El sabor de lo nuevo VI
Germán ha filtrado a los candidatos hasta encontrar a Daniel: educado, alto y con las ideas claras. Cuando los tres se alejan de la vista de todos hacia el bosque, la tensión entre Gala y el nuevo desconocido se vuelve eléctrica. ¿Será este el momento en que la prudencia de ella ceda ante el calor de sus manos?
Algo más de un año separa los últimos escarceos de vino y rosas del momento al que se traslada el presente relato. La relación con Rubén era de amistad total, sin roces ni atisbo de ser retomada en modo alguno.
La idea de una relación a tres se había difuminado ante la intención e insistencia por parte de aquel de tener una relación de (casi) exclusividad con Gala sobre el colchón. Ella sabía lo que tenía ante sí: la posibilidad de mantener un sexo increíble, pero a cambio de convertir su matrimonio en un campo de minas en el que no sabías por donde podía explotar la siguiente mina. Ambos tenían claro lo que querían y por eso la amistad quedó en eso, una bonita relación.
Germán, por su lado, volvió a rebuscar. De unas páginas saltaba a otras. De un correo saltaba a otro usuario. De un nick saltaba a otra web, y así sucesivamente. No era nada fácil encontrar algo que se adaptase a lo que ellos dos buscaban. En primer lugar, ella no estaba dispuesta a verse inmersa en otra relación a tres. El morbo era grande, pero la aversión al qué dirán, a verse juzgada o a lucirse porque sí ante un nuevo tipo que no conocía de nada, y que lo que pretendía (también) era follarla, no es que le hiciera demasiada gracia.
Él, por otro lado, iniciaba charlas con algunos contactos que parecían entrar en el perfil. Educados, con saber estar, disponibilidad y capacidad para iniciar una relación de conocerse previamente. Nada de prisas ni carreras. Todo a su debido tiempo. Alguno salía, pero obviamente, eran los menos.
Pese a su negativa inicial, Gala accedía a (cuanto menos) charlar con alguno que previamente había yo seleccionado. Alguna charla telefónica antes y unos cuantos mensajes de teléfono después disuadían al tercero sobre su continuidad. Era reticente. No estaba por la labor.
En una web no muy concurrida mantenía contacto mediante correo electrónico con 2 o 3 tipos. Buena gente, nada de prisas y campechanos. Estaba llegando a buen término la charla con uno de ellos. Una tarde entró otro que se hacía llamar Daniel.
De una edad similar a la nuestra, se definía como alto, educado, con saber estar, cosas claras y mundo recorrido. Entablamos conversación y rápidamente pasamos al WhatsApp. Unas tres semanas después hablé con Gala. Le informé sobre el último hallazgo, le podía gustar, era alguien que podía interesarle.
No sin remolinos accedió a comunicarse a través de una aplicación móvil. Y, como de la nada, se inició una relación de los más normal. Ella estaba muy cómoda, él se veía un tipo con las ideas claras. Conmigo hablaba puntualmente sobre qué tal transcurrían los acontecimientos, si era de su agrado, si ella se mostraba interesada...
Fuimos hablando cada vez con más entereza y sinceridad. Se veía venir una cita, a no mucho tardar con la que ponernos cara. Un par de semanas más tarde, en una población algo alejada de casa, quedamos a tomar un café. La terraza de una cafetería de pueblo sería testigo del encuentro. No obstante, añadí un pequeño recorrido a las afueras de núcleo al que se accedía mediante un camino que se convertía en forestal. Era un encuentro perfecto. Vernos, tomar algo, y dar un suave paseo.
La llegada fue del agrado de Gala. Era alto, no guapo ni un adonis, pero bien conservado. Amable, simpático y con buena disposición tomamos asiento. De seguida se metió a Gala en el bote. Una serie de miradas, de sonrisas cómplices, jugaban con las manos... Era todo muy del agrado de ella.
Fuimos a por 20 minutos y llevábamos casi una hora sentados. Tocaba cambio de tercio. A mi iniciativa se sumó encantado Daniel. Ella se dejaba llevar entre los dos. Previamente (en los días previos) le había indicado el camino a él y se fue haciendo el sorprendido. En los mensajes previos Daniel había puesto los colores a Gala cuando le advertía que tendría que besarla para saber si congeniaban también en eso, aparte de en música, literatura o pareceres de lo más variado.
Nada más alejarnos unos metros de la última casa del pueblo, Daniel hizo los honores. Con una especie de reverencia informó a Gala que procedería a besarla. Yo me mantenía de cera junto a ellos. Le rodeó la cintura con su brazo, la arrimó para él y empezaron una especie de besos tiernos, de juego de labios muy dulce y suave que noté enseguida como era del agrado de Gala.
Ella mantenía sus labios pegados hasta que unos segundos después advertí cómo sus lenguas pugnaban por meterse una en la boca del otro. Un par de minutos después, ella encantada, se volvía a enrocar con los labios de Daniel mientras él aprovechaba para bajar sus manos alrededor del culo. El magreo iba a más.
Ella se dejaba hacer, colgada de la boca de Daniel, y era atraída por los brazos hacia su entrepierna en la que (menuda sorpresa) crecía un importante bulto a modo de erección que no tardó en apretarse contra el vientre de Gala.
Daniel ayudó a que las timoratas manos de Gala encontrasen la potencia y el calor que él sufría en los bajos. Repasó sus manos a través de su tremendo paquete, algo que encendía más los besos que se proporcionaban.
Aquello era una señal. De haber mediado una habitación en lugar de un simple paseo rupestre Gala podría haberse ido follada de allí. Él atravesó el interior de su tejano y asió la braguita por el culete jugando levemente con su pubis. Ella, con acelero y un ligero corte anunció retirada. Siguió con los besos, pero ya dejaba caer que ese día terminaría ahí, en un calentón importante y con todo su coño repleto de caldo.
El calor de su sexo alcanzó hasta la noche. Azorada paseó el resto de día hasta llegar a casa. Posteriormente siguieron los mensajes que no hicieron más que enervar y subir más la temperatura entre ambos. Se habían gustado y caído bien, ahora solo tocaba buscar una fecha y quedar, pero para ya sabemos qué.
Continuará...
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