La esposa del cornudo (XXIV): Cada vez más rico
Andrés no busca venganza, sino placer. Al leer las confesiones de su esposa, descubre que su propia humillación es el combustible de su excitación. Cuando el amante de ella decide llevarla de viaje y entregarle las bragas usadas, la línea entre el matrimonio y la degradación se difumina, revelando una dinámica donde el consentimiento es la forma más perversa de amor.
La lectura de las confesiones de Sole que os transcribí en el anterior capítulo describían unos actos que no eran desconocidos para mí porque mi esposa ya me los había contado. Pero lo que allí encontré fueron las sensaciones que ella tuvo al hacerlo, que yo no conocía con esa claridad. Y poder leerlas despacio, directamente de sus palabras como las había escrito para ella, fue lo que llegó a resultarme tanto o más excitante que los propios hechos en sí mismos.
Pasados los primeros días y los primeros encuentros con Luís, en los que ella lo pasó bastante mal, la insistencia de nuestro jefe en tener sexo con mi mujer había conseguido llevarla a ella, primero a disfrutarlo y, luego más tarde. a buscar esos encuentros casi tanto como él.
La escueta narración de cómo habían follado la primera vez que fueron al hotel, aunque desprovista de los detalles morbosos que me hubiera gustado haber leído, estaba llena de unas sensaciones y de un aroma de sexo muy buscado y deseado por los dos. Fueron esas confesiones tan íntimas de Sole las que hicieron que tuviese que repasarlas varias veces y, aunque ahora me avergüence reconocerlo, en todas ellas terminé por masturbarme.
Obviamente, no era eso lo único que me ponía nervioso sino lo que podría encontrarme después en las siguientes “recetas privadas” pues, obviamente, después de aquello que hicieron en el hotel y que tanto gusto parece que les dio a los dos, era obvio que ya tenían estímulos de sobra para querer repetirlo.
-----------------------------------
Magdalenas 3 de septiembre de 2020
Ingredientes: 200 g harina, 3 huevos, 200 g aceite, 200 g azúcar, 1 cucharadita levadura, moldes redondos de papel,
Vuelvo a mi diario después de un tiempo tan cargado de incertidumbre como de trabajo pero con la seguridad de haber tenido experiencias que para nada hubiera sospechado que tendría unos meses atrás.
Cpnfieso que disfruto de los encuentros con L, sin estar para nada completamente orgullosa de no poder resistirme, pero ya sin sentir la vergüenza del principio. Simplemente, me dejo llevar por las circunstancias, como si viviera dentro de un sueño placentero del que ahora no quiero despertar.
Pero cuando creo tener las dudas más controladas y empiezo a disfrutar sin muchas reservas de todo lo que hago, hay algo que me vuelve a despertar la ansiedad de las primeras semanas y a confirmarme que no puedo bajar la guardia. No solo por lo que a mí respecta, sino porque también debo estar pendiente de lo que hacen L y mi propio marido. Esta vez ha sido Andrés el que casi me saca de quicio.
Por el motivo de atender a nuestros hijos, el horario de Andrés y el mío solo coinciden en el fin de semana que es cuando se concentra casi todo el trabajo, mientras que los días de diario yo suelo estar solo por la mañana, y él por la tarde.
Si falta algún empleado, a veces Andrés tiene que reforzar el turno de mañana pero solo a la hora de servir la comida. Pero si falta Yeli, una de las cocineras, y que es precisamente la compañera que lo sabe desde el principio casi todo y es quien nos sirve de coartada cuando estamos en el despacho, entonces ese día mi marido dobla turno y está toda la mañana, a la vez que L y yo.
Fue complicado para mí estar la primera vez en el despacho con L a la vez que sabía que Andrés estaba atendiendo la barra, pero tampoco queríamos romper la rutina de lo que veníamos haciendo para que nadie sospechara lo que hacíamos allí dentro de verdad.
La excusa era perfecta ante cualquiera que pudiese imaginar algo raro, y mi marido se prestó a estar al cargo del restaurante mientras los demás empleados estaban fuera. Aparentemente era un día normal y él hizo eso por nosotros, en sustitución de Yeli que es quien suele cubrirnos.
Sin que se notara nada raro y en una hora a media mañana en la que apenas hay clientes pero, en esos días, la tarea de mi marido era nada más y nada menos que vigilar para que nadie nos molestara en el rato que, como cada día, ibamos a pasar L y yo dentro del despacho.
No niego que esos días, no más de uno o dos al mes, estoy especialmente alerta y muy pendiente, pero L lo ha normalizado y se comporta conmigo como si fuera Yeli la que está fuera. Llega a hacerme comentarios sobre esa situación, que yo pienso que podría ahorrarse, pero tampoco yo le replico ni me muestro enfadada… “Vamos zorrita, empleate a fondo en la mamada, que tu marido se encarga hoy de que nadie nos moleste…”
A veces, incluso estando los dos tan concentrados en nuestra morbosa relación, oigo algún ruido que me parece anormal, y solo puedo interpretarlo como si alguien estuviera escuchando detrás de la puerta.
Un día, hasta L lo notó y como él sí que aún estaba casi vestido, se levantó del sillón, se subió el pantalón y abrió de improviso la puerta. No quedó demostrado que Andrés hubiera estado escuchando detrás de la puerta pero L le pilló como saliendo del aseo que está enfrente, apenas a un metro de la puerta del despacho, y obviamente no pudo decirle nada.
Aunque creo que L y yo, sin hablarlo, seguimos pensando que cuando mi marido cubre el turno de Yeli, alguna vez sí que se ha acercado a nuestra puerta a escuchar, sobre todo al principio. Desde mediados de junio hasta hace unos días, eso ha sido mucho más difícil porque tenemos muchos más clientes de vacaciones de verano, y la plantilla se ha reforzado con algunos empleados más.
A pesar de que intentamos hacer poco ruido, L tiene varias grabaciones de cuando habla por teléfono y las reproduce muchas veces en voz alta como si estuviese teniendo una conversación en ese momento.
Esa argucia esconde nuestros gemidos en la parte más intensa del juego, y nadie intenta tampoco abrir la puerta pues podría notarla “extrañamente” cerrada con el pestillo por dentro.
No oculto que los tocamientos y “caricias íntimas” que me regala L son más intensas cada vez y no suele conformarse si no me lleva una o dos veces hasta el final, como si me exigiera cotas crecientes de respuesta a la excitación que me produce con sus manos y sus dedos.
Mi contrapartida para él no puede ser mucho menor y me pongo bajo su mesa para hacerle lo que más le gusta. Primero muy despacio, pero aumentando poco a poco la intensidad y el ritmo hasta que le noto temblar. Siempre me da buena prueba de lo que le gusta y, cuando toca, para nada esconde el orgasmo que está sintiendo.
Como es difícil controlar la puntería en esas condiciones, tuvimos al principio varios accidentes con el destino de sus “explosiones”, llegando a impactar su semen sobre mi cara y mi pelo, y ese olor es difícil de disimular.
Y si mi ropa ha podido salvarse hasta ahora ha sido porque la temperatura de estos meses ha sido propicia para que yo haga “mi trabajo” sin llevar nada de ropa encima que se me pueda mojar.
Dado lo que le gusta llegarme más profundo cada vez, y las ventajas de no tener que cortarle cuando está en su mejor momento, ni tener luego nada que limpiar, hace un mes empecé a regalarle una tragada completa de su “caliente regalo”. Desde entonces es algo que le vuelve loco y a lo que L no quiere renunciar.
Es curioso cómo ha evolucionado su forma de llamarme en estos meses en los que L puede hablar mientras yo tengo la “boca ocupada”. Del “Venga, Solecita, porfi, hazme eso que tanto me gusta” al “Vamos, nenita, qué rico lo haces”. Del “no pares, gatita, qué bueno la mamas, joder” para terminar más tarde en “Luis quiere darte hoy mucha leche, zorrita, pero antes quiero follarte bien tu boca y tu garganta”
En pocas semanas sus diminutivos fueron desapareciendo y nada quedó de Solecita, nenita, gatita… mientras L iba aumentando su exigencia sobre mí. “Vamos, zorra, ocupa tu lugar, no quiero ninguna arcada… ni que se te escape ni una gota ya”.
En los últimos momentos, ya no se esfuerza en callarse aunque sus frases llegan a ser casi ininteligibles: “oh, puta, ahhh, traga… toda…. Ahhh… toda… ahhh… leche caliente… mía, ahhh,,, tragaaaaaaaa tragaaaaaaaaa ahhhhhh”.
Contar a Andrés como fueron evolucionando mis felaciones a L supuso pasar algunos “tragos” adicionales, aunque mi marido me sigue ayudando. Normaliza la situación mía con L con tal de que le cuente algunos detalles muy concretos que son los que le hacen excitarse.
Y cómo eso luego se convirtió en rutinario, he debido pasar varias veces ese momento de contarle a Andrés sobre algo que yo había hecho con L y que con él hace tiempo que no hago.
Eso me produjo más disgusto que el “trago” real de semen de L que había ocasionado que yo tuviera que confesarle a mi marido… Cómo había dejado que mi amante eyaculara dentro de mi boca para luego enseñarle su leche sobre mi lengua… antes de tragarla.
En estos cuatro meses largos he ido elaborando una estrategia para cuando tengo que contarle a Andrés alguna nueva experiencia que he hecho y que me causa dudas de si puede o no puede llegar a aceptarla. Lo hago cuando le veo especialmente excitado y empezando a tocarse. Yo le dejo que siga tocándose, sin fijarme mucho, mientras le sigo contando aunque al final también tengo que verle masturbarse.
Y es que, en esas condiciones, jamás me pone la más mínima objeción pues, bien al contrario, lo que a mí me ha generado más dudas sobre su posible respuesta, a él lo que le causa es un intensificada excitación, casi siempre seguida de crecientes manotazos a su polla hasta terminar en su consecuente eyaculación.
No ha sido raro que haya terminado muchas veces hasta casi dándome las gracias, con los dos dándonos fogosos besos de boca. “Qué bueno lo que haces, y qué morboso lo cuentas, cariño”. Ya me he acostumbrado pero tampoco sé si, al hacerlo así, no estoy jugando con él, abusando de su debilidad en este especto.
Sin embargo, esta mañana y a cuenta de esto, Andrés ha llegado a enfadarme bastante y me ha hecho pensar en algunos cambios que él ha tenido desde que yo “ando enredando” con L en su despacho. Todo ha venido a cuenta de un camarero que hoy no ha venido a trabajar y Andrés ha tenido que suplirlo.
En cuanto salgo del despacho de L, suelo ir al aseo que es la puerta de enfrente y, allí puedo recomponerme un poco y hasta terminar de limpiarme delante del espejo. Pues mi marido, en cuanto me ha visto salir, me ha llamado como con urgencia para que fuera al almacén sin pasar por el aseo.
Allí se me ha lanzado a la cara y me ha plantado un beso en la boca con su lengua dentro de la mía, casi como si estuviera buscando algo que hubiese perdido allí dentro. No me disgusta que Andrés haga eso de besarme, claro que no, pero cuando venga a colación… Pero es que jamás nos hemos besado en más de diez años trabajando los dos en el restaurante.
¿Qué podría significar ese gesto? Aunque me costó un par de segundos caer, enseguida vi lo que había pretendido y, la verdad, es que me sonó casi repugnante por lo que se lo recriminé enseguida y luego, más profundamente, ya en nuestra casa.
Luego lo he reflexionado y, por la noche, le he quitado algo de importancia al incidente. Él dice que no lo hizo porque quisiera sentir la humillación de probar el semen del amante de su mujer, directamente de mi boca, como un “acto fallido” de haber querido hacer lo que había hecho yo. Solo de pensar que mi marido podría querer mamarle la polla a L como yo se me levantaron las uñas.
Luego siguió explicándome que tampoco lo hizo porque desconfiara de mí y quisiera comprobar si era verdad que yo le hacía a L las mamadas que desde hacía dos meses yo le contaba, algo menos desde que le dije que había empezado a tragar.
En su disculpa me siguió explicando que comprendía que yo hubiese encontrado esa explicación de la que él no se había dado cuenta y que por eso entendía mi enfado. “De verdad, Sole, que no es nada de eso… Solo lo he hecho porque he notado que tú le das demasiada importancia a ese gesto que a mí me parece natural mientras tú quieras hacerlo…”
Andrés fue esta vez muy detallado en sus argumentos. “No he buscado humillación porque nada de lo que tú haces me produce eso. Y aún menos tengo que desconfiar de ti, que siempre me lo cuentas todo de un modo objetivo y sin exagerar para no hacerme daño”
Me parecía una disculpa a medida para justificarse, pero es que todavía siguió… “Tragar el semen de Luís, un hombre con el que tienes sexo libremente, no tiene que hacerte sentir nada de vergüenza… Ni frente a él ni frente a nadie, aún menos frente a mí”
Él no suele ser muy asertivo y esta vez lo estaba siendo “Al darte mi beso en tu boca, y justo al salir de allí, era solo para demostrarte cómo yo acepto eso que haces como todo lo demás… Y si te gusta hacerlo, quiero que lo disfrutes sin que tengas la más mínima preocupación por lo que yo pueda sentir que ya ves que no es nada negativo”
Empecé a pensar que podía ser que lo sintiera de verdad. “No debe preocuparte eso, Sole, y yo no he buscado ni tampoco he notado ningún sabor diferente… Porque si lo has tragado no ha quedado nada en tu boca… Y el olor, ya sabes que no soy nada bueno con eso de los olores… Solo quería besarte y darte mi apoyo a lo que haces, nada más”.
No sé por qué pero me vino a la mente hacerle una pregunta y se la hice: “Si te dejara estar delante, ¿serías capaz de hacerle una felación a L hasta hacerle eyacular dentro de tu boca”?
Guardó unos segundos de silencio pero luego levantó a la cabeza y me miró a los ojos. “Si es bueno que tú le hagas una felación, no sé porqué podría ser malo si lo hiciera yo, si pudiera ser tan libre como tú… Siendo sincero, solo lo haría si, estando delante, me lo pidierais alguno de vosotros… y siempre, siempre que tú lo aceptaras… “
Me sorprendió su respuesta y no quise dejarlo sin replicarle y le dije que no creía que yo eso lo aceptase nunca para él. “No te he pedido nunca eso, Sole. De estar delante algún día mientras vosotros lo hacéis sería solo para ver sin molestar demasiado… Pero no quiero escaparme de tu pregunta… ¿Recuerdas a Theo, el brasileño del chat?... Él insistía mucho en que te convencería para que yo estuviese delante y que le haríamos una mamada a dos bocas, entre los dos... Por cómo él lo contaba, y sabiendo que era sólo una fantasía… aquello me excitaba… mucho”
Ya no quise seguir con aquella discusión pero yo tenía claro que si aquello se quedó en una fantasía es solo porque yo lo paré. Por mi marido, me habría visto no solo follando con uno, sino con los dos brasileños. Incluso hubiera aceptado que yo lo hubiera hecho mientras él se pajeaba simplemente esperando en la habitación de al lado.
Por si acaso, le terminé recordando que no volviera a hacer eso de besarme en la boca mientras estuviésemos trabajando, al menos no sin que yo también lo buscara.
---------------------------------------
Tarta de queso 26 de octubre de 2020
Ingredientes: 1 paquete galletas “Digestive”, 100 g mantequilla, 1 cucharadita esencia de vainilla, 500 g queso crema, 100 g azúcar, 500 ml nata para montar, 2 sobres de cuajada, 1 sobre gelatina, 1 bote mermelada de fresa o frambuesa
Hace casi dos meses que dejé de escribir pero hoy he vuelto a sentir la necesidad de acercarme a este diario. Ha sido un verano de trabajo intenso, más del que inicialmente podíamos prever con las restricciones del COVID, y se ha alargado al final. Continuando por donde lo dejé, debo reconocer que la relación que mi marido me consiente con L se ha consolidado y ahora quedo con él un día a la semana, ya de modo regular.
Desde hace más de dos meses, la mañana de los lunes hacemos una escapada al mismo hotel, fuera del pueblo, donde podemos estar sin las limitaciones y sin el freno de los otros encuentros que tenemos, y que también siguen casi a diario en el despacho.
Después de seis meses juntos, y a pesar de lo mal que esto empezó, ya disfruto plenamente del sexo con mi jefe, aunque todavía, de vez en cuando, me asaltan muchas incertidumbres sobre lo que hago.
Aunque en todo este tiempo nunca he dejado de “estar” con Andrés, es lógico que la frecuencia de nuestras relaciones de pareja se hayan afectado, así como la intensidad y el entusiasmo de lo que hacemos en la cama.
Hace años que, con dos niños en casa, eso que hacíamos ya estaba de por sí bastante limitado así que estos cambios que están afectando a nuestra pareja en los últimos meses son adicionales.
Y no me gustaría que esto terminara con Andrés sintiéndose apartado por mí y notando esa “carencia”, o mi preferencia por tener sexo con L en vez de con él.
En cambio ahora con L las cosas han ido a más... No voy a ser muy explícita aquí... pero escribirlo, aunque sea para mí, me ayuda a ser consciente de lo que hago y de cómo he evolucionado... Sin contar nuestros encuentros en el despacho para la "contabilidad diaria del restaurante", puede que muy pronto folle más con L que con Andrés.
Y desde luego el apasionamiento y la duración de lo que hacemos solo la mañana de los lunes en el hotel ya es mucho mayor de lo que pueda hacer en toda la semana con mi "complicado y complaciente" marido. Son más de dos horas estando los dos solos y completamente dedicados al sexo.
Podría jurar que para nada pensaba al principio que esto fuera a ocurrir y mucho menos que pudiera funcionar y consolidarse. Que L y yo hayamos llegado a compenetrarnos sexualmente del modo en que lo hacemos era algo completamente inimaginable y sin embargo ahora no puedo negarlo.
Posiblemente haya sido la insistencia de L, y toda la "ayuda" que nos ha prestado Andrés, las que han vuelto a despertar en mí unas ganas por el sexo que empezaba a tener bastante dormidas.
Ahora que, ya pasado el verano, hay menos trabajo de nuevo, L ya está pensando en que nos veamos fuera del restaurante dos veces en semana y, de momento, me he negado a eso. Porque además quiere que sea otra vez en su casa, o en la nuestra, para tener mayor facilidad.
Aun recuerdo la mala experiencia que sentí en su casa. Y meter a L en mi cama de casados me parece un disparate adonde no debo llegar, por muy fácil que pueda resultarnos y por muchas, muchas ganas que tengamos los dos.
Pero tampoco voy a mentirme a mí misma: ahora, no quiero dejarlo... Vaya, que si mi marido no se opone, esto que hago con L me hace sentir muy viva y lo quiero conservar. Es lo que me pide el cuerpo y yo no lo quiero perder.
Puedo disfrutar doblemente al poder estar con ambos, y sentirme doblemente deseada. Si no fuera por las dudas y ciertas dosis de culpa que todavía me asaltan, esta situación que tengo ahora, y hablo desde un punto de vista demasiado egoísta, para mí es sensacional.
Porque mi marido, más allá de sus "gustos especiales" de ahora, o incluso quizás debido a eso, no deja de mirarme con deseo. Y el sexo con él sigue siendo, para mí, igual o más placentero del que teníamos antes, aunque pueda haberse afectado la frecuencia. Andrés siempre ha sido muy bueno con su "don de lenguas" pero ahora veo que le pone un empeño especial.
Pero como sigo con mis dudas, le sigo preguntando regularmente si cree que está bien que yo pueda tener una aventura fuera de nuestro matrimonio cuando él acepta no tener derecho a hacer lo mismo que yo hago ni nada parecido.
Él me sigue respondiendo que, para hacer lo que hago y disponer libremente de mi cuerpo, yo no necesito su permiso. Y además de eso, me insiste en que, por su parte, él sabe bien lo que tiene conmigo y a lo que se ha comprometido "libremente" también. Y que viéndome tan "adaptada" y contenta ahora con L, que siempre que le mantenga informado y que no haya “contaminación emocional”… que todo está bien.
Yo creo que mi marido me ha convertido en su mente en una especie de "heroína" o diosa sexual a la que solo puede satisfacer plenamente dejándome ir con L y haciéndome los "cunnilingus" más excitantes y rabiosos que he recibido en mi vida.
Intento que no pase una semana sin tener sexo completo con él pero es obvio que lo hacemos menos que antes y que su propio placer personal depende cada vez más de su favorable actitud para matarse a pajas. Mientras, yo he ganado en calidad, en cantidad y en variedad de sexo, es obvio decirlo.
Por otra parte, la actitud de L se ha ido haciendo cada vez más segura y explícita conmigo, cada día exigiéndome más. En el hotel, desde el primer día, ambos nos transmutamos en sedientos amantes, locos por follar.
Pero parece que, después de tres meses disfrutando de nuestros largos encuentros de los lunes, habiendo roto los frenos que sobre todo yo me había impuesto, ni siquiera con eso L ya tiene bastante.
Especialmente allí, veo que me trata como si ya fuera solo suya, estando muy seguro de todo lo que puede pedirme y hasta reclamando mi obediencia para que cumpla sus deseos, y casi sus caprichos.
Mi forma de vestir y de comportarme depende cada día más de sus gustos, de lo que espera de mí, de lo que quiere que yo sea para él, y de todo lo que yo debo aceptar hacer, claramente con el fin de complacerle. Hasta ahora yo suelo cumplir con esos "deseos suyos más allá de follar" porque encima, a los dos, ese juego tan morboso nos resulta excitante.
Sus regalos ya están claramente dirigidos solo a nuestros encuentros, ya digo que más intensos y explícitos desde hace unas semanas. "Yo se lo que darle a una zorra caliente como tú"...... "No necesitas más perfumes que el que emana de tu coño cuando vienes a follar conmigo"......"Y en vez de eso... sí que necesitas unas fuertes nalgadas y una buena cuerda para atarte a la cama...".
La forma en que me busca y las cosas que empieza a querer, como esto de atarme, en principio me generan algo de nerviosismo y cautela, pero enseguida me hacen sentirme realmente excitada. Me cuesta aceptarlo pero ahora me gusta sentirme deseada por un hombre con las cosas tan claras, Con sus nuevas exigencias y actitudes, no para de recordarme... a Carlos.
Nada es rutinario con L, y si bien es verdad que llevamos poco tiempo, ya ha conseguido que yo rompa la mayoría de los límites que me había impuesto hasta ahora. Y he redescubierto a su lado sensaciones que creía olvidadas o que nunca había experimentado con nadie en la cama.
Incluso ha despertado un lado de mujer obediente y sumisa que yo no sabía que tenía. Aunque me avergüenza reconocerlo, sentir eso a su lado siempre me pone de lo más caliente y, ahora sí que lo veo, esa fue mi forma de relacionarme todo el tiempo con Carlos.
Por otra parte Andrés, claro que me preocupa. ¿cómo puede seguir aguantando que yo vaya con L tantas semanas ya... y hagamos cada lunes todo lo que queremos?
Ya ni siquiera le cuento al detalle todas las novedades que quizás debería contarle y pienso que, aunque él consiente lo nuestro, no cumplir mi acuerdo con él de mantenerle informado solo es otra forma de engañarlo y de hacerlo ser y sentir aún más cornudo.
Y sin embargo, que yo piense eso y que incluso pueda escribirlo aquí no parece suficiente si luego no trato de remediarlo; y hasta ahora no lo estoy haciendo. Cualquier excusa me resulta buena para justificarme y seguir así con L y sin ni siquiera contarle a mi marido. Me aprovecho de esta situación en la que yo salgo claramente ganando, sin cumplir del todo nuestro acuerdo, y ahora sin ganas de cambiar.
Es cierto que la mayor de estas excusas en las que me amparo para no contarle todo sigue siendo cierta, que mi marido solo aprovecha mis confesiones de lo que yo hago con L para excitarse, alimentando más sus fantasías, para luego pajearse ya casi delante de mí. Aun así, sé que cuando hable de nuevo sobre esto con Andrés, tendré que contarle algo más.
--------------------------
Solomillo en salsa de piñones 11 de febrero de 2021
Ingredientes: 2 solomillos de cerdo, 50 g piñones, 2 dientes de ajo, 1 cucharada de orégano, 1 vaso vino blanco, pimentón, aceite, sal
Hace meses que no escribo nada porque en el fondo no tengo novedades que contar. O porque quizás, después de casi un año de aventura con L, ya ni siquiera me guste mucho reflexionar sobre lo que hago, ni tampoco dejar aquí constancia escrita de eso.
En los últimos meses se ha ido intensificando todo lo que L y yo ya llevábamos meses practicando. Una evolución que pienso que era previsible pero que hasta ahora yo no había querido enfrentar.
Y es que da igual lo que L me haya ido pidiendo hasta ahora, debido a su tenaz insistencia y a mi gusto por complacerle, una vez que consigue que yo ceda en algo nuevo y lo hagamos, veo que pone su objetivo aun un poco más lejos y de nuevo quiere más.
Yo se que, más pronto que tarde, esto puede ser fuente de problemas para mí y tengo que frenarlo.
Antes no quería comparar a L con Andrés y me excusaba en decir que en la cama ambos son distintos pero que me aportan cosas diferentes de las que yo no quiero prescindir. De algún modo, eso justifica lo que hago sin dejar demasiado mal a Andrés.
Ahora puedo ser más sincera conmigo misma. Claro que L folla distinto pero, aunque al principio me oponía a verlo, ahora sé que lo deseo tanto porque eso de follar lo hace mejor que mi marido. O a mí me lo parece, claramente, si comparo lo que siento cuando estoy con cada uno de ellos en la cama.
Entiendo que esto sea así en muchos casos de mujeres que tienen marido y amante, pues de otro modo no se podría comprender que queramos estar con otro hombre sin estar enamoradas...
Me refiero a cuando se trata solo de sexo sin el añadido de otras emociones. Pero estoy segura que, aunque yo sienta eso claramente, no significa que yo quiera irme con L o dejar a mi marido.
También habrá muchos hombres casados que vayan con chicas que follan mejor que sus mujeres o tienen un sexo con ellas más placentero o creativo. Y, solo por eso, no se van con ellas y dejan a sus esposas. Porque casi siempre se trata solo de follar, algo tan rico y tan humano como eso.
Esto de irse con otras mujeres no es el problema de Andrés porque él sabe, y ha aceptado, que esta nueva situación mía que él acepta no es nada simétrica para él ni le da ningún permiso.
Eso lo hablamos muchas veces, sobre todo al principio, mientras yo me debatía en dudas de aceptar responder a las propuestas de sexo con L y él le quitaba toda importancia a los intentos que hacía nuestro jefe. Lo que yo haga con L no le supone ninguna libertad para buscar algo parecido a lo que tengo yo.
Ya se le ocurriría hacerlo cuando sabe que lo tiene totalmente prohibido. Pero bueno, lo que quiero expresar es que aunque me gusta mucho estar con L en la cama, tampoco por eso voy a irme con él, dejando a mi marido.
Por encima de lo bien que me lo paso con mi amanteL siempre va a estar mi familia. El único cambio real respecto de hace casi un año es que ahora pienso que, a pesar de todas mis dudas, esto de estar con dos hombres tan diferentes puede ser compatible.
Con L es fácil compartir largos ratos en la cama porque le pasa como a Fede o a Carlos, son hombres que no dependen de su vigor físico puntual para seguir queriendo sexo. Es su mente la que siempre resulta incansable y casi imposible de terminar de complacer.
Aunque en un momento dado, después de mucho follar, a L le pueda su lógico cansancio, aún sigue con más ganas de probar cosas. Y sabe cómo exigirme para seguir jugando conmigo, y para que yo tenga que hacer lo que me pida.
Consigue que siga viva mi excitación, o por lo menos que no me plantee dejar de obedecerle y, aunque yo también pueda estar cansada, me hace seguir y sentirlo de nuevo... Y lo hago por los dos.
Responder a esas exigencias no es nada nuevo para mí porque es algo a lo que estuve acostumbrada en los cinco años que estuve con Carlos. Aunque entonces lo achacaba a lo enamorada que estaba de él y a mi fogoso aunque tardío despertar al sexo. Y, bueno, a lo mucho que también yo lo disfrutaba, como también veo que me pasa ahora.
Por no decir cómo L sabe motivarme, más bien arrastrarme para cumplir sus deseos y fantasías, en cosas a las que no dejaría ni siquiera plantear a mi marido. Ya habla de tener sexo anal, cosa que yo solo he intentado dos veces antes (con Carlos) y que nunca he conseguido plenamente hasta ahora.
No se refiere a tener un juguetito dentro, que eso sí podría probarlo, sino a tenerme bien ensartada y que los dos podamos estar un buen rato bombeando hasta que él pueda terminar por sentir un orgasmo también de ese modo, algo que me parece inalcanzable. Yo no se lo planteo como una negativa radical pero es algo que apenas me atrae y que no veo que nunca vayamos a conseguirlo.
Y sobre que yo pueda aceptarle cosas a L que directamente negaría a mi marido, no es que quiera compararlo con Andrés, pero ahora con L me sale natural hacerlo. Aunque a veces necesito algo de tiempo, L ha sabido tener conmigo paciencia desde el principio y al final siempre se sale con la suya.
Quizás solo sea otra forma más de justificarme ante mí misma el porqué sigo adelante con esta aventura. Pero, es obvio que, además de lo placentera que me resulta, también tiene muchos riesgos.
Mi marido es más cariñoso, me siento bien con él y muchas veces también necesito sentir eso. Y sentirlo, no solo porque noto que tenemos un proyecto común, tenerlo a él a mi lado como mi marido, sino también cuando estamos en la cama, por eso lo seguimos haciendo.
En cambio, L me trata como Carlos, o como el poco tiempo que estuve con Fede. Sabe engullirme dentro de una tormenta de sensaciones y de sexo, en la que no hay muchos sentimientos, pero en la que siempre termino muy mojada… y cediendo.
Con Andrés puedo decir siempre con claridad lo que yo quiero y lo que no quiero hacer, incluso pedirle algo que quiera, cada vez con mayor determinación, como que en vez de follar que me haga “cunnilingus”. En cambio, con L se que tengo que estar preparada para ir donde él me quiera llevar. Y solo será cuestión de su insistencia y algo de tiempo, terminar por aceptar todo lo nuevo que él me exija.
No se trata de obedecerle ciegamente sin más, eso casi no tendría gracia porque anularía todo el juego. Aún puedo negarme a muchas cosas, claro que lo hago. Pero, como al principio, su tenacidad es mayor que mi capacidad de resistencia, veo que lo que yo voy consiguiendo es solo, como mucho, retrasarle y ganar algo de tiempo.
No niego que, aunque haya cosas que puedan excitarme, preferiría dejarlas en el plano de las fantasías, como cuando habla de que tenemos que planificar una escapada, pasar juntos un fin de semana en Sevilla o en Córdoba, incluso me habla de irnos a Madrid. Me parece un salto demasiado grande, pasar una o varias noches fuera de casa, dejando atrás hasta a mis hijos, solo para tener sexo con él.
Porque aceptar sin más todo lo que me pida L, me refiero a cosas así, o tratar de complacerlo en todo, sé que puede terminar siendo negativo para mí. Porque me hará hacer cosas que yo no quiero, aunque puedan parecerme y yo las sienta como muy excitantes. Eso ya lo viví con Carlos y terminé realmente saciada, casi hastiada de sexo, porque él parecía imposible de satisfacer.
Aunque tampoco puedo estar segura de si todo aquello que yo hice por satisfacer las demandas de Carlos, y que me pudo resultar muchas veces excesivo, fue lo que hizo que al final me quedara tan vacía.
O si más bien los motivos reales que me llevaron a romper con él, a pesar de lo que yo todavía sentía, fueron sus continuas infidelidades de los últimos meses, y su absoluta alergia a comprometerse en una relación más seria conmigo.
Tengo que reconocerme a mí misma que la situación que tengo con L es muy distinta a la que tuve con Carlos. Porque ahora no hay otro sentimiento que nos una, más allá de lo rico que es el sexo y todo lo que lo acompaña.
Pero justo por eso, este sexo que ahora comparto con L también es algo que me gustaría conservar, si veo que sigue sin afectarme negativamente ni a mí, ni a mi matrimonio con Andrés, o a mi familia.
No puedo olvidar que, en todo este año, mi marido ha estado dándome su apoyo y que, si bien hasta ahora no ha dejado de ayudarme, podría cambiar de actitud y obligarme a hacer cambios importantes en un futuro. A pesar de lo que pienso ahora, creo que dejaría la relación con L si él me lo pidiera, o incluso si yo veo que a Andrés le sienta mal.
Por eso soy consciente que, si ahora no quiero perder esto, debo mantener la cabeza fría todo lo que pueda y prever los problemas o las consecuencias negativas que se puedan presentar. Pues si L y yo nos abandonamos sin más a una loca aventura sin frenos, olvidando todos los riesgos que existen, puede hacernos terminar bastante mal. Y al menos eso no es lo que yo quiero.
----------------------
Lubina a la sal 15 de mayo de 2021
Ingredientes: Lubina, sal, eneldo
Hoy es de los días que siento que debo reflexionar sobre lo que hago. Y como mi mente no para de dar vueltas y no se aclara del todo, he vuelto a este diario a ver si lo consigo escribiendo.
Si bien al principio me costó mucho aceptar la mera idea de tener algo con L, las condiciones que se dieron con el COVID hicieron que, aunque bastante despacio, esa relación terminara de despegar mientras se iba llenando de sexo. Luego noté que hemos ido mucho más rápido en esta segunda parte del año que llevo de relación con L.
Eso me reafirma en que no puedo hacerles caso del todo ni a él ni a Andrés y que debo ser yo misma, mientras pueda, la que siga manteniendo el control de lo que hago, de todos los límites que voy superando, y de hasta dónde yo querría llegar.
Desde después de Navidad, L me venía insistiendo en que le acompañara a la feria del vino del Puerto de Santa María donde suele ir cada dos años para negociar algunas compras con las bodegas.
Al principio me pareció casi una broma pero luego me hizo ver que iba en serio porque le apetecía mucho que pasásemos una noche entera juntos y fuera del pueblo.
Como yo le puse varias pegas y le iba retrasando la respuesta, no se le ocurre otra cosa, hace como un mes, que hablar directamente con Andrés sobre eso. Por si fuera mi marido quien se estuviera negando a permitirme el viaje, y en caso de ser así, ver si hablando con él, podía convencerlo.
Ambos saben que les tengo prohibido que hablen entre ellos sobre mí y sobre estos asuntos, pero al menos Andrés luego me contó de lo que ellos habían hablado en esa conversación.
Para atraerse a mi marido, primero le habló de una posible subida de su plus de jefe de camareros, cargo para el que lo propuso hace unos cinco meses, mira qué casualidad.
Luego L le comentó que aunque pasásemos una noche fuera, que no sería muy distinto de lo que ya hacemos en el hotel cada lunes, porque esta vez la mayor parte del tiempo, él tendría que dedicarlo a los negocios.
Andrés le dijo enseguida que ni él era el problema para que hiciéramos el viaje, ni tampoco era con quién tenía que hablarlo sino que tendría que hacerlo directamente conmigo. "Tienes que hablarlo con Sole porque no es conmigo sino con ella con quien te quieres acostar y pasar toda esa noche".
Creo que no eran necesarias tantas explicaciones pero esta vez mi marido ha actuado bien. Y en el fondo lo que no tengo tan claro es si debo aceptar ir a El Puerto sin conocer las intenciones reales de L. Y empiezo a sospechar si lo que busca no es pasearme como su puta para presumir entre sus amigos de las bodegas y ante los dueños de otros restaurantes.
Al día siguiente busqué a L para recriminarle que hubiera hablado con Andrés sin mi permiso. Como no se disculpó, me vi fuerte para seguir negándome al viaje, por no tener claro lo que buscaba él, y advirtiéndole de que yo no iría si lo que pretendía era llevarme solo como su puta. La verdad es que luego me sorprendió su respuesta.
- "Mira, Sole, si te vienes conmigo a El Puerto no sé si te verán como mi puta o como mi zorra o yo que sé... pero lo cierto es que casi siempre te comportas como eso y hasta ahora no te he visto preocuparte... Seguro que como no podrán verte es como mi novia o mi esposa porque eso sí que no lo eres... Y como claro que pretendo que podamos salir a cenar y no estar todo el rato encerrados follando como hacemos los lunes, puede que alguien te vea simplemente como mi acompañante..."
Me di cuenta que me había pasado en mis prejuicios sobre L. Como él también notó lo callada que me había dejado, aprovechó para seguir con su respuesta...
"Lo más que podrían decir los que me conocen es que eres una mujer a la que he elegido para estar en la feria conmigo, posiblemente mi última conquista por la que algunos hasta me podrían envidiar...Y respecto de tu marido, no le criticaré por ser tan complaciente con todo lo que hacemos pero si tú no me das la respuesta que te pido no está tan fuera de lo normal que yo haya recurrido a él... Porque quiero que hagamos ese viaje y que lo pasemos muy bien... pero para eso tengo que programarlo con tiempo..."
No me quedó más remedio que decirle que al día siguiente le respondería sobre si iría o no iría al viaje. Esa misma noche lo hablé con Andrés que casi me aconsejó que lo hiciera.
-"A ver, Sole, no llega ni a 48 horas... y puede venirte hasta bien romper un par de días la rutina del trabajo, de la casa y los niños... Si algunos lunes cuando vuelves del hotel pareces otra de lo radiante que vienes, si decidieras ir, yo ya quiero verte a la vuelta, después de vivir esa nueva experiencia porque seguro que la vas a disfrutar..."
Había prometido a L que al día siguiente le daría una respuesta y, con poco entusiasmo, le dije que podríamos probar. Era cierto que comportarme como su puta cuando estábamos a solas en el hotel y en su despacho resultaba muy excitante, también para mí. Pero no estaba preparada para hacerlo delante de personas que pudieran conocerle.
Pasaban las semanas y, conforme se acercaba el día de salir, crecieron mis dudas más que tender a desvanecerse como había vaticinado mi marido. Hubo momentos en que me puse muy nerviosa, como cuando tuve que mentir a mis padres y a mis hijos preparando la coartada por mi ausencia, o haciendo el equipaje lleno de ropa sexy y de algunos de los últimos "regalos" de L, evitando que los niños se acercaran a olisquear en la maleta.
Y me hizo vacilar mucho cuando subí a nuestro coche y fue el propio Andrés el que me acercó a las afueras del pueblo al punto convenido donde L me esperaba.
Ver a mi marido metiendo mi maleta en el coche de L, oírlos saludarse aunque fuese más fríamente que de costumbre, y entrar yo misma en el coche de nuestro jefe para pasar dos días con él fueron momentos en que casi se me sale el corazón por la boca.
Menos mal que Andrés, junto con su pacato beso de despedida en mi mejilla, puso como siempre su contrapunto de "normalidad"...
- "Venga y pasadlo muy bien… Y ni se te ocurra pensar en lo que te dejas atrás porque pronto estarás de nuevo en casas... Sabes que pensaré mucho en vosotr... en ti...pero que todos nosotros estaremos bien..."
Cuando yo ya estaba dentro, L se dirigió a Andrés y le dijo algo así como que esperara porque tenía que darle algo. Subió al coche, puso su mano en mi muslo y me ordenó que me quitase las bragas que llevaba.
Lo había hecho tantas veces en los últimos meses, camino del hotel de los lunes, que me pareció hasta natural a pesar de lo nerviosa que estaba y de que mi marido todavía estaba fuera esperando.
L cogió mis bragas en su mano, las olió como hace casi siempre y las metió en una bolsa como de regalo que tenía preparada. A continuación salió del coche con la bolsa en la mano para dársela a Andrés, casi sin mediar palabra.
Enseguida volvió a subirse y, ahora así, arrancó el coche rumbo a El Puerto mientras yo miraba a mi marido por el retrovisor quedarse muy atrás, y muy desconcertado.
- "¿Era necesario eso? Imagina al pobrecillo lo que puede estar sintiendo..."
- "Ni pobrecillo ni narices... Le he dicho que guardara la bolsa... "Es algo que Sole no va a necesitar hasta la vuelta pero que quizás que él sí podría darle uso"...
Al explicarme lo que acababa de hacer, me habló en un tono parecido... "Así no se la despelleja, jajaja, porque, como tú misma reconoces, en estos dos días, tu maridito va a matarse a pajas...jajaja…"
- "No sé si quiero hacer esto así..."
- "Claro que no... La próxima vez igual eres tú misma la que querrás pasarlas por su nariz y luego ponérselas en su mano, sin bolsita ni nada, jajaja"
Mientras decía eso, L puso una mano en mi muslo, subió un poco mi falda y me dio un buen pellizco.
- "Creo que debes ir más despacio con el coche... y frenar también con esto… que tiempo no te ha de faltar... ¿Y hacía falta que me trataras peor que a una puta... y hacerlo delante de mi marido?"
- "No te hagas la estrecha que lo estás deseando más que yo... Y sí, cuando estás conmigo, solo debes comportarte como mi puta… porque ahora eres eso..."
- "Es la primera vez que él ve eso...que me tratas… así"
- "Seguro que le has contado cómo lo hacemos y no puede aguantarse sin machacársela... Posiblemente ahora mismo.. ¿Qué crees que está haciendo?, jajaja... Anda, ponle un WhatsApp y que él mismo te lo diga...
Le pregunté si lo decía de verdad y su respuesta no pudo ser más clara…
- "Vamos, escríbele al cornudo y comprueba tu misma lo "enfadado" que está... si ha abierto la bolsa, jajaja... Y seguro que muy "arrepentido" también... Ya lo ves, jajaja,...por verte venir conmigo, jajaja... Si es que se lo puedes preguntar tú misma, jajaja..."
- "Diga mi marido lo que me diga, te admito esto porque ya lo has hecho, y porque es una situación muy excepcional. Pero de modo habitual no quiero que vuelvas a hacer eso con Andrés... ni siquiera un poquito parecido..."
- "Todavía puedo dar la vuelta y llevarte a casa, zorrita, jajaja. Pero ninguno de los tres queremos cambiar de planes, ¿verdad?"
Ante el rumbo de sus palabras, no encontré mejor remedio que callarme, porque cuanto más alargase yo la conversación, vi enseguida que más subiría L la apuesta, por lo menos verbalmente.
Y ahora me cuesta reconocerlo, pero llevaba razón cuando decía que yo, de algún modo, también deseaba ese trato duro y exigente. Y si mi marido consentía ser cornudo, yo no podría estar siempre para protegerle...
Así que aproveché mi silencio para reflexionar y decidí escribir un WhatsApp a Andrés, suponiendo que ya habría visto el contenido de la bolsa, incluso antes de llegar para abrir el restaurante. Porque, mientras nosotros estábamos de viaje... él tendría que trabajar y suplir nuestros puestos.
Le pregunté si le había molestado lo que había hecho L, algo que no me había gustado y de lo que yo no estaba enterada... Y si todavía estaba seguro de querer esto... que no pasaba nada... incluso si me pedía que diéramos la vuelta...
Su respuesta fue breve y me ayudó a tranquilizarme, como hace casi siempre. "Lo de L ha sido solo una broma sin importancia... Y por aquí, todo sigue bien... Un beso..."
Cuando empecé a relajarme, sonó la campanita del WhatsApp y de nuevo era él.
"Gracias de verdad por el detalle que habéis tenido... Llevando tu olor conmigo va a hacer todavía mas difícil no pensar en ti... pero sabes que esto es algo que yo estaba deseando". Luego seguían unos emojis de besos y corazones, caritas sonrientes y hasta un GIF de un rostro gracioso pidiendo guardar silencio con un dedo cerrando sus labios.
Definitivamente mi marido seguía normalizando toda esta "situación", de la que abominaría sin pensar la mayoría de los hombres. Yo tendría que volver a centrarme y pensar en mi misma y en todo lo que hago, pues nadie más lo haría por mí, intentando no tener nunca un problema con las posibles consecuencias.
Tras este breve intercambio de mensajes con Andrés, casi toda esa ansiedad que tenía antes de salir fue cediendo poco a poco y terminó casi desapareciendo por completo cuando apenas habíamos recorrido unos diez kilómetros y yo ya tenía otras cosas de las que preocuparme. Las manos insolentes de L empezaban a no darme respiro, incluso aun dentro del coche, y ya no me dejaban pensar.
En poco más de 90 minutos llegamos a nuestro destino y enseguida decidimos ducharnos antes de salir. Como el espacio era grande, pudimos ducharnos juntos y hasta compartir bajo el agua momentos muy picantes, lo que fue muy agradable pero que contribuyó a aumentar nuestras ganas. Sabiendo que no sería posible estar de nuevo juntos hasta bien entrada la noche.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Detrás del culo de mi mujer 2
Mientras ella se pinta los labios y elige su ropa, él ya sabe que no volverá sola. Atado en el salón, su mente viaja a la discoteca donde la verán…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Historia de Eva- 4
La puerta se abre y el mundo que construimos a escondidas se derrumba en la sala de estar. Carlos no viene solo; trae consigo la confirmación de que…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Vicios de una gata lujuriosa
La oficina se vacía, pero la reunión apenas comienza. Pablo tiene un reto para ella: servir champagne y someterse a la lujuria de sus socios mientras…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveCuckold
- Hetero: Infidelidad
Hiciste enojar a tu jefe
Conduce, que no quiero llegar tarde. Tu jefe está furioso y, como siempre, se desquitará conmigo.
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave
- Hetero: Infidelidad
Crónica cornuda
Carlos sabe que su esposa pertenece a otro mundo, uno donde ella manda y él obedece. Pero cuando su joven jefe entra en escena, la línea entre la…
Comparte:Infidelidad consentidaBdsm suaveFetichismo ropa
- Hetero: Infidelidad
Rendición y Deseo. Capítulo 4
Laura sabe que Daniel necesita ser dominado, pero ella necesita ser desafiada. Cuando invita a Iván a cenar, la línea entre anfitrión y invitado se…
Comparte:Infidelidad consentidaCuckoldBdsm suave