Xtories

La esposa del cornudo (XIV): El correo de Luis

Sole sostiene el teléfono con las manos temblorosas mientras Andrés la observa, ansioso por oír cada palabra. El correo de Luis describe con crudeza cómo la dominó, la ató y la usó. Pero la lectura no es solo un relato: es una invitación a que Andrés se una al juego, tocándola mientras ella confiesa sus pecados más oscuros. ¿Podrá ella distinguir entre el hombre que la posee ahora y los fantasmas慾

MaestrodeJazz9.6K vistas8.5· 8 votos

Sole no me respondió. Pero sus gestos y su mirada fueron tan claros que supe enseguida que, a pesar de sus dudas, terminaría por aceptar la propuesta que yo acababa de hacerle. O al menos eso quise ver yo, por lo que me dispuse enseguida a alejar mi cabeza de la suya, buscando una posición en la que mis ojos no tuviesen acceso a la pantalla de su teléfono. Sabía que no podía obligarla pero, si había una posibilidad real y al final se decidía a compartirme el contenido de ese correo, tampoco era cuestión de darle tiempo para arrepentirse.

- ¿¡Andrés…!? –la voz de Sole no sonaba exactamente a pregunta, pero yo respondí como si lo fuera.

- Sole… sí. -sin perder ni un segundo, se lo dije claramente.

- Leer juntos el correo de Luis… ¿eso quieres, Andrés?… ¿de verdad, uf?...yo ni siquiera lo he leído todavía... Hace tiempo que no te cuento algunas cosas con detalle... y realmente... no sabes lo que puedes encontrarte...

No recordaba una retahíla de excusas de Sole tan larga en tan poco tiempo, pero también sabía que a ella le bastaba medio segundo para decirme que no. Y al menos, de momento no se había negado.

- Por mí, sí, Sole… por mí sí... -le repetí con rapidez y con total seguridad.- Bueno… solo si tú también lo quieres, claro... Porque sabes que yo... Sole, yo no voy a presionarte...

- Uff, Andrés… –yo no la presionaba pero ella sí que parecía sentir la presión porque no se atrevía a negarse.

- Por mucho que yo te haya pedido que me enseñes ese correo, hazlo solamente si quieres compartirlo conmigo y solo cuando te sientas preparada…

- Cómo eres… de verdad...

- Nada te obliga, Sole… y si me quieres enseñar ese correo, que es tuyo y de tu amante, hazlo a tu ritmo y sin prisas.

- No es que quiera o no quiera, Andrés. Lo que siempre he buscado es que esto que yo hago no termine por afectarnos.

- En realidad, yo no miraré tu teléfono para no ver nada que tú no me quieras enseñar... Como siempre, yo solo voy a escuchar lo que tú quieras contarme…

Sole guardó silencio de nuevo como si todavía lo siguiera considerando, tiempo que yo aproveché para darle un pequeño beso en el cuello, pero también para reflexionar.

Desde la noche anterior, solo habían pasado 24 horas y, sin embargo, las novedades sobre la relación entre mi esposa y Luis se habían agolpado en el transcurso de este día como hacía tiempo que yo no recordaba. Llevar a Sole hasta el hotel para el encuentro de los lunes con nuestro jefe común, y hacerlo por expresa petición suya, me pareció un salto cualitativo importante, algo que me había mantenido muy excitado todo el día y con las consecuencias que ya todos sabéis.

Sole seguía con la vista perdida y ya empecé a dudar de que terminara de decidirse. Por eso tuve tiempo de fijarme en su pijama. La parte de arriba era algo original porque, aunque podía ponerse y quitarse por la cabeza, como cualquier otro pijama de punto, también podía abrirse y cerrarse por delante gracias a unos veinte diminutos botoncitos. Me parecieron casi una insinuación a abrirlos uno a uno, aunque sin duda ella no lo había pretendido.

Además del diseño y la tela de su pijama, obviamente que me fijé en la redondez de las tetas de Sole, sin duda la parte más llamativa de su cuerpo. Cien veces había oído en el restaurante los comentarios descarados de muchos clientes que no conocían que estábamos casados, siempre dirigidos a su culo y sus tetas. Esta noche le destacaban claramente, cosa que a mí tampoco iba a pasarme desapercibida.

Sole seguía en silencio y me pareció que había empezado a leer porque su vista estaba ya fija en la pantalla, y por eso consideré que mis expectativas claramente decrecían. Pero a la vez noté como mi erección se mantenía ante la posibilidad, aunque fuese tan pequeña, de conocer lo que Luis pudiera decirle a Sole en un mensaje tan privado, como sin duda era ese.

Pero no era mi cuerpo el único que había reaccionado a nuestra charla y a mi petición posterior para leer ese correo que acababa de llegarle. Sole no se había negado en firme ante mi propuesta, como sin duda habría hecho desde el principio de su relación con Luis hasta ahora. Es que además yo veía señales claras en su cuerpo de que también algo en ella había despertado. Me refiero claramente al tamaño de sus pezones, muy marcados hoy bajo la tela.

Por mucho que esas señales eran objetivas y ciertas, tener sexo con Sole en la tarde o la noche del lunes no era algo que yo pudiese esperar. Pero este lunes ya había demostrado ser un día de lo más especial y lleno de sorpresas. Mi excitación y la falta de una negativa clara en su respuesta me dieron pie a continuar. Acerqué mis manos a la suave tela del pijama y empezar a abrir dos o tres botones, los más próximos a su cuello, antes de acercar mis labios a su cara y besarla levemente.

Claro que yo habría aceptado la negativa de Sole a permitirme conocer el contenido del correo de Luis. Es que no me quedaba otro remedio. Desde el principio, fruto de un acuerdo que tuve que aceptar, sabía que tenía casi nulas expectativas de que algún día fuese a compartirme directamente ninguna de estas cuestiones relacionadas con Luís. Por eso, su respiración casi temblorosa podía interpretarla como señal de la firmeza en sus convicciones y la resistencia a violar nuestro acuerdo.

Sin duda, hoy no me quería dar una negativa más expeditiva por el “favor” que supuestamente yo le había hecho, haciendo esta mañana la labor de taxista, acercándola al hotel, para que ella pudiera reunirse como cada lunes con Luis.¶

A pesar de mis cada vez menores esperanzas, y mientras ella seguía leyendo en silencio, abrí un par de botones más de su pijama. Mis labios pasaron de su cuello a besar el dorso de la mano que sujetaba su teléfono. La miré para decirle, por enésima vez, y esta vez sin palabras, lo que me gustaría conocer algo más de sus secretos, pero que también aceptaba su silencio. Su nerviosismo no desaparecía… Pero solo unos segundos después…

- “Ey, perrita”. –la voz de Sole sonó débil y llena de dudas; al oirla, mi corazón casi dio un vuelco.

-..."mi perrita"... –Sole enseguida corrigió.

Solamente ella poseía el derecho completo a su intimidad con Luis pues, desde el principio, yo había tenido que renunciar a intervenir directamente. A cambio, ella aceptaba que me contaría lo justo para tenerme informado. Pero solo lo que ella considerara importante y cuando ella me lo quisiese contar.¶

- “Esta mañana has estado estupenda.” –cogí su mano libre y la llevé hasta mis labios también para besarla, intentado que ella acortara la nueva pausa que había hecho y que la mantenía de nuevo callada.

- "La mamada… junto a la ventana… me ha encantado". –solo podía leer en voz baja, claramente temblando y casi palabra por palabra, pero lo seguía haciendo y eso era más de lo que podía esperar.

Miré a Sole a la cara para confesarle solo con mi mirada como yo también había compartido de algún modo, y por primera vez, ese momento morboso de esta mañana entre ambos y que ahora Luis le recordaba en su correo.

Desde el parking donde yo había estado escondido, pude ver cómo ella se agachaba, guiada por la mano de Luís, y como éste mostraba a continuación una cara de lo más placentera. Sin duda porque él de algún modo intuía que yo podría verle y que así tendría constancia directa de lo que hacía con mi esposa, sin necesidad de imaginar lo que estaba pasando.

- “Y después de la mamada… fue divino poder echarte un polvazo allí mismo”… -Sole necesitaba hacer pausas, casi tras pronunciar cada parte de una frase, pero yo intentaba animarla a seguir desde mi silencio. Solo podía hacerlo con mis besos, algunas caricias y hasta abriéndole un nuevo botón de su pijama.

-…”después de desnudarte del todo... cuando te he penetrado... y tú no te has resistido… y yo dándote muy duro… empujando con mi cuerpo desde atrás”… -la mano de Sole temblaba casi tanto como su voz; yo le respondía con besos pequeñitos y suaves.

-… “teniéndote empalada,… prisionera… entre mi polla… y el cristal”. –noté ahora la fortísima erección que oír esas palabras me había provocado que hizo que, al moverme aunque fuese levemente, mi polla rozara contra el muslo de Sole, que seguro que debió notarlo.

- “No hay duda de que eso que hemos hecho... así, vamos a repetirlo…”. –por fin pudo decir una frase más larga y casi sin pararse.

-...”mi zorrita”...- le había costado pero parecía que Sole había terminado de leerme el primer párrafo o lo que fuese de aquel correo tan morboso. La noté hacer una pausa que aprovechó para respirar profundamente. Y yo, para besarla otra vez cerca del cuello.

-Gracias, Sole, mi amor -le dije en voz baja, acercando mis labios a su oreja, y mi mano abriendo un nuevo botón.

Mi actitud de no forzarla a enseñarme su correo, y de aceptar su ritmo, aunque fuese tan lento como estaba siendo, claramente estaba dando resultado. Ella siempre podría decirme luego que se lo había inventado todo, cuando yo claramente sabía que, si acaso, se estaría callando alguna frase, o alguna palabra que ella considerase demasiado explícita.

- “Estaba muy cachondo esta mañana… antes de que llegaras…perrita” -Sole de nuevo calló pero volvió a arrancarse después de sentir otra caricia en su vientre.

-…”sabiendo que era… el cornudo”… -mientras pronunciaba esa palabra, Sole apartó levemente mi mano que ya intentaba abrirle los botones del medio, a la altura de sus tetas.

-…”el cornudo… (de) tu marido” –Sole hablaba en voz muy baja pero sus pezones estaban más erectos y abultados de lo que yo recordaba haber visto nunca. Como ella había retirado mi mano de allí, empecé ahora a abrir los botones de la parte inferior.

- “el cornudo… de tu marido… el que te traía hasta mí”. –que Sole hubiese dicho esa palabra y que hubiese repetido la frase entera puso mi polla tan dura como el acero, a pesar de haberme corrido menos de una hora antes.

- “Deberías decirle más a menudo lo que nos gusta a los dos… ponerle… unos buenos cuernos… y dejarte ya de tus remilgos". –sus palabras iban sonando más y más ligadas.

- “No sé lo que habrá estado haciendo Andrés toda la mañana y tampoco me importa, jajaja.”

Teóricamente, Luis estaba tan aleccionado por ella como yo y no debía referirse a mí de ese modo, pero la propia Sole me estaba enseñando como sí que lo hacía, incluso leyéndome hasta la expresión de la risa que mi condición le provocaba.

- “Pero seguro que ha estado pajeándose todo el rato mientras yo… te follaba… -como ya Sole sabía, el cabrón de Luís había acertado en todo sobre mí.

- "...o intentando cualquier manera para vernos... Casi todos los cornudos son así...” –cada vez me quedaban menos botones por abrir, pero eran justo esos que mantenían sus tetas todavía guardadas.

- “Si el cornudo supiera que te ato a la cama para nalguearte… y follarte, jajaja” –El propio Luís confirmaba ahora lo que Sole me había confirmado solo un rato antes al mostrarme las fotos. En un descuido de Sole, pude abrirle dos botones más; ya solo quedaba uno.

- “Deberías dejarle que nos viera así, y que te escuchara jadear cuando te corres del gusto de sentirte dominada por mí, jajaja”. –yo seguía escuchando a Sole, cada vez más obsesionado por lo que estaba oyendo, como algunas de aquellas palabras con las que se refería a mi esposa y a mí…

Resultaba morboso y excitante conocer ahora algunas expresiones de Luis, dirigidas a Sole: “jadear cuando te corres”… “dominada…”, “dominada por mí”… Palabras y frases que empezaron a resonar dentro de mi cabeza y que sin duda iban a estar ahí por mucho tiempo. Porque yo desconocía muchas cosas que ahora esperaba que algún día Sole terminaría de contarme.

Con la excitación que esto me estaba provocando, tiré de ambos lados del pijama hacia fuera, cediendo así el último botón, descubriendo al fin completas ahora las preciosas tetas de Sole que yo ansiaba besar, llevándome la sorpresa de ver sus pezones más grandes que nunca. Callé pero sin duda, más que grandes parecían inflamados, enrojecidos y también cubiertos de alguna crema. Ella enseguida se cubrió los pechos e interrumpió la lectura, emitiendo a la vez una especie de excusa.

- Tengo muy sensibles hoy los pezones…creo que es la regla. –no pude creerla porque recordaba que había terminado de tener la regla apenas unos pocos días antes.

- No sabía eso, Sole, pero sigue… sigue, si quieres… por favor. No imaginas lo excitante que es para mí escucharte leer eso. –bajé mi mano ahora a su vientre, cerca de la cinturilla del pantalón de su pijama, sin poder olvidar la apariencia fugaz de sus pezones erectos, o más bien hinchados como nunca. Sole finalmente siguió.

- “Sabes que me gusta la cara de putita entregada que pones… cuando…” -ahora Sole calló.

- Sea lo que sea, Sole, no te pares, cariño, y sigue por favor. –yo quería estar en silencio pero mi excitación me desbordaba.¶

- “…cuando te pongo las pinzas… en los pezones… -hizo un silencio largo antes de seguir. Pero es que yo seguía sus palabras casi en shock… “pinzas en los pezones”… uff, eso lo explicaba todo.

- "...y luego… las esposas… para sujetarte a la cama…” –otra sorpresa que yo no había podido imaginar hasta solo un rato antes…

- “tu marido tendría que ver lo bien que lo aguantas… y lo cachonda que te pones… cuando te convierto en mi zorra, joder” –dos de mis dedos empezaron a deslizarse debajo del pantalón del pijama y de la estrecha cinturilla de la braguita de Sole.

- “Tampoco puedo aguantarme cuando me dices que te folle más duro… o como esta mañana… casi gritándome que no se me ocurriera bajar el ritmo… y aún menos sacarte la polla de tu coño… antes de terminar de vaciarme del todo muy dentro de tí”. –Sole ya hablaba como si nadie la escuchara, con las dudas para empezar que había sentido solo unos minutos antes. Milímetro a milímetro, mis dedos no paraban de bajar y ya se deslizaban sobre el cuidado vello de su pubis.

- “Perrita, yo no sabía que follarte… cuando te pones así de salidísima… me daría tantísimo placer. Eso… y…” –uno de mis dedos encontró el clítoris de Sole y noté lo empalmadísimo que yo también estaba, deseando que siguiera leyendo.

- “eso… y correrme… dentro de tu boca… es lo que más gusto me da”.

Estas calientes palabras de Luís, pronunciadas por Sole, me encontraron acariciando su jugoso botoncito y hasta pude pellizcarlo sin que ella me parara. No eran nada novedosas para mí porque eso sí que hacía mucho que Sole me lo había contado.

Desde que lo probó, nuestro jefe había convertido en casi un adicto al sexo oral que le practicaba Sole, aprendizaje que ahora sabéis que ella tenía muy perfeccionado desde su etapa con Carlos. Pero la situación, con mi esposa leyéndome el correo de su amante, esto sí que lo era, y esto le daba un morbazo de lo más especial.

- “…Y lo que más calentorro y vicioso me pone… para pensar nuevas cosas contigo… mi zorrita”.

Luís, después de dos años, seguía descubriendo el enorme potencial de Sole para el sexo aunque este se manifestaba especialmente solo con algunos hombres, claramente dominantes como él. A la vez, mis dedos ya se deslizaban verticalmente por los labios de Sole.

- “…Aunque dices que se lo cuentas casi todo al cornudo, no es lo mismo que si él pudiera ver lo que hago contigo… “

El muy cabrón parecía conocerme bien y sabía que, de poder verlos, yo animaría a mi esposa a seguir avanzando con Luís, sin tener nada de lo que preocuparse. Los silencios de Sole ya no eran tan grandes y mis dedos la seguían acariciando.

- “…y lo caliente que es su mujercita cuando está con un hombre de verdad, jajaja.”

Yo no salía bien parado en esa especie de comparación, pero era algo que tenía muy asumido. Y de todos modos, era esta mutación que Sole había sufrido con Luís lo que me estaba permitiendo disfrutar con lo que ellos hacían, y hacerlo a mi manera.

- “Aunque lo que me importa de verdad no es que él nos vea o no nos vea, sino seguir follando contigo y poseerte cada vez más.”

No esperaba que Luis hablara tanto de mí dentro de un correo dirigido a mi esposa. Sin duda, eso me excitaba, pero mi respuesta de ahora no estaba siendo la de tocarme como había hecho tantísimas veces, sino que ahora me estaba concentrando en tocarla a ella, introduciendo ya un dedo entre sus labios para comprobar su caliente humedad.

- “Ya sabes que no es lo mío escribir y mucho menos un correo tan largo pero hoy me moría de ganas de decirte estas cosas..."

No se si era cosa del destino porque era imposible que Luis supiera que yo terminaría leyendo su correo pero la casualidad había querido que esto fuera así. Y, lejos de tener problema en conocer de primera mano todas estas detalladas situaciones, eso contribuía a excitarme todavía más.

-”…aunque mañana te las volveré a recordar cuando pases por mi despacho para el ratito que tanto me gusta, ese que dedicamos cada día a la "contabilidad", jajaja”.

Pero, a la vez que disfrutaba como nunca de mi condición de cornudo, sentía una especie de reacción en mi normalmente prudente conducta cuando Sole me hacía confesiones como esta. Dis de mis dedos penetraban ahora el coño de Sole con con especial intensidad para pasar enseguida a ir bajando poco a poco el pantalón de su pijama, viéndola cada vez también más receptiva a mis calientes y profundas caricias bajo su braguita.

- “Espero que se te haya pasado la inflamación de los pezones. Ya sé que la culpa es por haberte obligado a llevar las pinzas tan apretadas, casi todo el rato que hemos estado hoy juntos. Pero sabes que llevas un tiempo siendo poco obediente y no podía levantarte el castigo.”

De no haber estado con mi mano ocupada dentro de la vagina de Sole, y la otra mano pugnando por bajarle la braguita, habría ido enseguida a acariciar con mimo esos pezones castigados. Ahora entendía porqué estaban tan hinchados como había podido verlos, tras el “castigo” que Sole había aceptado recibir de su amante.

El pijama seguía tapando sus sensibilizados pezones, como ella me había exigido. Y, sin embargo, de cintura para abajo, yo había podido desnudarla ya del todo, sin protesta alguna por su parte.

- “Ni siquiera por haberle pedido tú misma a tu cornudo marido que hiciera hoy de chófer para que nosotros no perdiésemos ni un minuto de nuestra follada semanal.”

Tanta insistencia de Luis por referirse a mi me seguía aumentando esa doble emoción que sentía. Claro que yo era el marido consentidor y él era el amante que disfrutaba y follaba con mi esposa. Pero, joder, ambos estábamos en nuestra cama ahora y ambos excitados. Por muchas pajas que me hubiera hecho a lo largo del día, y habían sido varias, no podía renunciar a disfrutar del cuerpo desnudo de mi mujer.

Y Sole... no es solo porque yo lo pensara, es que el propio correo describía con detalle todo el vicio, la exigencia y el placer que ambos habían compartido en el hotel. Pero por muchos orgasmos que ella hubiera alcanzado con su amante, y por intensos y extenuantes que estos hubieran sido, mis dedos seguían comprobando la caliente humedad de su sexo.

- “Como no puedo subirte más la fuerza de apriete de las pinzas, que ya hace dos semanas que están en el máximo, tengo que cambiar de estrategia. Tampoco me gustaría verte sangrar, mi zorrita, ni que sea por accidente. Sabes que me gusta cuidarte pero no puedo permitir que ahora te relajes.”

Me moría de ganas de acariciar y cuidar sus castigados e hinchados pezones pero no estaba ciego para no ver como Sole estaba respondiendo a las cada vez más profundas y rápidas caricias de mis dedos. Si ella parecía disfrutarlo, mi polla casi empezaba a dolerme de la erección tanto rato mantenida sin poder tocarme.

- “Llevo tiempo empeñado en que vayamos a Madrid y ya sabes que cuando quiero algo no paro hasta salirme con la mía. Por eso, voy a hacerte entrar en razón como sea, zorrita mia, para que hables con el cornudo sin más retrasos y sin más excusas.”

Vi claramente más y más receptiva a Sole, con sus muslos cada vez más abiertos mientras seguía leyendo el correo, cada vez con un ritmo mas continuo. Al intenso mete y saca de mis dedos en su ya encharcado coñito, añadí mi lengua atacando directamente su clítoris sin perderme una palabra de las que decía.

De no haber tenido la boca ocupada, lamiendo y besando su excitado y dilatado coño, habría parado su lectura para decirle que sí, que no era razonable demorar por más tiempo el viaje programado por Luis para ir con ella a Madrid.

- “Vas a decirle a tu maridito de una puta vez que nuestro viaje a Madrid ya viene de camino. Que va a ser el próximo fin de semana porque nos morimos de ganas de follar a tope y sin prisas. El cabronazo también tiene derecho a saberlo para que lo vaya disfrutando.”

Joder, cómo me ponía oir a Luis con esa seguridad y hablarle a Sole en ese tono tan vehemente, mostrando sus enormes ganas de follar con la que era y es mi esposa. Sin duda para poder hacerlo todavía por más tiempo y con más intimidad de lo que ya lo hacían, y entregarse al placer mutuo con más intensidad.

Pero es que, si Sole había seguido leyendo esa parte del correo sin censurar ni ocultarme nada, y ahora cuando leía lo hacía casi de corrido, es porque compartía plenamente esas ganas de estar con su amante, cosa que no era ningún n secreto para mí.

Ambas cosas aumentaban mi excitación y como solo podía expresarme con mi lengua, mis labios y mis dedos, sentí cómo estimulaba a Sole cada vez con más intensidad sin que ella ahora pudiera ocultar que lo estaba sintiendo.

- “Recuerda que él tendrá que doblar turno en el restaurante pero que le pagaré todas las horas extras, aunque ese dinero debería gastárselo enterito en tí que eres la que de verdad vas a hacer "horas extra" como nunca, jajaja.”

A más cornudo que Luis me hacia sentir con sus explícitas palabras, mas ganas me daban de que ellos realizasen sin más retraso ese viaje. Y ahora, más ganas me daban de de aumentar el placer que yo sabía que le estaba proporcionando a Sole, y que ella ya me respondía con el franco y rítmico movimiento de sus abiertos muslos y de sus poderosas caderas.

- “Esto no es obligarte ni forzarte porque no me cabe duda de que tú tienes las mismas ganas que yo de hacer todo lo que he proyectado para los dos en Madrid. Es solo darte el achuchón que te hace falta para que quieras decirle al cornudo que quieres dar ya este nuevo paso conmigo.”

Sí, claro que soy el cornudo, joder. No podía decírselo con palabras por tener mi boca gratamente ocupada. Pero esta vez, por encima de ese sentimiento que tantísimo me excita, noté el deseo de bajarme el pantalón de mi pijama y liberar mi polla que ya no podía seguir un minuto más encerrada.

- “Te mando copia de los billetes del AVE desde Málaga y de la reserva del hotel donde pasaremos las noches del sábado y domingo. Para que veas que ya no aguanto más y que esto va en serio.”

El clítoris de Sole estaba muy salido y los labios de su vulva tan hinchados como mi verga. Aprovechando sus muslos separados, me subí sobre ella, poniendo el glande de mi polla en la entrada de su coño.

Ver tan cercana la realización de ese viaje me había proporcionado una excitación tan tremenda que solo podría vencer penetrando a mi mujer, cosa que hice enseguida, viendo que ella también lo estaba deseando.

- “Ya tengo también reservas en los restaurantes y, lo más importante, la entrada para "La Pastelería".

No sabía de qué podía tratarse esa "Pastelería" a la que Luis quería llevar a Sole, pero parecía que le daba importancia dentro de todo lo que harían en su viaje. Ese misterio me proporcionaba cierto cosquilleo y aumentaba mis ganas de moverme con fuerza y con seguridad, con mi polla dentro del coño de Sole.

- "La noche del sábado hay un evento de presentación para nuevas parejas y es allí donde sabes que quiero presentarte como mi perrita complaciente y que todos puedan ver lo que ya sabes hacer.”

Casi cada palabra que Sole pronunciaba me suministraba una energía adicional para dirigir toda mi fuerza a mi cadera. Nada me parecía tan rico como estar dentro de Sole y notar como ella dejaba de leer para respirar, mientras ya se le escapaba algún gemido y empezaba a mover su cuerpo contra mí.

- “Se que lo pasaremos muy bien y espero que aprendamos mucho para luego llevar estas nuevas cosas a nuestros calientes encuentros... "

Yo empujaba contra ella, llevado por mi propia excitación al sentirme cornudo como tanto deseaba, pero con cierta dosis de rabia también por haberme sentido en otros muchos momentos casi medio impotente o por lo menos no demasiado capaz de satisfacer a mi mujer. Ahora desee luego, no sentía eso sino todo lo contrario.

- "...y que disfrutemos de ese nuevo mundo que tanto nos excita a los dos.”

Sole empezó a guardar silencio sin saber si es porque realmente estaba disfrutando conmigo o es porque el correo ya estaba terminando. Mientras, mis vergazos aumentaban de ritmo, llevados del impulso de poseer a mi mujer aunque hubiera pasado hoy mismo toda la mañana con su amante.

- “Un beso y muchísimos pellizcos, repartidos por todo tu cuerpo, mi zorrita”

Mi polla resbalaba en el dilatado coño de Sole, dándome un placer indescriptible, y ahora estaba seguro que también compartido por ella.

Yo mismo le cogí su teléfono y lo puse sobre la mesita. Quise besarla pero lo que hice de verdad fue levantar sus muslos y sujetarlos sobre mis hombros, para adentrarme con mi polla aun mas.

Ella me abrazaba y sujetaba mi espalda, como si tampoco quisiese que me separase un milímetro de ella y mucho menos que dejáramos de follar como estábamos haciendo. Sus gemidos y los mios parecían acompasados y claramente iban a más.

Después de un día con varios orgasmos sentidos por parte de cada uno, parecía imposible que quisiéramos más pero claramente eso es lo que queríamos y buscábamos los dos.

- A ver como lo haces... Quiero ver como te corres y me acabas muy adentro, joder

Nunca había sentido tanto como estaba sintiendo ahora mismo con Sole, pero mis fuerzas flaqueaban y pensé por un momento que quizás no podría echar ni siquiera una gota más, porque me sentía ya muy seco del todo. Pero tampoco era el polvo que yo habitualmente echo con ella, que últimamente por mis contínuas pajas y las folladas que ella comparte con Luis, tampoco eran tantos.

- Deberías volver a atarme... aggghhh -Sole ahora parecía embriagada de placer pero aún pedía más, cosa que me gustaba tanto como me desconcertaba al repasar sus palabras. Claramente había dicho... ¿volver?... ¿volver a atarla? Yo jamás le hice eso. Sole estaba ahora con los ojos cerrados pero participando mucho de mis movimientos, mientras gemía claramente.

-...con las esposas o con cuerdas... agggh... pero así, agghhhh, así, aghhhh -sentí sus uñas clavarse en mis caderas como si quisiera tirar más de mí

Pero ¿a quién se refería con aquellas frases? ¿Realmente me estaba utilizando solo como una polla y un cuerpo empujando sobre ella, nada más que para poder imaginar que follaba con Luis, o quien sabe si con otro? ¿O es que se había dado cuenta de la reacción que yo estaba teniendo y me estaba provocando para que le diera aun más duro de lo que mis fuerzas podían aguantar? Sea lo que fuese, ambas cosas me excitaban tanto que yo iba a darlo todo, sintiendo que me llegaban nuevas energías y hasta que mi polla crecía dentro del coño mojadísimo de Sole.

-... sin dejar de follarme... aghhh...

No se cómo lo hice pero entre la forma en que Sole tiraba de mi cuerpo hacia ella y mis renovadas ganas de penetrarla más y más, mi cuerpo parecía que flotaba. Mis gemidos eran entrecortados pero muy evidentes, debido al esfuerzo y al placer tan intenso, aun así pude hablar...

- Ábrete el pijama, zorrita, ahhhhh, quiero ver esos pezones, ahhhh... Cuando me corra en tu coño, ahhhh... voy a echarte tanta leche como no has visto antes... ahhhh... voy a salpicarte hasta en las tetas, ahhhhhh

Era una osadía por mi parte, pasar de un momento a otro de pensar que tenía los huevos muy secos a presumir de que podía cubrir con mi semen el coño y hasta las tetas de mi mujer.

- Hazme ahora tuya... agggghhhh, agggghhhh - Sole despegó las manos de mis caderas, lo justo para tirar de su pijama hacia los lados y mostrarme ella misma las tetas que antes había privado de mi vista, con sus inflamados y brillantes pezones. Eso me enardeció de un modo que me sorprendió hasta a mí.

- Toma polla... agggghhhhhhh, toma leche, joder...... ahhhhhh, ahhhhhhhh -no solo exploté verbalmente sino que noté como mi semen empezaba a fluir.

Ver cómo ella había descubierto sus tetas, mientras estaba llegando al orgasmo, hizo que el mío se acelerara hasta provocarlo en una fracción de segundo. Me parecía imposible pero notaba las claras contracciones de mi polla, y a ella jadeando al notar mi calor invadiendo su cuerpo.

Lejos de estar seco, aun había vida en mis huevos y Sole la había despertado. Estaba eyaculando cantidades importantes entre jadeos de ambos y ganas de seguir hasta que mis fuerzas decayeran del todo. Aun después de que paré, notaba las contracciones de las paredes de la vagina de Sole, como si con su coño me estuviera acabando de ordeñar, para sacarme, ahora sí, la última gota y derramarla dentro de su coño.

Entre sus jadeos y los míos, ahogados para no despertar a los niños, vi cómo terminaba mordiendo la almohada. Yo seguía dentro porque ella me seguía animando para no parar.

- No pares de moverte, aghhh... sigue, sigue... aunque me ardan los pezones... agghhh, Luis.... agghhhh

Las palabras que pronunciaba eran muy excitantes pero sorprendentes a la vez, quizás provocadas por el larguísimo orgasmo que estaba teniendo. ¿Ella había pronunciado ese nombre? ¿O era solo mi mente la que parecía interpretarlas de aquella manera?

- Hazme tu perra, aghhh, pero no me la saques, aghhh, sí... aghhh... dame más de tu leche... aggghhhh, Carlos, sigue... aghhhh

De verdad que yo casi no podía seguir pero bajo mi cuerpo, Sole se retorcía prolongando su orgasmo. Me hacía subir y bajar, impulsado por las contracciones de su pelvis. Era muy excitante verla así, recorrida por el placer en todos los poros de su cuerpo y tan llena de sudor como no la había visto nunca. Yo empujaba y empujaba como si mis ganas de poseerla no hubiesen menguado lo más mínimo, cosa que me parecía imposible.

- Quiero que no pares, aghhhh, sigue... nunca he sentido tanto gusto, aghhh... Fede... aghhhh... aghhh...

Ni quería ni podía dejar así a Sole con toda la excitación que oir sus palabras y notar su largo orgasmo me estaba provocando. Dejé caer todo el peso de mi cuerpo sobre ella, quedando mi cabeza entre sus tetas. No fue dificil que mi boca buscara uno de sus aceitosos pezones y empecé a chuparlo con ganas, mientras mis manos se colaron entre su pubis y el mío, lo que aumentó aun mas la intensidad de sus jadeos.

- Aghhh, aghhhhh, sí, aghhhhhhh... Carlos... ahhhhhhhh... ahhhh...

Para nada fingía aunque nunca la había visto retorcerse de ese modo, sintiendo tanto gusto. Mientras mi polla la seguía penetrando, uno de mis dedos se coló entre sus labios mientras con la otra mano pellizcaba su clítoris. Mi excitación y mi rabia; mis ganas de complacerla y lo que sea que hubiera en su mente estaban provocando que sus jugos escaparan abundantes de su coño y fluyeran por mis dedos, mi polla y sus muslos.

- Aghhh... sí... aghhhhh...sí.....ahhhh....ahhhhhh....

Ahora ya no podía ni siquiera moverme pero seguía manipulando su clítoris y entrando y saliendo en su coño con mis dedos. Aun estaba ahí mi polla, ya perdiendo la turgencia de antes.

- Sole, para, por Dios... eres una diosa del sexo...

- Ahhhhh... ahhhhhhhhhhh.... Andrés.... ahhhhhhhh... ahhhh... ahhh

Por fin la vi calmarse poco a poco. Caí derrengado sobre ella, porque seguía sin querer que me separase de ella y, desde luego, yo no pretendía hacerlo. Decía que en ese momento, yo no le pesaba nada. Nos miramos y la besé, desde su cuello a sus labios y su cara, sin dejar de acariciar con mis labios levemente sus pezones.

Mientras recuperaba la respiración, pensé en todo lo ocurrido y en la forma tan excitante de acabar este morboso día que había empezado con mi esposa y su amante en el hotel. También estaba seguro que Sole no había estado solo conmigo en la cama esta noche. De otro modo, no habría podido lograr un orgasmo tan intenso y prolongado como el que yo nunca antes le había presenciado.

Pero tampoco podía dudar que yo había estado y seguía sobre ella, nuestro cuerpos sudados y aun penetrados uno en el otro. Habíamos compartido nuevos secretos, un correo morboso y un orgasmo de total intensidad. Pero, acabado este, con el más largo de los jadeos de Sole y había tenido muchos, ella había pronunciado... mi nombre.