Xtories

Historias del complejo. Segunda serie. (34)

La noche de la fiesta, el alcohol y la marihuana borran los límites. Cuando las manos de Pablo recorren su cuerpo, Laura sabe que está cruzando una línea de la que no habrá retorno. La pregunta no es si lo hará, sino qué quedará de su vida cuando Javier regrese.

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La historia de María Laura

Capítulo 4

Caminé delante de él y antes de abrir la puerta, pude ver por el reflejo del vidrio de la entrada que me estaba mirando el culo.

Me puse un poco nerviosa, para qué mentir, hasta ahora había sido muy amable, pero en minutos estaría sola con él en casa, lo único que esperaba, era que no hubiera ninguna situación incómoda.

Entramos a casa y le dije que tomara asiento en el sillón y le ofrecí mate o algo fresco, prefirió mate y fui a la cocina a prepararlo.

Mientras lo hacía pensaba que tendría que darme un baño, pero decidí que no sería en ese momento, no quería tenerlo esperando.

Volví con el mate, y me senté junto a él en el sillón, él abrió su carpeta, y yo la mía, y mientras mateábamos, fuimos haciendo los ejercicios.

Habremos estado más o menos una hora y media, y cuando terminamos me agradeció muy amablemente mi ayuda, y lo acompañé hasta abajo.

Nos despedimos en la puerta hasta dentro de unos días y volví a entrar.

Mientras subía en el ascensor, pensaba que era realmente un hombre atractivo, más allá de su físico, que se notaba algo de trabajo, su forma pausada de hablar, su mirada, y su conversación amena, lo hacían sin duda un hombre interesante.

Me fui a dar un baño y a cambiarme porque había quedado con Alejandra a las siete de la tarde para tomarnos una cervecita.

Me estaba bañando cuando Javi entró al baño, no lo había escuchado llegar, cuando me quise dar cuenta, estaba desnudo conmigo bajo el agua.

Muchas veces nos habíamos bañado los dos juntos, y en la mayoría de ellas, habíamos terminado haciendo el amor.

Y esta vez no fue diferente, recordándole que me encontraba con Alejandra a las siete, fue un rapidito.

Me sequé el pelo y me cambié, y Javi me llevó hasta la cervecería donde nos encontraríamos, diciéndome que si Alejandra no podría llevarme, que él me iría a buscar.

Cuando entré Alejandra ya estaba sentada en una mesa, y al verme se paró para darme un abrazo y un beso.

-ALEJANDRA: Estás muy linda nena! Pareciera que venís de ponerla!

Me reí con su comentario y le dije:

-LAURA: Ni más ni menos! Cuando Javi llegó me estaba bañando para venir, y bueno...

-ALEJANDRA: Guacha! No contés monedas delante de los pobres, que hace como dos semanas que nada de nada!

Pedimos unas cervezas y unas papas, y seguimos conversando.

Le conté del viaje a Brasil con Javi, y de mis sesiones con Amelia y con Analía.

-LAURA: Hoy a la tarde estuvo en casa mi nuevo compañero de trabajo, un nuevo profe que arranca este año!

-ALEJANDRA: Epa! ¿Y está lindo?

-LAURA: Tiene lo suyo! Cuarenta y cuatro años, un poquito más alto que yo, de físico está bastante bien, de cara también, y usa una barba recortada, que lo hace interesante, pero sobre todo es muy amable y simpático!

-ALEJANDRA: ¿Vos no eras la que decía que no andabas por ahí mirando hombres? Flor de escaneo le pegaste nena! ¿Casado, separado, viudo?

-LAURA: El estado civil actual no lo sé, pero vivió con su esposa en Barcelona hasta que se separó y se volvió hace unos meses para Argentina.

-ALEJANDRA: Mmm! Lo voy a tener que conocer!

-LAURA: Y va a trabajar conmigo en segundo año!

-ALEJANDRA: Entonces vas a tener una alegría cada mañana zorrita!

-LAURA: Cállate boluda! Solo seremos compañeros de trabajo.

Alejandra se iba a cenar con un amigo, y le mandé un mensaje a Javi para ver si me podía venir a buscar, y cerca de las nueve de la noche nos despedimos en la puerta de la cervecería, cuando Javi llegó.

En la tercera semana de marzo comenzaron las clases, al tener los alumnos de segundo año, que suelen ser los que realmente les interesa la carrera, la cantidad de chicos y chicas es menor, y además demuestran un poco más de interés por la materia, que si bien no es fundamental en la carrera, les da conocimiento de cálculos para las otras.

Como responsable del segundo año, organicé una reunión mensual de todos los docentes, en total éramos siete entre profesores y ayudantes.

Lo que me importaba era lograr un buen ambiente de trabajo, y despejar cualquier duda que pudieran tener mis subalternos.

Todo transcurrió con normalidad, hasta las vacaciones de invierno de ese año, donde todos los trabajos y exámenes, se cumplieron en tiempo y forma.

El primer lunes de esas vacaciones, teníamos una mesa de exámenes finales, que se había postergado por una jornada de paro de actividades, llevada a cabo por el sindicato.

Como muchos de los compañeros se iban de vacaciones, en esa mesa estaríamos tan solo, Pablo y yo.

La hora del examen estaba pactada para las ocho y media de la mañana, y tan solo teníamos siete alumnos anotados.

El viernes anterior al mediodía, luego de terminar las horas de clase nos quedamos con Pablo en el buffet de la facultad, preparando el examen, serían cinco ejercicios, más o menos complejos, y a los que aprobaran al menos tres, les haríamos algunas preguntas teóricas.

La mesa examinadora comenzó puntual y con todos los alumnos inscriptos, el último alumno en entregar lo hizo a las diez y cuarto de la mañana, y ya teníamos los demás casi terminados de corregir.

Solo uno de los alumnos no había realizado bien ningún ejercicio, y fue al primero que le dijimos que se tendría que presentar en la próxima mesa.

Luego fuimos llamando de a uno y haciéndoles algunas preguntas teóricas, los seis aprobaron el examen, y luego de redactar el acta de la mesa, salimos del aula.

Era casi al mediodía, y Pablo me propuso almorzar en un restaurante que hay en la esquina de la facultad, no era la primera vez que lo hacíamos, y decidí aceptar.

Como siempre la conversación con él era muy amena y entretenida, hablábamos de muchos temas, incluso de cine y de libros, en los que coincidíamos en muchos casos.

No recuerdo cómo llegamos a hablar de cosas más personales, y yo le conté de Javier y algunas cosas de mi vida de matrimonio.

Luego él me contó de la separación de su esposa, y que desde entonces no había estado en ninguna relación, ni siquiera de una noche, aclarándome que se sentía un poco mayor para salir solo por ahí a conocer gente, para al menos pasar un buen momento.

Conversamos de varios temas más, y a eso de las dos y media de la tarde se ofreció de llevarme a casa.

Esas dos semanas pude descansar, ya que Javi no tuvo vacaciones, tan solo iba al gimnasio y salía a hacer las compras.

Comenzaron las clases de la segunda mitad del año, y por suerte todo iba viento en popa, solo un alumno había dejado la materia, y eso era todo un logro.

La relación con Pablo, fue siendo cada vez de más confianza, hubo varios encuentros de café para resolver cuestiones de la materia, pero también para hablar de otros temas más personales, se fue gestando una cierta complicidad entre los dos, como no había tenido en mi vida, con ningún hombre, solo con mi esposo.

Pero hubo un encuentro en particular, un café en el bar de la esquina que en ese momento, no le di la real dimensión y que luego me haría recapacitar sobre muchas cosas.

Ese día salimos al mediodía de la facultad, como siempre, y almorzamos con varios compañeros más en el bufet de la facultad, luego Pablo me dijo de tomar un café para completar los ejercicios de examen parcial de la semana siguiente y luego de terminarlos, como en otras ocasiones, nos quedamos conversando de otras cosas.

Le conté lo que había sido la vergüenza respecto de mi cuerpo durante tantos años de mi vida, y de cómo casi había logrado vencer esos prejuicio que yo misma tenía para con mi cuerpo, y el dijo que no tenía por qué avergonzarme de un cuerpo tan atractivo como el mío.

Seguramente me debo haber puesto colorada como un tomate, pero de todas formas, le agradecí el cumplido.

En otro momento de la charla, le contaba que Javier cocinaba muchas veces en casa, y que también nos repartíamos la limpieza y el orden, y me dijo algo así como que no era para menos, con semejante mujer a su lado.

Dejé pasar ese comentario, después de todo, no lo sentí desubicado y en el fondo era un halago hacia mí.

En el encuentro con Alejandra en esos días, que me preguntó por Pablo, le conté que nos llevábamos muy bien en el trabajo, y que habíamos llegado a tener la confianza de hablar temas personales en algunos almuerzos y en otros momentos, café mediante.

En el mes de octubre, Javi me dijo que ya sabía cuándo tendría las vacaciones en el verano, y que serían las dos primeras semanas del mes de enero, pero que a finales de noviembre o primeros días de diciembre, tenía que viajar unos días a Mar del Plata, la consultora abriría una sede allí, y Javi formaba parte del equipo de trabajo que se encargaría de dejar todo en condiciones, y según me dijo serían entre siete y diez días.

Empezamos a pensar dónde podríamos ir esas dos semanas, y dijimos de buscar algún lugar en los próximos días.

Recordando aquel complejo que habíamos visto cuando estuvimos unos días en la costa, y que nos había gustado mucho, decidí sorprenderlo y buscar la opción de reservar dos semanas allí, para cuando él tuviera sus vacaciones en enero.

A pesar de que era siempre él, quién buscaba los lugares y luego me preguntaba si me gustaban, decidí ponerme a buscar yo misma en la plataforma que solíamos contratar y encontré el complejo, puse las fechas de ingreso y salida, y por suerte había disponibilidad para esos días.

Sin dudarlo hice la reserva de la estadía con mi tarjeta de crédito, a nombre de los dos.

Al día siguiente imprimí la reserva en la facultad, y esa noche mientras cenábamos, se la mostré.

A pesar de no haberle consultado en la decisión que había tomado, Javi me dijo que él también había pensado en ese complejo de la Lucila del Mar.

Fue ese doce de noviembre cuando al llegar del trabajo, mientras tomábamos unos mates me dijo que ya estaba la fecha para el viaje a Mar del Plata, se irían en el miércoles veinticinco de noviembre en una combi contratada por la empresa, y volverían el sábado cinco de diciembre por la tarde.

Tenían calculado que todos los trabajos quedarían terminados para ese viernes cuatro, y que en la noche harían un brindis de inauguración.

También me dijo que a Mar del Plata irían, además de él, cinco compañeros más, entre ellos una de las chicas de la oficina de recursos humanos, y esos días dormirían en un hotel también contratado por la empresa.

Pablo sería el encargado de las entrevistas a los postulantes a los cargos a ocupar en esa sede, en una primera instancia, un contador o contadora, y cuatro empleados administrativos.

También me contó que los directivos le habían ofrecido a él, si estaba dispuesto a mudarse a Mar del Plata, el estar a cargo de dicha sede, pero que agradeciendo el ofrecimiento, lo había rechazado, porque mi trabajo estaba aquí en la ciudad.

Era la primera vez en tantos años de estar juntos, qué pasaríamos tanto tiempo separados, pero dijimos que diez días pasarían muy pronto, y que seguramente entre el trabajo que tenían que hacer allí, y mis últimos días de clase del año, esos días se nos pasarían volando.

Además del viaje, en la semana anterior, tuvieron que preparar muchas cosas y Javi volvió casi todos esos días, casi a la hora de cenar.

Saldrían el miércoles a las siete de la mañana desde la empresa, y el día anterior, llegó un poco más temprano, le ayudé a armar la maleta y cenamos un poco más temprano de lo que lo hacemos habitualmente.

A pesar de que tenía que levantarse más temprano, esa noche hicimos el amor, aunque no fue un encuentro muy largo.

Nos levantamos a las seis menos cuarto los dos, mientras Javi se daba un baño, yo preparé el desayuno.

Javi se iría hasta la empresa en un taxi y me dejaría el auto, pero a pesar de que me había estado enseñando a conducir, aún no tenía licencia y no me animaba a andar por la calle.

Nos despedimos antes de bajar con un abrazo y un largo beso, no pude evitar un par de lágrimas, lo iba a extrañar.

Mientras esperábamos que llegara el taxi, ya en la vereda, nos volvimos a abrazar y a besar.

Cuando el taxi llegó, un último beso antes de que subiera y acordamos estar en contacto por teléfono y mensajes.

Un rato después, me cambié y me fui para la facultad.

Esa misma mañana en el rato entre horas, Silvina nos avisó que el sábado en la noche, festejaba su cumpleaños, que en realidad era el domingo, y que nos esperaba a las nueve de la noche en su casa.

Javi me llamó por teléfono al mediodía, diciéndome que ya estaban en el hotel, esperando que les asignaran las habitaciones, y me volvió a llamar en la noche, cuando estaban por salir a cenar.

En ese momento, le conté del cumpleaños de Silvina el sábado, y me dijo que estaba muy bien y que me divirtiera.

Al día siguiente, hablamos con Silvina sobre la fiesta del sábado y le comenté que Javi estaba de viaje hasta la semana próxima y me ofreció quedarme a dormir en su casa para no volver sola de madrugada a casa.

Le agradecí diciéndole que luego vería.

Ese día sólo hablé con Javi en la noche, durante el día, tan solo cruzamos varios mensajes y audios por lo ocupado que estaba.

Juntamos dinero entre todos los compañeros y el viernes al salir de la facultad, me ofrecí a comprar el regalo de cumpleaños para Silvina.

Le compré un jean, una camisa, dos remeras y una chalina.

Esa noche también hablé con Javi por videollamada por casi cuarenta minutos, contándonos nuestros días de trabajo, y lo que nos extrañábamos.

El sábado, tan solo pudimos cruzar algunos mensajes con Javi durante el día, recién cuando ya estaba por irme para lo de Silvina, y Javi a cenar con sus compañeros, hablamos por teléfono unos minutos, quedando de acuerdo en volver a hablar el domingo por la tarde noche, sobre todo porque yo me acostaría tarde seguramente.

El sábado amaneció nublado aunque caluroso, fui un rato al gimnasio y al mediodía hablé con Javier por teléfono, y me contó que ese día trabajarían hasta la noche, y que luego saldrían a cenar todos juntos.

Luego de almorzar, me dormí una pequeña siesta y cuando me levanté empecé a pensar qué me pondría esa noche.

Mire el pronóstico y anunciaba lluvia para la noche, pero aún seguirían las altas temperaturas.

A eso de las siete de la tarde me fui a bañar, me sequé el pelo y me peiné.

Me puse un conjunto de ropa interior negro que había usado tan solo una vez, con encajes y algunas transparencias.

Según lo que decidiera ponerme, me lo dejaría o me cambiaría por otro color si se notaba bajo la ropa.

Me probé un par de pantalones con una camisa, y un vestido que habían comprado en Brasil la última vez que fuimos con Javier, y me terminé decidiendo por el vestido, a pesar de la lluvia sería una noche de calor, y la tela era más liviana que la de un jean.

Me lo probé y la ropa interior negra se notaba, por lo que al final me lo cambié por un conjunto blanco, también de los pequeños que me había comprado últimamente.

El vestido era casi hasta las rodillas, más o menos unos ocho o diez centímetros por encima, sin llegar a ser tan corto como una minifalda, de color hueso, abotonado al frente, ceñido a la cintura y con bordados verticales a ambos lados de la línea de los botones.

Dejé desprendidos el primero y el último, no mostraba nada por arriba, y con el de abajo desprendido me permitía caminar más cómodamente.

Me estaba terminando de cambiar cuando se largó a llover, y pensé que se me complicaría conseguir un taxi.

Empecé a llamar a las empresas de taxi para reservar alguno para las nueve menos cuarto, pero todas me daban ocupado.

Más o menos diez minutos después, me llegó un mensaje de Pablo, preguntándome si quería que me pasara a buscar, y le dije que sí, ya que no conseguía ningún taxi.

En su siguiente mensaje me dijo que a las nueve menos cuarto, me pasaba a buscar.

Me terminé de maquillar y ponerme los accesorios, tomé las bolsas de los regalos para Silvina y salí de casa, no quería hacerlo esperar.

Una última mirada en el espejo del ascensor, para confirmar que todo estaba bien, y ya en planta baja, caminé hasta la entrada del edificio.

Al abrir la puerta lo vi a Pablo con un paraguas parado en la vereda, se acercó nos saludamos con un beso y me cubrió con el paraguas.

Caminamos hasta su auto que estaba a unos veinte metros, y con caballerosidad me abrió la puerta del acompañante.

Dio la vuelta al auto cerró el paraguas y se subió.

-PABLO: Déjame decirte que estás hermosa Lau! Es la primera vez que te veo con un vestido y te queda realmente muy bien!

Seguramente me debo haber puesto colorada por el halago.

-LAURA: También estás muy guapo!

Pablo llevaba un pantalón azul y una camisa rosa con los dos primeros botones desprendidos, y desde donde estaba sentada podía sentir su perfume!

Pasaditas las nueve de la noche, llegamos a casa de Silvina, seguía lloviendo bastante fuerte, y Pablo volvió a cubrirme con el paraguas, caminando los dos bastante juntos hasta la entrada de la casa.

Nos abrió Silvina y ambos la saludamos, aunque no le dijimos feliz cumpleaños, lo haríamos luego de las doce de la noche, tampoco le entregué en ese momento sus regalos.

En la casa ya había un montón de gente, y detrás nuestro vinieron varias personas más.

De los compañeros de la facultad, había varios aunque no todos eran amigos de Silvina, y había muchos hombres y mujeres que yo no conocía.

La casa tenía un enorme estar comedor, con dos sillones largos, dos individuales, sillas alrededor de la gran mesa, donde había algunas cosas para picar y bebidas.

Conversamos un momento con Silvina, que en ese momento pasaba por los diferentes grupos de gente, y nos dijo que nos sirviéramos bebida y comida, habiendo tanta gente no iba a poder servirnos ella misma.

Habría así algo más de treinta personas, y seguían llegando invitados.

En un momento Silvina volvió del brazo de un chico, aparentemente unos años más joven que ella, vestido muy moderno con un jean rasgado y una remera de mangas cortas.

Silvina se acercó a nosotros y nos lo presentó como Iván.

En ese momento me imaginé, que tendría algún tipo de relación con ese chico, pero ella misma me lo confirmó un rato después, diciéndome que por ahora no tenían una relación formal, pero que se veían varias veces a la semana, y con cara de pícara me dijo, que en esos encuentros la pasaba muy bien.

Pablo me preguntó si tomaba cerveza, le dije que sí, se acercó a la mesa y un momento después, volvió con una cerveza para cada uno.

A eso de las diez de la noche, ya había allí como cincuenta personas, gente por todos lados.

Unas amigas de Silvina, comenzaron a ofrecer pizza y empanadas a todos a su paso, y luego iban dejando las bandejas sobre la mesa.

Pablo fue hasta la mesa y volvió con dos porciones de pizza y dos cervezas más, ya iba yo por la tercera.

El lugar era un jolgorio, gritos y risas por todos lados y el alcohol ingerido, ya se iba haciendo notar, la algarabía era generalizada.

La gran puerta ventana que daba al jardín, estaba abierta, pero como aún seguía lloviendo todo el mundo estaba adentro.

Hablábamos con Pablo y con dos compañeras más del trabajo, cuando llegó hasta nosotros, el inconfundible olor de un cigarrillo de marihuana, y a la distancia pude ver, que al menos uno de los que se estaba fumando un porro, era Iván, y a su lado Silvina con quien lo compartía.

Faltaba minutos para las doce de la noche, y las dos amigas que habían servido las pizzas, vinieron desde la cocina con la bandeja de la torta con la vela ya encendida, la apoyaron sobre la mesa, y llamaron a Silvina que se acercó.

Todos comenzamos a cantarle el feliz cumpleaños, y a las doce en punto sopló la velita.

Todos se arremolinaron alrededor de ella para saludarla, y nosotros también nos acercamos a desearle un feliz cumpleaños.

Después de los saludos, comenzó la música de fiesta y corriendo la mesa y las sillas, muchos comenzaron a bailar en el centro del salón.

También nosotros nos fuimos acercando y nos pusimos a bailar.

Hacía mucho calor allí adentro y el humo del tabaco y de los porros, iba formando un ambiente bastante congestionado.

Uno de los amigos de Silvina, estaba ya bastante borracho, y dos chicos, que no estaban mucho mejor, se lo terminaron llevando despidiéndose de todos con un saludo con la mano hacia todos.

Cerca de las dos de la mañana, ya había varios más perjudicados por el alcohol y varios se fueron yendo.

Yo no estaba tan borracha, pero llevaba cuatro latas de cerveza en mi haber, pero como Silvina me había dicho que me quedara a dormir en su casa, no me preocupó demasiado.

Llegado el caso, me iría a dormir a la habitación que me había indicado ella.

Los compañeros de la facultad, se fueron yendo también a eso de las tres y media, y tan solo quedamos Pablo y yo.

A Silvina la veía también bastante picadita, pero era lógico, era su cumpleaños.

A las cuatro de la mañana, éramos tan solo seis personas, Pablo y yo, Silvina e Ivan y otra pareja de amigos.

Ya bastante más calmados, seguimos bailando, yo la verdad ya estaba bastante fundida y pensando en la cama.

La otra pareja se fue un momento después, y quedamos sentados los cuatro en los sillones, Ivan encendió otro porro, y nos convidó.

Se lo pasó a Silvina que luego de darle una pitada, se lo pasó a Pablo, que también lo pitó y luego me lo ofreció.

Le dije que no, alguna vez había probado de adolescente, pero nunca más había fumado marihuana.

Siguió la ronda, y cuando volvió a mí, Silvina me insistió en que le diera una pitada. No quise parecer tan pacata, y terminé dándole una.

En el momento no sentí nada, y en la siguiente ronda, le di otra.

Ivan y Silvina, estaban sentados frente a nosotros, y comenzaron a besarse y a meterse mano, y con Pablo no miramos y nos reímos.

Como estaban tan ocupados comiéndose las bocas, quedé con el porro en la mano y le di otra pitada, para después dárselo a Pablo.

Ya las caricias iban subiendo de tono y cuando volví a mirarlos, las manos de Ivan, ya estaban en el culo de Silvina, por debajo de su minifalda, que por momentos, se levantaba, dejando ver la pequeña tanguita negra de mi amiga.

Esa imagen, más el alcohol que tenía encima, y esas pitadas al porro, me hicieron sentir cierta excitación.

Me imaginaba que a esos dos no les importaba que estuviéramos allí y si no decíamos algo, terminarían cogiendo allí mismo y nosotros como espectadores.

Me sentía rara, quizás en otro momento me hubiera levantado y me hubiera ido, al menos a otra habitación para dejarlos solos, pero como no pasaba de caricias, aunque subidas de tono, me seguí quedando allí.

En un momento, Ivan levantó la remera de Silvina y se la quitó, y nos dimos cuenta que no llevaba corpiño, si se giraba, le veríamos las tetas, creo que nada les importaba, y a mí, me había dado un cosquilleo en la panza y la entrepierna.

Me sentía cada vez más boleada, sin dudas, la marihuana me había puesto como en el aire.

En el momento en que Silvina, desabrochó la bragueta del deshilachado jean de su chico, para acto seguido sacar su erecta hombría, pensé en irme ya para la habitación y se lo dije a Pablo entre risas, quien me dijo que él también ya se iba.

Me puse de pie y todo me dio vueltas, me fui para un costado, y tuvo que sostenerme Pablo, tomándome de la cintura para que no me cayera.

Le pedí que me acompañara hasta la habitación, no quería tambalearme con los tacos y terminar en el piso.

Cuando giramos buscando el pasillo hacia la habitación, pude ver a Silvina arrodillada frente a Iván, con su pija en la boca, haciéndole una mamada, sin importar que los pudiéramos estar viendo.

Pablo me aferró fuerte por la cintura, pegando su cuerpo al mío.

Entramos en la habitación, que estaba a oscuras, yo estaba como en otro mundo, y buscando la llave de la luz de la mesa de noche para encenderla, incliné mi cuerpo y casi me voy para adelante.

Pablo me tomó con ambas manos de la cintura, y quedamos frente a frente a pocos centímetros, y en ese momento como en una película a cámara lenta, vi su cara acercarse a la mía, y un momento después sus labios juntarse con los míos.

Fue un beso suave que no rechacé, quedándome como paralizada.

No sé si el hecho de no rechazar ese beso, le dio pie a Pablo a volver a besarme esta vez arrimando su cuerpo al mío, sintiendo sin dudas el bulto de su erección.

En esa nebulosa en la que me encontraba, respondí ese beso entre abriendo mi boca, y un instante después sentía la lengua de Pablo ingresando en ella.

No sé si el alcohol, la marihuana o esa primera casi escena de sexo en vivo, entre Iván y Silvina, hicieron que no tuviera reacción, y pude sentir un instante después, las manos de Pablo acariciándome el culo.

Flotando como estaba, volví a sentir sus manos en el culo, pero esta vez, ya por debajo del vestido.

-PABLO: Qué hermoso culo tenés Lau! Me gustó desde que te conozco!

Sintiendo sus caricias y con poca convicción, le dije con apenas un hilo de voz, lo único que salió de mi boca:

-LAURA: Por favor Pablo!

Sentí una de sus manos yendo hacia adelante, y metiéndola entre nuestros dos cuerpos, llegó hasta mi conchita, que acarició por sobre la tela de mi tanguita.

Seguía sin tener reacción, y las caricias que me estaba dando Pablo, no ayudaban, al contrario me estaban excitando.

La mano que tenía en mi culo, se retiró, y un momento después, era la que empezó desabotonar lentamente mi vestido.

Su boca abandonó la mía y bajó a besar la parte de mis pechos que no cubría el corpiño.

No sé cómo ni en qué momento, mi vestido estaba completamente desabotonado, y con un suave movimiento de sus manos, lo deslizó por mis hombros y cayó al piso al borde de la cama.

Volvió a besarme haciéndome sentir su erección nuevamente contra mi cuerpo, pude sentir cuando desabrochó el corpiño y bajó los breteles por mis hombros, y haciendo un pequeño movimiento hacia atrás, me lo quito, dejando mis tetas a la vista, pero por poco tiempo, ya que su boca se apoderó de un pezón, y luego del otro, que a esa altura ya estaba completamente duros.

Las sensaciones que estaba recibiendo, no me dejaban pensar en otra cosa, y cuando me quise dar cuenta, estaba recostada en esa cama de una plaza, y al abrir los ojos, vi a Pablo tan solo con el bóxer, marcando su erección bajo la tela.

Se recostó junto a mí y volvió a la carga con sus hábiles caricias en mi clítoris, mientras mordisqueaba suavemente mis pezones.

Estaba totalmente ida, pero disfrutando extrañamente las caricias y los besos de ese hombre que me estaba llevando al orgasmo.

Su mano se coló por debajo de mi bombachita, y sus caricias en mi conchita ya mojada, hicieron salir de mi boca una exhalación de gusto.

Ajena de conciencia y como en una realidad paralela, me dejé llevar por el placer que estaba recibiendo, y entre jadeos al borde del orgasmo, Pablo creo que me preguntó si se detenía, y no tuve respuesta, aunque ansiaba ese orgasmo que estaba por llegar.

No sé en qué momento ni cómo, Pablo se colocó un preservativo, y subiendo su cuerpo sobre el mío, hizo a un lado la tanguita y me penetró.

Sin un mínimo atisbo de cordura, y sin siquiera tener la real conciencia de las consecuencias de lo que estaba haciendo, sentía a Pablo entrar y salir de mi interior, hasta que ese traicionero orgasmo me sobrevino.

Pablo siguió embistiéndome un momento más, hasta que sus exhalaciones, me hicieron saber que había acabado.

Su cuerpo se quedó por un momento quieto, apoyando sus codos en la cama, para no hacerme sentir su peso.

Me volvió a besar y a decirme varias cosas que no recuerdo, porque en ese momento, cuando la efervescencia de la excitación se esfumó, cayó sobre mí el vendaval de la culpa, lo único que me salió decirle a Pablo fue:

-LAURA: Esto no debió pasar!

Y ya entre lágrimas, le dije:

-LAURA: Nunca le fui infiel a Javier! Como pude haber hecho esto!

-PABLO: No te martirices Lau! Tan solo fue la excitación del momento! Nada tiene que cambiar entre vos y tu marido! Tan solo nos dejamos llevar por nuestros deseos!

Ya no le dije más nada, no pude! Se salió de encima de mí y lo último que recuerdo que le dije fue:

-LAURA: Por favor déjame sola Pablo!

Con los ojos entrecerrados lo vi vestirse, y cuando se acercaba para darme un beso de despedida, le pedí que no lo hiciera.

Lo vi salir de la habitación, cerré la puerta, y aún desnuda me tiré en la cama a llorar.

No sé cuánto tiempo lloré hasta quedarme dormida.

Al día siguiente me despertó el sonido de mi teléfono, en ese momento se me vino el mundo abajo, ¿qué diría si era Javier el que estaba llamando?, ¿cómo podría ocultarle lo que había hecho?

Pero al mirar mi teléfono vi que eran las tres y media de la tarde, y la que llamaba era Silvina.

Me levanté de la cama y me volví a vestir, no pude evitar nuevamente las lágrimas, y al salir de la habitación, me encontré a Silvina en la cocina con el mate preparado.

-SILVINA: Lau! ¿Qué pasó? ¿Por qué llorás?

-LAURA: La cagué Sil! La cagué!

-SILVINA: ¿Por qué? ¿Qué pasó?

-LAURA: Cogí con Pablo!

-SILVINA: Jódeme boluda!

-LAURA: Soy una hija de puta! ¿Cómo pude hacerle esto a Javi? Soy una mierda! No puedo haber hecho esto! ¿Cómo voy a hacer para explicarle?

-SILVINA: Pará! Tranquilizate! Fue algo que pasó y listo! Que quede en vos! No le des la trascendencia que no tiene, fue un polvo y listo! Borrón y cuenta nueva! Y tan buena esposa como siempre!¿Quién te dice que Javier no haya tenido alguna cañita al aire por ahí con alguna otra?

-LAURA: Encima está noche me va a llamar! ¿Cómo voy a hacer para que no se dé cuenta?

-SILVINA: ¿Fingiste alguna vez un orgasmo con él? Es lo mismo! hace de cuenta que no pasó! Guardalo en algún rincón de tu cabeza, y seguís tu vida con él como siempre!

-LAURA: No sé si voy a poder!

-SILVINA: Si considerás que fue una equivocación, que quede en eso, que no vuelva a ocurrir y listo! No permitas que un polvo de una noche, arruine tu matrimonio de tantos años! Guardalo bien guardado! Llevatelo como tu secreto hasta la tumba!

Después de esos mates, que fueron los más amargos de mi vida, me despedí de Silvina, y en un taxi volví para casa.

Llegue a las cinco y cuarto y fui directamente a darme un baño, como si el agua y el jabón, pudieran lavar la culpa que sentía. ¿Cómo haría para ocultarle a Javier lo que hice? Se lo tendría que contar ¿Podrá encontrar la forma de entenderme y perdonarme esta infidelidad?

Supongo que tanto hombres como mujeres harán cosas parecidas y luego siguen con sus vidas de pareja como si nada hubiera pasado, pero Javi no se merece que le mienta de esa forma, él no!

Nos conocemos demasiado y estoy segura que se va a dar cuenta, tan solo al escucharme.

Tendré que afrontar las consecuencias, ser honesta con él y aceptar sus decisiones.

Pero no podría decirle algo así por teléfono, tendría que fingir que todo está bien hasta su regreso de Mar del Plata, esto tiene que ser cara a cara, y después... Dios dirá!

Después del baño me cambié y llamé por teléfono a Alejandra, necesitaba hablar con ella y le pedí que viniera a casa lo antes posible.

Media hora después tocó el timbre y bajé a abrirle, por supuesto con lágrimas en los ojos.

-ALEJANDRA: ¿Qué pasó nena? ¿Por qué estás llorando?

Recién cuando subimos al ascensor se lo dije, no quería que nadie pudiera escucharme

-LAURA: Le fui infiel a Javier!

-ALEJANDRA: Jódeme! ¿Cuándo? ¿Con quién?

Llegamos al séptimo y le contesté cuando entramos al departamento y cerré la puerta.

-LAURA: Anoche! Y con Pablo!

-ALEJANDRA: Ayy boluda! Y ya te veo! Ahora estás llena de culpa...!

-LAURA: ¿Cómo voy a hacer para explicarle que le metí los cuernos? ¿Encima con un tipo que voy a seguir viendo todos los días? Esto es irremontable Ale! Javier me va a mandar a la mierda de un voleo en el culo y la puta madre que lo parió! ¿Cómo pude ser tan hija de puta?

-ALEJANDRA: Tranquilízate Lau! ¿Te pasa algo con Pablo? ¿Sentís algo por él?

-LAURA: No! siempre lo vi como compañero de trabajo, últimamente con mucha más confianza, nada más! anoche me dejé llevar, me calenté y la cagué! Pero no siento nada por él! Es más, no quisiera volver a verlo! Pero trabaja conmigo la puta madre!

-ALEJANDRA: Creo que tenés dos opciones, no decir nada y que sea un secreto bien guardado, o confesárselo a Javi y ver qué pasa!

-LAURA: No creo poder ocultarle esto! Me conoce como nadie, no voy a poder ocultárselo!

-ALEJANDRA: ¿Cuando vuelve Javi de Mar del Plata?

-LAURA: El sábado que viene!

-ALEJANDRA: Tenés unos días para pensar y decidir qué hacés! Sé que es lo correcto sería ser honesta con Javier, pero si tan solo fue algo de una noche, que no te implica ningún sentimiento, podés llegar a tener problemas en tu matrimonio, y es realmente una pena, qué tantos años juntos, se vayan por el barranco tan solo por un polvo sin importancia, por una calentura que no pudiste manejar!

-LAURA: Te juro no sé qué hacer! Encima esta noche me va a llamar por teléfono!

-ALEJANDRA: Yo te diría que te tomes estos días hasta el sábado, para decidir qué hacer, creo que si se lo vas a confesar, no debiera ser por teléfono y estando a kilómetros de distancia!

-LAURA: Eso mismo pensé! No le puedo decir algo así por teléfono! Si lo hago tiene que ser cara a cara! Voy a hacer eso, esperar hasta que vuelva, no creo que pueda ocultárselo! Mentirle así me haría sentir aún peor!

-ALEJANDRA: No te apures! Pensalo bien y después decidís que hacer!

Alejandra me dijo que esa noche se quedaría a cenar y a dormir conmigo, no quería dejarme sola en ese estado.

A eso de las ocho y media Javier me llamó por teléfono, y con Alejandra sentada a mi lado, tomándome de la mano, hablé con Javi por casi media hora ya que luego se iban a cenar con los compañeros.

En un momento de la charla, me preguntó si estaba bien, que me sentía la voz rara, y tuve que mentirle, diciéndole que algo de lo que había comido o tomado la noche anterior en el cumpleaños, no me había caído muy bien, y estaba con un poco de dolor de estómago.

En ese momento no pude evitar las lágrimas, e hice todo lo posible para que Javi no se diera cuenta.

Nos despedimos deseándole que la pasara bien en la cena, y quedando de acuerdo que al día siguiente en algún momento que le permitiera su trabajo, hablaríamos por mensaje o por teléfono.

Cuando corté la comunicación, lloré desconsoladamente abrazada a Alejandra.

El lunes por la mañana, Alejandra se fue temprano, ella aún tenía que trabajar unos días más en el jardín de infantes.

Es el lunes a eso de las tres de la tarde, estaba en la cocina cuando escuché sonar mi teléfono que había quedado sobre la mesita baja del estar.

Creí que sería Javier, pero al ver la pantalla, vi que era una llamada de Pablo.

Dudé un momento en atenderlo, pero decidí tomar la llamada para aclararle lo que había pasado en casa de Silvina.

-LAURA: Hola Pablo!

-PABLO: Hola Lau! Me quedé muy preocupado el otro día! Te iba a llamar ayer, pero creí que no era el momento! Quería saber cómo estabas...

-LAURA: Estoy muy mal Pablo! Lo que pasó no tendría que haber pasado, creo que en ese momento no estaba en mis cabales, y me dejé llevar por la situación!

-PABLO: Te pido perdón Laura! No era mi intención causarte ningún problema! También me dejé llevar por la excitación del momento, y teniéndote frente a mí no pude contenerme! Te pido perdón! Desde ese momento me siento culpable por haberte llevado a eso!

-LAURA: Vos no tenés culpa en esto! Yo lo tendría que haber detenido en ese primer beso, pero en ese momento no tuve reacción, y después no pude o no supe detenerme! Yo soy una mujer casada, enamorada de su marido, y no tendría que haber llegado a lo que llegamos.

-PABLO: No te voy a mentir Lau, me gustas desde que te conocí, hice el intento, y al no encontrar resistencia, me envalentoné, te pido mil veces perdón! Nunca fue mi intención ponerte en esta situación!

-LAURA: Yo fui la única responsable! Yo tendría que haber dicho que no! Y ahora me toca enfrentar las consecuencias de mis actos. Mi esposo vuelve el sábado que viene, y no podré mentirle y ocultarle lo que pasó, no se lo merece!

-PABLO: Me pone muy mal que te encuentres así! Si hay algo que yo pueda hacer, por favor decímelo! Si querés puedo hablar con tu marido y explicarle que todo fue mi culpa, que me aproveché de vos, no sé, cualquier cosa que pueda ayudar para que no tengas problema con él!

-LAURA: No Pablo! Esto debo enfrentarlo yo sola, no puede ocurrir nada entre dos personas si una se niega, y yo la otra noche no me negué, y debo asumir lo que me toca! Lo que voy a pedirte, es que no me llames ni me mandes mensajes, ya luego veré cómo sigue mi vida.

-PABLO: ¿Hay algo que pueda hacer por vos?

-LAURA: En este momento no Pablo, necesito pensar en lo que pasará el próximo fin de semana, e intentar estar preparada para lo que venga.

-PABLO: No volveré a llamarte ni a escribirte, pero si vos necesitas hacerlo, por favor no lo dudes!

-LAURA: Voy a cortar Pablo! Espero me entiendas! Adiós!

Corté la comunicación sin darle tiempo a decir más nada y volví a llorar desconsoladamente sentada en el sillón.

Esa noche volví a hablar con Javier, y lo primero que me preguntó es si andaba bien de la panza, le mentí diciéndole que estaba bastante mejor y que ese día había ido al gimnasio.

Me contó cómo iban todos sus trabajos, las entrevistas que había tenido, y las ganas que tenía de que ya fuera sábado para volver a casa.

Hice fuerza para no largarme a llorar mientras hablábamos, pero si lo hice cuando cortamos.

En esos días casi no comí, no tenía voluntad para nada, ya había tomado la decisión de contarle todo a Javier a su regreso.

Era plenamente consciente que contarle la verdad de lo que pasó, sería un puñal en el medio de su pecho, y eso es lo que más me atormentaba, no podía imaginar su reacción, pero conociéndolo, estaba segura de que en ese mismo momento me abandonaría, él había estado siempre ahí, junto a mí, apoyándome en cada momento de mi vida, y yo le había pagado de la peor manera, acostándome con otro hombre. No tenía perdón y lo sabía, cada cosa que Javier pensará de mí al saberlo, todo lo que dijera de mí, tendría razón, esa mujer que él tanto ha amado en todos estos años, lo había traicionado cogiendo con otro, una mierda de mujer, así es como me sentía.

Pero por el amor que le tengo, aunque con este hecho no lo parezca, aceptaré todo cuanto decida, desde no volver a verme, hasta odiarme y querer verme muerta. Todo eso lo tenía merecido.

¿Cómo me hubiera sentido yo si Javier hubiera hecho algo así?

Sin dudas me sentiría traicionada, decepcionada, sin poder creer que esa persona qué ha estado tantos años a mi lado, pudiera hacer algo así, me rompería el corazón, y eso es lo que yo le haré a Javier al contarle mi traición.

Tuve que controlarme en cada comunicación telefónica, en cada mensaje o en cada audio, llego el viernes en la noche, hablamos antes de que se fueran para la reunión de inauguración de la nueva sede, y antes de despedirnos, me dijo que el sábado emprenderían el retorno luego de almorzar, más o menos a las dos de la tarde, y que estaría en casa entre las seis y las siete.

Nos despedimos con un te amo de los dos, y no pude evitar largarme a llorar luego de cortar la llamada.

Qué pocas horas quedaban para lo que intuía sería el fin de nuestro matrimonio.

Esa noche casi no pude dormir, tan solo me dormité por momentos, con una angustia que me atravesaba el alma, con esa sensación de hacerle sufrir a Javi lo que para nada merecía.

Eran las siete de la mañana, y tenía los ojos hinchados de tantos llorar, me levanté y me hice un té, no me pasaba la comida.

Después fui al baño y me di una ducha, me sequé el pelo, me vestí volviendo a usar la ropa que usaba antes, no quería que ningún hombre volviera a ver mi cuerpo.

Salí de casa para hacer una compra, hacía muchos años que con Javi habíamos decidido dejar de fumar, en aquel momento en que decidimos intentar quedar embarazados, muchas veces había tenido ganas de fumar, pero en este momento realmente lo necesitaba.

A cada momento miraba la hora con sentimientos encontrados, por un lado deseaba que esa maldita hora, en que le clavaría un puñal en el pecho a mi amado, no llegará nunca, y por el otro, necesitaba ya tenerlo frente a mí, y confesárselo todo, ya suficiente con lo que hice, no se merece además que le mienta sobre mis traicioneros actos.

Compré los cigarrillos y caminé un rato por el barrio fumándome varios, uno detrás del otro, como si eso pudiera adormecer los nervios que tenía.

Eran las dos y media de la tarde cuando sonó el timbre, y el corazón se me detuvo, caminando como una zombi hasta el portero eléctrico para ver quién llamaba, imaginé que quizás habían salido de Mar del Plata más temprano, y como en tantas otras ocasiones, Javier tocaba el timbre antes de subir.

Casi con miedo respondí, y al escuchar la voz de Alejandra, me volvió el alma al cuerpo.

Bajé para abrirle, y la abracé entre lágrimas ni bien atravesó la puerta de entrada del edificio.

Entramos en el departamento, y estuvimos conversando mientras me tomaba otro té con ella.

-ALEJANDRA: Conociéndote me imagino que se lo vas a contar!

-LAURA: Sí Ale! No puedo hacer como que nada pasó! Javi no se merece que además de haberle sido infiel, le mienta, él no!

-ALEJANDRA: Estaba segura que esa sería tu decisión, sé muy bien cómo sos, también que no podrías mantener una mentira así, si no era hoy, sería mañana u otro día, pero sabía que se lo terminarías contando y por eso es que he venido, a darte un abrazo, y a decirte que seas fuerte, que quizás en un primer momento todo parezca negro, pero que con el correr de los días, los hechos se puedan ver de otra manera, quizás si Javi puede ver que fue una equivocación y que de corazón estás arrepentida, pueda llegar a perdonarte. Llevan muchos años juntos, el amor entre ustedes es real y eso no puede desaparecer de un día para el otro, segura estoy que le va a caer mal, muy mal, que se va a enojar, a decepcionar, a no poder creerlo, y quizás amiga, aunque no es lo que quisiera, se vaya de aquí en cuanto lo sepa.

-LAURA: De eso estoy segura! No me va a perdonar una traición así! No habrá un justificativo, no habrá una razón que pueda aminorar su dolor, eso me atormenta, provocarle un dolor así, a él que no se lo merece!

-ALEJANDRA: Me voy a ir antes de que él llegue, creo que tienen que hablar ustedes dos, pero prometeme que pase lo que pase me vas a llamar por teléfono, y vendré cuando te haga falta! No estás sola, estoy con vos!

Hablamos un momento más, y minutos después de las cuatro y media de la tarde, me dijo que se iba.

La acompañé hasta abajo y me fumé dos cigarrillos más.

Eran las siete menos cuarto de la tarde, cuando desde la ventana del comedor, vi que un taxi se detenía en la puerta del edificio, y un momento después bajaba Javi con su maleta, y en ese momento me sentí como el condenado a muerte que va camino a la horca sabiendo lo que va a pasar, resignado al desenlace.

Abrí la puerta del departamento y allí me quedé parada, por supuesto con lágrimas en los ojos.

Escuché el ascensor que bajaba desde el último piso, y un par de minutos después, subía sin dudas, con Javi dentro.

Se detuvo en nuestro piso y la puerta se abrió, salió Javi arrastrando su maleta, sin haberme visto en un primer momento en la puerta, recién cuando camino unos metros, levantó la vista y me vio.

Apuró el paso, y al llegar a la puerta soltó la maleta y me abrazó, casi despegándome del suelo, también lo abracé, casi colgándome de su cuello, apoyé mi cara en su hombro y lloré.

-JAVIER: Ya estoy acá mi amor! No llores mi vida! Como te extrañé!

No pude decir palabra alguna, no me salían.

Tomó mi cabeza con ambas manos y me dio un beso en la boca.

Luego de ese abrazo, volvió a tomar su maleta y entramos al departamento.

-JAVIER: No llores mi vida!

Secó mis lágrimas con sus pulgares, y me miró a los ojos, y creo que en ese momento supo que algo no estaba bien.

-JAVIER: ¿Qué es esa carita? ¿Qué pasa corazón?

Y recién en ese momento pude hacer que unas palabras salieran de mi boca.

-LAURA: Necesito contarte algo!

Me tomó de la mano y nos sentamos en el sillón, me costaba mirarlo a los ojos.

-JAVIER: Contame qué pasó mi cielo!

-LAURA: Pasó algo que no debería de haber pasado...

Su mirada se clavó en la mía, y yo no podía mirarlo a los ojos, la traicionera vergüenza que sentía me lo impedía.

-LAURA: La equivocación más grande de mi vida…, de la que me arrepentiré hasta mi último suspiro... el sábado pasado en la noche me acosté con otro hombre!

Se quedó en silencio, no tenía el coraje de mirar la expresión de su cara, pero un momento después levanté la vista, quizás esperando su reacción, y lo que vi me partió el alma, su cara tenía una tristeza que nunca había visto, de sus ojos caían dos silenciosas lágrimas y me seguía mirando a los ojos, supongo que sin poder asimilar lo que le acababa de decir, pero ya lo había dicho, ya le había confesado mi traición, esperaba que me dijera algo, que se enojara, no sé... que me insultara, que me dijera que era una puta de mierda, y sentí que debía darle alguna otra explicación, aunque nada de lo que pudiera decir, justificaría los hechos, y con la mirada gacha, le dije:

-LAURA: Te juro mi amor que nunca quise que pasara, que nunca fue planeado, tan solo ocurrió y no pude o no supe detenerlo.

En ese momento soltó mis manos, y poniéndose de pie, dio unos pasos por el estar.

Ya no volvió a mirarme a los ojos, y ese fue mi peor castigo, no podía saber qué es lo que estaba pasando por su cabeza, pero sí por su corazón, la filosa daga de mi confesión, sin lugar a dudas lo había atravesado, rompiéndolo en mil pedazos.

Fue hacia la cocina, supongo que a tomar un vaso de agua, porque oí la puerta del mueble, y luego la canilla, seguramente pensando qué hacer o qué decir.

Escuché el sonido del vaso de vidrio, al apoyarlo en la mesada de granito, luego sus pasos volviendo al estar.

Pensé que en ese momento vendrían los reclamos, los cuestionamientos, los insultos quizás, pero no.

Volviendo a tomar su maleta y caminando hacia la entrada del departamento, sin mirarme.

Eso hizo que me pusiera de pie y me acercara, abrió la puerta y antes de salir, lo único que dijo fue:

-JAVIER: Esto sí que no me lo esperaba!

Volvió a mirar hacia la salida y caminó los pocos pasos que faltaban para el palier del piso, y antes de encarar el pasillo hasta el ascensor, volvió a girarse sin mirarme a los ojos, y oí de sus labios las últimas palabras.

-JAVIER: No me llames, no me busques!

En vano fueron mis palabras pronunciando su nombre, pidiéndole por favor que no se vaya, una y cien veces pidiéndole perdón, caminé también por el pasillo, hasta pararme a dos pasos de él, que seguía sin mirarme, esperando que el ascensor llegara a nuestro piso.

Se abrieron las puertas, y entró en él arrastrando su maleta.

Me paré frente a las puertas del ascensor, y en el momento en que se cerraban, levantó un momento la vista, solo por una fracción de segundos, sus ojos llorosos se encontraron por última vez con los míos.

Volví a entrar al departamento, y lo seguí con la vista desde la ventana, mientras caminaba arrastrando su maleta, hasta que dejé de verlo, cuando dio vuelta en la esquina.

No pude más que tirarme a llorar echa un bollo en el sillón, y así estuve no sé cuánto tiempo, y exhausta por las horas que llevaba sin dormir, caí angustiosamente rendida.

Cuando abrí los ojos eran las tres y media de la mañana, y la angustia se volvió a apoderar de mí.

No sé en qué momento volví a quedarme dormida, y me despertó el sonido de una llamada en mi teléfono.

Antes de ver la pantalla, pensé que podría ser Javi, que quizás después de unas horas, quería hablar conmigo, quizás pedirme explicaciones, pero al girar el teléfono vi que era Alejandra y llorando la atendí.

Media hora después tocaba el timbre de casa, con los ojos hinchados y apenas pudiendo dar un paso tras otro, bajé a abrirle, cuando me vio ya supo lo que había pasado, y abrazándome subimos al departamento.

Se quedó conmigo todo el domingo, y el lunes avisó en el trabajo que no se sentía bien, y también me acompañó.

Fue ella quien pidiéndome el teléfono de Amelia, le pidió un turno lo antes posible, explicándole en pocas palabras lo que había sucedido.

Le dijo que fuera al día siguiente a las seis de la tarde, y por supuesto fue Alejandra quien me llevó.

Pasaron unos días y no tuve noticias ni llamados de Javier, comprendí que ya no querría verme más.

Fue recién diez días después, que tomé coraje y lo llamé por teléfono, escuchaba nervioso cada tono de llamada, pero no contestó.

Decidí envíale un audio pidiéndole que por favor habláramos, aunque sea una última vez.

Horas, días esperé alguna respuesta que nunca llegó.

Esa semana me llamo Enrique, para invitarme, al igual que el año anterior, a un asado en su casa con todos los compañeros de la cátedra, para despedir el año, pero amablemente me excusé, diciéndole que ese día no estaría en la ciudad, aunque en verdad no tenía cuerpo para fiesta, y menos que menos sí es anoche estaba Pablo allí.

El veintitrés de diciembre lo volví a llamar, pero tampoco tuve respuesta.

Mi vida sin él había perdido el sentido, y si no fuera por Alejandra que estaba todo el tiempo conmigo, me hubiera venido abajo.

Pasé las peores fiestas de mi vida, y comencé el nuevo año con la seguridad de que ya no volvería a ver a Javier, que jamás me perdonaría mi infidelidad.

Desde que Javier se había ido de casa, Alejandra me acompañaba religiosamente todas las semanas a la sesión con Amelia, que luego de la segunda consulta me recomendó ver un psiquiatra y en la consulta con él de la semana siguiente, me dio dos medicamentos, uno para dormir en las noches y un antidepresivo que tenía que tomar por la mañana.

Esos días de enero fueron los peores mi vida, y Alejandra se enteró en una conversación, de qué hacía unos meses había reservado unos días en un complejo en la costa, me insistió para que fuera, me dijo que ella misma me llevaría, se quedaría un par de días conmigo, y luego me iría a buscar, que un cambio de aire me haría bien para intentar volverle encontrarle un sentido a mi vida.

En los últimos días del mes de enero, volví a intentar comunicarme con Javier, y como no me respondió, se me ocurrió llamar a su empresa, sin decir quién era, y una señorita muy amablemente, me dijo que Javier ya no estaba ocupando ese cargo en la empresa, y luego de colgar volví a llorar desconsoladamente, no sólo había arruinado nuestro matrimonio, sino también su trabajo en la empresa, me sentí la peor de todas.

Salimos temprano con Alejandra para la costa en su auto, ese primero de febrero, y al llegar al complejo, hablé con Gabriel, su dueño, para preguntarle si no había problema, en un cambio de personas en la reserva.

Amablemente me dijo que no, y nos asignó una de las unidades.

El tres de febrero, Alejandra se volvió para La Plata, prometiéndome que volvería a buscarme el día doce o trece, pero que me llamaría por teléfono todos los días.

Sola en esos días en el complejo, luego del desayuno, me iba a la playa, y me pasaba horas mirando el mar, la gente, las familias, los grupos de chicas y chicos divirtiéndose en la playa, y yo no podía con mi profunda tristeza.

Una de esas mañanas mirando el mar, decidí que dejaría el trabajo en la facultad, no tendría ni cuerpo ni voluntad para volver a dar clase y menos aún, ver a Pablo todos los días.

Esa tarde del nueve de febrero, al volver de la playa, al entrar en la cabaña, vi en mi teléfono que tenía una llamada de Enrique, y aprovechando para comunicarle mi decisión de dejar el cargo en la cátedra, los llamé por teléfono.

-LAURA: Hola Enrique, ¿cómo estás?

-ENRIQUE: Hola Laura, ¿cómo estas vos?

-LAURA: Vi tu llamada! Me vine unos días a la costa y estaba en la playa sin el teléfono!

-ENRIQUE: Laura, necesitaba hablar con vos, por eso es que te llamé antes de tiempo!

-LAURA: Yo también quería hablar con vos, y estaba también por llamarte en estos días, te quería avisar que voy a dejar el cargo, no voy a seguir en la cátedra!

-ENRIQUE: Perdón Laura que me entrometa en cuestiones personales, pero supongo el motivo por el que querés dejar tu trabajo. Sabés que aprecio mucho tu labor en la cátedra y te aprecio a vos como persona, y es por eso que me he atrevido a este llamado. El día de ayer he hablado con Pablo y me puso al tanto de lo sucedido. Lamento mucho por lo que supongo estás pasando, Pablo supo por Silvina que las cosas en tu matrimonio no estaban bien, más precisamente, que tú esposo al saberlo se había ido de tu casa.

-LAURA: Así es Enrique, y no tengo nada que reprocharle! Ha sido mi culpa y tengo que afrontarlo!

-ENRIQUE: Tengo que decirte, que Pablo ayer, me hizo llegar su renuncia indeclinable a su cargo, según sus palabras, ya había provocado problemas en tu matrimonio y no podía provocarlos también en tu trabajo, por consiguiente, si el motivo de dejar tu trabajo, era no tener que hacerlo con Pablo, ese motivo ya no existe.

-LAURA: Ese era uno de los motivos, pero el otro es que no tengo cabeza para poder hacer el trabajo como corresponde!

-ENRIQUE: Te propongo algo, no renuncies ahora, tomate todo el tiempo que necesites para volver a ponerte de pie y en unos meses, volvemos a hablar, además, no conozco tu situación económica, pero supongo que necesitarás tu salario, ¿qué te parece?

-LAURA: Gracias Enrique! te prometo que haré todo lo posible para volver a estar bien y retomar el trabajo lo antes posible.

-ENRIQUE: Tranquila, no hay apuro! Tu cargo te estará esperando para cuando puedas volver!

-LAURA: Muchas gracias Enrique, de corazón te lo agradezco!

-ENRIQUE: Y aunque no soy muy bueno en eso, si necesitás hablar con alguien o un consejo, acordate de este viejo! Te mando un beso, espero que las cosas se puedan arreglar en tu vida y pronto volver a verte!

-LAURA: Gracias Enrique! Te mando un beso!

Me llegaron muy adentro las palabras de Enrique, pero no sabía cuándo volvería a estar en condiciones de pararme frente a un curso para dar clases.

En vano miraba muchas veces el teléfono, ilusionada en que en algún momento encontraría una llamada perdida de Javi o algún mensaje, pero nada...

Los días pasaban y mi tristeza se hacía cada vez más profunda, no encontraba un motivo para seguir viviendo.

La estupidez de aquella noche, hizo que mi hermosa vida se truncara, todo había sido mi culpa, y tendría que lidiar con eso el resto de mi vida.

Conociendo a Javi, sabía que nunca perdonaría mi traición y de aquel día en adelante, mi vida sería tan solo sobrevivir.

Sigo amándolo como desde hace tanto tiempo, pero sigo sin siquiera saber dónde está y principalmente, como está, tan solo me gustaría saber que a pesar del dolor, con el tiempo pueda seguir con su vida.

Entiendo la distancia que ha puesto Javi, por supuesto la tengo merecida, la única pequeñísima luz de esperanza a la que me podría aferrar, es a que aún no me ha pedido el divorcio, aunque eso no significa que pueda perdonarme y volver a estar juntos. Un utopía, ya lo sé.

Las decisiones que tomamos en la vida, siempre tienen consecuencias, muchas para nuestro bien, son esas que no hacen ver que es ese el camino correcto, y otras lo son para nuestra desdicha y la de nuestros seres queridos.

Lo que pasó aquella noche, fue una de estas últimas, la que destruyó la relación con Javi, quien fue, es y será siempre, el amor de mi vida.

Fin.

Epílogo

En esos días que Laura estuvo en el complejo, sobre todo en los que estuvo sola, iba de la unidad a la playa, siempre con sus pantalones de jogging y una remera larga, aunque la temperatura era elevada. Tan solo solíamos verla en la hora del desayuno, sentada siempre en la misma mesa junto a la ventana y mirando hacia afuera, sin dudas abstraída en sus pensamientos.

Fue en la mañana de unos de sus primeros días aquí, que Mora se acercó a ella y conversaron un momento.

Esas conversaciones se fueron reiterando día tras día, y terminó contándole el motivo de su soledad y de las razones de su angustia y su tristeza.

Entre lágrimas le contó de lo arrepentida que estaba por lo que había pasado, y que aunque costara creerlo, seguía tan enamorada, de su aún esposo, como siempre, y que sabía perfectamente que eso no cambiaría, que nunca se perdonaría la traición y el dolor que le había causado, y que su vida de allí en adelante, sería un calvario, una vida en soledad que sabía que se merecía.

En la última mañana que estuvo desayunando en el comedor, esperando que su amiga viniera a hacerlo con ella, le dijo que esperaba dolorosamente, el momento en que su esposo o su abogado le avisaran del pedido de divorcio y la venta de la casa y el auto, situación que seguramente llegaría en algún momento, y que no haría más que agrandar el vacío en que se había convertido su vida.

Se despidió de nosotros, diciéndonos que la había pasado muy bien, que el complejo era hermoso, le agradeció a Mora por todas esas charlas y le dijo que seguramente volvería en alguna otra ocasión.

Luego de esas conversaciones, Mora me contaba lo que había ocurrido en su vida y como se estaba sintiendo, lo que me permitió contar aquí su historia.

Pero me quedó un gusto amargo al ver su tristeza, sé de las equivocaciones que podemos cometer las personas, y en mi caso, lo que realmente es importante, es ser consciente de ellos, del dolor causado, de arrepentirse sinceramente, tratar de enmendar el error y de buscar el perdón.

Luego de eso, ver si existe la posibilidad de remontar la relación, si no es así, que cada uno pueda cerrar esa etapa de su vida, y poder mirar hacia adelante.

Después de tanto tiempo sin tener contacto con “Pepo” no tengo verdadera noción de su vida, en qué tipo de hombre se puede haber convertido, pero por los dichos de Laura, era un buen tipo, y que el amor por ella existía desde hacía años, y antes de su infidelidad, ese amor estaba intacto y tenían una buena vida.

Creo que se deben una charla, esa que seguramente no pudieron tener en ese momento de verdades y dolores.

…Estoy pensando que quizás pueda contactar a alguno de los amigos de esa época, e intentar ubicar a Javier y saber que es de su vida y de sus sentimientos.

Ya veré como…, pero eso… eso será otra historia.

Jejen.

Continúa en