Fidel y sus maduritas 6
Él sabe que no debería, pero ella lo invita a cruzar la línea. Entre besos, masajes y secretos de oficina, la tensión se vuelve insoportable y la noche promete ser mucho más larga de lo planeado.
Fidel y sus maduritas 6
Íbamos a pasar de las frivolidades a otro polvo sin complejos, la mejor tarde de mi vida. Prepare la cama para que estuviera cómoda, la pierna bien colocadita y mullida, para intentar amortiguar los rebotes que se venían y disfrutar al máximo. Ahora solo quedaba...FOLLAR. Mi polla no necesitaba excitación, ya estaba como una barra de acero y creo que ella tenía lubricante natural allí abajo, así que nos acomodamos, nos miramos y con un gesto de ella la guie hacia su cueva y la metí de un tirón.
-Mmmm, que fuerte empiezas, ve despacito primero y yo te aviso de lo que quiero ¿vale?
-Como quieras, tú eres la estrella que me guía.
-Adelante marinero, llévame a Puerto Orgasmo una vez más.
Era la ostia follar con esta mujer, ordenaba, incitaba, bromeaba, excitaba, se merecía un buen orgasmo una vez más y de eso era yo el encargado. Empecé con penetraciones lentas pero profundas, rítmicas, pero que solo nos hacían sentir el roce de la carne lubricada por mi esperma, estábamos tumbados el uno sobre el otro y nos besábamos tiernamente, sus manos en mi cabeza acariciándola, las mías abrazándola. Me llevo el oído a su boca y susurrando me pidió que acabara golpeando, que fuera más seco el golpe final. Seguí al mismo ritmo pero con golpes en su coño, plac, plac, plac, de vez en cuando se mezclaba con el chapoteo de los fluidos que salían con los mete y saca, empezó de nuevo a morderse el labio inferior, era el gesto de que todo marchaba, procuraba controlarme para durar más, aunque habiéndome corrido ya dos veces, no me costaba retrasar lo inevitable. “Más rápido nene”, con voz ansiosa di paso a un golpeteo más rápido, el potro cubría a la yegua al trote, el chapoteo era más sonoro y sus gemidos empezaron a subir de volumen. “Sigue así, sigue, sigue” como martillo pilón enterraba mi polla en su coño golpeando al final, plac, plac, plac, salir y entrar en su lubricado y apretadito coño era un placer, ver su cara abandonada a sentir mis pollazos en su cueva un deleite que no deseaba terminar.
-Mmmm, súbeme la pierna y dame más fuerte, dame maaaaasss. No vayas a parar ahora.
-Sí, toma polla, ¿te gusta cómo te bombeo tu coño? dímelo o paro.
-Ni se te ocurra cabrón, levántame la otra, quiero escuchar como suenan mis cachas con tus embestidas.
Era verdad, sus generosas nalgas daban una sonoridad a cada envite espectacular, con las dos piernas hacia arriba entre las que coloque mi cabeza, apoyadas en los hombros, me encontré con un apoyo suficiente para incrementar el ritmo un poco más, ella estaba en una postura un poco forzada pero no parecía importarle por los cada vez mayores gemidos y quejidos gozosos que emitía, al estar nuestros cuerpos más separados se sobaba sus pechos con ambas manos, pellizcándose los pezones, tirando de ellos, retorciéndoselos. Yo estaba gozando como un cabrón, ver a una mujer disfrutar totalmente desinhibida es lo mejor que te puede pasar y lo estaba disfrutando.
-Más fuerte, dame más fuerte y cuando te avise quédate parado como antes. –dicho con palabras ansiosas y entrecortadas por los continuos pollazos, esta vez cada uno se corría cuando quería-
-Tú mandas, esta vez puedo tardar más.
-Sigue, sigue cabrón, aaahhhh, mmmfffff, me… estas… dando… bien…. Oooh, oooh, sigue, sigue, sigue… ¡Ahora!
Diciendo estas palabras abrió al máximo las piernas y dejo su clítoris plenamente en contacto con mi pubis. Por mi parte pare y mantuve la presión momento en el que fue ella misma la que empezó de nuevo a moverse bajo mí, frotándose el clítoris como si no hubiera un mañana, casi chillando unas palabras ininteligibles, se pellizcaba los pezones como si se los fuera a arrancar, con los ojos cerrados, la boca abierta en un grito y la cabeza hacia atrás arqueando su cuerpo para sentir el mayor goce se fue en un orgasmo no tan largo como cuando me aplique en el oral, pero si intenso. Yo aún tenía cuerda y tras unos instantes para que se recuperara volví a moverme cariñosamente, penetraciones profundas a un ritmo pausado.
-¿Quieres terminar dentro o sobre mí? –Era maravillosa, el correrse uno sobre la mujer es el sueño pornográfico de casi todos los hombres y ella me preguntaba si quería llevarlo a cabo, estaba viviendo una fantasía-.
-Lo que a ti te guste más, cualquiera de los dos me gustaría, si es sobre ti me encantaría hacerlo sobre tu culo, que por cierto aún no he visto en condiciones, pero como estas con la pierna así esperare.
-Mmm, es verdad, mi culito aun no fue presentado a su persona, no te preocupes, tu sigue portándote así de bien y abra tiempo para todo. ¿Quieres acabar en mi boca o mi cara? Sé que os encanta, a él le vuelve loco y a mí no me disgusta, la lechita es buena para el cutis. – lo dijo con un mohín coqueto que me desarmo-
-Buff, me convenciste, eso solo lo hice con una chica que me lo pidió, me parece muy denigrante si no.
-Por esas cosas estas aquí, se te ve respetuoso, libidinoso, vicioso y cachondo. Riégame la cara con tu leche, me encanta un buen polvo y cubrirme la cara de ti. –todo eso con una carita lasciva y provocativa que…-
-Polla a la obra, te aviso cuando esté a punto el tratamiento rejuvenecedor.
Esta vez la lleve al borde de la cama y me coloque de pie frente a ella, subí sus piernas con cuidado colocando mi cabeza entre ellas y abrazándola por las rodillas, tenía el control absoluto para empotrarla a pollazos y comencé el mete y saca a un ritmo alto, bombeando mi polla al interior de ese hermoso coñito maduro con fuerza, sus pechos se bamboleaban a ritmo y me hipnotizaban, pero se los cogió de nuevo y se aplicó su tratamiento de pellizcos, retorcerse y apretarse los pezones, lo que la llevo a empezar a gemir y a culear un poco. Yo estaba dándolo todo y ella quería llegar esta vez también, llevando una mano hasta su perla del placer para acelerar su clímax antes de que me corriera en su carita. Justo cuando ella se venía con gemidos y jadeos me empezaron las ganas de correrme.
-Oh nena, creo que ya me viene, voy a darte cremita facial.
-Si por favor necesito el tratamiento completo.
Le solté las piernas y ella se bajó de la cama quedándose sentada en el suelo justo a la altura de mi bote de crema. No pude aguantar más como me miraba a los ojos, mientras me la cascaba justo encima de su nariz, mientras se tocaba los pechos, era como una peli porno pero en directo y me estaba pasando a mí. El primer chorro con la potencia, se perdió por encima de su cabeza pero los siguientes ya se repartieron entre sus mejillas y su boca. Cuando ya no salía nada más de la cabeza reluciente la tomo con una mano y se la llevo por la cara recogiendo los restos de sus mejillas, llevándoselos a la boca, no quería desperdiciar nada de la crema que tan generosamente había regado su rostro, repaso todo mi pene desde la base hasta la cabeza para dejarlo limpio de restos, se lo metió hasta el fondo y cuando lo saco de la boca, la cabeza me brillaba como si la hubiera encerado.
-Te vas a quedar vacío, ¿cuantas van hoy ya?, ¿no te cansas?
-La verdad es que aún no, con un descansito ligero estaría dispuesto otra vez. Pero si es demasiado para ti podemos dejarlo y mañana…
-Mañana… ¿Qué?, ¿A seguir abusando de esta pobre e indefensa mujer? – Con ese mohín de penita, estaba adorable desde allí abajo, como una nenita suplicándole a papi-
-No lo dude ni por un momento, será usted mi juguete sexual.
-Oh, que malvado, me tiembla todo mi cuerpo solo de pensarlo.
-Temblar será lo mínimo que padecerá señora mía. –Ahora el rol de malvado y pobre desamparada ofrecía otras posibilidades-
-Cielos, cuan desalmado y depravado puede llegar a ser usted.
-Ni se lo imagina, sufrirá tormentos que la llevaran al límite y placeres que la hundirán en pozos de lujuria. Sera mi muñeca, sin voluntad ante mi poder, ja, ja, ja.
-Temo que llegue el mañana, pero algo en mi interior me pide que llegue ya.
-Mi pequeña, cuan pervertido esta tu corazón, ¿temes y ansias esta verga mía?
-La temo sí, pero ansío vuestra lengua, ella me da sosiego, cuando le habla a mi cuerpo.
-Mmm, deseando estoy que amanezca un nuevo día para charlar con vos.
-Vale guapo, pero ahora ayúdame a levantarme, que se me está helando el culo.
-A eso le llamo yo cortar el rollo. Anda hermosa, agarra mis manos.
-Hermoso mi culo que lo vas a ver ahora cuando me dé la vuelta para levantarme, acércame las muletas anda.
Efectivamente, por primera vez vi su magnífico culo en pompa al volverse para, apoyándose en la cama ponerse de pie, no lo pude resistir y antes de acercarle las muletas me agache ante él y acariciando toda su extensión le dije: “hola bonito, hasta hoy no nos habían presentado, pero te prometo que mañana pienso dedicarte más tiempo para ahondar en nuestra relación” a todo esto ella me miraba desde arriba volteando su cabeza con una media sonrisa adorable. Para despedirme de él, le di un besito en cada nalga y cuando lo estaba mirando para levantarme ella me dio un culazo en la cara diciendo: “zalamero, la propietaria de ese culo ya verá si te da permiso para AHONDAR, primero hay que ganárselo y dame ya las muletas calentorro.”
Que dura era, pero más ayudaba a ponérmela también tiesa con esa actitud. Le di sus muletas y vi como ese magnífico culo se alejaba de mi camino del baño, tras haberlo besado note que no lo tenía duro como la piedra pero tampoco era blandorro, ideal para amasarlo en cuanto tuviera ocasión, aquel culazo prometía mucho juego y le daría todo el que su propietaria estuviese dispuesta a dar. Volvió del baño con una sugerente bata corta que dejaba asomar de vez en cuando su hermoso felpudo, una bella visión, se sentó al borde de la cama y tras quitarme la mano que ya la estaba acariciando se tumbó a mi lado.
-¿Todavía te queda energía?, que alegría de juventud.
-Ya te dije que si fueras mi mujer estaría pegado a ti todo el día, como el papel de una magdalena.
-Se nota que no estas casado, todo eso se pasa bonito, lo que te sucede es que tienes diecinueve añitos y la calentura de un semental, ahora tu único instinto es montar y montar yeguas, pero cuando la yegua es siempre la misma hasta el mejor percherón se aburre y baja el pistón.
-Que mal lo pintas, bonita, dan ganas de seguir solterito y picaflor toda la vida.
-También te hartaras, la enfermedad que tú tienes solo la cura un medicamento y se llama TIEMPO. Pero tú ahora solo te tienes que preocupar de mantener contenta a esta mujer para que se te “abran” más oportunidades.
-Mmm, me gusta tu actitud, no te preocupes que por la cuenta que nos trae a los tres mantendré contenta a mi madurita.
-¿Madurita, así me ves? Y ¿tres, que tres?
-Siii, eres mi adorada madurita, mi viciosa y juguetona madurita. Tres, tú, yo y mi amigo. –señalando a mi pene que miraba desde abajo con su ojito llorón-.
-Ja, ja, ja, que pervertidito me saliste, y tú siempre atento a todo lo que decimos eh. –mirando hacia mi polla y señalándola con el dedo.
-Por cierto y no es por cortar el rato tan bueno que estamos pasando, mañana es uno de septiembre, ¿se reincorporan todos a la oficina?
-Creo que si, por lo menos es lo habitual. Oye, que aún no me pinchaste. Anda ve por los trastos que no quiero arriesgarme, no sea que el doctor me tenga que poner otra vez todo el tratamiento. –Con voz de niñita desvalida esa última frase me bombeo sangre al pene nuevamente provocando otra erección-
-Ahora mismo, que conozco a ese tío y es muy puntilloso con los tratamientos.
Me levante de la cama y prepare todo, estaba de pie al lado de ella con la jeringuilla en la mano y la polla tiesa cuando empezó a reírse.
-Ja, ja, ja, hay doctor, no se cual prefiero que me clave, si la que sana o la que me baja la calentura.
-A ver, las dos son recomendables, yo optaría por la primera, la segunda forma parte del tratamiento que le aplicaré mañana. Cumplimos las pautas de reposo y actividad además de una significativa mejora en las relaciones médico-paciente. ¿La convence mi argumento?
-Mire, a usted le creó doctor, pero su amigo no para de mirarlo fijamente y… ja, ja, ja, está empezando a llorar otra vez.
-Llora por usted querida, el querría seguir con la medicación de mañana pero por su bien vamos a seguir con lo previsto.
-Oh, pobrecito, es que es tan mono, ¿quién es mi amiguito preferido? ¿Eh? ¿A quién quiero yo?
Todo esto cogiéndome la polla y acariciándola como a un animalito.
-Ande señora, no me lo mal acostumbre que después esta todo el rato pidiendo caricias y hay gente que se molesta.
-Uy, uy, uy, es verdad, bueno un besito y que se calme. – va y se mete la cabeza en la boca y le da un repaso con la lengua que lo deja inmaculado-
-Joder, eso no se hace, ahora querrá más y más y tendré que calmarlo de alguna manera.
Me miro con la boca llena de polla y se rio.
-Está bien, ya lo dejo, venga pincha otra vez, que ganitas tengo de que acabe esto ya.
-Mujer es por tu bien, además los hematomas ya se van viendo más amarillos, eso es que se están reabsorbiendo.
-Sí, sí, pero esto es un coñazo.
-Mira el lado positivo, gracias a este coñazo estoy aquí con mi amigo y tú te ríes un rato.
-No te quito la razón, fue un desencadenante. Al final voy a tener que agradecer el accidente.
-Claro que sí. Al lio, que no te pongo esto.
Dosis puesta y me refresque un poco en el baño a ver si así se bajaba el amigo. Lo conseguí y volví con ella a la cama.
-Bueno, bueno, bueno ¿relajada?
-Pues sí, tras el tratamiento recibido ¿Quién no lo estaría?, y tu ¿lo estás?
-Un poco pero estar cerca de ti sabiendo lo que hice y lo que hare… algo de tensión me deja.
-Hablemos del trabajo y veras como se te pasa.
-Mmm, mejor hablemos de ti, de como con un marido que solo piensa en él, tiene una mujer con esa fantasía erótico sexual tan desarrollada.
-Literatura nene, películas, amigas cotillas… de todo un poco. Ante la falta de estímulos una se busca su alivio. Una de las mayores fuentes la verdad es la mala vida que llevan otras y que cuentan como si nada.
Sobre todo una que el marido es un cabrón pervertido que la tiene escocida y se trae las ideas de los prostíbulos que frecuenta. A ella le gusta la marcha pero de lo otro no tiene ni idea o hace como la que no lo sabe, pero los amigos hablan de él a sus espaldas y la gente lo pía todo, menos a la interesada.
-¿Qué amistad es esa? ¿No se protegéis las unas a las otras?
-Ay chavalín, ya te dije lo de la jaula de oro y no soy la única, muchas proviene de ambientes pobres como yo y por no perder la calidad de vida se aguanta tela. Pero esta en concreto la verdad nos da igual a la mayoría, es de cuna rica y nos mira con cierto desdén a las demás, que aguante, porque sabía la casta del galgo cuando lo compro.
-Joder con la alta alcurnia, llueven las puñaladas.
-Ya te digo, y son solamente gente con dinero, el círculo de títulos es otro nivel, para esos somos chusma con pasta. Las relaciones adultas se van complicando y el status da otros problemas. No es lo mismo preocuparse por no llegar a fin de mes que, a ver qué hago con mi vida.
-Bueno, por lo menos a mí me vino bien tu aprendizaje. –Sonrisa pícara y caricia en el muslo-
-Pero porque a mí me gusta explorar, otras con los mismos conocimientos no pasan del misionero, allá cada una. Yo me exploro y se lo que me gusta y veo, escucho, comparo…
-Todo medido, esa eres tú.
-¿Algún problema nene?
-Au contraire, mon cheri, es de las cosas que más me atraen de ti, que sabes lo que quieres, como, por qué y cuándo, eres maravillosa, las timiditas indecisas para el que tenga falta de autoestima y quiera sentirse superior, yo prefiero una como tú.
-Que mono eres, zalamero.
-Puedo ser zalamero, pero también sé lo que quiero y es una mujer como tú.
-PELOTA.
-Las que tú tienes hermosa. – Y le cogí las dos mamas al mismo tiempo-
-¿No te cansas nunca de sobar eh?
-Mujer, ¿tú te has visto?
-Cada día hijo, cada día.
-Pues entonces que esperas, si estas que te rompes de buena. –Aproveche para hundir mi cara entre sus tetas y refregarme en ellas-
-Pero no ves que estoy… gordita.
-Tienes el cuerpo de una diosa, ¿pasadita de peso?, donde hay carne hay alegría. Vivan las hembras rotundas, que no me cubran las manos los rincones de tu cuerpo, eso es lo que me gusta.
-Ya, ya, pero después se os van los ojos detrás de las niñas delgaditas.
-Los ojos puede pero las manos mira donde están.
-Por qué no tienes oportunidad si no ya veríamos.
-Alba de mi vida, estas palabras tuyas me hacen creer que no lo pasaste bien anteriormente con el peso ¿verdad?
-Siempre fui rellenita y la gente es muy cruel. Eso se queda para una.
-Pues aquí tienes uno al que le vuelves loco tal y como eres, así que… aprovéchate que te dejo hacerme lo que quieras.
-Hasta que te canses de la madurita y busques florecillas.
-Por eso me elegiste ¿no?
-Cabroncete eres.
-Pero me muero por tus carnecitas.
-Cabrón. –Y se hizo la ofendida con un mohín risueño-
-Bueno, hablando de cosas que me interesan, ¿Cuándo vuelve tu marido?
-Hasta el 4 de septiembre que acaba lo de Marsella, está promovido por la clínica donde más trabaja y es ponente, por lo que está encantado de conocerse.
-Humm, denoto rencor en tus palabras, te dolió lo que hizo ¿verdad?
-Creo que más el cómo, que el qué.
-Eso nos da tres días completos y libres para los dos.
-Puede ser, tendrás que ganártelos.
-Oooh, no te quepa duda que hare lo posible para merecerlo, ¿quieres que lo vaya demostrando?
-Mmm, mañana nene, mañana. Hoy te ganaste el pase para la siguiente jornada. Si te lo doy todo en dos días ya no querrías volver.
-Por supuesto, la mujer por la que me mataba a pajas solo me vale para un revolcón y a buscar a otra. ¡Morena!, hasta que no te queden mis huellas marcadas por tu cuerpo no me despegan de ti ni con soplete de acetileno.
-¡Ay mi zalamero!, así me gusta, que me hagas sentir como una reina.
-Reina, diosa y carne de mi carne. Voy a estar tan pegado a ti que vamos a parecer uno.
-Pues para que te pueda igualar las ganas necesito descansar, lo único que te dejo es acariciarme, pero no busques jarana que tenemos más días. –Entonces ya lo tenía decidido, al menos hasta que volviera el marido tendría a mi madurita abierta a los placeres de la carne, esto prometía-
-No se hable más, ¿te apetece algo para recuperar fuerzas, comer o beber algo? Yo se lo preparo majestad.
-Pues mire Fidel, vaya usted a la cocina y traiga algo ligero, ale, ale.
-Sus deseos son órdenes, voy presto a su demanda.
Hice un repaso rápido al frigorífico y cogí algo de fruta y un par de botellas de agua con gas, la prepare pelada y cortada en un bol y lo lleve en una bandeja con una servilleta de tela en el brazo como los camareros.
-Majestad, su refrigerio, si me lo permite también prepare algo para mí y poder disfrutar de su compañía.
-Bueno, es usted atrevido pero se lo consiento por su buen servicio prestado.
-La honra por su parte majestad, rebajarse a degustar estas viandas con su humilde siervo.
-Que no ciervo, de esos ya tengo otro espécimen, ja, ja, ja.
-Majestad por favor, la hacía más recatada en sus comentarios.
-La reina dice lo que quiere y cuando quiere. A ver si me voy a tener que cohibir en mí propio lecho.
-Jamás señora mía, perdone si la ofendí. ¿Qué puedo hacer para desagraviar este ruin comportamiento?
-Mis reales pies, bueno mi real pie, necesita un buen masaje. –señalándoselo y jugando con sus deditos.
-Sera un placer y un privilegio. ¿Puedo comer primero?
-Bueno, pero estoy desfallecida, dadme de comer, no tengo fuerzas para alargar el brazo.
-Por supuesto majestad.
Cogí el pequeño tenedor para pinchar la fruta y acercársela cuando me interrumpió.
-No rufián, dádmela como una madre pájaro alimenta a sus polluelos, de vuestra boca.
Para no querer guerra bien que disparaba al enemigo. Agache la cabeza y tomando un trozo de sandía se lo acerque a los labios. Una gota cayó en el trayecto en su pecho, escurriendo hacia el canalillo. Lo noto y mirándome saco la lengua y me indico que lo lamiera. No deje huella y ella reía con la boca llena. Tome otro trozo y esta vez solo lo recibió. Comí yo algún trozo y en el siguiente me recibió con la boca abierta y amorrándose a mis labios, en un beso más prolongado. El amigo que no entiende de barcos volvió a levantarse y en esas le solté.
-¡MAJESTAD, LA TROPA SE ESTAN SUBLEVANDO! ¿Qué hacemos con ella?
-Como buen soldado, debe rendir homenaje a su reina, pero debe respetarla, otro día demostrara su lealtad en combate.
-Con el debido respeto, no deberíais inquietarla.
-Fidel zalamero, ¿acaso no puedes aguantar hasta mañana?, ¿quieres que sea una seca?
-… ¿Por qué tienes que llevar razón? Bueno, me conformare con desearte.
-¡Déjate llevar!, ya te lo dije.
-Ok, ok, llévame.
Dicho esto me agarro del amigo y me arrastro sobre ella, dándome un morreo y unas caricias al susodicho.
-Mmm, a ver cuándo empieza a soltar el hilillo, me encanta verlo colgar de la punta.
-Majestad me ruborizáis.
-Déjate de majestad que aún me debes el masajito.
Asentí y tras un traguito al agua me baje hasta su pie y comencé a masajearlo. Talón, puente, la almohadilla bajo los dedos y cada uno de ellos. El empeine recibía besos y después un repaso con la lengua por todas partes, tenía los pies preciosos, sin durezas ni callos, suave, suave y con esas uñas tan bien pintadas, era una delicia dedicarle mimos a esos pies, estaba deseando que le quitaran el vendaje para poder mimar a los dos.
Tras un rato de masajeo y cuidados lo deje reposar y le dedique las caricias a su pierna deslizando mis yemas por su pantorrilla arriba y abajo, momento que aprovecho para jugar con su pie y mi polla empalmada llevando sus deditos por mi capullo y bajando hasta la base incluso apretándolo contra mi pubis.
-Oooh, mi soldadito ya está llorando por mí. No llores fiel soldado, tu reina no te olvida.
-¿Queréis que siga el masaje por más zonas majestad?
-Mmm, sí, id por aceites para hacerlo más placentero.
-Como gustéis majestad.
Me llegue al baño y busque en los muebles. Encontré un aceite de coco que olía a gloria y volví.
Cuando llegue la encontré boca abajo desnuda de nuevo. Espectacular, era un monumento ese culo esperándome. Me acerque a ella en silencio colocándome a su lado, eche abundante aceite en mis manos y lo deje caer por mis antebrazos para que se fuera calentando antes de caer sobre su espalda. Gotee desde la espalda baja hasta su nuca, ella se removía al sentir el goteo ascendente y ronroneaba como gata agradecida. Comencé aplicando círculos suavemente por la zona lumbar que fueron ascendiendo hasta llegar a sus hombros, después subidas y bajadas por sus costados y del centro a los mismos aplicando incluso los antebrazos para que el contacto fuera más intenso y prolongado, alternando caricias con el dorso de la mano y yemas por toda la espalda. De vez en cuando llevaba las caricias a la zona de los senos, que sobresalían aplastados a los lados y subía con el dorso por las axilas, para no hacerle cosquillas. Sin separar el contacto con su cuerpo, volví a echar aceite y me acerque a la zona de los muslos y del soberano culazo.
Inicié por sus muslos, los acaricie extendiendo hasta el límite de sus nalgas y bajando otra vez pero esto duro poco, mi inconsciente me apremiaba y subí con las palmas abiertas intentando abarcar el máximo posible de aquellas montañas cárnicas. Las rodeaba con movimientos simétricos en círculos para cubrir toda su magnífica extensión, de dentro afuera y viceversa. Cuando ya estaba bien aceitado pase a movimientos alternativos de caricias, masajes, rotaciones y amasamientos, todo ello con delicadeza pero intensamente.
Perfecto, pero mi calentura quería más y en un momento dado dedique mis atenciones al valle que formaban sus montañosos glúteos, los separaba con mis manos y dejaba ver aquel ojo maravilloso de color marrón, lo acariciaba con las yemas delicadamente pero con la sana intención de conseguir su relajación y que me permitiera enterrar aunque fuera la primera falange de algún dedo, ante estas maniobras me pareció verlo contraerse y relajarse como pez boqueando, pero fue el movimiento de su cuerpo sacando más el trasero lo que me animo a intentar jugar al escondite con los cinco lobitos. Aplique un poco más de aceite arriba del canal y a la primera gota que se difundía por las estrías de su ano presione con el índice despacio hasta conseguir con poca resistencia que se alojara hasta su mitad, lo gire sobre sí mismo y lo saque para volver a enterrarlo de nuevo. Ante la falta de quejas de la dueña de mis anhelos hundí nuevamente pero ahora hasta el límite girando lentamente en ambos sentidos y manteniéndolo un poco más. No había respuesta negativa, eso pedía cambiar de tamaño, el corazón entro en juego, a mí se me iba a salir y a ella le iba a entrar, despacio, dejando que el anillo de cuero cediera ante el visitante. ¿Quejas? No, seguimos. Cuando el explorador de las mayores profundidades estaba más a gusto, un pequeño apretón y un suspiro ligero me revelaron que la gruta de las maravillas podría dar mucho juego en próximas exploraciones, al mismo tiempo que cerro sus glúteos con el dedo alojado en su interior paso a remover sus caderas ligeramente, buscando quizás un mayor roce con su interior. En cuanto aflojo las nalgas saque al largo y comencé a hurgar con el gordito, la profundidad la soporto bien, veamos los ajustes de anchura.
Este lo introduje más despacio y con cierta maldad, ya que al mismo tiempo que iba entrando ejercía presión sobre la base del esfínter, aumentando el espacio del anillo, esta maniobra junto con sus ligeros movimientos provocaron un…
- ¡Ah!, ¿que fue eso?, por favor que vergüenza, fue sin querer, perdóname se me escapo.
-¿El que, el ruidito?
-¡Pedo niño, eso fue un pedo! que vergüenza… -La verdad que se la notaba apurada, había que quitar hierro al asunto-
-Alba de mi vida, madurita mía, ¿puedo ser sincero contigo?
-Más te vale.
-Nos hemos comido los culos, nos hemos bebido y saboreado los jugos, chupe tus bragas, no una tres veces con tus restos de orina flujo y a saber un poco de canelita.
-Eso jamás, mis bragas estaban limpias. –La ofensa seguía en alto-
-Vale tus bragas salvo lo que te sale del coño estaban inmaculadas –tono de broma-, con todo esto y lo que vamos a hacer mañana y el otro y el otro hasta que te canses de mí, ¿crees que un airecillo me va a dar una mala impresión de ti? Por favor, quiero otro cuando te lo esté comiendo y que me hinche los carrillos como a los ángeles de Murillo.
Risas, eso era otra cosa.
-Qué cosas tienes, es que soy muy pudorosa con los…
-¿Pedos?
-Siii, no me tire uno delante de mi marido hasta el año de casada por lo menos y casi me muero de vergüenza.
-Si lo que salga de ese culo tiene que ser gloria bendita, eres humana, ¿quieres que me tire uno para igualar?
-No, cochino, ja, ja, ja, que eres hasta capaz.
-Bueno –cachecito en la nalga-, quitando el momento aéreo, ¿Qué te va pareciendo el jueguecito?
-Mmm, al principio era raro, como si necesitara ir al baño urgentemente, pero con el tiempo me relaje y fui notando cosillas que no me disgustaban.
-¿Dolor, escozor?
-No, de eso nada, pero fuiste cambiando de dedito ¿verdad? Notaba más presión cada vez.
-Claro, quiero que tu cuerpo se adapte para que sea lo más placentero posible y me pidas más.
-Eres un pervertido viejo verde, no se te escapa nada eh.
-Favor que me hace señora mía, me descubrió, soy un viejo pervertido que quiere petarle el culo de diosa que tiene.
-Humm, pues tú dirás viejito, ¿vas a seguir ayudándote a que me guste?
-Querida, ¿si tú y tus peditos me dejan?
-Que mamón eres, cómemelo ahora o lo perderás para siempre. –Y poniéndolo más en pompa me lo ofreció-
-Oh, querido mío, ¿acaso quieres un besito antes de que siga profanándote?
Bravo por nuestros personajes, que ni los pérfidos vientos del destino impidan a este innato explorador acabar su hazaña en las profundidades del gozo.
Seguidme leyendo que esto promete para el pimpollo y el tercer ojo, no tan espiritual, de Alba.
Tocaos, exploraos, gozaos y si tenéis la suerte de estar leyendo esto en pareja, imitadlos, superadlos.
Felices… tocamientos.
Continúa en
- Relato #213226— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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