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Dominaciónfeb 2024

Una Buena Ocasión 7

La casa está llena de mujeres dispuestas y él es el único hombre con el poder de decidir quién se queda y quién se va. Pero cuando la familia se reúne y los límites se difuminan, ¿quién controla realmente el juego?

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Una buena ocasión 7

(Mami es una enfermera genial, Berta me perdona, y Lucia me quiere para ella sola.)

La situación estaba clara; estaba en el cuerpo de un chaval adolescente, con una familia de tres jamelgas perfectas, de diferentes edades. Pero a todas le iba lo mismo, ser sometidas y folladas con rudeza. Parece que habían aceptado mi “cambio hormonal”, quizás alguna aprovechándose, y otras dejándose llevar, al gozar más que con quienes solían follar. Pero también tenía a dos chicas de mi clase, que debía atender y enseñar a mi gusto, a una “Milf” muy dispuesta y a la directora que vendría a “merendar”. Vamos, que estaba como con mi cuerpo real, acaparando demasiado, por mi sed insaciable de sexo.

Llegando a casa, recibí el correo, con la cita para dentro de un par de días de la directora. Ya esperaba que fuese a hacerlo rápido, pero no el mismo día. Aunque me volvió a recordar que informara a mis padres para que estuvieran presentes. Algo que los dos sabíamos que no iba a pasar. Era la madurita enclaustrada de manual, y lo iba a pasar muy bien volviendo a despertar sus agujeros y esos pechitos que me intrigaba ver y saborear.

La casa estaba silenciosa, y creí que Berta estaría aún enfadada y en su cuarto. Hice algo más de ruido de lo normal preparándome el café y no oía a nadie arriba, pero esperaría a que bajara ella. Después de todo “se suponía” que no había pasado nada con Lucia, y a mí me encanta que no sepan nada las unas de las otras.

Ya al rato, mi rabo tiraba escaleras arriba, imaginando que igual se había quedado dormida. Y subí a su cuarto para despertarla con mi lengua, pero no estaba.

-Joder, que raro. - dije hablando solo.

Deje mi mochila en el cuarto y baje al salón a hacer los deberes. Le iría bien un descanso a mi polla, pensé con está negando rotunda.

-No veas, sí que escribes rápido tío. - me dijo Lucia al entrar sin hacer ruido con la cerradura y la puerta, para ver si me pillaba de nuevo con Berta.

-Si que te gusta mirar, voy a empezar a grabarnos y será tu premio, zorrita. - le dije tirando de su camiseta y acercándole al sofá.

Me sonreía y no me contestó, esperaba que empezara el juego, si no estaba Berta. Y eso me preguntó, dejando que le sobara el culo de rodillas en el sofá, y ella pegada a él por la parte de atrás, de pie.

- ¿No esta?. - preguntó notando un mordisco en el pezón, sobre la camiseta y el sujetador, que le hizo soltar un suspiro.

-Aquí nos pillan, seguro. - me advirtió notando otro en el otro pezón, y mis manos levantar sus cachetes de su culo de vicio.

Levante la mirada, vi sus ojos de cachonda, mire a la puerta de entrada que estaba a pocos metros, y me fui tras la barra de la cocina, haciéndole un gesto con el dedo para que viniera. Seguía sonriendo, y soltó su mochila viniendo a mí con los pezones ya como escarpias, empujando las telas.

Me baje el pantalón lo justo, saque mi rabo ya casi empalmado, la pegue a mi volviendo a su culo, y le pregunte:

- ¿Sabes hacer cubanas?

- ¡Jajaja! un poco. - me dijo agachándose y levantando su ropa al mismo tiempo que se la metía en la boca con mi mano llevándole el ritmo y la profundidad con ansias.

Enseguida me la puso como un mástil, y me la ensalivó de lo lindo. Me miro y abrió sus buenos pechos para colarla en medio y empezar la cubana, esperando con su boca y su lengua el capullo para seguir mamando y mojándola.

- ¡Madre mía! Si sabes si ¡mmmmh! y mucho. - acerté a decir en cuanto acelero el ritmo, y me la chupaba con fuerza y muchas ganas, apresándola con fuerza entre sus tetas empapadas, que ardían contentas y duras.

Miraba la puerta con mi café y mi cigarro, pero verla a ella era todo un espectáculo. Debía ser su especialidad, porque me daba caña sabiendo que, si no iba a tardar en correrme, y de vez en cuando se la metía entera en la boca, y se follaba ella sola, sin dejar de mirarme muy viciosa.

- ¡Oooojj! Muy bien zorrita ¡Mmmmh! más, más, dale más caña o te empotro contra la barra. - le advertí, ya muy cachondo y sorprendido con la estricta Lucia y su técnica.

Y eso hizo, apretó más sus pechos, aceleró, y en cuanto me fui a correr le agarré la cabeza para que tragara y de paso no se manchara más de lo mojada que iba a acabar.

- ¡Mmmmh! ¡Oooojj! Que cabrona ¡Mmmmh! un poco, me dice la guarra ¡Ooooojj! ¡Ooooojj! Así, así, traga perrita ¡Mmmmh! -le decía agarrado a su pelo y corriéndome a mi ritmo.

Tan experta era la cabrona, que estiro una mano cuando me la dejo reluciente y la solté, para coger un trapo de cocina y secarse antes de mojar el sujetador y la camiseta. Se levantó con su sonrisa aún cachonda, y se puso bien la ropa, sin rastro de saliva, mirando la puerta y esperando mi siguiente orden.

-Pobrecita ella, se ha quedado empapada. -le dije notando sus tejanos húmedos al frotarle el coñito y besarnos.

Me acariciaba las piernas y no decía nada, pero movía la pelvis buscando el placer de mi mano, que seguía frotando su coñito. Mire el reloj, le sonreí y le desabroche el botón del tejano, sacándole una risita tonta antes de que empezara a gemir con la boca y los ojos abiertos al notar mis dedos expertos colocarse en los sitios exactos, y empezar a pajearla cada vez más rápido.

- ¡Mmmmh! ¡Aaaaah! ¡Aaaaah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah!. - gemía y me miraba sorprendida de la paja que le estaba haciendo, cogida con las dos manos a mi brazo y dando pequeños saltitos de puntillas.

-Yo también se un poco, pero no hagas tanto ruido, que no voy a oír si vienen. - le avisé, atrayéndola a mí y besándole, notando como bajaba los pies al suelo y acercaba su cintura entre gemidos y besos de agradecimiento.

En mi mano, y por su cara de “circunstancia” note que se corría. Baje al suelo sin dejar de pajearle y le encare la polla. Se dio cuenta y ella misma se abrió de piernas, dejando caer los pantalones y las braguitas, para que sacara la mano y le pegara unos buenos pollazos al correrse, sin soltar su “botoncito”, con ella volviendo a gemir más fuerte todavía, notando mi polla entrar algo más que el capullo.

- ¡Mmmmh! ¡Aaaaah! ¡Aaaaaah! ¡Aaj! ¡Aaj! ¡Aaj! Que rico, que rico tato ¡Mmmmh! ¡Oooooh!. - me decía agradecida, follándose lentamente con más de media polla ya, y volviendo a besarme, hasta que noto que se la sacaba.

-Este cuerpazo no se puede quedar sin su buen orgasmo. - le dije guardando mi polla y subiéndole el tejano sacándole una sonrisa.

Se lo abrochó, se giró, y sacó dos cervezas de la nevera notando como me la follaba con los ojos, y ella encantada de ofrecerme sus perfiles mientras se movía por la cocina.

-Mola esto de que nos puedan pillar, pero jode quedarse a medias. -le expliqué, volviendo a amasar su culo con una pegándola a mí, y con la otra cogiendo la cerveza que me ofrecía asintiendo con la cabeza.

-Me puedo pillar un estudio, tengo pasta ahorrada. - me contestó besándome el cuello.

-Pues no es mala idea, ve mirando alguno cerca. - le dije oyendo la puerta y separándonos rápidamente, ella yendo al salón y yo aún empalmado en el taburete.

- ¡¿Dónde estabas?! Casi llamamos a la policía. -le dije a Berta antes de que dijera nada.

Pero vi que venía con los padres, y me dijo aún enfadada:

-Ahora vengo con los papas, me ahorro el bonobús, y estudio más tranquila en la biblioteca. - me dijo subiendo las escaleras sin venir a darme mi beso.

- ¿Y mi beso? ¿Ya no me quieres?. - le pregunté con un tono de pena que hizo reír a los demás, y a ella hacer que se aguantara la risa, lanzándome uno al aire, diciéndome:

-Toma, hay lo tienes. - pero su mirada ya no era de enfado, y se le notaba la risa oculta.

- ¿Aún estáis así? Vaya dos. - Preguntó Juan, camino a su despacho.

-Ya está bien eh, hoy mismo hacéis las paces. - dijo muy seria Ana, acercándose a mí y viendo el bulto que aún se notaba de mi polla.

-Hola mami ¿Qué tal el día?. - le dije recibiendo su beso cerca de la boca y agarrándole del cinturón para notar sus pechos en el mío.

-Bien, como siempre ¿y tú qué tal? ¿ya has hecho los deberes?. - me contestó mirando al salón, notando mi mano amasarle el culo.

-Igual también, los he hecho todos, pero he dejado para la noche alguno. - le dije colando mi mano por su montura por detrás, y haciéndole dar un saltito, volviendo a vigilar si nos veían.

-Luego te miro eso, a ver como lo tienes. - me ofreció la mami, dejándome a cuadros, y dejando que le frotara el coñito desde detrás.

-Si, cuando me duche te aviso. - le contesté viendo su cara de vicio y sus ojos brillar empezando a mover lentamente sus caderas y disfrutar de la pequeña paja que le hacía, con Lucia absorta en su portátil.

Ella miraba a Lucia, y yo las escaleras por si bajaba Berta. Y la mami se empezó a animar al ritmo de mi mano, que la frotaba más fuerte y rápido.

-Te voy a dejar muy cachonda, lo siento mami. -le dije al oído levantándome porque mi polla empezaba a crecer.

-Da igual tonto, no te preocupes. - me dijo también al oído, yendo a cambiarse.

La miraba subir las escaleras el cuerpazo de jaca de la mami desatada, y al llegar casi arriba, sabiendo que Lucia no la vería, me miro y me guiño un ojo. Mi polla creció al ver ese gesto de zorra caliente, y deje de mirarla pegándole un buen trago a la lata, y acabándola.

- ¿Has oído lo que he dicho antes? -le dijo a Berta, al llegar a la puerta de su habitación.

- ¡Que sí! Pero es el quien debe pedirme perdón. -le contestó la hija saliendo de la habitación, con el pijama en la mano para ducharse y cambiarse.

Yo las oí, pero me hice el loco, amasaba los pechos de Lucia, de pie tras el sofá, vigilando las escaleras y ella seguía a lo suyo con el portátil.

-Ve a ponerte el pijama, pero nada de sujetador. -le dije al oído lamiendo su cuello y apretándole los pezones ya duros, haciéndole soltar un gritito y levantarse riendo.

Ahora la miraba a ella, y no se cortó, se contoneo subiendo las escaleras, vigilando arriba y sacándome la lengua. Caí al sofá con las piernas en el respaldo, y resoplé de lo cachondo que volvía a estar. Como resopló Lucia tumbada en su cama y deseando estar a cuatro patas, como su hermanita, con el culo bien abierto. Se frotaba los pezones duros, y les dio un buen estirón antes de levantarse para cambiarse y seguir zorreándome.

No tardo en bajar Berta, otra vez haciéndose la enfadada y yendo a por alguna bebida a la nevera.

-Te sigo insistiendo en que no, no entiendo porque no me crees. - le dije desde el sofá.

-No sé, me huele a chamusquina. Pero si insistes, vale. - me contestó nada convencida, mirándome a los ojos, pero con sus pezones delatándola. Quería que fuera a por ella, pero ese enfado de niña pequeña le costaría ganárselo.

- ¿Tema zanjado? Pues dame mi beso, y otro por el retraso. -le dije sacándole una risita.

-Ven tu si los quieres. - me retó la jovencita listilla, sabiendo que tras la barra de la cocina no nos pillarían “jugando”, con tiempo a disimular si bajaban.

Nos mirábamos a los ojos, y en cuanto le mire los pechos, perfectamente definidos bajo el fino pijama, se incorporó más para mostrármelos descarada y dio un saltito con los tacones para que botaran, pero poniéndose algo roja al darse cuenta de su descaro.

- ¡Mamma mía! ¡Buff!. - le dije sacándole una carcajada, justo antes de que bajara mami con su camisón y su albornoz, sonriendo al ver que habíamos hecho las paces.

-Mucho mejor, así me gusta que os llevéis bien. - nos dijo en su tono seco yendo a hacer la cena, pero dándole un beso a Berta en la frente, que la dejo algo descolocada.

Ya cenados, preferí estar lejos de las tres en la barra de la cocina, con la pantalla del portátil tapándolas. Ahora las dos en pijama, la mami con su albornoz que le definía todas las curvas, duchadas, oliendo a flores y sin sujetadores. Era algo que me haría hacer alguna tontería si estaba en el mismo sofá. Las dos lo sabían, e incluso oía alguna risita de Berta, y no creo que mami entrara en el juego, no llegaría tan lejos.

Pero me reclamó, seguía cachonda por la pobre paja que le había hecho, y me dijo con su tono seco:

-Vamos a mirar eso, que me está dando sueño. - y se levantó mirándome sonriente subiendo las escaleras.

Me tenía que duchar aún, pero claro, mejor que me duchara mi mami, antes de que le diera lo que quería. Fui a por la muda a mi habitación y ella se metió en el baño.

Al llegar, ya se había quitado el albornoz y me dijo:

-Abre la ventana, que aquí te asfixias. - me pidió sentándose en la tapa del baño, mirando mi paquete como quien espera un regalo.

Abrí la ventana, y los grifos de la ducha, diciéndole:

-Quítate la ropa, aún me tengo que duchar y te vas a mojar toda. - acabe diciéndole, mirándole de arriba abajo con mucho deseo.

La pobre mami no se lo esperaba, se quedó pensativa sin perder detalle al verme desnudarme, y me confeso:

-Ay cariño, me da mucha vergüenza que me veas desnuda, ven que te lo mire y luego te duchas. - me dijo en tono suplicante y algo infantil.

-Mami, tienes un cuerpazo de escándalo, venga no pierdas tiempo que así me frotas bien la espalda. -le dije sacándole una sonrisa, y se levantó sacándose el camisón y la ropa interior, viendo cómo me crecía la polla mientras me empezaba a enjabonar la cabeza de lado, para que viera que no la miraba, y le fuera más fácil desnudarse.

Pero en cuanto note sus pechos pegados a mi espalda y sus dedos frotarme el pelo enjabonado mi polla dio un salto, aunque debía esperar. Me quito el jabón, y sus pezones se frotaban demasiado en mi espalda, y me encantaba.

Pase las manos a su culo y la pegue más aún, pero ella seguía a lo suyo con la esponja por los hombros bien pegada a mí, notando mis manos abrirle los cachetes del culo y frotarle lentamente el ojete y el coñito.

Empezó a respirar agitada, pero seguía con la esponja paseándola por mi cuerpo hasta que llego a mi polla y la soltó, agarrándola con fuerza y besándome el cuello.

-Ay hijo mío, ¡Oooooh! ¿qué estamos haciendo? Esto no está bien ¡Oooojj! ¡Mmmmh! ¡Oooooh!. - me preguntó notando como le entraban dos dedos por su coñito y uno por el culo, haciéndole que se pegara más para huir y que me la apretara más fuerte mientras me la pajeaba lentamente. Pero soportándolo bastante bien, dada su poca experiencia.

-No le des tantas vueltas y disfruta, tonta. - le dije marcándole el ritmo de la paja que me hacía con las dos manos, empezando a follarle algo más rápido con mi mano, y con la otra le llevaba la cabeza por mi cuello para que me besara.

Enseguida se dio cuenta que el ritmo de la paja que yo le marcaba era el mismo de la folláda que le hacía, y la mami cachonda aumento la velocidad, haciéndome soltar una risa y aumentando yo la mía.

- ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! mejor ¡Aah! mejor más lento ¡Aah! ¡Aah! ¡Mmmmh! más lento cariño ¡Aah! ¡Aaaaj! ¡Aaaaj! ¡Aaaj! ¡No! ¡Para, para! ¡Aaaj! ¡Aaaj! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! ¡Oooooh! ¡Oooojj! -la mami pidió caña, pero sus agujeros no estaban acostumbrados, y se empezó a correr parando mi paja y abrazándome con fuerza, temblando como un flan, con mis dedos aun follándola a buen ritmo hasta que echo el culo para atrás y huyo entre espasmos y gemidos.

-Pero no pares, joder mami. Abre la boca. - le dije viéndola en las nubes con la cara de gustazo, y tirándole de los pelos a mi polla, que empezó a tragar aun dando saltitos con sus orgasmos, con las piernas cruzadas.

Enseguida se puso de rodillas y se agarró a mi culo dejándose hacer. La tuve un rato chupando a buen ritmo hasta que la hice levantar, levantándole una pierna y empujándole contra la pared, con ella mirando mi polla como le buscaba el coñito, y acercando sus caderas para ayudar.

- ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡Aaaaah! Si cariño ¡Aaaaah! Esto no es malo ¡Mmmmh! Nos queremos mucho ¡Aaaaah! ¡Aaah! ¡Aah! solo es eso, amor ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah! ¡Aah!. - me dijo gozando de los pollazos que le daba sin compasión, y dejando que le mordiera un pecho por todas partes.

La mami se puso a mil de nuevo, y empezó a cooperar por mucho que con tanto placer le costara pensar. Se agarró la pierna suspendida, y con la otra mano me ofreció el otro pecho, levantándolo y gimiendo de lo lindo. Paraba y resoplaba mirando como le follaba, veía la polla entrar y salir a bastante velocidad, y me besaba el cuello aguantando lo que pudo los pollazos. Hasta que se volvió a correr intentando no bajar la pierna para escapar, pero yo se la agarre y aumente la folláda para correrme también, sonando aún más fuerte los chapoteos de nuestros jugos y el agua que caía de la ducha, bien chafada contra la pared.

- ¡Oooooh! ¡Oooooh! ¡Mmmmh! ¡otro, otro! ¡Oooooh! ¡Oooh! ¡Oooh! ¡Oooojj! ¡Ooooj! ¡Buuff! ¡Ooooh!. -empezó a alucinar corriéndose y notando como le llenaba de lefa y le sorbia con fuerza un pezón, estirándolo y cambiando al otro.

-Muy bien mami, vas mejorando, ahora estaremos así otro poquito. - le avise follándole más lentamente, mientras cambiaba de pezón y lo lamia a placer, para calmarle el maltrato que se habían llevado al corrernos.

Ella sonrió, y su cara era un poema, le encantó que le fuera chafando contra la pared, metiendo la polla hasta el fondo lentamente, con los dos aun corriéndonos. Ahora me lamia ella el cuello, y gemía débilmente cada vez que la polla entraba entera, hasta que empecé a sacarla cada vez más, y salió del todo, soltándole la pierna y colando mi cabeza entre sus pechos con mi lengua paseándose por ellos.

Mami había llegado a la conclusión de que esto solo era otra muestra más de amor, y sabia el poco tiempo que me había dedicado en mi infancia. Así que no le dio más vueltas al tema del incesto, que el día antes le parecía una locura, pero ahora resoplaba e intentaba recobrar fuerzas para que le diera más sexo. Y ella a mí el amor que no me dio en la infancia.

Al rato cerré el agua, una vez limpios los fluidos de los dos, pero ella estaba apoyada en la pared con la espalda, y me miraba sonriente mientras me secaba.

-Hijo mío, te ganarías muy bien la vida como gigolo. - me soltó sin esperármelo, pero sin mover un musculo.

Me acerqué a ella con la toalla y le empecé a secar haciéndole reaccionar y soltar una risita, diciéndole:

-No soy yo, eres tú que estas muy buena mami. - y le revolví el pelo saliendo del baño, porque recordé, que ya tenía su culo casi domado para pegarle una buena folláda. Y esos gritos si se oirían hasta con la toalla en la boca.

Lucia se había ido a la cama, pero había oído los gemidos escandalosos de su madre, se empezó una paja tras la puerta, prefirió ir a mi cuarto y hacérsela en mi almohada, dejándome sus fluidos.

Le encantaba espiar, y le había puesto muy cachonda oír y saber que me follaba a su madre también. Así que se metió en mi cama después de correrse, y se desnudó por completo. Se había propuesto que fuera solo para ella, y al día siguiente empezaría a buscar un estudio donde follar sin ningún control de tiempo, ni miedo a ser pillados, sometiéndose a mí y dejándome muy satisfecho.

Berta en cambio, y como siempre, se había quedado dormida en el sofá. Pero Lucia ya se había encargado de taparla y acomodarla. Así que cuando salí de la ducha, y al asomarme al salón, y ver que estaba todo apagado, me fui a mi habitación y allí estaba la zorrita sumisa.

Me empecé a denudar cerrando la puerta, y sabía que no dormía. También olía a coñito empapado, y la oía aguantar la risa bajo las sábanas.

-Sigue tapada, pero ponte a cuatro patas, listilla. - le dije al acabar de desnudarme.

Soltó una risita más fuerte y obedeció. Me cole por las sábanas y fui directo a sus agujeros, apoyándome en los codos y agarrando sus pechos mientras empezaba a amasarlos. Empezó a gemir y también se apoyó con los codos para coger mis manos en sus pechos y apretárselos más.

Mi lengua no daba tregua, y mis labios le lamian con fuerza, haciéndole dar algún que otro saltito entre gemidos. Quería un culo, y tenía al más indicado en la boca. No la deje correrse, enseguida note que le venía, y subí con mi lengua por su espina dorsal, haciéndole arquearse y tomar aliento.

- ¡Mmmmh! ¡Oooojj! ¡Mmmmh! si, amo, soy tuya ¡Ooooojj! ¡Ooooojj!. - me confesó notando como le entraba la polla por su culito, y mis manos le abrían los cachetes, apretándoselos con fuerza.

La destapé para verla bien, y se giró para mirarme con su cara de vicio y dolor, pero empezó a empujar ella. Así supe que estaba bien dilatada y le recogí el pelo para cabalgarla a placer. Enseguida se acomodó, notando como aumentaba la velocidad y la profundidad de los pollazos. Se metió la almohada en la boca y se volvió a girar para mirarme mientras sus pechos danzaban al ritmo de la folláda, y gemíamos juntos. De vez en cuando le bajaba una mano a su botoncito y se lo maltrataba bastante, haciéndole gemir más fuerte y revolverse, pero en cuanto aflojaba un poco con el maltrato, se movía como una gatita y aumentaba ella el ritmo de la folláda.

Primero se corrió ella, cayendo de cabeza y apoyándose en un hombro mientras notaba que yo aumentaba más la velocidad, sonriendo entre gemidos y espasmos, sabiendo que también me corría. Se empezó a relamer los labios al notar mi leche ardiendo en su interior y como le hacía bajar y quedar tumbada boca abajo mientras aún la follaba lentamente y le buscaba la boca para besarle.

- ¡Mmmh! que culo tienes ¡Mmmh! lástima que este molido, sino te pego otro. - le dije al sacársela y girarle para meterme un pecho en la boca, con ella dando un saltito al notar mis dientes y mi lengua acariciar su pezón.

No decía nada, la hice quedar boca arriba para ir a por el otro pecho, y cuando tuve suficiente me tumbé a su lado y le dije:

-Si te quedas ponte la alarma temprano.

Me miro, se lo pensó mirando el reloj, y se levantó diciéndome:

-Mejor no nos arriesguemos, aunque me encantaría, mi amo. - y se fue mirándome como gata bien folláda.

Yo sabía que algo faltaba, y enseguida me llego el olor que desprendía mi polla, y me levante al baño a lavármela. Sabía que la dulce Berta me despertaría con su boca, o directamente con su coñito. Y con la polla así, me hubiera descubierto.

Pero no fue así, parece ser que la jovencita caliente se había vuelto a enfadar al dejarla en el sofá. Y recordé lo de limpiarme la polla, pero no lo de poner la alarma y cargar el móvil.

Así que todas se fueron, imaginando que no tenía clase a primera hora. Unas temiendo ser folladas si me despertaban, y la otra enfadada. Así que, con el móvil sin batería, dormí como un lirón hasta media mañana.

Me di cuenta de la situación, y una vez perdida casi toda la mañana, preferí quedarme en el sofá y esperar a la hora de comer. No vendría nadie hasta la tarde, y pensaría a quien hacer venir mientras me tomaba un buen café con mi cigarro.

Y lo mejor que podía hacer, es hacer venir a mi hermanita. La pobre estaba necesitada, y después de mandarle un par de mensajes de disculpa, y de decirle un par de guarradas. La joven salió de la clase al terminarla y falto a las demás, llegando a casa en un taxi para no perder el tiempo esperando el bus.

-Perdona tato, ya sé que no duermes tanto desde que empecemos lo nuestro. Y encima ahora haces ejercicio a saco. Soy algo posesiva, perdóname. - me dijo saltando desde detrás del sofá y sentándose a mi lado al llegar a casa.

-No te preocupes preciosa, pero lo de los celos sí que debes cortarte más. Pero eso ya te lo explicaré. - le conteste levantándome y llevándole de la mano a su habitación.

Se fue sacando la camiseta con una mano mientras subíamos las escaleras, y en cuanto cerré la puerta, voló el resto de su ropa. Yo me sacaba el pantalón y al levantar la vista y verla de pie, desnuda, y con esa cara de niña mala cachonda. Abrí los ojos y le hice venir a mí, subiéndome más a la cama y quedando tumbado.

-Trae aquí ese coñito, que llevo días soñando con devorártelo. - le dije antes de que se metiera mi polla en la boca.

- ¿Así?. - me preguntó, volviendo a inmovilizarme los brazos con sus rodillas, pero esta vez dejándomelo en la boca, conmigo guiñándole un ojo.

- ¡Uy! ¡Ooooh! ¡Mmmmh! ¡Ooooh! Si, tato, si ¡Mmmmh!. - me empezó a decir liberando mis brazos y pegándome más el coñito. Llevando mis manos a sus pechos entre soplidos de sorpresa y gemidos.

Enseguida reacciono y me la cogió con fuerza para pajearme, moviendo sus caderas y gimiendo sin tener que contenerse como siempre. Su voz dulce y sus gritos de placer me ponían a mil. Nunca la había escuchado al natural, siempre teníamos que contenernos y ponerle una almohada en la boca. Y en cuanto noté que se corría, le solté los pezones y la agarre con fuerza para castigarla por sus enfados tontos.

- ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! no seas malo ¡Ooooh! ¡Mmmmh! suéltame porfa ¡Oooooh! ¡Ooooh! Me matas, capullo ¡Oooojj! ¡Ooooojj!. -se quejaba, pero gozaba con mi lengua y mis labios devorando y chupando con fuerza su coñito sensible mientras se corría sin poder escapar.

Pare, levante la cabeza y allí estaba mirándome cogida a sus pechos, roja y algo sudorosa, con mis manos amasando su culo de piedra.

- ¡Plash! ¡Plash! ¿pensabas que no pagarías por esos enfados? ¡Plash! ¡Plash!. - le dije abofeteándole el culo, con ella dando saltitos sorprendida, pero notando mi lengua pasar con fuerza por su coñito.

- ¡Mmmmh! algo imaginaba ¡Ooooh!. - me respondió apretándose con fuerza los pechos y viendo como mi lengua subía y bajaba por su rajita muy sensible.

- ¡Plash! ¡Plash! ya vale de pechos, ¡son míos! Tu a pajearme con ganas, perrita ¡Plash! ¡Plash!. - se llevó esta vez dos azotes en los pechos, y dos más en el culo, que la hicieron pegar su coñito más a mi boca, notando como se lo chupaba con fuerza, y buscando mi polla con cara de sorpresa y placer, mucho placer.

Le volvía a devorar el coñito ardiendo, y le amasaba los pechos estirando con fuerza sus pezones. Pero ella gemía y me pajeaba con fuerza. Noto como le soltaba un pecho y le llevaba dos dedos a su boca, chupándolos golosa entre gemidos más fuertes, y su mano a buena velocidad con mi polla.

- ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh!. - gemía chupando y ensalivando mis dedos, sabiendo donde iban a entrar y mirándome sonriente al sacárselos de la boca y bajar a sus pechos, mojarle los pezones y seguir hasta su culo.

Se cerro más de piernas para dejarme paso, me acerco más su coñito y levanto el culo esperando mis dedos ansiosa.

La mañana anterior había alucinado con admirarla desde esta posición, pero ahora iba desnuda, y sus pechos y su cara roja, le daban más belleza aún. Mi polla disfrutaba de la buena paja que me hacía, y mi boca la degustaba notando ese aumento de calor antes de que se volviera a correr, en cuanto le entraron los dos dedos hasta el fondo por el culo, y me gire haciéndole caer de lado, pero sin parar ninguno de los dos con lo que hacíamos. Solo que ahora me apretó con el pie libre más a su coñito, y mis dedos le follaban más rápido el culo mientras se volvía a correr.

- ¡Aaj! ¡Aaaaajj! ¡Aaaaajj! ¡Mmmmh! te amo tato ¡Aaaaah! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooj! ¡Ooj!. - me dijo corriéndose aliviada de que le dejara el coñito y recibiendo mis dedos muy rápidos en su culo. Me liberó y levanto la pierna para hacerles sitio, mientras yo me iba incorporando en busca de sus pechos y su culo.

- ¡Mmmmh! ¡Ooooh! Si, tato, si, métemela entera ¡Mmmmh! soy tuya, métemela toda. - me pidió al notar que le sacaba de golpe los dedos y le encaraba la polla mientras le devoraba un pecho.

Ya estábamos brillantes de sudor, y le aparte el pelo de la cara para besarle y cogerle de la pierna empujando mi polla por ese culo experto que me recibía sin problemas, con ella agarrando mi cabeza y sin parar de besarnos.

- ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! ¡Mmmmh! - gemíamos los dos en nuestras bocas mientras la follaba cada vez más rápido y ella me hincaba las uñas en el culo pidiendo más polla.

La dulce Berta, ya no era nada dulce en la cama, lo contrario. Cada vez me hacía follarla más a mi gusto, y aguantaba casi como yo. Después de un rato de lado, y con la pierna en alto, le azote el culo un par de veces y le levante las dos piernas para seguir follándola y ver sus pechos, que ya no se atrevía a cogerse, y danzaban al compás de mis pollazos.

Hasta que se volvió a correr, y apretaba más el culo para que me corriera yo. Surtiendo efecto, y dejando caer las piernas, me tumbe encima y se lo llene de lefa con ella revolviéndose como una lagartija, pero lentamente. Gozando de su orgasmo y mi lefa ardiendo en sus entrañas ahora ya follándola lentamente y besándonos.

-No sabía que los azotes me pondrían tan cachonda. -me dijo al rato dejándome a cuadros.

-Te los habías ganado por celosa, y aún sigues castigada. Estas solo las podrás tocar para lavarlas y ponerles esas cremas que te pones. Si te pajeas o gozas, será solo conmigo, ni se te ocurra tocártelas. - le recordé lamiéndole una por el lado, haciéndole soltar una risita.

-Y si estoy sola ¿Cómo sabrás si me las he tocado? -me dijo retándome y cogiéndose el otro pecho.

- ¡Au! ¡Au! Duele, joder. - me dijo notando dos mordiscos en el pecho que lamia.

-No te pases de listilla, ellas me lo dirán. - le dije, riendo los dos.

- ¡Jajaja! vale, vale, si ellas te lo chivan… ¡jajaja!- reía ahora notando cosquillas con mis dientes, y temiendo otros mordiscos.

Comíamos muy relajados y sin apenas mirarnos con vicio, y aunque era una diosa que estaría días follándome, pensé en Andrea y Sumía, diciéndole:

-Ve a las clases de la tarde, tengo cosas que hacer, por mucho que te quiera llevar a la cama otra vez. - le dije viendo como ponía su cara de niña mimada, y me decía:

-Jolín, un día que podemos aprovechar…- Pero no la mire, podría hacerme cambiar de planes si la miraba a los ojos. Y ella no dijo nada más.

Me tomaba el café y bajo de vestirse con unas mayas negras y un top estampado, pero con una chaqueta de chándal para no provocar accidentes. Llegando a mi lado, pegándose bien a mí en el taburete, diciéndome:

-No estoy enfadada, tus cosas tendrás. Y seguir castigada me pone así. - y me coló la mano en su coñito separándose las mayas y las braguitas, dejándome notar algo de humedad.

Me dio un sonoro beso en los labios, saco mi mano y salió corriendo entre risas de la cara de tonto que debía tener.

-Más tiempo castigada, ¡por bruja!. - le grité, oyendo su risa otra vez antes de que se cerrara la puerta.

-Madre mía, la niña que vicio tiene. - dije hablando solo, y sin recordar que iba a hacer antes de que apareciera con sus pechos botando al bajar las escaleras.

Continuará.

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