Hay que probar de todo
Las vacaciones terminan, pero la noche apenas comienza. En la puerta de una casa vacía, tres desconocidos ofrecen más que una copa; ofrecen la tentación de cruzar límites que nunca imaginaron. ¿Qué pasa cuando la curiosidad vence a la fidelidad?
Mi nombre es Raquel, y voy a contarles lo que me sucedió durante unas vacaciones de verano con mi novia María. Ambas teníamos 25 años cuando decidimos hacer un viaje a un pequeño pueblo de las Islas Canarias. Era una zona que irónicamente en verano era cuando más tranquila estaba, ya que la mayoría de propiedades pertenecían a personas extranjeras que vivían en este lugar durante los meses fríos por el constante buen tiempo que hace en las islas, y que cuando llegaba el verano volvían a sus países de origen cuando allí el clima al fin mejoraba. Nos instalamos en una pequeña urbanización de unas 20 casas, todas con una estructura similar de dos pequeños pisos, con un salón y cocina en la planta baja, y los dormitorios y el baño en la segunda. Salvo por 6-7 viviendas, el resto de la urbanización estaba vacía, y como además estábamos cerca de la playa, disfrutamos de una buena semana de buen tiempo y tranquilidad sin las habituales muchedumbres en las zonas de turismo. Sobre nosotras, somos un poco polos opuestos a nivel físico. Yo tengo el pelo cobrizo y mido poco más de 1,65, mientras que tengo un pecho más bien pequeño, mientras que María es una chica rubia a la que le saco una cabeza pero que en cambio cuenta con un pecho más grande que el mío para la vista de cualquiera. Además de tener una cara angelical.
Como a mitad de las vacaciones llegaron a la urbanización tres chicos que debían de haber cumplido los 20 años hace poco. Por lo general no me habrían llamado la atención, pero como digo, en la urbanización había poca gente así que cualquier cara nueva era rápidamente detectable. La urbanización tenía una piscina comunitaria, y era habitual que nos los encontráramos allí pasando el rato. A nosotras también nos gustaba pasarnos por ahí, sobretodo después de comer. La verdad es que los chicos nunca nos molestaron, y aunque de vez en cuando nos echaban alguna mirada, ví comprensible que unos hombres de su edad observaran de reojo a unas chicas guapas como nosotras. Concretamente, un día María y yo estábamos en el agua nadando hasta que poco a poco empezamos a juguetear, nos empezamos a poner un poco tontas, y acabamos en una esquina de la piscina besándonos. De repente ví que María se reía, y al preguntarle qué le pasaba me respondió que parecía que a nuestros vecinos les estaba gustando el espectáculo que estábamos dando porque no nos quitaban ojo de encima. No me dí la vuelta para no avergonzarlos, y como digo tampoco me molestó porque creo que en su situación también me habría quedado mirando embobada.
Nuestras vacaciones se acababan de forma oficial, y en nuestra última noche salimos a cenar y tomar algo. Estábamos un poco animadas, y yo ya estaba pensando en hacerle el amor a mi chica como cierre a unas grandes vacaciones, pero cuando llegamos a la entrada de la urbanización nos encontramos a los tres chicos hablando con dos muchachas. Se las veía todavía más jóvenes que ellos, por lo que debían estar rondando los 18. La verdad es que las dos eran bastante guapas, sobretodo la que era morena. Supusimos que nuestros vecinos estaban intentando convencerlas de ir con ellos a su casa, aunque ellas todavía no estaban del todo convencidas. En cualquier caso, tampoco es que tuviéramos una relación con ellos, así que nos disponíamos a pasar de largo y entrar en la urbanización cuando de repente oímos a uno de los chicos decir “mirad, si son nuestras vecinas”. Nos giramos hacia ellos y uno de los chicos, con cabello castaño corto y guapillo de cara volvió a referirse a nosotras.
-Hola vecinas, estábamos pensando en tomarnos algo todos juntos en nuestra casa, ¿os apuntáis?
Rápidamente deduje que lo que querían era utilizarnos de excusa para que las otras dos chicas se sintieran más seguras. Si entraban a la casa de los chicos con otras dos mujeres no se sentirían tan desprotegidas, y aunque nuestros vecinos supieran que no iban a lograr nada con nosotras, estarían más cerca de poder llegar a donde querían con las otras dos.
-La verdad es que estamos cansadas, y mañana además tenemos que coger el avión así que queremos descansar bien- Atiné a decir.
-Pero si os váis mañana más razón para celebrar- Nos respondió el chico-. Venga, una última copa, y además tenéis vuestra casa a un minuto a pie.
Comencé a discutir la situación con María en voz baja y al final concluimos que podía ser divertido relacionarnos con gente un poco más joven, por lo que aceptamos y nos fuimos rumbo a la casa. Por el camino nos fuimos presentando. La chica morena, y la más bonita de las dos, se llamaba Isabel, mientras que su amiga, de pelo castaño, se llamaba Silvia. Las dos acababan de terminar el instituto y habían venido con unas amigas de viaje como celebración del final de los exámenes de acceso a la universidad. En el lado de los hombres, el que se había dirigido a nosotras y que parecía tener la voz cantante sobre ellos, se llamaba Rubén. Los otros dos eran Jaime, un chico negro de pelo corto, y Manuel, que me pareció el más simple de los tres ya que parecía querer imitar el look de un jugador de fútbol. Cuando llegamos los chicos nos cedieron a las cuatro mujeres el sofá mientras que ellos se sentaron en sillas enfrente a nosotras. Estuvimos charlando y bebiendo unas cervezas hasta que una pregunta de Isabel cambió el tema de conversación el resto de la noche.
-¿Y vosotras desde cuando sois amigas?- Dijo Isabel dirigiéndose a María y a mí-. ¿Sois compañeras de universidad, trabajo o algo así?
Por la sonrisa incluso de su amiga, parecía claro que Isabel parecía ser la única que no se había dado cuenta de que Raquel y yo éramos pareja, así que yo educadamente le expliqué nuestra relación.
-Ja, ja, mira que eres tonta- Le dijo Silvia a su amiga.
-Joder, yo que sé, es la primera vez que conozco a dos lesbianas- Dijo justificándose.
-Hmm, ¿estás segura de eso?- Le dijo María en tono burlesco-. A tu edad es cuando más se experimenta y más dudas se tienen, tal vez mientras vosotras estáis aquí el resto de vuestras amigas están teniendo una más que divertida fiesta de pijamas.
-¿Ah sí? ¿Vosotras también tuvisteis dudas?- Intervino Rubén.
-Bueno…Sí, tanto Raquel como yo estuvimos con hombres antes de ser pareja, así que tengo una opinión formada sobre el asunto- Me sorprendió que María hablara tan abiertamente de nuestra sexualidad con unos desconocidos. En parte me molestó un poco pero le quité importancia porque estaba un poco borracha y tampoco lo hizo con maldad.
-¿Y tan mal os fue con los hombres?- Preguntó Silvia. Parecía que nuestra orientación sexual había provocado una serie de preguntas entre nuestros acompañantes. Como no quería ser la aguafiestas y, María se había mostrado tan abierta antes, decidí responder.
-Al menos en mi caso, estar con un hombre no era desagradable, pero no sentía la excitación que todo el mundo decía que se sentía con el sexo. Era como si vosotras os acostarais con un tío que os parezca feo por hacerle un favor, solo que para mí todos los hombres me parecen de ese tipo. Al final me dí cuenta que las mujeres si me producían esas sensaciones, y cuando por fin estuve con una comprobé que había una gran diferencia con lo que había probado hasta ese momento.
Todos parecían haberme escuchado con fascinación, sobretodo las chicas, así que María no tardó en dirigirse a ellas.
-Así que deduzco que ninguna de las dos ha tenido relaciones con una mujer. ¿Ni siquiera un besito?- Las dos negaron con la cabeza-. Vaya, pues como digo creo que estáis en edad de hacer probaturas. Imagina que en unos años descubrís que el sexo lésbico os gusta y habéis desperdiciado un montón de buenas oportunidades.
-Creo que como veteranas en el asunto deberíais darles una demostración de lo que se pueden estar perdiendo- Volvió a decir Rubén.
-Oh, yo a estas chicas les doy una demostración y lo que ellas quieran- Dijo picaramente María a lo que las chicas respondieron riendo, pero María prosiguió-. ¿Qué os parece un beso?
-¿Un beso?- Respondieron un tanto sorprendidas las chicas.
-Sí, besaros con nosotras. Por muy mal que lo hagamos no puede ser demasiado desagradable, y es una experiencia que os lleváis.
Las dos chicas empezaron a mirarse un tanto sorprendidas y empezaron a hablar en voz baja entre ellas mientras que los chicos también parecían comentar la jugada.
-No te importa, ¿no?- Me preguntó María. Yo también estaba un poco sorprendida por este arrebato, pero le dijo que no. Supuse que a las chicas les daría vergüenza y dirían que no, y si dijeran que sí podría montármelo de forma consensuada con dos bellezas. No es que María y yo tuviéramos una relación abierta o hubiésemos tenido siquiera un trío, pero si la oportunidad se daba tampoco iba a decirle que no. Además de que sería un gran preámbulo para cuando estuviéramos a solas.
-Vale, de acuerdo- Pronunció finalmente Isabel para mi sorpresa-. Démonos un beso.
María parecía contenta de que le hubiera salido bien la maniobra y se acercó a Isabel. Le puso la mano en el rostro y mientras lo acariciaba suavemente mirándole a los ojos empezó a acercar sus labios a los suyos hasta que por fin entraron en contacto. Al principio los labios simplemente se tocaban mientras María le besaba suave y repetidamente, pero poco a poco mi novia empezó a introducir la lengua dentro de la boca de Isabel quien estaba totalmente receptiva. Ya no se estaban dando un simple piquito, sino que se estaban devorando la boca con la misma pasión que unos amantes. Finalmente María se separó de Isabel, quien en su rostro se reflejaba una mezcla de sorpresa y excitación por lo que había pasado. María se acercó a su oído, pero hablando a un volumen al que la oímos todos, y le dijo “pues si esto te ha gustado ya verás cuando te bese Raquel”. Tras decir esto María se levantó y tras mirarme con una sonrisa traviesa se fue con Silvia dejándome con Isabel la cual me miraba con cierta expectación. Yo estaba excitada, pero aún así tenía cierto nerviosismo de besar a otra mujer que no fuera mi novia, sin embargo esto se me pasó en cuanto empecé a saborear la boca de Isabel. Además, María me había puesto por las nubes, así que intenté mantener las expectativas creadas. Perdí por completo la noción del tiempo dejándome llevar por el placer y solo fuimos interrumpidas cuando María me tocó en el hombro y me dijo que era el turno de que Silvia también probara conmigo. Estaba un poco avergonzada por haberme dejado llevar de esa manera, pero más vergüenza me dió cuando me levanté y me dí cuenta que tenía delante mía a tres hombres que estaban alucinando por completo con el espectáculo. Me había olvidado por completo de su existencia y me dio un poco de corte el pensar que los tres debían de tener una completa erección, pero cuando tuve delante mía a Silvia no dude lo más mínimo y la comencé a besar con la misma pasión que a Isabel, aunque que esta vez no me dejé llevar tanto y fui yo misma quien se separó cuando consideré oportuno para volver a sentarme junto a María.
-¿Y qué? ¿Os hemos hecho replantear alguna cosa?- Dijo María.
-La verdad es que ha sido sin duda interesante…- Respondió Isabel mientras se reía con su amiga.
-Tengo que decir que como hombre mi orgullo está dañado- Comentó Jaime.
-La verdad es que sí- Le respondió Rubén-. Creo que las chicas nos deberían dar una oportunidad a nosotros también.
-¿Cómo que una oportunidad?- Dijeron las chicas.
-Me refiero a que nosotros también deberíamos besaros y que vosotras determinéis quien es mejor.
-¿Estás seguro?- Dijo María-. A lo mejor solo lográis que se terminen de cambiar de acera.
-Oh, tranquila, tengo mucha confianza en mí mismo. ¿Qué decís chicas?
Silvia e Isabel parecían estar disfrutando de ser el centro de atención y que todos nos estuviéramos peleando por hacérnoslo con ellas, así que respondieron que sí. Rubén como el líder del trío fue el primero que se fue a por Isabel a quien puso de pie y empezó a besar en medio de todos nosotros. No había que ser un experto en lenguaje corporal para darse cuenta de que ella lo estaba disfrutando igual o más que cuando estaba con nosotras. Al haber una proporción de tres hombres y dos mujeres, los tíos se fueron rotando para comerle la boca a las dos muchachas. Obviamente Rubén fue el primero en terminar de catar a las dos chicas, y mientras sus dos colegas todavía seguían dándose el lote, se acercó a nosotras y nos propuso que si también queríamos besarlo. Las dos le rechazamos de primeras pero este siguió insistiendo en que sería solo un piquito y finalmente María le dijo que sí. Realmente me dió la sensación de que le quería haber respondido que sí desde el inicio pero por estar yo delante había tratado de negarse aunque lo estuviera deseando. Ambos se besaron unos 10 segundos, pero cuando Rubén trató de meterle la lengua, María le detuvo y le recordó que era solo un piquito, lo cual provocó cierta decepción en él pero tampoco insistió.
-¿Tienen un veredicto señoritas?- Preguntaron los chicos. Silvia e Isabel parecían estar en una nube sin saber muy bien que responder, así que María intervino.
-Esta competición no ha sido justa en ningún momento. Nosotras ya os las habíamos puesto en bandeja. Todo vuestro “trabajito” estaba condicionado por lo que habíamos hecho nosotras antes.
-Por favor, déjate de excusas. Hay que saber perder- Empezaron a protestar los tres hombres-. Pero bueno, que hablen ellas.
Las dos parecían estar tremendamente avergonzadas por la situación, pero finalmente Isabel se atrevió a hablar:
-Lo cierto es que nos lo hemos pasado muy bien con todos y besar a una mujer ha sido mucho más agradable de lo que me esperaba. Supongo que nos quedamos con los hombres porque es lo que más nos atrae, pero sí, creo que podría plantearme estar con una mujer- Los hombres empezaron a celebrar de forma cómica y yo pensé que la noche ya se había acabado, que dejaríamos a este grupito liarse entre ellos y que nosotras dos nos iríamos a nuestra habitación para tener una última noche de sexo estas vacaciones. Sin embargo, Isabel siguió hablando-. Igualmente creo que ha sido una experiencia incompleta para poder decidir.
-Ah, ¿y qué es lo que falta para que pudieras sacar tu conclusión final?- Preguntó interesada María.
-Bueno…Nunca he visto a otra mujer desnuda. Quiero decir, si las he visto pero nunca siempre de refilón en un vestuario o en una situación similar, nunca en un contexto sexual. No sé, me he preguntado si ahora sentiría otra cosa.
“Vaya con la mosquita muerta” pensé para mí misma. Parecía que la mezcla del alcohol y del calentón que debía llevar habían inhibido toda su timidez inicial y estaba tirándonos descaradamente los tejos, en especial a mi novia.
-¿Y qué? ¿No vas a hacer caso a su petición?- Dijo Jaime
-Hmm, creo que sí.. Chicas, ¿por qué no os venís a nuestra casa y os enseñamos todo lo que queráis?- Respondió María riendo.
-¿Pero por qué llevarse la diversión a otro lado cuando aquí estamos tan bien?- Preguntó Manuel. Mientras los chicos seguían discutiendo en broma sobre el tema me percaté que María e Isabel prácticamente no se quitaban la vista de encima, lo cual me puso un poco celosa.
-Se me ha ocurrido una idea- Dijo el gran liante del grupo, Rubén-. Me parece un poco injusto por parte de Isabel y Silvia pedirles a María y Raquel desnudarse si no va a ser algo recíproco. Creo que ellas también se merecen disfrutar de vuestros cuerpos.
-¿Y cual es tu gran plan? ¿Qué las cuatro nos quedemos en pelotas mientras vosotros nos miráis embobados?- Medio protesté.
-No, porque nosotros también nos desnudaremos. Así, Silvia e Isabel, que son nuestras juezas podrán observar en su mayor esplendor el cuerpo de un hombre y el de una mujer y podrán decidir que les atrae más. Además, de esta manera todos nosotros disfrutaremos un poco.
-Sí, excepto nosotras que tendríamos que ver tres pollas por las que no tenemos ningún interés- Replicó María, aunque con un tono que dejaba ver que la idea tampoco le desagradaba.
-Por eso estoy dispuesto a dejaros la iniciativa. Por cada prenda que os quitéis Raquel y tú, el resto haremos lo mismo. Cuando creáis que se va a cruzar una línea que os incomoda decidís que ya es suficiente y lo dejamos. ¿Os parece?
María rápidamente se giró hacia mí y me preguntó en voz baja que me parecía.
-No sé. No te voy a negar que no me atraiga seguir jugando con ellas dos, pero me preocupa que estos tres cojan confianza confianza con nosotras.
-Mmm, no lo creo la verdad. No parecen malos tipos. Además, serían muy imbéciles si tratan de jodernos cuando tienen a las otras dos a punto de caramelo.
-De acuerdo, está bien…Pero ya le vale a tu nueva amiga estar tremenda.
María se rió por mi comentario y anunció que estábamos de acuerdo con el juego propuesto. Isabel y Silvia también aceptaron, así que todos esperaban que empezáramos a desvestirnos. Empezamos con algo simple, descalzarnos, lo que todo el mundo siguió sin problemas. María llevó la iniciativa y empezó a quitarse juguetonamente la camiseta dejando su sujetador a la vista. Yo la seguí aunque de forma más directa ya que seguía sin estar entusiasmada con esta idea. Dejamos de ser el centro de atención de todos cuando Silvia e Isabel empezaron a imitarnos lo cual hizo que yo volviese a calentarme un poco, sobretodo porque Isabel llevaba un sujetador azul celeste algo transparente que dejaba ver parte de sus pechos que yo ya me moría por ver. Los chicos fueron los últimos en dejar su torso a la vista, y aunque sus cuerpos no me atraían especialmente, se notaba que iban habitualmente al gimnasio para verse guapos delante de las chicas, ya que todos estaban bastante bien definidos. Después nos quitamos los pantalones cortos, y yo me avergoncé porque me dí cuenta que se me notaba que estaba mojada, aunque de nuevo se me pasó un poco al ver que la ropa de Silvia e Isabel estaban en un estado similar haciéndome desearlas todavía más. Pero las miradas de las cuatro mujeres se fueron directas a los tres hombres en cuanto se bajaron los pantalones y aparecieron delante de nosotros tres penes totalmente erectos peleando por tratar de atravesar la tela de sus calzoncillos. Llevaba años sin ver un pene y no es que hubiera pensado demasiado en ellos desde que definitivamente decidí salir exclusivamente con mujeres, pero la repentina presencia de estos delante mía despertó en mí cierto interés.
Llegamos a la parte más interesante y María empezó a desabrocharse el sujetador. Yo estaba esperando que fuese ella quien determinase cual iba a ser la línea roja que no íbamos a cruzar, pero parecía que no iba detenerse ante nada. De nuevo me sentí un poco avergonzada, pero ya no tanto porque me vieran desnuda sino porque mis pechos son más pequeños que los de María, por lo que la parte de mí que le gustaba ser deseada por otros odiaba recibir menos atención que mi novia, pero sin embargo observé como los tres hombres me miraban con el mismo deseo que a María, lo cual tengo que confesar que me gustó. Por fin llegó el momento que tanto esperaba y Silvia e Isabel también dejaron sus pechos al aire, los cuales eran tan perfectos como había fantaseado. Estaba tan cachonda y tan tentada que tuve que forzarme a mí misma para no quedarme con la boca abierta mirando esos cuatro pechos mientras babeaba. Además que las dos chicas estuvieran totalmente ruborizadas hacía que transmitieran una excitante inocencia. Lo único que me hizo despertarme fueron las protestas de María ya que los chicos no se habían quitado ninguna prenda.
-Lo siento, pero los hombres no usamos sujetador- Se justificó Rubén-. Si queréis que nos quitemos la última prenda que nos queda, tendréis que hacerlo vosotras primero.
-Que caradura- Contestó María-. Tenéis suerte de que lo que os quitéis u os dejéis de quitar me da igual.
Dicho esto María empezó a bajarse las bragas quedándose totalmente desnuda delante de todos nosotros dejando ojipláticos a todos los presentes. Incluso yo que había visto su coño cientos de veces me había quedado clavada viendo su dulce entrepierna. Cuando reaccioné decidí seguirla y yo también me quité las bragas. Aunque mi entrepierna llegó a ser vista por todos rápidamente me cerré de piernas ya que mostrar esa parte de mi cuerpo no me hacía estar demasiado cómoda. Las otras dos chicas ya no nos siguieron tan ciegamente como antes, y aunque estaba convencida que iban a seguirnos la corriente, esto fue la excusa para que María pudiera lograr lo que llevaba buscando toda la noche.
-¿Qué pasa, tienes dudas?- Le dijo María a Isabel mientras se acercaba a ella totalmente desnuda.
-Bueno, es que…- Trataba de decir la chica.
-Venga, deja que te ayude.
María se sentó de rodillas entre las piernas de Isabel y lentamente empezó a introducir su mano dentro de sus bragas, pudiendo tocar su sexo con ella. Isabel se quedó petrificada totalmente sorprendida, pero no puso ninguna queja ni dijo palabra de ningún tipo. Mi novia le estaba metiendo mano a otra mujer delante de mí y sin haberme preguntado siquiera que me parecía aquello, pero lo cierto es que estaba más cachonda que cabreada en ese momento, por lo que no pronuncié palabra. Tenía tal mezcla de sentimientos en estos momentos que no atiné a darme cuenta cual de los chicos decía “¿así es como le ayudas a quitarse las bragas?”, a lo que María contestó:
-Así es como le quito siempre las bragas a las chicas- Dijo mientras miraba a Isabel a los ojos quien parecía estar disfrutando de sus caricias.
Por experiencia pasadas con ella, y por el movimiento de su mano, deducí que María le estaba metiendo los dedos dentro de la vagina lo cual estaba empezando a provocar suaves jadeos en Isabel. Esta poco a poco empezó a tocar a mi novia llegando a poner una mano sobre uno de sus pechos y empezar a apretarlo. María se acomodó más y rodeo la cintura de Isabel con sus piernas para acercarse más a ella y empezar a besarla. Sí, mi novia me estaba “poniendo los cuernos”, pero ver a esas dos preciosidades magrearse desnudas me hacía sentir como ver una película pornográfica en realidad virtual. María empezó a recorrer el cuerpo de Isabel con sus labios bajando por su cuello hasta sus pechos, y descendiendo por el estómago hasta que finalmente se puso de rodillas en el suelo para ir bajándole lentamente las bragas. El sexo desnudo de Isabel quedó cara a cara con María la cual empezó a jugar con su dedo dentro de la entrepierna de la chica para luego llevárselo a la boca y saborear sus fluidos. Cuando me quise dar cuenta ví que los tres hombres ya se habían desenfundado de sus calzoncillos y que los tres observaban de pie la escena con sus erectos penes ya a la vista. Como María estaba de espaldas a ellos no sé si no se percató de que tenía a esos tres pistolones apuntando directamente o es que simplemente le daba igual por poder seguir con Isabel, pero ella siguió con lo suyo y empezó a besar las ingles de la chica. Isabel que ya estaba totalmente deseosa se fue recostando en el sofá ofreciéndole a mi novia su entrepierna para que hiciera con ella lo que deseara. María no se andó con rodeos y empezó a comerle el coño como si no hubiera nadie más en la sala aunque al hacerlo estaba poniendo en popa dejándole a los tres chicos una vista perfecta de su entrepierna. Isabel empezó a gemir a causa del buen hacer de mi novia lo cual me hacía desear lanzarme a por ella también, pero realmente no sabía como reaccionar, si unirme a ellas, irme con Silvia o salir corriendo de allí directamente. No solo era mi primera orgía, sino que había sido totalmente improvisada por mi novia, y encima teníamos con tres hombres de por medio.
El que no tuvo ningún tipo de reparos fue Rubén, el cual sin preguntar o pedir permiso se agachó detrás de María y fue directo a meter su cabeza en el coño de mi chica. María se giró sorprendida ya que no sabía quien había empezado a devorar su entrepierna. Creí que cuando viera que era Rubén le mandaría a tomar culo, pero tras un segundo de duda, se giró y volvió a dedicar toda su atención en Isabel. No daba crédito a lo que veía. Mi novia estaba en la parte de central de un trenecito de sexo oral en donde no solo se lo estaba comiendo a otra mujer sino que estaba dejando que un hombre le hiciera lo mismo. Pero lo que más nerviosa me puso fue que esto pareció abrir la veda a los otros dos hombres, y mientras Manuel se fue directo a por Silvia, Jaime se acercó a mí. Este se sentó en la esquina del sofá en la que yo me encontraba y comenzó a besarme el cuello. Por un momento me dieron ganas de llorar. No quería tener una relación con un hombre y odiaba a María por haberme puesto en esa situación, pero en este punto yo ya estaba demasiado cachonda y la verdad es que los besos de Jaime no se sentían tan mal. Al ver que cada vez ponía menos resistencia Jaime empezó a acariciar mi cuerpo y hacerme estremecer de placer al agarrar mis pezones. Subconscientemente sentí como mi mano se iba dirigiendo a su pene, y sentí que debía devolverle algo de lo que me estaba haciendo disfrutar, por lo que finalmente lo agarré con fuerza. Siempre había escuchado que los negros tienen el pene más grande que el resto, y aunque la verdad de Jaime parecía del mismo tamaño que la de sus amigos, si que era de mucho mayor tamaño que la de los hombres con los que había estado de adolescente. Al notar en mi mano el grosor de este mientras lo masturbaba me excitaba todavía más por alguna razón. Cuando quise darme cuenta Jaime y yo ya estábamos besándonos con lengua mientras nos dábamos placer mutuo con las manos. Cuando en medio de este descontrol giré la cabeza para ver que estaba pasando con María, ví como Rubén se colocaba de rodillas a su espalda y empezaba a colocar su polla para metérsela. Este empezó a introducírsela lentamente y yo rápidamente mire a María para ver como reaccionaba. Esta levantó la cabeza olvidando por unos segundos a Isabel, y lo que pude ver en su rostro fue solamente placer. Creo que hasta ella misma estaba sorprendida de que esto le gustara tanto pero quería ser follada por Rubén, el cual en cuanto vió que no había ningún tipo de oposición por parte de María, empezó a a penetrarla sin ningún tipo de reparo. El ruido del cuerpo de María chocando contra el de un hombre mientras este le embestía era uno que jamás habría pensado escuchar. Los gemidos de Silvia me hicieron recordar que había otra pareja en la sala, y cuando giré la vista hacia ella pude ver como Manuel también se la estaba follando en el suelo. Parecía que todos los hombres habían conseguido lo que querían excepto uno.
-Necesito follarte- Me dijo Jaime, el cual no pudo evitar que sonara con un cierto tono de súplica.
A pesar de lo que María estaba haciendo yo seguía sin estar del todo convencida, pero a estas alturas me había metido demasiado y no quise ser una calientapollas, así que me limite a decir un “de acuerdo” con la poca dignidad que me quedaba. Jaime me tumbó boca arriba en el sofá y sin dejarme tiempo a pensar o de simplemente decirle “oye, ponte un condón”, me abrió de piernas y empezó a guiar su polla a la entrada de mi coño. Como la canción de Madonna, me sentía como una virgen de nuevo. Llevaba tanto tiempo sin estar con un hombre que hasta me preocupaba que volviera a dolerme, pero la realidad fue totalmente contraria y fue una sensación placentera desde el primer momento en donde cada vez que me penetraba por mi cuerpo corría un cosquilleo de placer. Sin embargo, aunque estaba gozando del pene de Jaime, él seguía sin atraerme demasiado. Era como si estuviera siendo follada por un consolador con vida propia, estaba cumpliendo su función con creces pero necesitaba fantasear para mejorar la experiencia. Por eso mi mirada se acabó yendo directamente a María, quien estaba recibiendo el trato completo de sus amantes. Isabel, que ya debía haber quedado satisfecha con el trabajo oral de María, se había sentado en el suelo cara a cara con ella, y mientras Rubén se la seguía follando a cuatro patas, Isabel le iba besado y agarrando sus pechos. Yo ya conocía a mi chica de sobra y sabía que estaba a punto de explotar, por lo que no me sorprendió verla correrse a los pocos instantes. María se fundió en un abrazo con Isabel mientras saboreaba el orgasmo que acaba de tener al mismo tiempo que Rubén no retrocedía y seguía disfrutando del coño de mi chica. Igualmente Rubén no tardó mucho más en aguantar, y en un movimiento rápido se sacó la polla del interior de María y empezó a eyacular chorros de semen sobre su espalda. No sé por qué pero ver a María recostada totalmente plácida sobre el cuerpo de Isabel con la espalda cubierta de líquido blanco fue la imagen que terminó de volverme loca y haciendo que yo también tuviera un orgasmo mientras Jaime no paraba follarme. Por unos segundos me encontré en estado de shock, pero empecé a notar como Jaime cada vez se abrazaba más a mí y como sus embestidas empezaban a cambiar, por lo que detecté que él también iba a venirse y le pedí que no se corriese dentro. Posiblemente le agüe la fiesta pero hizo caso a mi petición y al igual que Rubén había hecho con María también empezó a eyacular sobre mi mis pechos y vientre. Era la primera me encontraba cubierta de semen ya que mis otras experiencias con hombres habían sido siempre con preservativo y mis parejas siempre habían eyaculado dentro de la goma, pero lo más chocante es que no me sentía desagrada.
Durante unos instantes lo único que se escuchaba en la habitación era la respiración de todos los presentes. Mi mirada se cruzó con la de María y noté que se sentía un poco avergonzada por lo que había pasado. Todas las mujeres, a excepción de Isabel, estábamos cubiertas de semen, así que nos levantamos hacia la cocina para limpiarnos, al menos de forma superficial, con un poco de papel, mientras los hombres murmuraban orgullosos lo que había sucedido. A María se le habían corrido en toda la espalda, por lo que Isabel se ofreció a limpiarle y a empezar a bromear con ella.
-Al final habéis sido vosotras las que mejor habéis catado la diferencia entre un hombre y una mujer. ¿Qué tal ha sido volver a estar con uno?
-Admito que mejor de lo que recordaba- Respondió María-, pero lo que realmente me encendía era tenerte a tí delante.
-Ja, ja. Bueno, tengo que admitir yo también que te desenvuelves muy bien. Me ha gustado mucho lo que me has hecho.
-Sí, pero sé que no he logrado que te corras.
-Te lo voy a perdonar porque con la que te estaban dando yo tampoco me habría concentrado.
-Que amable por tu parte- Respondió jocosamente María-. Bueno cariño, ¿nos vamos ya a casa?- Me preguntó.
-¿Cómo? ¿Ya os vais?- Preguntaron decepcionadas las otras dos chicas.
-Creo que sí. Ha sido una gran experiencia pero ahora quiero estar a solas con mi chica.
Escuchar a María decir eso me alegro y yo quería exactamente lo mismo porque a pesar de haber tenido un orgasmo minutos antes todavía me había quedado con ganas de más. Nos empezamos a vestir ante las protestas cómicas de los hombres, pero no sirvieron para convencernos y nos despedimos de ellos. En el camino a casa (que estaba literalmente a un minuto a pie) María y yo empezamos a hablar.
-Oye Raquel, perdona. Sé que te he puesto en una situación comprometida y he podido obligarte a hacer cosas que no querías.
-Sí, la verdad es que me he enfadado contigo un par de veces, pero me lo he pasado bien después de todo. Eso sí, la próxima vez que te cuelgues de una niña recién salida del instituto, simplemente ponme los cuernos. No tienes que meterte en una orgía cada vez que quieras comerle el coño a alguien sin que me enfade.
-Vale, vale, lo tendré en cuenta. Aunque ya que estamos hablando de esto, ¿qué te ha parecido? Porque he visto como te corrías.
-Ha sido por el contexto.
-Ya, por el contexto…
-Sí, no seas payasa. Me he excitado al besarme con esas chicas y verte con ellas. Ya está. Pero sí, si mis novios del instituto hubiesen sabido follar igual, tal vez habría tardado un poco más en salir del armario.
Las dos entramos riendo en nuestra casa y rápidamente nos empezamos a besar. Antes de subir al dormitorio las dos nos tiramos sobre el sofá y empezamos a intercambiar caricias mientras nos metíamos mano. María volvía a ser solo mía, y quería volver a ver la expresión de placer que tenía en su cara cuando Rubén se la estaba follando y que no lograba quitar de mi cabeza. Sin embargo, a los pocos minutos, cuando yo ya estaba totalmente a tono, escuchamos como alguien llamaba a la puerta. Nos extrañamos por la hora que era y creí que lo mismo era algún vecino quejándose por el ruido aunque nunca había sucedido hasta ahora. Nos asomamos y resulta que era Rubén quien había venido sin camiseta y llevando solo un pantalón corto. Decidimos abrirle porque tal vez nos habíamos dejado algo en su casa o había sucedido alguna cosa.
-Hey Rubén, ¿ha pasado algo?- Dijo María.
-No, nada la verdad. Solo que desde que os habéis ido se ha quedado un poco desequilibrada la cosa.
-¿Antes no lo estaba?- Respondí bromeando-. Cuando éramos cuatro mujeres y tres hombres estaba perfecto, pero ahora no hay suficientes para meterla. ¿eh?
-Sí, más o menos, ja, ja. Simplemente he pensado que tal vez os apetecía tener compañía…
Mi primer pensamiento fue preguntarme cómo se podía ser tan egocéntrico de pensar que podías presentarte ante dos mujeres homosexuales y pensar que te iban a dejar tener un trío con ellas, pero tras la sorpresa inicial empecé a pensar “¿por qué no?”. Era una experiencia nueva y que tal vez no se me fuera a presentar en la vida, además de que el sexo que había tenido antes me había llegado a gustar mucho y sabía que a María también. Por ese instante mi excitación se antepuso a la razón y le dije a María “yo creo que donde caben dos caben tres, ¿qué te parece a ti?”. A María le sorprendió que fuera yo quien llevara esta vez la iniciativa, pero inmediatamente sonrió y contestó que pensaba igual. Cada una agarró a Rubén de una mano y lo metimos dentro de la casa al tiempo que cerramos la puerta. Con él de pie mirándonos, probablemente sin llegar a creerse que la jugada le hubiera salido bien, María y yo empezamos a besarnos mientras que con el rabillo del ojo le mirábamos para provocarle un poco. Al cabo de un rato decidí acabar con este pequeño juego y comencé a besar también a Rubén mientras casi de forma automática empecé a acariciar su torso desnudo. María se acercó para manosear a Rubén, pero su mano empezó a introducirse en el pantalón de Rubén para agarrar su polla que ya estaba como una piedra de nuevo.
-¿Vas a tener energía suficiente para las dos?- Le dijo María.
-Por supuesto que sí- Contestó Rubén separando sus labios de los míos para besarse con María mientras esta le seguía masajeando lentamente la polla. María le acabó apartando de ella, me agarró a mí y empezó a subir las escaleras para llegar al dormitorio en la segunda planta. En cuanto entramos al dormitorio, María me tiró sobre la cama y ambas empezamos a magrearnos mientras Rubén, que nos había ido siguiendo lentamente, se quedó mirándonos mientras se quitaba el calzado y se bajaba los pantalones quedándose totalmente desnudo como esperando a que le diéramos permiso para actuar. Nosotras decidimos hacerle sufrir un poco más y nos empezamos a desnudar de cintura para arriba para jugar con nuestros pechos la una con la otra. Rubén pareció alcanzar su límite ya que se metió en la cama con nosotras y sin mediar palabra se metió un pezón de María en la boca provocándole un pequeño gemido. Queriendo satisfacerme también a mí, y aprovechar la ocasión de poder follarse a dos bellezones al mismo tiempo, no tardó en ir también a por mis pechos, haciendo que Rubén empezará a rotar de una a otra tratando de abarcar con su boca y sus manos nuestros dos cuerpos. María y yo también empezamos a regocijarnos del cuerpo de nuestro invitado, besando, mordisqueando y lamiendo su torso, cuello, hombros,...Cuanto más tiempo nos pasábamos así más desinhibida estaba y más líneas rojas estaba dispuesta a cruzar. Para colmo Rubén empezó a meter su mano dentro de mi pequeño pantalón y empezó a introducir sus dedos en mi vagina. Se sentía tan bien que empecé a acomodarme y bajarme los pantalones y las bragas para facilitarle el camino. María quiso acercarse a mí para besarme mientras Rubén me masturbaba, pero este aprovechó para usar su mano libre y agarrar también el coñito de mi novia. María y yo nos quedamos tumbadas mientras Rubén introducía y sacaba sus dedos de nuestros húmedos sexos. Las dos nos miramos sonrientes y observando como nuestros se retorcían de placer. Rubén agarró nuestras prendas inferiores, que colgaban de nuestros muslos, y terminó de quitárnolas dejándonas a las dos completamente desnudas tumbadas frente a él. No sé como planeaba seguir Rubén pero antes de que pudiera hacer algo María le detuvo.
-Tranquilo máquina. Túmbate que te lo has ganado- Le dijo María.
Rubén obedeció y se tumbó en la cama haciendo que su polla apuntara al cielo. María se puso a cuatro patas y empezó a acercarse a él hasta quedar a la altura de su pene, el cual agarró con su mano derecha para empezar a masturbarlo muy lentamente. Sin embargo María no iba a limitarse a hacerle una paja, sino que al poco rato empezó a sujetársela firmemente para empezar a acercar su cabeza y chupársela. Me quedé ojiplática viendo a María tragarse todo el tallo de Rubén. La idea de chupar una polla se me había hecho siempre sucio y asqueroso, pero María lo hacía ver lo más excitante del mundo. Empecé a masturbarme con la situación, pero pronto me di cuenta que eso no me bastaba, y es que se me estaba haciendo la boca agua. Por increíble que me pareciera yo también quería saborear esa polla, por lo que yo también me acerqué a la entrepierna de Rubén. En cuanto María me vio llegar se sacó el aparato de Rubén de la boca dejándome vía libre. Abrí la boca nerviosa, era la primera vez que le iba a hacer sexo oral a un hombre. Empecé metiendo el glande como si fuera un caramelo, y poco a poco fui bajando hasta sentir que me alguna incomodidad. Cuando pude tragar lo que pude, empecé a subir y bajar tratando de imitar los movimientos que le había visto a María antes. Lo debía estar haciendo bien porque a Rubén se le escapaba de vez en cuando un “joder….”. Lo que más me asustaba de chupársela era el sabor que pudiera tener, pero no solo no tenía un sabor desagradable, sino que recordé como esa polla había sido empapada por los fluidos de mi chica cuando se la había follado antes, lo cual me hizo querer chupársela con más ganas. Decidí bajar el ritmo para no hacerle correrse y empecé a limitarme a acariciarsela y besarla suavemente. María se acercó a mí y empezó a imitarme por el perfil contrario de su pene, por lo que comenzamos a lamer su polla en estéreo. María y yo llegamos a la punta y empezamos a besarnos con el glande de Rubén entre nosotras.
-Joder, me vais a matar- Dijo a duras penas Rubén que parecía estar al borde del orgasmo.
María y yo nos alzamos para dejarle respirar.
-Y este decía que iba a poder con las dos, si va a correrse ya sin habérnosla metido siquiera- Dijo María.
-Venga. vamos a dejarle descansar un poco- Le respondí a mi novia y seguidamente la tumbé hacia mí-. Llevo toda la noche compartiéndote con todo el mundo, ahora te quiero solo para mí.
Ambas nos comenzamos a besar y yo me sitúe encima de ella haciendo que nuestros sexos entraran en contacto para empezar a frotarnos la una a la otra. Las dos estábamos al rojo vivo, y pocas veces habíamos tenido un sexo tan caliente como el que estábamos teniendo. Rubén, que empezaba a incorporarse de nuevo nos miraba alucinado como si estuviera viviendo un sueño. Aunque María y yo nos lo estábamos pasando en grande entre nosotras, ver de nuevo la polla de Rubén hizo que nos empezáramos a distraer, y finalmente María me dijo:
-Lo siento Raquel, necesito que me folle
Yo asentí a lo que ella me decía, y María tumbó a Rubén en la cama boca arriba, pero esta vez su objetivo era colocar la polla de Rubén dentro de su rajita y empezar a cabalgarle. El corazón me latía a mil por hora al ver como el pene de Rubén iba desapareciendo en el interior de María. Ella se quedó unos segundos quieta disfrutando de tener ese pedazo de carne dentro de su cuerpo para luego empezar a moverse encima de este como si fuera algo que hubiera hecho toda la vida. María gemía de placer mientras sus pechos botaban sin ningún tipo de control. Empezó a mirarme con su cara retorcida por el gusto e invitándome con los ojos a que me acercara a ella. Yo no dudé ni por un segundo y me coloqué sobre el estómago de Rubén para ponerme cara a cara con María mientras esta seguía follándoselo. Yo trataba de incrementar su placer besándola y acariciando su cuerpo. No sé si lo que hice sirvió para mucho, pero María tuvo al poco rato un intenso orgasmo haciendo que se abrazara a mí mientras la polla de Rubén seguía dentro de ella. Por un momento nos quedamos quietas, y con los jadeos y aliento de María quemándome la oreja.
-Joder….Ah, ah, ha estado genial- Atinó a decir María sin mirarme todavía a la máquina. Tras esto empezó a sacarse la polla de Rubén y empezó a dirigirse a él-. Espero que te quedan fuerzas porque tienes que hacer que mi chica se corra igual de bien.
-Eso está hecho- Respondió Rubén con total confianza-. ¿Quieres la misma postura?- Dijo mirándome a mí.
-No- Le respondí-. Quiero que me folles por detrás.
María pareció quedar sorprendida por mi petición, mientras que Rubén parecía estar encantado con la idea. Este se levantó para ponerse a mi espalda pero antes de ponerme en posición, agarré a María y la tumbé en la cama para colocarme encima de ella.
-¿Quieres imaginarte que soy yo quien te folla?- Me preguntó María.
-Algo así- Me limité a decir antes de empezar a besarla, el cual se vió interrumpido cuando Rubén comenzó a metérmela.
Joder, que bien se sentía. Por detrás, un semental haciéndome gozar como nunca imaginé que un hombre pudiera hacerme sentir. Por delante, el dulce rostro del amor de mi vida besándome y queriendo devolverme el placer que yo le había dado antes. Además estaba ya tan caliente que no tardé en correrme en uno de los mejores orgasmos que he tenido en mi vida. Rubén siguió follándome sin ningún miramiento e ignorando lo que pudiéramos hacer María y yo, y tras una noche en la que le habíamos llevado al límite varias veces, no pudo aguantarse más y empezó a descargar todo su semen dentro de mí. No podía creerme que el capullo se hubiera venido sin protección, pero al mismo tiempo la sensación de su caliente esperma siendo disparado en mi interior me resultó extrañamente agradable. Los tres quedamos rendidos sobre la cama y Rubén me pidió disculpas por eyacular dentro, pero yo le quise quitar importancia diciéndole que también era culpa nuestra por no hacerle ponerse un preservativo, pero que no se lo volviera a hacer a ninguna chica más. Rubén insinuó el quedarse con nosotras a dormir toda la noche, tal vez esperando repetir por la mañana, pero le dijimos que ya había tenido más que suficiente y le despachamos de vuelta a casa con sus amigos. Al día siguiente María y yo cogimos el avión y volvimos de vuelta a casa tras unas vacaciones que creíamos inolvidables por el final de estas y por suerte no me quedé embarazada después de follar con Rubén que era algo que me había dejado preocupada. María y yo no hemos vuelto a repetir con un hombre y nosotras dos nos seguimos bastando. Aunque si la ocasión se vuelve a presentar, pues bueno, quien sabe.
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