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El Legado: 32. La Naviera

Maru llegó al bufete con la intención de arruinarlo, pero Pedro tenía un golpe maestro esperando. Ahora, con la denuncia retirada y la naviera en sus manos, Maru no quiere venganza: quiere la verdad. Quiere saber exactamente cómo fue cada vez que él la tomó, y Pedro está dispuesto a contarle cada segundo, sin filtros ni pudor.

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TRILOGÍA SECRETOS III

EL LEGADO

32. NAVIERA

Llegamos a la dirección indicada en pocos minutos. Entramos al bufete y luego de sortear algunas puertas dimos con una sala que tiene un lado de vidrio justo donde está la puerta también de vidrio, adentro una mediana mesa de juntas estaban sentados ella su abogado y Alberto. Eso complicaba un poco las cosas, porque sé que vamos a discutir y esta vez no creo poder contenerme. Estaba en el limite de mi paciencia con lo que estaba dispuesto a hacer. Luego de los serios saludos, le digo a Maru:

—Me permites unas palabras a solas por favor.

Ella mira a su abogado y este asiente con la cabeza. Entonces ella se levanta y rodeando la mesa se acerca a la puerta por donde salimos.

—¿Qué quieres? —Susurró apenas salir.

—¿Qué hace Alberto aquí?

—No tengo secretos con Alberto y no los quiero tener.

—Tú aún tienes secretos que no quieres que Alberto oiga.

—Me prometiste no usar eso en mi contra —respondió bajando la voz.

—Con la condición de que no atacaras más.

—No estoy atacando a la familia, ese fue el trato.

—¿Y yo no soy de la familia?

—Eres un intruso aprovechador... —dijo muy seria.

—Jajajaja Ok, como quieras —me reí en su cara y entré dejándola afuera.

Ella entró muy seria y tomó su asiento. Su abogado accionó un grabador sobre la mesa y mi abogado también hizo lo propio.

—Quiero la Naviera —dijo apenas se sentó.

—¿Así no más? —pregunté muy calmado.

—Así es y se retira la denuncia.

—¿Y después qué?

—Después nada, serás libre y no te molestaré más.

—¡Ahh! ¿es que la cuestión era molestarme?

—Sabes lo que quiero decir. No quiero tener que verte más de lo necesario por Andrea. Y ustedes podrán hacer lo que quieran. No quiero pelear más.

—Nadie te está peleando, has sido tú quien ha peleado con todo el mundo.

—Sabes a qué me refiero Pedro. Ya no discutiré por lo que me hicieron en el pasado. Ya eso quedó atrás. Ahora tengo una hermosa familia y debo agradecerles a todos por ello —dijo tomando la mano de Alberto.

—Hecho, acepto —miro a mi abogado y asiente también.

—¿Así no más? —Preguntó algo extrañada.

—Así no más, como sé que ese ha sido tu deseo siempre, vine preparado. Toma —y sacando del estuche de cuero un grueso lote de hojas, lo puse en la mesa y se lo empujé hasta su alcance— allí está una copia de los estatutos y del último balance, para que vayan haciendo el papeleo.

Los ojos de Maru brillaron, su pecho se agitó y una respiración copiosa se hizo presente. Una leve sonrisa se dibujó en su rostro, miró a su abogado y este con una sonrisa triunfante asintió. Ella tomó el lote de papeles y empezó a leer los estatutos. Mientras lo hacía, me paré y le dije:

—Retira la denuncia.

Ella miró a su abogado y asintió y este dijo —Hecho.

En lo que dijo hecho, mi abogado tomó el grabador y se puso de pie y yo lo imité, procedimos a retirarnos cuando Maru nos gritó

—¡Espera! —y mi abogado y yo nos miramos con cara de culpa y nos volteamos a verla.

Ella estaba mirando algo apurada, luego de unos pocos segundos, levantó la mirada algo extrañada yo estaba mirándola fijamente, y miró al Dr. Lopentti que también muy serio la miraba. Entonces ella fue al balance que estaba en la parte final del lote y empezó a ojearlo rápidamente. Y sus ojos ahora parecían querer salir de sus orbitas recorriendo hoja tras hojas del balance buscando algo. Su anterior respiración de triunfo ahora era un cúmulo de desespero.

—¿Qué significa esto? ¡Esto no puede ser la naviera! —alegó casi gritando a la vez que su abogado tomaba los papeles e iba directamente a la parte que le interesaba.

—Eso es la naviera Maru —dije con toda la calma del mundo.

—Eso no puede ser la naviera, esto es una estafa.

—No, no lo es.

—¿Cómo es que son solo dos barcos los que posee la naviera?

—Así es. Los barcos de tu papá son los únicos que le pertenecen a la Naviera. Los otros trece yates son de mi propiedad, y yo se los arriendo a la naviera.

—¡Estafaste a papá! —gritó dando un manotazo a la mesa— y te blindaste para que él no pudiera hacer nada.

—No Maru, tu padre lo sabía —mantengo mi calma que sé la exaspera.

—¡Mentira! —gritó

—No lo es —volteo a mirar a mi abogado y asiento con la cabeza. Este de inmediato vuelve a colocar el grabador funcionando sobre la mesa y saca de su maletín otro lote de papeles— estas son copias de las actas de las asambleas anuales y como podrás ver tu padre firmaba las actas y estaba al tanto.

—¡Pudieron haber falsificado la firma de papá! —bufó llenándose cada vez más de ira.

—No Señora —Dijo Lopentti— fue idea de su padre —y sacó una hoja y se la entregó a ella— Esa es una carta que me envió don Mario al año de fundada la empresa en los Estados Unidos, como verá es de su puño y letra, en ella da las instrucciones para que la empresa no sea más que una administradora. En ella me recomienda instruir a Pedro de comprar los siguientes barcos a su nombre y arrendarlos a la naviera.

—Es...Esto no puede ser... —Dijo una consternada Maru mientras leía la carta— ¿Pero y las ganancias de la naviera donde están? ¿Qué fue lo que papá le dejó a sus nietos entonces? —preguntó nuevamente alterada como agarrando un segundo aire.

—Las ganancias de la naviera que le correspondían a tu papá nunca se han tocado. Sus dos barcos generaron ganancias también, los demás barcos también dejan un margen de ganancia a la naviera. Allí están en el balance, de ese 50% de tu papá, la mitad es por ley de su viuda Maria José y la otra mitad es lo que le corresponde a sus nietos por decisión de tu papá. Eso, más lo que le corresponde a ellos como herederos de nuestro propio patrimonio. le dije.

Entonces Maru empieza a negar levemente con la cabeza a medida que continuaba leyendo la hoja que le dio Lopentti. Y se la pasa a su abogado.

—¿Es esto legal? —pregunta aún consternada, su respiración agitada no había disminuido en nada.

El abogado ojea la carta, y entonces toma el documentos de actas de asambleas de la empresa y se dirige a ciertos capítulos específicos, ojea las fechas, verifica las firmas de las actas, y termina entregándole la carta, las actas y los estatutos a Maru.

—Sí, es completamente legal.

—¡Maldita seas Pedro! —gritó y poniéndose de pie y arrojando en nuestra dirección todos los papeles sobre la mesa con mucha rabia.

Maru se deja caer sobre la silla y hunde su rostro entre sus manos y pareciera tratar de contener el llanto sin dejar de negar con la cabeza y empieza a sollozar. Verla así me afecta, ¿Por qué no puedo dejar de sentirme culpable de todo su sufrimiento?

—Me permiten unos minutos a solas por favor —le digo a los abogados y a Alberto, este y el abogado de Maru asienten, se ponen de pie y salen junto con Lopentti, se paran fuera de la sala mirándonos. En lo que cierran la puerta, rodeo la mesa y me siento donde antes estaba sentado abogado a su lado y le digo a ella con todo el sentimiento del mundo— Maru, la vida entera no me va a alcanzar para pedirte perdón por todo lo que te hice, y créeme que me duele verte sufrir, me parte el alma verte derrotada ante cada batalla que tú entablas contra mí, o contra los demás. Nada de todo lo que tu piensas ha pasado en esta familia es un ataque contra ti, todos tenemos claro que aquí la victima has sido tú. Lo único que todos tienen contra ti es tu falta de tolerancia, pero eso es solo un pensar, una crítica, y sin embargo nadie ejerce acciones contra ti, nadie te ataca por ello, respetan tu forma de ser, porque de eso se trata la tolerancia. Todos en algún momento han sacrificado algo para hacer que te sientas a gusto —ella finalmente despega sus manos de su rostro y escurre con sus dedos sus ojos llorosos. Saco un pañuelo de mi bolsillo trasero del pantalón y se lo acerco a su rostro. Ella lo toma sin mirarme y procede a limpiarse el rímel chorreado de sus ojos— Tus padres sacrificaron un estilo de vida para complacerte, porque sabían lo incomoda que te sentías y no porque fuera un capricho tuyo, un estilo de vida en el que tú serías participe, y sin embargo renunciaron a ello por ti. Pero Maru tú sola te incluiste en eso que adversaste al visitar la oficina de tu papá, y nadie te empujó a ello. Y sea cuales sean hayan sido las razones ya eso está en el pasado y allí se va a quedar como te dije y te lo prometí. Pero también debes dejar atrás el rencor, ese irracional deseo de vengarte contra mí por algo que ocurrió hace ya muchos años, solo te está trayendo derrotas, amarguras, y te va a terminar convirtiendo en alguien infeliz y amargada a pesar de tenerlo todo. Maru debes entender...

—¡Ya Pedro no sigas! estoy cansada de tus discursos manipuladores, cada vez que vienes con esa paja psicológica es para ocultar algo nuevo. No pienso caer de nuevo en tus artimañas... —hizo una pausa repentina y respiró hondo y con otro tono continuó— Ya no quiero pelear más contigo, me rindo Pedro, haz lo que te venga en gana. Llévate a Andrea sí así lo deseas...

—Maru ¿Cuál es tu guerra contra mí? Y antes de que me digas que es por lo que pasó, por qué creo que ya no es por eso. ¿Por qué ese empeño en querer deshacerte de mí. Si nada más por el hecho de ser el padre de Andrea te va a tocar verme toda la vida.

—Hay algo llamado dignidad Pedro, algo de lo que todos en la familia carece —dice muy calmada con profunda tristeza— y la mia ustedes la han pisoteado como les ha dado la gana, sobre todo tú obligándome hacer cosas que no quiero. Por mucho que yo haya cometido errores también tengo algo de dignidad. Nadie está exento de cometer errores. No quiero que se burlen en mi cara de todo lo que me han hecho.

—No Maru, nosotros no nos burlamos, nosotros también hemos cometido errores, también pagamos las consecuencias de lo que pasó y eso no puede ser motivo de burlas. Pero los errores los hemos asumido, hemos recibido tu juicio sin misericordia, hemos sido señalados por ti, y algunos te hemos pedido perdón. No celebramos nada de lo que pasó, nosotros también sufrimos las consecuencias y graves. Entiende lo siguiente, todos en algún momento hemos sentimos miedo de ti, aún lo hacemos.

—¿Miedo? —preguntó sorprendida.

—Sí Maru, miedo. Miedo a tu reacción, a tu juicio, a tu histeria...

—¡Por dios! Ni que yo fuera a ir por allí repartiendo golpes, es mi carácter siempre he sido así. Grito y me altero cuando discuto, como lo haría cualquiera...

—No Maru no es tan así como te pintas, eres más violenta de lo que piensas...

—¿Más violenta como?

—Tu forma de reaccionar Maru, no es normal. Tu mamá me contó que cuando nos separamos destrozabas la habitación de Carola y el ático de una manera muy violenta.

—Bueno Pedro y ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Qué le echara pétalos de flores, que les hiciera un altar y le prendiera velas y le rezara? Obvio que tenía que descargar mi furia con algo, ya que no podía hacerlo con nadie. Y aunque pudiera no está en mi andar pegándole a la gente. Ustedes han sacado lo peor de mí y ese día que les caí a cachetadas cuando te descubrí con Carola es una reacción normal, estaba en arrebato de intenso dolor. Como dije lo hice como cualquier mujer que llegue a su casa y vea a su marido cogiéndose a otra y si es familia mucho peor.

—Está bien, no voy a discutirte eso. Quizás te hemos mal interpretado, pero eso ahora ya no importa Maru, eso es el pasado. Lo que pasó pasó y ya no hay vuelta atrás. Ojalá pudiera retroceder en el tiempo, y habría hecho algunas cosas de otra manera.

—¿Qué habrías hecho de otra manera?

—De otra manera que te causara menos sufrimiento.

—¿No lo hubieras evitado?

—No, de eso no estoy arrepentido, de todo lo que pasó solo hay dos cosas de las que estoy arrepentido.

—¿Qué cosas? —preguntó intrigada.

—No haberle contestado el teléfono a Malu el día que me quiso contar que estaba embarazada...

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Ese día estaba con tu papá navegando en el yate y me estaba contando que tú estabas embarazada. Ese día te di prioridad sobre ella y nunca dejaré de arrepentirme por ello.

—¿Ya la amabas?

—Sí, quizás, pero no lo sabía, no lo había asumido. Estaba seguro de que la quería mucho, pero no había asumido que la amaba.

—¿Y esa noticia te habría hecho darte cuenta?

—No lo sé, aunque tampoco estaba seguro de que se hubiera evitado el que ella abortara. Al menos nosotros no lo hubiéramos sabido, solo una persona estoy seguro lo hubiera evitado, y era tu papá. Pero todos asumimos entonces que la noticia lo mataría.

—Pero ¿estabas o no seguro de amarla?...

—Quizás Maru, como te dije si me hubiera puesto a profundizar mis pensamientos en Malu en ese momento es posible que si lo hubiera asumido. Pero mis pensamientos entonces estaban avocados a ti, a la separación, a tu embarazo, al negocio con el yate. Pero sí, creo que inconscientemente ya estaba enamorado de ella.

—¿Cómo es posible Pedro? estuviste con mamá, con Carola y la amabas a ella obvio que ya no me amabas a mí, pero eso es algo que no entiendo de ustedes, o sea esa promiscuidad tan visceral de todos, porque recién me entero que papá y mamá lo eran. ¿Cómo pueden ser así? ¿Cómo pueden decir o creer amar a alguien y estar con otras personas así tan fácilmente?

—Eso ni yo mismo lo sé, pero aún entonces te amaba Maru, te lo juro que sí. Y lo de tus padres eso era posible porque había algo muy importante entre ellos y eso era la confianza.

—No, eso no es posible, no puedes amar a alguien y estar con otras personas, eso no es amor Pedro, será todo lo que tu quieras, pero ser infiel no es amor.

—El amor tiene muchas formas de manifestarse Maru, y la fidelidad es solo una cualidad personal, es un compromiso que se asume para complacer a otra persona. A pesar de la infidelidad y la promiscuidad, ellos eran leales así mismos y la lealtad es siempre superior.

—¿Acaso me vas a decir ahora que si estás con Malu vas a seguir estando con otras personas? —preguntó incrédula.

—Así es Maru, ella no quiere que yo cambie. Y es muy posible que seamos los tres Malu, Carola y yo juntos, sino es así, me permitirá estar también con Carola, con Ann, y con quien yo quiera siempre que le cuente —dije muy serio.

—¡No les puedo creer tal locura! Ustedes son increíbles, yo no podría ser como ustedes.

—Ni queremos que lo seas, nadie si quiera lo ha pensado. Sabemos como eres y te aceptamos como tal.

—Wuaoo ¿Debo agradecer tal aceptación? —dijo con sarcasmo.

—Sabes bien lo que quiero decir.

—¿Y la segunda cosa de la que estás arrepentido?

—Haber contado a la familia lo que hicimos tú y yo el día del testamento.

—¿No te arrepientes de haberlo hecho? —preguntó algo sorprendida.

—¿Te arrepientes tú de que haya pasado? —dije mirándola fijamente.

—Obvio que estoy arrepentida —dijo luego suspirar— desde el mismo momento que sucedió me arrepentí.

—Pues yo no me arrepiento. Hacerlo contigo siempre fue increíble.

—Increíble tu descaro Pedro Miguel.

—Tú me conoces Maru, y de eso que pasó ya lo hablamos. Y ambos sabemos que fue un error. Pero no me arrepiento, ¿sabes por qué?

—¿Por qué?

—Allí sí estaba consciente de que esa podría ser la última vez, cuando nos separamos no tuvimos una despedida, no cerramos ese ciclo. Pudo haber sido mejor, pero lo disfruté. Y me arrepiento haberlo contado porque eso te ha causado mucho sufrimiento, y me duele verte sufrir.

—¿Tú sufriendo por mí? jajaja, no me hagas reír, Pedro tú eres insufrible.

—Cree lo que quieras Maru, ya no pienso seguir insistiendo en que no te alejes de la familia —su actitud a veces raya en la obsesión y estoy cansado también— vine dispuesto a complacer tu capricho con la naviera, y lamento que no sea lo que esperabas. Pero siempre ha sido así. No porque yo quiera, si no porque fue el deseo de tu padre hace muchos años —me paré y me puse de pie— Aún así te la ofrezco ahora. Si la quieres es tuya y espero de todo corazón que te sirva de algo en la vida, y puedas por fin tener esa alegría que tanto anhelas y que tanta falta te hace para que puedas poner por fin una sonrisa en tu rostro —y me alejé en dirección a la puerta dejándole los papeles en la mesa.

—¡Pedro espera! Está bien. No hace falta que me la ofrezcas. Da por retirada la denuncia —dijo empujando los papeles hacia mí, se puso de pie y bajando el volumen de su voz continuó— Pero necesito saber algo.

—Lo que quieras —dije acercándome nuevamente a ella asumiendo que no quiere ser escuchada afuera.

—Necesito saber absolutamente todo, pero todo de lo que pasó hace 18 años —dijo bajando más la voz.

—Envíame la fecha, la hora y el lugar, porque es largo de contar —dije y me di vuelta y recogiendo todos los papeles me dirigí a la puerta.

—¡Pedro! —dijo nuevamente.

—¿Ahora qué Maru? —pregunté con calma y me di vuelta para mirarla.

—Puedes prometerme que no lo harás o permitirás que Andrea lo haga nuevamente —pidió casi rogando.

—¿Hacer qué?

—Tener sexo contigo.

—Puedes tener por seguro que eso no volverá a pasar. Te doy mi palabra —le dije muy serio.

—Te lo agradecería mucho.

Salí de allí con Lopentti, con la promesa de que se retiraría la denuncia. Lo dejé en su bufete, y yo me fui a un bar a tomarme un trago antes de ir a casa.

Me sentí optimista, no por el hecho de que se hubiera retirado la denuncia, sentí que Maru se estaba rindiendo y tenía una ligera esperanza de que así fuera. Pero ¿Para qué quería ella saber lo que pasó? Eso es como torturarse, ya veremos.

Al llegar a casa estaban Malu y Carola esperándome para saber que había pasado, estaban algo nerviosas tomándose unos tragos, en el balcón. Me uní a ellas, les conté lo que había pasado, sin profundizar mucho en la charla sincera que tuve con Maru.

Luego de dos tragos, Carola muy calmada se despidió y se marchó, como si nada, eso me extrañó, ya que había jurado que esa noche nadaríamos los tres sobre la cama. Malu notó mi extrañeza.

—¿Qué? ¿Esperabas algo?

—Por supuesto, todo apuntaba a que podíamos estar juntos los tres.

—¿Y por qué no dijiste nada? Preguntar o proponerlo es valido Pedro.

—Mmm, es bueno saberlo para la próxima.

—Ojo, nada garantiza que se dé. —dice risueña y se levanta de su silla para entrar al salón. La tomo de la cintura y la halo con algo de fuerza y la hago caer en mi regazo y entre risas nos empezamos a besar por un largo rato.

El hambre nos hizo recapacitar y antes de que anocheciera salimos a comer. Durante la cena me llegó un mensaje de Maru: "mañana a las 9 am. en tu departamento" lo miré y me hice el loco no dándole importancia. Durante el resto de la cena, no dejé de preocuparme, pensando en por qué tan rápido. Y hubiera preferido que fuera en otra parte.

Al día siguiente la mañana amaneció algo nublada, bien temprano Malu se fue al hotel, yo me quedé preparando algo de desayuno para mí y para Maru por si tenía hambre. Estaba tranquilo, más bien algo intrigado por como lo tomaría Maru el saberlo todo.

Llegó puntual, estaba vestida casual de jean y blusa holgada, después del saludo la invité a comer en el balcón.

—No gracias, ya desayuné en casa.

—Acompáñame al menos con un café, mira que tenemos mucho de que hablar.

—Eso sí te lo acepto. —luego de sentarnos continuó— Al grano Pedro, necesito saberlo todo.

—¿Puedes decirme porque quieres saberlo?

—¿Si te pasara a ti, no tendrías curiosidad en querer saber cómo pasó?

—Pues sí, te entiendo. Pero antes prométeme algo.

—¿Ya vas a empezar con tus condiciones Pedro? —preguntó con molestia

—¿Y no es esta una condición que tú pusiste ayer? —sabiendo que diría eso, le respondí con lo mismo.

—Sí bueno, ¿de qué se trata? —preguntó resignada poniendo los ojos en blanco.

—Que te enteres de lo que te enteres aquí, no lo vas a usar para atacarme a mí o a cualquiera de la familia nuevamente.

—¿Por dios que tan grave puede ser? ¿Es que acaso hay algo más grave?

—Es que temo como lo vayas a tomar, pienso ser crudamente sincero y sí, hay muchas cosas que aún no sabes.

—Vine dispuesta a dejar el pasado atrás, pero necesito saberlo todo. No quiero más sorpresas de ahora en adelante, ni de enterarme de algo nuevo que sucedió a mis espaldas. No quiero que se repita lo que pasó en diciembre —oír eso me emocionó profundamente porque significó que no se va a alejar de la familia.

—Ok. Todo comenzó, a las pocas semanas de habernos mudado a la casa de tus padres, y justo cuando empezaron las vacaciones escolares, entonces un lunes por la mañana...

Le fui contando día a día lo que pasó con Malu, la cruda verdad obviamente sin los detalles morbosos, eso lo hacía de manera simplificada. Que solo era interrumpida por ella por alguna pregunta especifica de vez en cuando. Le contaba mi punto de vista y le contaba el punto de vista de Malu que ella luego me contó.

—O sea ¿Ella nos espió siempre?

—Casi siempre, cuando estaba molesta conmigo no lo hacía —y continuaba contando...

Le conté el episodio del baño el día de la boda de los amigos de la familia, y de como casi estuvimos a punto de hacerlo allí de pie en el baño, y le conté sobre el primer beso en la fiesta, sorprendentemente no dijo nada, ni preguntó. Le conté el episodio de la piscina cuando me mandó a dormir que todo fue planificado en el momento, y luego Malu subió. Evitando obviamente detalles minuciosos, solo le decía que habían besos, roces, y toqueteos hasta ese día que hubo mamadas. Hasta que llegamos a la parte donde hubo sexo. Y le conté cuando fueron muchos de los encuentros.

—Pero entonces, ¿esa fogosidad repentina era por qué? ¿Si ya venías de estar con Malu como es que aún querías más sexo y conmigo? —preguntó extrañada.

—Porque aún te amaba, no había dejado de amarte Maru, siempre te deseé mientras estuvimos juntos y sí, también la deseaba a ella. Cuando estaba contigo, pensaba en ella, pero cuando estaba con ella no veía la hora de verte y estar contigo.

—Eso es lo que no entiendo, ¿Cómo puedes o cómo pudiste?

—Maru yo fui el inconforme, siempre quise más.

—¿Y lo de mamá como fue.?

—Bueno lo de tu mamá fue pura y mera coincidencia ¿Recuerdas la reunión que hizo Carola en el bar para esos días? ¿Qué tú te fuiste a dormir temprano y yo me quedé en la oficina de tu papá? Bueno ese día pasó lo siguiente... —le conté lo que escuché en la reunión, lo que había dicho Malu y luego cuando salí de allí—...entonces cuando entro a la cocina estaba tu mamá oyendo todo también.

—¿Cómo es posible que mamá haya podido hacer algo así y no solo a mí, también a papá?

—Maru, ellos eran Swingers, pero antes de que te conteste eso, cuéntame algo.

—¿Qué?

—¿Ya tuviste sexo de reconciliación?

—¿Para qué quieres saber eso? —preguntó con recelo.

—No tengo ningún otro interés más que solo para aclararte un punto.

—Sí ya.

—¿Y qué tal estuvo? —pregunté insistiendo— sé sincera por favor.

—Estuvo fantástico, Alberto está desatado por así decirlo, listo ¿Eso querías saber? —con cierto rubor en sus mejillas.

—No me mal interpretes Maru, la razón por lo que pregunto tiene que ver en parte por la razón que lo hizo tu mamá, no la estoy justificando, pero es su razón. En ese momento tu mamá tenía 3 años sin tener relaciones con tu padre por lo del problema cardíaco. ¿Tú sabes lo que son tres años sin tener relaciones con nadie? ¿Dime ahora cómo fueron tus 6 meses sin sexo con Alberto? o ¿Cómo fueron los casi dos años después de mí? Se lo pensó un momento antes de responder

—Horrible, reconozco que vivía llena de amargura —dijo después de sopesarlo un rato

—Como bien sabes, tu madre y tu padre eran Swingers, y aunque no lo creas él me agradeció en la carta por darle la satisfacción a tu mamá, satisfacción que él ya no podía darle... —había pensado mostrarle la carta que me dejo el suegro, pero eso podría significar una nueva rabieta por lo que dijo de las nietas que ellas me ayudarían, también a lo que la suegra sería capaz de hacer y que quedaba implícito la unión sexual de la familia—...No tengo que explicarte lo que significa de pasar una vida muy activa sexualmente a cero, porque lo viviste después de mí.

—¡Increíble! —exclama incrédula— Realmente nunca podré comprender esa liviandad de compartirse las mujeres.

—No solo las mujeres, las parejas. Como te dije ayer, la confianza que se tenían tus padres era más fuerte que cualquier cosa, y te voy a mencionar algo más. Tal era la confianza que se tenían ellos, que tu mamá estaba al tanto de cuanta mujer pasó por los brazos de tu papá, incluida las empleadas de la empresa.

—¡Por dios! Reconozco que ante eso soy anticuada, chapada a la antigua, obtusa, celosa, mojigata, retrasada en el tiempo, o como me quieran llamar, pero yo no podría. No sé si es inseguridad, no sé si es miedo, o simplemente egoísmo. Pero para mí eso no está bien y no me pueden culpar por ello.

—Ni te culpamos, ni tienes porque obligarte a eso Maru, es tu forma de ser y ya, esto no es para todo el mundo y esto no nos hace superiores, solo nos hace diferentes en momentos determinados de privacidad, la mayor parte del tiempo somos los mismos de siempre. Solo somos un grupo de personas con gustos peculiares. Y tus padres estaban seguro de que se amaban, y nada de lo que cada quien hiciera fuera del matrimonio iba a matar ese amor.

—¿Y ustedes? ¿Ya lo tienen como un estilo de vida? —preguntó intrigada.

—No, tanto como eso no, pero hay algo que creo te he contado o no. Tiene que ver con todas ustedes. Y me di cuenta cuando volvimos a estar todos juntos después de la muerte de tu papá. Antes de ti mis relaciones eran esporádicas, vamos no tenía mala suerte, simplemente me tocaba trabajar más, siempre hubo alguien. Cuando llegaste tú no tuve esa necesidad de buscar constantemente a alguien más...

—Pero me montaste los cuernos entonces... —dijo con ironía.

—Sí claro, y hubo una razón y lo solucionamos, y después de eso nos casamos y hasta que no nos mudamos a la casa nunca deseé a nadie más, ni busqué nada fuera de los dos. Fueron tres años de fidelidad pura y dura, fueron tres años de felicidad real y bien lo sabes. Después que pasó todo cuando nos separamos, que empecé a viajar con los yates y mi posterior estadía en Miami, mis relaciones eran monógamas, no habían terceros, ni infidelidades, y tampoco hubieron orgías, ni mucho menos promiscuidad. Incluso tuve dos novias con la que duré dos y tres años respectivamente.

—¿Tanto tiempo y no formalizaste?

—No, no sentí lo que una vez sentí contigo, no sentí ese amor, ese deseo de estar con alguien para siempre no lo sentí con más nadie entonces, después de ti, solo con Malu. —no le dije que también con Carola para evitar más molestias— Pero a lo que iba. En todo ese tiempo en el norte, no fui infiel a nadie a pesar de estar seguro de no estar enamorado de las que fueron mis parejas. Y ahora de vuelta aquí, a la casa, a ustedes, el deseo de estar con todas está más latente que nunca. No sé si es que ustedes expelen demasiadas feromonas y soy susceptible a ella que no soy capaz de contenerme, realmente no lo sé. Pero algo pasa con ustedes o con la casa que está embrujada. Llámalo superstición o locura.

Cuando terminé ella se quedó en silencio mirándome fijamente, entonces se paró y fue a la cocina y se sirvió un trago.

—Quien sabe, me suena a una burda excusa, pero continúa por favor, lo hiciste entonces con mamá...

—Si claro, luego de ese episodio en el garaje con tu mamá, yo le insistí en seguir haciéndolo. Pero ella me puso la condición de que no afectara nuestro matrimonio. Y así fue. Más bien nuestras relaciones estaban potenciadas Maru, recuerdas que no habíamos tenido tanto sexo desde la reconciliación y de la terapia sexual, ¿lo recuerdas? Sé que te va a sonar asqueroso o insólito, pero había días en que tenía relaciones con las tres, incluso más de una vez con cada una en esas esas veces. Creo hubo un día en que perdí la cuenta cuando iba por 6 o 7.

—¿Pero cómo es posible? ¿Tantas veces en serio?

—Ni yo me lo creía Maru, Tenía una energía increíble, estaba en forma por y gracias al sexo, al abundante sexo, tenía un aguante que nunca en mi vida volví a tener. Maru yo estaba en la cima del éxtasis, la fantasía del trío es un juego de niños, es nada comparada con la fantasía del Harem.

—¿Harem? —preguntó extrañada.

—Si Maru, Harem es lo que tienen los Jeques el medio oriente, tienen muchas mujeres bajo el mismo techo. Hacerlo con quien quieras en cualquier momento.

—Sí sé lo que es, ya entendí. ¿Querías un Harem entonces?

—No era lo que quería, vamos que es de las fantasías más difíciles. No es algo que se busca así porque sí, o porque un día te provocó y lo hiciste, no. simplemente se dio y mientras ocurría ni siquiera pensaba en ello. Entiende que nada de eso fue planificado.

—Mmm, como sea, ¿luego que pasó?

—Luego vinieron los problemas.

—¿Problemas?

—Sí, Malu se estaba obsesionando. El fin de semana que no viajé a Los Roques que tu mamá me hizo quedar por razones obvias, con la excusa de supervisar el sauna que iban a instalar, Malu sospechó algo, pero no le dio importancia... —le conté de los encuentros con la suegra ese fin de semana y de como quedé escocido— cuando regresaron ella me encontró todo escocido y pensó que tenía otra mujer, pero fuera de casa, tenías que verla como defendió esa relación de nosotros tres, e iba a armar un escándalo, pero tanto indagó que le dije que había sido tu mamá, Y en vez de molestarse se emocionó con el asunto, de tal manera que me hizo contarle todos los detalles. Pero siguió obsesionándose hasta el punto que me asusté y empecé a buscar una manera de salir airoso. Y tracé un plan —le expliqué el plan y los avances— Entonces pasó el desastre un día. Tu madre me encontró en pleno sexo salvaje con Malu.

—¿Qué? ¿Ella también lo sabía?

—Hasta ese momento no, solo Malu sabía lo de tu mamá, pero tu mamá aún no sabía lo de Malu. Hasta el día de la piscina que vino tu tío Luciano con la familia. No sé si recuerdas el episodio que te escupí el trago encima al borde de la piscina —ella afirmó levemente— bueno eso fue porque en ese momento Malu estaba desnuda en la ventana del ático y subí al ático y estábamos teniendo sexo cuando llegó tu mamá y nos sorprendió.

—Pero ¿mamá sospechaba algo?

—No, ella subió porque tenía ganas y recién me había visto entrar. Y bueno pasó que ella estalló en furia contra mí, porque pensaba que estaba violando a Malu. Pero Malu la paró en seco al decirle que ella sabía que también se acostaba conmigo. Entonces a partir de allí todo apuntaba a que se iba a acabar. Tu mamá estaba preocupada por Malu. Que ella era una niña para tener el tipo de sexo que tenía conmigo, que estaba quemando etapas muy rápido y que todo se tenía que acabar porque te íbamos a hacer daño...

—Ahh... pero es que estaba lúcida —dijo con sarcasmo.

—Sí así es. Ella recapacitó y ordenó que todo se acabara de inmediato, lo de Malu y lo de ella...

—Entonces fuiste por Carola...

—No, Malu no tomó nada bien la decisión de tu mamá, y a la noche siguiente en el taller me dijo que no se acababa, que su mama no iba dictaminar su vida sexual y hecha una furia me dio dos cachetadas y se fue a dormir... —le conté el episodio completo del taller esta vez conté alguno que otro detalle.

—¡Por dios! O sea que ¿se pasaban la pelota?

—No, hasta esa noche no, pero después de esa noche sí. Incluso competían entre sí, sobre quien lo hacia mejor.

—¡Insólito! —negaba con la cabeza.

—Sí bueno, y a los pocos días pasó lo de Carola.

—Sabes que nunca te creí cuando dijiste, que solo una vez estuviste con ella.

—Pero es cierto, solo ese día estuve con ella y sus amigas. Y desde ese día no volví a verla hasta el día que murió tu papá.

—¿Qué puntería no? Una sola vez y quedó embarazada.

—Bueno tú sabes como es eso, solo hace falta hacerlo una vez en el momento indicado... y eso fue todo Maru. Después que nos descubrieran no tuve más contacto ella, ni con Malu, ni con tu mamá, hasta después de la muerte de tu papá.

—¿Cuando? —preguntó capciosa.

—Un día después del sepelio.

—¿Con quien?

—Vamos Maru era solo lo del pasado.

—No te preocupes solo quiero saber, eso también es pasado ahora —imitándome cuando le pedí me contara de su reconciliación

—Con Malu.

—¿Y después?

—Carola.

—¿Y luego?

—Tú.

—¿Y después mamá?

—No, tu mamá no.

—¿Qué, ¿Ahora está muy vieja? —preguntó con ironía.

—¿Te molesta que la rechace por vieja?

—No seas estúpido Pedro...

—Nada que ver. No ha querido.

—¿P... Pero lo has intentado? ¿En serio quieres estar con ella nuevamente? —con gran asombro.

—Maru, tu mamá aún está muy deseable.

—¿Cómo es posible? ¿Acaso tienes algún limite? ¡Pedro mamá tiene casi 70 años!...

—Tu mamá parece que tuviera 50 años o menos ojalá todas ustedes lleguen como ella a esa edad. Pero la edad no importa, lo que importa es su experiencia. Maru, perdona que lo diga, pero tu mamá en la cama fue algo increíble... —Maru hizo un gesto de asqueada incredulidad mientras lo dije— Además ella desde el principio dejó claro que no habrá otra vez. Y sabiendo eso, es que hice de cupido con el capitán.

—¿Tú sabías que ellos habían estado juntos? —preguntó con sospecha.

—No, lo supuse —mentí— sabiendo lo que doña María y Mario hacían en su juventud, le pregunté al capitán si don Mario hizo fiestas especiales en el yate en el pasado, y el me dijo que sí que había hecho varias. Y solo asumí que en algún momento el habría participado. Pero le pregunté a ella y me confirmó que sí.

—Lo siento, pero me cuesta aceptar eso como estilo de vida —dijo estremeciéndose toda en la silla en clara señal de desagrado.

—Cada quien es lo que es Maru. Sin embargo no has visto a ninguno presionándote a participar, como te dije en año nuevo, solo podrías ser participes si tú así lo quieres.

—Ni en sueños.

—Bueno, eso fue todo lo que pasó entonces Maru. ¿Satisfecha?

—No del todo. Necesito saber algo más —dijo con mucha calma.

—¿Qué podrá ser? —pregunté sospechando lo que iba a preguntar.

—Como sabrás, escuché lo que dijeron las niñas el día que te amarraron a la cama.

—¿Aja? —no me sorprendió, pero eso confirmaba que sí había un micrófono en mi habitación el el día del cumpleaños de las niñas..

—Quiero saber todo al respecto. Desde que comenzó hasta ese día. Y por favor quiero la verdad.

Antes de empezar a contarle tomé el celular y lo vi como si revisara algunos mensajes e hice que escribía algo, pero sin que Maru se diera cuenta, activé la grabadora de voz y saliendo a la pantalla principal, lo dejé sobre la mesa pantalla arriba para que Maru lo viera la pantalla principal hasta que se apagó. Y procedí a contarle desde el viaje de vacaciones como empezó.

Obviamente evité contar los contactos carnales o los avances de las niñas sobre mí, y mis libertades con ellas y sus atrevimientos. Solo conté de sus insistencias, su desnudez, sus insinuaciones, sus súplicas, algún toqueteo de cualquier parte más allá de lo intimo, y la osadía de Karina porque ella lo contó ese día. En todo caso la mayoría de los toqueteos fueron sobre la ropa, alguna caricia superficial nada más, y mucho menos de los besos húmedos, solo los picos o besos castos, todo por iniciativa de ellas. Maru siempre estuvo muy atenta a lo que dije, no me interrumpió cosa extraña. Y cuando terminé ella me preguntó por la promesa.

—¿Y esa promesa que ellas mencionan? ¿Le prometiste que lo harían?

—No, la promesa era que me tomaría más libertades y que lo pensaría al respecto, pero lo hice para calmar la insistencia que tuvieron en el viaje de vacaciones, pero era una promesa con una trampa. Les dije que cuando tuvieran 16 años. No creas que fue fácil, apenas cumplieron años querían hacerlo, pero les dije que cuando tuvieran 16 años no cuando los cumplieran y así que tendrían 16 años durante todo un año, pero era solo darle más libertades no de hacerlo, si ellas ponían de su parte quizás lo pensaría.

—Pero bueno Pedro ¿Tú no sabes decir que no? —quiso retarme.

—Nunca le he negado nada a Andrea, con el poco tiempo que la tengo conmigo, no voy a negarle nada para que se ponga brava conmigo, y con la gemelas después de perderme toda su vida tampoco para ponerme a negarles algo. Todo lo hice con la intención de alargar su empeño, y que de una manera u otra se les pasara esa locura. Cosa que estaba pasando, ya no insistían, ya casi no había desnudez, cero insinuaciones, ni súplicas. Y cuando menos lo esperé se acercaba el cumpleaños de ellas. Sin olvidarme del el asunto, no les hice mención alguna contando que se les había olvidado. Pero me confié y ya sabes el resto de lo que pasó.

—Definitivamente está familia está loca. Y la culpa de todo eso la tiene papá. No entiendo por qué lo hizo, que ganaba él con inducir a las niñas a eso —dijo con cierta tristeza.

—Él no las indujo, solo le dio su apoyo cuando ellas mostraron sus sentimientos entre sí, y le contó todo al respecto incluida las consecuencias, para que sean ellas las que tomaran sus decisiones. Creo que tu papá tenía una filosofía de vida demasiado compleja para muchos inclusive para mí, pero él lo hacía ver de una manera muy simple y todo era basado en el amor y el placer, "Si algo es muy bueno no puede ser prohibido bajo ninguna instancia, si había amor era entonces más hermoso". Yo aún me siento desconcertado al respecto por muy excitante que pueda ser. Por eso me negué en todo momento y por eso estaba amarrado a la cama. De mi parte eso nunca habría ocurrido.

Nos quedamos en silencio un momento ella mirándome fijamente hasta que suspiró resignada, suspiro profundamente y desvió su mirada, y proveché y tomé el celular nuevamente y detuve la grabación muy disimuladamente, con eso era suficiente. Ella mirando hacia el mar que a pesar de ser casi medio día aún estaba el día gris, estaría asimilando lo que le dije, y yo la miraba esperando una respuesta de todo lo que le había contado. Espero un momento prudencial y le pregunto.

—Háblame Maru, ¿Te ha servido de algo todo esto que querías saber? ¿Para qué querías saber que pasó?

—Desde que Alberto y yo nos reconciliamos, es él quien que me ha pedido no alejarme de la familia —dijo muy seria.

—¿A pesar de mí? —simulé extrañeza.

—A pesar de ti Pedro.

—Pero... ¿y lo de la denuncia y lo de la naviera? ¿Qué fue eso?

—¿Eso? fue la última oportunidad que yo le pedí me permitiera hacer para deshacerme de ti... —dijo con resignación— Fue un intento desesperado, y que por ser padres de Andrea y las gemelas solo nos tendríamos que ver los necesario. Debo aceptar que cada vez estás más metido en la familia. Pero tengo verte como lo que realmente eres...

—¿Qué? ¿Qué es lo que realmente soy?, ¿Qué estás queriendo decir Maru? —pregunté con curiosidad.

—¿Qué? Jajajajajaja, no jajajaja, —se rio sonoramente— no Pedro. Nada que ver, deja el susto. Me refiero a que tengo que verte como parte de la familia, debo aceptar finalmente que eres uno más en familia, y más ahora que estás con Malu. —cuando lo dijo, sentí que se me arrugó el corazón y se me hizo un nudo en la garganta.

—Alberto me ha hecho ver que puedo ser una persona más alegre, con mejor humor, más suelta, llevadera, comunicativa, menos estirada o de rectitud inquebrantable, cuando hemos estado todos en familia, y ver eso en mí lo tiene fascinado. Haber hecho el amor en la playa, hacer topless en la playa, nadar desnudos en el mar a la luz del yate. Volver a fumar Marihuana, Tener sexo en el jacuzzi en la madrugada...

—¿Sexo en el jacuzzi? —pregunté extrañado.

—Sí, el 25 en la madrugada que los vimos desnudos pasar hacia los camarotes que tú también nos viste desnudos salir de la cocina del yate. Después de eso a Alberto se le ocurrió subir y tener sexo en el jacuzzi. Eso y haber tenido sexo en la playa ha sido lo más loco que hemos hecho juntos. Y eso ya lo habíamos hablado Alberto y yo durante el viaje, ser un poco más relajados, pero explotó todo y no lo habíamos hecho nuevamente hasta ahora. Yo no sé que circuito le moviste a Alberto el día que pelearon, pero ahora está de tu lado —dijo con falso desdén.

—Nada de eso —dije rápidamente— solo le hice ver que te iba a perder.

—Te juro que yo llegué a pensar que era yo la que lo perdería a él. Estaba casi segura de que así iba a pasar y después me iba a morir en vida.

—Bueno ya pasó, lo importante es que están juntos. Ahora lo que importa es ser feliz y llenos de alegría cuando estemos juntos. ¿Ahora me entiendes cuando insisto en pasar más tiempo juntos todos? Eso es lo que quería tu papá Maru con que estuviéramos todos juntos, yo siempre lo recuerdo en las reuniones mirando con alegría a todos a su alrededor, yo siempre lo vi así y así lo recuerdo, como es que ustedes no se dieron cuenta de eso.

—No lo sé Pedro, quizás porque estábamos pendiente de lo nuestro. Ahora que soy madre siempre estoy pendiente de mis hijos, y su alegría es mi alegría, ¿Quizás es a eso lo que te refieres?

—Sí, gran parte es a eso. Pero vamos más allá, no es solo ver a los hijos felices, es ser todos felices en esos momentos. Porque tu papá no solo sonreía verlos a todos felices y sonriendo, él reía a sus anchas siendo feliz también.

—Pues ya lo creo —dijo y se queda mirando el horizonte nublado, la vi respirar hondo varias veces y luego continuó— ¿Sabes de qué día fue ayer que me acordé?

—No, ¿Qué día?

—De cuando nos conocimos tú y yo hace casi 23 años en el 96 —dijo con calma sin apartar la vista del horizonte.

—Vaya, 23 años ¿y qué te hizo recordar esa fecha?

—Siempre he recordado cuando nos conocimos Pedro, y no solo ese día, cualquier día importante contigo o con cualquiera, lo recuerdo cuando llega la fecha. Ya no hallo de que manera borrar ese chip. Nosotras tenemos un bendito chip en la cabeza que cada día que despertamos tendemos a recordar lo que paso ese día hace años atrás.

—O sea que ayer fue el aniversario de cuando nos conocimos ¿entonces hoy es el aniversario de cuando tuvimos sexo? ¿Por eso querías hablar hoy?—dije de manera jocosa.

—Algo así Pedro, quiero de una vez cerrar todo ese ciclo del pasado —dice aburrida.

—¿Y cuando fue que nos volvimos a ver? —pregunto retando a su memoria.

—El primero de agosto en el cine —Y me quedo en el sitio, cuando escucho esa fecha.