Vida y... muerte. (41/42)
José María llega al criadero sabiendo que lo esperan. No es una visita casual; es una sesión de trabajo y placer donde las reglas las impone él. Adela, Yolanda y Josefina están listas para ser 'rota' y enseñadas, pero la noche promete más que simples orgasmos: promete sumisión total.
LAS CHICAS DEL CRIADERO - MARÍA JOSÉ. (41).
Me quedé mirándolas a las tres y notaba la expectativa por mi respuesta, fueron unos cuantos segundos hasta que expresé: “Vine sólo a tomar unos mates, pero si quieren que me quede un rato más, la haré encantado”… Mis palabras actuaron como una campana de largada, Yolanda salió disparada para el interior de la casa gritando, “chicos a prepararse que los llevo con el tío Jorge” y Josefina salió detrás de la primera diciendo que enseguida volvía. Adela no pudo aguantar la risa…
Jajaja, está toda ilusionada “la” Josefina, no nos pudimos aguantar y con Yolanda, aparte de contarle todo con lujo de detalles le dijimos que cuando vinieras la ibas a “embocar” de una. No veía la hora de que te dieras una vuelta.
Primero dame un mate y segundo, sabés que no me gusta que decidan por mí.
Lo tenemos claro, sabemos cómo pensás, pero no te enojes, nosotras te tenemos como nuestro único macho, a mí me falta entregarte el culo, Yolanda quiere repetir y es buena oportunidad para que nos soltemos entre nosotras, después de todo, vos no vas a poder venir muy seguido, con Jorge no podemos contar y no queremos a otros hombres cerca.
La tenés toda pensada, ¿se te despertó la putita?...
Siempre fui muy caliente, tenía la llamita casi apagada y vos la reanimaste. No te imaginás las “fiestas” que nos hacíamos con Raúl, siempre con mujeres y hasta artistas de la época había, las veía más en la cama que en la televisión, jajaja. Yolanda también es muy caliente y Josefina está muy mal cogida, pero ninguna conoce de mujeres, voy a tener que enseñarles.
En cuanto me descuide esto va a ser un “puterío” contigo de madame, tendré que pensarlo bien.
¡Noooo, eso nunca!, yo fui puta de ley, de un solo hombre y lo mismo va a ser con vos, ya se los dije a las chicas, a la que se quiera torcer le corto las tetas, ¡hasta corremos a la mañana para estar más duritas!
Está bien, te tomo la palabra, pero, me cebaste un mate sólo y, por lo otro, todavía estoy en veremos, ya vi que están más lindas en su exterior y me gustaría comprobar esas “durezas”.
Adela no perdió más tiempo, me cebó el segundo mate, “como para no quedar rengo”, se sacó la remera dejando sus tetas al aire y se puso en cuclillas para aflojar mi cinturón y bajar el cierre del pantalón, le ayudé a sacarlo levantando el culo de la silla, pero no quiso dejarlo en los tobillos, me sacó el pantalón y el bóxer y los dobló en una silla libre, luego volvió a colocarse en la misma posición anterior y se ocupó de mi verga que ya estaba pronta para la tarea, con sólo mirar la cara de deseo de la veterana me había puesto a mil. Se metió el glande en la boca, lo ensalivó, noté como lo iba llenando de saliva a medida que se penetraba la boca y eso me gustó, eso de que te escupan la verga como si fuera algo erótico y morboso me resultaba asqueroso, ninguna de mis chicas lo hacían y eso que nunca les dije nada. Poquito a poco, como ya me lo había demostrado la fue tragando toda aguantando incluso un par de ahogos, pero llegó a lo que se proponía, aplastó la nariz en mi pubis y luego la fue sacando y me miraba con ojos de hembra enfebrecida.
Karina era una reina mamando mi verga, pero Adela me generaba un morbo especial, posiblemente porque la mirada y la cara en sí demostraba a una hembra entregada al 100% a su macho. Por un costado apareció Josefina y se quedó parada debajo del marco de la puerta cuando la vio a la suegra en el metiers, estaba vestida con un pequeño camisón transparente, se había cepillado bien el cabello y me gustó observar que físicamente estaba más que mirable, era una flaca que calentaba y tenía sus redondeces bien puestas. Le hice una seña para que se acercara y su sonrisa complacida me hizo saber de sus ganas. Al acercarse agachó la cabeza para besarme y mientras nos comíamos la boca metí mi mano en su entrepierna, que estaba caliente no había dudas, el lugar era un volcán y su vagina chorreaba, bastó con pasarle el dedo por los labios para que emitiera un gemido que por poco no se convirtió en un grito.
Adela abrió los ojos y estiró la mano, le dejé el lugar y pasé la mano a sus nalgas, dos dedos jugaron en su entrada trasera y Josefina tuvo que apoyarse en los hombros de los dos para aguantar el temblor que le provocó el orgasmo repentino. “Vení, sentate arriba, manejá la cogida y sin miedo que es grande, pero no muerde, yo te voy a ayudar”, -expresó Adela dirigiéndose a su nuera más delgada-. Las nalgas de la flaca eran más chiquitas, pero estaban bien formadas y se posicionó para la penetración. Adela se puso por detrás de ella y tomó el miembro para dirigirlo al lugar natural, pronto me di cuenta de lo que pasaba, cuando Josefina levantó el cuerpo y gimió fue porque lo había motivado Adela introduciendo uno o dos dedos en su culo, vino justo porque al levantar las nalgas, la veterana apoyó el glande en la abertura anegada y lo que siguió fue coser y cantar.
En realidad, no fue tan así, el glande se ubicó correctamente, pero costó un poco por lo estrecho del conducto, “despacio, cielito, despacio”, -le decía la suegra y la hacía gemir, seguramente por los dedos que jugaban o penetraban el culito. Josefina se mordía y tenía los ojos llenos de lágrimas, pero se movía tratando de que el miembro entrara y saliera, pronto el dolor inicial fue dando paso al placer y cuando estaba por la mitad dejé de sentir los dedos de Adela que se paró detrás de ella, le bajó los breteles del camisón y la abrazó prendiéndose a los pezones a los que amasó con sus dedos.
El temblor de Josefina fue evidente y se dejó caer hasta chocar sus nalgas con mis muslos, no pudo retener el grito por el choque en su interior, pero pasó rápido y me besó como desesperada mientras se movía entrando y saliendo cada vez con más ganas. Estábamos en eso y el grito jocoso de Yolanda nos sorprendió desde la puerta de entrada, “¡dejen algo para mí, la puta madre, vengo toda empapada!”... En los cuatro o cinco metros que nos separaban se desnudó por completo dejando la ropa a su paso. La atajó Adela y se le prendió al morro con toda la boca. La menor de las nueras no tuvo tiempo a sorprenderse y reaccionó como la pendeja caliente que era, no sólo le devolvió el beso, sino que acarició las tetas de la suegra haciéndola suspirar de gusto. Josefina se movía a gusto, gemía de placer entrando y saliendo haciéndome sentir el canal estrecho y las otras dos se comían las bocas con desesperación, yo no movía un pelo, pero estaba excitado hasta en las uñas y hacía fuerza para no acabar como un principiante.
Con un gesto de Adela, Yolanda se separó y se arrodilló detrás de Josefina, la lengua de la pendeja no tardó en hacer estragos en mi tronco y en el culito de la concuñada que comenzó a gritar y a querer moverse como electrizada, la tuve que amarrar con mis brazos y en ellos apoyó las tetas Adela cuando se volcó a acariciarle, apretarle y sobarle las tetas a Josefina, pezones incluidos en la tarea, algo que parecía aumentar su desesperación y placer. El grito de la flaca fue lo esperado, sus jugos mojaban mi verga como si meara y sus contracciones me hacía doler, además Yolanda no la dejaba decaer, sus dedos, por lo menos dos, entraban y salían con ritmo y rapidez del culo de Josefina que no paraba de temblar.
Les tuve que pedir que pararan, Josefina se aflojó y su cabeza quedó volcada, el placer impensado la había superado y había perdido el sentido. Mi verga salió haciendo un “plop” que no esperaba por lo lubricado del lugar y la llevé en brazos a la habitación más cercana. Adela colocó un trozo de algodón empapado en alcohol debajo de su nariz y reaccionó revoleando los ojos, “jajaja, todavía está viva, ahora dame a mí”, -expresó Yolanda y se apoyó en la cama dejando el culo a disposición-. La veterana que parecía estar en todo, se metió el miembro en la boca para que recuperara su rigidez y, a la vez, embadurnaba el culito de la pendeja con una pomada que resultó ser xilocaína en gel. Ver eso y decirme “rompele el culo” fue más o menos lo mismo y apoyé el glande ensalivado en el agujero lubricado.
“Primero por la con… ¡ahhhh!”, -fue lo único que alcanzó a decir la aprendiz de sumisa, la suegra se colocó rápido delante de su cara y abrió las piernas para acercar su entrepierna a la boca, y yo, viendo todo el movimiento, le tiré de los cabellos para que levantara la cara e incrustara la boca en la vagina veterana. Ya no hubo gritos ni gemidos, por lo menos no de Yolanda, la que gemía y puteaba diciendo incoherencias era Adela. No podía verle la cara porque se había dejado caer hacía atrás, pero sus exclamaciones de placer me ayudaban a incrementar el ritmo en el culo de Yolanda que no tardó en explotar en un orgasmo brutal. El marcador iba dos a cero y lo llevaba bastante bien porque ya me había aguantado y podía estirarlo a gusto, acabaría cuando yo quisiera y aún faltaba el culo más fogueado. Una, tirada aún sobre un costado de la cama, se estaba recuperando de la cogida sobre la silla, la otra salía de un orgasmo tremendo y Adela que había gozado horrores con la lamida de Yolanda me miró y poniendo su dedo índice sobre la palma de su otra mano pidió una tregua.
¡Por Dios José María!, nos estás dejando como trapitos, ya me di cuenta que no terminaste, ¿podrás aguantar un poquito más y dejarnos tomar algo?...
Accedo sólo porque vos lo pedís, pero me quedo en la cama, ya te imaginarás como tengo los…
Sí, sí, ya me imagino, pero nosotras estamos muy desentrenadas, esto no fue nada profesional y no estamos acostumbradas a este placer. Yolanda traé las copas y ese whisky bueno que compré para el patrón, en la heladera hay cubitos.
Yolanda fue a cumplir con el pedido, fue diligente, aunque se quejó un poco al pararse, hizo un par de muecas y provocó nuestras risas, el impasse nos vino bien y la buena onda se notaba. Josefina, ya recuperada, se acercó a mí y me habló…
No sé qué me pasó, nunca sentí nada igual, antes era, “ponete así, ponete acá” y acabar con un orgasmo era una lotería.
Nena, olvidate de lo de antes, yo crie a “buenos para nada”, lo que te sucedió hoy es que gozaste como nunca y tu mente se pasó de rosca, jajaja, -expresó Adela riendo a viva voz-.
No te hagas problemas Josefina, tuviste orgasmos más fuertes de lo que estás acostumbrada, llamalo algo así como “Factor Sorpresa”, con Adela y Yolanda te vas a acostumbrar.
Esa es otra cosa, nunca se me hubiera ocurrido pensar en una mujer y me sentí muy bien con estas dos locas, me parecía todo de lo más normal, ¿esto será ser lesbiana?
¡Qué lesbiana ni ocho cuartos!, esto es sexo con la gente que más querés, de lesbiana nada o me vas a decir que no gozaste cuando estabas sentada en esa verga hermosa, -decía Adela con vehemencia-.
Creo que lo peor que podés hacer es ponerle rótulos al placer, el secreto es disfrutar de lo que te da placer sin entrar en un desmadre.
Ahora cuando José María te la meta por el culo vas a notar un placer inesperado, duele un poco, pero es algo que no se puede explicar, aun cuando tengas que caminar con el culo roto un largo rato, jajaja, -la risa y el comentario de Yolanda que entraba con las copas nos contagió-.
No me disgusta por ahí, pero nunca sentí mucho placer que digamos, -dijo Josefina poniéndose colorada-.
Vayamos con tranquilidad, tomemos esa copa y después me gustaría ducharme, luego podemos seguir.
Te bañamos nosotras, -saltó Yolanda como materia dispuesta para seguir con la joda-.
De eso nada, los culitos de Adela y Josefina merecen ser rotos sobre la cama y no van a pasar de esta tarde.
Pero, nosotras ya lo hemos usado, no vas a poder romper nada, -dijo Josefina con cierta inocencia que provocó las risas de las otras dos-.
Lo de romper es un decir, nena, aunque con esa verga vas a sentir como si te lo estuvieran rompiendo.
¡Yolanda!, no le hagas la cabeza, al final entra toda y se convierte en puro placer, -acotó Adela dándole un poco de tranquilidad a Josefina-.
Las escuchaba hablar a las tres y me sentía bien, no estaban ni estarían a la altura de las otras cinco mujeres que me rodeaban, pero también formaban parte de un entorno que me había sabido formar, luego de tomar el whisky que vino muy bien, me fui a dar una ducha y a instancias de Adela, las chicas fueron a preparar algo para “picar”, eso también venía muy bien, había que recuperar algo de la energía gastada.
Me tomé mi tiempo debajo del agua, estaba caliente como a mí me gustaba y era reconfortante, salí sólo con el bóxer puesto y me agrado notar que ellas también se habían duchado en otro baño y andaban por la casa con conjuntos de ropa interior. Un culotte muy sensual tapaba las nalgas de Adela y las otras dos tenían tangas que dejaban sus nalgas duras al descubierto, las tres usaban sostenes de media copa que dejaban parte de las areolas al descubierto. Fue un toque sutil inspirado por la veterana, ella sabía muy bien que un conjunto de ropa interior generaba más morbo que la desnudez completa.
Les alabé los conjuntos haciendo extensivos mis halagos a sus cuerpos excitantes, las tres agradecieron los comentarios y fuimos a la cocina para picar un poco de queso, fiambres, algo de pollo cortado y pan todo en trozos que nos llevábamos a la boca usando los respectivos mondadientes. Aprovechamos la ocasión distendida para que me contaran como iban los preparativos. Allí me enteré que ya tenían a la gente que se ocuparía de los distintos lugares, todas mujeres, tal como yo había pedido y los animales ya estaban prontos para la compra, sólo esperaban que estuviera todo terminado. Adela me habló muy bien de Jorge, el chico se había adaptado muy bien a los trabajos y ponía toda su buena voluntad, además de ser una buena compañía para ellas y sus hijos. Estaba pendiente de todo para brindar su ayuda y vivía solo en una de las casas ya refaccionada. Me alegré por el chico, no dejaba de ser una buena obra, no quedaba a la buena de Dios y sabía que conmigo no se jodía.
La conversación comenzaba a estar demás y esto por obra y gracia de Yolanda que se había acercado y comenzó a acariciarme los pectorales, en definitiva, cuando me fui del criadero quedaba en mi retina la pose de Josefina y Adela puestas en cuatro sobre la cama, gritando primero como enloquecidas cuando el ariete penetraba su oquedad trasera y gimiendo después con placer cuando el vaivén las hacía entrar en orgasmos consecutivos. Yolanda no se quedó quieta en todo ese meter y sacar en los culos de las mujeres mayores, la pendeja se ocupó de lamer las vaginas de la concuñada y la suegra adoptando posiciones raras y también recibió las lamidas que éstas le propinaban mientras no eran penetradas. No quise quedarme a cenar y aparte de la satisfacción por el sexo, estaba contento porque eso prometía funcionar como una empresa bien aceitada.
Mientras conducía camino a casa pensé en ir a comer al restaurant de Alviria, pero desistí rápido de esa idea, no estaba para rodearme de mujeres, mucho menos para tratar de obtener algún tipo de favor de ellas, tampoco estaba por la labor de andar poniendo excusas y directamente desde el celular pedí la cena a un delívery. Calculé justito porque no bien acababa de entrar en casa cuando llegó el muchacho con la motito con mi cena, comí directamente del recipiente en que me mandaron la comida y ni vi la hora en que me acosté.
Cada vez me gustaba más eso de despertar con el canto de los pájaros y me deleité haciendo un poco de tiempo mientras me estiraba entre las sábanas. Luego de prepararme unos mates que degusté disfrutando de la sombra de los árboles más cercanos a la pileta, me puse a mirar el mensaje que me mandaban de mi “trabajo”, como siempre, fue conciso y concreto: “Resolución aprobada y conformidad de depósito”, no era necesario más, yo sabía que no me jodería con eso, por lo menos por un año y sólo tenía que dedicarme a disfrutar de mi “entorno familiar”. Pensar en eso derivó en Karina, el anillo y el modo en que se lo entregaría. Todavía no decidía sobre eso, me estaba costando más de lo esperado pues cuando llegó el momento en que debía tomar una resolución que sería trascendental para mi futuro y el de ella, “se me habían quemado los papeles”. Me planteé seriamente todo esto y llegué a una conclusión al respecto, no era un problema de temor o de duda, el tema era de “ocasión propicia”.
No encontraba nunca la ocasión acorde a lo que yo quería demostrarle a Karina, pensaba en una cena íntima, una sorpresa a media comida, la aparición del anillo y/o el pedido o una reunión de todos en casa, pero… se me antojaba todo como muy trillado y no creía que a ella le fuera a encantar algo así. Posiblemente me estuviera equivocando de punta a punta, aunque, a mi favor podría decir que era algo que nunca había hecho, por lo pronto, ya tenía totalmente solucionado lo de mi “trabajo” y eso era importante.
Cerca del mediodía llamaron, primero Karina y luego Estela, las dos me avisaron que habían sido notificadas desde el Banco respecto a la disminución del saldo de las respectivas cuentas corrientes. Les recordé a las dos que al día siguiente ya podrían contar con esos fondos, ninguna puso en dudas eso, sólo llamaban para avisarme de la eventualidad. Además de eso, Estela me puso al tanto de la marcha de la fiesta de entrega de diplomas a los egresados, algo que se llevaría a cabo en quince días y lo agendé en el teléfono porque tendría que estar sí o sí en ese evento.
Sin ganas de hacer más, me iba a tirar a tomar sol antes de almorzar y recordé el tema del Jardinero en la casa refaccionada, no lo pensé más, me puse una remera y fui para allí. Me crucé con la camioneta de un vivero que dejaba la casa y me puse a conversar con el jardinero, había mandado a comprar panes de pasto y varias plantas con flores que adornarían los costados y el frente de la casa. Ya estaban colocando el pasto y el parque quedaba como para admirarlo. Ni siquiera pregunté por el gasto, en el vivero tenían mi número de tarjeta y se cobraban directamente.
Allí tomé conciencia de que debía ordenar mis cuentas, pero me era fundamental ordenar las cuentas de lo que sería el criadero, en ese lugar todo debería ser legal, habría que hacer liquidaciones, pagar impuestos, ordenar entradas y salidas y con el trabajo de Yolanda no alcanzaría. Todo eso sería nuevo y la Contadora que debería encargarse y avalar todo con su firma, también debería ser nueva, por eso me puse a buscar por la zona de influencia de la nueva empresa a quien pudiera cumplir con los requisitos.
Encontré a una chica que se había recibido hacía unos seis meses y había puesto avisos ofreciendo sus servicios. La llamé por teléfono, me presenté, le conté lo que quería hacer y se entusiasmó con la idea. Quedamos en que ella pasaría por el criadero para conversar con Adela y que la pusiera bien al tanto, si congeniaban y se entendían hablaríamos luego de honorarios. Luego de esta conversación la llamé a Adela y la puse al tanto de la futura visita de la Contadora, “dejalo por mi cuenta, yo me arreglo con ella”, -dijo y me quedé conforme, ella sabía muy bien lo que debía hacer-.
Así como estaba, de remera, zapatillas y bermuda, me subí al auto y me fui a almorzar a una parrilla móvil puesta bajo unos árboles al costado de la ruta. Hacía rato que no aparecía por allí, el hombre tenía una especie de motor-home, armaba unas cuantas mesas con sillas debajo de unos árboles y se mandaba unos asados de película. Solían parar allí conductores para llevarse la comida a sus casas, no faltaban algunos camioneros y hasta los dos policías del móvil provincial venía a degustar “de arriba” algunos pedazos de carne.
Después de comer a gusto algo de entrada, un poco de centro de entraña y unas bondiolas que estaban para chuparse los dedos, sin vino, porque el que allí se vendía no era de mi gusto, aunque, la gaseosa no cayó mal y me volví para casa dispuesto a pasar otra tarde “al pedo”. Desde que no iba al colegio se me estaba haciendo todo muy chato, anodino, sin expectativas y algo aburrido, eso de delegar estaba bien y no me disgustaba, pero… me faltaba la acción. No sé si me puedo llegar a explicar, dinero tenía y sobraba, el tiempo lo podía manejar a voluntad, aunque no era cuestión de andar corriendo de un lado al otro para rellenarlo.
Mujeres sobraban y de las mejores, aunque… eso de andar “con el pito en la mano” sacándolo de un lado para meterlo en el otro y andar buscando nuevas posibilidades como si uno fuera un galán irresistible me sonaba a pelotudeces de pendejo. El sexo me encantaba y cuando se daban las oportunidades lo disfrutaba, pero no me urgía, ni siquiera cuando era un pendejo y Raúl me decía de acompañarlo para acercarme a algunas de las chicas de la televisión, todo pasaba por mis decisiones y a lo que a mí se me ocurría en el momento y en esos momentos actuales ni fu ni fa.
Me puse a leer un libro sentado a la sombra y quedé por la mitad, me desperté cuando el sol había caído. Me bañé, me cambié, me iría a verla a Karina, tenía ganas de conversar, pero ni siquiera llegué a salir de casa. No bien asomó a la calle la trompa del auto apareció María José con el suyo y se bajó del coche dirigiéndose rápidamente hacia mí… No pude dejar de notar que la remera ajustada no denunciaba sostén que el shorcito de jeans recortado parecía un slip del que colgaban los forros de los bolsillos.
Hace un montón de tiempo que te busco y parece que te escaparas, ni el teléfono me contestabas, ¿estás enojado conmigo?
No, no estoy enojado, pero no estaba por la labor de contestarte, menos a llamadas que no he recibido.
Pero, pero, yo te llamé al teléfono de tu tarjeta.
Ahh, claro, ahora entiendo, estuve unos diez días en Portugal, salí a la disparada, regresé ayer y si tu celular no tiene alcance internacional, es difícil que te pudieras comunicar. Salvado ese tema, me enganchaste justo en que salía para la capital, ¿qué te anda pasando?
Ahora nada, el Abogado se encargó de todo y le hizo hacer un trato muy conveniente para mí, ¿no podemos entrar para que te cuente?...
Dale pasá y tomamos algo.
Retrocedí el auto y le dije que metiera el de ella, que perdiera una hora más o menos escuchando a la vecina no hacía a la cuestión, pero, lo que cambió toda la ecuación fue ver como giraba y caminaba hacia su auto, el shorcito dejaba al aire un par de nalgas que no eran para despreciar, esos pantaloncitos exacerbaban mi libido y como era cierto que siempre decidía yo, decidí tratar de ver si podía tener ese culito a disposición de mi verga que ya se demostraba un tanto inquieta.
Contame que pasó, ¿cómo te fue?, -le pregunté mientras se sentaba en el sofá y yo servía un vodka con naranja para ella y un whisky para mí-.
Me fue genial, me quedé con la casa, el auto y con el 50% de los depósitos en dólares que tenía en el exterior. El Abogado me cobró sólo sobre los depósitos y le hizo firmar todo en tiempo record, bueno, tampoco tenía mucho por discutir, si íbamos a juicio perdía todo, estamos separados de hecho y ya tengo todo a mi nombre.
Bueno, valió la pena haberme tirado de culo al barro, ¿no?, jajaja, ¿qué pensás hacer ahora?...
Nada, me voy a vivir al interior con mi madre, está sola y con el dinero de la venta de la casa y el efectivo en dólares podemos poner un regio negocio en la ciudad de la que soy oriunda, la aventura en la capital terminó.
Bien pensado, sólo tenés que esperar a que se concrete la venta.
Ya está lista, me la compra el Abogado y parece que ya la tiene vendida, el miércoles firmo el traspaso y me dan el dinero, el divorcio tardará un par de meses más, pero me “armé” de unos cuatro millones de “verdes”, nada mal para una pueblerina, ¿no?...
No, absolutamente nada mal y ¿qué querías ahora conmigo?...
Dos cosas y no me podés decir nada. La primera es agradecerte porque gracias a vos logré todo esto que puedo disfrutar y la otra cosa es que me lleves a la cama y que me cojas como nunca.
Pará, pará un poco, bajate de la moto, mi ayuda no fue para lograr esto.
Ya lo sé y es cierto que nunca le metí los cuernos a mi “ex”, pero quiero que vos seas el que lo haga cornudo, lo estoy esperando desde hace una semana, ¡por favor!, no me desprecies…
Me dijo esto mirándome con una cara de adolescente inocente, deseosa y suplicante, no era tan inocente, ni tan adolescente, pero que más daba, además unió la acción a la palabra y se sacó la remera en un pestañeo quedando con sus tetas al aire, por si faltaba algo, la vista de sus pezones chiquitos y erectos enmarcados en areolas chicas como de dos centímetros de diámetro fue como un cachetazo al glande para que se despabilara completamente. Le estiré los brazos y se trepó a mi como si fuera una monita, sus brazos pasaron por detrás de mi cabeza y sus piernas se cruzaron a la altura de mi cintura. ¡A la mierda con las ganas de conversar viajando hasta la capital para eso! Su boca buscó la mía y me la comí mientras escuchaba sus gemidos, la mantenía con mis manos en sus nalgas y caminé para una habitación, María José se merecía una cama y quisiera o no, yo me iba a cobrar el favor…
VECINA AGRADECIDA - CACERÍA. (42).
La apoyé de espaldas en la cama de la primera habitación que encontré y ella dejó las piernas alzadas pidiendo con voz sensual que le sacara el shorcito, se había desabrochado el botón principal bajando el cierre y mientras me ayudaba para sacárselo por sus piernas levantadas, yo dejé caer la bermuda. No estaba para preliminares y como, en su calentura, destilaba jugos hasta de las orejas, le separé un poco las piernas y encaré el glande al orificio anegado. Se notaba que por allí hacía rato que no entraba algo respetable y cuando el ariete comenzó a cumplir su función, ella levantó la cabeza que tenía apoyada en las sábanas para hablarme con un puntito de miedo y desesperación… “Pará, pará, bestia, ¿qué me estás metie…, agggg?, duele, carajo, no estoy acostumbr… aggg, despacio José”… Despacio las pelotas, había venido a buscar pija y tendría pija, por lo menos toda la que pudiera recibir, fueron dos o tres movimientos para entrar y el último, con los dos o tres centímetros que faltaban, lo di con más ganas.
Sentí el choque del glande con el útero, el dolor pareció como un golpe eléctrico que me corrió por la columna, pero se podía aguantar. María José se desgañitó gritando, los ojos se le salían de las órbitas y se movía como queriendo zafar de una posición incómoda y dolorosa. No podría hacerlo por más que lo intentara, entonces me quedé quieto instalado en lo profundo de su cuerpo. Fueron treinta o cuarenta segundos hasta que se calmó, me sonrió mientras se pasaba la mano por la cara y comenzó con sus movimientos…
Me imaginaba que sería una verga respetable, pero no esperaba tanto y encima durísima, ¡ufff!, me costó recibirla, esperá, no te muevas, dejame a mí, esto quiero disfrutarlo.
Eso debe ser porque hacía rato que no tenías relaciones, movete a gusto, yo me puedo quedar un rato quieto.
¡Sí, claro, mandarina!, la de mi “ex” era bastante modosita y me costaba un poco, imaginá lo que sentí cuando entraba ese tronco, parece de película XXX, menos mal que venía recaliente.
Hablaba y se movía con sus caderas, era hacia los costados y trataba de levantarla y bajarla, le di espacio para esto y traté de acoplarse a su ritmo, algo que sabía que no duraría porque yo aplicaría mi propio ritmo y María José tendría una buena empotrada. Fui incrementando de a poco mis entradas y salidas y ella se fue acoplando, pronto se desató y tuvo un par de orgasmos que gritó con ganas, así y todo, no paró, siguió moviéndose y pidiendo más… “Dame verga, reventame, hacelo cornudo al puto”, pedía agarrándose de mis brazos y tratando de que entrara aún más de lo que la física permitía.
Mis manos habían tomado posesión de sus nalgas que se perdían en las palmas y los dos pulgares dilataban hacia los costados el agujerito trasero, José María parecía no darse cuenta y cuando tuvo otro orgasmo se lo corté por la mitad porque salí de su cueva y encaré a su culito… “Dale, dale, me lo estaba imaginando, no te pares, es la primera vez que lo voy a entregar con gusto”. La zona era muy estrecha, pero estaba más que lubricada por sus propios jugos, así y todo, tuve que tomar la verga con la mano para hacer que la penetración fuera por etapas, si hacía fuerza y entraba de golpe sufriría demasiado.
El glande costó hasta que encontró el recto, después no hubo forma de detenerlo y, la verdad, me importaban tres carajos los gritos que daba María José y los ruegos y movimientos para que la sacara. No me detuve hasta que mi pelvis se apretó contra sus nalgas, ni siquiera lo hice cuando sentí que estaba forzando la zona más de lo debido, fue cuando más gritó, pero se la comió toda y, con los ojos llorosos y apretando los dientes, se movió como culebra y pidió que la pusiera en cuatro. A mi juego me llamaban, el “plop” se hizo escuchar y vi un hueco enorme con pequeño hilillo de sangre, algo se había rajado allí, pero no me importó, la tuve que acomodar porque estaba como desvencijada y la mantuve con un brazo por debajo de su vientre para “apuntar”.
Otra vez volvió a gritar con ganas cuando me hundí y no aguantó, se dejó caer arrastrándome a mí, la aplasté contra la cama y me comencé a mover con ganas. María José reía, lloraba, maldecía, trataba de moverse aun a pesar de mi peso y la muy turra pedía más. Luego de que tuvo dos orgasmos relativamente fuertes le llené las tripas y me quedé quieto sintiendo como me apretaba el tronco con su estrechez y sus músculos débiles y casi sin fuerzas… Hablaba apoyando la boca contra la almohada y se le escuchaba entrecortada.
No salgas, esperá, si salís ahora me arrancás todo, ¡madre de Dios, qué cogida tremenda!...
Tranquila, voy a esperar a que se ablande.
Te juro que vine con ganas, pero esto, esto, esto fue superior. Nunca voy a olvidar que vos me salvaste la vida, me ayudaste a renacer y cuando me necesites, esté con quien esté, volveré a ser tuya nuevamente, sólo tendrás que pedirlo, -dijo moviendo la cabeza de costado-.
Dejá de hablar pavadas, yo también la pasé muy bien, pero ahora es cuando más vas a tener que tener los pies sobre la tierra y dedicarte a ser feliz.
Después de un rato la tuve que ayudar a llegar hasta el baño pues, además de los dolores lógicos, no podía parar de reír y expresar lo feliz que se sentía. Dentro de la bañera quiso sacarse otro gusto y me la puso en condiciones para que me la cogiera por la boca, así me lo pidió, “cogeme por la boca, atorame de verga”. ¡Ni en pedo!, apenas si podía meterse la mitad y con el riesgo de sus dientes que un par de veces me hicieron dar un respingo. “No puedo, quiero, pero no puedo”, -dijo poniendo cara de nena con pucheros-. Ella se lo buscó, su culo volvió a hacerse cargo para bajar la erección y salió de allí disfónica y caminando con un poco de incomodidad.
Luego de que se fuera respiré tranquilo, ya me había inflado un poco las pelotas con los agradecimientos y yo no era muy amigo de recibir halagos, así y todo, me sentía mejor, la “morochita” de cabello cortito me había sacado un poco de mis incertidumbres, los “polvos” no habían estado nada mal y para mejor, no la tendría cerca para que me volviera a joder con sus cosas. Recordé de hacer el traslado de fondos para cubrir lo que había sacado de la escuela y de la empresa y me quedé tranquilo con eso. Me dio hambre y no pensaba sacar comida del freezer, entonces volví a caer en las hamburguesas, aunque está vez las hice gratinadas con queso y un huevo frito encima, el buen tinto que saqué disolvería las malas grasas de esa carne. Preparaba todo para llevármelo y comer al lado de la pileta y vibró mi celular, la pantalla acusaba el nombre de “Alfredo”, ¿quién carajos sería el Alfredo que llamaba?... Por algo lo tenía agendado, así y todo, atendí un tanto reticente…
Hola José María, ¿cómo anda mi amigo? Lo llamaba porque ando necesitando que me dé una mano.
Bueno, usted dirá, -estaba completamente en bolas sobre quién era el que llamaba y una forma de averiguarlo era seguirle la corriente-.
Tengo que salir a hacer una batida por el campo, hay dos o tres jabalíes grandes que me están destrozando los sembrados y mi mujer junto con Mecha me dijeron que le avisara, que usted seguro querría acompañarme. - ¡La puta madre!, era el padre de Mercedes, el marido de Flor-.
Con todo gusto Alfredo, dígame cuando quiere que hagamos eso, recuerde que tengo que comprar un arma para la ocasión.
Yo diría a más tardar el fin de semana, no le ofrezco la escopeta que tengo porque no es calibre para esos bichos y le costaría entender su uso, pero, si quiere, véngase un par de días antes de salir y yo le explico bien así no se tiene que subir a ningún árbol, jajaja.
Está bien, déjeme consultarlo con Karina y cuente conmigo, -escuchaba que el veterano se seguía riendo y una voz perentoria que dijo “dame el teléfono”-.
Hola José María, soy Flor, vení cuando quieras, este tonto se cree que es el único que sabe disparar un arma, se va riendo como si supiera todo.
No importa, dejalo, si es feliz con eso, que lo disfrute, jajaja, yo no me hago problemas, en todo caso decile que en mi otra vida fui cazador profesional y algunos tiros emboco, jajaja.
Tiros no sé, pero, si hablamos de embocar…
No me hagas hablar porque se me calienta el pico y no te cuento que más…
¡Qué malo que sos!, no sabés como me pongo yo, te voy a estar esperando y tengo un frasquito nuevo de gotas, jajaja.
Luego de mandar saludos para Mecha y cortar la comunicación terminé de cenar y me quedé un rato disfrutando el fresquito de la noche, me reía solo recordando como Flor dormía a toda la familia para echarse unos regios polvos conmigo y que nadie interrumpiera su placer. Se me ocurrió que podría llevarla a Julia y a Ángel, en una de esas la “poli” se prendía para salir al campo y estaba seguro que el nene disfrutaría de algo nuevo que no conocía. Me fui a dormir contento, me sentía bien.
En la mañana tuve que moverme rápido, fui a ver al armero que me proveía de las armas “legales” y le pedí una escopeta yuxtapuesta, preferentemente de marca Éibar, calibre 12/70, son especiales para batidas porque tiene la posibilidad de dos disparos casi al unísono, esto de que te aparezca un chancho de golpe no es agradable y dos disparos sin tener que recargar es más conveniente que quedar pagando de frente al “bicho”. La que me mostró era una belleza, toda labrada y con un sistema de cierre y apertura sencillo y silencioso. Me ofreció también un rifle Remington 700 ADL Tactical, era de lo último que había entrado y especial para caza mayor, con munición 6,5, de muy buen calce y poco retroceso, tenía un alcance de 1.200 metros y la mira telescópica que venía adjunta te ponía al animal al frente de los ojos. Venía muy bien si se encontraba un punto alto desde dónde avistar a los sementales que buscaba Alfredo.
Me llevé las dos armas firmando los respectivos permisos y compré suficientes municiones, ni siquiera tenía problemas para trasladarlos, yo tenía todas las autorizaciones y permisos en regla, además, aunque nadie lo sabía, podía hacérmelos yo, jajaja. Había gastado bastante, pero no lo podía evitar, para mí, una Armería era similar a una Ferretería para el común de los hombres, quería ver todo y casi tocar todo, claro está que el dueño de la Armería, como me conocía, se aprovechaba de esto. Cuando entré en el auto me reí solo, pensaba que Alfredo se caería de culo cuando viera esas armas y ya vería cuanto me enseñaba sobre su uso. Pensaba en irme a un Polígono de Tiro del cual era socio y allí aprovecharía para probar las armas y ajustar la mira telescópica. De camino al lugar la llamé a Julia… “Hola preciosa, te animás a juntarte conmigo en “tal” Polígono, tengo que probar unas armas nuevas que compré”, -le pregunté apenas me atendió-. Me preguntó dónde era y aceptó encontrarnos en el lugar, incluso le convenía porque rendiría las condiciones de Tiro que siempre le quedaban pendientes.
La “poli” se mostró encantada con las armas, le conté entre risas de la obsesión que tenía el padre de Mecha por enseñarme a usar las armas y lo que había pasado aquella vez con el chancho al que no lo dejé coger tranquilo. Ella lloraba de la risa y yo efectué algunos disparos con la escopeta, era una maravilla tirando desde el hombro, incluso cuando tiré desde la cintura. Julia me dijo que nunca podía atinar a nada teniendo el arma en esa posición. Le pedí que se parara en la posición que usaría para tirar desde la cintura y me di cuenta del error que cometía, se paraba igual que cuando tiraba con pistola, con las piernas abiertas y paralelas. Alquilé en el lugar una escopeta del 12 similar a las que usaba la policía porque con la de dos caños le resultaría más difícil y le enseñé a pararse.
Si tiras apoyando la culata en el hombro, lo más probable es que te lo saques o que te quede dolorido por varios días, un tiro y olvidate de seguir usándola, desde la cintura se apunta con el pie izquierdo adelantado si la sostenés desde tu derecha y del pie derecho si la sostenés desde la izquierda, aunque desde acá el problema es el cartucho que sale despedido, te puede llegar a pegar en la cara. Ese pie es el punto de referencia, no hay ni alza ni mira que valga y, lógicamente, el delincuente o el blanco.
¡Me estás jodiendo!, nunca me dijeron eso, igual está en el baúl del auto, pero no la uso nunca.
Es que si la tenés, debés estar preparada para usarla, ¿qué hacés si se te traba la pistola y necesitás otra arma, te disfrazás de monaguillo?
Se lo dije de mala manera y la mandé a buscarla, mientras iba a buscar el arma aceptando mi pedido como si yo fuera un superior, me descargué en las tres siluetas de hierro que estaban como a treinta metros, jajaja, todavía me acordaba. Cuando Julia regresó controlé al arma y me disgusté un poco más, estaba con polvo, no tenía lubricación y la chimaza -semicírculo de madera o plástico que permite con el movimiento manual que se extraiga el proyectil disparado e ingrese el nuevo a la recámara- acusaba una pequeña traba en el retroceso, la probé de inmediato y al segundo disparo se trabó el proyectil al querer salir, era de esperar, eran viejos y suelen dilatarse.
Con buena propina mediante, le pedí al armero del Polígono que la limpiara bien y aproveché a decirle que hiciera lo mismo con la pistola reglamentaria. Lo primero que hizo el hombre fue mirar la munición, “señor, tiene munición recargada, si quiere le vendo una caja de las originales, siempre hay menos posibilidades que fallen”, resultado: dos cajas de municiones nuevas, pero le dije que usaríamos las recargadas para practicar. Nos pasamos toda la mañana allí, usamos todas las municiones viejas y un par de cajas nuevas porque yo también tiré con esa pistola y tuve que hacer de profesor de tiro.
Sin dudas que aprendió algunas cosas nuevas, tirar de frente, de costado, arrodillada, acostada, eso sí, sin auriculares y hasta a contar los disparos le enseñé, algo que mucho no se usa porque la adrenalina y el cagazo no te dejan pensar en eso, pero, una vez que te lo recalcan, siempre lo tenés en cuenta. Claro que no podía competir conmigo, pero aprendió varias cosas que nadie se toma el tiempo de enseñarles bien a los policías. No le decía nada y me sonreía por dentro cuando la mudez de Julia se rompía al decir, “sí José María” ante cada indicación.
Al final el instructor del Polígono la examinó y le firmó la libreta felicitándola por la performance, Julia estaba en el aire. Recién después de todo esto le dije que nos acompañara al campo de Mercedes, yo pensaba pasarme allí unos cuatro días, pero ella sólo podía disponer del viernes a la tarde, sábado y domingo. Me jugué a preguntarle si no quería que me llevara a Ángel para que nos acompañara en la salida al campo, lógicamente tomando todas las precauciones necesarias. “Vamos a preguntarle, con vos lo dejo ir a un safari”, -dijo y ya no se aguantó, antes de subir al auto se prendió a mi boca con un poco de desesperación-.
¡Ahhh, bueno, pensé que ya no se estilaba esto!, -le dije después del beso-.
No sé qué me pasó, estaba completamente inhibida cuando me enseñabas todas esas cosas, tomás esto de las armas y te sale como algo tan natural que parece de película, hasta ellas parecen que fueran tus amigas.
Es parte del secreto, dicen que no tienen alma, pero yo las trato y las cuido como si la tuvieran y nunca me dejan de a pie.
¿Vamos a algún otro lado a seguir la “guerra” sin cordita y ruido?...
No, tenemos que preguntarle a tu hijo que es lo que opina de ir a cazar, aparte, ¿qué pasó con los datos que me pediste?...
El Fiscal le dio importancia a mi información, activó todo legalmente y hubo detenciones, salió todo muy bien y me apunté un poroto enorme.
Gracias… No tenés por qué…
No seas malo, me moría por decirte, pero como no podía hablar por teléfono, me abstuve de comentarte.
Está bien, así es como se debe actuar, igual, en cuanto tenga ese culito a mano, ya te voy a contar.
Jajaja… Mejor vamos a casa porque me estoy haciendo la cabeza con una película porno…
Ángel estaba en la casa con su amiguita Azul y su mamá Silvia, que, dicho sea de paso, tenía razón Julia, estaba muy cambiada, con un nuevo look y muy sexi, tanto que la alabé por esto y se puso de todos colores. Costó explicarle a Ángel que saldríamos en dos días pues ya se quería venir para mi casa, no fue necesario explicarle nada y por su cabeza ya corría toda la aventura que viviría. Julia aprovechó para preguntarme que le debería comprar para estar en el campo y le dije que lo dejara por mi cuenta, “ahora nos vamos con Silvia, Azul y Ángel a comprar las cosas que le hagan falta, vos despreocupate y volvé al trabajo, luego nos hablamos”. Se frenó a tiempo para darme sólo un beso en la mejilla y se fue contenta.
Nunca pensé que la salida con los nenes y con Silvia me resultaría tan amena, era otra cosa nueva que experimentaba. Lo primero fue pasar por un Mac Donald, los chicos estaban enloquecidos, pero yo pedí ser atendido en una mesa y por camareros, eso de esperar las hamburguesas y comer de parado no era para mí. Con Silvia comimos un plato especial sin tanto pan y los chicos se atiborraron con una hamburguesa doble que terminó sobrando en cada plato, lo que no sobró fue el postre que estaba exquisito, luego tocó ir a los juegos de toboganes y pelotas y nos quedamos charlando con la mamá de Luz.
Me puede este mocoso, Karina se va a poner muy contenta cuando lo vea vestido de botas y traje mimetizado.
Perdón, ¿Karina es la dueña de la empresa que abona mi trabajo con Ángel?
En realidad, el dueño soy yo, Karina es la dueña en la práctica y es mi novia, aunque creo que, por poco tiempo, jajaja, en cualquier momento nos casamos.
Ahh, yo pensé que tu novia era Julia.
Bueno, posiblemente sea complicado entenderlo desde afuera, Julia también es una especie de novia y Karina lo acepta así.
Digamos que es algo “liberal”, me cuesta entender eso.
Bueno, sin ofender, lo único que me interesa es que lo entiendan ellas y antes de que preguntes, con un único exponente masculino.
Bueno, bueno, bueno, es intrigante pensar en lo que debés dar para que acepten eso, porque no creo que sea sólo por dinero.
Estoy seguro que algo hay, pero, la publicidad y propaganda corren por cuenta de ellas, aunque comprenderás que son muy reservadas al respecto.
¿Vos les prohibís hablar?
Jamás, tienen su propio poder de decisión e, indudablemente, su propia balanza para saber lo que pueden ganar o perder. Lo que sucede es que así se evitan de dar explicaciones a los hipócritas que entienden sólo lo que quieren entender. La felicidad está llena de momentos, algunos efímeros y otros más duraderos, todo depende de quienes los quieran mantener e incrementar, como dice el dicho: “No es para todos… la bota de potro”, jajaja.
Algo así le debe haber pasado a Marta, ¿no?, las escuché discutir feo a las hermanas y Marta no salió precisamente victoriosa de esa discusión.
Sobre eso no opino, sólo digo que cada uno tiene el poder de decidir, aunque no soy rencoroso si se decide en contrario de lo que pienso.
Es muy interesante tu modo de pensar, dan ganas de probar para ver que se siente…
Las posibilidades están, pero yo no aseguro que pueda llegar a sentir lo que siento por mi novia o por Julia.
Entiendo…
No pudimos seguir, se notaba que tenía ganas de ser “atendida” y había mejorado bastante su aspecto para ello, pero yo no estaba por la labor, además, se habían acercado los chicos y había que ir a hacer las compras. Ángel estaba de parabienes, no sólo quedó para vestir como un verdadero cazador, sino que renovó parte de su vestuario y Luz también salió ganando en el revoleo, aun a pesar de la negativa de la madre a la que le ganamos por cansancio y, también hay que decirlo, porque le convino ceder. Regresamos cargados de bolsas de compras, los chicos alborotados, Silvia agradecida por la tarde y los regalos y me fui ancho de los cuatro costados por los abrazos que me dieron los chicos, principalmente Ángel, el cual, aunque yo no lo reconocía abiertamente, me había “comprado” desde la primera vez que lo vi.
Después tocó ir a casa de Karina, a ella no hizo falta explicarle demasiado, enseguida fue materia dispuesta y escuchó atentamente como había sido mi día. Luego de todo eso y de cenar algo liviano comenzó a poner ojos de pantera enmarcados en su cabellera rojiza, no me disgustó ni me disgustaría nunca lo que se avecinaba. Comenzó con un piquito y le faltó atarme a la cama, me “secuestró” en su habitación hasta quedar dormidos de cansancio pletórico y lo último que pensé antes de desplomarme es en que, quizás sería conveniente comprar y llevar pastillitas azules…
GUILLEOSC - Continuará… Se agradecen comentarios y valoraciones.
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