Fidel y sus maduritas 5
Fidel sabe que su 'paciente' no necesita un diagnóstico médico, sino un tratamiento mucho más carnal. Con una pierna vendada y la mente llena de deseos reprimidos, Alba descubre que la verdadera cura para su matrimonio frío está entre las piernas de un chico que no tiene prisa por irse.
Fidel y sus maduritas 5
Me deslice por su cuerpo empezando por los pies, le di besitos a los dedos del vendado y al otro le volví a aplicar el clásico chupa, lame, aprieta y baja hacia la gruta, acariciaba sus muslos y esta vez sí pare en su coñito, pero fue una visita de cortesía, un par de refregones, un lengüetazo y a seguir ascendiendo, paseo por el valle del ombligo y salto hacia la boca con aroma de polla y sabor a semen recientito, caricias por los brazos y mirada profunda.
-Señora ¿tiene usted tos?
-Si doctor, “ejem, ejem”, noto como si me faltara el aire y un dolor aquí en el pecho. -mientras se acariciaba sus hermosas tetas-
-Me temo que es más complicado de lo que creía, explorare.
Mientras aun la miraba lleve mis manos a los laterales de su pecho y comencé a palpar, como un auténtico doctor, nada de intentar excitarla, jugaba con ella y la hacía sonreír, al acercarme a la zona de sus areolas su piel se erizo, “vaya creo que voy entendiendo el problema”, coloque las palmas en los laterales de sus preciosos senos y con los pulgares, describí círculos por sus rosadas areolas notando como se estremecía, centre los movimientos y roce los pezones, en cada vuelta, su pecho subía con la respiración profunda que mantenía y su boca se mantenía un poco entreabierta pidiendo más aire y más roce.
-Doctor me encuentro peor, me encuentro ardiendo.
No conteste y pase a acariciar los pezones con los dedos de mi mano abierta en abanico, estos saltaban entre ellos más endurecidos, ante tal respuesta decidí ser más osado y pellizcarlos levemente.
-Oh doctor, creo que voy a desfallecer, ese tratamiento… pruebe a incrementar la dosis.
Pellizco un poco mayor y resultado óptimo, se vuelven duros como piedras y las areolas se encogen un poco más con la excitación, suspiro profundo y resoplido posterior, avancemos.
-Creo que vais a convulsionar será mejor que visualice la zona más de cerca.
Acerco mi cara a uno de esos gigantes y noto el calor, lo rozo con la nariz y salta ante mis ojos, ataco.
Lamo el pecho desde el exterior hasta la areola y le doy vueltas intentando no rozar el pezón, noto su rugosidad y calor en mi lengua, cambio de pecho y repito pero esta vez ella busca mi boca y mete su pezón en el juego, que remedio, lo lamo y chupo con unas ganas enormes, como si pudiera despegarlo del resto, agarra mi cabeza y la lleva al otro, para que no se enfriara, llevo la mano al que esta húmedo de mi saliva y le aplico caricias, giros y pellizcos, mientras al otro intento sacarle mi leche, la que se tragó antes, chupando ávidamente, como un bebe hambriento. Se retuerce y suspira profundamente, mientras, acaricio su cuerpo llevo la otra mano hasta su vulva, que encuentro ardiendo y empapada. Primero la abarco con la palma entera, que se sienta acogida, al notar el abrazo sus piernas se separan invitando a un contacto más íntimo, masajeo su espeso pubis y bajo de nuevo abriendo el charco que se acumula entre sus pliegues para, con mi dedo corazón, explorar superficialmente el interior, todas estas maniobras sin dejar de mamar, cual ternerito una y otra ubre, con los pezones tan duros como bolas de acero, el espacio entre uno y otro estaba marcado como el camino de un caracol por mi lengua, no quería apartar mi boca de sus pechos, necesitaba sentir como su cuerpo se agitaba con mis maniobras con todos los sentidos posibles, saborear su piel, ver como se erizaban sus pezones y agitaba su cuerpo, oler su esencia femenina manando desde todos sus poros, oír como respiraba agitada, sus gemidos y tocarla, tocarla toda ella, desde sus pies hasta su cabeza. Necesitaba que sintiera que era lo único que existía para mí en esos momentos, que todos mis sentidos se concentraban en hacer que gozara y se sintiera adorada, dejarnos llevar por una pasión lujuriosa y desenfrenada, necesitaba… joder, necesitaba sentir como se corría por mí, como la llevaba al límite y hacia que se derramara por lo que le hacía.Todo en ella estaba predispuesto, su respiración cada vez más profunda, sus pequeñas convulsiones al explorar sus cavidades, mantenía un ritmo coordinado entre mi pulgar y el índice, presión moderada sobre su punto G y frotar su clítoris, estimulante para los dos, los pezones me buscaban, pedían succión, pellizcos, mordiscos y lametones, demandaba a gritos correrse y lo estaba consiguiendo, gemía, gruñía y pedía más.
-Mmmfffff, sigue así cabrón, no pares ahora, sigue así, así, aaahhhh, ummmmm, uuufffff – no dijo más, solo cogía aire con la boca abierta, como si le faltara la vida con la cabeza echada hacia atrás y ya no se agitaba, estaba relajándose-. Uf, cabroncete, le hechas ganas.
Antes de acercarme a ella y tumbarme a su lado para que recuperara fuerzas, recogí todo el néctar que pude con mi mano y lo saboree como un niño chupándose los dedos con la última chuche de la bolsa. Se reía al ver mi cara metiendo mis dedos hasta no dejar gota. Me tumbe junto a ella, acariciando ahora su brazo, su cara, su pelo mientras recuperaba el aliento y la calma.
-Va ser que sí, aunque quede tarde, está bien empezar con ritmo ¿no crees?
-Sí, es lo suyo, pero seguro que… ¿no te quedaste con sed? –Pues no que creo que me está invitando a que le coma el coño, esta mujer me encanta, sabe perfectamente lo que quiere y no le importa pedirlo-
-O claro, puede que aun necesite un poco más de esos caldos reconstituyentes suyos mi señora.
-Mi señor, no se haga de rogar y atienda mis suplicas, por nada del mundo querría verlo deshidratado.
Le di un beso en los labios y comencé a bajar hasta llegar a sus pies y colocarme entre ellos, apile cojines para acomodar su maltrecha pierna dejándola elevada, eso me facilitaría las labores, tome la otra y al mismo tiempo que la iba besando la llevaba hacia su cuerpo para dejarme pleno campo abierto, su coño estaba abierto como una almeja bien cocinada en sus propios jugos, aun había fluidos en él. Con cuidado le puse otro cojín bajo las nalgas dándome aún más campo de recreo y con una mejor inclinación. La visión era algo más que excitante, mi polla estaba a reventar y seguía destilando fluidos, nos habíamos juntado dos caracoles babosos y eso aún me excitaba más. Me acomode entre sus muslos y ataque directamente, ya había tenido un orgasmo antes, el segundo sería mejor, esa era mi meta. Lamia todo su coño, desde los labios hasta el centro mismo, en una espiral constante, sin centrarme aun en su clítoris, jugueteaba con mis dedos, metía uno, dos, los rotaba y sacaba, sutilmente, más acariciando que presionando aunque su vagina se mantenía apretada y la estrechez favorecía el roce, la humedad empapaba mi mano, buena señal. La posición tan abierta me permitía un nuevo hueco a explorar, su cadera algo levantada dejaba ver entre sus poderosas nalgas un esfínter oscuro y apretado, acerque mi nariz y no pude distinguir otro aroma que no fuera el de su coño, los jugos que destilaba la tenían chorreando hasta debajo, de modo que tuve que probarlo, lamí afanosamente hasta dejarlo limpio y entonces metí mi lengua en aquel estrecho orificio, mmm, era un ano dulce, hasta entonces había probado unos cuantos y cada uno tiene su sabor, pero el de Alba era el más dulce de los que había paladeado hasta ahora, para que no decayera la excitación en mi diosa con una mano le aplicaba el doble placer en su “G” y clítoris, mientras le mamaba ese culo maravilloso y eso que aún no lo había visto natural, de pie, pero en esa postura amenazaba con ser arrebatadoramente hermoso, metía mi lengua cada vez con más ahínco y su respuesta no tardó en llegar, se abría y cerraba como una boquita, pedía más y más encontró, hundí el índice de la mano libre en su húmeda cueva y con su propio lubricante empecé a horadar ese prieto ano. Dio un pequeño respingo y un “eeeh” salió de su boca, acaso ese orificio en una mujer tan sexual ¿estaba libre de pecado aun?
-Hola, ¿te molesto ese jueguito?
-¿Vas a tratarlo con cariño? Hasta hoy solo fue visitado de pasada, algún beso pero nada más.
-¿Acaso dudas de que lo que yo te haga solo será para que goces lo más que puedas?
-Creo que no, por eso estas hay abajo divirtiéndote. Anda sigue no perdamos tiempo que me tienes muy salida.
-Vaya par que nos hemos juntado.
Y diciendo esto volví a mis labores comensales y táctiles, seguí devorando su ojete, lamiendo alrededor, metiendo la lengua cual oso hormiguero y cada vez sabia mejor, sus puntos de placer seguían siendo manipulados sin descanso y reanude la exploración con el dedo de forma más profunda, despacio, para no asustarla, que pidiera mayor intensidad y diversidad en los juegos a medida que probaba nuevas sensaciones. No quería meter presión y para evitar que le diera el reflejo de defecar solo lo introducía y movía la última falange, dejando que se acostumbrara a su tamaño. Como no podía comérmelo y follarlo digitalmente al mismo tiempo volví a comerme su delicioso coño, eso además distraería su atención y podría probar a cambiar el dedo por su hermano mayor. Al cabo de un ratito de centrarme en su clítoris con devoción aplique el cambio, suavemente, alternaba meterlo en su raja para lubricar, con volver a su ano a mayor profundidad, de clítoris a vagina para recoger néctar cual sedienta abeja y volvía a la perla, lamía, mordía suavemente, chupaba intensamente, todos esos juegos producían espasmos en mi deseada madurita, sobre todo me encantaba lamer su clítoris fuertemente y acabar el lengüetazo fuera de él, de abajo hacia arriba, eso hacía que sus piernas sufrieran sacudidas lo que me ponía si cabe más burro aun para seguir.Saque el dedo de su culo y comencé a pasear mi lengua desde su agujero anal hasta el clítoris rebuscando en cada agujero y pliegue que me encontraba en el camino, para facilitar la tarea abrí su vulva con las manos dejando la llaga de su feminidad abierta como una flor, contrastaba su piel morena con el vello oscuro que adornaba el exterior de sus labios mayores, los menores mucho más claros de un rosado fuerte, hasta el tono más claro de sus mucosas vaginales, llenas de fluidos que pedían ser libados por esta abeja laboriosa.
-¡¡¡Cabrón, sigue que me estas poniendo como una moto, voy a llenarte la cara hasta que te ahogues pero no pares ahora!!!
Ante tamaña exclamación lo único que podía hacer era devorarlo un poco más y aplicarme como un devoto a la oración. Ano, vagina, clítoris y vuelta a empezar, unas diez o doce veces más y sin solución de continuidad, operación clítoris a muerte, dedo índice al punto “G” y corazón al ano. Primero despacio y luego a medida que la respiración y las contorsiones se incrementaban acelerar, el dedo del ano más como visitante al que recibes amablemente, pero el índice debe llamar a las puertas del cielo y reclamar el orgasmo desde el fondo de su vagina con movimientos casi al compás de la lengua ya que esta solo dedica en exclusividad sus atenciones a un solo punto lamiendo como un gato sediento ante un plato de leche fresca.
Los quejidos guturales, la respiración agitadísima, las contorsiones y las manos que atraparon mi cabeza y la apretaban contra sus genitales eran prueba inequívoca de que el tratamiento era el correcto. Solo quedaba esperar aplicando el método y la espera dio sus frutos.Espasmos en su estómago, un gruñido sordo, gutural y una inundación en mi boca eran el resultado de un orgasmo que estaba sufriendo mi amante pareja, era como si chorreara una cascada desde su coño bañándome cara y pecho, a pesar de la impresión seguí maniobrando hasta que ya extasiada retiro sus manos y paro la agitación. Esta vez su sabor era diferente, un poco más agreste, casi parecía orina entre la fuerza del chorro y el sabor, pero era magnifico y me hacía sentir como el que llega a la cumbre del Himalaya, cima conquistada.
-¡Fidel de mi vida, que bien sabes comerlo! sabía que no me equivocaba contigo, un pervertido siempre da juego. Ven aquí y bésame.
-Tratamiento de reina. ¡Viva la reina Alba! Y ¡viva su coño que sabe a néctar de los dioses!
-Me encanta el humor que le metes a todo, -lengua hasta la campanilla y manos por mi espalda, ¿puede haber mejor recompensa?-.Mmm, me dejaste rendida, ¿hacemos un descanso y después seguimos? Necesito estirar la dichosa pierna.
-Claro que sí, ¿tenemos toda la tarde no?
-Por supuesto nene, -con una expresión perversa que me dejo como perro al que le enseñan la pelota pero no se la tiran, atento y moviendo la colita- pero tú tienes… ¿Cuántos, veinte años? Y yo cuarenta y tres, dame un respiro.
-Diecinueve para ser exactos. Tomate el tiempo que quieras, ¿dime como te ayudo a colocarte cómoda? –Me miro con una leve expresión de asombro y emoción-.
-Chavalín, si no viviéramos en esta sociedad, te cazaba como maridito.
-Qué fuerte vas, ¿ya estas enamorada de mí?, ¿me pides matrimonio?, ja, ja, ja.
-Serias mi sirviente solicito, legalmente, je, je. –dijo de forma altanera mientras se reía de forma condescendiente. Y pensar que el capullo del marido no atendía a esta mujer como se merece-
-A sus pies por siempre mi señora. Me permite ayudarla.
Inclino la cabeza y movió la mano dando su beneplácito de forma altiva, me encantaba el rol que manteníamos. Coloque un almohadón largo y delgado bajo su pierna y le di besos en sus deditos y en los hematomas que sobresalían del vendaje, continúe hasta llegar a su boca donde nos dimos un ligero beso en los labios y nos quedamos tendidos, pero mi mano se sintió viva e independiente y decidió quedarse acariciando el poblado monte de venus, jugando con su pelo púbico.
-Mi jovencito pervertido, ¿no quieres dejar que se enfrié la pieza eh?
-¡Mano mala!, deja de jugar en la espesura que te vas a caer por el precipicio y te vas a ahogar. – y deje caer la mano hasta que se metió entre sus labios húmedos-.
-Que malo eres, déjala hay, creo que sabe nadar.
Y así pasamos unos minutos, boca arriba ella, de lado yo con una mano calentita, la polla húmeda y babeando, disfrutando del olor a sexo que emanaba de su piel y mirando su fantástico cuerpo.
-¿Dónde aprendiste lo que mi hiciste en el culo? Antes alguna chica me lo había comido, pero lo del dedo, buff, no te ahogue por los pelos, creí que me vaciaba de la cantidad de semen que notaba salir.
-En eso tienes que darle las gracias a mi marido, es un pervertido como tú y me enseño muchas cositas que le gustaban a él. A mí me tenía satisfecha porque creo que tengo mucha sensibilidad y llego al orgasmo con normalidad, al menos una vez, pero siempre fue un poco egoísta y una vez se corría, buenas noches Mari Carmen. Te estoy contando cosas que no sabe prácticamente nadie, salvo mi amiga del alma, ¿Qué me estás haciendo? Esto no es normal en mí.
-Es un secretito que utilizo, lo llamo “la borrachera tras la comida”, después de comerme un coñito con hambre, los jugos que provienen de él y me trago como mana del cielo, hacen que creas que estás hablando contigo misma y te abres a tu yo satisfactor.
-¡Vaya trola te marcaste!, ja, ja, ja.
-Pero funciona, je, je, je.En realidad, me pasa bastante con la buena gente, me abro, se abren, suelo crear ese ambiente, especialmente con las mujeres, no solo en el ámbito sexual, en el día a día.
-Ya vi tu buen rollo con Loli, eso también me llamo la atención sobre ti.
-Te puedo preguntar… ¿algo más íntimo?
-De acuerdo, pero con la condición de que después me cuentes cosas a mí, si yo te pregunto.
-Bien, ¿Qué le pasa a tu marido? Una mujer como tú, por lo poco que te conozco en la relación diaria, bastante digamos… discreta en el trabajo, pero que en el sexo le encanta jugar y le va la marcha. No lo entiendo, si fueras mi esposa habría tanto ADN mío en tu piel como tuyo, no te quitaría las manos de encima.
-¡Ay!, qué lindo eres, pero te queda mucho por aprender y sufrir, que te enseña tanto como el tiempo y deja grabadas muchas cosas. Mira, yo me case enamorada, de él, de su físico, su clase, su profesionalidad, me trataba con cariño, respeto y de donde yo procedía eso no abundaba, él, no sé si estaba tan enamorado, pero quiero creer que al principio sí. La relación era buena, me ayudo a encontrar el trabajo por sus contactos y me daba libertad, ya que trabaja mucho, pero le apasiona demasiado su profesión y creo que yo pase a segundo plano hace tiempo y le valgo como la esposa contenida y paciente, propia de su círculo.
-¿No te cansas de no ser tratada como mereces?
-Cariño, conozco tantos matrimonios iguales que es casi, lo normal, ¿querría otra cosa? posiblemente sí, pero... quizás la buena posición, lo que me rodea, ya ves que comodidades, la rutina, me volvieron cómoda y afrontar ahora tantos cambios e incertidumbres me superaría más que sobrellevar esta vida.
-Ummmmm, te comprendo, debe ser muy difícil renunciar a todo, pero la estabilidad mental también es muy importante y eso... buff, tienes razón la vida es complicada y quien soy yo para sermones o consejos, yo solo quiero darte placer y disfrutar contigo.
-Eso mismo quiero yo. Me toca, ¿y tú, donde aprendiste el arte de bajar y volverme loca?
-Sinceramente, creo que como me encanta el olor a coño, su sabor, su tacto, todo en sí, mi mayor afán era que me dejaran estar cerca de ellos el máximo tiempo posible, pues siempre que estuve con una chica le pedía que me guiara para darle el mayor placer posible y cada una me enseñaba cosas que mezclando dan los resultados que ya conoces.
-Pervertido e ilustrado, buena mezcla. – piquito y caricia en el pecho, se colocó de lado y nos mirábamos fijamente-
-A tu marido entonces ¿le gustaba lo del culo antes de estar contigo o lo descubristeis juntos?
-Pues no lo sé, el me proponía las cosas y yo así alargaba las sesiones de sexo, a veces, con esa maniobra por ejemplo salía perdiendo, ja, ja, ja, pero el mundo del matrimonio tiene esas cosas, tengo amigas que raramente se corren en sus relaciones matrimoniales, maridos flojos, egoístas, picaceras o excesivamente dotados y los peores, los violentos, se de uno que tiene el alma tan podrida como su cuenta de millones, a ella la hace pasar un calvario.
-Lo del dolor lo probé un par de veces, pero era suave, azotes, algún insulto, un poco de lluvia dorada, ella era sumisa y probamos durante un tiempo, pero quería probar cosas más duras y a mí lo de humillar o hacer daño más fuerte no me gustaba la verdad. Hablamos de vez en cuando, cuando el amo la deja, ¿curioso verdad?
-Lo de la lluvia dorada ¿qué es?, ¿lo de mearse sobre el otro?
-Sí, exacto.
-Mi marido me lo decía en inglés, “Golden shower”, ducha de oro lo traducía yo, tiene su punto.
-Mmm, podríamos jugar a eso si quieres. -una meada de ese coño me pondría con la polla como una roca-
-Habría que esperar a no tener vendajes, imagina oler a pis delante de Vero, creería que me lo hice encima.
- ¿Quién es Vero?
-La señora que me ayuda en casa, la del desmayo.
-Eso me da esperanza de que lo nuestro dure en el tiempo, por lo menos hasta que te cures ¿no?
-Si todo va como hasta ahora, ¿Por qué no?, si no te cansas.
-Me va a costar, eres la suma de mis gustos en una sola mujer y además te gusta explorar, ¿qué más puedo pedir?
-Te gustan las señoras culonas, pechugonas, gorditas, exploradoras, ¿Qué más?
-Con melena, rizada u ondulada, de pies bonitos y los tuyos son preciosos, que destilen un aroma a hembra que te haga volverte, ya sabes que tú lo tienes, un rostro hermoso, eso es casi imprescindible, un bello rostro solapa muchas otras cosas.
- ¿Estuviste antes con una mujer mayor?
-Solo una vez, una vecina me “uso” para vengar los cuernos de su marido. Estuvo bien pero no había conexión, solo deseo de venganza, no volví a repetir porque no me agrado. Fue un buen polvo, pero ya está.
- ¿Cómo era?
-Tenía cincuenta años, mucho más gruesa que tu pero su cara era preciosa y la chupaba como una aspiradora, ella me dio mi lechita a probar por primera vez.
-No le haces ascos a nada eh.
-Creo en el sexo libre mientras las dos partes estén de acuerdo.
- ¿Mi culo te gustó verdad?, te note muy entregado con él, lo del dedo es nuevo para mí.
-Lo note enseguida, ese parón en tus movimientos, lo canto rápido.
-Lo único que se acercó por allí fue algún beso, lametón rápido y caricias ligeras, creo que le daba asco algo más. Ya te digo que es un poco egoísta.
-Pues si tú me dejas, yo te introduciré algo más que un dedito, me gusta un culo apretadito, pero eso sí, con tiempo y calma, si molesta mucho no querrías volver a probar, además, ya ves que no calzo un monstruo, pero da la talla.
-No sé decirte, mi marido la tiene poco más que tú, pero no me dedica ni la décima parte del cariño y atención de la que me dedicaste ayer y hoy. Eres el segundo hombre de mi vida. Y el primero que me hace correrme sin haberla metido, vas de record.
-Pues si quieres podemos comprobarlo, ¿te animas?
-Vale, pero me siento un poquito seca por allí, ¿querrías humedecerlo un poquito antes? –sí, me parece que le encanta que le coman el coño, no puede quedarse con esa pena ¿verdad?-
-Majestad, sus deseos son órdenes.
Obvia decir que me tire de cabeza a degustar ese coñito moreno que me traía loco, me tire un ratito aplicando el método lengua-dedito, hasta que sutilmente me paro apretando sus muslos contra mi cabeza impidiendo que me aplicara más y un toc-toc con su mano como si llamara a la puerta me dieron las pistas necesarias. No hace falta decir que aquello era ya un charco, entre saliva y jugos propios. Fui subiendo besando su pubis, abdomen, repaso aplicado a sus pechos, clavículas, cuello y parada en boca. Ella acomodo sus piernas para dejarme paso subiéndolas y con una gran apertura, nos miramos y la coloque sobre su pubis, de modo que el tronco quedaba aprisionando su clítoris y al moverme lo frotaba desde el tallo hasta la cabeza, ¿le gustaba? Oooh, sí señor, ese labio inferior mordido alternando con la boca abierta en señal de asombro y excitación me dejaban claro que sí. Llego el momento, detuve los vaivenes más abajo de su inflamado clítoris y encontré una raja húmeda y caliente esperando ser ocupada. Lo hice despacio, como si fuera su primera vez, iba notando el calor y estrechez de sus paredes, como iba ganando profundidad hasta llegar a juntar pubis con pubis y aun así apreté un poco más, agachando el culo como perro calentón provocando que toda su vulva abierta tocara con mi cuerpo, me miraba con la respiración contenida y al sentir ese último movimiento, sus brazos que solo tocaban mis costados me abrazaron con fuerza y hundió su lengua en mi boca abrazando la mía como serpientes enroscándose. No separe mi cuerpo del suyo y aplique rotaciones apretando su clítoris, que sentía duro sobre mi pubis, y alternaba con empujones igual de juntos, no quería dejar espacio entre nosotros, quería fundirme en uno con ella. Por toda respuesta sentía como sus brazos bajaban y apretaban mis riñones para aumentar el roce, sentía como respiraba por la nariz ya que no separamos nuestras bocas de ese beso ardiente que nos estábamos regalando, pero cortó, buscando aire y gimiendo. Sobra decir que me iba a dar algo, estaba dentro de mi diosa madura, sentía que me iba a correr de un momento a otro, y se lo hice saber.
-Oooh nena, creo que me voy a correr, demasiado caliente, demasiado caliente.- con palabras entrecortadas-
-Espera un poquito, quédate quieto y me muevo yo, la primera vez quiero que nos corramos lo más cerca posible. –Todo esto, susurrándome al oído, no ayudaba, decididamente, no ayudaba-
Me quede quieto y ella empezó a mover sus caderas frotándose contra mí, buscaba su clítoris con desesperación, para ver si ayudaba, agache mi cabeza y me dedique a uno de sus pechos, chupe, lamí y mordí de nuevo dando pie a guturales gemidos, jadeos y ronquidos de placer, yo estaba apuntísimo y mis ruidos la alertaron.
-Vamos, aarrrhhggg, vamos mmmfff, inúndame, déjamelo todo dentro, quiero tu semen dentro de mí, aaahhhh, me corro, o dios me coooorrrrr…
-Mmmm, todo para ti, Oooh señor, toma leche, hasta el fondo. –Nos corríamos juntos, una pasada-
Nos frotábamos como rabos de lagartija, sin separar nuestro pubis, tan fuerte que ya molestaba un poco, pero había que morir en el intento, conquistar la cumbre y dejar la bandera bien clavada. No quedo una gota fuera de su coño, al sacarla cuando se bajaba, llevo su mano y rodeando el miembro se quedó con todo el jugo en ella, se froto la vulva y cerro sus labios para dejar allí todo resto posible, lo que no pudo acabo en su boca, que lamio con fruición hasta dejarla limpia. Sin darle tiempo a saborear le plante otro morreo y compartimos los restos del banquete. Me encantaba que fuera tan desinhibida, eso me ponía muchísimo y creo que a ella también. Bajo sus piernas y cogiendo aire me dijo:
-Muy bien campeón, también la sabes meter, – otra cosa que me encantaba de ella, no tenía reparo en llamar a las cosas por su nombre y con los términos adecuados, no necesitaba subterfugios, salvo cuando jugábamos, hay tenía un repertorio y dominio grandioso- me encanto eso de estar tan pegados y sentirte casi dentro de mí, además así no hubo tanto bamboleo de la pierna.
-Hasta que te volviste loca y te frotabas como Aladino a la lámpara.
-Ja, ja, ja, me pillaste, pero la oxitocina viajaba por mi cuerpo y solo quería más y más placer.
-No lo hice con esa intención pero me la apunto, ya buscaremos como bombear sin molestias.
-Mmm, bombear suena bien. Quédate sobre mí un ratito, me gusta tenerte encima y el en cuanto acaba se hecha al lado y se duerme o se levanta a lavarse.
-Ok, pero descansa esa pierna, no quiero que te fatigues.
- ¿Por mi o por interés propio? -dicho acariciándome la cara, apretando con la pierna mi espalda y con su cadera mis genitales, no creo que fuera una duda por desconfianza-
-Querida mía, las dos cosas van unidas, tu salud es mi placer. Pero la salud siempre primero. Te quejas mucho de él, esto no serán polvos de venganza también ¿verdad?
-Sinceridad en la pregunta y lo mismo por respuesta. Pero para hablar esto ponte a mi ladito, es incomoda una conversación tan encima.Es una decisión tomada después del disgusto que me dio en el puente, se enteró del congreso en Marsella y sin comentarme nada se plantó allí, que no me hubiera importado, pero irse sin decirme nada, si le pasa algo ¿qué? Esa actitud, me dejo ya claro que no contaba para él, en cambio la tuya aquel día, más lo que fui viendo de ti, hicieron que me planteara muy seriamente empezar a vivir mi vida desconectada, pero de forma más... agradable.Además, eres muy joven, lo que me aseguraba varias cosas, energía, ganas y que fuera difícil que te colgaras de una señora mayor además de que conocerías alguien más joven por la que me dejarías. Alguien de mi edad me causaría más quebraderos de cabeza y la relación se podría complicar.
-Una sinceridad aplastante, joder, sí que lo pensaste todo. Me siento a la vez insultado y halagado, pero tu seguridad y razonamientos me ponen como una moto. Espero seguir haciéndote la vida más agradable mucho tiempo.
- ¿Contento?
-Mucho, en todos los aspectos ¿y tú?
-Bombear es la siguiente parada, ¿te apetece?
-Oh, es una buena idea, se está quedando una tarde estupenda para hacer un poquito de ejercicio.
Prueba superada, esta pareja promete ¿verdad? No dejéis de leer esta jugosa historia, os prometo que la lujuria y el sexo siguen con la madurita y el zalamero.Además, no olviden tocarse hasta el último estertor de placer que vuestras manos o juguetitos os den.
Felices… tocamientos.
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