Xtories

La emoción de lo prohibido ( capítulo tres )

Luisa creía conocer los límites de su matrimonio hasta que Fabio, el amigo de su marido, le demostró lo que se estaba perdiendo. Ahora, entre toallas en la playa y confesiones en probadores, el deseo prohibido las arrastra a un juego de riesgo donde la infidelidad es solo el comienzo.

dulceymorboso18K vistas9.5· 24 votos

Esa noche ni se molestó en intentar que Pedro quisiera hacer el amor con ella. Cuando se fue para cama lo abrazó pero con un gran sentido de culpabilidad. Lo que había pasado en la playa la hacía sentirse rara y todavía no conseguía entender cómo Fabio había logrado aquello de ella.

- Los niños ya duermen? – le preguntó Pedro sin demasiado interés.

- Si, les leí un cuento y se quedaron dormidos enseguida – no podía evitar mirar el pecho de su marido y compararlo con él de su amigo. Se avergonzó de recordar ese momento en que había pegado su boca al pecho de Fabio y ahora estar igual pero en un pecho tan distinto.

- Que tal en la playa esta tarde?

- Bien – respondió nerviosa – Como siempre, más o menos.

- Los niños están eufóricos con que quieren ir a la playa el domingo con mis amigos. La verdad que lo dicen por Fabio, ya sabes cómo les gusta ir a la playa y que venga él.

- Ya, se lo pasan muy bien con él.

- Quieres que vayamos? Se que no lo soportas y tampoco quiero que tengas que pasarlo mal por su culpa.

- No pasa nada cariño. Ya estoy acostumbrada a sus babosadas. Si queréis vamos.

No logró conciliar el sueño hasta tarde. En sus manos tenía el tacto de los testículos de Fabio, su tamaño, su suavidad, el semen caliente impregnando sus dedos. Con ese recuerdo sintió su vagina humedecerse y acudieron a su mente las palabras que le había dicho en la orilla.

“Te masturbaré yo siempre que lo necesites “

En esos momentos volvía a sentir la necesidad de ser masturbada por Fabio. Que le volviera a dar un masaje en el pubis y que la hiciera correrse como lo había hecho en la toalla, sin tocar su delicado coño.

Los sábados por la mañana, a Luisa le gustaba aprovechar que los niños tenían partidos para hacer recados. Hacia tiempo que no se permitía regalarse algún capricho y decidió acercarse a la tienda donde compraba la ropa. Al pasar por la frutería donde trabajaba Ruth, la vio colocando una caja de naranjas. Su amiga al darse la vuelta la vio y la saludó con la mano.

Su idea no era entrar a hablar con ella. No sabía cómo se sentiría después de lo de la tarde anterior en la playa, e intentando controlar los nervios entró a saludarla.

- Hola, Luisa! – la saludó con una sonrisa – Que tal?

- Bien y tú? Te tocó trabajar?

- Si, hija, si. Mira que me fastidian estos sábados que me toca venir!

Luisa la miraba con admiración. Hasta aquel uniforme de trabajo le quedaba bien y su sonrisa permanente la convertían en una chica realmente guapa.

- Y tú? aprovechando el sábado, no? Los niños tenían partido?

- Si, los llevó Pedro y así aprovecho para hacer recados.

- Haces bien. Pasó hace un ratito Paula por aquí y también estaba de compras. Que envidia me dais! – le sonrió de nuevo – Mañana venís a la playa?

- Si – respondió – Los niños llevan días con eso – esta vez fue Luisa la que le sonrió.

- Claro! Ellos se lo pasan genial con Fabio – dijo.

Luisa intentó no ponerse nerviosa al escuchar su nombre.

- Si.

- Luisa… - la miró y apoyó su mano sobre el antebrazo de su amiga – Se que no lo soportas pero Fabio es buena persona y lo que le pasa es que le gusta chincharte porque eres la única que no se calla y le dice las cosas.

- Igual es culpa mía pero no puedo quedarme callada.

- Es como un crío en el cuerpo de un hombre – la miró – Gracias por tener paciencia con él.

Al salir de la frutería se sentía fatal. Ruth era una chica encantadora y se notaba que quería mucho a su marido. Nunca entendió que hacía una mujer como ella con un hombre como Fabio pero, fuera lo que fuera, era evidente que estaba muy enamorada.

Distraída viendo escaparates, alguien le tocó el hombro. Era Paula.

- Hola! – le saludó.

- Ah, hola, Paula! Que tal estás?

- Bien, aquí de compras! – levantó el brazo mostrándole varias bolsas – Estuve antes con Ruth. Y tu que tal estás?

- Bien! También echando un ojo para ver si me compro algo.

- Te apetece un café? Tengo los pies molidos con estos tacones.

Como siempre, Paula iba muy arreglada y su vestido escotado realzaba sus curvas. Lo llevaba complementado con unos zapatos de bastante tacón.

- Vale, un ratito – contestó – Aún tengo que hacer la comida al llegar a casa.

No es que le apeteciera mucho tomar un café con ella. No era mala chica pero le incomodaba un poco que fuera siempre queriendo llamar la atención con sus escotazos y sus modelitos ajustados. Cuando se fueron a sentar, Luisa miró inconscientemente su culo mientras recordaba las palabras de Fabio sobre esa parte de la anatomía de su amiga la tarde en que estaban mirando el partido de fútbol

Pidieron dos cafés y mientras esperaban que se los trajeran, Paula le enseñó lo que se había comprado; dos vestidos, varias camisetas, un par de conjuntos de lencería…

- Mira que camisón más chulo – le dijo mirando a los lados para que nadie lo viera al sacarlo.

Luisa lo miró y era precioso. De color verde claro, tenía un escote en v y era totalmente transparente. Paula la miró con picardía y le sonrió.

- No sé Pedro – le dijo volviéndolo a meter en la bolsa – Pero Diego se está convirtiendo en un muermo en la cama y a ver si así espabila un poco. A vosotros también os pasa?

Luisa recordó la noche que se había puesto su camisón mas sexy para provocar a su marido y como este ni le había prestado atención.

- Con hijos la cosa cambia – respondió resignada.

- No sé, por lo menos Diego, ya antes de tener a nuestro hijo había cambiado. Y por la edad no creo que sea – dijo – Mira Fabio! Les saca quince años a nuestros maridos y solo tiene el sexo en la cabeza – se rio – Es tremendo!

- Fabio ya es algo aparte – contestó sin saber que decir.

- Ojalá Diego fuera como él. De cabeza caliente, me refiero! Físicamente no, claro! La pobre Ruth un día se va a morir aplastada – se rio – Mira que es grande el condenado!

Luisa, aprovechando que estaban hablando de Fabio, sintió curiosidad por saber.

- Paula… - le dijo – A ti no te molesta cuando Fabio te dice esos comentarios? Ya sabes…

- A mi? Que va! – respondió mientras acercaba la taza a la boca – Me hace gracia. Además a todas nos gusta gustar, no crees?

- Si, pero no sé… A todas nos gusta saber que gustamos pero es que Fabio te dice cada cosa…

- Ahora está obsesionado con mi culo – se rio – Dice que desde que empecé a trabajar en la fábrica se me puso un culazo de miedo. Antes estaba todo el día con mis tetas a vueltas.

- Y a Diego no le molesta?

- A Diego? Tu ves que le moleste?

- No. Por eso me sorprende.

- Creo que si fuera otro hombre el que me dijera esas cosas si que le molestaría – respondió – pero como es Fabio y sabe que no es un tío buenorro pues le da igual. Algún día para picar a Diego le digo de broma que no se fie y el se ríe. Te imaginas?

- El qué?

- Como sería estar con Fabio. Anda que como tenga todo en proporción… Madre mía!

Le fue imposible no recordar; lo grueso que le había parecido su sexo cuando sus dedos masajearon la base de este, el bañador levantado de aquella manera, sus testículos que apenas podía abarcarlos con la mano.

- No se… tampoco tiene que estar todo en proporción – dijo nerviosa.

- Es que si es así, pobre Ruth – volvió a sonreír – Mejor dicho de pobre nada, que suerte!

- Y tú te has imaginado alguna vez con Fabio? – le dio reparo preguntarlo.

- A ver… - se quedó pensativa – No puedo negar que alguna vez lo he pensado pero no porque me atraiga ni mucho menos. Supongo que como una fantasía rara, más por morbo que otra cosa – se puso colorada al decirlo – Me dice tantas cosas que a veces la cabeza imagina.

- Y Diego lo sabe?

- Noooo – respondió – Me tomaría por loca! Diego jamás se imaginaria que he fantaseado con Fabio. La verdad es que solo lo sabes tu.

- Gracias por confiar en mi.

- Y tú? – la miró con curiosidad – Tu has fantaseado con Fabio?

- Para esas cosas soy muy tradicional – respondió – Te parecerá raro pero yo no tengo fantasías.

- Y que piensas cuando te masturbas? En Pedro?

- Es que yo no hago eso – ahora la sonrojada era ella.

- Luisa! – la miró sorprendida – En serio? No te masturbas?

- No. A ver… cuando era una cría si lo hacía pero de eso ya hace muchos años.

- Te has puesto roja – le sonrió – Yo es que no podría vivir sin masturbarme. Ahora mucho más por lo que te dije de Diego que está muy apático sexualmente, pero cuando estábamos bien también lo hacía. Y te puedo preguntar por qué no lo haces?

- No sé… No me motiva lo suficiente, no sé – la miró avergonzada – Que no te parezca mal, eh! Pero siempre pensé que masturbarse era algo de adolescentes.

- Yo creo que es porque no sabes masturbarte y por eso no te motiva. Y cuando andas caliente como haces? Perdona pero siento curiosidad, pensé que todas lo hacíamos aunque no lo digamos.

- Me aguanto – dijo con resignación.

- Eso tiene que ser malo para la salud – sonrió – No crees?

Hablar sobre la masturbación con Paula, le hacía pensar si tendrían razón tanto ella como Fabio. Los dos pensaban lo mismo sobre ese tema y se sintió un bicho raro. Pensaba si su marido también se masturbaría y ese era el motivo de su apatía a la hora de tener relaciones sexuales.

- Luisa!

Se sobresaltó al escuchar que la llamaba.

- Perdona! – se disculpó.

- Que pensabas? Ahora mismo no estabas aquí.

- Perdona. Estaba pensando eso que me decías.

- Y que pensabas? – le preguntó – Me cuentas?

- Nada… Que quizás tengas razón y la culpa sea de que no se masturbarme. Y que me siento un bicho raro.

- De bicho raro, nada! – apoyó las manos sobre las suyas encima de la mesa – Aquí nadie somos bichos raros sino que cada persona somos diferentes. Vale?

Afirmó con la cabeza. Pensar en el mal momento de pareja que estaba pasando la hizo ponerse triste y le costaba hablar.

- Que te pasa? – inclinándose sobre la mesa le acarició la cara con ternura – Quieres contarme?

- Perdona por ponerme así.

En un arranque de sinceridad, le contó que ella y Pedro desde que habían nacido sus hijos, apenas tenían relaciones sexuales. Le contó lo frustrada que se sentía como mujer y que muchas noches se dormía con el deseo metido entre las piernas por no querer masturbarse.

- Te entiendo – le dijo – Se como te sientes porque a mí me pasa lo mismo. Cuando se tienen hijos muchos hombres pasan de vernos como sus mujeres a vernos como madres de sus hijos. Es muy frustrante que la persona que amamos nos ignore y en cambio sentir que los otros hombres nos miran con deseo.

- Si. Es muy frustrante.

Le gustó poder desahogarse, compartir lo que sentía con alguien y sentirse comprendida.

Paula, al verla tan triste se ofreció a acompañarla y hacer alguna compra más juntas.

Nunca había ido de compras con ella y Paula la hizo reír mucho con sus tonterías. Entre tienda y tienda le confesó que si vestía así de provocativa era por llamar la atención y por lo menos sentir que seguía gustando a los hombres.

- No pienses que lo hago por ligar, eh! – le confesó.

- Tengo que confesarte que pensaba que lo hacías por eso – le dijo.

- En serio? Nunca fui infiel a Diego aunque se lo merezca por capullo – se rio – Ven, vamos a esa tienda de lencería.

- No, no… Si ropa interior tengo!

- Ya, me imagino! Pero da igual. Aquí tienen cosas preciosas. A ver si Pedro y mi marido espabilan.

Eligieron varios conjuntos de lencería y Luisa se quedó cortada cuando vio que Paula se metía en el mismo probador que ella.

- Este me encanta – le enseñó un conjunto azul – Antes estuve apunto de llevármelo pero no lo probé.

Luisa no sabía muy bien que hacer y, al ver que Paula se quitaba el vestido delante de ella con toda la normalidad del mundo, ella comenzó a desabrocharse la blusa.

Vio como la rubia se desabrochaba el sujetador y no pudo evitar mirar de reojo sus tetas. Eran bastante más grandes que las suyas con los pezones de color claro. A pesar de su tamaño se veían bastante firmes.

Al quitarse la blusa, Paula se giró para coger el sujetador que se iba a probar y se quedaron frente a frente.

- Te da vergüenza? – le dijo al ver que no se daba quitado el sujetador.

- Un poco – respondió – Nunca me cambié delante de nadie.

- Eres adorable – le dijo agachándose para coger la prenda por probar – Quieres que me gire?

- No, no pasa nada – recordó las palabras de Fabio diciéndole que se comportaba como una cría – Soy un poco tonta para estas cosas.

Echando las manos para atrás, desabrochó el sujetador y se lo quitó.

- Las tienes muy bonitas – le dijo mirándole las tetas – No deberías avergonzarte de ellas. Yo preferiría tenerlas más pequeñas, de mayor temo que las tendré algo caídas.

- Tu también las tienes bonitas – dijo nerviosa.

Nunca pensó que llegaría a estar en esa situación de estar viéndole las tetas a Paula. Esas tetas de las que tantos comentarios groseros había escuchado.

Mientras Luisa se quitaba el pantalón, Paula se probó la braguita del conjunto.

- Que tal me queda? – preguntó girando en redondo.

- Te queda precioso. Te favorece mucho ese color – sonrió tímidamente.

- Que piensas? – le preguntó con curiosidad.

- Una tontería! Pensaba que si Fabio estuviera aquí se volvería loco de verte así.

- Quita…quita… - también se rio – Que ando muy sensible y no se que haría si se diera el caso – la miró de arriba abajo – Aunque si te viera a ti también le pasaría lo mismo.

- Tu eres la que le gustas.

- A Fabio le gustan todas. No te fijas como mira a todas cuando estamos en la playa?

- Si, eso es verdad – dijo algo fastidiada – A Fabio le gustan todas.

Hubo un momento que al girarse las dos a la vez, sus pechos se rozaron y Luisa se puso roja de inmediato al darse cuenta que ese contacto había hecho reaccionar sus pezones. Paula se dio cuenta de eso y para tranquilizarla señaló sus pechos.

- Tranquila – le dijo – A mi me pasó lo mismo.

Luisa al ver los pechos de la rubia vio que sus pezones también se habían puesto duros con ese roce.

- Es normal – le dijo Paula – Creo que las dos estamos faltas de cariño.

- Debe ser eso – dijo nerviosa.

Las dos se sentían nerviosas y se quedaron en silencio mientras seguían probándose ropa. Sus miradas se encontraban y con timidez se sonreían sin decir nada.

Hubo un momento que coincidió que las prendas a probar transparentaban y los pezones de las dos no podían disimular su dureza bajo la tela.

- Te gusta? – preguntó nerviosa Paula.

- Mucho y a ti?

- También.

Mirándose se quitaron a la vez el sujetador en silencio. Luisa cerró los ojos al ver la mano de su amiga acercarse a su pecho y superando la vergüenza acercó la suya al de Paula.

Fueron un par de minutos escasos en los que se acariciaron los pechos una a la otra. La sensación era indescriptible para las dos. Aquello no tenía nada que ver con ser acariciadas por las manos de un hombre.

Luisa tuvo que reprimir un gemido cuando sintió los dedos de su amiga acariciar sus pezones.

- Esto es una locura – le dijo a Paula apartándose – Perdona.

- Perdóname tú – se excusó la rubia – No se que me pasó.

- Va a ser cierto que estamos faltas de cariño.

- Si.

Caminaron juntas de vuelta a casa durante la mitad del trayecto. Por momentos lo hicieron en silencio intentando asimilar lo que había pasado en aquel probador. En los momentos que hablaban, intentaban tratar sobre cualquier tema que las hiciera distraerse sobre lo ocurrido.

- Bueno – le dijo Luisa aminorando el paso – Yo me tengo que desviar en este cruce.

- Ah, vale! – Paula se frenó – Mañana nos vemos, no?

- Si, mañana nos vemos en la playa.

Durante unos segundos se quedaron mirando como no queriendo dar por terminada esa mañana juntas. Luisa se acercó a Paula y le dio dos besos.

- Gracias por todo – le dijo – Hasta mañana.

- Gracias a ti – la miró con una sonrisa – Hasta mañana.

El resto del camino, Luisa no se sacaba de la cabeza todo lo que había pasado esa mañana; el ratito con Ruth, la conversación con Paula mientras tomaban el café, las compras juntas y, sobre todo, lo del probador.

En pocos días había hecho cosas inimaginables que le habían hecho sentir sensaciones increíbles, se había vuelto a sentir deseada pero, sobretodo, le habían hecho sentir viva de nuevo.

Pensó en Fabio, en Paula.

Cuando acostó a los niños se fue al salón donde la esperaba Pedro para ver una película. Apenas pudo concentrarse en la pantalla con todo aquel bullicio de pensamientos que tenía en la cabeza. Se sentía nerviosa con la idea de encontrarse en la playa con el grandullón y con su inesperada confidente y amiga con derecho a caricias inocentes pero sumamente excitantes.

Como siempre, fueron los últimos en llegar. Ya a nadie le sorprendía aunque tener que organizarse con dos críos era motivo suficiente para que los entendieran.

Luisa intentó disimular sus nervios y saludar a todos de la misma manera que siempre. No sabía si había sido cosa suya pero al quitarse la ropa le había parecido sentirse observada por ellos. Por Fabio, siempre tan descarado y por Paula, disimulando y mirándola discretamente.

- Que tal de compras ayer? – le preguntó Ruth.

- Bien – miró a Paula – De compras siempre bien – se rio intentando disimular sus nervios.

- La verdad es que si – dijo – Ya me contó Paula que os encontrasteis.

- Si – respondió – Más bien me encontró ella – se empezó a echar crema por las piernas – Cuando me pongo a ver escaparates no me entero de nada.

Varias veces durante la mañana, su mirada y la de Paula se encontraron pero enseguida la vergüenza las hacía desviar la vista. Luisa sentía que le gustaba esa complicidad con ella. En otros momentos, le era inevitable pensar que allí, a escasos metros de donde estaban ahora, Fabio y ella se habían dado un masaje hasta correrse. Aquel recuerdo le hizo sentirse inquieta entre las piernas.

- Ruth! Te apetece un baño? – preguntó Paula.

- Vale, vamos!

- Luisa, vienes? – le preguntó a ella.

- No, gracias – le sonrió – Iré dentro de un rato.

- Vale, venimos ahora.

Al verlas caminando hacia la playa, no pudo evitar fijarse en su culo y pensar que el día anterior lo había tenido muy cerca y con una braguita mucho más pequeña. Se fijó que movía las caderas de forma muy sensual y vio que a unos metros, Fabio, que estaba con Pedro y Diego hablando cerca de la orilla, miraba con descaro ese sensual caminar. Sintió una extraña sensación de celos y respiró profundo. Se preguntó si Paula había caminado así para ella o si había sido para atraer la mirada del grandullón. Había sentido celos por Fabio por haberla mirado al culo? De Paula por querer atraer la mirada de él y no la suya? De ambos? Hacia tiempo que no sentía esa sensación de ponerse celosa por nadie.

Cuando Ruth y Paula volvieron del agua, la rubia le sonrió y se sintió avergonzada de estar pensando que era una mujer espectacular. Paula le salpicó revolviendo el pelo sobre ella.

- Paula! – se levantó a trompicones y la rodeó con los brazos por la espalda – Ahora que! Eh!

Ruth se reía mientras se iba a su toalla. Lo que no sabía era que aquel abrazo estaba haciendo que sus amigas sintieran sus corazones totalmente revolucionados.

- Ahora que ya estoy mojada me voy a bañar – le dijo al soltarla.

- Venga que te acompaño.

En el agua volvieron a salpicarse y, jugando a empujarse, varias veces sus cuerpos se rozaron más de lo debido. En una de esas caídas, Paula al ponerse de pie tenía un pecho fuera y Luisa se quedó mirándolo antes de que esta se lo tapara.

- Hala! Cochina! – le dijo Luisa nerviosa alterada por los juegos.

- Me da igual – contestó – En total ya me los viste!

- Calla… calla… no me hagas recordar.

- Me los viste y me los tocaste!

- Paula! No seas mala…

La rubia mirando a todos lados para asegurarse que nadie las veía y viendo que estaban bastante alejadas de las personas mas cercanas, ante el asombro de su amiga, se lo volvió a sacar de fuera.

- Te gusta? – le dijo sonriendo.

- Pero serás cochina!

Ante su provocación se abalanzó sobre ella y cayendo juntas al agua le puso la mano en la teta. Paula hizo lo mismo y metió la mano dentro del biquini y agarró su pecho. Al ponerse de pie las dos estaban sonrojadas y la excitación era evidente en sus caras.

- Estamos locas – le dijo Luisa.

- Bueno, no te gusta lo que sientes?

- Claro que me gusta pero te recuerdo que estamos casadas y tenemos hijos.

- Espera… - se acercó a ella pegando mucho sus cuerpos – Deja que te coloque el biquini.

Con la excusa de colocarle bien el biquini, aprovechó para rozarle el pezón erecto y mientras lo hacía se miraban a los ojos.

- A mi también me gusta esto que siento – acercó la boca a la oreja de su amiga – Por si te interesa saberlo ayer me tuve que masturbar dos veces.

- Pensando en Fabio?

- No te lo voy a decir – le sonrió.

- No seas mala, dímelo por favor!

- Pensando en ti – al decirlo se giró y se zambulló en el agua.

Luisa se quedó paralizada intentando asimilar lo que acababa de escuchar. Vio a Paula salir a varios metros de ella mirándola.

- En serio? – aquella confesión la excitó aún más de lo que estaba.

- Si. En serio. Y tu te masturbaste pensando en mi?

- Ya te dije que yo no me masturbo.

- Es verdad que no sabes hacerlo – le dijo mientras nadaba hacia ella.

- Por eso.

- Y si te masturbaras lo hubieras hecho pensando en mi?

- Puede ser – confesó avergonzada.

Al llegar a su altura volvió a ponerse de pie muy cerca de ella.

- Sabes que pensaba cuando me masturbaba ayer?

- Que pensabas? – verla tan cerca le daban ganas de abrazarla.

- Que lo hacía delante de ti y te enseñaba a masturbarte.

Luisa sintió que su cuerpo vibraba con lo que su amiga le decía.

- Te gustaría que me masturbara delante de ti y aprender a hacerlo?

- Esto es una locura, Paula.

- Que es la vida sin locuras? Si nuestros maridos nos tienen a pan y agua pues tendremos que buscar emociones de otra manera, no crees?

- No sé… - quizás tuviera razón.

- Te gustaría verme masturbándome?

- Si – contestó avergonzada – Ay, Dios! Que vergüenza! – se tapó la cara con las manos.

- Yo esta semana que entra estaré de mañana. El niño come en el colegio y Diego trabaja todo el día. Quieres venir mañana a comer a casa?

- Paula… Estás segura que quieres que te vea hacer eso?

- Si. Lo he pensado mucho y estoy segura.

- Yo hasta mañana a media mañana no sabré si puedo ir. Depende de cómo vaya de puntual el juzgado. Te aviso en cuanto lo sepa?

- Claro! Me mandas un mensaje. Yo estaré trabajando y en cuanto pueda te contesto.

- Vale.

- Vamos para las toallas que estos estarán preocupados.

Luisa sentía su cabeza aturdida. Al salir del agua, Paula caminaba delante de ella con ese movimiento sensual de caderas y Luisa sonrió al darse cuenta que si caminaba así era por ella. Aceleró el paso para ponerse a su lado.

- No muevas tanto el culo, cochina! – le dijo.

- Es para que me mires a mí y no a otras.

- A otras? Sabes perfectamente que a mí no me gustan las chicas.

- A mi tampoco y mírame como me tienes.

- Como te tengo?

- Tengo que decirte cómo me tienes? – la miró con deseo.

- Si, dímelo, por favor.

Acercándose a su cara le habló al oído.

- Me tienes cachonda!

- Ay, Dios! Te voy a matar. Sabes? – fue Luisa la que se acercó a la oreja de la rubia – Tu también me tienes cachonda – mirando al cielo cogió aire profundamente – Y lo de mirar a otras por eso no te preocupes que solo te miro a ti.

- Yo tampoco miraría a otras.

Durante la comida temía que alguien pudiera darse cuenta de cómo se buscaban con la mirada. Fabio intentó varias veces llamar su atención diciéndole algunas tonterías o pinchándola llamándola “morena “. Viendo que no entraba al trapo se dedicó a hacer comentarios sobre el cuerpo de Paula y se alegró al ver que Paula, no como otras veces, le cortaba de manera sería y no le reía las babosadas.

Cuando se fueron a jugar a las palas, Luisa se quedó sola pues Fabio estaba con los niños en el agua jugando a lanzarlos por el aire. No tardó en ir a su lado. Ella tumbada boca abajo se sobresaltó al escucharlo.

- Pensé que éramos amigos – dijo serio.

- Que susto! Perdona, estaba medio dormida.

- Que te pasa conmigo? Siempre fuiste borde conmigo y hoy no se, pareces otra. Estás enfadada por algo?

- Fabio! Lo que pasó el viernes no es normal, no crees? Eres amigo de Pedro, tienes a Ruth que es un encanto de mujer.

- Lo que pasó el viernes fue para calmarnos. Te crees que me voy a enamorar de ti porque me dieras un masaje en los huevos? Que fue la ostia, eh! Menuda mano que tienes…pero fue solo eso.

- No seas bruto!

- Es que me jode tu cambio de actitud. Ya te olvidaste como te corriste con mi masaje? Dejaste la toalla perdida, morena!

- No me llamo “morena “.

- Cierto, eres tetas bonitas. Pero con estos delante no pretenderías que antes te llamara “tetas bonitas”, no?

Igual que el domingo anterior, Luisa sintió que deslizaba las tiras del biquini por sus brazos.

- Que haces?

- Pues evitar que te queden marcas. Ya vuelves a comportarte como una cría?

- No soy ninguna cría!

- Pues déjate de niñerías, anda!

Sin hacerle caso, le quitó las tiras del biquini y se quedó paralizada cuando con rabia le desabrochó el cierre y apartó la tela de la espalda. Sin pedir permiso, buscó el bote de protector solar dentro de la cesta y una vez lo tuvo en sus manos comenzó a extender la crema por su piel.

Luisa, sin saber si era por el recuerdo de lo vivido con Fabio, o por lo excitada que se había quedado después de lo de Paula en el agua, sintió que su cuerpo reaccionaba al masaje. Después de la espalda, se la extendió por las piernas y se sintió defraudada cuando vio que evitaba echársela en las nalgas.

- Anda, date la vuelta! – le dijo serio.

Ajena a su voluntad, se sorprendió dándose la vuelta sin protestar.

- Es que me jode tener que tratarte así. Pareces una cría caprichosa.

De malas maneras dobló hacia dentro la tela del sujetador y al hacerlo sin cuidado, los pechos quedaron desnudos hasta que lo colocó bien. Luisa miró nerviosa hacia donde estaba Pedro y el resto de la gente.

- Tranquila que ya vigilo yo. Tu relájate!

- Y los niños? – preguntó preocupada – Los ves desde ahí?

- Están en el agua, no te preocupes. Tito Fabio los vigila, tranquila!

Cuando Luisa se dio cuenta, Fabio le estaba masajeando los pechos.

- Joder tienes los pezones tiesos, morena! Y luego me vienes con tonterías! Si te pones cachonda perdida cuando te toco las tetas! – los dedos agarraron los pezones haciéndola estremecer – Tendré yo la culpa que Pedro no te folle!

- Fabio, no hables así! – dijo temblando.

- Y hoy te salvas porque no estamos solos, que si no, me acabas dando un masaje en los huevos como Fabio me llamo!

- Ni de coña – le costaba hablar, su respiración estaba agitada – Tu quien te crees?

La mano abandonó las tetas y esparció crema por su estómago.

- No me creo nada! Acaso te pedí yo que me masajearas los huevos el otro día?

Al doblar la braga para dejar el pubis libre, medio coño quedó a la vista y ella lo tapó avergonzada.

- Tranquila que estoy aburrido de ver coños y seguro que alguno mas bonito que el tuyo.

- Como eres tan cerdo?

Su cuerpo comenzó a sentir esas punzadas de placer cuando empezó a masajear y presionar el monte de venus.

- Fabio, para… no me hagas correrme, por favor. Aquí no… hoy no…

Ignoró su súplica y siguió con el masaje. Luisa incapaz de detener aquello comenzó a temblar.

- Aún no me dijiste si te gustó masajear mis huevos – Luisa abría la boca intentando coger aire sin gemir – Dime… te gustó masajearlos? Contesta!

- Si…si me gustó hacerlo – se tapó la boca con la mano para no gemir – Dios, que me haces Fabio!?

- Te hago lo que no te hace tu marido! Seguro que es un pichafloja, verdad?

- Dios! No hables así de Pedro!

- No te folla y andas salida perdida todo el día. Verdad?

Presionó fuerte y su vagina comenzó a palpitar.

- Me corro! Mierda! Eres un cabrón!

Sus piernas comenzaron a abrirse y cerrarse sin control. Durante interminables segundos sintió que el orgasmo sacudía su cuerpo mientras de fondo escuchaba las gaviotas, las olas rompiendo contra las rocas, los gritos de los niños jugando en el agua.

- Eso es…. Córrete bien! Tranquila que estoy vigilando, tu céntrate en liberar toda la tensión.

Se tapó la cara con las manos, estaba sudando, le costaba respirar. Cuando se recuperó un poco apartó las manos para mirarlo. Fabio con cara de satisfacción la miraba sonriendo, orgulloso de lo que había conseguido.

- Eres un imbécil – le dijo molesta – Ves normal lo que acabas de hacer? Pedro y tu mujer allí jugando a las palas, mis hijos en el agua… Es que no piensas las cosas?

- Si se notaba a leguas que pedías a gritos que te volviera a tocar! - le dijo – En cuanto te empecé a masajear la espalda temblabas como una hoja a la intemperie.

- Ni se te ocurra volver a hacer esto! – se sentó en la toalla y vio todo lo que había expulsado su coño- Joder! Es que no entiendo que me pasa contigo.

- Tu no lo sabrás pero tu cuerpo si lo sabe. Por mas que te fastidie, tu cuerpo al tenerme cerca se enciende como una brasa con viento. Eres capaz de negármelo? Anda ven aquí – extendió los brazos.

- Que quieres?

- Dame un abrazo antes que vengan, no seas mala!

Sin entender por qué lo hizo, dejó caer su cuerpo hacia él y sintiendo los fuertes brazos estrecharla, apoyó su cara en el pecho velludo.

- No entiendo que me pasa contigo – se sentía asustada.

- No busques explicaciones – le dijo acariciando paternalmente su cabeza – Te dije que te masturbaría siempre que lo necesites y me gusta cumplir mi palabra.

Luisa se sentía extrañamente bien apoyada en su pecho, como una niña que huye de un peligro y encuentra un salvador que la protege.

- Perdona si te hablé con demasiada brusquedad antes – le hablaba en susurros al oído – Pero estaba dolido con tu actitud.

- Perdóname tú – contestó ella – A veces me comporto como una cría.

- No pasa nada – besó su cabeza – Solo estabas asustada y era una manera de defenderte.

- Gracias – un impulso la llevó a besarle el pecho.

Al mirar hacia abajo vio que estaba excitado.

- Te duelen? – preguntó.

Al verla mirando hacia su erección entendió a que se refería.

- Bastante, pero no te preocupes – contestó – Aquí no puede ser pero ya me darás masaje en otro momento. Vale?

- Vale.

Al intentar colocar el bañador, al apartar un poco la tela de la cintura, Luisa pudo ver esa base del tronco que había masajeado el viernes.

- Me da rabia no poder hacerlo ahora – confesó avergonzada.

- Lo sé. Se que te gustó mucho hacerlo.

- Y por qué lo sabes? – preguntó con curiosidad.

- Por la manera que masajeabas el final del pubis y los huevos. Se notaba que te estaba gustando mucho.

Estirando el brazo, metió la mano un poco por dentro del bañador y fue deslizando los dedos por el pubis despacio hasta que tropezaron con la base del tronco y la polla dio un respingo.

- Sabes que eso que acabas de tocar es parte de mi polla, verdad? – dijo con voz agitada.

- Bueno, es solo la parte de abajo – contestó también con voz temblorosa.

Comenzó a mover los dedos despacio alrededor de la base.

- Te gusta? Cuando rozo abajo tu sexo da saltos.

- Da esos saltos porque le encanta sentir tus dedos tocarla aunque sea por abajo. Te gusta tocar esa parte de mi polla?

- Si. Me da sensaciones muy fuertes al tocar ahí.

- Pedro y Ruth siguen jugando allá a lo lejos y los niños siguen jugando en el agua y no parece que tengan intención de salir. Quieres tocarla un poco?

- Pero vigila bien, vale?

- Claro, por eso no te preocupes.

Nerviosa, pasó la yema de los dedos por la parte baja de la polla. Era suave, estaba muy caliente y podía sentir sus venas hinchadas. Con curiosidad rodeó la base con el dedo pulgar y el índice viendo que era muy gruesa. La polla al sentirse apretada entre los dedos palpitaba y daba saltos que a Luisa le excitaba sentir.

- Me vas a hacer correr, morena! – su pecho latía agitado – Y voy a poner el bañador perdido.

- Quieres que pare? – preguntó indecisa.

- No. Pero tendré que sacarla fuera para no manchar el bañador. Te importa?

La excitación, el morbo, la curiosidad, le hizo apartar el bañador y la polla apareció ante ella totalmente hinchada y mojada por los flujos. Abrió su boca asombrada al ver el glande que era bastante más grueso que el tronco.

- Dios! – exclamó al verla.

Siguió acariciándola alrededor y Luisa, admiraba fascinada, como aquel miembro cabeceaba como un animal enjaulado. Su vagina palpitaba cada vez mas descontrolada.

Con la mano libre levantó la goma de la braga.

- Dame masaje tu a mi también, por favor!

Excitado por completo, al meter la mano bajo la braga, sus dedos alcanzaron el coño empapado.

- Dios! – exclamó Luisa al sentir esos dedos en su vagina por primera vez.

- Perdona!

- No, da igual. Tócala si quieres!

Totalmente excitada, subió la mano por el tronco y lo comenzó a masturbar. Fabio comenzó a masajear su clítoris.

El orgasmo llegó para los dos en breves segundos. Luisa se corría mientras veía asombrada como el glande escupía potentes chorros de semen. Fabio, mientras eyaculaba, sentía como la vagina empapaba su mano.

Por miedo a ser descubiertos se apartó de él. Se miró el brazo manchado de semen y buscó pañuelos de papel. Mientras se limpiaba, Fabio le enseñó la mano totalmente mojada y se sonrojó.

- Hiciste trampa – le dijo – Era en el pubis donde te pedí masaje.

- Y tú? Me pediste permiso para hacerme una paja? – le dijo con una sonrisa.

- Toma, límpiate! – le ofreció el paquete de pañuelos.

Luisa se acurrucó en posición fetal tapando la cabeza con los brazos.

- No podré mirarte a la cara nunca más – le dijo abochornada – Que corte!

- Estamos en igualdad de condiciones – le dijo – Yo llevo las de perder que además de tocarme la polla aún por encima también la viste.

- No hay tanta diferencia! – protestó.

- Ah, no! Pues otro día me tienes que dejar mirar tu coño. Lo tienes súper suave, por cierto.

- Tonto! – la hizo sonreír – Y tú la tienes súper gorda.

(Continuará)