Xtories
Dominaciónfeb 2024

Perra cobarde 3

Mónica siempre supo demasiado. Pero cuando descubre que su mejor amiga es una sumisa que obedece órdenes degradantes, la curiosidad la lleva a seguir sus pasos. Lo que empieza como una confesión termina en un callejón, donde el control no es solo virtual, sino que se vuelve visceral, público y compartido.

jtm11118K vistas

Mi mejor amiga se llama Mónica. Hemos ido juntas a la guardería, al colegio, al instituto y sí, a la universidad. Le confiaría mi vida, pero jamás mi gran secreto.

Recuerdo como se acercó a mí con una sonrisa en la cara.

— ¿Has oído?

— No. ¿Qué pasa?

— Han encontrado las bragas de alguna guarra en el servicio de los hombres. Dicen incluso que se ha masturbado allí.

— ¿En serio?

— Yo nunca sería capaz de hacer algo como eso. Solo piensa en si alguien te pilla. O lo que tienen que estar haciendo los chicos con sus bragas ahora mismo.

— Supongo que las estarán usando para masturbarse — mencioné con un susurro de voz.

— Serás guarra. Venga, te invito a comer, que me tienes que contar porque vas así vestida.

— No voy de ninguna manera.

— Marta, cariño, pareces toda una putilla.

Me llevó a la cafetería de la universidad donde nos sentamos en una mesa discreta. Allí pidió algo para comer mientras yo suspiraba nerviosa.

— Y bien, ¿Vas a hablar?

— Solo en presencia de mi abogado.

Ella solo asintió.

— Sé que no llevas sujetador. Y lo sé porque se te marcanlos pezones a través de la camisa.

Yo no pude mirarla a la cara.

— Y apuesto a que si miro debajo de tu falda, tampoco llevas bragas.

Sí, Mónica siempre había sido muy lista.

— ¿Desde cuándo lo sabes?

— Desde ahora mismo. En serio, Marta, ¿qué has hecho?

— Lo que mi amo me ha ordenado.

No os podéis imaginar la cara de absoluta incredulidad de mi amiga cuando la dije eso.

— ¿Amo? ¿De qué hablas?

— Soy sumisa, masoquista. Yo…

— ¿De las que se entregan a un hombre completamente?

Asentí con la cabeza.

— Te conozco desde la guardería. Saliste con mi hermano. Me aseguró que no le dejabas nada más que meterte la puntita.

Asentí con la cabeza.

— Y ahora resulta que eres la peor de todas las…

— No digas eso.

El camarero llegó justo en ese momento, con las dos coca colas y un par de bocadillos de jamón con tomate. Eché un largo trago.

— Soy como soy, Mónica, no puedo evitarlo. Disfruto como una cerda haciendo las guarradas que me mandan. Lo necesitó. Mi cuerpo lo necesita.

— No puedo creerme lo que estoy oyendo.

Mi amiga echó un trago.

— ¿Y hasta dónde habéis llegado?

— Solo virtual, aún no nos hemos conocido en persona.

— Dime lo que sepas de él.

Me preparé para una tarde larga. Le mostré el relato que había publicado, así como su perfil.

Mi amo escribe muy bien. Sus relatos son una mezcla de erotismo, dureza y crueldad, con una enorme multitud de morbos, pero lo que realmente me sorprendió de ellos es que los vives.

Su relato más duro, uno que no tiene publicado y que solo me mostró a mi, es sencillamente inhumano. Despoja a la protagonista de toda humanidad, de toda dignidad, para convertirla en algo que no parece ni siquiera humano.

— Marta, esto es… ¿De verdad quieres ser como ella?

— Sí.

Contarle a mi mejor amiga mi más íntimo secreto es de las cosas más duras que jamás he hecho.

Eché el último trago de la coca cola.

— Ya lo he probado y solo quiero repetir. ¿Quieres saber hasta dónde hemos llegado? Me he vertido mi propia meada por encima, me he rebozado con mi propia mierda, me la he comido para su deleite. Y me encanta. Si ahora mismo me pidiera que me subiera la falda, que me pusiera encima de la barra del bar con la boca abierta para ser penetrada por los dos agujeros de mi cuerpo, lo haría sin dudar. Y ahora te dejó, que me estoy meando y debo pedirle permiso para hacerlo.

Dejé a mi amiga allí plantada. Al hacerlo estaba rompiendo mi vínculo más sagrado, dejando atrás mi antigua vida para lanzarme de cabeza a mi nueva vida de sumisión y entrega total.

Con lo que no contaba fue con el valor de mi amiga.

Sí, Mónica me siguió.

Y yo se lo agradecí desde el fondo de mi corazón.

— ¿A dónde vamos?

— A donde me diga mi amo.

“Hola perrita, que tal”

“Hola amo. Le llamó porque tengo ganas de mear. ¿Tengo su permiso?”

“Sigues en la universidad”

“Sí, mi señor”

“Bien, pues vas a mear en la calle, en algún sitio apartado al aire libre”

“Sí, mi señor”

Salí de la cafetería con Mónica a mi lado. Sabía exactamente donde debía ir, al callejón de la donde se tira la basura. Y allí, al lado de los contenedores, me levanté la falda y comencé a mear mientras mi amo y mi mejor amiga me miraban.

“Estás hecha toda una guarrilla”

“Gracias, amo”

Y colgó.

— ¿Qué demonios acabó de ver?

— A una chica meando en la calle. Creía… creía que ibas a dejarme.

Me había levantado y estaba arreglandome la falda cuando ella me besó.

Fue imprevisto, por sorpresa, inesperado. Y muy dulce.

— Guau.

— ¿Es eso lo único que tienes que decirme?

— Tu hermano me la metía entera, no solo la punta.

Ambas nos reímos por la estupidez que acababa de soltar.

— Nunca he sabido que sentías esto por mi.

— ¿Por qué crees que estoy en la misma carrera que tú? ¿O por qué nunca he tenido novio?

— Joder. ¿Y ahora qué hacemos?

— Lo que nuestro amo nos ordene.

Lo decía en serio. No pretendía en modo alguno implicar a nadie en el viaje que había emprendido, pero tampoco iba a negarle cumplir sus deseos.

Además no era decisión mía. Esa decisión pertenecía a mi amo y señor.

Mi amo pidió una foto de cuerpo entero antes de aceptarla. No había problema. Mónica es alta, joven, pelirroja, tiene un buen cuerpo y aunque tiene las tetas más pequeñas que las mías, está muy bien.

“Bien. Ahora bájate los pantalones y las bragas. Quiero verte”

“Amo, eso es injusto. Ella no es una sumisa como yo y estamos en plena calle.”

“Me gusta comprobar la carne antes de comprarla. Porque no sois más que eso, trozos de carne. Y da gracias de que no la pida que se desnude completamente”

Pensaba protestar, decir algo, pero para mi sorpresa absoluta Mónica comenzó a quitarse la ropa.

Se lo quitó todo salvo los zapatos.

“¿Te sirvo, mi señor?”

“Vas a ser una esclava estupenda. Perra cobarde, cómete su coño”

Sí, mi amiga es muy guapa, parece una modelo. Pero también tenía un felpudo entre las piernas.

“Me voy a llenar la boca de pelos” protesté débilmente.

Me arrimé a ella, la empujé contra la pared, me arrodillé. Y bueno, era la primera vez que me comía un coño. Y no estaba limpio.

Aún así acerqué mi boca a su húmedo agujero y le de un buen lengüetazo.

Y ella se río.

— Me haces cosquillas.

Yo intenté seguir a lo mío mientras ella seguía riendo.

— Lo primero que haremos será depilarte todo esto.

— De acuerdo, ama.

No, eso estaba mal, no era su ama ni nada parecido. Solo era una putilla comiéndole el coño a mi mejor amiga en plena calle para la diversión de un depravado.

Acabé con la boca llena de pelos y la corrida de mi mejor amiga pringada en mi cara. Iba a limpiarme la boca cuando mi amo me detuvo.

“Bésala. Haz que se trague todas tus babas”

Yo iba a protestar enérgicamente cuando de repente noté las manos de Mónica sobre mi. Y su boca en la mía. Y su lengua tocando mi lengua. Y luego lamiendo mi cara. Y se arrodilló para meter su cabeza debajo de mi falda y entre mis piernas. Y joder, yo acaba de mear. Y me daba mucha vergüenza. Y mi amo se reía. Y lo hacía fatal. Y aún así me quería correr. Y mi amo no me daba permiso. Y yo quería venirme. Y el muy cabronazo de los cojones no me dejaba. Y Mónica seguía lamé que te lamé. Y nos vio un hombre. Y yo seguía queriendo correrme. Y mi amo no me dejaba. Y el hombre seguía mirando. Y yo me tapé la cara con las manos. Y mi amo seguía riendo. Y Mónica lamé que te lamé. Y joder, ya no podía más, estaba a punto de explotar. Y mi amo seguía riendo. Y el hombre se sacó la polla para hacerse una paja. Y levantó mi falda dejando al descubierto el hermoso cabello de Mónica. Y cientos de miles de chorros de semen bañaron su hermoso pelo. Y por fin mi amo me dio para permiso para correrme. Y lo hice poniendo toda su cara perdida de mis jugos vaginales.

Y esta es la historia de mi primer trío o cuarteto o llamarlo como queráis.

Continúa en