Xtories

Me follaron sin que mi esposo supiera (3)

El whisky afloja la lengua, pero es el tacto de una mano bajo la mesa lo que enciende la sangre. En un bar lleno de testigos, la doctora Ana descubre que su autoridad se desmorona ante el deseo de ser usada por sus subordinados, mientras un tercero observa, hambriento, cada gemido ahogado.

Mondieu110443K vistas8.9· 20 votos

Este cuento formará parte de una serie, y del segundo tomo del libro de relatos eróticos, que se encuentra publicado en Amazon, titulado “Historia de Ana. Doctora y algo más”

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A la mañana siguiente, me desperté pensando que la noche anterior le había hecho una mamada a Rolo, luego me había masturbado yo misma, y dormido plácidamente.

Rolo estaba de pie, de espaldas al dormitorio, mirando por el ventanal de la habitación que daba a un balcón exterior. Las cortinas abiertas, y él desnudo.

Tenía un trasero firme, cintura angosta, espalda ancha y musculosa. Me estaba deleitando con lo que miraba, y debí hacer esfuerzos para quitar esos pensamientos, y volver a razonar que este hombre era el más peligroso de los enfermeros que trabajaban conmigo.

En otra oportunidad había conseguido convencerme solo con palabras o caricias, que yo le rogara que me follara, y más aún, luego logró, que yo le pidiera a él, que me hiciera follar por otro.

En ese momento se giró y preguntó: —¿Te gusta mi trasero?

Aunque no quería hacerlo, ni demostrarle nada, no pude evitar sonreírle.

—Esa sonrisa indica que te gusta. Doctora, todo este cuerpo está a su disposición—, Se giró totalmente, enfrentándome, y mostrando su polla, que comenzaba a tomar forma. —¿Doctora, quiere que me meta en la cama con Usted?

Una cualidad que no conocía de Rolo estaba surgiendo, y lo hacía más peligroso aún. Los hombres que hacen reír a las mujeres, siempre atraen.

—No. Hay que bajar a desayunar. Pronto iniciaremos el trabajo, que nos llevará todo el día.

Bajamos a desayunar juntos con el Doctor Ramirez y su enfermero de nombre Santiago. Como me imaginaba surgieron todas las bromas relacionadas con haber dormido en la misma habitación con Rolo.

Rolo fue un caballero, y se mantuvo firme, diciendo que yo era su jefa, que nada había ocurrido, pero luego dijo algunas palabras que abrían esperanza en Ramirez y su enfermero.

—La Doctora Ana siempre es quien decide. En todo sentido y en cualquier circunstancia. Si ella no quiere, no se hace, y si ella quisiera se haría. Siempre depende de ella—, y agregó: —Quizás algún día quiera, puede ser esta noche…., o tal vez nunca.

Mi colega y su enfermero me devoraron con la mirada. Habían entendido lo que entre líneas había insinuado Rolo. Sentía el morbo, y el deseo en aquellos hombres que tenía enfrentados en la mesa del desayuno.

Tuvimos trabajo de congreso todo el día, y al terminar, volvieron los tres a buscarme. Resolvieron que por ser la última noche, luego de cenar, saldríamos a un bar, fuera del hotel. Ellos me invitaban. No quise ser desagradecida y acepté.

Ya en la habitación le pedí a Rolo que fuera él quien se bañara primero, luego bajara y me dejara sola, para bañarme y vestirme; y así lo hizo.

En el hospital usaba la bata blanca hasta las rodillas, pero afuera siempre usaba faldas cortas, muy cortas. Tenía un buen trasero, y piernas largas, bien torneadas, que estaban firmes gracias al gimnasio.

Se sorprenderían al verme. Días más tarde, analizando lo que ocurrió aquella noche, llegué a la conclusión que yo había llevado aquel vestido a propósito, sabiendo lo que ello provocaría.

Me puse mi vestido color escarlata, casi como el rojo de mi cabello, era el más corto de todos los que poseía, no era ajustado, sino suelto. De atrás, casi se veían las nalgas, delante un escote bien profundo, y sin espalda, lo que me obligaba a no llevar sostén.

Le había pedido a Rolo quedarme sola mientras me vestía para salir. De esa forma me enfrentaría a los tres al mismo tiempo. Ocurrió lo esperado. Cuando llegué al loby del hotel, ellos ya estaban allí. Ramirez fue el primero en verme, los otros le daban la espalda al ascensor.

Los ojos de mi colega parecían que iban a saltar sobre mí, instintivamente adelantó su cuerpo, y me recorrió con su mirada de arriba abajo. Rolo y Santiago se giraron, y sus reacciones fueron idénticas.

—Doctora…digo colega. Está Usted despampanante…—, dijo Ramirez devorándome con su mirada.

—Jefa está preciosa—. Rolo fue menos demostrativo, pienso que a propósito, él me había visto desnuda, y me había follado; y no quería demostrar nada frente a sus compañeros.

Santiago fue el más recatado, solo dijo que el vestido era muy bonito, a diferencia del Doctor que continuó alagándome, intentando acercarse.

Habían elegido un bar a dos calles del hotel, y la noche era cálida, casi calurosa. En el camino mi colega no se desprendía de mi lado, a cada oportunidad que tenía, antes de cruzar una calle, o lo que fuera, pasaba su mano por mi espalda desnuda para guiarme.

El bar estaba lleno a tope. En el centro una barra atestada de personas, y a ambos lados mesas, y reservados. Los que también estaban todos ocupados.

Como pudimos logramos obtener una mesa alta, sin sillas, que servía para apoyar platos, botellas o vasos, pero debíamos permanecer de pie; y como me imaginaba, mi colega a mi lado, y enfrente Rolo y Santiago.

Rolo se encargó de preguntar que tomaría cada uno, e ir en busca de las bebidas.

Sería la última noche con ellos, había trabajado duro durante dos días, me liberaría, y por ello elegí tomar whisky, una bebida fuerte.

Los tomé por sorpresa, y Ramirez para no ser menos eligió lo mismo. Rolo y Santiago creo que tomaron vodka, pero no lo recuerdo.

Apenas había ido a buscar las bebidas, cuando Ramirez pasó la mano por mi espalda, atrayéndome hacia él, mientras preguntaba: —Colega, ¿Qué le ha parecido el congreso?

Dejó su mano allí, y observé que Santiago no podía verlo, porque la mesa era alta y su mano estaba en mi espalda baja. Contesté lo que me parecía, y se unió a la conversación Santiago, para quien era su primer congreso, y estaba entusiasmado por estar allí. Siempre sin dejar de mirar mis pechos, casi afuera, gracias al vestido que llevaba.

Rolo regresó con las bebidas, todos brindamos, y el colega continuaba con su mano en mi espalda, a la que había agregado algunas caricias.

Los cuatro liberábamos el estrés del trabajo, y el ambiente era de camaradería, y deseos de pasarlo bien esta última noche. El whisky era de buena calidad, su calor bajaba por mi garganta, y ayudaba a aflojar la tensión.

Y ocurrió. La mano de mi colega bajó despacio, pasó por mis lumbares, hasta mi nalga derecha. La mantuvo allí; supongo que esperando mi reacción. El vestido suelto y su tela muy fina, lograban que me agradara la caricia. Continué hablando con Rolo y Santiago como si nada hubiera ocurrido. Hasta que a Santiago lo llamaron de una mesa vecina y se retiró, supongo que deseando estar lejos de su jefe. Quedé sola con Ramirez, y su mano en mi trasero, y Rolo enfrente, mesa por medio.

Con ello mi colega entendió que se lo permitía, y continuó, ahora con un toque suave que recorría toda mi nalga de arriba abajo. Sus contactos continuaron, siempre rozando apenas mis nalgas a través de la falda. Al acariciarme sobre aquella tela lisa y sedosa, sentía su mano pasar por mis nalgas como si lo hiciera sobre ellas. Y lo hacía bien, yo lo disfrutaba, lo dejaba hacer, y mi excitación llegaba. Me gustaba y me calentaba.

Por suerte a nuestras espaldas estaba la pared del bar, de lo contrario todos los presentes estarían mirando cómo le sobaban el culo a esta mujer.

Su mano continuó hasta el centro de mi culo; al llegar allí, lentamente se hundió entre ambas nalgas, con sus dedos presionando, logrando ir más profundo, y sin descaro dijo:

—Doctora Usted tiene unos atributos extraordinarios que yo no conocía.

Lo miré, intentando descifrar si sería capaz de mostrar lo que estaba haciendo en mi trasero, y conteste con una pregunta.

—¿A qué atributos se refiere?

Su mano regresó hasta las nalgas, acariciándolas de arriba abajo, produciéndome más goce aún, y con voz grave, mirándome primero a mí, y luego a Rolo manifestó:

—Todo el hospital está maravillado con sus atributos…Ha logrado que sus tres enfermeros trabajen con denuedo y sin descanso. Hasta Rolo, el más rebelde, se ha rendido a su encanto, y trabaja para Usted con esmero.

Aquel médico que yo creía era uno del montón, ahora con sus expresiones, mostraba una faceta que intimidaba. Y todo ello sin quitar las manos de mi trasero, y manosear mi culo. Mostraba su poder de macho de la manada.

Me estaba excitando, mi vagina empezaba a mojarse, mis pezones empezaban a endurecerse, se notarían. A pesar de ello, deseaba que continuara. Y lo hizo, pasó muy fácilmente su mano debajo de mi cortísimo vestido, y ahora la tenía sobre la piel de mis nalgas, y mis bragas.

Rolo no se quedó callado, y sonriendo puso sobre la mesa más insinuaciones. —Así es Doctor. Ana tiene todos esos atributos, y otros magníficos que nosotros conocemos…., y Usted no—, se detuvo, yo temía lo peor, que me delatara; sin embargo continuó con la misma picardía. —Es una jefa atenta con sus enfermeros, exige y nos exprime—, en clara referencia a la mamada que le había hecho la noche anterior, y continuó: —pero también nos ofrece, y nos entrega su pasión…, por su trabajo, y junto a ella lo hacemos mejor.

Todos reíamos, pero a ninguno se le escapaba lo que aquello significaba, y los calores estaban llegando a mi coño.

Cuando Rolo llegó con la segunda ronda de copas tomé casi la mitad de la mía de una vez. Estaba nerviosa, alterada, y al mismo tiempo excitada. Comenzaba a gozar con el manoseo de mi trasero y mi vagina se mojaba.

Cada vez me gustaba más, y temía comenzar a gemir, traté de mantener lo mejor posible la postura, sin lograrlo. Cuando sentí su mano ir hacia mi vagina, no lo contuve, al contrario, abrí las piernas para permitírselo. Me entregaba. Aceptó la invitación, hizo a un lado mis bragas, y ahora sí, llevó su dedo mayor, pasando por mi ano, hasta mi coño. Luego de meterlo, lo retiró bien mojado de mis jugos; y a continuación fue por mi culo y lo introdujo despacio.

Apreté mi cuerpo contra la mesa, mi boca se abrió buscando aire, cerré los ojos, y cuando los abrí, enfrente, vi que Rolo se había dado cuenta de lo que ocurría en mi culo.

Rolo sonreía, y bajando apenas su cabeza, asintiendo, me indicaba que lo sabía. Subió y bajó nuevamente su cabeza, me indicaba que continuara. Rolo volvía a convencerme para que me dejara hacer cualquier cosa.

Comenzaban las pulsaciones, ahora en mi vagina y en mi culo; entonces pedí me trajeran otro whisky, diciendo que sería el último, luego deseaba regresar al hotel. Supongo que Ramirez lo tomó como invitación a continuar y terminar en las habitaciones, porque continuó metiendo suave y despacio su dedo mayor en mi culo, pero sin avanzar de allí. Y por suerte, porque las palpitaciones en mi vagina iban creciendo, y si volvía a mi vagina aumentarían, y podría correrme allí mismo.

Tomamos la última copa, y nos fuimos. Por la calle hacia el hotel, iba entre Rolo y Ramirez. Ambos habían cruzado sus manos por mi espalda y durante todo el trayecto, en ningún momento dejaron de acariciar mi trasero.

Si alguien caminaba detrás, pensaría que allí iba una puta, a la que habían pagado por sus servicios, y luego entre los dos la follarían. Y salvo lo del dinero el resto era muy posible.

Pasamos por el loby del hotel lo más decorosamente posible y tomamos el ascensor. Me dejaron entrar primero, y ya adentro, Ramirez se instaló a mi espalda. Apenas cerrada las puertas, se arrimó desde atrás, pasó ambas manos por debajo de la espalda de mi vestido, llegó a mis tetas, que no llevaban sostén, y comenzó a estrujarlas.

Y ello ya fue demasiado, volvía a ocurrir otra vez, lo que me había pasado muchas veces. Mi cuerpo había tomado el control, abandonaba toda resistencia, lo deseaba todo, quería continuar disfrutando y gozando, y no importaba, quien me estrujara las tetas, o quien metiera sus dedos en mi culo, quería más y más; dejé ir mi cabeza hacia atrás, apoyándome en el hombro de mi colega, y comencé a gemir. —Ahhh…. nooo….

Ramirez quitó sus manos de debajo de mi vestido, las llevó adelante, abrió más mi escote, sacó al exterior mis pechos, y continuó apretujándolas y apretando mis pezones.

—¡Nooo…ahhh….puede entrar alguien, ahhh…pueden vernos, noooo……..por favor.

Entre mis gemidos, y quejidos de placer, abrí mis ojos, y allí estaba Rolo satisfecho con lo que me ocurría, mirándome con mucho morbo.

Rolo llevó una de sus manos debajo de mi falda, luego la apoyó sobre mis bragas y sobre mi vagina, apretándomela.

Abrí las piernas, e inmediatamente Rolo comenzó a masturbarme despacio por encima de las bragas diciendo: —Doctora, tiene el coño mojado y ardiendo.

Ahora sí, los espasmos llegaban desde el fondo de mi vagina, uno tras otro, me iba a correr. Empujé con mi pelvis hacia adelante, contra la mano de Rolo, y comencé a pedirlo. —Asiii….sigue, ahhhh……sigue……..

Ramirez abandonó mis pechos y fue a mi nuca para desprender el vestido. Era un vestido suelto, si lo desprendía, caería, y quedaría solo en bragas.

Llevé mis manos atrás impidiéndoselo. —Noooo…. No me quites el vestido…ahhhh…..—No pude continuar hablando, Rolo había hecho a un lado mis bragas, ahora metía y sacaba dos dedos de mi coño, como si me follara con ellos.

Sacando fuerzas que ya no tenía, sujeté las manos de Ramirez, y volví a decirle: —Ramirez….nó. No me quites el vestido…ahhhh….— Sin pensarlo, desatado el deseo, continué con una frase que rompía todas las inhibiciones.

—Aquí no…., vamos a los dormitorios.

Lo había dicho. Ya no habría marcha atrás, abierta esa puerta, los dos pasarían por ella, y me follarían como quisieran.

Al salir del ascensor Rolo fue adelante y abrió la puerta de nuestro dormitorio. Ya adentro, Ramirez desde mi espalda, desató el nudo de mi vestido, éste cayó al piso y quedé en bragas. Rolo se arrodilló frente a mí, y enganchando sus dedos en los laterales de mis bragas, las fue bajando despacio, y deleitándose con la vista que tenía frente a sus ojos.

Detrás Ramirez se desnudó. Regresó a mi espalda, para volver a tomar mis pechos con sus manos, y ahora además con su polla dura, apoyándose en mi trasero ya desnudo, en un susurro en mi oído dijo: —Doctora, colega, la voy a follar por el culo, le voy a romper el culo.

Cada palabra de ellos me enardecía más, podría dejarme hacer cualquier cosa. Ramirez apretaba mis pezones, Rolo continuaba con suaves caricias por el exterior de mi vagina, mientras al mismo tiempo trataba de quitarse su ropa, y todo esto conmigo desnuda, en el medio de los dos, manteniéndome en pie a duras penas.

Busqué los ojos de Rolo con mi mirada, ya estaba desnudo, y debió ver en los míos el deseo, la pasión que me arrollaba, y me obligaba a buscar más; porque vino hasta mí, acarició con ternura mi rostro, mientras me decía:

—Ana abandónate, disfruta, y goza. Aquí puedes liberarte, gozar sin limitaciones. Ya no estamos en el bar, estamos solos, nadie te verá. Déjate hacer, deja que te folle por el culo, como quiere Ramirez.

Rolo continuó —Ana yo miraré. Quiero mirar, quiero ver cómo te follan, quiero verte gozar mientras otro te folla.

Quería verme gozar mientras otro me follaba, con ello me excitaba más, apenas podía mirarlo, no podía dejar de gemir, y me entregué diciendo —Vamos a la cama…, por favor….ahhhh….vamos a la cama.

Ramirez quería mi trasero, y lo dijo claramente dando órdenes.

—Yo la follaré primero. Acuéstate boca bajo doctorcita, que te voy a romper el culo.

Al mismo tiempo que se imponía sobre Rolo, me denigraba llamándome doctorcita. Ramirez quería ejercer su poder. Tuve un momento de aprensión por su trato, pero no tuve tiempo de pensar más en ello. Me tomó de un brazo me llevó hasta una de las camas, que resultó ser la mía, y allí me hizo acostar boca abajo.

—¡Abre bien las piernas y levanta ese culo que tienes!

Tomé un cojín, lo puse debajo de mi pelvis, y ahora quedaba toda expuesta y abierta para que me penetrara. No habría marcha atrás, yo había provocado a este hombre, y luego dejé que metiera mano en mi culo, dentro del bar y delante de todos.

Sentí que se trepaba sobre la cama, detrás de mí. Busqué a Rolo, le indique que se acercara y cuando estuvo junto a mí, le pedí: —Rolo, en mi cartera, dentro hay gel lubricante, tráelo.

—¡No! ¡Quiero romperle el culo! Quiero que sienta como la follo—, y a continuación puso la cabeza de su polla en la entrada, y empujó.

—¡Nooooo…..! Despacio…por favor……duelee…..—. La cabeza de su miembro ya había pasado mi esfínter. Por suerte, dentro del bar, con su dedo mojado de mis jugos, algo había dilatado, pero no se detendría. Dolería.

Me aflojé, intentando sobrellevar lo que vendría. Terminó de cruzar el esfínter, y entró. Todos estos hechos habían logrado que mi excitación bajara.

—Doctorcita viniste con ese vestidito mostrando todo, y buscando que te follaran. Te voy a clavar hasta el fondo de tu culo. Te gustará.

—Ahhh…. por favor……,ve despacio….. ahhhh……Me duele…agggg…..

No lo iba a hacer despacio, continuaba intentando meter toda su polla en mi trasero, y no entendía que primero debía dilatarse y adaptarse.

—Primero te la voy a enterrar toda.

Apoyó ambas manos en mis nalgas, haciendo fuerza hacia los lados, abriéndome toda para ir hasta el final.

—Espera….ahhhh….espera,….. despacio… por favor…aggg…por favor….

—En el bar te dejaste manosear, y te gustaba que metiera mis dedos en tu culo. Mi polla te gustará más. Ahora te tengo bien abierta.

Ramirez empujó con todas sus fuerzas, y su polla terminó de entrar, hasta el fondo, sintiendo como su pelvis golpeaba contra mi abierto culo, y dolía.

—Agggg…..noooo….duele… duele…. Dios mío…., despacio por favor… despacio….

Ramirez no me haría caso, lo único que intentaba era meterla más y más profunda, sin dejar de decirlo.

—¡Doctora te voy a follar por el culo! ¡Te la voy a meter toda! ¡Te voy a romper el culo!

No sería una relación normal, era algo más que follar, estaba fornicando; y sería sexo puro y duro. Decidí aflojar la tensión, con ello reduciría el dolor, y podría, quizás disfrutar en parte.

Me concentré en sentir el ir y venir, de aquel miembro dentro de mi culo, tratando de sobrellevar esa perforación salvaje, y comencé a acompañar sus embestidas con mis movimientos de caderas. Cuando la retiraba, llevaba mi culo hacia atrás, y cuando embestía, me dejaba ir hacia adelante, y ello ayudaba.

—Ramirez…., despacio…., asi…, aggg……..

El entendió que me gustaba, y que por ello hacía aquellos movimientos.

—Te gusta. Serás tan puta, que te gusta que te follen por el culo. Te voy a dar más fuerte.

Tomó mis caderas con ambas manos, se afirmó en ellas, y me clavó más fuerte aún, hasta llegar a lo más profundo. Me había llamado puta. Intentaba humillarme más aún.

—Ahhhh….., por Dios…., hazlo despacio…., por favor…ahhhh……, ahora ya me entró toda… ve despacio….por favor….—, comencé a pedírselo por favor.

Ramirez no lo haría, en forma desenfrenada, sin compasión, me ensartaba con fiereza, sacándose sus ganas contenidas. Me embestía fuerte. No había marcha atrás, lo que tuviera que pasar pasaría, e iba a ocurrir, me follaría con dureza, con ensañamiento, quería ser más jefe que yo.

Sería sexo duro, casi brutal. Era mi culpa por dejarme manosear, había perdido toda inhibición y decencia, dejando que metiera sus manos en mi culo dentro del bar. Merecía lo que me ocurría; aguantaría el dolor. Nuevamente era culpable por engañar a mi esposo, y lo pagaría.

Había dejado de gemir, de suplicar, ahora gritaba. Apreté mi cara contra las sábanas para ahogar mis quejidos de dolor. Esto no era una relación sexual, casual y normal. Me estaban follando en forma salvaje.

Ramirez soltó mis caderas, llevó sus manos a mis hombros, haciendo fuerza contra ellos, al mismo tiempo que su polla, bien dentro de mi culo se tensaba, y comenzaba a largar chorros de semen caliente, muy caliente. Se estaba corriendo dentro de mí.

—¡Ahora! Me estoy corriendo dentro de tu culo. Te follé por el culo, y me corrí todo adentro.

Continuó allí hasta que terminó de descargarse, y en la misma forma que me había penetrado, la retiró rápido. Y antes de bajarse de la cama, golpeó fuerte con su mano abierta, mis nalgas, mientras se dirigía a Rolo.

—Pronto, ahora puedes follarla tú. Le he dejado el culo bien abierto y lleno de leche. Es toda tuya.

Continuaba humillándome. Apreté mi cara contra las sábanas, para que no viera mis ojos, que comenzaban a llenarse lágrimas, y quedé en la misma posición, sin animarme a moverme siquiera.

Oía como se vestía, y luego salía de la habitación, golpeando la puerta. Quedé acostaba boca abajo, cansada y dolorida. Recién en ese momento recordé que aún estaba Rolo, y con seguridad el también iba a follarme.

Lo busqué con la mirada. En ese momento salía del baño y se dirigió a mi lado. Se sentó en la cama, acarició mi espalda, desde la nuca hasta mi trasero.

—¿Rolo quieres follarme?—, le pregunté casi resignada. Ahora le tocaba a él. Debía permitir que me lo hicieran otra vez.

—No, ahora no. He preparado la tina del baño, y quisiera llevarte, lavarte y cuidarte.

Mientras a mí me clavaban y machacaban por el culo, este hombre preparaba el baño, para cuidarme luego que terminaran de follarme. Me dejé atender, entonces me levantó en brazos, con cuidado me sumergió en la tina de agua caliente, a la que había agregado todas las sales y fragancias que encontró, y con una esponja, despacio y con cariño, lavó todo mi cuerpo. También se ocupó de mi vagina, y luego me pidió que girara, y lavó a conciencia, y con cuidado todo mi trasero.

Sin hablar, terminado el baño, me secó parte por parte, hasta asegurarse que la totalidad de mi cuerpo estaba seco y limpio.

Me llevó a su cama, y preguntó si podía acostarse conmigo. Asentí con la cabeza, se acostó a mi lado, boca arriba, y cuando pasó su brazo debajo de mi cabeza, me arrimé y apoyé mi cabeza en su hombro. Con mi mano libre acaricie su pecho, y la llevé hacia abajo, pasé por su abdomen, por su pelvis, y cuando llegué allá abajo, su polla estaba dura, firme, bien erguida.

La encerré con mi mano apretándola. —Rolo. ¿Qué quieres que te haga?—, le pregunté.

—Nada Ana. Quería mirarte, verte gozar mientras te follaban, pero no me imaginé que Ramirez fuera un bruto. Solo quiero que descanses.

—¿No tienes ganas de correrte tu ahora?

—Ahora y siempre tengo ganas de correrme contigo. Sin embargo es más importante que tú descanses. Ha sido una noche dura.

Se comportaba como un caballero, y yo lo había hecho como una guarra. Debía responderle como se lo merecía.

—Te la voy a mamar mejor que anoche, te correrás mucho, y me tragaré todo su semen, y no dejaré una gota—, y continué. —Solo te pido que me castigues por lo que hice; y si quieres gritarme, insultarme o pegarme, lo hagas. Humíllame, pégame, hazme cualquier cosa. No te contengas—, y seguí intentando condenarme por todo lo que había provocado, y lo que me habían hecho como consecuencia de ello.

—Me comporté como una guarra y una zorra, lo busqué y dejé que me metiera mano en el culo dentro del bar, me porté como una puta, necesito que me llames puta. Lo merezco, quiero que me trates como a una puta.

Bajé por su pecho, y cuando llegué a su polla, la engullí, se la mamé con fruición, llegado el momento, cumplió mi pedido; se corrió en mi boca gritando.

—¡Puta! ¡Puta! ¡Te quiero así! Bien puta para mí. Chupa, chupa toda mi polla, y traga, traga todo. Quiero que seas puta para mí, que seas mi puta, ahh….

Me tragué todo su semen, como lo había prometido, hasta la última gota, y continué chupando hasta que no salía más.

Horas después ya en la madrugada, recostada en su pecho, le trasmití mis temores sobre mi futura relación laboral con el Doctor Ramirez dentro del hospital, luego de lo ocurrido.

—Ana, yo cuidaré de ti, y te prometo, que ni él, ni ninguno de los otros, podrá siquiera mirarte, o acercarse a ti, si no lo deseas.

Con esas palabras me dormí, confiando en este hombre, al que yo había tildado de peligroso, y resultó lo contrario. Fue quien cuidó de mí.