Mi fiesta de despedida de soltera terminó en orgía
La venda en los ojos ocultaba la sorpresa, pero no el deseo. Cuando cayó, la fiesta dejó de ser una despedida para convertirse en un festín prohibido donde el control se perdió entre las sábanas y los gritos de las amigas.
Carol es mi nombre, tengo 25 años y estaba a punto de casarme. En casa de una de mis amigas, mi hermana menor Alita de 18 años y mis amigas me organizaron una fiesta de despedida de soltera.
Una de mis amigas me informó que tenían una sorpresa para mí al llegar la medianoche. La fiesta transcurría de manera normal, con mucha música y alcohol. Me pusieron una venda en los ojos y me hicieron sentar en una silla. Las chicas comenzaron a gritar como locas en cuanto cambiaron la música. Hasta que alguien tomó mis manos y me permitió tocarle las nalgas, las sentí bastante duritas, no entendía lo que estaba sucediendo. Después, la persona en cuestión se me sentó encima, agarró mis manos y me hizo pasarla por todo su cuerpo. Era muy musculoso y no tenía nada puesto en la parte de arriba; yo misma rasguñe sus abdominales al sentir que estaban bien marcados. En ese momento, una de mis amigas me sacó la venda y vi a un hombre hermoso bailando frente a mí.
El hombre continuó bailando hasta que de un salto rápido se quitó el pantalón y se quedó solo en calzoncillos. El hombre continuó bailando y moviéndose alrededor mío mientras mis amigas y yo empezamos a gritar como locas.
Después, él regresó a sentarse encima mío, me tomó las manos y me obligó a pasarla por encima del calzoncillo. Cuando vieron que por mi propia iniciativa metía mis manos dentro del calzoncillo, las chicas empezaron a gritar mucho más fuerte, aunque me pareció escuchar un “¡No Carol!” en la voz de mi hermanita.
Se levantó otra vez, esta vez para quitarse lo único que llevaba y quedarse en bolas en frente de todas. Al verlo desnudo en su totalidad, mis amigas se volvieron locas. Su pene se movió por todas partes cuando comenzó a bailar y moverse.
Su pinga se acercó a mi rostro y las chicas gritaron "que la chupe, que la chupe", y yo no pude resistirme, así que se la chupe. A medida que se la chupaba, otro hombre entró y comenzó a bailar con mis amigas.
No sé porque le hice un guiño con mi ojo después de dejar de chupársela, él fue y le puso la pinga en la cara a una amiga que era casada, pensé que lo rechazaría, pero empezó a masturbarlo con fuerza, tanto así que el hombre le pidió entre risas que se lo haga más despacio, que si no se iba a venir muy pronto. La pija del otro hombre estaba en la boca de otra amiga.
Fui a buscar a mi hermanita cuando la vi esconderse detrás de unas amigas. A pesar de que era muy tímida y no quería involucrarse, la traje y la senté en la silla. Luego de mi llamada, los dos hombres comenzaron a bailar desnudos alrededor de mi hermana. Ella agarró una pinga y comenzó a chuparla mientras las chicas y yo gritábamos "que la chupe, que la chupe". Mi hermanita se tapaba con las manos y no nos permitía ver. Me senté junto a ella y comencé a chuparle la pija al hombre que estaba delante de mí.
Después, algunas de mis amigas se acercaron a nosotros y otras comenzaron a besarse con los hombres. Unas amigas comenzaron a chupar a los hombres, después de que mi hermana y yo los dejáramos. Mi hermana permaneció sentada en el piso, esperando volver a ponerse una de esas pingas en la boca, lo cual me sorprendió.
Una de mis amigas que estaba chupando polla, se quitó el jean, puso en posición de perrito, y le pidió al hombre que la perfore, este obedeció y comenzó a penetrarla.
Mis amigas comenzaron a ser penetradas por estos hombres y el descontrol comenzó en ese momento. Me saqué la ropa y esperé mi turno para ser penetrada; yo no fui la excepción.
Me monté en una de esas pingas y comencé a cabalgar como si fuera una loca. Busqué con mis ojos a mi hermana mientras lo hacía y la encontré. Con una amiga mía, estaban besándose en el suelo. Vi a mi amiga desnudando a mi hermanita; primero le chupo las tetas y luego le hizo sexo oral.
La dueña de la casa agarró a uno de los hombres y lo llevó a su habitación con unas amigas. Me quedé con mi hermana, tres amigas y uno de esos hombres.
Nos reunimos entonces y, mientras una cabalgaba sobre su pinga, la otra colocaba su concha en la boca del hombre y así pasábamos.
Cuando le tocó el turno de cabalgar a mi hermanita, este le tenía reservado un trato especial, tal vez por su edad. El hombre levantó a mi hermana y la folló de parado, no tuvo dificultades porque es una chica de 1.54 y 47 kilos. Nos puso una a lado de la otra después y nos pidió que levantáramos el culo y nos folló. Al final, nos pidió que saquemos la lengua y algunas de las afortunadas pudimos probar su leche.
Debido a que estábamos cansadas nos quedamos dormidas, yo dormí con este delicioso hombre abrazada a mí en el sofá. Mi hermana y las demás chicas durmieron juntas en el suelo, en un parte que tenía alfombrita.
El hombre que durmió conmigo me despertó a eso de las seis y treinta de la mañana, realmente no es que me despertara, sino que me despertó el hecho de que me estaba penetrando. Cuando abrí bien los ojos y recordé donde y con quien estaba, vi que el segundo hombre estaba parado frente a mí esperando su turno mientras me penetraban. Mientras el otro continuaba follándome, yo se la chupe. Las demás mujeres continuaban durmiendo.
Le solicité al hombre que me estaba follando, que se folle a mi hermanita. Le indiqué cuál era y, como ella estaba durmiendo boca abajo, se le subió encima y se la folló. Él le tapó la boca de mi hermana para que no despertara a las demás chicas después de que se despertara gritando y gimiendo.
Así fue como nos despertamos de la orgia que habíamos hecho el día anterior. Con esos dos hombres todavía nos la pasamos follando toda esa mañana, y yo me case en una ceremonia hermosa a los dos días. Los hombres me dieron sus números y, en ocasiones, mi hermana o yo los llamamos y nos divertimos con ellos.
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