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Interracialmay 2024

Secuestrados (En manos de los piratas) parte 1

El paraíso caribeño se transforma en una trampa mortal cuando el sonido de un motor fantasma rompe el silencio de la noche. Arturo y su esposa no solo pierden su libertad, sino que se convierten en el botín de unos piratas que no buscan solo dinero, sino su destino final.

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SECUESTRADOS Parte1

Supongo que como a todo el mundo lo que me llamó la atención cuando conocí a Ingrid, fue su tamaño y su belleza, claro.

Estamos hablando de una mujer de 1,82 y 65 kilos de peso, no una muñequita de cristal precisamente.

Sin embargo su cara era tan delicada como una miniatura japonesa, sus grandes ojos azules bastante rasgados, sus delicadas cejas rubias, sus pómulos, su pequeña boca de labios carnosos, su naricita respingada en punta hacia arriba.

Llevaba el pelo rubio fino, casi blanco cortado muy corto, un estilo Bob, desmechado.

Debía tener una cara perfecta y femenina para animarse a llevar el pelo tan corto.

Porque luego su cuerpazo era una desmesura, era la Barbie de King Kong como dijo un amigo al conocerla.

Sus hombros llenos y curvados, su espalda de nadadora olímpica que luego se afinaba hasta llegar a una pequeña cintura que también era una desmesura en comparación con lo que venía después.

Su culazo extra jumbo, con nalgas carnosas y blancas, caderas amplias y fuertes.

Largas piernas con gruesas pantorrillas y muslos, toda ella era como una compensación de desmesuras, de grande a pequeño, demasiado pequeños y delicados los pies para ese cuerpazo, demasiado liso su vientre para tanta redondez, sus brazos largos y carnosos, pero muy finas sus muñecas para sus manos largas y fuertes, casi masculinas por el tamaño, pero sin embargo sus finos dedos terminados en uñas ovaladas y pequeñas le daban el aire de feminidad necesario.

Así también sus tobillos finos y cincelados, rematando esas largas y poderosas piernas de corredora.

Ingrid había sido atleta en su juventud, triatlón, nado en aguas abiertas, carrera a pie y ciclismo en ruta. Había representado a Suecia en una olimpiada, séptimo puesto en las semifinales de Londres 2012.

Porque Ingrid era sueca, periodista, trabajaba para la Deutsche Belle, televisión alemana en español y me había hecho una entrevista, así nos conocimos.

Fue poco después del éxito de mi novela “Caballeros de las tinieblas”, luego de varias novelas de regular andadura había pegado un pelotazo literario.

Eso quería significar, dinero entrando a mi cuenta, dejar mi trabajo de corresponsal de guerra por fin y conocer a alguien como Ingrid.

Me confesó que no le había gustado mi novela

_ ¿Eres un misógino realmente o solo es una impostación de escritor?_ me había preguntado, bebiendo una copa luego de la entrevista.

_Vaya, me alegro que no me preguntaras eso durante el reportaje_

_Joder, no podía, la idea de los productores era dorarte la píldora, ahora que tu novela se ha traducido al alemán_

Ingrid había estudiado español y vivido varios años en Madrid así que hablaba un español con giros castizos con un acento encantador.

_ ¿De verdad no te ha gustado la novela?_

_Hombre, está bien escrita pero….es que demasiadas mujeres violadas por piratas y caballeros galantes con espadas_

_ ¿Siempre eres tan sincera?_

_Claro, por cierto tus crónicas de guerra, estaban muy bien ¿Te cansó todo eso?_

_Si…demasiada sangre y poco dinero_ dije, pero no decía toda la verdad.

Miré a Ingrid, soltera, treinta y cinco años, sus pechos eran de órdago, una desmesura más en ese cuerpazo exagerado.

_Oye ¿Quieres venir al caribe conmigo? Voy a comprarme un barco, necesito material para mi nuevo libro_

_ ¿Si? ¿La continuación de este último?_ dijo

_El capitán Alacuerva ha tenido bastante éxito, espero que este caballero cumpla mi sueño de una casita frente al mar en el golfo de Méjico_

_Ya veo, tienes las cosas claras_

_ No has respondido a mi pregunta_ dije

_No pensarás que saldré corriendo contigo a navegar en el caribe_

_También nos bañaríamos desnudos en aguas transparentes y cálidas_

_Ya he pasado muchos veranos en Tenerife, como buena chica sueca que soy y no nado desnuda con desconocidos_

La miré nuevamente, ella sonreía, tenía dientes blanquísimos y fuertes, nunca había estado con una mujer más alta que yo, mido 1,80 soy bastante atlético, 41 tacos bien llevados.

_Entonces tendríamos que conocernos mejor ¿no crees?_

Ella sonrió, la vista de sus tetones ya me estaba mareando, acerqué mi cara y la besé.

¿Cómo era ella en la cama? Si tuviera que elegir dos palabras diría complaciente y apasionada.

Sus pechos eran como dos pomelos grandes, exagerados, en una tía más pequeña hubiesen sido dos tetazas colosales, en ella quedaban como pechos casi normales, acordes al resto de su cuerpazo.

Supongo que tuve una reacción lógica con una mujer tan potente, la de querer imponerme, pronto unos buenos azotes en el culo en cuanto la tuve en cuatro patas, jalarle un poco el cabello, tarea difícil pues lo llevaba muy corto y luego ahorcarla un poquillo cuando la penetraba en misionero y noté que eso le encantaba.

Y para rematarla algo que no suelo hacer, un par de bofetadas en la hermosa carita.

Bueno, todo eso le iba y mucho. Así que fue una buena experiencia para ambos.

Le propuse que me acompañara a Múnich y luego a Dresde, era parte de la gira programada por mi agente literario y aceptó.

Era una tía culta, chispeante diría, rápidamente comprendí que nos llevábamos bien y que íbamos a más.

Durante ese viaje seguimos follando a buen ritmo.

No fue una sorpresa que un mes más tarde aceptara la invitación de venir a Madrid.

Ese primer fin de semana follamos como bestias y le di por el culo por primera vez.

Había comprado un buen gel lubricante y una de mis chicas había dejado en casa uno de sus juguetillos preferidos, un dildo de buen tamaño que mi ex amante llamaba El africano, con él preparé el culo de Ingrid para recibir mi polla. Fue todo un éxito.

Definitivamente le gustaba que la dominasen y le gustaban mis anécdotas un poco sangrientas como corresponsal de guerra.

La sensación de entrar a un restaurant con una mujer de bandera así, a la que siguen las cabezas de todos los tíos al caminar, a la que uno acaba de destrozar el ojete unos minutos antes no se compara con nada.

_Mira, quiero decirte que me estoy pensando lo del caribe_ dijo

_Sabía que vendrías, el barco está casi listo_

Me encantaba tener sus piernas poderosas en mis hombros y así darle por el culo, en esa posición podía apoyarme en sus tetones, ahorcarla un poquillo e incluso soltarle algún bofetón en la carita.

Ella encantada y bien a gustito.

Nos entendíamos de maravilla, volvió a Berlín, viajé, ella volvió a Madrid, a los seis meses le propuse matrimonio.

_Acepto, pero que sea una boda íntima, en Santo Domingo_

_ ¿En Santo Domingo? Joder, estás más loca que yo_

Nos casamos en la Capilla de nuestra Señora de los remedios, los testigos fueron el conserje del hotel y una empleada del consulado español.

Recuerdo en especial las paredes de ladrillos rojizos, la iglesia destruida por un ciclón y vuelta a reconstruir era muy sencillita, Ingrid lucia espectacular con un vestido blanco hasta los tobillos y una corona de flores.

Luego nos fuimos a comer a un restaurant y a la mañana siguiente ya estábamos navegando en nuestro viejo Broward de los años 60 de 18 metros de eslora, Ingrid había sufrido cierta desilusión de que no fuera un velero sino un yate a motor el dichoso barquito.

Anteriormente, cruzar el Atlántico nos llevó dos semanas, las canarias, las Azores.

Ver como ella se zambullía en el océano mientras yo preparaba unos tragos en el puente era una delicia. Yo siempre había navegado, con mi padre, desde pequeño así que el viaje no tuvo contratiempo ninguno.

Y por supuesto era una cosa de follar casi todos los días, ella estaba desatada y yo también.

Era uno de esos momentos en el que los dos nos lo queríamos comer todo de un bocado.

_Creo que nunca he sido tan feliz, Arturo_ me dijo durante una puesta de sol

_Yo tampoco, y todo gracias a ti_

_Yo soy quien debe agradecerte, pensé que ya estaba metida en una etapa rutinaria de mi vida y mira…._ dijo señalando la inmensidad del océano.

El yate era antiguo pero tenía muchas comodidades, una gran cama en un camarote revestido con paneles de madera, yo pasaba casi toda la noche en vela, haciendo la guardia nocturna, escribiendo y luego ella se hacía cargo del barco por la mañana, me despertaba ya con el olor a beicon y huevos del almuerzo y el café recién hecho.

Luego llegamos a Dominicana, ya teníamos todo el papeleo preparado a través de unos contactos en el consulado. Nos casamos y luego Puerto Rico y luego bajar por el resto de las Antillas menores, Saint Martin, Antigua, Barbados, Martinica.

_Aquí sí que tendrás material para tu próxima novela de piratas_ dijo ella, risueña

_No…no será de piratas precisamente…_ dije, feliz.

Ella reía, resplandeciente, desde su impactante 1,82 de altura, sus curvas de escándalo, bajo un vestido-pareo blanco ceñido a su cuerpo. Las miradas de todos, los que pasaban por esas estrechas calles coloniales, clavadas en ella.

Llevaba un sombrero de paja de ala ancha que habíamos comprado en Islas Vírgenes y cada tanto se giraba para mirarme, yo iba detrás de ella para mirar como movía su culazo y sus piernas, sus muslos fornidos, casi flotando por las pequeñas calles empedradas.

Al pasar delante de un pequeño bar, dos negros de mediana edad la miraban con lujuria, uno de los tíos llevaba un diente de oro.

Esa tarde luego de follar le pregunté si alguna vez había estado con un hombre de color.

_No, nunca, siempre he tenido un poco de curiosidad, pero nunca me lo he permitido_

_ ¿Que no te lo has permitido?_ dije

_Bueno, veras, mi padre es un poco….bah, es bastante racista en verdad_

_Joder ¿de verdad?_

_Odia a la gente de color, no sé por qué_

_El racismo es una mierda y no tiene explicación, eso es lo peor_ dije

Fue en Granada donde conocimos a Richard, era un inglés que trabajaba de administrador en el pequeño puerto donde amarrábamos el yate.

Gordo y alto, parecía sudar a mares todo el tiempo, como si su cuerpo no se acostumbrase al calor sofocante y húmedo del caribe.

_Arturo, no debes dejar de ir a Trinidad, hay una cala natural allí que es un sitio maravilloso_ me dijo

_ ¿Mucho turismo?_

_Nada hombre, es un secreto de nosotros los del lugar, yo voy allí una o dos veces por año a pescar y desconectarme de todo_

_Si, tal vez a Ingrid le agrade_ dije

_Hombre, con semejante mujer, este sitio será el paraíso en la tierra para ti_

Richard tendría unos cincuenta años, usaba una desprolija barba candado y gafas, sorbió un trago de su Tom Collins con agua de coco.

Ya había observado yo las libidinosas miradas que le echaba a mi esposa, a su culo, a sus largas y torneadas piernas cuando ella nadaba en una playa cerca del muelle.

En ese momento Ingrid se hizo presente en la terraza donde estábamos.

Llevaba solo la parte de arriba del bikini y un pareo de color naranja cubriendo sus caderas.

Su rostro y todo su cuerpo ya habían adquirido un color broncíneo y parejo, pues en el yate tomaba sol completamente desnuda. Sus ojos azules, rasgados, casi orientales y su pelo rubio, muy corto, casi blanco parecían resaltar aún más en el dorado de su piel. Sus hermosos hombros, redondeados y plenos.

Los tetones de Ingrid parecían dar pequeños saltitos dentro del bikini, mientras subía con los pies desnudos por la escalera de madera hasta nosotros.

Los ojos del obeso y corpulento inglés, se entrecerraron soñadoramente.

_Richard me estaba contando de un sitio en Trinidad que es fenomenal_ dije

_ ¿Si? ¿Muy turístico?_ dijo ella

_ Cero turismo, allí podrán nadar desnudos y dejar el yate anclado cerca de la costa, es una cala natural bellísima, yo te diré como pasar unos bajíos en la entrada_

_ ¿No será peligroso?_ dije, encallar en un sitio salvaje no era un buen plan en absoluto

_Hombre, no, mira Trinidad es como un bota, esto sería cerca de la punta de esa bota, estarán muy próximos de Venezuela si precisáis algo_

_ ¿No habrá piratas, no?_ dijo ella sonriendo ya junto a nosotros, por dios que guapa estaba con ese bronceado.

_Si te cruzas con Barba Negra le dejas saludos de mi parte_ dijo Richard

Podía sentir los tetones firmes y grandes aplastados sobre mi vientre, mientras me comía la polla, a su vez el olor de su coño mezclado con lo salobre del mar saturaba exquisitamente mis fosas nasales. Mis manos amasaron sus glúteos carnosos, le di un azote, ella gimió con su boquita llena de mi polla, luego hice resbalar uno de mis pulgares por la entrada de su ano, ella se estremeció como siempre, sentir ese pedazo de hembra latiendo sobre mí cuerpo era una locura.

Ya teníamos nuestro jueguecillos, mi pulgar presionó un poco y comenzó a penetrar el anillo apretado de su ano.

_Arturo….Arturo…..Mmmm…_ dijo ella mientras me pajeaba con una de sus fuertes y alargadas manos

_ ¿Qué cariño?.......¿ qué te pasa a ti?_

_Joder….como me gusta….como me gusta tu polla…_ dijo y la volvió a engullir, veía su cabecita rubia subir y bajar sobre mi verga.

El lugar estaba cerca de Erin Point, un pedazo de tierra frente a la costa que no llegaba a ser un cabo y a mitad de camino de Frank Bay, Richard me había marcado el sitio preciso en un mapa.

_No encontrarás esta cala en ninguna guía de turismo_ me había dicho

Lo primero que recuerdo es como las gaviotas chillaron cuando eché el ancla, como si nunca un ser humano hubiese estado por allí, la playa era una delgada franja blanca, como hecha de harina en lugar de arena, de tan fina que parecía.

El agua transparente y verdosa, azulada según como los reflejos del sol daban en ella.

Bajamos el pequeño bote semirrígido, todo era silencio y quietud, parecía que hubiésemos arribado a una isla desierta. Delante de nosotros se elevaba la pendiente de la montaña, la selva impenetrable y misteriosa, agrandándose a medida que el bote nos acercaba a la costa.

El mapa que Richard me había facilitado era excelente, supuse que lo había hecho alguien con mucho conocimiento de esas aguas y un marino consumado además. Por supuesto no había sido Richard el que lo había hecho.

Tuve cierto temor al pasar los bajíos, encallar en esas aguas hubiese sido una pesadilla.

Pero a la vez el ser testigo del deslumbramiento de Ingrid ante tanta belleza natural me llenaba de orgullo viril.

Y ella misma era parte de esa belleza superior, ya cerca de la arena, se desnudó completamente y se zambulló.

Me encantaba verla nadar, era una maravillosa sirena tomando forma humana, todo su cuerpazo tonificado por el ejercicio de toda una vida, su piel broncínea y dorada por el sol.

Sus tetones chorreaban gotitas de esa agua de mar, su coñito desnudo refulgiendo bajo el sol, sus pies desnudos en la arena blanca.

Así me esperaba ella, de pie, dándome la bienvenida a ese verdadero paraíso, hice deslizar el bote Zodiac, open 3.1 de goma con su motor de 25 cv, salté a tierra, tuve la sensación de pisar otra vez un territorio completamente virgen.

_Desnúdate, anda, vamos al agua_ dijo ella, lo hice, nos besamos, luego nos metimos en esa agua tibia, algunos peces de colores vivos nos rozaron.

Nos acoplamos dentro del agua, sus poderosas piernas envolviendo mis caderas y mi culo, nos besábamos mientras mi polla navegaba en la acuosidad del elemento que la constituía.

Siempre agradecí tener una buena polla, no cuando era un adolescente, en ese momento no tenía conciencia de esas cosas. De adulto comprendí que la inseguridad de muchos tío deriva del tamaño de la polla, es una idea falo céntrica y primitiva lo sé. No me considero un macho alfa pero siempre he estado con mujeres hermosas y sé que en parte es por tener la polla que tengo.

Mi padre había sido un juez muy importante en Cataluña y no había estado contento con mi vocación de periodista, luego las crónicas de guerra en Oriente medio me habían dado cierto renombre, también es que daba bien en cámara, no diré que me hice famoso pero mi cara empezó a ser reconocida, fue una fama efímera debo decir.

No era época de corresponsales de guerra, el mundo estaba cambiando demasiado rápido, lamenté no haber nacido veinte o treinta años antes

Luego comencé una carrera literaria, mediocre y a punto de hundirse hasta que apareció el capitán Alacuerva en mí rescate. Y ahora, gracias a él, en parte, estaba follándome a una belleza como Ingrid en una playa desierta mientras veía mi barquito mecido suavemente por las olas.

Bañado por la luz del mediodía

_Vayamos nadando hasta al barco_ propuso luego ella, ya habíamos caminado bastante por la arena, la playa era bastante pequeña y escondida, supongo que los peligrosos arrecifes de la entrada y la escarpada montaña la habían hecho poco deseable para un emprendimiento turístico.

Veía el impresionante culazo de mi flamante esposa sumergirse en el agua y luego emerger con fuerza, era un hermoso delfín rubio en el agua.

El nadar en mar abierto era su especialidad en el triatlón, no era tan buena corriendo, era un bicho más acuático que terrestre mi pequeña Ingrid.

Llegó al barco mucho antes que yo.

Antes de subir al barco, vi el bote en la playa y tuve la tentación de ir a buscarlo.

Por suerte no lo hice.

Almorzamos unos mariscos congelados que habíamos comprado en Puerto Rico, Ingrid se los agregó a unas pizzas preparadas por ella misma en un santiamén.

Era muy gracioso verla con la cara machada de harina y solo con su bikini puesto, luego dormimos una siesta corta, volvimos a nadar, volvimos a follar sobre cubierta.

Era una vida muy complicada. A media tarde escribí unas páginas de mi novela.

Comenzó a levantarse viento.

_ ¿Quieres que vaya a buscar el bote?_ dijo ella

_Ya casi oscurece, la hora en que los tiburones salen a cazar_ dije, el bote estaba a buen recaudo casi entre la línea de los arbustos.

_Uff! tantos tiburones que hemos visto hasta ahora_

_Que no los hayamos visto no quiere decir que no existan_

_Voy a buscar el bote y regreso_ dijo ella y ya se aprestaba a lanzarse al agua

_Déjalo, vamos nadando mañana temprano hasta la playa, no quiero que te devoré nadie más aparte de mi_ dije sonriendo, nos besamos.

_Me ducho y bebemos algo_ dijo ella

Luego bebimos unos Tom Collins con agua de coco, el trago que nos había enseñado a preparar nuestro amigo Richard.

El sol iba cayendo por detrás de la montaña, bañando de oro todo el verde y exuberante follaje.

Vimos que mar adentro había nubes de tormenta, seguía soplando el viento y me pareció ver un rayo caer en la lejana oscuridad.

_Estamos seguros aquí ¿no es verdad?_

_ ¿Por la tormenta dices? Sí, es un sitio seguro_ dije

Luego de cenar, volvimos a follar, en nuestra cómoda y limpia cama, con sus paneles de madera marrón claro, el estilo antiguo del barco me había fascinado en cuanto lo vi, también el precio, solo 97.000 euros, la mitad de las ganancias de los “Caballeros de las tinieblas” habían venido a parar aquí.

_Me encanta tu polla….joder….joder…_ decía ella

Qué bueno era tenerla así de abierta para mí, en cuatro patas, mi verga entrando y saliendo del prieto anillo de su grande y redondo culo, dejando un pequeño reguero de lubricante y flujos sobre la cama.

_Así….si….. Así….Arturo…Mmmmmm_

Qué bueno que fuera así de apasionada, que le gustara follar tanto como a mí, que aceptara mi pedazo de polla en el culo y se tragara mí corrida al final.

Hablaba tres o cuatro idiomas, le gustaba viajar, sabía cocinar, era una mujer culta e inteligente.

Joder es la mujer perfecta, como si la hubiese mandado a pedir para mí, pensé.

Habíamos comido bien, habíamos bebido esos tragos y luego una botella de vino blanco bien helado, habíamos follado mucho también.

Me sentía tan relajado que no fue extraño que me durmiera profundamente esa noche, abrazado a mi esposa.

El ruido del motor de una lancha entraba lentamente en mi sueño, con esa calidad fantasmal de las cosas del exterior que intentan penetrar el sueño de una persona. Pensé en el bote que habíamos dejado abandonado sobre la arena ¿Se lo estaba llevando la marea? ¿Y quién había encendido el motor?

No, este motor era más ahogado que el de mi bote, era como si el pobre motor tuviese asma y tosiese cada dos por tres.

Una lancha se estaba acercando, intenté despertarme, no lo lograba, debía despertarme, ahora el motor había dejado de toser, debes despertarte, me grité dentro de mí.

Abrí los ojos, todo era silencio, la usencia de sonidos me aterró.

Me senté en la cama, me pareció escuchar un pequeño ruido, muy leve, sobre el barco. Fui hasta el pasillo, me detuve a escuchar.

Nada, me estaba alarmando por nada.

Fui hasta la sala del barco allí tenía una pistola colt 38 ACP, que había heredado de mi padre, debajo del timón llevaba un rifle semiautomático Benelli Argo.

Cogí la pistola, ahora me pareció escuchar un sonido.

¿Era un pie desnudo sobre el puente del barco?

Entreabrí la puertecilla que daba a cubierta, cometí el error de sacar la mano con la pistola primero.

_ ¡AAYYY!!!_ el golpe en la muñeca fue tan fuerte que solté la pistola como si estuviese electrificada, lo siguiente que vi, fue un engendro del demonio, saltando la barandilla, como su viniera del mismo infierno del mar, era bajo de estatura y andrajoso, barba poblada y ojos de loco, llevaba un machete.

Luego una mano de hierro me jaló del cabello y me arrastró sobre cubierta, haciéndome salir de donde estaba.

_Ya lo tengo al mamahuevo este_ dijo una voz chirriante, giré mi cara para verlo, era negro como la noche e inmenso, un verdadero gigante.

En su otra mano llevaba un machete con cuyo canto me había golpeado en la muñeca.

Me estremecí al pensar que podría haberme cercenado la mano de un solo tajo.

El demonio de la barba ya estaba sobre mí, cogió la pistola.

_Activo muchachones, activo_ gritó el negro y me dio un tirón de cabello que casi me lo arranca, caí sobre cubierta, puso un enorme pie desnudo sobre mi cuello.

Por el rabillo del ojo vi como otro hombre delgado y macilento, mulato, de bigotes, caminaba lentamente por la cubierta, llevaba un viejo fusil Browning.

_Dile a tu chica que tranquila, que no pasa nada ¿oíste?_ dijo el negro acercando su cara a la mía.

Pensé que su boca y su nariz eran enormes y deformes, los ojos con el blanco inyectado en sangre

_ ¿Oíste lo que te dije marico?_ me repitió

Es venezolano, pensé, es venezolano.

_Si…tenemos dinero…tranquilos_ dije

_Así que tienes platica, que buena noticia coño_ dijo riendo

Como corresponsal de guerra había estado en algunas situaciones peligrosas, había visto gente morir delante de mí, especialmente en bombardeos, por eso podía mantener una cierta calma pero a la vez, el terror que sentía por lo que pudiera pasarnos, especialmente a Ingrid, me atenazaba el corazón.

_Arturo…._ escuché su voz temblorosa desde la puerta

_Estoy bien, cariño…..no tengas miedo… cogerán el dinero y se irán_ dije aunque sabía que no era verdad

Vi como ella se tapaba la boca con las manos y las lágrimas brotaban en su rostro.

_Ay mamacita, si no pasa nada_ dijo el negro

_ Ven para aquí mi reina_ dijo el demonio y ató las manos de mi esposa por delante con un pedazo de tela.

Ella solo estaba vestida con el tanga y una camiseta de dormir.

_ ¿Dónde tienes el dinero marico? ¿Tienes más armas?_ dijo el negro

Otro sujeto más joven había subido al barco con un revolver en la mano.

Les dije dónde estaba el dinero y el rifle, fueron cogiendo algunas cosas.

El mulato a quien el negro llamaba maracucho me ató las manos por delante, lo hizo sin mirarme como si yo fuera una cosa

_Vamos muchachones…dense prisa coño…no estamos de parranda compadre_ y cosas así decía el negro quien era el jefe de esa banda…..de piratas.

Ella había dejado de llorar y buscaba mi mirada, trataba de darle ánimo pero era imposible, también yo estaba sobrepasado, era una pesadilla. El demonio ahora le miraba el culo con total descaro.

Cogieron todo lo que encontraron de valor, mi portátil incluida, también provisiones.

Llevaban grandes bolsones de tela.

Le arrojaron esos bolsones a alguien que aguardaba en la lancha, fondeada al costado del barco.

_Mira marico, así va la vaina esta, ustedes se vienen con nosotros, vamos a pedir una linda platica de rescate por ustedes ¿Oíste?_ me dijo poniéndome una manaza pesada sobre el hombro.

_Si… comprendo_

El negro mediría casi dos metros, era realmente un gigante.

_ ¿Este es tu telefonito? A quien debo llamar, piénsalo bien compadre_ puso el móvil frente a mis ojos

Le di el teléfono de mi editor y agente literario en Madrid, lo anotó en el suyo, lo hizo lentamente, tomándose su tiempo, luego repitió el número en voz alta.

Nos iban a secuestrar e iban a pedir rescate, por un lado sentí cierto alivio de que no nos mataran y también supe que nos esperaba un largo calvario.

_ ¿Quién se lleva el barco este, mi Niche?_ dijo el demonio

En ese momento no comprendí bien como había llamado al negro, luego supe que era Niche, que en argot significa negro.

_Vas tú, Chichón con el Maracucho, se lo dejan al gringo y luego se vuelven_

El demonio se llamaba Chichón, Maracucho era el mulato del rifle.

_ Chamo, ve con la catira esta, que coja algo de ropa para el marico este y para ella y déjala bien tranquilita ¿oíste?_

_Si, mi Niche_ dijo el más joven del grupo

El más joven era Chamo y catira luego supe que significaba rubia,” déjala bien tranquilita” seguramente quería decir que no la violara, me estremecí.

A los empellones la hizo bajar a nuestros camarotes para coger ropa.

_Que pedazo de hembra ¿eh mi Niche?_ dijo Chichón, tenía unos horribles dientes ennegrecidos

_ A esta gringa la voy a convertir en adicta a mi machete_ dijo el negro.

Los dos se rieron como si yo no estuviera allí.

El Niche tendría una edad indefinida entre cuarenta y cincuenta años, cuando sonrió vi que tenía un diente de oro.

El machete le dicen a la polla en Venezuela, no necesité saber eso para darme cuenta a que se refería.