Xtories

Inconformismo (8)

Sara no solo quiere sexo, quiere ser vista. Y esta vez, no hay paredes que los protejan ni sombras que los oculten. En el corazón de Madrid, el morbo se vuelve carne y el riesgo es la única moneda de cambio.

escritornovel938.7K vistas8.7· 20 votos

Una vez más, Sara había hecho conmigo lo que había querido, no era capaz de decirle que no, aunque yo en el fondo siempre había querido una relación normal con ella donde hubiera morbo y ganas de disfrutar de buen sexo, pero sin ir tan lejos como parecía que íbamos a llegar.

Ese era el pensamiento que estaba teniendo hasta que Sara me sacó de él y me dijo que fuéramos a ducharnos los dos, cosa que hicimos sin enredarnos a besos ni más sexo porque queríamos pasar la tarde por Madrid, salida que no habíamos hecho en el último mes por unas cuestiones o por otras.

Esta vez, Sara eligió como atuendo una falda roja de cuero ajustada que le quedaba a medio muslo, una camiseta de pequeños cuadrados rojos y negros de manga larga pero muy fina, una chaqueta marrón clara tipo chupa, unas medias negras transparentes junto a unos zapatos negros con un poco de tacón y un conjunto de lencería azul marino casi negro y semitransparente que le quedaba de escándalo.

Yo, sin embargo, elegí unos vaqueros azul marino, un jersey gordo de lana de color vinotinto y mis zapatillas altas marrones junto a mi abrigo negro y largo, atuendo que me preparaba para ir a pasar una tarde, que una vez más, traería más sorpresas y consecuencias de las que esperaba.

Al igual que en el mes pasado, nos dirigimos a la zona de Fuencarral y Gran Vía, ubicación de un gran número de tiendas donde puedes comprar de todo, aunque, esta vez, era sábado y un sábado por la tarde en Madrid es sinónimo de aglomeración y de tiendas abiertas así que nos preparamos para tener que aguantar tal aglomeración tanto en las tiendas como en la cena.

En esta ocasión, en vez de coger el metro, fuimos andando hasta esa zona y esto me permitió hablar con Sara de algunas cosas que me habían quedado pendientes en mi cabeza.

- Sara

- Dime Sergio

- Lo del trío..

- Mira Sergio, te repito que es algo que quiero hacer y siento que tú y yo ahora mismo estamos en un punto de máxima confianza que nos permite hacerlo sin ningún problema y esto te aseguro que no nos va a afectar, vamos a estar igual de bien que siempre

- Yo no lo acabo de tener tan claro como tú, reconozco que en el fondo me pone mucho la idea, pero tengo miedo, además, no hemos vuelto a hablar de Sandra y Alejandro

- ¿Qué pasa con ellos?

- Hombre pues pasa que la última vez que los vimos se fueron a follar con el tal Alberto y encima ese tipo me dijo que quería follar contigo. Por si eso no fuera poco, no hemos vuelto a hablar del tema y ha pasado el tiempo como si nada, aunque estoy seguro que tú has hablado con Sandra de esto cuando habéis ido al gimnasio o cuando habéis salido a tomar algo.

- Pues mira, sí, lo hemos hablado y me lo ha contado todo, aunque ahora mismo no creo que sea el momento de contártelo a ti.

- ¿Por qué no?

- Porque tiene que estar la cosa más tranquila entre nosotros para que yo te lo cuente

- Pero..

- Pero nada Sergio, vamos a disfrutar de la tarde, ¿te parece?

- Está bien

Y eso hicimos, dejamos el tema y seguimos andando hasta Plaza España y allí nos paramos como un par de enamorados y nos besamos apasionadamente mientras nos hacíamos algunas fotos como unos adolescentes.

La verdad es que siempre había querido con locura a Sara, desde el primer segundo que la vi me enamoré de ella, pero últimamente me estaba poniendo muy difícil seguir teniendo aquel enamoramiento, aunque, quizás, diría la confianza, ya que lo que nos había pasado en los dos últimos meses había desestabilizado mi cabeza y mis pensamientos. Aun así, creo que mi sentimiento de amor era más grande que cualquier cosa que pudiera ocurrirnos o eso pensaba yo porque no sabía lo que se nos venía encima.

Después de las fotos y los besos en Plaza España, seguimos andando hasta el Zara de Gran Vía y allí nos metimos porque, como siempre, Sara tenía ganas de comprar ropa así que no pude decirle que no y nos dirigimos directamente hacia la sección de mujer y las múltiples variedades de ropa que allí tenían.

Durante un buen rato Sara dio varias vueltas y cogió varias prendas (pantalones pitillos, blusas, camisetas..) aunque nada parecía convencerle del todo hasta que se quedó mirando una especie de blusa / camiseta de manda larga de un color que diría estaba entre el azul marino y negro, completamente transparente y fina. Aquello no era casualidad y es que Sara tenía ganas de jugar así que se dio la vuela y me miró como una gata en celo.

- Sergio, ¿crees que esta camiseta me quedaría bien para salir?

- Jajaja mmm creo que te quedaría genial, sobre todo porque seguramente sería como si fueras directamente en sujetador por la calle, es completamente transparente Sara

- Jajaja lo sé, es muy atrevida pero aun así me apetece probármela, ¿te gustaría verme con ella puesta?

- Joder Sara

- ¿Te gustaría o no?

- Me encantaría

- Venga, pues voy a probármela

Estábamos en una planta y en una parte de la tienda donde los cambiadores estaban al final del todo y donde las dependientas estaban a la entrada, por lo que no había nadie controlando con cuantas prendas entrabas al cambiador ni con quien…

Sorprendentemente, una vez más, había gente en esa parte de la tienda donde nos encontrábamos pero era realmente poca con la cantidad de gente que podría haber para ser un sábado, la economía tampoco estaba muy boyante que digamos así que era sorpresa hasta cierto punto.

Sin embargo, aquella situación fue magnífica porque yo me quedé en la puerta de los probadores, que era un pasillo con 10 puertas y Sara entró en la del fondo y a los dos minutos, salió con la camiseta puesta o con lo que se supone que era una camiseta. Le quedaba de miedo, era ajustada y tal y como había pensado, no le tapaba lo más mínimo porque se podía distinguir claramente el sujetador intentando mantener atrapadas aquellas dos maravillas de la naturaleza que Sara tenía por tetas y como ella lo sabía, se empezó a reír y me miró.

- ¿Te gusta Sergio?

- Joder Sara, me encanta, aunque se te ve todo eh

- Jajajaja desde luego no es para ir sin sujetador

Aquella camiseta le quedaba de miedo y con aquella falda roja que le hacía el contraste y el culo perfecto, más aún, cosa que Sara sabía porque se estaba mirando al espejo, que había al final del pasillo junto al cambiador donde estaba ella, mordiéndose el labio cuando, de repente, me cogió del jersey y me empujó dentro del cambiador cerrando la puerta tras de sí.

- Sara, ¿se puede saber qué haces?

- ¿A ti qué te parece?

- ¿Y si nos ha visto alguien?

- Pues que avisen a las dependientas y nos vean follando aquí dentro Sergio

- Jajajaja.. ¿qué has hecho con la Sara que yo conocía?

- La he matado y he suplantado su identidad, esta Sara quiere y tiene más ganas de sexo y de hacer locuras así que tú disfruta

Y eso hice, me senté en una especie de banco de madera que tenían esos probadores y Sara se arrodilló mientras tenía una cara de zorra que no podía con ella y me desabrochaba los pantalones para empezar a chupármela como una posesa.

En pocos segundos mi polla se puso tiesa como un mástil y yo solo pude cerrar los ojos para disfrutar de aquella boca y aquella lengua que Sara tenía y que me llevaba siempre al éxtasis, pero la cosa no acababa ahí porque Sara tenía muchas ganas de jugar conmigo así que se sacó la polla de la boca después de dos o tres minutos y me dijo:

- Bueno, bueno, ¿qué te parece esto Sergio?

- Joder Sara, cada día me sorprendes más

- Y más que te voy a sorprender, mira

Ese mira traía una consecuencia y esa no era más que el hecho de quitarse aquella camiseta transparente y, a continuación, aquel sujetador negro azul marino precioso para quedarse desnuda de cintura para arriba

- Así mejor, ¿no crees?

- Jajaja hombre ya puestos…creo que la falda también te sobra

- Mmmm puede ser

Me hizo caso, se puso de pie y se desabrochó la falda para quedarse únicamente en tanga y que así yo pudiera disfrutar de aquel cuerpazo que Sara se gastaba y a mí me hacía tenerla siempre dura.

- ¿Mejor entonces?

- Mmm sí, mucho mejor Sara, ahora puedes continuar con lo que estabas haciendo

Y no se lo pensó, volvió a cogerme la polla y durante un buen rato me la estuvo chupando sin parar, cosa que hizo que mi polla empezara a dar los primeros síntomas de querer correrse así que se lo hice saber a Sara

- Sara, Sara, como sigas así me voy a correr y no te voy a poder follar aquí

- Jajaja no tenía intención de follarte aquí guapo

- ¿Cómo?

- Lo que oyes, quería ver si me dejabas cumplir esta fantasía del probador que habíamos hablado pero la verdad es que también quería ponerte caliente para que te entraran ganas

- ¿Ganas de qué?

- De volver al sex shop conmigo y allí sí poder hacer algo más

- ¿Otra vez quieres ir Sara?

- Puff me encantaría Sergio, quiero que follemos allí

- ¿Queeee?

- Lo que oyes, ¿no te pondría follar mientras vemos un espectáculo como el del otro día?

- Sara…creo que se nos puede ir de las manos, acuérdate que en esa sala de mirones no vamos a estar solo nosotros

- Lo sé Sergio, pero también acuérdate que ya estamos acostumbrados a darle el espectáculo al vecino y nos lo vamos a montar con una chica así que tampoco creo que sea para tanto

- Mmm está bien

- Ese es mi niño, vamos a vestirnos y ahora llamo para ver a qué hora tienen espectáculos como los de la otra vez

Eran las 7 de la tarde, estábamos en el Zara, Sara me la acababa de chupar y me había dejado con una erección de caballo, pero eso no era lo peor, lo peor es que estaba como loca por ir al sex shop donde probamos la primera vez el morbo de que me la chupara delante de otra persona y ahora quería ir más allá follando en aquel puesto de mirones.

Esos eran mis pensamientos en ese momento, pero la verdad era que, cuando me quise dar cuenta, habíamos salido del probador, Sara había pagado la camiseta transparente y estábamos en la calle mientras ella llamaba al sex shop.

- ¡Sergio!, me ha dicho el dependiente que a las 10 y media hay un espectáculo de glory hole como la otra vez y que estará encantado de que vayamos para allá otra vez

- Sara, ¿estás segura de esto?

- Sergio, solo te puedo decir que me he quedado con unas ganas terribles de follarte ahí en el probador, pero tengo más ganas aún de hacerlo allí y me gustaría que estuvieras de acuerdo conmigo

- Está bien Sara, pues vamos a dar una vuelta y a cenar algo, ¿te parece?

- Me parece

Eso hicimos, estuvimos recorriendo un rato más Gran Vía y después nos fuimos a tomar unos pinchos por Malasaña antes de ir al sex shop. De hecho, elegimos un bar más o menos tranquilo donde no había demasiada gente para ser Madrid y donde podíamos estar sentados y charlando sin que pareciera que estábamos como sardinas en lata.

- Sergio

- Dime Sara

- ¿Estás seguro de lo que vamos a hacer?

- Pues sí y no, por un lado, a mí también me da morbo follarte ahí, eso no te lo voy a negar, pero lo de estar rodeado de gente extraña creo que no tiene ningún tipo de sentido y más después de lo que le hemos dicho esta mañana al vecino, ¿no te parece?

- A ver Sergio, es distinto, el vecino nos conoce, sabe dónde vivimos y nos ve todos los días, sin embargo, si nos ve follar alguien a quien no conocemos de nada, aunque sea estando al lado nuestro creo que no pasa nada en absoluto, es algo que me pone mucho, no te voy a mentir

- Mmm visto así... aunque sigo teniendo mis dudas

- Mmm bueno quizás después de esto tengas menos

Y dicho eso, se levantó del taburete donde estábamos sentados, cogió la bolsa del Zara donde estaba la camiseta y se fue hasta el baño, acción que yo sabía en lo que iba a desembocar y que nunca me hubiera imaginado que Sara pudiera llevar a cabo.

De hecho, a los 3 minutos volvió a aparecer y entonces sí, comprobé lo que yo me había imaginado, Sara se había puesto la camiseta transparente y todos los hombres que había en el bar, unos 8 o 9, habían clavado sus ojos en aquellos pechos que ahora quedaban cubiertos únicamente por su sujetador porque la camiseta no tapaba absolutamente nada.

- ¿Te gusta que me la haya puesto?

- Dios Sara, estás tremenda, pero, ¿no te importa que todos los hombres del bar te estén mirando ahora mismo?

- Mmm no, ¿y a ti?

- ¿A mí?

- Sí, a ti Sergio, ¿te importa que me miren o no?

No sabía muy bien qué responder a eso, por una parte, el morbo de ver a tu novia con una camiseta así es tremendo, pero por otra, el hecho de que todos los hombres se la comieran con la mirada despertaba en mí sentimientos contradictorios.

- Pues no sé qué decirte, supongo que mientras no hagan nada raro no pasa nada, que miren lo que quieran

- Eso es lo que quería oír

Así, durante el tiempo que seguimos en aquel bar, nadie perdía detalle del atuendo de Sara, pero con el paso del tiempo ni a mí ni a ella nos importó, fue como algo natural. Por tanto, disfrutamos del resto de las cañas y pinchos y pagamos para, ahora sí, dirigirnos al sex shop a realizar una fantasía que parecía que Sara tenía en su mente desde hace mucho tiempo.

Cogimos el metro en Tribunal y después nos fuimos hasta la parada de Plaza Castilla para continuar andando hasta la puerta del local y como os podéis imaginar, durante el trayecto en metro, Sara volvió a ser objeto de todo tipo de miradas y cuchicheos, pero a mí esta vez no me había importado tanto porque me sentía más relajado, estado en el que Sara parecía encontrarse continuamente y sin inmutarse por ser el centro de atención.

Serían las diez y cuarto cuando llegamos al local así que íbamos con un poco de adelanto, pero no importaba porque el dependiente nos reconoció enseguida y no dudó en saludarnos.

- ¡Hombre pareja!, ¿qué tal os va?, sabía que volveríais

- Hola, la verdad es que nos gustó el espectáculo de la última vez y hemos decidido repetir

- Ya veo, además, tú guapa veo que también has venido vestida para la ocasión

- Jajaja bueno, digamos que he pensado que sería una buena oportunidad para atreverme con una ropa más atrevida

- Pues has acertado de lleno, de hecho, podrías incluso unirte a las chicas que van a estar esta noche dando el espectáculo, no desentonarías, eso seguro

Otro hombre que se había tomado el lujo de hacerle un comentario subido de tono a Sara y a ella, lejos de importarle, le había salido una medio sonrisilla y me había mirado con cara de viciosa, sin duda no conocía a aquella Sara en absoluto. Y no es que me hubiera molestado tanto el comentario, que también, sobre todo había sido la indiferencia e incluso la aprobación que tenía Sara con aquel tipo de comentarios, lo cual me parecía increíble, pero aquello no era nada comparado con lo que estaba por venir.

- Jajaja qué tonto eres, yo solo he venido a pasarlo bien mientras disfruto del espectáculo y de este chico tan guapo que tengo aquí al lado, creo que ya me entiendes

- Jajaja te entiendo, de hecho, en ese aspecto estáis en vuestra casa y podéis hacer lo que queráis, dentro de unos límites, claro está

- No te preocupes, lo pasaremos bien y también sabremos comportarnos, ¿verdad Sergio?

- Sí, cariño

- Muy bien, pues dejadme que os cobre y ya podéis bajar, hoy el espectáculo tendrá a un par de chicas exóticas, seguro que os gustan

- Bueno, a mí me gustarán más las pollas que salgan de los agujeros, eso seguro

¡Zas!, sin quererlo ni beberlo, Sara había hecho aquel comentario, había cogido los dos tickets y me había hecho un gesto como diciendo “venga, vamos, que nosotros tenemos que dar nuestro propio espectáculo”. De hecho, no me había dado tiempo ni a asimilarlo, pero daba igual porque yo me encontraba ya bajando aquellas escaleras siguiendo a Sara y sin saber muy bien qué iba a suceder.

Así, bajamos las escaleras, doblamos dos veces a la izquierda y abrimos la puerta que daba acceso a aquella estancia cuadrada que servía para mirar lo que pasa en la sala donde estaba los agujeros del Glory Hole pero, para nuestra sorpresa, esta vez había gente ya dentro, concretamente 4 personas.

Dos de esas personas eran una pareja y las otras dos eran dos hombres de unos cuarenta y tantos que me recordaron a los que estaban la otra vez que vinimos. Sin embargo, estos dos hombres eran más atractivos que aquellos porque los dos iban bastante arreglados y se les notaba que estaban en mejor forma, aunque sin ser nada escandaloso ni espectacular, uno tenía el pelo corto, barba canosa corta y sería como yo de alto.

El otro, era más bajo y estaba más fuerte que el amigo, pero se conservaba más joven porque tenía el pelo negro y vestía más juvenil con un jersey ajustado, unos vaqueros y una chaqueta marrón parecida a la que llevaba Sara.

Por su parte, la pareja era más o menos atractiva ya que la chica era morena, delgada, con el pelo rizado y vestía con unos pantalones grises ajustados y una camiseta de color beige que dejamos adivinar unos buenos pechos, mientras que él, era más alto que yo y estaba en bastante buena forma, era moreno, con barba y vestía elegantemente con unos chinos beige ajustados y un jersey negro de cuello alto.

Por tanto, nosotros al entrar nos quedamos un poco parados porque no pensábamos que fuera a haber aquella cantidad de gente, pero saludamos con un “hola, buenas noches” y nos sentamos en los dos taburetes que estaban más al fondo.

Una vez más, el cristal pareció desaparecer y pudimos ver a una chica negra con el pelo rizado, delgada y monísima con no mucho pecho y a una rubia con el pelo liso, también delgada, pero con mucho más curvas que la compañera. Ambas estaban ya manos a la obra y se comían dos buenas pollas que salían por los agujeros, circunstancia que aprovechó de inmediato Sara para empezar a sobarme el paquete por encima del pantalón y mirarme con una cara de traviesa que te desmontaba, aunque no quisieras.

Las otras personas de la sala tampoco se quedaron atrás respecto a nosotros, y es que al poco de empezar el espectáculo, miré de reojo y vi a los dos hombres que se estaban tocando la polla por encima de los pantalones mientras que la pareja, también estaban calientes porque el chaval tenía puesta la mano derecha en el culo de la novia y con la izquierda le hacía caricias sobre sus piernas mientras le comía el cuello.

Por tanto, tras cinco minutos de espectáculo, la tensión que se palpaba en aquella sala era más que evidente y los dos hombres no aguantaron más y se dirigieron a nosotros y a la otra pareja.

- Disculpadnos parejas, pero si no os importa mi amigo y yo nos vamos a sacar la polla porque no aguantamos más sin tocarnos viendo semejante espectáculo.

La primera en responder fue la chica de la otra pareja, la cual dijo:

- Por nosotros no hay problema, creo que aquí Antonio también tiene unas ganas terribles de pajearse o de que se lo haga yo, ¿verdad cariño?

- Jajaja verdad Claudia

- Jajajaja perfecto, ¿y vosotros chicos?, ¿no os importa verdad?

Pero entonces fue Sara la que respondió:

- Por nosotros tampoco hay problema, de hecho, hemos venido a dar nuestro propio espectáculo, ¿verdad cariño?

- Mmm sí cariño

- Jajaja pues por nosotros no te cortes guapa, aunque creo que con esa camiseta que traes puesta tus intenciones ya estaban un poco claras

Eso último lo había dicho el hombre canoso de los dos amigos y claramente no había perdido detalle de la transparencia de la camiseta de Sara, cosa que le añadía morbo a la situación sin duda alguna.

Por tanto, Sara aquello se lo tomó como una aprobación y se bajó del taburete para agacharse, desabrocharme el pantalón y empezar a comerme la polla como una descosida, acción que fue vitoreada por los dos hombres y con morbo por la pareja porque, tanto la chica como el chico, pusieron cara de excitación y les salió una sonrisilla, aunque también se dejaron llevar un poco y el chico empezó a sobarle el coño de manera descarada a su novia por encima del pantalón.

Joder, tengo que reconocer que era una situación muy caliente y morbosa que no me dejó pensar en otra cosa que no fuera follarme a Sara allí mismo y sin importarme una mierda que nos vieran aquellos desconocidos que teníamos allí al lado. De hecho, la pareja de al lado nos estaba mirando descaradamente y la chica imitó a Sara y se puso en el suelo para chupársela a su novio, un tío que dejó al descubierto una buena polla de al menos 16 cm y más o menos gruesa, hecho que no pasó desapercibido para Sara pero tampoco para la tal Claudia porque se dirigió a nosotros.

- ¿La tiene grande verdad?, a mí me hace disfrutar mucho con este pollón, os lo aseguro

Y dicho aquello, enterró su boca en aquel miembro y lo empezó a chupar con ansia, acción que no pasó desapercibida por los hombres que habían venido solos y que ya lucían una señora erección también, dejando a la vista dos buenas pollas así que, como os podréis imaginar, en el ambiente ya no se respiraba tensión sexual, sino que se respiraba ganas de sexo por todos lados.

Y la primera que dio el paso, dejándome boquiabierto, fue Sara porque se dirigió a la chica y le preguntó:

- Perdona guapa, quería pedirte una cosa

La chica se sacó la polla de su novio de la boca y con una sonrisa en la boca le contestó:

- Tú dirás jaja

- Verás, hoy le he prometido a Sergio que íbamos a desmelenarnos aquí y por eso me he puesto esta camiseta y este sujetador, pero me gustaría que me echaras una mano y me los quitaras tú

- Jajaja será un placer

Yo estaba flipando, pero la chica se lo tomó como una orden y gateó hasta situarse detrás de Sara para, a continuación, pasar sus brazos por delante y agarrar la camiseta por abajo y tirar de ella hacia arriba para sacársela por la cabeza y dejar a la vista aquel sujetador precioso que tenía puesto Sara y donde se le embutían las tetas tanto como a mí me gustaban.

Aquello no pasó desapercibido por nuestros dos amigos solteros ya que, con polla en mano y con toda la cara del mundo, le dijeron:

- Venga guapa, ahora no pares, queremos ver esas tetazas que te gastas

- Será un placer chicos, Claudia, ¿me ayudas?

- Por supuesto

Y Claudia llevó las manos al cierre del sujetador y le bajó los tirantes por los hombros, aunque Sara quería jugar un poco y sostuvo el sujetador un poco con su mano izquierda para, a continuación, dejarlo caer y deleitarnos a los presentes con la vista de aquellas tetas tan perfectas que tenía.

En ese momento, tanto los dos hombres como el novio de Claudia se pusieron a silbar y a vitorear a Sara que, con una sonrisa y una cara de zorra como no le recordaba, se puso a chupármela otra vez. Acción que como os podéis imaginar a mí ya me acabó por encender del todo o no, porque la tal Claudia era más morbosa y caliente que Sara ya que se levantó, se desabrochó la camisa dejando a la vista un sujetador blanco de encaje y le dijo a su novio:

- ¿Has visto que dos pollas tienen aquí los amigos?

- Sí, cariño, ¿quieres probarlas?

- Mmm me encantaría, ¿me dejas probarlas?

- Por supuesto, ya sabes que sí

Los dos hombres se habían quedado un poco a cuadros con aquel comentario de Claudia, pero al ver que iba en serio, se rieron y le dijeron:

- Muy bien guapa, si nos quieres comer la polla y a tu novio no le importa, aquí tienes nuestras pollas dispuestas

Y sin decir nada más y con una sonrisa en la cara, fue hasta donde estaban los dos hombres y se agachó para empezar a comérselas al hombre de pelo moreno mientras pajeaba con su mano derecha al que estaba más canoso.

Esto sí que no me lo esperaba y no pude evitar quedarme mirando como un muñeco la acción de esa chica, pero tampoco Sara porque paró de chupármela y se quedó viendo como esa chica atendía sin ningún problema a aquellas dos pollas.

Estuvimos observándoles un minuto más o menos pero enseguida Sara volvió a mirarme y riéndose me dijo:

- Creo que es el momento de subir la apuesta, ¿no crees?

Y sin dejarme responder y poniéndome un dedo en los labios en señal de que me estuviera callado, se levantó, se sacó los dos zapatos y empezó a desabrocharse la falda, aunque yo le hice un gesto de que parara porque se me ocurrió algo que ya me había imaginado y me dirigí a Claudia.

- Claudia, Claudia, sé que estás muy ocupada, pero me puedes hacer un favor

Aquella morena de pelo rizado paró la mamada y me miró un poco sorprendida mientras se reía:

- Dime guapo

- Verás, Sara quiere quitarse la falda, pero creo que es mejor que la ayudes tú porque se ve que tienes más experiencia

- Jajajajajajajajaja será un placer guapo

La chica aceptó encantada mi propuesta y se levantó para venir y volverse a situar detrás de Sara mientras ponía las manos en sus caderas y me miraba por encima de su hombro

- Entonces Sergio, ¿quieres que desnude a tu novia?

- Sí, lo estoy deseando

- Jajaja pues no te preocupes que se va a quedar completamente desnuda

Y dicho eso, llevó sus manos al botón y a la cremallera de la falda de Sara e hizo que esta resbalara por las piernas dejando a Sara vestida únicamente con las bragas tanga que llevaba puestas y sus medias negras transparentes.

- Mmm bonitas bragas guapa, ¿a ti qué te parecen Sergio?, ¿te gustan sus bragas?

- Me encantan, aunque me gustan más cuando se las quita

- Eso pienso yo también, aunque te voy a decir una cosa, si quieres que le quite las bragas ella me las tiene que regalar porque las quiero para mí

En ese momento, Sara estaba delante de mí sin dejar de mirarme, pero dio un respingo cuando Claudia le metió su mano derecha por dentro de las bragas y comenzó a sobarle el clítoris, aunque tuvo fuerzas para dirigirse a mí mientras Claudia comenzaba a masturbarla:

- Cariño, ¿qué dices?, ¿quieres que le regale mis bragas a Claudia?

- Mmmm joder, me encantaría que se las regalases

- Mmmm joder qué bien me lo está sobando, aunque bueno, si tú quieres que se las regale, yo se las regalo

Y tras decir aquello, Claudia mantuvo su mano derecha en el coño de Sara, pero con su mano izquierda agarró el lateral de las bragas y se las bajó un poco, aunque entonces sonó otra voz en aquella habitación y aquella no era más que la voz del hombre que no era el canoso.

- Espera, espera Claudia, para, ¿oye Sergio, te importaría que le acabara de bajar yo las bragas a tu novia?

Dioss, eso sí que no lo esperaba, aquel tío, que se seguía machacando la polla y que ya estaba completamente desnudo de cintura para abajo igual que su compañero, me estaba pidiendo permiso para quitarle las bragas a Sara y yo no supe reaccionar porque me quedé mirándole sin saber muy bien qué decir, aunque fue Sara la que me sacó de mi atontamiento.

- Cariño, te ha hecho una pregunta, ¿quieres que me quite las bragas?

- Mmm no sé, ¿tú quieres?

- Yo solo haré lo que me digas tú a partir de ahora

Sara estaba juguetona y cada vez estaba más caliente porque Claudia no dejaba de meterle los dedos y refregarle el clítoris sin ningún tipo de pausa así que sé por experiencia que ella en ese momento haría cualquier cosa que le pidiera y que la pelota estaba en mi tejado, por lo que dirigí mi mirada hacia aquel tío y le dije:

- Está bien, puedes quitárselas

Y él, con una sonrisa de triunfalismo y con la polla tiesa, se levantó y vino a situarse en el lado derecho de Sara para arrodillarse, abrir su boca, morder el lateral izquierdo de las bragas con los dientes y tirar hacia abajo ayudándose con su otra mano por el otro lateral hasta quedar las bragas completamente enredadas en los pies de Sara.

La situación como os podéis imaginar no podía estar más caliente ni dar más morbo porque Sara y yo estábamos muy muy cachondos, especialmente Sara recibiendo las atenciones de Claudia, una Claudia que, tras aquella acción, se agachó, cogió las bragas y me miró:

- Bueno Sergio, creo que es hora de que te folles a esta monada que tienes por novia, aunque antes le voy a quitar las medias y también me las voy a quedar, ¿puedo, verdad guapa?

A lo que Sara le contestó:

- Mmm sí, quítamelas y quédatelas, pero rápido porque tengo que follarme a Sergio

Mientras todo esto pasaba, el novio y el canoso no habían dejado de pajearse y de mirar lo que estaba sucediendo mientras que el otro hombre estaba al lado de Sara de pie con la polla como un poste, pero enseguida reaccionó y se fue a situar detrás de Claudia para hacer lo que ella le estaba haciendo a Sara, meterle los dedos y estimularle el clítoris.

Esto hizo que Sara perdiera la poca vergüenza que le quedaba ya y directamente vino hacia a mí, pasó las dos piernas por ambos laterales y se sentó sobre mí empalándose por completo y dejándome a la altura de la cara esos dos tetones para que me los comiera.

Continuará

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