Una Buena Ocasión 8
La puerta entreabierta revela más de lo que la madre de Sumía esperaba escuchar. Mientras ella se humedece imaginando lo que ocurre al otro lado, el joven no solo se queda con la hija, sino que busca a las hermanas gemelas para multiplicar el placer.
Una buena ocasión 8
(Conozco a la mamá de Sumía, y Berta descubre algo nuevo)
Sentado frente a la casa de Sumía, pensaba en el pobre Damián, en mi cuerpo. Siendo acosado por las mujeres que tenía a disposición en mi día a día. Y empecé a reír a carcajadas poniéndome en su lugar. Pero más me reía al pensar que pasaría cuando volviera a este cuerpo, viera como se lo estaba moldeando con mis ejercicios diarios y exhaustivos. Topándose con todas las que tendría ahora tras él. Volvía a parecer “fumado” al reír de esa manera en los escalones yo solo.
Sumía al llegar, se paró y me miraba reír y negarle con la cabeza. Me costó bastante parar, pero mientras, me dijo:
-Yo paso de drogas eh. Si has fumado, vete y vuelve cuando se te pase. - me dijo seria, en una postura muy sexy, sin acercarse.
-No joder, pensaba en mis cosas y me ha dado la risa. Anda ven, dame un beso. ¿me has echado de menos en el insti? ¿o en el callejón?. - le dije dejando que se sentara entre mis piernas, y riera después de besarme y parar mis manos en su barriga, por si se me ocurría sobarle las tetas en la puerta de su casa, y frente a la de la vieja vecina cotilla.
-No te voy a responder, no hace falta. ¿Por qué has hecho campana, viejo?. - me preguntó agarrando mis manos que querían subir o bajar, y negando con la cabeza entre risas.
-Primero me quedé dormido, y luego ya pasé. He hecho ejercicio y el vago, básicamente. - le medio mentí.
-No sé para qué pregunto, no me creo la mitad de lo que me cuentas ¡jajaja!. - me soltó, levantándose y cogiéndome de la mano para que la siguiera, con los dos riendo.
Se paró en la puerta antes de abrir, me besó con muchas ganas y agarrándome las pelotas con fuerza, me dijo:
-Esta que no mire, a mi madre la dejas, que está muy bien servida con mi padre. - y me las soltó con esa cara diabólica que pone, volviendo a besarme y girándose a abrir.
La verdad es que la mama de Sumía no se parecía en nada a ella. Alta y regordeta, con mucho de todo, pero que se notaba dura y recia. La típica “Curvi” que agradeció mi repaso en cuanto nos presentó rápida y seca, la ahora “estúpida hija”, con su trato hacia su madre.
-Hola mama, este es Damián, un compi del insti. Damián, esta es Ana, mi madre. Tenemos tarea ¿nos subes unos bocatas? -le dijo seria sin pararse apenas para darnos los dos besos.
Yo miraba a la madre, le pegue otro repaso y levante los hombros sin entender el comportamiento de la loca de su hija. Me devolvió el gesto con media sonrisa de la sorpresa por mi descaro al mirarla, y se giró a la cocina sin darle más importancia.
- ¿Estáis enfadadas? -le pregunté al cerrar la puerta de su habitación.
Se paro soltando su mochila a los pies del escritorio, y me dijo:
-Que va ¿Por qué lo dices?. - y se levantó la camiseta negra con estampados, mostrándome sus puntas de misil con cara de viciosa.
-Joder, te ha cambiado el tono, a más estúpida y seca de lo normal. - le dije sentándome en la cama intentando no mirarla, con ella negando con la cabeza y esperándome.
-Le he hablado normal, yo no hablo como una estúpida, ¿Qué dices, viejo?. - me explicó extrañada, pero sin venir a mí.
-Eres hija única, seguro. - le dije levantándome con el paquete ya empujando el pantalón, y ella mordiéndose los labios y empezando a reír.
-¡Jajaja! si, pero te lo habrán contado. No creo que eso se pueda deducir por la forma de hablar a una madre, por muy listo que seas. Además, ¿eso que tiene que ver? -me dijo viendo como abría la boca y me metía casi entera una teta, empezando a morder y lamer con ella agarrándome de la cabeza y suspirando.
- ¡Mmmmh! Tenemos que esperar a que traiga los bocatas ¡Buuff! que boca tienes. - me avisó en cuanto pase la mano por la mesa y la levante para sentarla.
Le solté el pecho, le pasé la mano amasándoselo, se la puse en la boca. Me la lamio apenada al ver que me incorporaba y me separaba, diciéndole:
-Entonces mejor paro, que monto un trío en un momento ¡jajaja!. - empecé a reír con ella tirándome un peluche con cara de muy enfadada, diciéndome:
- ¿Ves esos puñales? Avisado estas. - me amenazo, señalando varios puñales que tenía expuestos en un marco, ahora conteniendo la risa al ver cómo me acomodaba la polla sentado en su cama, mirando sus pezones empujar la tela con cara de vicio.
-Vale, vale. Tranquila que no le ataco. - le dije mirándonos a los ojos con deseo.
Ella siguió ahí sentada, pero yo me levanté y le di una vuelta a la habitación “gótica total”, parándome en algunas cosas chulas. Tocaron a la puerta, y la hija le dijo, ahora con un tono demasiado dulce:
-Pasa, pasa, mama. - y nos aguantemos la risa los dos.
-No sabía que querías de beber, te he traído agua y un refresco. -me explicó dándose cuenta enseguida de mi medio empalme, y yo admirando la danza de sus enormes tetas al agacharse para darme la bandeja. Menudas dos campanas gastaba la mami, más grandes que las de la mía, pensé recordándolas.
-Agua está bien, señora Ana. Muchas gracias. - le dije otra vez aguantando la risa de la cara de sorpresa de la pobre madre. Con Sumía cogiendo un peluche, para ponérselo en la boca, y riendo a carcajadas porque se había dado cuenta también.
La pobre mami se fue rápido, algo roja, y nosotros reímos un rato por la situación. Cuando paremos, se sacó la ropa en un momento, se acercó a mí y tiro de mi camiseta para que me la quitara, diciéndome:
-Mejor me tapo con esto, que tengo hambre, pero también necesito comer. - me dijo poniéndosela y mirando lo grande que le quedaba.
-Buena idea jovencita, coge. - le ofrecí con la bandeja, con ella fijándose en las abdominales que se empezaban a apreciar y las venas de los brazos.
-Te estas poniendo cachas. - me dijo rompiendo el silencio tenso.
-Estaba hecho un blandengue, y el mío está muy en forma. - le expliqué.
- ¿Haces ejercicio? Con el tuyo, me refiero. - me preguntó aun mirándome sin pudor.
-Cada día desde que tenía 18 años, ya es una rutina mañanera.-. le expliqué fijándome en sus ojos de deseo.
-Yo hacía vóley, tu hermana Berta también estaba en el equipo, pero con los de su edad, claro. Tu hermanita llenaba las gradas solo por ver ese cuerpazo que tiene ¡jajaja!. - me explicó entre mordiscos al bocadillo, riendo los dos.
-Esta para mojar pan, pero ¿cómo supiste que me la tiro?. - le pregunté al recordar que me lo dijo.
-Os vi una mañana “despediros” muy cariñosamente ¡jajaja! -me confesó apresándose un pecho y recordándome como se los cojo al recibirla y despedirme, siempre que puedo.
-Sabes que tengo pensado ir a verme, bueno ya me entiendes. - le expliqué, y se le abrieron los ojos, dejando el bocadillo y diciéndome nerviosa:
- ¡Ostras! ¡sería una pasada! Voy contigo. -y me quito mi bocadillo, lo dejo en la bandeja, el refresco que me acababa. Y dejando la bandeja en el suelo, tiro de mis pantalones con prisas, haciéndome reír de cómo iba de caliente, la pobre jovencita gótica.
- ¡Oye! que estaba rico. - le recrimine con ella ya con mis slips en la mano, oliéndolos y quitándose mi camiseta rápida, haciéndome reír de sus prisas, y ella poner su cara de “endiablada viciosa”.
Ana, la mami “Curvi” había tenido amigas de su hija en casa, pero nunca un chico. Fue otra madre que suspiró, sabiendo que por lo menos también le gustaban los chicos. Pero es qué este chico parecía mayor que ella, e imagino el enorme bulto que había apreciado claramente, entrando en el delgado y más pequeño cuerpo de su hija. Y después de un rato, cogió un par de refrescos para disimular, y subió a poner la oreja en la puerta.
Lo que oyó, le empapo las braguitas, pero casi le hace entrar en auxilio de su pobre hijita:
- ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡que no! ¡Mmmmh! que aún no está ¡Aaj! ¡Aaj! ¡joder! Me vas a abrir en dos ¡Mmmmh! ¡duele! ¡Ooooojj! Un poco más ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡ya! ¡ya! Otro día más ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! Puto viejo cabrón ¡Ooooojj!. - me decía con mi capullo en su culito, haciendo fuerza para separarse, y que no se la metiera más.
- ¡Mmmh! ¡Mmmh! Aguanta va ¡Ooj! Que ganas tenía ¡Ooooj!. - le decía teniendo todo el cuidado que se podía tener, con lo cachondo que iba, y sus pechos en mi boca.
- ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! sácala un poco porfa ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Buuff! Bueno, si no la metes más, sigue así ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! Otro día más ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj!. - empezó a gozar la jovencita, y le lleve la mano a mi polla para que me la cogiera.
Vio mi cara, y supo que le iba a dar más caña. Me la agarro con fuerza, me tiro de los pelos a un pecho y se puso más cómoda para recibir los pollazos.
- ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaaaj! ¡Aaaaajj! ¡me corro! ¡me corro! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaaaj! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! Déjame a mi ¡Mmmmh! joder que polla ¡Mmmmh! ¡Mmh! ¡Mmh! ¡Mmh! como te pasas cabrón ¡Oooooh! ¡Oooooh!. - gemía sin control a mi lado, habiéndola dejado escapar de su suplicio, pero lamiéndole los pezones sin que me soltara del pelo.
- ¡Mmmmh! lo entiendo ¡Oooooh! ¡Oooooh! Es diferente, si ¡Mmmmh! ¡Ooooojj!. - me explicaba llevándome al otro pecho y girándose para abrazarme con una pierna y frotar su coñito empapado en mi costado.
Su madre, tras la puerta se sonrojo al saber lo que había pasado, y en cuanto bajo la vista se vio los enormes pezones empujando su ropa, notando su coñito empapado. Se separó, y se fue al baño a refrescarse, alucinando con la escena oída, e imaginada en su mente.
Sumía ahora se follaba la boca y jugaba con mis pezones. Con más mordiscos de la cuenta, cada vez que notaba el dolor en su culo. Levanto la vista, subió con su lengua y se la encaro a su coñito diciéndome mientras le entraba y me daba besos:
-Ya sé que te ¡Mmmmh! que te gusta mandar y eso ¡Ooooojj! Pero ¿me dejas a mí? ¡Ooooj! Jodido viejo, rompe culos ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Mmmmh! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooooj! Te vas a enterar. -me amenazó, empezando a follarme cada vez más deprisa y más profundo.
La pobre mami de Sumía se frotaba el coñito con rabia en el bidet, imaginando que le hacía lo mismo a ella. Y protestaba sin entender porque, un jovencito larguirucho, la había puesto tan cachonda, oyendo como le violaba el culo a su dulce hijita. Pero se empezó a correr en cuanto oso meterse un dedo en el suyo, y lo empujo con rabia imaginando que era mi polla. Gritando ahora entre gemidos y espasmos, con todo el dedo dentro. Por supuesto su culo no era virgen, era el regalo a su marido cada fin de mes, pero su marido no tenía ni la mitad de polla que ese jovencito, ni la ponía así de cachonda. Pensaba mientras se corría y se estrujaba un pecho sin sacarse el dedo, que giraba ya, entero dentro.
Sumía tomaba aliento conmigo, sobre mi pecho y con media polla metida, latiendo su coñito y mi polla por los espasmos. Lo había conseguido, había hecho que me corriera, pero le había costado aguantar dos orgasmos suyos, que la hacían perder la velocidad y las fuerzas. Y ahora no se podía mover, resoplando en mi pecho, diciéndome:
-Llegare a tu nivel ¡Mmmmh! ¡Oooooh! y te hare lo mismo ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! sácamela porfa, me meo. - me pidió después de amenazarme, haciéndome reír y sacársela, diciéndole:
-No tengas prisa cariño, ya estas a buen nivel. - y me mordió un pezón levantándose, y volviendo a ponerse mi camiseta para quedar tapada, yendo al baño con prisas.
Yo resoplaba de la cabalgada que me había pegado la canija, comparándola ahora con mi hermanita Berta. Pero Berta ya estaba muy cerca de mi nivel, con más cuerpo, más fuerte y algo más mayor. Y, sobre todo, muchos más polvos conmigo que la endiablada Sumía.
Sumía orinaba y sonreía satisfecha de su hazaña. Hasta que oyó a su madre picar a la puerta preguntando preocupada:
-Hija ¿estás bien? ¿necesitas algo?
-Si, muy bien ¿Por qué preguntas?. - le dijo en su tono, bastante extrañada.
Pero enseguida se dio cuenta de que nos habría oído, y del espectáculo que habíamos dado. Intento aguantar la risa, pero riendo, le dijo a su madre:
- ¡Jajaja! mama, estoy perfecta ¡Jajaja! perdona por los gritos ¡jajaja!. - reían ahora las dos, igual de avergonzadas.
Se sentó en el bidet aun riendo, pero paro en seco al notar el agua aliviarle sus agujeros, resoplando al darse cuenta de lo irritados que los tenía. Cogió agua, la llevo a sus pechos y casi tiene un orgasmo del alivio que sintió también, exclamando:
- ¡Buuff! puto viejo cabrón ¡Ooooojj!. - y se levantó para secarse y venir.
Yo me había vestido, ya era algo tarde, y sabia como tenía la pobre sus agujeros. Me sonrió al entrar y me preguntó abrazándome:
- ¿Te vas? Otra chupada si te haría, viejo cabrón. - y me la apretó con fuerza, haciéndome reír hasta que me beso con pasión.
Su madre se apartó de mi vista oyendo que me iba, sus ojos la delatarían y prefirió hacerse la tonta en el cuarto de la lavadora. Y Sumía me dio una buena ración de lengua, empezando a rondarle que entrara esa noche a hurtadillas en su casa. Pero se lo quito de la cabeza, y me dejo ir con esa cara de diabólica, esta vez muy bien folláda.
Esta vez eran ellas las que me esperaban, pero ya les había avisado por separado a las tres, con la excusa de un trabajo de clase. Debía ir a la ducha antes de caer en las manos de Berta. Olía a sexo, y mucho. Me saludaron las tres, sentadas en el sofá, y les revolví el pelo a dos, yendo rápido al baño con la excusa de que me orinaba.
-Tanta cerveza es lo que tiene. - me dijo mami.
Berta no dijo nada, ni se dio cuenta del olor. Pero Lucia lo aprecio enseguida, y contenía una pequeña risa maliciosa.
No tarde en bajar, y ya estaba la mami preparando sola la cena en la cocina. Me pegué bastante a ella con la excusa de coger una cerveza de la nevera, y le dije al oído:
-Esta noche te la quiero meter por aquí. - le dije amasándole un cachete, y haciéndole dar un saltito y una risita por la sorpresa, y lo que le había dicho.
Siguió con los sándwiches, pero mirándome de reojo, viendo cómo me frotaba la polla y le miraba el culo disimulando con mi móvil. Enseguida se puso nerviosa y se le caían las cosas.
Imaginó cuando estuviera a cuatro patas, y la empalara con ese bulto que le mostraba con cara de vicio. Tenía algo de miedo, pero el dedo la última vez le encantó, y ya que disfrutaba de buen sexo, lo disfrutaría al completo. Se me acerco para dejar cosas en la nevera, y me dijo en voz baja:
-Te despierto de madrugada, es lo más seguro. - y cogió la bandeja notando mi mano arañarle la espalda hasta el culo mientras se iba al salón, pero esta vez no se sorprendió, al contrario, aminoro el paso para gozar de mis uñas.
Las otras dos gacelas no habían notado nada, ni Lucia que ya sabía lo nuestro y nos vigiló. Berta no pensaba quedarse dormida esta vez, y Lucia me mandó un mensaje preguntándome cuando seguiríamos nuestro juego. Yo resoplé apenado de no dar más abasto, pero enseguida recordé que, si faltaba a clase otro día, no pasaba nada. Y mi polla salto al recordar que la directora venia la tarde del día siguiente.
Y ciertamente la pobre Sandra, en el baño de su casa se miraba al espejo y se debatía en recortarse la “pelambrera canosa” que tapaba su pequeño conejito. Si lo hacía parecería que había aceptado de antemano caer en mis redes, y si no lo hacía, con la pinta que tenía con más canas que pelos castaños, sabía que le podría rechazar. Al rato, prefirió dejarlo así, y no parecer que yo había ganado. De todas formas, aún tenía esperanzas de que estuvieran mis padres.
Pero en la noche, e involuntariamente, se masturbaba dormida y se despertó cuando tuvo el primer orgasmo en más de veinte años. Se destapó, vio sus pequeños pezones erectos empujando su camisón medio sudado y pegado a ellos, y saco su mano de la entrepierna, aún con el coñito palpitando. Sintió vergüenza, desconcierto, y se giró a dormir, pensando que pasaría en esa merienda. Su coñito reía empapado, pero ella lo apretó con fuerza, y quedó dormida como un bebe.
Lucia no tenía otra opción, venir al cuarto de Berta cuando estuviéramos follando. Y sigilosamente, después de esperar a oírla con la almohada en la boca. Abrió la puerta y me miro con sus pezones de punta bajo la camiseta, entrando como una pantera.
- ¡Aah! ¡Aah! ¡vete! ¡Mmmmh! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Aah! ¡Aah! ¡Mmh! ¡Mmh! ¡Mmh!. - le dijo Berta al verla acercarse, pero le tapé la boca y la seguí follando el coñito con las piernas muy abiertas, recibiendo mi polla entera sin compasión, y la hice venir.
- ¡Mmh! ¡Mmh! pon una pierna aquí. - le ordené acercándole, cogiéndole de su culo y apretándole el cachete con ganas, mientras seguía bombeando a su hermanita, que ahora le importaba una mierda si estaba o no Lucia.
Levantó la pierna, la puso encima de la cama, y me dejo su coñito dispuesto, apartándose las braguitas sonriendo.
Al rato ya estábamos de lado, con Berta de espaldas y Lucia agarrando mi cabeza en su coñito con fuerza al correrse mordiéndome la mano, que se tuvo que poner en la boca para no hacer tanto ruido, la almohada la tenía Berta. Esta la oyó y también se empezó a correr, pero me agarró del culo para que no se la sacara, mientras yo seguía a lo mío y ella se retorcía con un pezón suyo en la boca, gozando las dos entre espasmos, una arañándome el culo, y la otra tirando de mis pelos de la cabeza.
Quedemos resoplando los tres entrelazados en la cama, pero sabían que me faltaba correrme. Una empujo a la otra, camino a mi polla, pero las paré y las llevé a las dos de los pelos. Berta refunfuño, pero Lucia me sonrío y quiso enseñar a su hermanita como se follaba la boca. Berta le dejo un ratito, pero soltó una risita, le levanto de los pelos y siguió ella, pero más rápido y mejor. Conmigo confirmándolo al gemir más animado, con las manos detrás de la cabeza, admirándolas y gozando de la competición.
- ¡Mmmh! madre mía que visión ¡Ooooj! Les dije alucinando de las dos bellezas que se turnaban para follarse la boca, cada cuál más profundo y rápido.
Aguante hasta que cambiaron, y me corrí en sus caras con las dos peleando con las cabezas para llevársela a la boca. Al final se conformaron con chupármela de lado, una frente a otra, empujándose con sus caderas enfadadas y con las caras llenas de lefa.
-Menudo dilema, joder. - exclamé mirándolas pelear.
-Dijiste que yo soy tu diosa. - me recordó Berta limpiando su cara con una gasa húmeda, y tirándole el paquete a su hermana.
-Y lo eres, y ella mi sumisa. No tenéis que competir, cada una tiene su sitio. Pero comprende a Lucia, ella no me tiene como tú, cada noche y cada mañana. - le expliqué viendo como Lucia me acariciaba las pelotas y seguía con su sonrisa.
-Bueno, vale. - me contestó algo apenada, viniendo a mí y acostándose en mi pecho, dejando a su hermana jugar con mi polla, sabiendo que ella no había follado.
Lucia, en cuanto mi polla estuvo lo suficientemente empalmada, me miro, y le asentí guiñándole un ojo. Se puso cómoda, con Berta apartándole la cabeza porque me iba a besar, y me empezó a cabalgar, con mi mano en su cadera marcándole el ritmo.
Berta me mordía un pezón, y me acariciaba el pelo, mi mano le recorría el cuerpo y Lucia gemía desbocada, pero en silencio, con sus pechos cogidos para que no botaran tanto.
- ¿Qué esperas cariño? Dame ahora el tuyo. - le dije a Berta tirando de su culo.
Ya se había vuelto a calentar, viendo a su hermana mayor gozar de lo lindo. Me paso la pierna por el pecho, y me dejo su coñito en la boca, cogiéndome enseguida de los pelos.
Ahora el concierto de gemidos silenciosos era triple. Lucia me follaba a un ritmo endiablado, guiada por mi mano, y me la agarró al no poder soportarlo tanto rato. Le clave las uñas, y la pare con toda la polla dentro. Soltó un largo gemido, y se empezó a mover en círculos apretando mi polla con su coñito dando espasmos. No se lo esperaba, pero se corría como nunca en su vida, y me acariciaba la mano y el brazo que le apresaban sin dejarle sacar ni un centímetro de polla. Pero a ella le encantó, se corría y se movía como una bailarina del vientre, haciéndome gozar de lo lindo.
Berta me agarraba la cabeza con las dos manos con fuerza, y me llevaba a su gusto. Le amasaba un pecho, luego le estiraba el pezón y subía a su boca para que me chupara los dedos y bajar al otro pecho. Gemía de lo lindo, y noto los brazos de Lucia abrazarle por el cuello y darle besos en el cuello.
Lucia ya se había acabado de correr, y le daba calambres en su coñito sensible al empalmar más mi polla haciendo fuerza. No tarde en volver a hacerla botar, y clavándome ahora ella sus uñas, se empezó a mover siguiendo con los besos a su hermanita, que le pusieron más cachonda y se empezó a correr.
Me atrapo los dedos en su boca, y así pudo gemir algo más fuerte, Lucia vio lo que le hacía con su pezón, y le empezó a hacer lo mismo con el otro, resoplando en su cuello de la folláda que se volvía a llevar. Berta se dejó hacer, gozaba de lo lindo corriéndose con mi boca chupando sin piedad, con sus pezones estirados y retorcidos.
Nos hizo soltarla, y se dejó caer de lado en la cama, dando saltitos con su pelvis con un buen orgasmo. Lucia se agachó, y después de besarme me ofreció sus pechos, y aumente la folláda para correrme. La pobre no podía más, se le veía en la cara. Me mordió un pectoral mientras me corría, y note que se volvía a correr, gritando en mi pectoral. Su hermanita nos miraba, y se compadeció de ella, acariciándole la espalda mientras yo acababa.
En cuanto deje de bombearle, escapo de mí y se tiró al otro lado de la cama, llevándose la mano a su coñito dolorido, pero gimiendo con fuerza en el colchón.
Yo resoplaba, viendo nuestros cuerpos empapados de sudor, y el ambiente muy cargado. Menudo trio me acababa de marcar con las dos gacelas, que aún resoplaban y se retorcían con sus orgasmos.
Me levanté y abrí más la ventana, cogiendo oxigeno de la calle y notando el fresco por todo mi cuerpo sudado. Las chicas suspiraron a la vez al llegarles el aire nuevo, y volví a la cama, sentándome en el lado. Quería un culito, y enseguida recordé que mami me vendría a despertar. Así que me acerque a sus bocas y les bese amasándoles los pechos, aún rojos y muy calientes, y despidiéndome.
-Me ha gustado, con ella. - me confesó la dulce Berta.
-Claro, ya verás la próxima vez. - le dije volviendo a besarle y yéndome.
Ninguna de las dos se atrevió a venir al baño mientras me daba una ducha rápida. Escuchaban mis sonidos, aún tumbadas en la cama. Y sabían lo que les pasaría si venían al baño a hacer pis, o lavarse. Y yo sonreía sabiéndolo.
En cuanto oyeron que ya estaba en mi cuarto, salieron las dos disparadas al baño, intentando no hacer ruido. Yo reía en voz baja, y me volví a desnudar tumbándome en la cama para esperar a mami.
Continuará.
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- Relato #213342— title-regex: contiguous parts (7 -> 8)
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