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Vacaciones en el retiro espiritual

En el retiro espiritual, las reglas del pudor se desvanecen con cada ejercicio de conexión. Lo que empieza como yoga termina en la cama, y lo que debería ser meditación se convierte en una orgía bajo la cascada. ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para sentirse vivos?

jose2727279.5K vistas10.0· 6 votos

Buscando vacaciones para el verano mi mujer me propuso ir a un retiro espiritual de cinco días. Ella suele hacer actividades de este tipo, es decir, yoga, meditación, biodanza, etc... Yo a veces le acompaño porque me gusta y me lo paso bien, aunque no soy tan fanático como ella. El caso es que el retiro era por el norte de España y se harían muchas actividades, además de las que decía antes, habría baños de barro, bailes, masajes… y alguna que otra más… actividades que permitían facilitar la creación de vínculos afectivos, reducción de estrés, conexión con la naturaleza, etc…

Llegó el lunes de julio en el que teníamos la salida, así que cogimos el coche y allí fuimos. El viaje era largo y daba tiempo para todo… charlar, picotear, dormir, etc… En los trayectos que hacemos en verano me gusta que se quede medio dormida porque como suele ir con falda o vestido, siempre se le sube y deja al descubierto sus braguitas. Es algo que me excita bastante, así que cuando ocurre, mientras conduzco, suelo empezar acariciándole la pierna e ir bajando despacio por el interior de su muslo hasta tocar las braguitas. En ese punto, dependiendo de lo receptiva que esté… sonríe y abre un poquito las piernas para facilitarme el acceso o protesta para que le deje dormir…

En esta ocasión hubo suerte y sonrió, así que comencé a pasar un dedo a lo largo de la costura de las bragas… por la ingle… notando el sudor y el calor que emana su chochito. Poco a poco fui metiendo un par de dedos por debajo de las bragas hasta tocar su labio externo, el cual acariciaba de arriba a abajo. Me miraba fijamente con la boca entreabierta dejándose hacer. Después pasé al otro labio repitiendo la misma operación, lentamente pasaba el dedo de arriba a abajo y de vez en cuando metía la yema ligeramente en su vagina para lubricarlo. Tras unos minutos así, empecé a pasar el dedo corazón también de arriba a abajo pero esta vez por la entrada de su vagina hasta llegar al clítoris, donde daba unos toquecitos y volvía a bajar. Poco a poco en cada movimiento iba metiendo un poquito más el dedo, tras unos minutos metí hasta la primera parte de la falange, un ratito después hasta la segunda y ahí metí un segundo dedo haciendo el movimiento “ven, ven”, presionando a la vez en su pepita. En este punto ya estaba con los ojos en blanco y tocándome la polla por encima del pantalón intentando sacarla para sentir la dureza y el calor. Yo le ayudaba levantando el culo del asiento aunque era bastante complicado ya que con una mano conducía mientras la otra estaba metida en su coño. Le excita muchísimo ver mi polla grande y dura en el coche, así que solo me bastaron dos meneos rápidos para que se corriera. Poco a poco se fue calmando e inclinándose sobre mi asiento se metió mi polla en la boca durante unos segundos, pasando su lengua alrededor de mi capullo

- Luego voy a follarte y podrás hacerme lo que quieras – me dijo.

- No sé cómo haces para excitarme tanto – dijo a continuación.

- Es que eres una calentona y facilona – contesté.

Me quedé con las ganas de parar en el arcén y atravesarle el culo lo bestia… pero me contuve pensando que en las vacaciones tendríamos tiempo de sobra para todo.

Día 1: Llegada

Llegamos al destino sobre las siete de la tarde y ya había bastante gente, por lo que veía la mayoría había ido solo, excepto un par de parejas más. Había más mujeres que hombres y en general, la media de edad rondaba los cuarenta y pico. Había alguno en la treintena y varios en la cincuentena.

Localizamos al organizador para que nos diera nuestra habitación. Había gente que dormía en tiendas de campaña, otros en habitaciones comunes con baño compartido, y luego había alguna habitación para 2 personas, que es dónde íbamos nosotros.

Tras dejar las maletas salimos para presentarnos y conocer a los demás. Eran gente bastante agradable, alguno bastante hippie… me gustó la variedad y el ambiente. Lo cierto es que tanto mi mujer como yo llamamos la atención desde el principio, ya que éramos los más atractivos. Por cierto, yo me llamo Jose, mido 190 cm, soy moreno, de espalda y brazos fuertes, lo cual atrae no pocas miradas de las mujeres. Mi mujer se llama Marta, es alta… sobre 180 cm, morena, guapa y tiene unas tetas de infarto. Tiene una frescura y alegría que enamora a los 10 segundos de conocerla… con lo cual os podéis imaginar que la mayoría de hombres babean cuando está cerca.

Esa primera tarde fue bastante tranquila. Hablando con la gente por la tarde y durante la cena, nos enteramos de que suele ser habitual que en este tipo de vacaciones haya bastantes rollos entre hombres y mujeres. Aunque a nosotros, que íbamos en pareja, no nos interesaba demasiado, pero fue algo que nos hizo gracia.

Durante la cena solo pensaba en terminar rápido y llevarme a Marta a la habitación, ya que seguía cachondo tras el viaje en coche. Así que tras el postre le hice una señal con la cabeza para retirarnos. Nos despedimos de los compañeros de cena y salimos hacia la habitación. Durante el minuto que tardamos en llegar comentamos que el ambiente tenía buena pinta y que lo pasaríamos genial en las vacaciones.

Nada más entrar en la habitación, le cogí de la mano y le atraje hacia mí metiendo mi lengua en su boca. Bajé mi mano hasta su pubis, por debajo de su falda, y la llevé hasta la pared, donde apoyó su espalda mientras se sorprendía de mi fogosidad.

- ¿Cómo estás así? – me preguntó.

- Desde que esta tarde me dijiste en el coche que podría hacerte lo que quisiera no he podido pensar en otra cosa… - contesté.

- Joder… Jose… vas a acabar conmigo… - dijo mientras jadeaba

Mientras tanto, nuestras lenguas seguían jugando. Pasaba mi lengua por la comisura derecha de su labio para terminar besándola con mis labios, para a continuación, ir recorriendo su labio inferior repitiendo el mismo movimiento… lengua y beso… así hasta llegar a la comisura izquierda, y luego lo mismo pero por su labio superior. Eso le excitaba enormemente, porque además, con mi mano presionaba su pubis con fuerza, restregando la palma de mi mano ligeramente de arriba a abajo, presionando sobre su vagina, e incluso, con la yema del dedo corazón apretando en su perineo.

Puso los ojos en blanco, como hace cuando está cachondísima y me empujó sobre la cama. Sin decir una palabra me bajo los pantalones y calzoncillos de un tirón y se metió mi polla en la boca. Se la metió entera, incluso provocándose una pequeña arcada. Esto no es algo habitual porque cuando me la chupa siempre suele ir despacio y progresivamente, pero hoy estaba especialmente excitada, se le notaba. Me agarraba los huevos con firmeza mientras movía su cabeza arriba y abajo hasta que sus labios tocaban mi pubis. Hacía ruidos guturales cada vez que mi polla tocaba el fondo de su garganta. No la tengo especialmente grande, aunque si es gruesa, pero lo bastante como para que le cueste bastante hacer este tipo de mamadas, o sexo anal.

Hacía breves pausas para chuparme los huevos con lascivia y con intensidad, mientras me pajeaba de manera fuerte, bastante fuerte, rozando incluso el dolor. Hice el amago de incorporarme ya que quería follármela, pero me detuvo, y sin abrir la boca se subió a horcajadas sobre de mí, se remangó la falda en la cintura y cogiendo mi polla con la mano se la metió en el coño de una manera brusca. Los dos soltamos un gemido fuerte. Ella estaba muy mojada… mucho más de lo habitual. Le saqué las tetas por encima del vestido. Me encanta que me folle con las tetas por fuera de la ropa que lleve. Tiré de sus pezones fuerte… es algo que le excita y le hace llegar al orgasmo con más facilidad. Pese a que yo suelo durar bastante tiempo… más de lo que me gustaría… sentía que esa vez iba a terminar rápido. Empecé a notar oleadas de calor y de placer. Solté su pezón izquierdo y con el dedo pulgar comencé a frotar su clítoris de forma rápida. Con la mano izquierda seguía pellizcando su pezón.

- Cariño… voy a correrme pronto – le dije

Mordiéndose el labio y mirándome a los ojos asintió con la cabeza, indicando que ella también estaba cerca. Yo ya estaba en ese punto al final en el que estoy en condiciones de terminar cuando quiera, así que espere unos segundos para intentar terminar a la vez, ya que es algo que no hacemos habitualmente. Cuando noté un par de exhalaciones suyas seguidas supe que empezaba su orgasmo, así que hice un par de movimientos con mi cintura para penetrar unos milímetros más y notar la presión de su pubis en el mío, iniciando mi orgasmo también. Noté como me invadía el placer, y como el semen recorría con fuerza el camino desde mis huevos, a lo largo de mi polla, hasta salir y depositarse en su coñito. Empecé a gemir y jadear en voz alta, que es como me sale cuando me dejo llevar. Ella es más comedida y silenciosa así que me tapó la boca para que no me escuchasen los vecinos. Mientras tanto ella sentía los escalofríos que le proporcionaba mi polla eyaculando en su interior y mi dedo frotando en su pepita. El semen estaba empezando a salir en cada subida y bajada, y yo aprovechaba para untarlo en mi dedo, a modo de lubricante, y seguir frotando, hasta que ella, ya vencida, me paró para que no siguiera.

Un minuto después, ya más calmados, aún seguía estando dentro. La seguía teniendo dura, aunque algo menos que antes. Ella levantó una pierna y se incorporó levemente. Mi polla salió bruscamente golpeando mi pubis. Estaba brillante debido a los fluidos. El coño de Marta empezó a expulsar el semen que le había dejado, que no era poco. Cayeron un par de chorretones sobre mi polla, y el resto le iba resbalando por la ingle y el muslo. Los dos mirábamos sin decir nada. A mí esto me pone muy cachondo así que empecé a masturbarme. A los pocos segundos con mi polla recogí semen que tenía en la ingle y se lo fui empujando hacia el coño, restregándoselo a lo largo de su entrada. Le metí el capullo dentro sin parar de masturbarme.

- Quiero follarte otra vez… sigo muy excitado… - le dije.

- No puedo cariño… estoy reventada…. – me contestó.

- Un poco solo… por favor… - le dije mientras le cogí su nuca con la mano, atrayéndola hacia mí para besarnos.

Se tumbó sobre mí y me besaba. Yo dejé de masturbarme y le agarré del culo para penetrarle más…

- En serio… que no puedo más…. Me vas a reventar y mañana no podremos repetir… - me dijo.

- Necesito correrme otra vez… si no… no podré dormir – le contesté mientras volvía a masturbarme.

Ella se dio cuenta de que me estaba masturbando y sonrío. Se quitó de encima y se agachó para meterse mi polla en su boca. Todavía tenía restos de semen que iba recogiendo con su lengua y tragando. Mientras yo me masturbaba a muerte, estrujándomela como nunca y excitado con la imagen que me daba mi chica. Noté que me volvía a correr así que le sujeté del pelo mientras me la machacaba y empecé a eyacular en su boca, gritando casi como Tarzán.

- Shhh… Joseeee… por favor… - dijo susurrando.

- Joder… no puedo evitarlo… que intensidad… ahhhhhh… por favor – le contesté.

No protestó mucho más porque le encanta que me desfogue cuando me corro, así que sonrió y me dio un beso. Noté restos de mi semen en su boca, pero no me importó… me encanta que sea así de cerda en la cama… casi sin límites.

Nos tumbamos uno a cada lado de la cama y nos quedamos dormidos.

Día 1: Yoga y meditación

El primer día pintaba tranquilo. La tarde era libre y la mañana estaba dedicada a sesión de yoga y de meditación.

Yo soy de musculatura poco flexible, y no me hacía mucha gracia lo hacer yoga. Cuando entramos en la sala, Marta se quedó hablando en un grupito, así que yo fui preparándome. Lo primero que hice disimuladamente fue buscar un buen culo entre las chicas que ya habían entrado para ponerme detrás, ya que si no podía hacer algún ejercicio, al menos tendría buenas vistas mientras descansaba hasta que empezara el siguiente.

Encontré ese culo en Celia. Era alta, delgada, tenía unas buenas tetas, aunque no muy grandes y un culazo. Era una de las chicas más guapas. Así que cogí una colchoneta y tuve suerte de poder situarme detrás de ella.

La clase se fue desarrollando sin mayor novedad, y como ya me imaginaba, a los 20 minutos yo ya estaba sufriendo. Como no podía terminar los ejercicios me sentaba haciendo como que estiraba por mi cuenta, mirando a los alrededores. La mayoría de las mujeres llevaban puestas mallas, así que era bastante entretenido ver cómo se marcaban los culos y los coños. Sobre todo el culo de Celia que tenía enfrente. Cada vez que se ponía en pompa, lo cual era frecuente, se me caía más la baba. Después de la ración de sexo que tuve la noche anterior debería estar más calmado… pero no era así, y en cada flexión y extensión que hacía, mi polla recibía un poquito más de sangre que hacía que fuera creciendo poco a poco. Menos mal que la clase terminó pronto y comenzamos con la meditación, porque me estaba poniendo malo…

La meditación fue más tranquila y sirvió para relajarme.

Ese día no hubo mucha más novedad. Por la tarde, como era libre, fuimos a darnos un baño a la piscina. Para terminar con la cena y cama.

Día 2: Biodanza

El primer día completo del retiro se iba a dedicar a biodanza. Yo no sabía lo que era, así que tras preguntar me dijeron que era una actividad inventada hace unos pocos años que consiste en un sistema de educación afectiva a través de la danza y el contacto entre personas. El caso es que la profesora iba poniendo canciones y en cada una de ellas explicaba qué se quería conseguir con ella. Para ello, íbamos a una sala con parqué, que era bastante grande y bonita, y estaba acondicionada para realizar cualquier actividad de este tipo.

En la clase se hacían danzas individuales, en parejas y en grupos dependiendo de la música, y resultaba bastante divertido y entretenido. Yo normalmente me emparejaba con Marta, pero no era raro que interactuáramos con otras personas e ir cambiando de pareja en varios ejercicios.

La sesión matinal logró generar un ambiente muy bueno en el grupo. Se producían continuamente risas, expresiones de cariño y afecto de todos con todos. El baile y el contacto lo promovían, incluso mujeres con mujeres y hombres con hombres, todo muy sano y de buen rollo.

Después de comer y de la siesta, volvimos a la sala. Como Mercedes, la profesora, vio que había mucha camaradería entre la gente, nos dijo que iba a realizar algún cambio sobre lo previsto, e íbamos a hacer algunos ejercicios que requerían un grado de intimidad algo mayor, y que viendo el buen ambiente que teníamos, no habría ningún problema.

- A ver queridos - dijo Mercedes levantando la voz.

- En el primer ejercicio vamos a ponernos en parejas y vamos a realizar un baile en el cual llamaremos a nuestros instintos primitivos – añadió.

- Sonará una música tribal y tendremos que movernos al ritmo de la música danzando alrededor de nuestra pareja…. Pero la danza debe ser cercana y sensual… rozando con el pecho sobre su pecho o su espalda, nuestra espalda con la suya, metiendo nuestras piernas entre la suyas, acariciando brazos, torso, etc… - añadió

- Les hago una muestra – dijo mientras andaba hacia el centro del círculo que habíamos hecho entre todos.

Le pidió a Miguel, uno de los veteranos, que le acompañara y también solicitó a su compañera Laia que pusiera la música. Comenzaron a sonar ritmos tribales africanos, y ambos comenzaron a bailar uno frente al otro mirándose a los ojos. Poco a poco iban acercándose más hasta que la pierna de uno estaba entre las del otro. Se agarraban de la cintura, se soltaban. Sus caras se acercaban y se alejaban. Iban cambiando posiciones hasta que Miguel se puso detrás de Mercedes, que estaba de espaldas, y cogiéndola de la cintura empezó a hacer movimientos pélvicos circulares, los cuales ella acompañaba. Era terriblemente excitante ver cómo lo hacían y todos mirábamos sin pestañear. La música fue bajando y Mercedes nos pidió que hiciéramos las parejas.

Levanté la cabeza buscando a Marta y vi que uno de los chicos le estaba invitando a ser su pareja. Me miró buscando mi aprobación y se la di con la mirada. Me hubiera gustado hacer este ejercicio con ella, pero también me apetecía hacerlo con otras mujeres. Miré a mi alrededor y vi que Esperanza estaba sola.

Esperanza era una mujer bajita, delgada, morena, con el pelo rizado, de cuarenta y muchos años, no era muy guapa pero sí mona, y sobre todo, tenía un morbo en su mirada y su actitud que era lo que más llamaba la atención de ella. No dudé y levantando mi mano y sonriendo le ofrecí ser mi pareja. Ella tampoco dudó demasiado y sonriendo también, me cogió la mano y me abrazó.

La música comenzó a sonar de nuevo. Esperanza y yo nos separamos a un metro de distancia y uno frente al otro empezamos a bailar moviendo las caderas y los hombros al ritmo de la música. Poco a poco íbamos acercándonos hasta que estuvimos cara a cara, en ese momento, empezamos a hacer movimientos de adelante hacia atrás juntando nuestras mejillas. Cada poco segundos cambiábamos las mejillas que contactaban entre nosotros. A continuación, le tomé por un brazo y por la cintura, y haciendo que girara 180 grados apoyé mi pecho sobre la parte alta de su espalda. Ella echaba la cabeza hacia atrás y la apoyaba en mi pecho. Se notaba que le gustaba bailar conmigo, seguramente porque era el hombre más atractivo de la sala. La mano que tenía en su cintura la moví hacia su ombligo, rodeando casi toda su cintura. Hice una ligera presión para que sus nalgas hicieran contacto con mi polla, que estaba empezando a reaccionar. Ella se dio cuenta y empezó a contonear las caderas hacia adelante, hacia atrás, izquierda y derecha… buscando el contacto continuamente. Con la otra mano le acariciaba el cuello y el inicio del escote, y casi involuntariamente, la mano que tenía sobre su ombligo, bajó un poquito hasta rozar el inicio de su pubis.

No sé si la finalidad del ejercicio era llegar a estos niveles de excitación o nos estábamos pasando, así que levanté la mirada para echar un vistazo rápido. Vi un poco de todo, parejas que bailaban a un metro de distancia, y parejas que estaban completamente juntas y acariciándose (la mayoría). Rápidamente busqué a Marta y vi con sorpresa cómo tenía la cabeza de Alfred, que era el hombre más mayor del grupo, apretada sobre sus tetazas, mientras él bajaba poco a poco hasta ponerse de rodillas frente a ella bailando con los brazos en alto. Estoy seguro de que el hombre hubiera dado lo que fuera por meterse debajo del vestido de Marta y chuparle el coño hasta que se corriera.

Esperanza se giró y rodeó mi cuello con sus manos, metió una de sus piernas entre las mías y apoyó su sexo en mi muslo. Tenía una cara de vicio que me la estaba poniendo durísima y ella lo estaba notando. Justo en ese momento se escuchó la voz de Mercedes:

- Cambiamos parejaaaaa – gritó.

Me pilló un poco descolocado, así que volví a mirar a mi alrededor y a unos cuatro metros vi a Celia sin pareja. Rápidamente le tendí la mano mientras me acercaba. Ella aceptó sonriendo. No me había fijado en ella durante la primera parte, así que no sabía si ella bailaba de manera similar a cómo lo había hecho Esperanza o sería más distante. Yo estaba con muchas ganas de pasarlo bien, así que iba a darlo todo, y si ella no quería ya me lo haría saber.

Empezó de la misma manera que antes, uno frente al otro y acercándonos lentamente. Cuando estábamos muy cerca le agarré de la cintura juntando nuestras barrigas. Miré sus ojos buscando su aprobación y me sonrió… así que primer hito conseguido. Nos juntamos aún más aproximando nuestras mejillas, parecía que bailábamos un baile latino. En ese momento me percaté de que Marta estaba a nuestro lado bailando con Laura. Laura era una chica que había venido con su novio Rafa, y que al igual que Marta, tenía unas tetazas de infarto. Las tenía incluso más grandes. A Marta, aunque es heterosexual, siempre le ha llamado la atención las tetas grandes de otras mujeres, así que supe que el hecho de que estuvieran bailando juntas no era casual.

Volví a centrarme en Celia, y también, al igual que antes, me puse detrás de ella notando sus nalgas en mi paquete. Joder… tenía ese culazo rozando mi polla. Hacía movimientos circulares con la cintura, los cuales yo acompañaba. Llevaba una camiseta corta, que dejaba su cintura al aire, así que empecé a acariciar alrededor de su ombligo. Puse la otra mano sobre su frente y apoyé su cabeza en mi hombro, ella se dejaba llevar dejando su boca entreabierta. Poco a poco, empecé a subir la mano que tenía en su ombligo pasando entre sus pechos, por debajo la camiseta, acariciando el esternón. Me estaba excitando mucho… y ella también. Respiraba por la boca de manera agitada, así que me pareció que podía dar un paso más y empecé a acariciar la parte inferior de su pecho derecho con la yema de mis dedos. Mientras tanto, solté su frente y comencé a hacerle caricias por el cuello y por detrás de las orejas. Después de unos segundos, subí el dedo corazón de la mano que estaba en su pecho y con la yema acaricié la aureola de su pezón. Cuando pasaba con el dedo por encima notaba como lo tenía durísimo. A estas alturas tenía la polla como una piedra y encajada entre sus nalgas. Ella se encargaba de hacer movimientos sutiles con su culo de arriba abajo notando mi dureza y manteniendo mi excitación.

Este era un buen momento para echar un vistazo a la sala y ver qué hacía Marta. Cuando vi la situación me quedé embobado mirando. Laura estaba detrás de ella en la misma posición que nosotros, y tenía las dos manos sobre las tetas de Marta. Se las amasaba y le pellizcaba los pezones sobre el vestido. Marta estaba con los ojos cerrados y acariciaba los muslos de Laura mientras se movían al ritmo de la música. Rápidamente cambiaron las posiciones, y ahora era Marta quien tenía las tetazas de Laura en sus manos. Marta fue un poco más allá y metió las manos por debajo de la camiseta de Laura, quien apoyaba su cabeza sobre el hombro de Marta. Se notaba a través de la camiseta como apretaba los pezones y tiraba de ellos, provocando caras de placer en Laura.

En el resto de personas había un poco de todo, pero en general, la gente estaba muy animada. Otra pareja que tenía a mi lado se estaba sobando como si no hubiera un mañana. Las manos de ella pasaban por la espalda de él, por la entrepierna, etc… se notaban claramente varias erecciones entre los hombres…

Yo dejé el cuello de Celia y puse esa mano en su estómago, por debajo del ombligo, acariciando su barriga, y pasando la yema de los dedos suavemente por su pantalón. Hice una ligera presión para meter dos dedos por debajo de la goma del pantalón notando sus braguitas. Ella no decía nada, simplemente gemía y seguía frotándose en mi polla. Hice el mismo movimiento con la goma de sus bragas, presioné un poco en su barriga y metí la yema de los dedos por dentro, haciendo pequeños círculos con mis dedos. Bajé un poquito más y noté como llegaba al pelo de su pubis. Seguí haciendo círculos percatándome de que tenía una franja de vello en la parte superior del pubis, y estaba depilada por los lados. Marta también lo tiene así.

- La música va a terminar… así que poco a poco nos vamos deteniendo… y vamos reposando… - decía Mercedes mientras caminaba por la sala entre las parejas.

- ¡No jodas! – pensé en ese momento.

- Nos quedamos quietos donde estamos y respiramos por la nariz y exhalamos por la boca – añadió mientras bajaban progresivamente el volumen de la música.

Retiré mis manos del pecho y de la entrepierna de Celia y poniéndonos uno frente al otro nos dimos un abrazo.

- Me ha encantado – me dijo

- Gracias, a mí también – contesté

Me fijé en Marta, me estaba mirando y sonriendo. Tenía unos buenos coloretes, prueba de que se había excitado bastante.

- Chicos, espero que les haya gustado esta sesión – gritó Mercedes.

- Ahora toca cena y descanso, así que disfrútenlo también – dijo riendo.

- Y recuerden que mañana por la mañana toca actividad al aire libre, así que por la mañana no venimos a la sala, esperamos fuera – añadió.

Todos salimos de la sala en dirección a salón para cenar. Íbamos comentando qué nos había parecido el día. Marta se acercó a mí:

- ¿Qué tal? – preguntó – Te he visto y me da la impresión de que te ha gustado bastante ¿no?

- Pues sí, me ha gustado – contesté. Lo cierto es que ha sido bastante excitante. Y viéndote con Laura seguramente para ti lo ha sido tanto o más que para mí – añadí.

- Pfff… ya te digo… menudas tetazas tiene Laura. Estaba deseando ponerme con ella en cuanto he visto lo que íbamos a hacer – dijo.

- Es que la mayoría de mujeres son pequeñitas y tienen tetitas… y ya sabes que a mí me gustan como soy yo…. que haya abundancia – dijo riéndose y subiéndose las tetas.

- Ya lo seeeee – le contesté.

- Por supuesto, en cuanto terminemos de cenar vamos a la habitación que te voy a meter una follada que te voy a dejar temblando – le dije al oído.

- Jijiji – se rió

Entramos a cenar al salón mientras seguíamos comentando:

- ¿Entonces mañana que actividad tenemos por la mañana? – pregunté a los que tenía cerca en la mesa.

- Pues estaba previsto hacer un baño de barro, pero parece ser que la laguna donde está el barro está un poco seca… así que me han dicho que haremos una excursión a una poza que tiene una cascada muy chula, y está aquí cerca – dijo Ignacio.

- Ah, ¡qué bien! – contesté.

Cuando estábamos terminando el postre dije que estaba cansado y que me iba a dormir

- ¿Te vienes? – dije mirando a Marta.

- Ahora mismo voy – contestó riendo Esperanza, que estaba a su lado, mientras los que estaban cerca también reían.

- Pues cuando quieras te hacemos hueco – dije siguiendo la broma.

- Ella no sé… pero yo voy ya – dijo Marta.

Nos dimos de la mano y nos despedimos de todos. Por el camino a la habitación empecé a meterle mano.

- Cariño… estas ganas de follarte no son normales… - le dije.

- Anda cerdaco… que te has puesto ciego metiendo mano a Espe y Celia… que te he visto – me dijo haciéndose la indignada.

- Oye bonita, que yo también he visto lo que has hecho… y te ha faltado nada para enrollarte con Laura y te has dejado sobar las tetas por Alfred…

- Lo de Laura ha sido superexcitante… pero el baile con Alfred ha tenido su puntito… Ha habido un momento que estando de pie, ha ido bajando y he metido su cabeza entre mis tetas hasta que se ha puesto de rodillas – dijo riendo – yo pensaba que con esa edad ya no podría subir…

- Sí… justo ese momento lo he visto – le interrumpí.

- Pues justo después, ha empezado a tocarme los pies, los tobillos y poco a poco ha ido subiendo hasta mis rodillas y muslos… metiendo la mano por debajo del vestido – empezó a relatar.

- Me ha masajeado los muslos por delante y por detrás durante unos segundos… y cuando subía hasta arriba pasaba sus dedos por mis ingles, rozando el tanga… - siguió contando.

- ¿Te puedes creer que me estaba mojando y todo? – dijo con sorpresa.

- No me extraña nada – le contesté.

- Pues de vez en cuando se le escapaba el dedo y lo pasaba por encima del tanga sobre mi rajita – dijo.

- De verdad Marta que no puedo dejarte sola – le dije haciéndome el indignado yo también.

- Seguro que se ha pasado la cena oliéndose el dedo – le dije mientras me reía.

La conversación nos había puestos aún más cachondos, así que en cuanto entramos por la puerta la puse en cuatro sobre la cama, le subí el vestido hasta la cintura, le baje el tanga hasta la mitad de los muslos y pasé la palma de mi mano por su coño haciendo que abriera un poquito más las piernas. Decir que estaba húmedo era quedarse muy corto. De hecho el tanga estaba completamente empapado. Me bajé los pantalones y los calzoncillos y acerqué mi polla a su rajita. La froté un par de veces de arriba abajo para humedecérmela, y se la metí de un golpe. Se le escapó un gemido bastante fuerte y empecé a meterla y sacarla con fuerza.

- Joder, cariño, la tienes durísima – me dijo.

- Llevo toda la tarde cachondo – le contesté.

- Me estás atravesando… ahh… la noto más grande que nunca… uhmmm – dijo entre gemidos.

- Lo sé… siéntela y disfruta, mi amor – repliqué.

No llevaba ni dos minutos bombeando cuando noté que me iba a correr.

- Cariño… me voy a correr – le dije.

- ¡Pero qué dices! – exclamó.

- Siiiiiiiii…. Uhmmmm – gemí

Empecé a correrme como un animal en el chochito de mi chica. No sé la cantidad de chorros que solté… pero nunca me había corrido tanto como esa vez. Se veía cómo rezumaba el semen cada vez que la sacaba para volver meterla. Tras terminar de vaciarme en su cueva, estuve un minuto dentro de ella, realizando un ligero movimiento circular, como si estuviéramos bailando en la sala, disfrutando de la visión que tenía… mi hembra con el culo en pompa, su coño abierto atravesado por mi polla, que aún seguía dura, con el semen saliendo por los alrededores de mi polla... oía pequeños gemidos que se le escapaban…

Se inclinó hacia adelante para que me saliera y se sentó en la cama mirándome:

- Pero… ¿cómo has acabado ya? – me preguntó sorprendida.

- Nunca antes, hasta que hemos llegado al retiro, habías estado menos de media hora penetrándome para correrte…más los preliminares - añadió.

- Ya te he dicho que estos días estoy excitado como no lo he estado nunca – contesté mientras recogía el semen que salía a borbotones de su vagina.

- Ya… me parece increíble – dijo sonriendo.

- Pues ya ves que también puedo correrme rápido – dije mientras restregaba el semen por su clítoris.

- Como hagas eso… uhmmm… voy a correrme rápido yo también – dijo entre gemidos.

- Sé que te encanta que use mi semen a modo de lubricante para masturbarte – le dije mientras le masajeaba la pepita con la yema de los dedos cada vez más rápido.

Ella me cogió de la nuca y metió su lengua en mi boca. Yo le imité mientras le metía dos dedos en el coño y presionaba con la palma de mi mano en su clítoris. Se tumbó mientras yo me inclinaba sobre ella y nos seguíamos besando. Metí los dedos en su coño de manera más profunda, notando las pulsaciones, y los moví alternativamente alrededor de su cérvix. Noté que llegaba al orgasmo porque su respiración se entrecortaba y echaba la cabeza hacia atrás poniendo los ojos en blanco… mientras yo le decía cuánto me gustaba masturbarle y hacer que se corriera en mis manos.

- Ahhh, ahhh – gimió mientras le daban pequeños espasmos.

- Sí, cariño… córrete con mis dedos – le dije para que se excitara al máximo.

- Uhmmm – dijo en un gemido final con el que terminaba el orgasmo.

Bajé el ritmo y me dijo que por favor parara ya… que no podía más. Saqué mis dedos de su interior, y con la otra mano le acariciaba el pelo mientras le daba piquitos en los labios. Como me gustaba mi mujer… me seguía excitando tanto o más que las primeras veces que lo hacíamos.

Al igual que el primer día, caímos rendidos y nos dormimos llenos de sudor y fluidos.

Día 3: Excursión al lago

Amaneció en nuestro tercer día de retiro. Nos despertaron los rayos de sol que entraban por la ventana. Le di un beso de buenos días y me di cuenta de que necesitábamos una ducha, ya que había restos de la fiesta de anoche en forma de semen reseco en nuestras partes íntimas… sobre todo ella… que lo tenía en el pubis, las ingles y muslos.

Nos duchamos y fuimos a desayunar. Durante el desayuno nos dieron las indicaciones para ir a la cascada, ya que había que conducir unos 15 minutos.

Una vez listos, todo el mundo se repartió en los coches. Yo, por supuesto, llevé el mío. Además de Marta, se vinieron Angelines y Tere. Ángeles era una mujer de unos 60 años, aunque bien llevados, Teresa, tendría unos 40 aunque no tan bien llevados.

Cuando llegamos vimos que el sitio era espectacular. Había un lago de unos 25 metros de diámetro, y sobre todo, una cascada de unos 15 metros de altura que era espectacular.

Como era relativamente temprano, solo había un par de parejas por allí, así que prácticamente teníamos el entorno para nosotros. Mercedes nos reunió en la orilla e hizo un breve ritual en homenaje a la naturaleza. Cuando lo terminó se desnudó completamente y despacio se metió en el agua hasta llegar a la parte de la cascada, donde se metió debajo abriendo los brazos y sintiendo la fuerza del agua al caer. Nos hizo señas para que todos hiciéramos lo mismo… así que ni cortos ni perezosos tanto Marta como yo empezamos a desnudarnos. Era curioso ver como un grupo de veintitantas personas se metían desnudas en el agua.

Había que ir con cuidado porque había alguna que otra piedra. Cuando llegué a la cascada, me puse debajo y sentí la fuerza del agua sobre mí. La verdad es que era una sensación espectacular y me gustó mucho. La parte de la cascada era pequeña y todos querían meterse debajo. Entre las pequeñas caídas por las piedras, la gente ayudándose a llegar, etc… había bastante jolgorio y cachondeo en el agua. Marta llegó a mi lado y le di un buen morreo, notando sus tetas sobre mi pecho.

- Venga… métete debajo – le dije.

- Voy – contestó.

A algunas mujeres les estaba costando llegar, así que me acerqué para ayudar. Me acerqué a Angelines y Carmen, y las cogí de la mano para acompañarlas. Como andábamos sobre piedras, íbamos tambaleándonos un poco, lo cual provocaba que hubiera roces continuamente. Al principio rozaba con mis brazos en sus tetas casi sin querer pero tras un par de tropezones las manos iban a donde cayeran… brazos, culo, tetas… todo entre risas, claro. Cuando llegamos a la cascada ya estaban casi todos. Como el espacio era reducido, nos rozábamos todos con todos. Era una sensación agradable la de sentir el frescor del agua, con el calor y la suavidad de los cuerpos desnudos. Localicé a Marta y quise ir junto a ella. Para ello, fui como pude colándome entre los cuerpos de la gente. Lo cierto es que al principio me dio un poco de vergüenza, pero al poco tiempo ya no me cortaba un pelo e iba tocando todo lo que podía, restregando mi cuerpo sobre el resto sin ningún pudor. A los demás les ocurría lo mismo. Siempre intentaba pasar por donde hubiera alguna mujer, ya que no voy a engañaros, las sensaciones eran mucho más placenteras que al hacerlo entre hombres. La gente estaba bastante desinhibida así que pasé junto a Gloria, y sujetándola una teta mientras sonreía, me disculpé para que me dejara pasar. Detrás estaba Celia dándome la espalda, así que no me lo pensé:

- ¡Hola Celia! ¿Ves a Marta? – le dije mientras apoyaba mi polla, ya dura, entre sus nalgas.

- Pues la he visto hace un momento – dijo riéndose.

- Es que con la bruma no veo bien – le dije mientras posaba mis manos en sus caderas y la apretaba más contra mí.

- Siiii, es un poco molesta – respondió siguiendo el juego

Como el día anterior me quedé con las ganas de acariciar su pubis con su vello recortado, aproveché la ocasión y puse mi mano sobre su vagina, haciendo una ligera presión, provocando en ella una excitación que se reflejaba en su cara.

- Mira… está ahí – le dije señalando con la cabeza.

- Ah… sí… que pena – murmuró casi de manera imperceptible.

- Gracias por la ayuda – contesté mientras le daba un beso en la mejilla y me apartaba.

Cuando estaba a un par de metros de Marta, escuché unos pequeños gritos a mi izquierda. Me giré y cuando quise darme cuenta vi que Concepción se había tropezado e iba a caerse sobre mí. Concepción es una mujer alta, grande, tetona, no muy agraciada en cuanto a belleza, que pertenece a la organización del evento. El día de la biodanza noté que le gustaba ponerse conmigo ya que me buscó varias veces, seguramente porque le resulto atractivo siendo de los pocos hombres que eran más altos que ella.

De manera involuntaria al intentar evitar que cayera, puse mis manos en sus tetas, pero al estar desequilibrado, me empujó y caí de espaldas. Acto seguido ella, intentando no pisarme, intentó apoyarse en alguna piedra, pero no pudo y finalmente perdió el equilibrio cayendo sobre mí. Mientras ocurría esto, ambos nos partíamos de risa, y los que estaban cerca también. Ella quedó sentada sobre mi regazo y mi polla, que seguía dura, fue a dar justamente en la entrada de su vagina. Los dos nos quedamos mirándonos un par de segundos dándonos cuenta de la situación. Si ella se dejaba caer un poco, o yo levantaba un poco las caderas, mi polla entraría dentro de su coño sin problema. Mientras ella se reía acompañando a los demás, yo me recreé un poco tocándole un pecho mientras le decía que tal vez habría que levantarse. Eso le hizo más gracia aún, por lo que se reía a carcajadas. Esas carcajadas hacían que se moviera ligeramente y que mi polla entrara unos milímetros más, dejando la mitad del capullo dentro de su cuerpo. A mí ya se me pasó la risa porque me estaba excitando más de la cuenta:

- Venga Conce… vamos a levantarnos ya…. – dije

- Ay… sí… jolines que risa… - contestó

Se apoyó en una piedra y se levantó, haciendo que mi polla, al salir, chocase con mi pubis como un resorte, aunque con la gente y el jaleo alrededor nadie se percató. Después me levanté y finalmente pude llegar hasta Marta:

- Vaya tela – le dije.

- Ya te digo… jajajaja – dijo partiéndose de risa.

- Me gusta estar aquí con el agua y el roce – le comenté

- Ya lo veo - dijo tocándome la polla. A mí también me gusta.

- ¿Te han restregado muchas pollas? – le pregunté

- Algunas… y tetas… y culos – contestó sonriendo.

- Esto tenemos que hacerlo con aceite y lona en una sala o algo así– le dije dándole una palmada en el culo.

- Mmmmm… estaría genial – afirmó.

Nos volvimos a meter bajo la cascada los dos. A nuestro lado, de espaldas, estaba Óscar, que era un tipo de Mallorca que era ligeramente más alto yo, mediría sobre 195. Marta, riéndose e intentando provocarme, puso sus tetas sobre la espalda de Óscar y empezó a frotarse. Este miró de reojo hacia atrás, para ver quién era, y al ver a Marta se llevó una alegría y empezó a bailar frotando su espalda con las tetas de mi mujer. Me fijé en cómo, disimuladamente, Óscar echaba las manos hacia atrás acariciando los muslos de mi mujer. Lo que no pudo disimular es la erección que tuvo en pocos segundos. Hice una seña a mi mujer para que se fijara en lo que había provocado, y se asomó de reojo. Le hizo mucha gracia y rodeando a Óscar de la cintura con sus brazos, se arrimó aún más. Sé, que aunque estaba de broma, le estaba gustando porque le gustan los hombres grandes y fuertes, y aunque él era delgadito, la altura llamaba mucho su atención.

Me puse en la espalda de Marta encajando mi polla entre sus nalgas, que es algo que me encanta hacer… ya os habréis dado cuenta. Le di unos mordisquitos en el cuello notando como se le ponía la piel de gallina.

- ¿Te imaginabas que hoy ibas a estar con dos hombres? – le pregunté entre risas.

- Qué va… está siendo una grata sorpresa – contestó

- ¿Y si hiciéramos esto en la habitación? – le pregunté mientras me agachaba un poco para poner mi polla entre sus piernas rozando su vagina.

- Ay… no sé… - dijo tragando saliva.

- Me encantaría darte un masaje a cuatro manos – le susurré en el oído.

Mientras tanto, puse mi mano sobre la suya, que seguía rodeando la cintura de nuestro compañero, se la cogí y la bajé a la ingle de nuestro acompañante, haciendo que con su dedo índice, rozase sus huevos. Evidentemente él se percató, pero se dejaba hacer, incluso empezó a tocar mis muslos además de los de Marta. Ella se excitó mucho, sus mejillas estaban sonrosadas a pesar de que el agua estaba fresca. Yo me movía ligeramente haciendo que mi glande rozase con su vagina, mientras, ella empezó a acariciar los huevos de Óscar. Aquello estaba empezando a calentarse demasiado, aunque como estábamos rodeados de gente, creo que nadie se percató de la escena con detalle. Marta ya respiraba de forma rápida y seca, y lo que hizo me dejó perplejo. Se separó un poquito de Óscar para poner la mano sobre mi polla, que a su vez se apoyaba en su rajita, y empezó a presionármela para masajear su clítoris. Mientras tanto, con la otra mano pasó de acariciar los huevos de Óscar a su polla. Al principio se la acariciaba suavemente de arriba abajo, luego con la palma de la mano le masajeaba el glande, para seguir con una paja que estaba haciéndole gemir. La presión de la mano de Marta sobre mi capullo, y este a su vez, sobre su clítoris, iba a hacer que me corriese en breve.

En ese momento el resto de personas empezaron a salir del agua, así que volvimos a la realidad y nos separamos rápidamente. Nos miramos un poco confundidos… pero no dijimos nada, simplemente nos sumergimos en el agua por un lateral que era algo más profundo, para nadar hacia la orilla intentado recuperar la compostura.

Ya en la orilla nos secamos con las toallas y me di cuenta mirando sus ojos que se había quedado con ganas de más. A ella le ocurrió lo mismo al mirarme. Me acerqué a ella y le besé dulcemente los labios antes de empezar a recoger para volver.

Ya en el alojamiento, durante la comida, nos emplazaron a estar en la sala a las 17:00, así que teníamos un ratito para descansar. Nos avisaron para indicarnos que no nos echáramos perfumes o cualquier otro producto químico. Aprovechamos para ir a la habitación y echar una pequeña siesta. Llegada la hora nos fuimos a la sala. Llegamos y nos sentamos formando un círculo, como hacíamos siempre. La gente todavía seguía entrando así que esperamos unos minutos.

- Bien… amores… esta tarde vamos a hacer una actividad que despertará nuestros instintos primitivos… y lo vamos a realizar a través de los sentidos – dijo Mercedes.

- Hoy que estamos tan acostumbrados a no sentirnos ni sentir a los demás de forma natural por el uso de maquillajes, perfumes, desodorantes, etc… vamos a hacer una actividad en la cual volveremos a sentir como se hacía antiguamente – añadió.

- Tendremos la posibilidad de ver... de tocar… de oler… de probar… de oír a los demás de una manera real y consciente – explicó.

- Y para ello… vamos a hacer grupos de 3 personas – dijo Mercedes cogiendo a Miguel de la mano e indicándole que se tumbara en el suelo sobre una colchoneta.

- El ejercicio es muy sencillo, una de las personas se tumbará en el suelo con los ojos cerrados y con antifaz, mientras que los otros dos primero la mirarán – dijo mientras se sentaba a su lado y lo observaba desde la cabeza a los pies.

- Después escucharán su corazón – dijo poniendo su oído en el pecho de Miguel para escuchar su corazón. Su respiración – añadió poniendo el oído en su nariz. Su estómago… etc…

- A continuación lo tocaran, para después oler y terminaran con el sentido del gusto – dijo mientras chupaba el brazo de Miguel. Todo esto durante unos minutos, y después irán rotando hasta que lo hagan las tres personas.

Una vez explicado el ejercicio, procedimos a hacer los grupos. Yo cogí de la mano a Marta para hacerlo con ella. Se nos acercó Miguel a pedirnos permiso para ponerse con nosotros, a lo cual accedimos sin problema.

- Ponemos música y empezamos –dijo Mercedes alzando la voz.

Marta se tumbó para ser la primera. Cerró los ojos y nos pusimos uno a cada lado. Lo primero era mirarla con detalle y eso hicimos. Para mí era una diosa… una cara preciosa, un cuerpo grande con buen pecho y culo… me encantaba. Llevaba puesto un vestido negro veraniego, con un escote generoso, que dejaba ver buena parte de sus pechos. Estando tumbada se le caían hacia los lados y se le notaban los pezones. El vestido le hacía la caída en la entrepierna, marcando sus piernas.

- Seguimos con el oído – dijo Mercedes.

Entonces nos pusimos sobre su pecho para escuchar sus latidos y su respiración. Bajé a su estómago para escuchar los sonidos de sus entrañas. Y después, en su cara, para escuchar su respiración.

- Ahora empezamos con el tacto – dijo Mercedes.

Empezamos a tocarle ambos el pelo y la cara suavemente. Mientras Miguel acariciaba sus brazos yo le tocaba el cuello y detrás de las orejas suavemente los dedos haciendo que se le pusiera la piel de gallina. Mientras Miguel bajaba a sus manos, yo le acariciaba el esternón metiendo mis dedos por dentro del vestido. No era el objetivo… pero notaba que se estaba excitando de nuevo. Miguel hacía círculos sobre su barriga, y yo me coloqué entre sus piernas comenzando un leve masaje desde los tobillos a las rodillas, subiendo y bajando. En cada pasada, iba subiendo un poquito por el interior o por el exterior de sus muslos, provocándole algún escalofrío. Dado que había confianza, le acariciaba por debajo del vestido, lo cual le estaba gustando.

Le estaba tocando levemente por las ingles, siguiendo las costuras de las braguitas, y le indiqué a Miguel con la cabeza que se pusiera detrás de ella y le tocara en los costados. La respiración de Marta cada vez era más agitada. Yo subía mis manos pasando mis dedos pulgares por sus ingles y al bajar los pasaba sutilmente por sus labios mayores, haciendo que ella lo notara ligeramente. Notaba la humedad en sus bragas y, aunque todavía no tocaba, olía perfectamente sus flujos. Mientras tanto, Miguel acariciaba el lateral de sus pechos con la punta de sus dedos, que al estar tumbada se salían levemente del vestido, haciendo que Marta se retorciera levemente.

Cuando Mercedes dijo que pasábamos al olfato, Marta hizo una mueca de decepción… le estaba encantando.

Volvimos a la posición inicial y comenzamos a oler su pelo, el aire que exhalaba, su cuello… Le separamos los brazos del cuerpo para meter la nariz en sus axilas. Olían a limpio a pesar de no haberse echado ningún tipo de producto. Pasaba mi nariz y rozaba sin querer en su axila haciendo que se le escapara alguna sonrisita. Me encanta tocar las axilas de mi mujer cuando me la estoy follando… no sé por qué… pero me gusta… y también me gusta chuparlas…pero eso llegaría después… Seguí bajando y puse mi cara entre sus tetas, ya notaba el olor a hembra que tanto me gusta. Vi de reojo que Miguel se había puesto a sus pies, y se los estaba oliendo. Yo ya fui directo a su coño y metí la cabeza entre sus piernas por encima del vestido. Olía a hembra, a flujo, a humedad…. Mmmmm… se me puso durísima. Bajé a sus rodillas y con la nariz iba subiendo su vestido mientras olía la cara interna de sus muslos. Cuando ya asomaba sus bragas con los labios marcaditos, subí un poco más el vestido con las manos, dejando las bragas a la vista completamente. Metí la nariz en su rajita a través de sus bragas. El aroma era embriagador. Notaba como las tenía empapadas. Me puse junto a su cabeza y le hice un gesto a Miguel para que hiciera lo que yo acababa de hacer. Con alguna duda, se acercó a un centímetro de su chochito e inspiró fuerte. En cada inspiración cerraba los ojos de manera involuntaria. Le pasaba como a mí, ese olor a hembra le transportaba al paraíso

- Terminamos con el gusto… chicos – dijo Mercedes en voz alta.

Volviendo otra vez a la posición inicial, hicimos un recorrido parecido al del olfato. Empezamos probando su cuello, estando uno a cada lado. A continuación, pasé mi lengua por sus labios, recorriendo despacio primero el superior y luego el inferior. Abrió ligeramente los labios y metí mi lengua dentro de su boca. Ella me correspondió chupando mi lengua también. Después fui a su escote y al inicio de sus pechos, pasando mi lengua y dejando un pequeño rastro de saliva. Seguí por el lateral, y levantando su brazo pasé mi lengua por su axila varias veces siguiendo el pliegue de su piel. Me gusta muchísimo hacérselo mientras la penetro, a ella al principio no le hacía demasiada gracia, pero terminó cogiéndole el gusto.

Miguel le estaba chupando los dedos de las manos mientras yo me situaba de nuevo entre sus piernas. Empecé a pasar mi lengua por las rodillas, por el interior de los muslos y subiendo otra vez su vestido dejando ver sus bragas, pasé mi lengua por sus ingles. Notaba el sabor a sudor y a flujos vaginales. Pasé mi lengua sobre su chocho por encima de sus bragas. Tenía la polla durísima y me estaban dando ganas de clavársela allí mismo… pero no quería arruinar el momento, así que lo que hice fue poner mi dedo pulgar e índice a los lados de las bragas y juntarlos, de manera que se quedará como un tanga, pero por la parte de delante, dejando a la vista sus labios mayores. No me lo pensé y pasé mi lengua por cada uno de ellos varias veces, de abajo a arriba, haciendo que se le escaparan varios gemidos.

Al igual que antes, dejé mi sitio a Miguel, a quien volví a hacer una seña para que hiciera lo mismo que había hecho yo. Ahora dudó más que antes, pero volví a insistir, y finalmente metió su cabeza entre las piernas de mi chica, chupando su chochito de la misma manera que había hecho yo justo antes. Yo mientras le había sacado un pezón por encima del vestido y se lo estaba chupando. Notaba que a veces se quedaba sin respiración… estaba al borde del orgasmo.

- Chicos… vamos terminando y cambiando por favor… - dijo Mercedes.

Miguel sacó la cabeza de la entrepierna de mi mujer y bajó su vestido. Tenía una cara mezcla de sorpresa y satisfacción y me hizo un gesto de agradecimiento, el cual devolví.

Era mi turno ahora, así que repetimos el proceso pero ahora el pasivo era yo. En la parte de vista y oído no noté nada en especial, ya que estaba con los ojos tapados y supongo que me mirarían y escucharían diferentes partes de mi cuerpo.

Ya el tacto sí lo note perfectamente. Notaba como las cuatro manos tocaban cada rincón de mi cuerpo. Al principio supe quién era quién, por la posición inicial, pero cuando se movieron por primera vez ya no notaba diferencia. Ambos lo hacían de manera suave y tierna. Supongo que quien pasaba sus dedos por mi polla era Marta… pero no estaba seguro.

En la parte de olores me pasó algo parecido. Empezaron cada uno en su lado pero luego se movieron y no sabía quién era quién. En un momento noté que alguien metía la cabeza en mi entrepierna e inspiraba profundamente. Con el empalme que había tenido minutos antes, seguro que tenía algo de líquido preseminal en los calzoncillos y que se notaba al olfato. Tras unos segundos noté como quien estaba ahí se quitaba… pero el otro ocupó su lugar. Inspiró fuerte también rozando con su nariz en mis huevos. Al segundo, noté el roce de una barba en mi pierna, así que era Miguel quien tenía la cabeza en mi polla y la estaba oliendo con intensidad. Se lo tomaba en serio…

Después, pasaron al gusto y noté como chupaban y saboreaban mi cuello, mis orejas. Noté como Marte me chupaba la boca al igual que había hecho yo con ella. En ese momento la polla se me puso dura, y noté como Marta fue a ella directamente. Me apartó un poco el calzoncillo dejando que mi capullo saliera por encima y comenzó a chuparlo, principalmente en el frenillo. Me estaba muriendo de gusto. Tenía a mi chica comiéndome el ciruelo delante de un montón de gente, que aunque no estuvieran mirando, salvo Miguel, ahí estaban. Mientras tanto, también notaba como me chupaban los dedos de los pies… tenía pinta de que Miguel era un poco fetichista de los pies… Me percaté de que Marta había subido a mi cuello y me estaba chupando, cuando volví a notar una lengua en mi capullo… ¿Miguel me la estaba chupando? Me pareció un poco fuerte pero me dejé hacer, y justo en ese momento, Mercedes marco el final del turno.

En ese momento sentí como me agarraban la polla para girarla un poco y meterla dentro del calzoncillo. Entiendo que era Miguel porque notaba en mi hombro el roce de las tetazas de Marta.

Ahora llegaba el turno de Miguel pero Mercedes le llamó para que le ayudara con un tema técnico y no hizo el ejercicio con nosotros. Aprovechamos para ver cómo lo hacían el resto de personas. Pudimos ver como algunas mujeres y hombres se habían desnudado para sentir unas sensaciones más plenas. Lo cierto es que nosotros también podíamos habernos desnudado, pero estábamos tan metidos en la actividad que no nos fijamos en los demás y no caímos por nosotros mismos en hacerlo.

Con esto finalizó la jornada. Tras la cena y con este nivel de excitación en las actividades, tenía continuamente ganas de desahogarme sexualmente. De nuevo le metí prisa a Marta para irnos a la habitación y follar, y así hicimos. Cuando estábamos llegando a nuestra habitación, pasamos por la ventana de la habitación de Rafa y Laura. Tenían la ventana abierta y las cortinas cerradas, aunque no del todo, y se escuchaban gemidos bastante nítidos. Le cogí la mano a Marta y nos acercamos. Cuando nos asomamos vimos lo que nos había parecido… estaban follando. Rafa estaba tumbado boca arriba y Laura estaba montada sobre él, dándole la espalda, con los ojos cerrados y botando. Sus tetazas se movían circularmente de una manera brutal. Rafa se las agarraba de vez en cuando y estiraba de ellas haciéndola gemir.

Esto volvió a ponerme cachondo y empecé a tocar los muslos de Marta por debajo del vestido. En unos segundos, le puse con el culo en pompa sobre el poyete de la ventana, le remangué el vestido, bajé sus bragas y se la metí de un golpe. Empecé un mete saca frenético mientras le sacaba las tetas por encima del vestido, para que botaran igual que las de Laura.

Era muy excitante follar mientras ellos también lo hacían. En un momento, Laura abrió los ojos y miró directamente hacia la ventana donde estábamos nosotros. No dijo nada, simplemente siguió botando con la boca abierta. Cogió la mano de Rafa para llamar su atención, y haciéndole una señal para que mirara hacia la ventana también nos vio. Estábamos los cuatro follando como en una película porno. No sé si alguien más nos estaría mirando, porque aunque estaba un poco oscuro, si hubiera alguna persona cerca… nos vería.

Con el trajín que llevaba de todo el día, estaba a punto de caramelo. Metí un dedo en la boca de Marta para que lo chupara, mientras que con la otra mano le pellizcaba uno de sus pezones. Ella, a su vez, empezó a masturbarse con sus dedos índice y corazón sobre su clítoris. Era típico en ella… que se la follaran de espaldas y se masturbara mientras tanto hasta correrse.

Sentí que iba a terminar y que la lefa empezaba a subir por mi polla buscando la salida. Empecé a penetrar a Marta con empujones fuertes y secos, acompañados de alaridos que intenté controlar. Comencé a soltar chorros de lefa en su coño. Estaba muy excitado de todo el día, así que, al menos solté 7 u 8 chorros que con la potencia que llevaban, Marta los sintió en su interior sin duda y fue lo que provocó que se corriera también, sintiendo unos escalofríos que notaba en mi polla y hacía que se prolongara el placer.

Ese fue el desencadenante para que Rafa también se corriera. Rápidamente empujó a Laura para que se levantara, y esta se tiró a su polla meneándosela y chupándosela desesperadamente. Parece ser que no usaban protección y no se corría dentro. Mientras lo hacía, Laura puso su coño en la cara de Rafa, quien metía varios dedos con rapidez, al igual que hacía ella con su polla. En pocos segundos se empezó a ver como salía el semen de la boca de Laura mientras la seguía chupando. Esto pareció ser el desencadenante también para que ella consiguiera su orgasmo, con 3 o 4 dedos de Rafa entrando y saliendo a toda velocidad del coño.

Sus caderas temblaban sobre la cara del chico, quien mantenía dentro los dedos aunque sin moverlos. Laura tenía la boca abierta y la mirada perdida, mientras tanto, ligeros hilos de lefa mezclada son saliva caían desde la comisura de sus labios hasta la polla de Rafa. Se incorporó levemente mirando hacia dónde estábamos y se limpió los labios y la barbilla con la mano.

Había sido increíble. Les hicimos un gesto de despedida y nos fuimos a nuestra habitación. Era muy fuerte lo que estaba pasando estos días… no imaginaba que fuéramos a vivir situaciones de este tipo en las vacaciones de un retiro espiritual…

Día 4: Masaje consciente

Me levanté con ganas de disfrutar el día. En la teoría, hoy iba a ser el mejor día porque tocaba masaje, pero viendo como habían sido los anteriores… sería difícil igualarlos. Fuimos a desayunar y a las 11 ya estábamos en la sala.

Mercedes se levantó y fue al centro de la sala.

- Bueno… queridos… hoy es el último día completo de actividades y lo vamos a dedicar al masaje. El masaje es una parte importante en biodanza… y hoy vamos a hacer una introducción para que, el que quiera, pueda profundizar en formaciones más específicas – dijo para que oyéramos todos.

- Vamos a empezar haciendo masaje en parejas, y dependiendo de cómo vaya, tal vez después lo hagamos en grupos de tres o cuatro – añadió.

- Yo me pondré en el centro e iré explicando con la ayuda de Miguel qué pasos se deben seguir – indicó. Simplemente tienen que ir escuchando y si hay alguna duda… echar un vistazo rápido a cómo lo hago yo.

Localicé a Marta y nos pusimos juntos. Cogimos un par de colchonetas y un cojín y nos colocamos en un lado de la sala, de forma que tuviéramos buena vista al centro, donde estaría explicando Mercedes.

Le dije que empezaba masajeando yo, así que se quitó el vestido y miró a su alrededor para ver si los demás se desnudaban completamente. Al resto de mujeres le ocurría lo mismo, no sabían cuánto debían desnudarse.

- Desnúdate del todo – le dije.

- Pues sí, quiero disfrutarlo bien – contestó

Fue la primera que lo hizo, y varias mujeres siguieron su ejemplo, el resto se quedó en bragas o tanga. Yo me quedé en calzoncillos.

Lo primero que hicimos fue sentarnos uno frente al otro mirándonos a los ojos, siguiendo las indicaciones que nos decía Mercedes. A continuación, pusimos la mano derecha en el pecho de la pareja y sincronizamos la respiración.

- Bien – dijo Mercedes - Ahora que hemos creado una atmósfera idónea para el masaje, la persona que va a recibir va a tumbarse boca abajo en la colchoneta. El otro, se pondrá en el lado derecho y tendrá a mano la toalla y el aceite de masaje – explicó.

Así hicimos. Empecé haciendo un masaje en su cuero cabelludo. Metía mis dedos entre su pelo frotando su cabeza ligeramente con la yema de los dedos o con las uñas.

Después, unté de aceite sus hombros y espalda. Hacía movimientos de arriba hacia abajo, a lo largo de su espalda, hasta las lumbares. También de izquierda a derecha. Por los costados también. Cada vez que pasaba mis dedos por sus costados se le ponía la piel de gallina. Estuve unos minutos masajeando su espalda sacándole algún que otro gemido. No era la única, en la sala se escuchaban varios gemidos y respiraciones fuertes.

A continuación, pasé a los glúteos y las piernas. Me recreé en sus cachetes. Abría sus nalgas y viendo sus agujeros, untaba de aceite todos sus rincones. Cada vez que pasaba mis dedos por su ano, ella sentía un escalofrío. Cuando se lo hacía, presionaba ligerísimamente para abrírselo un pelín… era algo que le hacía a menudo y le encantaba.

Me coloqué entres sus piernas y continué echándole aceite hasta llegar a los tobillos. Subía y bajaba con mis manos desde los glúteos hasta los pies. Bajaba por la parte externa de los muslos, y subía por la interna, abriendo los dedos, hasta que llegaba a sus nalgas, las cuales abría mientras pasaba mis pulgares por la parte externa de la vagina.

Tras masajear durante unos minutos las piernas, empecé a masajear su culo, que es lo que me gustaba de verdad. Hacía círculos con las palmas de mis manos en sus nalgas, abriéndolas y cerrándolas viendo como su ano se mostraba ante mí cada vez que las abría. Pasé a hacerle ese mismo movimiento con el codo. Después llegaría mi parte favorita, y sin hacer caso a lo que decía Mercedes, empecé a pasar el canto de mi mano seguida de mi antebrazo hasta llegar al codo… por raja del culo, como si se lo estuviera limpiando. Me encantaba hacerle eso, y a ella le encantaba que se lo hiciera… era súper sensual. Cuando llegaba al codo volvía a la posición inicial y repetía el movimiento.

Marta ya gemía como si la estuviera penetrando, y ni que decir tiene, que yo tenía la polla como una piedra.

- Cariño… date la vuelta – le pedí mientras le acariciaba la cara.

Ella obedeció y se puso boca arriba. Me puse detrás de su cabeza y empecé a aceitarle el pecho desde el esternón, bajando por debajo de sus pechos y rodeándolos. Repetí el movimiento varias veces, y cada vez iba cerrando más el círculo, rodeando poco a poco sus tetazas de manera que acabé aceitándole los pezones suavemente con mi dedo corazón. Hacía círculos sobre sus aureolas y después sobre el pezón. Lo tenía durísimo, estaba muy excitada.

Miré alrededor y los demás estaban más o menos como nosotros. Casualmente, en las parejas que eran mixtas, había empezado el hombre a masajear. El resto eran mujeres con mujeres. Los tangas que al principio se habían dejado algunas, ya habían desaparecido y estaban todas desnudas.

- Ahora aceitamos la tripita y las piernas – dijo Mercedes en voz alta.

Seguí con lo mío y unté con aceite el estómago de Laura. A veces pasaba mis dedos furtivamente por su monte de venus, cosa que le gustaba. Me situé entre sus piernas, al igual que había hecho cuando estaba de espaldas, y repetí el movimiento. Bajaba hasta sus tobillos y subía por el interior de sus piernas llegando a su coñito, y pasando mis pulgares por sus labios externos.

Así, una y otra vez. Notaba como el olor a hembra inundaba mis sentidos, lo cual me estaba excitando sobre manera. Las gotas de sudor caían por mi frente y mi nariz sobre su cuerpo.

- Llegados a este punto – dijo Mercedes – quien quiera y lo sienta, puede masajear la cueva sagrada. Si el que da el masaje quiere hacerlo, que por favor, pida permiso a la persona que lo recibe, y esta, que libremente decida si quiere o no – indicó.

- Cariño… ¿quieres que te masajee tu cueva sagrada? – le pregunté riéndome sabiendo la respuesta.

- Pues claro, tontorrón – me contestó. Lo estoy deseando.

Yo me quité el calzoncillo porque me estaba molestando debido a la erección. Vi que no era el único que lo había hecho.

Me puse de rodillas a su lado y unté aceite en la palma de mi mano y la puse sobre su vagina. Ella abrió ligeramente las piernas para dejarme espacio para maniobrar. Aceité sus ingles, sus labios mayores, y metiendo ligeramente mi dedo corazón por su rajita… también los labios menores. Precisamente ese movimiento le encanta así que con las dos manos, primero una y luego otra, iba pasando mi mano de abajo hacia arriba haciendo que el dedo corazón se colase en su rajita en cada pasada. Rozaba su clítoris antes de cambiar de mano y repetir el movimiento.

Los gemidos ya eran jadeos. Y no solo los de Marta, la sala entera era una jauría de gemidos, jadeos, algún grito… parecía una orgía de película porno… no sé si esto era lo previsto, pero estaba flipando.

Seguí masajeando y viendo que Marta terminaría pronto le metí los dedos corazón y anular en el coño lo más profundo que pude. Recorrí todo su interior sin dejarme un milímetro. Hacía movimientos circulares alrededor de su cérvix, para pasar a hacer los círculos por toda su cavidad. Después me centré en la zona rugosa que está ligeramente por encima de la entrada, presionando con la yema de mis dedos y haciendo movimientos uniformes. Mientras tanto, con la otra mano masajeaba sus pechos. Ella de vez en cuando tocaba mi polla, que estaba durísima, y se mordía el labio de excitación. Poco a poco, pasé de acariciar sus pezones a apretarlos con los dedos cada vez más fuerte.

Abría los ojos poniéndolos en blanco… su corrida era inminente… estiré un poco más fuerte de del pezón y moví los dedos en su coño con más velocidad. Con cuidado, metí también el dedo índice dentro de su coño, junto a los otros dos, empezando a realizar el movimiento de meter y sacar. Ella no paraba de jadear. Metí un cuarto dedo… el meñique, y con esos cuatro dedos la penetraba como si de una polla se tratase.

Meterle varios dedos en el coño es algo que le excita mucho, cada vez que lo hago se corre en segundos. Y hoy no iba a ser una excepción.

Cambié de pezón y comencé a estirar de la otra teta. Detuve el mete-saca y empecé a hacer giros de muñeca intentando meter mi dedo pulgar en su coño, ya bastante abierto, junto al resto de dedos. Poco a poco iba entrando y conseguí enterrar mi mano dentro de ella hasta los nudillos.

- Relájate cariño…. Te estoy metiendo los dedos – le dije al oído.

- Uhhmmmmm – gimió.

De repente, su coño se relajó un poquito y con la presión que estaba haciendo, logré meter los nudillos dentro de su chocho, y por tanto, la mano prácticamente entera… casi hasta la muñeca. Con el puño cerrado dentro de su cavidad, movía los nudillos ligeramente para estimular el interior de su vagina, a la vez que giraba la mano de izquierda a derecha.

- Amor… tienes mi mano entera metida en el coño. – le dije acercándome a su oído.

Levantó ligeramente la cabeza para ver si era cierto y vio con sus propios ojos la situación. Era la primera vez que conseguía hacerlo. Instantáneamente explotó en un orgasmo espectacular.

- Ah, uhhmmmmm, ahhhh, ahhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhhh – gritó agitadamente.

- Diooooooossssssss, uhhhhhhmmmmmmmmmmm – siguió gritando.

Tuvo el orgasmo más brutal que he visto nunca entre gritos, jadeos y espasmos. Después de casi un minuto de placer incontrolable, se quedó quieta como si se hubiera desmayado, mientras mi mano seguía dentro de su coño deteniéndose lenta y progresivamente.

- Cariño… ¿estás bien? – le dije moviéndole el hombro

- Sí… saca la mano ya porfa… - contestó

Giré la mano despacio varias veces intentando sacarla, hasta que al cabo de algunos segundos salió haciendo un sonido de ventosa. Dejé mi mano quieta sobre su coño, le di un beso en los labios y me quedé sentando junto a ella mientras se recuperaba.

A nuestro lado estaba Óscar con Celia. Estaba entre sus piernas metiendo y sacando los dedos de su coño a toda velocidad. Justo en ese momento se corrió de una forma mucho más contenida que Marta. Al otro lado de la sala escuchaba a Esperanza, a quien Ana le estaba dando mucho placer, a tenor de los gritos que daba.

Poco a poco el ambiente se fue tranquilizando hasta que todas quedaron tumbadas descansando.

Mercedes se levantó y paseó entre las colchonetas.

- Bueno… queridos… parece que son muy buenos y buenas dando masajes… porque he visto y oído mucho placer en esta sala – dijo riéndose.

- Y estoy segura de que sus parejas están deseando pasarlo igual de bien que lo han pasado ustedes – dijo. Así que pueden cambiar y comenzar.

Era mi turno, así que me tumbé en la colchoneta boca abajo completamente desnudo. El masaje debía ser similar al que había dado yo antes, pero Marta suele ir por libre y hacerlo a su manera, cosa que a mí me gusta.

Empezó aceitando y masajeando mi espalda, le encanta hacerlo porque tengo una espalda grande y fuerte. A continuación bajó hacia los glúteos y las piernas. También me hizo la técnica de pasar la mano y antebrazo a lo largo de la raja de culo. A mi también me encanta esa sensación. Tras unos minutos, me pidió que me diera la vuelta, y así hice. Me tumbé boca arriba con mi polla tiesa apuntando a hacia arriba. Me masajeó el pecho y las piernas rápidamente para ir a lo que más nos gustaba, que era masajear mi polla y mis huevos.

Empezó a aceitarme los huevos suavemente, realizando un masaje con la palma de su mano. Cerraba la mano aprisionándolos y la volvía a abrir. Yo lo disfrutaba con los ojos cerrados. Paró durante unos segundos, y yo abrí los ojos para ver qué pasaba. Vi a Marta sonriendo mirando a los lados, así que miré y vi a los que estaban cerca y todos tenían la polla mirando al techo… eso era lo que le hacía gracia. Ella me miró y siguió con su trabajo. Sin soltar mis huevos, empezó a masajearme el glande envolviéndolo con la palma de la otra mano de una manera suave pero contundente. Eso eran palabras mayores…

- Uhhmmm… despacio por favor…. – le dije

Ella aflojó un poco y continuó masajeando. Poco después se situó entre mis piernas empezó a restregarme sus tetas por mi torso y por la polla. A esto me refería cuando decía que lo hacía a su manera.

El que estuviera detrás suya estaría disfrutando del espectáculo viendo el culo y coño de mi hembra totalmente expuestos. Pensando esto, caí en la cuenta de que a mi lado la situación podría ser parecida así que giré mi cabeza, y ahí tenía el culazo impresionante de Celia que estaba masajeando las piernas de Óscar. Estaba de rodillas e inclinada hacia adelante, por lo que podía ver perfectamente su apetitoso coño, además de su culo con los cachetes ligeramente abiertos, dejando ver sus agujeritos también.

Mientras Marta me miraba restregando sus tetas en mi polla, estiré el brazo y pasé mi dedo pulgar a lo largo del chochito de Celia, que giró sorprendida su cabeza para ver qué ocurría. Cuando me vio, sonrió y volvió a su tarea.

Marta mientras tanto iba cambiando entre mi polla y mis huevos. Cuando me masajeaba los huevos aprovechaba para meterse mi rabo en la boca todo lo que podía.

Cada vez se escuchaban más gemidos por la sala, y algunos “plaf, plaf”, señal de que a más de uno le estaban haciendo una buena paja.

Marta había echado más aceite y había pasado directamente a tumbarse sobre mí para masajearme con su cuerpo entero, lo que viene siendo un cuerpo a cuerpo.

Mercedes que seguía paseándose disfrutando del espectáculo dijo:

- Siéntanse libres para ayudar a otras parejas… si así lo sienten.

Al oír eso, estiré mis brazos horizontalmente, tocando con una mano el culo de Celia, y con la otra un pie que no supe identificar. Celia se giró situándose entre Óscar y yo, y empezó a masajearnos el pecho, a cada uno con una mano. Como Marta estaba encima de mí también le masajeaba a ella su espalda y su culo cuando subía sobre mi cuerpo, restregando sus tetas sobre mi pecho. Unos instantes después, no sé si tras alguna señal entre las chicas, Óscar se acercó justo a mi lado y las chicas empezaron a serpentear entre nosotros.

Ellas se movían reptando sobre nosotros y dada la gran cantidad de aceite que teníamos, era bastante sencillo. Todas las partes de su cuerpo pasaban por todas las partes de los nuestros. Era una sensación indescriptible sentir esos cuerpos preciosos y lubricados acariciando mi piel. Sintiendo sus chochos pasar por mis piernas, torso, brazos. Sus barrigas por la mía. Sus pechos por todo mi cuerpo… mmmm era delicioso.

En un momento, tenía a Celia sentada en mi regazo, dándome la espalda, y frotando su culo a lo largo de mi polla. Casi me corro sólo viendo la escena. Marta estaba sobre Óscar, abierta de piernas sobre su torso, y con una mano detrás agarrando su polla y meneándosela.

Celia se giró y siguió haciendo el mismo movimiento que estaba haciendo, pero lugar de hacerlo de espaldas, lo hacía frente a mí. Veía como sus magníficas tetas se movían de un lado a otro. Mi polla estaba metida entre sus labios vaginales, y me la estaba masajeando con un dulce movimiento. Era prácticamente como estar follando.

Noté como un pie tocaba mi mano, miré y vi un culo en pompa y un chocho con bastante pelo, muy apetecible. No supe identificar quien era, pero me pareció que se la estaba chupando a alguien. Dirigí mi mano con la palma para arriba hacía ese coño y directamente metí mis dos dedos del amor dentro, el corazón y el anular. Viendo que no puso inconvenientes e incluso se movía hacia atrás buscando más penetración, metí mi pulgar en su culo sin ninguna dificultad debido a la lubricación que tenía todo nuestro cuerpo. Notaba como podía tocar los tres dedos entre sí a través de las paredes de su ano y vagina

Volví a girar la mirada y Marta estaba con su coño en la boca de Óscar, que le metía la lengua desesperadamente. Al notar que la miraba, se giró y me miró a los ojos, para después mirar a Celia para ver qué estaba haciendo. Estaba como poseída. Se levantó un momento para girarse y volver a poner el coño en la boca de Óscar. A continuación, se agachó y empezó a pajearlo mientras me miraba. Era tremendamente excitante ver cómo lo hacía. No pudo contenerse y abrió la boca para meterse la polla en la boca. Tenía metido el capullo mientras le pajeaba con fuerza.

En ese momento, Celia se tumbó sobre mí para meter su lengua en mi boca. Saqué mis dedos de las entrañas de la desconocida y le agarré el culo a Celia apretándoselo con fuerza. Después me enganché de sus pezones y se los pellizqué. Mientras nos besábamos ella hacía un movimiento ligero de caderas buscando el contacto de mi polla en su clítoris. Yo notaba ese maravilloso roce que poco a poco iba pasando por toda su rajita abriendo sus labios a su paso. Celia estaba excitadísima también y en cada movimiento buscaba que mi polla entrara un poquito dentro de ella. Cuando ya estaba mi capullo prácticamente dentro, no se pudo contener y de un par de sentones se la metió entera.

Celia movía sus caderas adelante y atrás sin parar, sin importarle que mi mujer estuviera junto a ella. Miré hacia Marta y vi que seguía con el 69. Viendo los movimientos de Óscar, estaba seguro que no tardaría en correrse ya que empezó a mover las caderas haciendo que su polla entrara un poco más en la boca de Marta. En ese momento resopló fuerte y Marta, dándose cuenta de lo que venía, empezó a pajearle más fuerte y a pasar la lengua y labios por su glande.

- Ahhhhhhhhh – gritó Óscar a pleno pulmón

Mientras tanto, Celia y yo veíamos como Óscar se corría en la boca de mi mujer. Un primer chorro salió disparado a su boca, quedándose parte en el labio superior y parte dentro de la boca. El segundo fue totalmente dentro mientras abría la boca para meterse el capullo. A partir de ahí, siguió pajeando mientras cerraba los labios alrededor del glande de Óscar.

Cuando parecía que se había vaciado, Marta abrió la boca y dejó caer la lefa en la polla de Óscar, la cual seguía pajeando. Esto fue mucho para mí, y me corrí instantáneamente en el interior de Celia, que también se corrió en ese mismo momento, aullando los dos de placer. Notaba como apretaba sus músculos pélvicos y me ordeñaba salvajemente.

No sé la cantidad de lefa que pude soltar, pero seguro que fue muchísima. Cuando terminé, Celia se quedó sentada con mi rabo dentro, mientras seguía haciendo movimientos muy leves de cadera.

Extendí mi mano para coger la de Marta y así permanecimos un par de minutos, hasta que Celia se levantó sacándose mi polla de su coño. Un buen chorro de semen cayó en la colchoneta y otro tanto empezó a escurrir desde su coño por el muslo. Se tumbó junto a Óscar mientras Marta hacía lo mismo a mi lado.

No me di cuenta, pero en algún momento todo quedó en silencio. La sala olía a sexo, sudor y fluidos. Todo el mundo estaba relajado, o incluso dormido… no sé. Me quedé abrazado a Marta y creo que nos dormimos unos minutos antes de levantarnos para irnos a la habitación.

Al día siguiente fue la despedida tras el desayuno. Creo que todos estábamos de acuerdo en que habían sido unos días increíbles, y que sería magnífico repetir en otra ocasión.

Fin.