Una Buena Ocasión 10
La directora creía que era ella quien tenía el control, pero al cruzar la puerta de su casa, descubrió que el joven que tenía enfrente no era un alumno, sino su nuevo amo. Y en la casa de al lado, el silencio de la noche solo se rompería con los gemidos que nadie debía escuchar.
Una buena ocasión 10
(La directora se somete, y Sumía teme mis planes, en su casa y con su deseada madre)
Sumía estaba preciosa al sol, con su ropa gótica y su sonrisa de bien folláda. Con un pie sobre mi pierna charlábamos, y decidimos faltar a clases el día siguiente, para ir a ver a mi cuerpo real. Reíamos de lo loco que era todo, y me dijo:
-Pero que no te vea, a Damián le da algo ¡jajaja!
-No, ya lo he pensado, además quiero ir a casa a por pasta, asi te podré comprar más trapitos de estos que tanto me ponen.- le dije sacándole una sonrisa y mandándome un beso al aire.
-También me podrás enseñar tu cama, tu ducha, ya sabes.- me dijo frotando mi polla con su pie.
-Si, si, ya lo había pensado.- le dije apartándole el pie con ella riendo.
Le recordé la cita en casa con la directora, y la deje en su casa con sus garras sin dejarme ir, p pidiéndome que subiera con ella “a darme una cosa”. La cabrona casi me convence con sus artimañas, que sabía que me ponían a mil. Pero logre escapar, con ella mirándome con cara de pena.
Llegué a casa y me di una ducha rápida, quedando en pantalón corto sin nada debajo, y una camiseta que ya me quedaba algo ceñida, pero no demasiado. Prepare café, calenté agua por si quería té, y espere su llegada recordando la escena con las chicas y Fermín.
-¡Hola Sandra! Que guapa con el pelo suelto.- le dije al abrir la puerta y verla un poco cambiada por ir sin moño ni coleta, pero con su ropa hortera igual.
Entró, y enseguida se dio cuenta de lo que se temia. Se paro en la entrada, y me pregunto:
-¿Y tus padres? Tampoco puedo estar a solas contigo aquí.- me dijo notando su coñito protestarle.
-Has llegado pronto, estarán al caer, no te preocupes. ¿dos besos no?.- le dije cogiéndole de la cintura mientras cerraba la puerta, y su coñito se le abría mojándose.
Sandra me correspondió, notando mis besos muy cerca de la boca y mi mano en su cintura apretársela suavemente, algo descarada.
-¡Ay! Si perdona.- me dijo después de los besos excusándose, y con algo de coloretes.
-Pasa y siéntate ¿café o té?.- le dije bajando mi mano de su cintura al principio de su culo mientras le acompañaba al salón.
-Café con un chorrito de leche, gracias.- me dijo sin saber dónde sentarse, sabiendo claramente donde se estaba metiendo.
Pero no podía irse, no podía huir sin parecer una loca. Igual vienen y estoy paranoica, pensaba sentada en el sofá de una plaza, de los que había a cada lado del grande de cuatro plazas.
Pero me vio llegar con los cafés, se fijó claramente en mi polla danzar libre bajo el pantalón al acercarme sonriéndole. No recordaba la última polla que había visto, y la mía le pareció muy grande, y estaba en reposo, pensó, quitándoselo de la cabeza enseguida.
Y al sentarme en el sofá grande, vio claramente que llegaba a ella sin problemas.
-Cuéntame ¿estas casada, en pareja? No sé, explícame algo de ti. Tú lo sabes todo de mi.- le dije dejándola desconcertada.
-¡Jajaja! nada, nada, soltera y muy agusto.- me dijo riendo por la sorpresa de mi pregunta, con sus piernas cruzadas con una falda de tubo gris, bastante hortera, pero era su uniforme.
-El pelo asi me encanta, pero has venido con el uniforme. Pensaba que serias buena, y vendrías de calle.- le dije tirando de su falda, y fijándome en lo feas que son las medias color carne.
-Esto es trabajo, no puedo venir de calle, lo siento.- me dijo poniendo bien su falda con una sonrisa nerviosa y tímida.
-No entiendo a quien se le ocurrió la idea de esas medias. Igual son para taparse, las que no se depilan ¡jajaja!- reímos los dos, con ella mirándoselas.
-¡Jajaja! puede ser.- me decía sintiendo que iba a por ella, cada vez más cerca sentado en el borde del sofá con mi café en la otra mano.
Se hizo un silencio, y ella empezaba a temblar viendo como la miraba. Quería sacar un tema de conversación, pero su cabeza no pensaba en otra cosa que no fuera, el saber que le haría.
-Creo que la ropa de Berta te valdría, te quedará holgada, pero te hará el apaño.- le dije rompiendo el silencio.
-¡Jajaja! ese si sería un cambio de look.- me dijo pensando en que yo seguía hablando de su forma de vestir.
Acabe mi café, me levante y me fui mirandola a los ojos tras su sofá. Me siguio con los ojos, cambiando de sonreír, a una cara de sorpresa. Y vio como le quitaba las gafitas redondas, le subia los brazos, se los apresaba con una mano, y le empezaba a romper los botones de la blusa lentamente, pero con firmeza. Enseguida vi sus pechitos saltar cada vez que se rompía uno, y le dije:
-Pensaba que no vendrías, veras que merienda te voy a dar.
-¡¿Qué haces Damián?! ¡Suéltame ahora mismo!.- me dijo intentando liberarse.
-¡Plash! ¡Plash! ¡Plash! ¡Plash!.- sonaron dos azotes en cada pequeño pecho, que les hizo saltar sobre el sujetador, quedando a mi vista. Ella dejo de hablar de golpe, pero aún se intentaba escapar de mi mano.
Me escupí en la palma de la mano y la llevé a uno de sus pechitos rojos como tomates. Soltó un pequeño gemido de sorpresa, se lo amasaba y le repartía la saliva mientras le frotaba el pezoncito que ya estaba como un tempano.
-Damián, te estas metiendo en un lio, suéltame ahora y no diré nada. - me dijo respirando agitada, dejando de forcejear y moviéndose para evitar lo que sentía en sus pechos.
-¡Plash! ¡Plash! mejor sigo, y yo no diré nada.- le dije dándole dos bofetadas más a sus pechos, y viendo cómo se mordía los labios del dolor.
Volví a escupirme en la palma y a mojarle el otro, jugando con el pezoncito y admirando lo que había creado. Ahora brillaban rojos, y los pezones habían quedado apuntando más hacia arriba. Ella resoplaba con los labios mordidos, porque no podía hablar, si abría la boca soltaría un largo gemido, del goce que sentía en sus pechitos recién resucitados. Y también recibiría otros dos azotes.
-Que preciosidad, ya sabía yo que eran preciosos. Pero mira ahora, están geniales, ¡y vivos!. - le dije orgulloso de mi obra, con ella mirándoselos, y abriendo los ojos de cómo se los había dejado.
Le doble los brazos y se los aprese contra el respaldo del sofá con las piernas. Intento escapar un instante, pero vio alzarse mi mano y se lo pensó mejor. Ahora le bajaba con las manos por su cuello, y ella se miraba los pechos brillantes y rojos. Vio como los esquivaba y llegaba a su falda.
-Damián, no, por favor.- me dijo con tono temeroso.
Subí a sus pechos y le apresé los pezones, estirándolos y retorciéndolos suavemente, mientras le decía:
-Vas bien, muy bien, déjame trabajar.- y se volvió a morder el labio con un gesto de dolor y miedo, pero sus pequeños pezones me dijeron lo contrario, y ella cerro las piernas con fuerza. Algo pasaba en su coñito, que no podía reprimir.
Ahora estaban más alargados, los froté con los dedos con suavidad, amasándole otra vez los pechitos, y seguí mi paseo con mis manos por su pequeño cuerpo. Su barriga, sus costados, bajando a la falda otra vez.
Sandra no podía más, tenía el coñito palpitándole y empapado al ritmo de sus pechos. Temia cuando llegara a él y lo viera tan agradecido de lo que le estaba haciendo. No lo podía creer, el joven descarado se estaba aprovechando de ella, pero de una forma que le estaba poniendo a mil, a cada nuevo “gesto” hacia su cuerpo. Cada vez le costaba más mantenerse firme, y no soltar gemidos y respirar más desahogada.
Llegue a la cremallera de la falda, a un costado, y al intentar impedir que se la quitara, me ayudo y bajo la cremallera de golpe, con mi dedo gordo colándose en el hueco y mi otra mano ayudando para bajarle la falda junto a sus bragas de cuello alto. En un momento quedo levantada del culo y le aprete con las piernas en los brazos para que no resbalara al suelo, intentándose escapar sin muchas ganas.
Casi se escapa, pero mi mano atrapó la buena mata de pelo con bastantes canas de su chochito, y tirando de ellos, soltó un gritito y se volvió a sentar bien en el sofá, guiada por mi mano de ese horrendo felpudo viejo.
-¡Quieta, joder! Madre mía, ¿te has traído al gato? ¡jajaja! menuda pelambrera, joder.- le dije viendo como dejaba de mirar mi mano cogida a sus pelos, y giraba la cabeza avergonzada.
-¡Mmmmh! ¡Aaaaaah! ¡Aaaaaah! ¡Basta! ¡Basta! ¡Aaaaaah! ¡Ooooojj!.- me dijo después de soltar unos fuertes gemidos, corriéndose sin remedio, en cuanto noto mis dedos explorar entre sus labios.
-Goza, suéltalo. Asi, asi, muévete tú, y descarga agusto.- le decía lamiéndole el cuello con su cabeza de lado, arañándole el torso, y ella gozando del orgasmo que ya sabía que estaba a punto de venirle, antes de bajarle la falda.
Se movía lentamente con la pelvis arriba y abajo, notando mis dedos en su botoncito, sus labios y su entrada. Gemía en voz baja y el orgasmo fue largo.
Ya no estaba atrapada por mis piernas, bajaba por su cuello a sus pechos con mi lengua, Apoyándome en el reposabrazos con el otro brazo, y se delato al notar que llegaba a uno de sus pechos, echándose hacia delante y ofreciéndomelo, mirando como abría la boca y lo sorbia entero.
-¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡déjame ya! ¡Mmmmh! ¡Ooooojj! ¡Ooooojj! ¡No! ¡No los metas! ¡Ooooojj! ¡Ooooojj! ¡Mmmmh! ¡Oooooh! ¡Oooooh!.- me dijo soltando gemidos fuertes e intentando que no le entraran los dos dedos que la empezaban a violar el coñito empapado, cerrando las piernas, ya tarde. Notaba como le chupaba el pecho entero y le frotaba la lengua en su pezón, y tampoco le habían dado placer en dos sitios a la vez, o ya no lo recordaba.
Pero dejo de protestar enseguida, se abrió más de piernas y gozaba como nunca en su vida. Notaba mis largos dedos entrarle y moverse, con mi boca dándole otro nuevo placer en sus pechos. Gemía y se iba dejando someter a placer, con mi boca soltando el pecho con un sonoro ruido de ventosa, darle dos o tres pasadas con la lengua al pezón, y cambiando al otro, que también me ofreció sin darse cuenta.
Me baje los pantalones, me los quite con los pies, y mi polla choco con el respaldo del sofá. Me puse a su lado, y no se dio ni cuenta, levanté una pierna y apoyé la rodilla en el reposabrazos, dándole en la cara con la polla. Salió de su nube de placer, y la miró con los ojos muy abiertos, negando con la cabeza. Mi otra mano en su coñito paro, y le dije:
-Chupa, caniche. A partir de ahora serás mi perrita caniche, abre la boca y chupa. ¡Plof! ¡Plof! ¡Plof! ¡Plof! ¡Plof!. - le dije antes de follarle el coñito hasta el fondo, bastante rápido, haciendo dar palmadas con su coñito empapado, y ella arquearse sorprendida. Con sus tetitas brillantes danzando arriba y abajo entre jadeos silenciosos.
Pero asi dejo de negarse, y abrió la boca a la quinta penetración, chupándomela, con la boca ardiendo de lo cachonda que iba la señora directora.
-¡Mmmh! bien, bien, pero ve a mi ritmo. Se acaba el tiempo, caniche ¡Mmmh! ¡Ooojj! Asi, asi ¡Mmmmh! como ardes, lo estas pasando bien ¿verdad, caniche? ¡Mmmh! ¡Ooojj! Asi, asi, ya veo que estas otra vez ¡Mmmh! lo noto.- le decía gozando de la boca más caliente que me la chupaba en años, y esmerándose al buen ritmo que le follaba yo con los dedos.
Explotó otra vez sin ninguna vergüenza, intentando sacársela de la boca para respirar, pero le agarré de los pelos y seguí yo. Dejando que se moviera a su gusto con mis dedos juguetones enteros dentro y su juego de caderas para buscar más placer de otro orgasmo. Gemía y resoplaba por la nariz, sin saber si concentrarse en su orgasmo, los dedos removiéndose en su interior, el dedo gordo frotando su botoncito, o en la folláda de boca que le estaba pegando, cada vez más rápida. Saltaba con su pelvis y sus pechitos danzaban arriba y abajo otra vez, y luego a un lado y al otro.
La deje acabar de correrse, y no tardo en empezar a ayudarme con la folláda de boca. Le entraba algo ya por la garganta y le parecía algo muy placentero, ella misma la abría para dejar paso a más polla, moviendo la lengua y rodeándola. No se creía que una polla en la boca le provocara placer, e instintivamente me lo agradecía. Con mis dedos en su coñito saliendo y acariciándole el monte de venus.
Miré el reloj, y no quedaba mucho tiempo, me dio rabia pero le dije:
- ¡Mmh! hoy me quedo sin follarte, pero tú te llevas la merienda, sigue asi perrita, sigue y trágatela toda ¡Mmmh! ¡Mmmh!.- le dije gozando de su entrega y buena disposición, viendo ahora un brillo en sus ojos rojos.
No tarde en descargar en su garganta, ella tragaba y se dejaba follar pareciendo una experta. La guiaba a mi gusto y le amasaba los pechitos empapados de su saliva y gozando. Se sobresaltó al oírme gemir agradecido, notando la lefa inundándole la garganta. Pero trago y chupó con esmero, y esa lengua juguetona de la que me di cuenta.
Al final la solté y me puse delante de ella, que se limpiaba las babas y la lefa que se le habían escapado. Me miraba con cara de digna, pero no decía nada. Sabia que sus movimientos de pelvis y esas piernas cerradas eran una señal, y ¿qué menos? que agradecerle la buena folláda de boca que había aprendido tan bien.
Cuando me vio agacharme entre sus piernas, abrió los ojos negando otra vez, intento que no le abriera las piernas, pero no sabía en ese instante, si le habían comido el coñito alguna vez. Y no opuso apenas resistencia. Se miraba el torso empapado, los pezones más gruesos y estirados que había tenido nunca, y noto mi boca sorber sus labios. Levantó los brazos, agarrándose al respaldo, y se abrió más de piernas, acercándose ella a mi boca y soltando un gemido de sorpresa.
-¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡por favor! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡para ya! ¡Aaaaah!. - gemía escandalosamente notando como le sorbia de arriba abajo su viejo coñito y se lo dejaba seco, y se volvía a correr pensando que se hacía pis. Pero no, al segundo espasmo supo que su coñito le vibraba de placer, y se me pego más con su pelvis. Mientras, tenía que apartar la mata de pelos con una mano, y con la otra le recorría el cuerpo arañándole y estirándole los pezones más fuertemente esta vez.
La deje bien seca, mirándonos a los ojos. Me levanté, y me miro otra vez con miedo, pero me miraba seria y digna, aunque sus ojos la delataban. Quería que se la metiera, recordó vagamente el último polvo, pero mantuvo su poca dignidad que le quedaba. Y yo le dije:
-La próxima reunión, la planeo yo en tu casa. Más vale que te quites este gato ¿queda claro, caniche? Lo quiero bien cortito, o afeitado, lo que prefieras. - le ordené cogiéndole de los pelos, y se quedó un segundo mirándome, levantando la pelvis con sus pobres pelos cogidos, pero asintió.
Le llevé a mi polla, y le dije viendo como abría la boca con iniciativa:
-Ahora límpiamela tú. Como me jode no poder clavártela en este coñito resucitado. Seguro que está muy cerradito, y gritas agradecida, como una colegiala- y mi mano se lo acaricio con mimo, como a un gato.
Chupaba y sorbia haciendo ruidos, la baje a mis pelotas y también las seco, pero esto no lo hacía igual que dejarse follar la boca. Yo admiraba mi obra, viendo su pecho entero empapado de sus babas al follarle la boca, con las dos tetitas aún rojas. Pero lo logró, me la dejo impecable, y la solté diciéndole:
-Ahora te bajo una camiseta de Berta, esa me la quedo de recuerdo.- le dije, yendo a buscar mi pantalón y poniéndomelo con ella viendo su camisa rota por los botones.
Se la quito y se secó la cara y el cuerpo con ella, se puso bien el sujetador mojado. Pensando en que debería salir a la calle a pedir auxilio, pero todo su ser le decía que no. Que ahora era mía.
Subí a la habitación de Berta y ella se puso su falda hortera, notando sus piernas temblorosas, sus pechos ardiendo y su coñito palpitar otra vez vivos. Sonrió al ver que estaba sola, y se vio reflejada en el cristal de un cuadro en la pared, sabiendo que había empezado algo entre nosotros que le encantaba.
Cuando baje seguía de pie delante del sofá, me miraba algo temerosa al ver mi polla morcillona. La verdad es qué igual un polvo rápido se lo habría podido pegar, pero prefería hacerlo bien, con ese pobre coñito, que seguro que estaba muy, muy cerradito.
-Toma, ponte esta. Y date la vuelta, quiero ver que culito gastas.- le dije dándole la camiseta y girándola.
Dio un saltito al notar mis dos manos apresarle el pequeño, pero aún duro culito. Se ponía la camiseta corta a media barriga, y se mordía otra vez los labios al notar el empeño de mis manos en su culo. Con la falda costaba un poco apreciarlo, y cuando notaba que le abría los cachetes, saltaba al sentir algo nuevo también, notando sus bragas entrar en sus partes, metiéndose en la raja del culo también, con tanto magreo. Jamás le habían sobado el culo como se lo estaba haciendo yo ahora.
Noto mi boca en su cuello, los mordiscos, y le recorrí el cuerpo hacia arriba hasta sus pechos. Me empezaba a calentar, solo tenía que apoyarla en el sofá y ver cuanta polla le entraba. Notaba mi boca y mi respiración agitarse, y ella también respiraba igual, pensando lo mismo, pero no había tiempo.
-¡Oooooh! ¡Mmmmh! ¿me puedo ir ya? Dijiste quince minutos, Damián. Nos pueden pillar- me dijo gozando de mis mordiscos y mis manos otra vez amasándole los pechitos bajo la camiseta.
-Si, bésame y vete. Te mandare día y hora para seguir. Pero luego te creas una nueva cuenta de correo, mejor llevar esto aparte. Ponte el nombre que te he dado en esa cuenta. - le expliqué soltándola y viendo su cara de cachonda.
Me asintió, y me dio un beso en los labios. Pero le cogí de la cabeza y le meti la lengua en esa boca ardiente, y la pobre intento recordar cómo se besaba. Pero al final lo hizo bien, y se empezó a retirar de mi polla que le empujaba la barriga.
-Vete ya, caniche. Y nada de tocarte tu sola, ahora eres mía y me tendrás que pedir permiso. Joder que ganas de clavártela y verte la cara, ¡vete ya!.-le grite aguantando la risa, con la polla casi empalmada, y ella yéndose, asintiendo nerviosa.
Se cerró la puerta, y relamiéndome, dije:
-Joder con la directora, como arde la puta caniche.- y me fui por cerveza empalmado y frustrado.
Las nuevas sumisas me ponen mucho, pero estaban al llegar las gacelas macizas, y estaban castigadas. Asi que me subí a cambiar rápidamente, saliendo a por mí otra canija y darle una sorpresa.
Me libre de que me vieran por poco, justo gire una calle y no me vieron al llegar con el coche. Caminaba relajado y sonriendo como un tonto de lo que le había hecho a la señora directora, y de lo que le quedaba por descubrir. Y llegando a la casa de Sumía, me acorde de sus amenazas por si se me ocurría “atacar” a su madre.
Angela, alta y fornida, no se parecía en nada a su hija, solo los ojos negros de mala leche, e intuía que los pechos con forma de punta de misil de la hija. Igual se estaba desarrollando más lentamente, pensé admirándola al ver que llegaba.
Me vio llegar a la vez que ella, me sonrió y me dijo:
-Madre mía como crecéis, estas diferente.- me dijo acercándose a darme dos besos muy contenta.
-Usted también, al sol esta más joven y más guapa.- le dije sacándole una risa tonta.
-¡Jajaja! gracias.- me dijo ofreciéndome una buena vista de su culo al abrir la puerta.
El culo era el mismo también que el de Sumía, pero más grande. Mi polla dio un salto de aprobación. Entremos y la madre la llamó, pero no estaba. Yo me quede en la entrada y ella me dijo:
-Ven, tomate algo fresco, ya vendrá.- me dijo yendo a la cocina.
-¿Me hace un favor? -le pregunte sin poder evitar mirar sus buenos pechos.
Se los miro, puso cara de extrañada, y me dijo:
-Dime.
Algo sucio paso por su cabeza, porque sus ojos la delataron, por mucho que se hacia la tonta al pillarme mirándole los pechos descarado. Y le dije:
-No le diga que he venido, la esperare en su habitación. Es que hemos discutido, y es capaz de entrar e ignorarme.- le mentí, esta vez mirando sus buenas caderas para agarrarla y hacerla gritar.
-¡Jajaja! vale, vale. Si, esta niña es capaz. Me alegro de que la conozcas tan bien. Eso es buena señal. - me contestó la “mama cañón”, que se había calentado imaginando alguna escena de las películas porno que veía. Fijándose en mis pectorales y mis venas de los brazos mientras me ofrecía una lata de refresco.
Mami era igual de caliente que la hija, y su marido le daba caña. Pero le ponía mucho enseñar a un jovencito las bondades del sexo. Ya se imaginaba con la pierna en una silla, agarrándome de los pelos para que le comiera el coño a su gusto. Lo notaba en el ambiente, pero me hacia el tonto mirando el móvil y ella haciendo las tareas con sus pensamientos sucios.
-Bueno, me voy arriba, no le diga nada por favor.- le insistí, viendo el brillo en sus ojos de estar caliente. También recordó la última sesión que tuve con su hija, y la pobre me sonrío negando con la cabeza y cerrando las piernas para aplacar su coñito.
Al poco rato llego, saludando con su tono estúpido hacia su madre, y subió a su habitación pensando en porque tenía esa cara de tonta, su pobre mama cachonda. Igual se estaba tocando, pensó riendo en voz baja.
Yo quede bien escondido bajo su cama. Por suerte solo había algo de calzado, y pude ver como se desnudaba para darse una ducha, mirando el móvil y pensándose en pedirme que fuera. Porque se lo debía.
Casi cojo sus braguitas, pero se hubiera agachado a buscarlas, y mi plan se habría acabado. La oí en la ducha, y de repente una música infernal, tipo rock duro, pero mal hecho. El cantante ponía la voz ronca y gritaba proclamas a grito pelado, mientras los músicos no se coordinaban ni para empezar las canciones.
-¿Qué mierda es eso?.- dije en voz baja extrañado de un gusto pésimo, de una chica tan inteligente.
Sali de mi escondite y fui a por ella. Podría gritar y gozar agusto con esa mierda de música tan alta, pensé entrando en el baño.
Su mami me vio al empezar a subir las escaleras para preguntarle que quería cenar. Vio mi polla morcillona empujando el pantalón, y como entraba con sigilo en el baño. Sintió celos de su hija, y a la vez algo de lastima de recibir tremenda polla.
Sumía movía la cabeza como si estuviera en un concierto, y no se enteró hasta que le recorrió la entrepierna mi polla, y la atrape de los pechos mordiéndole el cuello.
-¡Mmmmh! viejo pervertido, un respeto a mi madre ¿no?.- me dijo haciéndose la adulta, pero empezando a frotarse por mi polla cerrando las piernas con fuerza.
-Si quieres me voy a estudiar, pensé que te gustaría la sorpresa.- le dije notando como empezaba a buscar que le entrara la punta.
-¡Mmmmh! no tonto, tu sigue. No nos oirá con la música ¡Mmmmh! mira cómo te la he puesto.-me dijo pegándose a mí y agarrando lo que sobresalía de polla entre sus muslos de piedra, empezando a pajearme cada vez que salía.
-¿Música? ¿qué música? Esto es insoportable.- le dije lamiéndole la espalda y haciendo que se bajara con el vaivén que marcaba ella.
La cabrona no aguanto más haciendo “el serrucho” en sus partes, en cuanto noto la punta en su coñito se paró y se la llevo con la mano, tirando hacia mí para metérsela lentamente, mientras se giraba y me buscaba para besarme.
-¡Mmmmh! ¡Mmmmh! quédate a cenar ¡Ooooh! ¡Mmmmh! ¡Oooooh! dame caña ¡Oooooh! que si no ¡Mmmmh! vendrá a ver qué pasa. - me dijo la listilla, con los pezones como escarpias con mis dedos rozándolos con fuerza, pidiéndome caña con la excusa de su mami.
Pero yo no me movía, ella se follaba sola y escucho mi risa floja en su cuello.
-Capullo ¡Oooojj! ¿Estas vago? ¡Oooojj! ¡Mmmmh! ¿o es algún tipo de castigo? ¡Ooooj! ¡Oooj! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooj!. - me preguntó apoyándose en la pared y empezando a follarme mucho más animada. No me quería dejar contestarle, ahora me quería castigar ella.
Noto como llevaba una mano a su botoncito y me la hizo quitar de un buen golpe, que sonó más fuerte que la música. Y eso le hizo reír, y notar más mi polla, intentando no aminorar. Pero su coñito le dijo que de eso nada, y se empezó a correr insultándome y clavándome las uñas en los brazos.
-¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaaaaah! Cabrón ¡Mmmmh! viejo loco ¡Aaaaaah! Quería más rato ¡Aaaaah! Joder ¡Mmmmh! ¡Aaaah! ¡Aaaah!.- me dijo la pequeña fiera entre temblores e intentando no bajar el ritmo de la folláda.
-Pues toma más ¡Mmh! ¡Mmh! ¡Mmh!.- le dije agarrándole las caderas y empezando a llevármela contra la pared a pollazos.
-¡Plash! ¡Plash! ¡Plash! sonaban nuestros cuerpos chocando, y ella llevándose una mano mía a la boca para morderme el dorso, bien chafada contra la pared.
Su pobre coñito, casi experto, no se esperaba tremenda folláda. Me miraba enfadada, pero sabía que se lo había buscado. Descargué agusto, y cuando paré, intento que la soltara. Pero no había acabado aún, cole la mano hasta su botoncito mordiéndole el lóbulo de la oreja, y le dije:
-Primero tenías prisa, y luego querías más. Ahora, a aguantar por dejarme señales en los brazos, canija loca. - y le empecé a pajear con furia su botoncito, haciendo que se moviera entre gemidos, con toda la polla dentro, y me la volviera a poner dura en poco rato.
Se levantaba de puntillas gozando y dejando que le mordiera todo el cuerpo y la cara, por donde llegaba. Y cuando se volvía a correr, se la saque de golpe y la lleve de los pelos a la polla. Me miraba más cariñosa, con los ojos entrecerrados con su orgasmo, y la agarró empezando a follarme ella ahora con su boca, cada vez más rápido.
-¡Mmmh! si, asi, asi perra ¡Ooojj! te desatas y hay que enseñarte ¡Mmmh! asi, ¡Mmmh! joder que bien ¡Oooojj! Mira que marcas me has dejado ¡Mmmh! sigue, sigue que te va a salir caro ¡Ooojj! ¡Oooojj! ¡Mmmmh!.- le decía gozando con su entrega y sus ojitos de niña buena.
Y la cabrona me hizo correrme enseguida. Me dejaba bien seco, tragándosela entera de vez en cuando, o sacándola para chuparme las pelotas con cariño. Le saltaba lefa en la cara, pero el agua de la ducha se la quitaba, aunque alguna vez se la relamía, con su cara de niña buena castigada. Seguía sin dejar de chupar, esperando que le hiciera levantar.
-Ven tonta.- le dije al rato, abrazándonos y besándonos con pasión.
Miro mis brazos y me dijo con voz de niña buena:
-Lo siento, es que me he puesto…- y sus ojos se iluminaron al recordarlo, conmigo mordiéndole un labio y saliendo de la ducha.
Me secaba y ella se echaba agua en su coñito, para limpiar la lefa que le salía, me seguía mirando con esa carita de no romper un plato. Y una vez vestido, y otra vez cachondo, del espectáculo que me había dado, me fui a pedirle otro refresco a su madre, y ver donde podía fumar.
Ella salió enseguida, y se secaba mirándose en el espejo, también vio buenos mordiscos por su cuerpo. Se le empezó a mojar el coñito otra vez, y se vistió rápida para vigilarme con su madre. Quizá la castigaba atacándola, pensó sintiendo celos y calentándose al imaginarnos follando en la cocina.
-¡Jajaja! que cosas tienes, pareces más mayor sabiendo esas cosas.- me decía cuando llego abajo corriendo y frenando antes de que la viéramos.
-No te creas nada, está muy loco.- le dijo a su madre acariciándome uno de los brazos y mirándome igual.
-Sumía, mira cómo le has dejado los brazos, tu sí que estas loca, hija mía.- le dijo la madre enfadada.
Se miro las uñas y le dijo:
-No me acordaba que me había hecho las uñas, joder.- le dijo en su tono habitual con ella.
La miré intrigado, y le pregunté:
-¿Pero porque cambias con tu madre? No entiendo esa forma despectiva de hablarle. Ya sé que me meto donde no me incumbe. Pero cariño, no le hables asi, que tú también serás madre algún día. De monstruos con cuernos y rabo, pero lo serás.- le dije riendo las dos.
-¡Jajaja! No se lo tengas en cuenta Damián, siempre ha sido poco cariñosa y seca. Pero sé que me quiere.- me dijo la mami, agradecida de mi reprimenda.
-Yo, es qué no noto ningún cambio. - nos dijo sacando una cerveza de la nevera, abriendo más la ventana y dándomela, con un plato pequeño para que lo usara de cenicero.
Le miré agradecido, y me senté, porque había estado usando la pica de cenicero.
-Ya le entiendo, ella da cariño a su manera.- le dije recibiéndola entre mis piernas y dándole un beso en la mejilla.
Mami nos había oído claramente, se había masturbado un rato tras la puerta, corriéndose cual colegiala en silencio. Y viéndonos ahora asi, su imaginación le dio imágenes nuestras follando, y se puso a hacer cosas algo agitada.
-Se queda a cenar, sus padres están fuera por trabajo. Se me ha pasado avisarte.- le dijo la hija acariciando mis arañazos en los brazos.
-Claro, sin problemas. Asi conocerá a tu padre.- le dijo cocinando de espaldas.
-Mama no somos novios, solo muy buenos amigos. No le vayas a decir que lo somos, porque eso es de antiguos. - le dijo la hija lamiéndome los arañazos de un brazo, vigilando que no la pillara.
-Si, lo se. Tranquila que tu padre no es tonto. - le explicó.
-¿Vamos a ver la tele? Pero allí no puedes fumar.- me dijo aún con tono de niña buena, cuando acabo de lamerme las heridas, notando mi polla empezar a empujarle la espalda.
-Si no le hace falta ayuda.- le dije a la mami.
Se giro, me sonrió y me negó con la cabeza. Mami estaba como para tenerme al lado…
Fuimos chicos buenos, y nos comportemos viendo unos videos divertidos, y al llegar su padre se levantó y me presentó. Roberto tenía pinta de buen tío, alto como la madre, pero no tanto como yo. No se cuidaba mucho, y enseguida hicimos migas charlando de temas informáticos, llevándome a la cocina a por cerveza y poder fumar. De ahí su pequeña barriga incipiente.
Sumía no sabía nada de mi verdadera vida, y antes de oficinista fui muchas otras cosas, y entre ellas, un buen charlatán embaucador. Todo paso rápido, se le veía buen tío, peor “un primo de manual”. Y la pobre se quedó sola en el salón, escuchando nuestras risas charlando, y soplo al techo diciendo:
-Claro, si es un viejo.- y siguio viendo los videos.
Angela entraba en las conversaciones, pero no tardo en notar algo en mí. No sabía que era, pero no parecía un chico de mi edad. Hablaba de cosas que habían pasado muchos años antes de que naciera, y esos pequeños detalles le hicieron darse cuenta.
Pero lo que peor llevaba era ver como aprovechaba la mínima para cruzar nuestras miradas, y las veces que la había pillado mirando mi cuerpo. No tuvo más remedio que acabar de hacer la cena y mandarnos a montar la mesa. Algo se le iba de las manos, y su coñito se lo confirmaba.
No me costó emborracharlo, y en la cena, madre e hija se reían de el de lo divertido que era verlo asi. Sumía se olía algo, la pille un par de veces mirándome expectante, y me retiraba la mirada con un gesto de enfado.
-Venga que abro un vino bueno que tengo aquí.- dijo levantándose alegre.
-¡No, no! Deje, yo no mezclo. Y solo me beberé otra cerveza, que ya llevamos unas cuantas. -le explique parándole del brazo.
-Bueno, pues dos cervezas más. Que buen chico cariño, ya era hora de conocer a algún amiguete. Y encima sanote y muy listo.- le dijo a su hija yendo a la cocina.
-¡Jajaja! gracias, pero es su hija la inteligente.- le dije al irse.
Madre e hija me miraban fijamente, la una no entendía como no estaba borracho, y la otra se imaginaba ya su castigo.
-Tienes buen aguante, con lo jovencito que eres.- me dijo la mami con una sonrisa falsa.
-Tiene un don, llega a un punto que ya no le hace nada. - le explico la hija, algo seria.
-Si me hace si, ir al baño. Con permiso.- le dije a la madre, y las dos rieron a la vez.
En el baño, con la larga meada, pensaba en mis dos vertientes del plan. Me venía bien haberlo dejado KO para ir a por mami en la noche. Y para aprovechar y decirle a Sumía que me escondiera para quedarme a dormir. Y eso segundo le expliqué, escribiéndole al móvil desde el baño.
A mi pequeña gótica se le pusieron los pezones de punta al leer el mensaje, aceptó encantada, pero tenía que hacer algo para que su madre no acabara empalada como castigo.
Volví del baño y enseguida fue el padre también. Y en cuanto estuvo dentro, Sumía le dijo a la madre:
-Mama, que se queda a dormir, pero no le digas nada a Papa. Igual no quiere. - le explicó en voz baja.
Ahora fue mami la que cerro las piernas con fuerza al oír su petición. Me miró, aparto la mirada y le dijo a la hija:
-Ay cariño, no se. ¿Y si se entera? No te haría nada, pero se enfadaría con las dos.- me aviso la madre, hablando con Sumía.
-No pasa nada, otro día ya hablándolo con él. Es que mis padres están fuera por trabajo, y claro, mis hermanas se traen a sus amigos y no me gustan las fiestas, ya sabe.- le mentí como un cosaco con una buena excusa.
Resopló, recogió su plato y levantándose, nos dijo:
-Bueno, no creo que se levante en toda la noche. Pero no hagáis “ruido”. - nos pidió, sonando la palabra “ruido” dándonos a entender que clase de “ruido” hablaba.
Y Sumía sonrío poniéndome la mano en la pierna y apretando. Pero en cuanto la madre se metió en la cocina, la retiro, se alejó un poco de mí, y me dijo:
-Ese castigo no me gusta nada, ni se te ocurra, ya te avisé en su día, Santiago.- acabo llamándome por mi nombre, y se puso a acabar su cena, esperando mi reacción.
Eso me hizo reaccionar, me empecé a dar cuenta de la que estaba liando en la vida del pobre Damián, y las mujeres que le rodeaban. Quedé unos segundos pensando y acabando de cenar yo también, y le dije:
-Está bien, te entiendo. No te preocupes, es mi naturaleza, lo siento.- le dije viendo cómo me miraba sonriendo.
Se acercó, me dio un buen largo beso, y me dijo:
-De todas formas, te voy a atar a la cama. Compréndelo, no se puede luchar contra la naturaleza.- y puso su cara de siempre, de viciosa caliente.
Le volví a besar, y viendo que venía su Padre, le dije al oído:
-Vale, hace años que no me atan.- y soltó una risita nerviosa.
El pobre Roberto no estaba para hablar mucho. Se sentó, miro la comida y viendo venir a su mujer, le dijo:
-Ya no quiero más, está muy rico cariño, pero me voy a la cama.- y se levantó dándole un beso en la frente y girándose algo descoordinado a la habitación, levantando la mano y dándonos las buenas noches a todos.
Madre e hija reían del pobre padre en voz baja, y yo empecé a recoger los platos haciéndole un gesto a la madre para que no se levantara. Las deje cuchicheando y seguí recogiendo la mesa.
Al tercer viaje apareció Sumía con el resto de las cosas y me dijo:
-Ahora te hago el café ¿descafeinado verdad?.- me dijo, recordándome que me había estado espiando, y bastante tiempo.
-Gracias bombón, si mejor descafeinado, igual no duermo ¡jajaja!- reímos los dos.
Continuará.
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- Relato #213437— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
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