Xtories
Triosdic 2023

Desde el otro punto de vista

Durante veinte años, él ha sido el testigo silencioso de sus fantasías. Hoy, la distancia digital se rompe y la arena de la playa se convierte en el escenario de un juego donde los límites se difuminan y el deseo compartido se vuelve tangible.

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Adjunto un relato de la historia con nuestro amigo, narrado por él y sólo transcrito por mi.

“Escribo este breve relato a instancias de unos amigos muy especiales que me han pedido que cuente parte de nuestra historiaen común desde mi punto de vista.

La verdad es que no se cual escoger de tantos momentos especiales que he compartido con ellos a lo largo de estos años. Desde el primer encuentro casual en la playa que creo ya ha sido narrado hasta alguno de los últimos ya menos casuales y más esperados. También he de decir que en nuestros encuentros lo único que hay previsto es que es ella la que marca el ritmo y los límites. Al principio me costaba entenderlo y asumirlo pero con el tiempo me he acostumbrado y la entiendo, ella marca el tempo y de momento la cosa funciona, no sin reconocer que a mí me gustaría dar ese último paso que nos falta, aunque acepto lo que tenemos y sinceramente he de reconocer que disfruto de nuestros juegos y acepto las reglas, incluso las que nunca pensé que pasarían.

Después de leer sus relatos muchos de ustedes pensaran que somos bisexuales, sobre todo él. Pues nada más lejos en mi caso, ya que jamás pensé en tocar o dejarme tocar por un hombre y mucho menos disfrutarlo y si no buscarlo por lo menos no rehuirlo. En su caso lo hemos hablado mucho y me consta que no le atraen los hombres pero si se excita con ese papel de sumiso y de humillación ante ella y ante todo haría y hace todo lo que ella le pidiese. Cuando estamos juntos los tres, cuando me dejan ver o participar de sus juegos, el morbo es el único guión que seguimos y los límites que cada uno tiene y los demás aceptamos. Yo no le toco a él aunque si deje que él lo haga conmigo. Él lo hace dependiendo del día, del momento y sobre todo de ella.

Nos conocimos hace unos 20 años, primero a través de una página amateur de parejas y relatos donde ellos colgaron alguna foto de ella y donde yo fui de los primeros en contestarles. Seguimos un tiempo con esa relación a través de post en su hilo a fotos que colgaban hasta que un día de verano subieron una foto de ella de espaldas, desnuda mirando al mar, junto a unas rodadas de un quad. Recuerdo con mi corazón se aceleró ya que recordaba ese momento, yo estaba pasando por detrás de ellos y la ví a ella. De hecho, tengo que reconocer que subí a las dunas y me quede un rato mirándolos y disfrutando del espectáculo que me dieron pensando que estaban solos y a resguardo de miradas ajenas (o eso me dijeron en aquel momento). Por supuesto comenté con cierto sarcasmo la foto y el día, dando algún detalle más del momento y él me mando un privado para hablar conmigo. Nos intercambiamos las direcciones de MSN y a partir de ese momento comenzamos unas charlas casi diarias que fueron afianzando una confianza y porque no decirlo con el tiempo una amistad.

En esas charlas nos íbamos conociendo un poco más y comenzamos a intercambiar confesiones y secretos sobre nosotros. Comenzó a enviarme alguna foto de ella más explícita y yo a hacer alguna petición y por supuesto, y el o sabía, a pajearme como un mono con las fotos de su mujer y las confidencias que me contaba. Según él su mujer estaba al tanto del intercambio de esas fotos y confidencias (pronto pude confirmar que así era), Recuerdo que un día que me estaba enseñando unas fotos de ese culazo en pompa cundo le dije que me la había puesto como una estaca y me la estaba meneando a su salud. Me contestó que se alegraba y que de eso se trataba y no sé porqué y sin siquiera preguntarle le día al botón de videollamada. No esperaba que respondiera pero lo hizo casi al momento saliendo en pantalla su torso (sin su cara) y yo tal cual estaba con los pantalones por los tobillos y meneándomela, mi cara si se veía pero no me moví, no sé porque pero me daba igual. Estaba pelándomela delante de un tío que me estaba enseñando fotos de su mujer que en principio eran para que yo las viera. Ese fue la primera de muchas sesiones de videollamadas entre los dos, el me mandaba cosas de ella y yo me la cascaba hasta correrme delante de él. Al principio él seguía sin mostrase y me daba igual, la protagonista era su mujer, el era un instrumento entre ella y yo.

Seguimos así muchos meses hasta que un día, sin esperarlo el dejó ver su cara, de la playa no lo recordaba, pero sí, nos conocíamos de vista. Yo no dije nada y seguí como siempre hasta correrme sobre mi vientre viendo imágenes de ella. Cuando acabé y me limpiaba me dijo él.

- No vas a decir nada

- ¿A qué te refieres?

- No sé, tu sabrás.

- Te refieres a que nos conocemos…

- Sí.

- Si te he reconocido pero no sabía que decir después de lo que llevamos compartido.

- Por mi no cambia nada, como puedes entender yo te reconocí el primer día y he decidido que me da igual. Qué nos hemos demostrado confianza y seriedad y que ambos tenemos mucho que perder si no seguimos siendo discretos.

- Sí, claro, eso por supuesto.

- Sólo una cosa y sin que sirva de precedente, a ella no le voy a decir que nos conocemos. No quiero darle motivos de dudas y preocupación.

Como vivimos en una ciudad pequeña, al final era inevitable que nos cruzáramos por la calle yendo acompañados por nuestras mujeres. La primera vez fue en una tienda de ropa, otra en un bar, otra en un Centro Comercial con saludos sociales de “adiós” o similares, miradas cómplices entre nosotros y poco más. Yo se que el luego le decía quien era esa persona a quién había saludado y ella se azoraba pero no se molestaba.

Y así fueron pasando años, conversaciones, msn, whatsapp, y algún encuentro playero en los veranos hasta que sinceramente no sé cómo, si él o yo, surgió a idea de quedar un día para charlar en persona o tomar algo. La idea fue madurando hasta que nos decidimos un medio día para vernos. Yo era el que más problemas de escusas familiares tenía obviamente. Al final optamos por quedar con los coches cerca de un centro deportivo al que yo acudía y así lo hicimos. Era un día de otoño, ventoso y desapacible. Cuando llegué él ya había llegado, aparqué a su lado y el salió a recibirme y darme la mano. Yo estaba nervioso y no sabía que decir y como siempre fue él:

- Hace un día de perros para estar en una terraza, no vamos a poder charlar de nuestras cosas.

- Si, hace mucho viento.

- Pues si te parece nos quedamos en un coche y charlamos hasta que tengas que irte.

- Vale.

- Pues si te parece vamos a mi coche, tengo el portátil allí.

- Uff, como quieras.

Entramos en su coche y cogió el portátil, pero mientras arrancaba, dijo:

- Nos quedamos aquí. O vamos a algún sitio más tranquilo.

- Como quieras, aquí pasa gente por la acera, la verdad.

Arrancó el coche y me dijo vamos hacia el merendero, hoy entre semana allí no habrá nadie. Llegamos en cinco minutos que se me hicieron eternos, aparcó en un lateral según se entraba.

- Bueno aquí estamos, me alegro mucho de haber quedado, la verdad es que me apetecía charlar en persona contigo después de tanto tiempo y tantas cosas compartidas.

- Me alegro, yo también –contesté y sin esperar le solté-. Sólo una cosa no quiero que te confundas, me apetece mucho hablar contigo y veo que tu vienes preparado para una sesión de fotos. Creí que sería más fácil pero no me encuentro cómodo. No sé si voy a estar a gusto viendo las fotos y videos de tu mujer contigo al lado. No voy a sacarme la polla y no voy a hacer nada.

Su cara cambió, se notaba su sorpresa y su enfado. Por supuesto no te preocupes, fue su respuesta. Arrancó el coche y salimos del aparcamiento en dirección de nuevo a donde yo tenía mi vehículo, llegamos rápidamente y paró el coche junto a mío.

- Bueno pues nada, que tengas un buen día. Me están esperando.

Bajé de su coche y cerré la puerta con suavidad. Arrancó sin esperar a nada más y se desapareció al final de la calle. Me quedé de pié mirando cómo se marchaba sabiendo que había metido la pata aún sin saber exactamente en qué.

En los días siguientes intenté contactar con él, para que me explicara que le había molestado. No me contestó por ninguno de nuestros canales habituales y pasaron más de dos semanas sin obtener respuesta. Más de 20 días después de nuestro encuentro volví a mandarle un mensaje. Esta vez me contestó. “Estoy muy ocupado, ahora no puedo atenderte”. N esperaba su respuesta y, aunque negativa y lacónica, me dejaba una rendija para poder intentarlo de nuevo en otro momento.

Al día siguiente en mi bandeja de entrada tenía un correo suyo:

“Buenas tardes me dirijo a ti para dejar alguna cosa clara que después de tantos años parece que no has entendido. Te he tratado como un amigo, como a alguien muy especial. Te he contado, mostrado cosas que no ha visto nadie. Te he permitido entrar en mi intimidad como nadie lo había hecho nunca antes. He compartido contigo las fantasías que compartimos mi mujer y yo, y que es la persona que más quiero y respeto. Hasta ahora tú has disfrutado de esos sueños, fotos y videos en los que jamás le has visto la cara. A ella sólo la has visto en persona en la calle o en la playa, con su consentimiento y sin ninguna otra cortapisa. Mientras tú has disfrutado según tus palabras de esos momentos y de esas fotos. Tú te has mostrado en directo masturbándote con mi mujer a cara descubierta sin que nadie te lo pidiera. No sé qué idea te habrás formado de nosotros y en especial de mí pero creo que estas equivocado, muy equivocado. Te recuerdo que fuiste tú quien decidió exhibirse masturbándote delate de otro hombre. Yo jamás te he pedido nada y por si te quedan dudas, no me gustan los hombres, no me ha gustado nunca y el verte empalmado y corriéndote me daba morbo porque era con imágenes de mi mujer. No por ver tu pequeña polla soltando leche delante de un hombre en directo y a cara descubierta. Dicho esto te agradezco el tiempo que nos has dedicado y te deseo lo mejor en un futuro, esperando por tu parte tu discreción al respecto y que borres lo que tengas de mi mujer ya que aunque no se le vea la cara son imágenes privadas enviadas y en muchos casos hechas por y para ti. Por mi parte yo ya he hecho lo mismo. Que te vaya todo bien. Adios.”

Me quedé pálido, lo releí de nuevo no creyendo lo que acaba de leer. La verdad es que al principio me molestó pero al momento me di cuenta de que él tenía razón. Yo me había acojonado pensando que si él me enseñaba fotos de su mujer así, solos en el coche, esperaría que yo me la sacase y me masturbase allí delante de e incluso llegue a pensar que él me intentaría tocar. Me monte una película yo solo y di por sentado cosas que en ningún momento se plantearon y me asusté, me acojoné. Ahora había perdido un buen amigo, no sabía qué hacer. Me quede callado y no supe reaccionar, los días pasaban, las semanas y así pasó más de un mes. Se acercaba el mes de Diciembre y a lo tonto llevábamos unos dos meses de silencio y yo seguía dándole vueltas. Echaba de menos nuestras charlas, nuestros desahogos y no sólo de sexo, echaba de menos nuestra amistad y tenía que recuperarla.

Yo, por trabajo, acudía al centro de la ciudad todos los últimos de mes por motivos profesionales, y opté por dar un paso más y pasar por su negocio a verle, como un cliente más. Sin embargo, me acojoné de nuevo, y cuando estaba enfrente de su oficina, le mandé un mensaje diciéndole donde estaba, su respuesta fue inmediata.

- Aquí estoy.

Entré al local y tenía bastante público, al que seguía atendiendo, desde el fondo me hizo una seña de que me acercase y abrió la puerta donde estaba él, me dio la mano cordialmente y con una socarrona sonrisa en su ya de por si seria cara me soltó:

-Ya era hora, creí que no te ibas a atrever nunca.

-Ante todo pedirte perdón por mi reacción estúpida de la última vez. Me ha costado, no tomar la decisión, sino saber qué hacer.

- La verdad es que no me esperaba una reacción así y me quedé bastante descolocado. Aún ahora no lo entiendo.

-Tienes toda la razón, yo tampoco, me lo esperaba. Me acojoné. Estar los dos allí en tu coche en aquel lugar y viendo fotos de tu mujer, no supe cómo reaccionar y evidentemente me equivoqué. Perdón de nuevo, fui un estúpido.

-No, no fuiste un estúpido, lo que te falló fue tu confianza en ti mismo y no que yo pudiera hacer nada si no que a ti te apetecía hacerlo, sacártela y masturbarte delante de mi y no supiste como gestionar esa situación.

-Si, la verdad es que lo he pensado mucho y tienes toda la razón y es la primera vez que lo reconozco.

-Vale, pues dejémoslo y por mi parte correré un tupido velo sobre ese día y ahora te toca a ti decidir como retomar, si te apetece, nuestra amistad.

-Eso lo tengo más que decidido, naturalmente que quiero retomar nuestra relación especial, lo necesito. Y luego por supuesto que estoy deseando volver a disfrutar de tu gran mujer, JAJAJAJA!!

-JAJAJAJA!! Pues nada, eso es fácil. Tengo mucho que enseñar, ella no se ha enterado de este paréntesis.

-UMMM!! ¿Si?. ¿Tienes alguna ahora?

-¿Ahora? Si, sin problemas. ¿Estás seguro?

-Lo estoy deseando

Abrió el explorador pulso sobre el icono de un HD con unas carpetas separadas por meses y años. Yo ya tenía la polla dura de pensar lo que tendría allí guardado. Abrió una carpeta que ponía “Nov-13”.

-Él único problema es que no las tengo editadas.

-¿A qué te refieres?

-A qué están sin recortar y están con su cara y las fotos completas

-UFFF!! Como tu veas, no te preocupes, lo entiendo.

-Tranquilo, a mi no me importa, a ella ya la conoces, la has visto vestida y desnuda en la playa y las fotos no las voy a enviar, las vas a ver aquí.

Mi polla estaba ya a reventar y me la acariciaba por encima del pantalón antes incluso de abrir la carpeta. El me miraba de reojo y sonreía. Empezó a abrir fotos donde se la podía ver espléndida, de cuerpo entero, expuesta sin pudor. Recuerdo dos especialmente, una foto de cuerpo enero con ella tumbada el sexo abierto, sujetándose las tetas y con una cara de vicio mirando a la cámara que me excitó sobremanera. Yo mientras no me escondía ya acariciándome la polla por encima del pantalón. La otra imagen que aún recuerdo era un video con un primer palmo de ella tragándose la polla de su marido mientras miraba a la cámara con una cara de vicio que me dejo perplejo.

- No te cortes- oi que me decía mientras pasaba fotos.

No me lo pensé, baje la cremallera de mi pantalón y desabroché el cinturón, abrí el botón y dejé que mi polla, durísima y húmeda, se asomara sin complejos por encima. Yo estaba de pié casi rozándome con su hombro mientras él seguía pasando fotos, en el jardín, en la ventana, con lencería, desnuda, de frente, de espaldas, en una colección que hubiera hecho feliz al pajillero más vicioso. Yo estaba muy excitado cada vez iba más rápido, él sonreía divertido mirándome como me la menaba y como gruñía. Estaba casi a punto de correrme y antes de que dijera nada me dijo que lo hiciera en el suelo. Pon el video de cómo te la comía le pedí. Lo puso y a la mitad comencé a soltar mis chorros de semen sin dejar de mirar su cara que en ese momento parecía que me miraba a mi mientras se tragaba la polla de su marido. El mientras miraba como me corría y se tocaba la polla que aparecía dura bajo su pantalón.

Acabé un tanto azorado y con la polla aún babeando cuando sin decir nada él me acercó un clinex para limpiarme, estaba tan pringado que sin decírselo me acercó otro.

-El baño es esa puerta del fondo

Con la verga aún fuera y las manos llenas de semen para no pringarme me fui hacia el baño, que abrí con el codo, y me asee lavándome el miembro y las manos. Al acabar ví que había unas toallitas encima y cogí el paquete para limpiar el suelo, pero cuando llegué ya lo había limpiado él. No dije nada, no quise romper el momento. Lo que había pasado no lo hubiera imaginado nunca, me la había cascado mientras el me enseñaba fotos de ella sin ninguna censura, pero sobre todo había recuperado mi amistad con él.

A partir de ese día mis vistas de último día del mes se convirtieron en una cita obligada y fueron convirtiéndose en momentos más relajados, íntimos y porque no decirlo deseados. Ya no le avisaba, entraba en su oficina y aunque estuviera atendiendo a alguien, me sonreía y me abría la puerta donde estaba él. Normalmente ese día ya me esperaba y tenía abierto el ordenador con las carpetas que iba a mostrarme, aunque alguna foto ya la hubiéramos visto por whatsapp en nuestras charlas casi diarias. Peor no era igual, verlas allí con él; siempre me daba un tanto de vergüenza sacármela pero siempre lo hacía, por supuesto yo lo estaba deseando y lo esperaba. Las fotos eran cada vez más personales, más hechas especialmente para mí. En las fotos miraba a la cámara, posaba. Atendía a peticiones que yo hubiera podido decirle a él, en posiciones, lugares o lo que fiera. En los videos incluso llegaba a hablar de mi o de decir mi nombre, incluso a llamar cornudo a su marido por compartir eso conmigo mientras yo me corría con ella.

Quién lo hubiera dicho pero la relación, si relación, se había consolidado y para nosotros se habían convertido estos juegos en algo normal, esperado, deseado. Con los paréntesis del verano en los que coincidíamos algún día en persona en la playa y los juegos eran otros, estos días eran algo ya establecidos como cita por los tres. Saber que si yo le pedía una foto en la ventana de su casa o con tal ropa, o lo que me apeteciera en ese momento dentro siempre del respeto más absoluto y del guión del juego que manteníamos los tres. Digo os tres porque ella empezó también a hacer peticiones. Yo al principio pensaba que eran cosas de él y de lo morboso que era, por lo que pedí que fuera ella la que me lo pidiera y claro que una mujer te dijera que si quería volver a pedirle cosas, también yo tenía que cumplir era una condición ala que no tenía opción de negarme. Empezó con que quería ver cómo me masturbaba viéndola a ella en el ordenador de su marido y así lo hicimos, su marido grabándome mientras yo veía sus videos y fotos. Yo al principio sólo me sacaba la polla pero la final ya instancias de ella terminé quedándome con os pantalones por so tobillos y todo al aire mientras me aliviaba viéndola.

Los años pasaban, nuestros momentos también y la confianza era cada vez mayor y nos conocíamos muy bien. Todo había evolucionado de la forma más natural posible y nos habíamos dado muestras de absoluta confianza unos a otros más allá de unos momentos de place. En la playa seguíamos encontrándonos aunque menos veces que al principio por motivos meramente profesionales, de él y personales por las circunstancias familiares de todos. Pero siempre hacíamos por tener algún día para nosotros y dar rienda suelta a nuestros deseos. Ya no era sólo dejare que los viera desde las dunas mientras se exhibían y jugaban sabiendo que estaba yo, si no que ya me acercaba y me ponía a su lado mientras ellos follaban y yo me masturbaba a su lado. Ella me miraba cuando le la acariciaba o mientras se tragaba la polla de su marido y hacía que se corriera en su boca mientras yo me derramaba en mi vientre o en la arena a su lado.

Cada vez estábamos más cómodos entre nosotros y todo surgía sin prepararlo, bueno eso no es exactamente exacto, ya que él si preparaba todo, coordinaba los encuentros, la comunicación indirecta entre nosotros, los límites puestos por ella en cada momento, cada vez menos la verdad, y los detalles para que todo fuera cómodo y fluyera sin problemas. Yo me encontraba muy a gusto en mi papel, y me beneficiaba del morbo de esta pareja. Ellos también parecían encontrarse bien porque los años pasaban y, aunque despacio, cada vez estábamos todos más cómodos y los juegos surgían de forma espontánea.

Ellos iban evolucionando en sus roles dentro de nuestro peculiar “trío” igual que yo. Se notaba que a pesar de que él era el muñidor de todo y el que mantenía el juego en marcha. Era ella la que más había evolucionado. Estaba más cómoda y desinhibida, en sus poses, sus juegos, sus peticiones, su lenguaje hacia mí y también hacia él. Él había adoptado un papel más de sumiso, de humillado en los juegos (no confundir con blando o incómodo) pero sí que disfrutaba de esa humillación ante mi infringida por ella. El llamarle cornudo, ella, o cabrón yo, pasó a ser algo habitual que él no sólo asumía sino que disfrutaba. Mostrarme imágenes de él en situaciones de humillación con lencería, penetrado o incluso en otras situaciones sexuales mas bizarras. Al principio se lo notaba avergonzado cuando yo veía las imágenes pero luego se fue normalizando y lo veía disfrutar en esos momentos íntimos conmigo.

En esa nueva normalidad y dentro de la evolución que he comentado se había producido entre nosotros llegó un día, ya en Junio y cerca de la temporada de playa, en el que ella, mientras se masturbaba para mí en un video, le decía a él:

- A ver cuando te decides a cogerle su polla y menéasela tu, estás deseándolo y yo quiero verlo. Quiero que hagas que se corra.

- Yo hago lo que t quieras ya lo sabes pero ya sabes que él es muy reacio a esas cosas.

- Pues ya sabe, si quiere que yo cumpla sus peticiones, que se deje de melindres y me deje ver lo mariconazo que eres. ¿O es qué eres tu el que no quiere?

- Yo ya sabes que no tengo problema y si ti tu quieres por mi encantado- contestó él mientras ella se corría llamándolo cornudo y maricón.

Aquí acababa el video y yo me había quedado parado, un tanto descolocado, con mi polla al aire y acabando de ver y escuchar esa petición tan clara y directa. El me miraba la cara y simplemente se encogió de hombros.

-¿Lo harías?

- La pregunta es si lo harías tú, ya me conoces y sabes que estoy deseándolo, el tema eres tú. El video es simplemente verbalizar lo que los tres sabemos que va a pasar.

- La verdad es que sabes que hasta vosotros jamás me lo hubiera planteado, pero hace tiempo que sé que llegaría el momento. Sólo voy a poner una condición, que la primera vez que lo hagamos sea en directo y delante de ella.

- ¡UFFF! Qué fuerte, díselo tú. Qué sepa tu precio.

Y así fue, con la polla en la mano, dura y desafiante, él grabó un video para ella en el que yo le decía que aceptaba su reto pero que tenía que ser delante de ella, en la playa, este verano. Que si ella aceptaba yo también lo haría.

Al día siguiente que chateamos, ni le pregunté por si había respuesta y fue al final de la charla cuando me preguntó si no me interesaba si había tenido respuesta mi proposición. Me contó que le sorprendió la petición porque ella no se esperaba una respuesta así, pensaba que haríamos lo que ella pidiese sin más pero no que hubiera una contraoferta, era la primera vez. Con todo qué duda cabe que la respuesta de ella fue que el cornudo de su marido lo organizara y que si nosotros dos estábamos dispuestos ya se vería hasta donde llegábamos.

Pasaron dos semanas y el primer fin de semana de Julio se alinearon los astros y se dio la opción de poder encontrarnos en nuestra playa. Quedamos como siempre, en el lugar habitual más o menos y llegó el día.

Caminando por la orilla, no dejaba de pensar en que iba a pasar si es que al final pasaba algo. Vi su sombrilla y paravientos a lo lejos, situado más o menos como siempre. Pasé a su altura por al orilla para ver cómo estaba la situación, como hacía siempre y pasados unos cien metros me dirigí a las dunas para acercarme a ellos por arriba y de forma más discreta. Cuando llegué a su altura, ya me habían visto ya como siempre había colocado el paravientos y la sobrilla de forma que tuviéramos la mayor intimidad ocultando de posibles paseantes y de cualquiera que pudiera vernos sin quedar también expuesto. Me asomé discretamente y allí estaba ella abierta de piernas acariciando la polla de él, que me hizo, como teníamos ya establecido, señas de que me podía acercar.

Ellos estaban en una gran toalla azul y yo me coloqué a los pies de ella pero manteniendo las distancias y por supuesto sin tocarla. Ellos se movieron como solían hacer colocándose el tumbado hacia mí, ella comenzó una mamada de las que sólo le he visto a ella, con el culo en pompa también en mi dirección mientras él comenzaba a acariciarle el coño y abrirle las nalgas dejando a la vista un coño empapado y con un clítoris ya inflamado y un culazo redondo, abierto con un ano que invitaba a todo.

Me coloqué de rodillas detrás de ella y comencé a masturbarme a escasos centímetros de ese espectacular culo. Nunca la había tocado por lo que me pilló de sorpresa que el cogiera una de mis manos y la pusiera en sus nalgas. Era la primera vez y el contacto con su piel fue mágico. Ella comenzó a mover un poco más el culo y yo puse mi otra mano en su otro glúteo y comencé a amasar esa maravilla que tanto tiempo llevaba adorando. El seguía acarician su sexo y cuando me quise dar la otra mano estaba en mi polla, siguiendo con la masturbación que yo había empezado y que ahora me faltaban manos. Me daba igual. Miento me estaba gustando y mucho. Me dejé llevar y me dediqué a disfrutar de ese culo tanto tiempo deseado y con mis manos acariciando, amasando esas nalgas incluso pasando mis dedos por ese agujerito que se contraía y dilataba demostrando que ella también disfrutaba con ese trabajo a tres manos que le estábamos dedicando nosotros. Yo estaba en la gloria y comenzaba a notar como entraba en ese camino sin retorno que todos tenemos. La verdad es que el trabajito que me estaba haciendo él era muy bueno.

En esas estábamos cuando noté como el convulsionaba y gimiendo comenzaba a correrse en su boca, que como siempre no desperdiciaba una gota. El aceleró los movimientos de su mano y noté como mi polla comenzaba a soltar chorros de leche blanca que caían entre sus dedos a la arena mientras. Sin avisar, ella comenzó a moverse más rápido y a correrse abriendo y cerrando sus piernas mientras gemía con la polla de él aún en su boca. Fue una corrida en cascada. Yo estaba sentado sobre mis talones recuperando el resuello mientras él, ya tumbado, seguía con la mano ya parada alrededor de mi miembro y llena de leche. Sinceramente no me lo podía creer. Los tres allí recuperando el resuello. El comenzó a moverse para acercarse a ella y besarla como hacía siempre que acababan pero la sorpresa llegó cuando antes de besarla y ante sus ojos se acercó la mano con mis restos a su boca y lamió sus dedos para luego darse un beso largo con ella mezclando en sus bocas la leche de ambos.

No me lo podía creer, de hecho allí seguía yo sobre mis talones viendo como se besaban mientras mi polla soltaba las últimas gotas sobre la arena. Sin dejar de besarse el bajo la mano a su sexo y comenzó a acariciárselo mezclando los restos de ambos. Se separaron un poco y ella boca arriba con las piernas abiertas hacia mí recibió la boca de él que empezó a devorar su coño hasta que ella empezó a gemir de nuevo. Mi polla daba mientras señales de estar despertando de nuevo y, en la misma posición que me encontraba, me acerqué un poco más hasta quedar entre los pies de ella. No me había dado cuenta pero la polla de él estaba otra vez dura y otra vez en la garganta de su mujer, menudo golosa de tragar polla es, mientras él seguía devorando su coño y estiraba la mano hasta alcanzar de nuevo mi polla que la recibió ya totalmente erecta y aún goteando de la anterior corrida. Ella se sacó su polla de la boca y se colocó de tal manera que me podía ver a mi y seguir con sus trabajos bucales con el miembro de él. Mientras, me miraba a mí a los ojos como disfrutaba de espectáculo que me estaba dando y porque no, de la paja que me hacía el cornudo de su marido. La situación era como siempre muy morbosa pero los tres estábamos agotados y se notaba que la sesión había llegado a su fin.

Se incorporaron y poco a poco nos desacoplamos y nos levantamos. Estábamos los tres manchados de sudor y de nuestras corridas. Ellos de la mano y yo a su lado fuimos hacia el agua donde nos limpiamos un poco y nos refrescamos tras la sesión de sexo que habíamos disfrutado juntos. Fue un momento que jamás podríamos olvidar ninguno. Aún sigo esperando ese último paso.