..ahora....agggg……me estoy corriendo…..toda….me corro toda……
Me corrí como casi nunca lo había hecho. Los espasmos explotaban dentro de mi coño y dentro de mi culo. Todo al mismo tiempo, expulsaban más líquidos por mi vagina a cada contracción, y apretaban y soltaban los dedos de María dentro de mi culo.
María se mantuvo, hasta sentir que mis pulsaciones comenzaban a bajar, y lo hizo más lentamente, sus labios apretaban menos mi coño, y sus dedos entraban suave en mi culo. Acompañaba mi orgasmo en forma más sosegada, ayudándome a calmarme.
Cuando por fin terminé, y mis piernas se aflojaron María ascendió por mi abdomen y mis pechos, nuestros cuerpos resbalaban de transpiración, y el olor a hormonas y a sexo, expulsadas por nuestro sudor, lo envolvía todo, al llegar a mi cara, me enfrentó diciendo:
—Quiero besarte, tengo los jugos de tu coño en mi boca, quiero que sientas su sabor.
Abrí mi boca y la recibí, a ella, su boca, su lengua y mis jugos, que sabían a dioses, y me relamí con ellos como una gata golosa.
Nos duchamos juntas, dejando nuestros sudores y nuestros flujos. Al regresar ingresamos con el mismo sigilo con el cual habíamos salido. Mi hombre continuaba dormido, y espero que el de María también lo hiciera. Me estiré y dormí profundamente, agotada y satisfecha.
Al día siguiente, todo indicaba que sería uno más; normal. Manuel y Rolo nos follarían, y nosotros cumpliríamos dejándonos hacer, y disfrutando de ello también.
A media tarde los hombres decidieron salir a tomar una copa con otros amigos, y nosotros quedamos en la terraza tomando el último sol del día. Ya era domingo, y a la mañana siguiente volvía al trabajo.
Regresaron juntos y me pareció que Manuel había tomado un poco demás. Fue el primero que habló.
—Nos hemos enterado que anoche se han portado mal.
Nos miramos, luego a ellos, pusimos cara de sorprendidas, y continuamos calladas. Aún no sabíamos cuanto sabían de nuestra aventura.
—Cuando salimos a tomar una copa, el conserje nos detuvo y nos explicó que la tarjeta que usaron para entrar al sauna, deja huella en la central del edificio, donde indica a que piso corresponde, hora de entrada y salida. Además hay cámaras de video vigilancia.
El corazón subió hasta mi garganta. ¿Estaría filmado lo ocurrido entre María y yo?
Manuel continuó con su explicación que nos tranquilizó a medias.
—No existen cámaras dentro del sauna, pero si en el pasillo de entrada, y las filmaron entrando al sauna a la una y diez minutos de la madrugada, y saliendo casi a las dos de la madrugada. ¿Pueden contarnos que hicieron?
María tuvo más coraje y fue la encargada de contestar.
—Manuel queríamos darnos un baño en la sauna, para abrir los poros de nuestra piel, y estar limpias y prolijas, en el día de hoy; para Ustedes.
—No lo creo. Estoy convencido que se escaparon de nosotros por otro motivo. Se han portado mal. Como dos niñas desobedientes, y serán castigadas.
Nos miramos, sin saber que significaba aquello.
—Tendrán el escarmiento que corresponda, y comenzará ahora.
Me puse delante de María y lo enfrenté.
—Espera Manuel. ¿Qué harás?
—Ana querida, nunca las lastimaría, pero mientras regresábamos hemos pensado con Rolo que merecían una reprimenda. En sentido figurado, será algo que lo disfrutarán.
Miré a Rolo buscando su opinión. Confiaba en él, y no en Manuel.
—Tranquila Ana. Nunca te haremos daño, y como siempre no se hará nada que tú no quieras.
La última frase podía significar cualquier cosa, porque Rolo lograba convencerme de hacer lo inimaginable, por más disparatado que fuese.
Nos llevaron al dormitorio secundario, nos pidieron que nos desvistiéramos y nos acostáramos boca arriba, una en cada cama.
Manuel continuó:
—Ahora les ataremos las manos, les vendaremos los ojos, y por supuesto las follaremos, pero en silencio, y Ustedes no sabrán cual de nosotros la esta follando en cada momento.
Si ese era el castigo, no era tan malo, además el morbo de estar atada con ojos tapados, sin saber quien follaba a quien, era excitante, y una pequeña punción llegó a mi vagina.
Llevaron nuestras manos atrás sobre nuestras cabezas, y con corbatas, nos ataron al cabezal de la cama. Luego pusieron tapa ojos de los que se usan en aviones para dormir, y sobre ellos ataron pañuelos. Quedé en la obscuridad total, allí desnuda y atada.
—No veo nada—, dijo María.
—De eso se trata mi niña. Y ahora a cumplir con el castigo por haberse escapado sin nosotros—, contestó Manuel.
Escuché roces de ropas, supuse que se estarían desnudando, también puertas de placares que se abrían y cerraban, o puertas comunes. ¿Qué buscaban? ¿Gel lubricante? ¿Algún juguete erótico?
Continuaba excitándome. Sentí un cuerpo que subía a la cama desde mi derecha, estaba desnudo, rozándome. No podía tocarlo, estaba atada con los brazos estirados sobre mi cabeza.
—María. ¿Estás allí?—, pregunté, tenía un poco de temor a lo que ocurriría, y no quería estar sola.
—Si Ana, aquí en la otra cama, a tu lado.
Quien había llegado a mi lado acariciaba mi rostro, con una caricia suave, cariñosa, bajó por mi cuello, llegó a mis pechos, continuó sus caricias, enroscó mi pezón con sus dedos, sin apretarlo. Luego continuó hacia abajo, pasando el pubis, hasta acariciarme toda la vagina por fuera.
Inconscientemente abrí mis piernas, permitiéndoselo, y por mi garganta subió mi primer gemido.
—Ahhh……
La mano avanzó más en mi vagina, y metió dos dedos, siempre despacio, y suave. Abrí más mis piernas. Volvía a estar toda abierta, ofrecida y dispuesta para que me follaran.
Quien fuera se dio cuenta de ello, y comenzó a masturbarme muy, muy despacio.
Estaba segura que era Rolo. Sólo él podía masturbarme en esa forma, hasta hacerme correr solamente con su mano y sus dedos.
—Ahhhh……, me gusta….sigue….sigue.
No lo hizo, quitó despacio los dedos de mi coño, y fue hacia mi pecho derecho, colocó sus labios y comenzó a chupar mi pezón, que estaba duro e hinchado. En ese mismo momento otro cuerpo entró a la cama, ahora desde mi izquierda, y en forma inmediata se apoderó de mi pezón izquierdo, en una forma más brusca. Sería Manuel.
Ahora tenía dos bocas succionando mis pechos, y los calores iban en aumento. El de la izquierda bajó por todo mi frente, besó toda mi entrepierna, y sin detenerse llevó su boca a mi vagina, ya totalmente húmeda y mojada, y comenzó a lamerla y chuparla, toda, de arriba abajo. Aquello me iba a provocar un orgasmo casi de inmediato.
—Ahhh……, me gusta….sigan….ahhh…..me voy a correr……
Aquello era demasiado, una boca en mi teta y otra en mi coño, no lo aguantaría mucho más, las pulsaciones habían comenzado, y todo mi interior ardía. Levanté mis caderas, deseaba más.
Y en ese momento previo a mi orgasmo, otra boca comenzó a chupar mi otra teta.
Todo se detuvo. ¿Qué ocurría? Tenía tres bocas succionando mi cuerpo. ¿Quién era?
Me revolví en la cama, tratando de huir, no lo lograría estaba atada, y casi comencé a gritar.
—¿María estás allí? ¿Rolo dónde estás? ¿Qué ocurre?
—Ana, Ana…., estoy aquí. Ahhh…. me están…., me están chupando el coñoo…., ahhhh……no sé quién es, noooo….no puedo ver.
¿Cuántos eran? —¡Rolo! ¡Rolo! Ahhh……Diossss…….
La boca en mi coño no lo soltaba. Había apretado mi clítoris con sus labios y chupaba sin cesar.
Una boca soltó mi pecho derecho, y subió hasta mi oído, y en susurros lo escuché. Era Rolo.
—Ana. Tranquila, estoy aquí. Te cuidaré.
—¿Que pasa Rolo? Diosss….ahhhh…. —. Aquella boca no soltaba mi coño.
—Al salir el conserje nos contó de su escapada. En el bar nos encontramos con cuatro amigos, y los invitamos a tener una fiesta en conjunto con Ustedes. No obstante no haremos nada que no quieras.
¿Cuatro? Significaba que allí había seis tíos dispuestos a follarnos, y nosotros atadas con ojos vendados, sin poder evitarlo.
—Ana si no quieres, no seguiremos. Pero si aceptas, prometo cuidarte y sobre todo hacerte gozar como nunca lo has hecho.
Ahora además de sus labios, quien fuera, metía y sacaba dos dedos en mi coño. En cualquier momento yo volvería a estar dispuesta y pronta para mi orgasmo.
—Roloooo…ahhhh…. Tengo… tengo miedo. No te vayas de mi lado.
—No me iré. Aflójate, disfruta y goza.
Rolo sabía llevarme a estos lugares donde me dejaba hacer cualquier cosa, y terminaba gozando y corriéndome.
—¡Me corroooo……ahhhh….me estoy corriendooo……siiiiii…..
Era María quien se estaba corriendo, y lo gritaba a toda voz.
Quien me chupaba el coño se retiró, y cuando regresó sentí que la punta de una polla se apoyaba en la entrada de mi vagina.
Volví a requerir a Rolo.
—Rolo me van a follar. No quiero, no quiero que me la meta. No quiero que me folle. No sé quién es.
—Ana, tranquila estoy aquí. Si no quieres nadie lo hará.
A continuación subió sus labios hasta mi oreja derecha, y en susurros continuó.
—Ana, sabemos que no importa quien sea, a ti lo único que te importa es que te metan pollas grandes, firmes y duras.
Quien había apoyado su pene en la entrada de mi vagina, ahora lo pasaba despacio desde mi pirineo, por todos los labios exteriores de mi vagina, abriéndolos, sin entrar, y al llegar al clítoris lo rozaba y golpeaba con su punta. Si seguía, iba a gustarme.
Rolo continuó con sus susurros, intentando convencerme para que permitiera que me la metiera y me dejara follar.
—Ana lo que más te gusta es que te la metan hasta el fondo, y por todos lados. Tienes un coño y un culo que enloquece a los hombres; y a ti te gusta, te gusta todo. Déjate hacer.
Si aquello continuaba, los roces de aquella polla en mi clítoris, y las palabras de Rolo en mi oído, iba a dejar que me follaran. Volvería a ocurrir, me penetrarían todos, por todos lados.
Otra vez los susurros. —Ana quiero verte, me gusta verte gozar. Quiero ver cómo te meten todas las pollas en tu coño. Quiero verte abrirte toda, como lo hacen las putas.
Sus palabras comenzaron a ser soeces. Me excitaban, todos los calores regresaban y también mis gemidos, sin poder evitarlo.
—Aggggg….Rolo……aggggg……..
—Ana estás deseándolo, estás caliente y ansiando que te la metan. Todos lo deseamos. Queremos que seas muy puta. Déjate follar.
Aquel pene continuaba su masaje sobre mi clítoris, bajaba, recorría toda mi vagina abriendo los labios, sin entrar; y las palabras de Rolo llamándome puta me enardecían. No podía dejar de gemir, y mis caderas comenzaban a buscar ese miembro que sólo me refregaba.
Rolo continuaba con su boca pegada a mi oído, que sólo yo escuchaba. —Puta, eres una puta…, abre las piernas—, lo repetía porque conocía, que me gustaba que me llamaran puta, zorra y más aún; y lo volvía a decir.
—Puta…, abre las piernas…..puta…., eres la más puta de todas…
Aquel hombre que estaba sobre mí, entendió que mis gemidos y mis movimientos, indicaban que estaba preparada y dispuesta, porque habló por primera vez, con una voz grave.
—¿Puta, puedo follarte?
Su miembro refregando mi coño, Rolo llamándome puta en susurros, lograron que me entregara. Levanté mis rodillas, abrí más las piernas, dejando mi coño lo más expuesto posible y adelanté las caderas.
No hubo necesidad de contestarle. Me ofrecía, bien abierta, me dejaba follar, por alguien que no conocía, ni podía ver. Era una puta.
Sentí como aquel pene abría mis labios externos, y comenzaba a entrar. Tenía preservativo colocado. Mejor así, porque era un completo desconocido. Su penetración continuó, sin detenerse, hasta llegar al final, su pelvis se apoyó en mi entrepierna. Se mantuvo sostenido con sus brazos, sin que el resto de su cuerpo se apoyara en el mío.
—Agggg…..—. Quien fuera dejó escapar un quejido cuando su polla estuvo toda dentro de mi coño, e ingresaron por mis fosas nasales olores a alcohol y cigarro. Manuel no fumaba y Rolo continuaba a mi lado.
Alguien me estaba follando y no sabía quién era. Era muy perverso, más aún que cuando me ofrecí como puta a un desconocido. Por lo menos en aquella oportunidad, pude verlo.
Pensé en mi esposo, lejos, muy lejos, trabajando en el extranjero. Si estuviera aquí me cuidaría, sería tierno, amable. En cambio yo estaba aquí, de piernas abiertas, permitiendo que un completo extraño me follara, y lo peor de todo es que yo lo disfrutaría. Como dijo Rolo, era la más puta de todas.
Era una polla gruesa, no muy larga. Comenzó a meterla y sacarla más rápido, continuaron sus quejidos, y con cada uno de ellos el vaho a alcohol llegaba a mi rostro. Arremetió dos veces más, se mantuvo rígido, liberó un gemido más largo y supongo estaría corriéndose dentro de su preservativo.
Se retiró despacio, y mientras se levantaba de la cama, escuché nuevamente su voz.
—Tiene un coño apretado y suave.
Eso había sido yo, un orificio donde meterla y descargarse.
Le pedí a Rolo que soltara las amarras de mis manos, tenía los brazos estirados sobre mi cabeza, entumecidos, y comenzaban a doler. Me desató y al bajar mis brazos adormecidos, rocé la cabeza de quien hasta hace un momento no había dejado de chupar y mordisquear mis pezones, y lo empujé hacia abajo, a mi entrepierna, necesitaba llegar al orgasmo que su compañero no me había ofrecido.
Enseguida, dejó libre mis tetas, y se colocó entre mis piernas. Me follarían otra vez.
Al mismo tiempo escuchaba a Manuel dándole órdenes a María.
—María sube sobre él y acuéstate sobre su pecho, te vamos a follar por el coño y por el culo al mismo tiempo.
El olor mentolado del gel lubricante, se esparció por el ambiente. La penetrarían por ambos lados. Esperaba que María conociera lo que le ocurriría. Tendría dos pollas perforándola simultáneamente. Estaba preocupada por ella y se lo hice saber.
—María, ¿estás bien?
—Siii….aggg…., despacio…, despacio…así….sigan….aggg…….
Si ella pedía que continuaran, es porque lo aceptaba y lo quería.
Un miembro duro, muy duro que abría mi vagina, me quitó estos pensamientos. Me estaban follando otra vez. Me olvidé de María, concentré todos mis sentidos, necesitaba el orgasmo que había quedado a medias.
Ahora tenía otra polla dentro del coño, también con preservativo, entraba despacio, pasaba la cabeza, a continuación una parte de su tronco, y se retiraba. Este sabía lo que estaba haciendo, quería disfrutarme. Dejé que la retirara despacio, y cuando comenzaba a entrar de nuevo, avancé las caderas, levanté mis piernas, y las crucé por su espalda, atrayéndolo con fuerza, y su miembro se enterró hasta lo más profundo de mi coño. Su pelvis golpeó contra mi vagina, y sus testículos se apoyaron en mi culo.
Liberé toda mi calentura, que ardía dentro de mí, desde mi coño a mi garganta, y mis gemidos se transformaron casi en gritos.
—Aggg…. siii……, asiii…..sigue.., sigue…..
Crucé mis brazos por su cuello, lo atraje hacia mí, y cuando percibí que su rostro estuvo cerca, en voz baja comencé a pedirle.
—Fóllame….fóllame por favor….dame más…aggggg…..más fuerte….fóllame toda.
No sabía quién era, si era joven o viejo, un completo extraño a quien no podía ver me estaba follando, pero yo sabía que siempre que le pides a un hombre que te folle fuerte, lo hace, y éste no fue la excepción. Comenzó a enterrar con todas sus ganas, y sus fuerzas, su poderoso miembro hasta el fondo de mi vagina. Era lo que necesitaba para correrme. Ambos gemíamos como animales; y no dejaba de meter y sacar una y otra vez su polla, cada vez con más furor.
En la otra cama, María se había descontrolado, y gritaba, pidiendo más.
—Más… quiero más….., quiero todo….por el coño y por detrás….fuerte…quiero que me rompan el culo….agggggg……..
Realmente mi amiga lo estaba disfrutando, otra vez me olvidé de ella, me concentré, volví a hablarle a mi macho.
—Me quiero correr toda…agggg…., fóllame…., quiero que te corras conmigo.
Aceleró sus embestidas, sentí que los primeros espasmos llegaban allá desde lo más profundo de mis entrañas, eran grandes, tendría un orgasmo fuerte, como me gustaban. Las pulsaciones llegaron a mi vagina, comenzaron a exprimir una y otra vez la barra de carne que lo ocupaba todo, y me corrí, gritando y pidiendo todo.
—Me corrooooo….ahora…., me estoy corriendo toda….toda…. Sigue…sigue por favor….agggg…..un poco más….agggg……..
El se tensó como lo hacen todos, gruñía y gemía, estaba corriéndose dentro de su preservativo. En ese momento pensé que los usaban, porque de lo contrario, luego de follarnos varios, nuestras vaginas quedarían llenas semen.
Recién en este momento habló.
—¡Por Dios! Puta, que bien follas….
También me llamo puta. Existía la posibilidad que Manuel y Rolo les dijeran a sus amigos, que ambos éramos unas putas. Lo cual no estaba muy lejos de la realidad.
Cuando se retiró, pensé que sólo restaba Rolo, sin embargo ocurrió lo peor.
—Ana ponte boca abajo.
Manuel estaba en mi cama pidiéndomelo. Me iba a follar por detrás, o alguien más lo haría. Con Manuel lo mejor era seguirle la corriente. Estaba lánguida, recién me había corrido. Como pude me giré, quedando boca abajo.
—Levanta el culo
Quería poner un cojín debajo para que mi trasero quedara bien elevado, y así lo hizo. Enseguida sentí el frío del gel lubricante en el centro de mis nalgas.
—Ahora te voy a follar—, mientras Manuel decía esto, pasaba sus dedos por toda la raja de mi culo, y metía uno, y enseguida dos dedos, que pasaron fácilmente mi esfínter gracias al lubricante.
Se acomodó entre mis piernas, y colocó su polla, en el centro de mi agujero trasero. La metió apenas, empujó despacio, hasta que la cabeza estuvo a mitad de mi esfínter, entonces se apoyó con todo su cuerpo sobre mi espalda, y cuando su rostro estuvo cerca de mí dijo:
—Cuñada, eres una puta. Te voy a romper el culo.
A continuación me tomó del pelo, y tirando de él hacia atrás, me metió toda su polla, y de una sola vez, hasta el fondo.
—¡Ayyy….! Despacio por favor…., despacio…
La retiró apenas, volvió a tirar de mi pelo hacia atrás, y nuevamente arremetió con fuerza.
—Por puta te voy a follar como se folla a las yeguas, empotrándolas.
—Manuel…agggg…. Ve despacio…., por favor….agggg….
—Te voy a empotrar por puta. Te dejas follar por cualquiera. Eres una puta. Mi hermano tiene como esposa a la más puta de todas.
Lo decía con rabia, no tendría consideración. Metía y sacaba su polla con furia de mi trasero. Lo hizo cuantas veces tuvo ganas, sin dejar de llamarte puta, hasta que sentí sus chorros de semen caliente, casi ardiendo, allá, en el fondo de mi culo. Cuando se fueron espaciando, Manuel continuó; sin sacar su miembro de mi culo, sin soltar mi cabello; con su letanía, llamándome puta, una y otra vez.
Cuando se descargó por completo, cayó sobre mi espalda, y recién en ese momento dejó de insultarme, para decirme que mi culo era el mejor de todos los que había follado. Sus palabras exactas fueron: —Cuñada, me encanta follarte por el culo. Tienes el mejor trasero que he follado.
Esas palabras de mi cuñado debieron alentar a los demás, porque dos manos se apoyaron en mi espalda, apretando mi cuerpo boca abajo, impidiendo que me levantara; y casi al instante sentí otras manos que separaban mis nalgas, dejando mi culo abierto, y otra polla se metió por él.
Volvían a follarme por el culo.
No me resistí, no tenía fuerzas para hacerlo, y así como estaba, boca abajo, me follaron por el culo, dos veces más.
Cuando terminaron estaba cansada y dolorida.
Luego todos se fueron. Rolo me quitó la venda de los ojos, busqué a María, estaba boca abajo, mirándome. La interrogué con la mirada y ella dijo:
—Ana estoy bien follada, por todos lados—, y luego dijo algo extraño. —No importa. Nuestra escapada de ayer valió la pena. Te quiero. Te quiero Ana.
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