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La Esposa que Aprendió a Mirarse (10) - Sumando

Gema nunca imaginó que un par de fotos pudieran cambiar su vida. Pero cuando Javi ve lo que Laura le ha hecho posar, la llama del deseo se enciende y ya no hay vuelta atrás. Ahora, cada vez que sirve un café, sabe que hay ojos hambrientos observándola, y cada noche la espera un juego de riesgo y exposición que los tiene al borde del abismo.

Melisa2.6K vistas9.3· 9 votos

La mañana siguiente, sábado, el móvil de Gema vibró sobre la mesita de noche mientras yo preparaba el café en la cocina. Ella lo cogió con los ojos todavía medio cerrados, pero cuando abrió el WhatsApp se le escapó un “JODER...!!!” ronco y se sentó de golpe en la cama.

—JAVI!!!!!… ven. Mira esto.

Me acerqué con la taza en la mano. Laura le había mandado un primer lote de fotos editadas, seis imágenes que quitaban el aliento. Mucho más tórridas de lo que Gema me había contado la noche anterior.

En la primera estaba de rodillas en el diván rojo, el culo en pompa hacia la cámara. las piernas abiertas, el body de látex bajado hasta medio muslo, se podía ver perfectamente el coño depilado y brillante de excitación claramente visible con los labios hinchados, un hilo de humedad bajando por el interior de los muslos.

En la segunda, sentada sobre una silla con las manos atadas con la cinta negra al respaldo, el corsé apretado hasta el límite, sus tetas, parecían ser empujadas por un ente hacia arriba, los pezones duros y oscuros asomando por encima del encaje y su mirada directa a cámara con los labios entreabiertos en un gemido silencioso.

La tercera era de espaldas contra el espejo, su culo generoso y respingón pegado al cristal, las manos apoyadas sobre el, sus piernas fuertes como dos columbas griegas separadas, el látex reflejaba la luz marcando cada curva y el detalle era el collar de cuero con la argolla brillando en el cuello, como si fuera una perra rabiosa a la que deber de tener atada.

Y luego la cuarta, la más explícita, a cuatro patas sobre una alfombra persa, una mano entre las piernas tocándose el clítoris, su cabeza echada hacia atrás marcado por su pelo castaño claro rubio revuelto y su boca que parecía estar pidiendo que alguien se la follara.

Gema se quedó mirando las fotos en silencio, ampliándolas, tocándose el pelo como si no se creyera que era ella. Y mi pequeño ser, ese que vivía dentro de mí, ese que despertaba esos días por culpa de mi mujer, mando poner mi polla endurecerse solo de verlas.

—JODER!!!… esto es… —murmuré, sentándome a su lado—. Mucho más fuertes de lo que me contaste.

Ella asintió, las mejillas encendidas.

-- Anoche no quise exagerar… pero sí. Me puse tan cachonda que Laura me pidió que me tocara de verdad. Lo hice. y… salió así.

-- ¿De verdad, te masturbaste delante de Laura?, -pregunte-

No le dio tiempo a contestar.

En ese momento llegó otro mensaje de Laura:

Laura: ¿Qué te parecen las primeras, reina?

Gema: A Javi creo que le están gustando más que ami... jaja. Me parecen espectaculares.

LAURA: ¿Serías capaz de hacértelas en la calle? Con ese cuerpo y esa energía tan guay que has traido a la última sesión…

-Imagínate un callejón discreto al atardecer o un parque vacío, con el corsé y los ligueros… Sería brutal y además la luz natural siempre da mucho más juego y enriquece la foto. Piénsatelo y dime si te animas y lo montamos para la próxima.

Gema leyó el mensaje en voz alta, la voz temblorosa. Nos miramos. El calor nos subió por el cuerpo como una ola. Yo sentía la polla latiendo contra los pantalones del pijama, solo de imaginármela en la calle con esas pintas. Ella se mordió el labio inferior carnoso y se removió en la cama, las piernas apretadas.

—Joder, Javi… —susurró—. ¿En la calle? ¿Con gente alrededor? Me estoy mojando solo de pensarlo, pero tu... tu seguro que estas... seguro que estas a punto de correrte.

No pude aguantar más. La besé con hambre, metiéndole la mano entre las piernas: estaba empapada, el coño hinchado y caliente.

—Hoy vas a la cafetería —le dije, la voz ronca—. Mucho más provocativa de lo normal. Quiero que te sientas como en esas fotos. Que los clientes te miren y sepan que eres la misma mujer que sale así de expuesta.

Ella gimió contra mi boca, asintiendo.

—Vale… lo hago.

No me esperaba hasta qué punto iba a hacerme caso.

Me pidió que recogiera la cocina, mientas ella se acicalaba. Tras un rato largo, aparecio en la cocina, aquello era un escándalo... había escogido, un minivestido de látex, negro brillante, que yo ni conocía, de corte muy ajustado tipo bodycon, con un profundo escote en forma de V que llega casi hasta el ombligo, dejando prácticamente todo el pecho al descubierto, aquel vestido a duras penas era capaz de sujetar tus tetas y más abajo, era imposible no mirar su culo, el vestido dejaba ver sus muslos y la tira superior de las medias cuando se inclina. Los taconazos hacían, de la figura el circulo perfecto, se le marcaba cada redondez y generaba destellos metálicos que siguen cada curva de su cuerpo.

-Era demasiado - ¿De verdad? ¿De verdad vas a ir así a la cafetería?

- ¿No es esto lo que me has pedido?, pues yo encantada

-Pero es que.... joder Gema, parece que hubieses salido de un club de alterne, los clientes no van a saber donde estan...

—¿A sí? —preguntó, con esa sonrisa lenta y peligrosa.

—Si —respondí, con la polla dura como una piedra—. Ve y sirve cafés, sonríe y cuando vuelvas… me cuentas cómo te han mirado. Cómo se les ha trabado la voz. Y yo te follo pensando en esas fotos… y en la pregunta de Laura.

Gema se acercó, me dio un beso profundo, rozándome la polla con la mano.

—Cuando vuelva… vas a tener que follarme muy fuerte. Porque hoy voy a sentirmemy puta y deseada y quizas hasta mojada todo el puto día.

Salió de casa con esa cadencia hipnótica, el culo respingón marcándose bajo ese latex brillante, los pechos apretados. Yo me quedé en la puerta, viéndola bajar las escaleras, sabiendo que en la cafetería todos iban a notar algo diferente en ella ese día y para colmo de males era verano, ese vestido, el calor, el sudor... aquello iba a ser demasiado llamativo, pense.

Esa noche me conto, como la habían mirado y como algunos clientes quisieron ligar con ella, incluso que alguno le había hecho alguna foto a escondidas, y al darse cuenta puso posturas mas extremas, haciendose la tonta, para que la fotografiara mejor. Aquello fue combustible para esa semana, que se conviritio en un torbellino de sexo y deseo sin freno. Desde el sábado por la mañana, cuando Gema volvió de la cafetería con aquel traje de latex pegado al cuerpo por el sudor del día, hasta el viernes siguiente, follamos como si el mundo se fuera a acabar. No había hora del día que nos detuviera, en la cocina mientras preparaba el desayuno, ella se ponía en cuclillas y me la chupaba despacio, mirándome con esos ojos verdes mientras se metía la polla hasta la garganta, tragando saliva y gemidos, hasta que me corría en su boca y ella se lamía los labios rojos con una sonrisa triunfal. En el salón, me sentaba en el sofá y ella se subía encima, el coño empapado bajando sobre mi polla, cabalgándome con fuerza mientras me contaba cómo los clientes la habían mirado ese día, “El de la mesa del fondo no podía apartar los ojos de mis tetas sin sujetador, Javi… se le notaba la erección bajo la mesa”, me decia...

Follábamos en la ducha, contra la pared del pasillo, en el dormitorio con las luces apagadas y las ventanas abiertas para que los vecinos oyeran sus gemidos altos y roncos. Ella se ponía el collar de cuero del estudio, se arrodillaba en la cama y me pedía que la follara a perrito, tirando del collar como una correa, mientras le daba nalgadas fuertes en ese culo generoso y respingón que se ponía rojo bajo mis manos. Me corrí una y otra vez, hasta desfallecer en la cama, abrazados y temblando. Aquella exhibición pública diaria, me tenía desbocado, como si el viaje a Ámsterdam, las fotos, los clientes y la pregunta de Laura hubieran abierto una compuerta que no pudiera llenar, y lo peor fue notar como ella disfrutaba de esos momentos, pero siempre se quedaba a medias, siempre con ganas de más.

Y entonces, el viernes por la tarde, llegó el book completo.

El móvil de Gema vibró mientras estábamos en la cama, ella encima de mí, todavía con el coño lleno de mi semen de la sesión de la mañana. Abrió el enlace que Laura le mandó, un álbum privado con más de cuarenta fotos editadas, profesionales, brutales. Las vimos juntos, en silencio al principio, el pulso acelerado.

Eran mucho más intensas que las primeras muestras. Gema aparecía en casi todas expuesta al límite, el coño abierto y mojado en primer plano mientras se tocaba el clítoris con dos dedos, el culo levantado a cuatro patas con el vestido de látex en las rodillas, los labios del coño tan hinchados y brillantes como los de sus labios; jugaba con el espejo en otras fotos mostrando el coño y el culo al mismo tiempo; tumbada con las manos atadas, tetas apretadas por el corsé, pezones duros y oscuros, mirada perdida en un orgasmo contenido; una donde Laura la había capturado con la boca entreabierta, lengua asomando ligeramente, como si acabara de chupar algo; y la más explícita, de rodillas, mirando directamente a cámara, una mano entre las piernas, la otra apretando una teta, el collar de cuero brillando, el pelo castaño claro rubio revuelto y pegado al sudor

¡JODER! Mi mujer se había marcado una sesión casi porno!!!.

Gema se quedó muda un rato, ampliando cada foto, tocándose el cuello como si aún sintiera el collar. Yo tenía la polla dura otra vez, rozando su muslo.

—Joder… esto es… —murmuré—. Esas fotos son... eres una puta diosa y puta, estas.... poderosa, y conforme dije esa palabra, “poderosa”, me senti gilipoyas... esa palabra sobraba alli, estaba vesstida y posando como una puta sacada de una pelicula francesa.

Ella se giró hacia mí, los ojos brillantes, la voz temblorosa de excitación y miedo.

—¿Y ahora qué, Javi? Laura me ha preguntado si quiero subir alguna a Insta. Dice que muchas clientas lo hacen, una sutil, borrosa, artística… que insinúe, pero no muestre todo. Que eso sería el siguiente paso. Que me haría sentir aún más deseada.

Nos miramos en silencio. El corazón nos latía fuerte. Yo le puse la mano en la cintura, bajando hasta el culo.

—Somos nosotros los que decidimos —le dije—. Si subes una… sabremos que la gente de la cafetería, los vecinos, desconocidos… verán un pedacito más de ti. Que imaginarán lo que hay detrás. Y yo… joder, me pone cachondo pensarlo. Verte expuesta, sabiendo que despues vienes a casa y me cuentas como ha sido tu dia.

Gema se mordió el labio inferior carnoso, se inclinó y me besó lento, profundo.

—No sé si me atrevere hoy —susurró—. Pero… quiero. Quiero ese subidón. Quiero que me miren diferente en la cafetería, que sepan que soy más que la chica que sirve cafés. Quiero que tú me folles después sabiendo que medio mundo ha visto una foto mía así.

Se levantó, fue al espejo del dormitorio y se miró, desnuda, con el pelo revuelto y las de haber follado hacia un rato.

—Vamos a elegir una juntos —dijo al fin—. Una que insinúe, quizás la de espaldas, con el culo alzado y borroso, o la de perfil con el corsé apretando las tetas,algo artístico. La subimos y vemos qué pasa.

Yo asentí, la polla dura contra su culo cuando me acerqué por detrás y la abracé.

—Hazlo cuando estés lista. Pero hoy… hoy follamos otra vez pensando en esa foto. En cómo te van a mirar. En cómo vas a volver a casa mojada solo de saberlo.

—Si tú lo quieres cariño, lo hare, pero luego no quiero reproches, ni malentendidos con los clientes, ya sabes lo que va a suponer eso.

Los siguientes días seguimos follando como locos cada vez que podíamos.… no había rincón de la casa que no oliera a sexo y a sudor. Las fantasías se volvían cada vez más concretas, imaginábamos a clientes habituales de la cafetería que la miraban diferente después de ver una foto sutil en su Insta, o a parejas que entraban a desayunar y se quedaban hipnotizados con cómo se movía ella detrás del mostrador y luego le ofrecian ir a follar con ellos. Hablábamos de cómo debería ir vestida al día siguiente: “Mañana ponte la falda más corta que tengas, sin bragas, y la blusa blanca fina… que se te marque todo cuando te agaches”. O “Prueba con esos leggings negros ajustados y una camiseta corta sin sujetador… así se te ve el culo respingón cada vez que te mueves”.

Pero siempre, a la mañana siguiente, aflojábamos un poco. El subidón de la noche se enfriaba con la luz del día, y terminábamos optando por algo más discreto. una camiseta holgada, vaqueros normales, para no pasarnos de la raya y que nadie sospechara demasiado. Era como un pacto tácito, jugamos al fuego, pero no queremos quemarnos del todo… todavía. El dia que vistió con el vestido de latex, habia sido una ida de cabeza de los dos, y fuera de eso, sigio vistiendo sexy y provocativa, pero sin llegar a pasar esos límites que convertían la cafetería en la barra de un burdel.

Llegó el momento de elegir una de las imágenes para publicar. Esa tarde nos sentamos en el sofá con el móvil, el álbum privado de Laura abierto. Las fotos eran brutales, pero sabíamos que teníamos que empezar suave si queríamos subir algo. Dudábamos entre tres opciones principales:

La primera, una de espaldas, con el body de látex bajado hasta medio muslo, el culo levantado y generoso en primer plano, la luz suave marcando la curva de la espalda y el inicio de los muslos fuertes. Era sugerente, pero no mostraba cara ni nada explícito; solo curvas y textura brillante. “Esta es muy potente —decía Gema—, pero quizás demasiado directa para empezar”.

La segunda, otra de perfil, sentada en el diván rojo, piernas cruzadas, el corsé negro apretando la cintura hasta marcar un reloj de arena extremo, las tetas medianas subidas casi desbordando el encaje, mirada perdida hacia un lado. La luz jugaba con las sombras en los muslos y la curva de la cadera. “Esta me gusta más… es sensual, elegante, se ve el cuerpo, pero sin enseñar todo. Y los ojos no se ven claros, así que nadie me reconoce del todo”.

Y la tercera de espaldas, con un body semitrasparente de cuerpo entero, frente a un espejo alto y sobre otro en el suelo, con sus tacones altos, las piernas semiabaiertas, la espalda arqueada suavemente, manos cubriendo parcialmente las tetas, el collar de cuero en el cuello, pelo revuelto cayéndole sobre los hombros, labios entreabiertos. Muy boudoir, artístico, con esa mezcla de vulnerabilidad y poder. “Esta me gusta, pero también es la más… mía. Me veo poderosa aquí”.

Al final, después de ampliarlas una y otra vez, tocando la pantalla como si pudiera sentir la tela, Gema se decidió por la tercera “Esta. Es sensual sin ser porno. Se ve, la cintura marcada, el inicio de los muslos… suficiente para que la gente se imagine el resto, pero no me expongo tanto que me arrepienta mañana”.

Mientras yo miraba la imagen, Gema escribió a Laura por WhatsApp, con los nervios bailándole en los dedos.

Gema: Hola Laura, me flipa la idea de posados en sitios públicos. Un callejón, un parque al atardecer, el río cuando no haya nadie… me pone mucho el riesgo, sentir el aire en la piel, saber que podría pasar alguien. Pero tengo que pensármelo bien, no quiero cagarla. ¿Controlas tu bien lo de la discreción? ¿Horarios, sitios sin gente?

Laura: Reina, lo controlo al milímetro. Elijo lugares que conozco de otras sesiones, cero transeúntes a esa hora, yo vigilo y si aparece alguien inesperado paramos al instante. Muchas clientas empiezan con algo suave (abrigo largo que se abre solo para la cámara) y luego van subiendo. Tú decides el nivel. Cuando estés lista, me avisas.

Gema sonrió, se mordió el labio inferior y guardó el chat. Pero antes de que pudiera subir la foto, llegó otro mensaje de Laura.

Laura: Oye, una cosa más… ¿me das permiso para publicar un par de tus fotos en mi portfolio? De las que sales vestida con lencería, nada explícito.. Ayudaría mucho a mi feed, y a ti te daría ese subidón de verte “en público” sin que nadie sepa que eres tú. ¿Qué dices? Te etiqueto como “G”, tu nombre o lo dejo anónimo.

Gema me miró, los ojos verdes brillando con esa mezcla de vértigo y excitación que ya me volvía loco.

—¿Qué hacemos, Javi? Si digo que sí, esas fotos estarán en sus redes, miles de personas las verán… y yo seguiré sirviendo cafés como si nada. Me pone nerviosa, pero también me moja solo de pensarlo.

La besé despacio, metiendo la mano por debajo de la camiseta que llevaba puesta, sintiendo cómo ya estaba caliente y sus pezones dos botones duros deseando ser pellizcados.

—Dile que sí —le dije, la voz ronca—. Pero solo las suaves. Que el mundo vea un pedacito de lo que yo tengo entero. Y a ver la tuya… ¡¡Estamos locos Gema!!

Ella asintió, tecleó rápido y envió:

Gema: Vale, permiso concedido para un par de ellas. Sin nombre completo. Y gracias por la idea de exteriores… lo estoy pensando muy en serio.

Dejó el móvil a mi lado, se subió encima de mí y empezó a moverse despacio.

—Ahora súbela tú —susurró—. Elige la que tu quieras, vuelvo a estar muy cerca Javi... cuando esté publicada… fóllame pensando en cuánta gente la está viendo. En cómo me mirarán diferente en la cafetería mañana. Porque después de esto… ya no hay vuelta atrás.

Pulsé “Publicar” mientras ella bajaba sobre mi polla, gimiendo bajito. La foto subió al mundo de Gema, de perfil, corsé negro, curvas imposibles, sensual y poderosa.

Una semana después de subir esa primera foto suave al Insta de Gema, el morbo ya nos tenía completamente atrapados. No era solo hablar de fantasías, empezábamos a llevarlas a la calle, poco a poco, probando límites que antes solo existían en la cama.

Todo empezó una tarde de jueves, cuando Gema salió de la cafetería antes de cerrar. Me había mandado un mensaje: “Ven a buscarme en 10 min. Llevo una minifalda de latex y nada debajo. Tengo ganas de jugar”. Llegué con el coche aparcado en una callejuela discreta cerca del río, de esas que a esa hora ya están casi vacías. Ella subió al asiento del copiloto, la falda subida hasta medio muslo, los pechos sin sujetador marcándose bajo la blusa blanca fina. No dijo nada al principio, solo se inclinó, me desabrochó los vaqueros y se metió mi polla en la boca sin preámbulos.

Allí, en plena calle, con el motor apagado y las ventanillas ligeramente empañadas, Gema me hizo una mamada lenta y profunda. La cabeza subiendo y bajando, la lengua recorriendo toda la longitud, los labios carnosos apretando justo donde más me gusta. Yo vigilaba por el retrovisor, el corazón latiéndome en la garganta, excitado por el riesgo, un coche que pasaba de lejos, una pareja que caminaba por la acera a unos metros… y ella sin parar, gimiendo bajito alrededor de mi polla, el pelo castaño claro rubio cayéndole sobre la cara. Me corrí en su boca con un gruñido ahogado, ella tragó todo, se limpió los labios con el dorso de la mano y me miró con esos ojos verdes brillantes de triunfo.

—Joder, Javi… me he mojado tanto que me mojado los muslos —susurró, abriendo un poco las piernas para que viera el brillo entre ellas, necesito que me folles, ¡¡¡¡QUE ME FOLLES COMO UN ANIMAL!!!

No aguantamos más. Arranque el coche y nos fuimos a un parking subterráneo cercano, de los que tienen plantas bajas casi siempre vacías a esa hora. Aparqué en el fondo, en una esquina oscura donde apenas llegaba la luz de los neones. Apagué el motor, bajé el asiento del copiloto al máximo y la subí encima de mí.

Gema se quitó la falda de un tirón, se quedó solo con la blusa abierta y las tetas al aire. Se empaló de una sola vez, el coño caliente y empapado tragándose mi polla hasta el fondo. Empezó a cabalgarme con fuerza, el culo generoso y respingón chocando contra mis muslos, los gemidos rebotando dentro del coche. Yo le agarraba las caderas, subía y bajaba su cuerpo, pellizcándole los pezones duros mientras ella se mordía el labio inferior para no gritar demasiado. El coche se mecía ligeramente, los cristales empañados del todo, y el morbo nos podía, saber que en cualquier momento podía bajar alguien del ascensor, que alguien podía pasar y oírnos, que estábamos follando como animales en un parking público.

—Imagínate que nos pillan… —jadeé, embistiéndola desde abajo—. Que alguien se acerca al coche, ve cómo te mueves encima de mí, con ese culo de guarra que te gastas, las tetas rebotando… y se queda mirando.

Ella aceleró, el coño apretándome en espasmos.

—Quiero que nos miren… —gimió, la voz rota—. Que vean cómo me corro encima de tu polla… como en las fotos, pero en vivo.

Me corri temblando violentamente, chorros calientes saliente de su coño mojándome la polla y los muslos, ¡PUTA, ERES LA PUTA DE TODOS!, PUTAAAAA!!!....,mientras el coche se llenaba de ese olor a sexo crudo.

Después nos quedamos quietos, respirando agitados, ella todavía encima con mi polla dentro, el semen goteando entre sus muslos fuertes. Se rio bajito, nerviosa pero feliz.

—Joder… esto ya no puede ser!!!, necesito correrme joder, o me corro o me follo al primero que pase y te hago realidad las fantasias que tenemos.

Le di la vuelta, la empuje como pude hacia el fondo del coche, y comence a comerle el coño, con todo lo alli habia..., ¡¡¡METEME LOS DEDOS JODER!!!, METEME LOS DEDOS...!!!!—grito—. Comence a introducir un par de dedos y a moverlos con intensidad... ¡¡¡¿ QUE PASA QUE NO TE DAS CUENTAS QUE NECESITO MAS!!!, METELOS TODOS, JODER!!! TODOS COÑO!!!, AAHH... TODOS!!!.... Hazme sentir una guarra, enseñame, usame, joder!!!! Haz conmigo lo que quieras, pero follame y quitame este calenton hijo de puta inutil!!!. Incremente violentamenta la velocidad, pense que terminaria mentiendole el puño entero dentro de su coño, cuando gema empezo a gritar ¡¡¡¡SIIII, SIIIIII, SIIII, COMELO, BEBETELO TOD0!!!, ABRE LA BOCA CABRON!!!, Y comenzo a correrse como un animal, comenzo a bañarme la cara con chorros, que salian salpicados, parecia que estuviese meandose en mi cara.... ¡¡joder que bueno!!!, me hacia falta algo asi!!!. JODER!!! Javi!!!, esto... esto..... lo necesito.

Yo solo la besé lento, sabiendo que tenía razón. El morbo me embargaba, no sabia como parar aquello.

Ya de vuelta cuando llegamos a casa después del polvo en el parking y la mamada en la callejuela, el subidón aun le corria a Gema por las venas. Nos quitamos los zapatos en la entrada, dejamos las llaves en cualquier sitio y nos tiramos directamente en el sofá, todavía sudados y con el olor a sexo pegado a la piel.

Gema cogió el móvil con una mano temblorosa de adrenalina, abrió Instagram y entró en su perfil. La foto subida, ya llevaba varias horas publicada. El Insta era público, como siempre lo había sido para su cafetería, para fotos de tartas, de paisajes y de amigos. Pero ahora esa imagen estaba ahí, en medio del feed, y los comentarios habían explotado.

Se quedó callada un rato, deslizando hacia abajo, ampliando cada notificación. Yo me acerqué por detrás, le besé el cuello y miré la pantalla con ella.

Los primeros eran de sus amigas. Durante la semana ya la habían llamado varias veces, asombradas, con esa mezcla de “¡tía, qué guapa estás!” y “¿pero esto qué es? ¡enséñame más!”. Había mensajes de voz llenos de risas nerviosas y envidia sana, “Joder, Gema, pareces una modelo de verdad… ¿dónde te has hecho esto?”, “Oye, ¿y ese corsé? Quiero uno igual, me dejas el link”. Una incluso le había escrito en privado: “Me has puesto celosilla, cabrona… estás cañón”. Gema se reía bajito, pero se le notaba el rubor subiendo por el cuello.

Luego venían los comentarios de tíos conocidos, los habituales de la cafetería, los que pedían siempre lo mismo: comentarios suaves, casi tímidos. “Qué elegante sales, Gema”, “Preciosa como siempre”, “Un placer verte así”. Cosas que podrían pasar por cumplidos inocentes, pero que los dos sabíamos que escondían algo más. El de la mesa del fondo, el que se quedaba mirando cuando se agachaba, había puesto un simple emoji de fuego. Nada explícito, pero suficiente para que nos miráramos y sonriéramos.

Y entonces llegaron los desconocidos.

Esos sí que eran fuertes.

“Madre mía, qué cuerpo… ese culo pide guerra”,

“Si me dejas, te lo como entero ahora mismo”,

“Estás para follarte toda la noche, reina”,

“¿Aceptas DMs? Quiero verte más… y de cerca”.

Gema se mordía el labio inferior, los ojos brillantes, el pecho subiendo y bajando más rápido. No borró ninguno. Solo siguió leyendo, y yo notaba cómo se removía contra mi entrepierna, cómo se le ponía la piel de gallina.

—Joder, Javi… me están diciendo estas cosas… y mañana les sirvo el café como si nada —susurró, la voz ronca—. Me pone tanto… y me da tanto vértigo.

Le metí la mano por debajo de la camiseta, bajando hasta el coño todavía húmedo del polvo en el coche. Estaba empapada otra vez.

—¿Y la sesión de exteriores? —le pregunté, frotándola despacio—. ¿Sigues pensando en decirle que sí a Laura?

Ella cerró los ojos un segundo, se arqueó contra mi mano y asintió despacio.

—Cada vez estoy más convencida. Quiero sentirlo. El aire en la piel, el riesgo de que alguien pase… y ahora, después de leer esto… joder!!, quiero que me vean de verdad. Que me miren como estos tíos escriben. Que sepan que la mujer que les sirve el café ha posado abierta, expuesta, mojada… y que no pueden tocarme. Solo mirar.

En ese momento el móvil vibró con una llamada entrante. Era Laura.

Gema contestó en altavoz, todavía sentada sobre mí, mi mano entre sus muslos.

—Reina, ¿has visto? —dijo Laura, la voz emocionada—. Las dos fotos que subí a mi portfolio están petándolo. Miles de likes, comentarios a tope… “qué curvas”, “qué sensualidad”, “quiero sesión contigo”. Están funcionando de lujo. Tengo muchas clientas nuevas por tu culpa. ¿Qué tal lo llevas tu?

Gema se rio, nerviosa pero triunfal.

—Alucinada… y cachonda. Hay comentarios que… madre mía. Y sí, Laura, estoy lista para exteriores. El viernes que viene. Quiero riesgo. Quiero que me vean.

Laura soltó una risa cómplice al otro lado.

—Esa es mi chica. Viernes 7 pm. Patio abandonado cerca del río. Y prepárate, porque vamos a hacer que te sientas empoderada y dueña de todos los tios que te miren. Si quieres, traete a Javi para que mire desde lejos… o lo dejamos solo para ti y la cámara. Tú mandas.

Gema me miró, los ojos verdes encendidos.

—Traigo a Javi. Quiero que vea cómo me posando, quizas quiera colaborar, jajajj!!!. Que vea como me pongo sabiendo que alguien podría pillarme.

Colgó, dejó el móvil a un lado y se giró hacia mí, abriendo las piernas del todo.

—Ahora fóllame otra vez —susurró, desabrochándome los pantalones—. Pensando en el viernes. En cómo me va a ver Laura disparando, en cómo me van a ver los comentarios de Insta… y en cómo mañana, cuando vuelva a la cafetería, voy a servir cafés con una sonrisa, sabiendo que todos esos tíos que escriben guarradas me han visto casi desnuda.

-Gema no doy mas de mi, estoy agotado, pideme lo que quieras y lo hago, - fue lo unico que pude responder.

- JODER JAVI!!!!, es lo unico que quiero que me folles en condiciones...!!!. - y se quedó mirándome -, tráeme el juguete del dormitorio y métemelo anda....

-Llegue con el consolador, de color negro, tamaño bestia.... y es que aquello era una animalada con forma de rabo y Gema lo estaba esperando mientras se rozaba el coño y tiraba con genio de sus pezones. Me tire de rodillas y no hizo falta mucho más... ella mismo lo cogio y comenzo a meterselo, cada vez más profundo, cada vez con más impetu... con los ojos cerrados, tomando aire y soltándolo en suspiros profundos que se convertían en pequeños grititos. Ni me miraba, simplemente se introducía aquel pedazo de plástico, que cada vez que salia, lo hacía más humedo y mojado. La mano que pellizcaba sus pezones abandono su trabajo, y junto con la otra, agarro aquel monstruo negro, introduciéndolo hasta el fondo. Acompañado de un alarido profundo... que la llevo a convulsionar empujando su coño contra aquel cacharro... finalizando su tarea, por fin levanto los parpados, me miro, sonrio y solo dijo... ¿A que te hubiese gustado que otros me vieran haciendome esto? ¿Verdad cobrón?

Esa noche, poco antes de que Gema se quedara dormida, volví a releer los comentarios viendo el exito que tenian las fotos de Laura, el aire me pesaba me costaba respirar,

—Gema… espera un segundo —le dije, la voz ronca pero seria—. Sobre la sesión de exteriores… ¿Estamos seguros?

--Yo si, y estoy segura de que tu tambien cariño. Pero si no es asi dimelo.

Ella se mordió el labio inferior, los ojos verdes brillando con esa mezcla de nervios y deseo que ya me volvía loco.

—Pero asenti— y seguí, apretándole el culo para que sintiera que hablaba en serio— por el momento, si la haces… que no publique ninguna foto más explícita de las que ya están ahí fuera. Las suaves que subiste a tu Insta y las que Laura puso en su portfolio están bien. Son sensuales, artísticas. Con esos comentarios de tíos desconocidos diciendo guarradas ya tenemos suficiente subidón. No quiero que de repente salgan fotos donde se vea tu coño abierto o tú tocándote en cuatro patas. No todavía. Quiero que lo vivas para ti, para nosotros… y que el mundo solo vea el pedacito que ya ha visto. Que fantaseen, que se pregunten, que entren en la cafetería y te miren diferente… pero que lo más heavy siga siendo nuestro secreto.

Gema se quedó callada un segundo, respirando hondo, el pecho subiendo y bajando. Luego sonrió despacio, esa sonrisa lenta y peligrosa que siempre me desarma.

—Vale… me parece bien —susurró, inclinándose para besarme suave, la lengua rozando la mía—. Lo hago por tí, por el morbo del riesgo, por sentirme expuesta en vivo… pero las fotos duras se quedan privadas. Solo para ti y para mí. Cuando las tenga, las vemos juntos, las miramos mientras me follas pensando en cómo me vio Laura, en cómo me sentí con el coño abierto en mitad de la calle. Y si algún día queremos subir algo más… lo hablamos. Paso a paso.

--Que cabron eres Javi!!!!, te mueres de ganas de que lo haga, de que pose en pelotas en mitad de la calle y que cuando vuelva… te cuente cada detalle, y a ser popsible que me vea alguien ¿Verdad?Incluso que te cuente, cómo me chorrea el potorro sabiendo que Laura me lo fotografia en ese momento, ¡¡¡y despues me dejas con el calenton como de costumbre!!!. Que cabron, volvio a repetir ya casi en un susurro.

Yo me quede en silencio mirandola

— y ella continuo— si algún día cambias de idea y quieres que suba fotos más guarras… me lo dices. Pero por ahora, que el mundo siga con las fotos suaves, que siga fantaseando con la Gema de la cafetería que sale en corsé y lencería. Y que solo tu sepas lo puta que soy ¿Verdad?