Compañeros (24)
Carmen fingía nerviosismo, pero sus ojos delataban una intención mucho más oscura. Carlos, ciego por la atracción, no vio la trampa hasta que fue demasiado tarde. Mientras tanto, en otra cama, la lealtad matrimonial se ponaba a prueba con cada beso.
24
Tres días después. Jueves noche
Carlos
Llamé a la puerta de Carmen hecho un flan. Habían pasado más de 20 años desde mi última cita y no podía creerme lo nervioso que estaba. Me habría encantado comentarlo con Silvia pero sabía que se pondría hecha una furia al enterarse que era una cita con Carmen así que opté por callarme porque estaba seguro que esto no llegaría a nada, no merecía la pena enfadarla.
Carmen me abrió con una gran sonrisa. Me dio dos besos y me hizo entrar. Estaba fabulosa con un vestido ajustado y hasta el muslo, con un pequeño pero sugerente escote. Le di la botella de vino que había traído y ella dijo que no hacía falta. Me comentó:
- Ay, no te puedes imaginar que nerviosa estoy
- ¿Por?
- Llevaba muchos años sin tener una cita
Y me sonrió sensualmente guiñándome un ojo. Me llevó al salón donde me presentó a su hijo, un guapo chico de unos 3 o 4 años. Se parecía mucho a Carmen y se lo dije. Ella se rio y dijo:
- Pues el padre es muy guapo (y bajando la voz) un cabrón pero guapo
Me dijo que iba a la cocina a terminar la cena. Le dije que la ayudaba pero no me dejó:
- Quédate con Daniel y a ver si se termina la cena ¿Vale?
- Claro
Me quedé con el chico y, poco a poco, empezó a contarme lo que veía en la tele, como se llamaba, que le gustaba... Conseguí que se terminara la cena antes de que llegara Carmen diciendo:
- Venga, cariño, a la cama
- Pero quiero ver la tele
- No, no, a lavarse los dientes y a la cama
Me sonrió mientras se lo llevaba dentro. Me dijo:
- ¿Te esperas un momentito? No he medido bien los tiempos, Daniel ya debería estar acostado jeje
- No importa
Me quedé mirando la decoración del salón, de muy buen gusto. Al poco llegaron otra vez madre e hijo. El niño me deseó buenas noches y volvieron a entrar. Luego, salió Carmen:
- Bueno, a ver si se duerme ¿Te enseño la casa? Pero no hables alto
Y me hizo un recorrido que fue rápido, la casa era pequeña. Luego, de vuelta al salón, me dijo:
- Siéntate, por favor
- Pero déjame ayudarte
- ¿No te importa? Estoy un poco agobiada jeje
- No, claro que no ¿Qué hago?
- La mesa, está casi puesta pero ¿Me ayudas a traer los cubiertos y vasos?
- Por supuesto
Terminamos de poner la mesa. Luego, en la cocina, abrí el vino y nos servimos una copa mientras esperábamos a que se terminara la carne que olía genial. Allí conversamos. La notaba nerviosa, no parecía la Carmen de la oficina tan segura de sí misma, y eso me gustó, verla más normal.
Luego, nos sentamos a la mesa y comenzamos a comer. Carmen cocinaba genial, estaba fabuloso todo. Fue una cena muy agradable cuando los dos nos relajamos y empezamos con las anécdotas de cada uno.
Terminamos sentados en el sofá, cerca pero no demasiado, charlando, bebiendo y riendo. A las 11 dije de irme, era tarde y supuse que estaría deseando acostarse. Nos despedimos con dos besos y me dijo:
- Me lo he pasado muy bien, Carlos
- Y yo
Nos miramos a los ojos, no me podía creer que todo hubiera ido tan bien y me arriesgué:
- Carmen, ¿Te… te gustaría repetir la velada en un restaurante?
- ¿No te gusta como cocino?
- No, no, jajaja, al contrario, pero era por.. por…
- Jajaja, tonto, estaba bromeando… me encantaría
- ¿Sí?
- Claro
- ¿Este… este sábado?
- Mmmm, no los sábados me viene muy mal, tengo difícil dejar a Daniel con alguien
- Ah
- Pero durante la semana es más sencillo, tengo una vecina, que es muy responsable y puede quedarse con él, pero los sábados no porque sale, la juventud jeje
- Ah, claro, claro
Ella me miró esperando y yo no sabía qué. Me volví a poner nervioso hasta que Carmen preguntó:
- Entonces ¿Cuándo vamos al restaurante?
- Ah, sí, perdona, claro, pues… ¿El miércoles que viene?
- Mmmm vale, pero puede que no sea seguro porque depende de esta chica, como no esté disponible tendrá que ser al día siguiente
- No hay problema
Nos volvimos a despedir con dos besos y me fui sintiéndome en una nube.
Carmen
Cerré la puerta y suspiré de alivio. Todo este teatrillo de mujercita nerviosa y agobiada por la cita cansaba. La verdad es que no había sido una cita tan aburrida como esperaba, incluso me había hecho reír a veces, aunque otras veces no entendía nada de esas anécdotas tan frikis que contaba. En fin, este teatro lo tendría que repetir varias veces, Carlos era del tipo de hombre que no quiere a una guarrilla desde el principio, quería un cortejo y se lo permitiría, joder, es que ni me había tocado ni intentado besar, nada de nada. Si eso es lo que buscaba no tendría problema en ser una mujercita modosita. Luego, cuando llegáramos el sexo, sería la guarrilla que todos los tíos quieren y ya no se separaría de mí.
Fui a la cocina. La habíamos recogido antes de irse, eso que me ahorraba. Había sido una buena idea comprar la cena y hacer el paripé de que la había cocinado yo, había costado cara pero él había quedado encantado con mis “habilidades” culinarias.
Lo que sí me había sorprendido era lo bien que se había llevado con Daniel, en 10 minutos había congeniado con él. Esto podría ser un problema, porque si quería que a mi edad me quedara preñada se iba a llevar una desilusión tremenda.
Cogí y me eché otra copa de vino. Bebí despacio pensando en lo raro que se me hacía estar con un hombre y que no me metiera mano y follar con él. Maricón no era, de eso no tenía dudas por como me miraba. Terminé la copa y me fui al salón donde me descalcé. Me puse cómoda en el sofá mientras me encendía un porro. Estaba claro que era un hombre a la antigua ¿Cómo sería en la cama? Porque luego, estos tíos tan reprimidos eran los más raros en la cama.
“Mientras no sea tan raro como el de anoche” pensé. Menudo pervertido asqueroso más raro. Había ido a su hotel super sexy pero el tío me había dicho que me pusiera un vestido de niña repipi con volantes y falda amplia, con medias blancas y zapatos sin tacón. Ah, y que me hiciera coletas, puto pervertido. Las tetas me iban a explotar con el vestido ese. El cabrón se tiró las 2 horas llamándome Irene e insultándome por lo puta que era, además de propinarme bastantes guantazos en la cara y tortazos en el culo porque me hacía ponerme en sus rodillas y me calentaba el culo con la mano como si fuera una niña mala.
Y ni me folló, solo quiso que lo pajeara con los pies para correrse en ellos, o con las tetas, para también correrse entre ellas. Y el final ya fue esperpéntico del todo. Quiso que me hiciera unos dedos con la falda levantada para que lo viera, mientras se masturbaba delante de mi cara y echarme todo pero no en la cara sino en mi cabeza, en mi pelo, menudo asqueroso pervertido. A saber quien era esa Irene pero estaba claro que tenía un serio trauma con ella.
Seguí fumando pero estaba intranquila, no conseguía relajarme del todo. Al final cogí el móvil y le escribí a Santi:
- Vente
Me respondió segundos más tarde:
- ¿Ahora?
- Sí
-Pero si me dijiste que no podías
- Ahora si puedo
- Coño, que mi novia está a punto de hacerme una mamada
- Pues que termine rapidito, la mía será mucho mejor, ya lo sabes
Santi refunfuñó un poco pero al final dijo:
- Vale, tardo 30 minutos
Me fui al baño sonriendo. Me vendrían bien unos buenos polvos siendo yo misma tras tanto teatro.
Silvia
Me eché en el sofá acurrucándome al lado de Antonio y me tapé con la manta. Estaba muy cansada, me había pasado en el gimnasio y me dolía todo el cuerpo, aunque estaba contenta, estaba recuperando la forma rápidamente.
Antonio me pasó el brazo por encima y me abrazó. Enseguida empecé a notar que me iba a quedar dormida pero me daba igual, me pasaba todas las noches. Entonces Antonio dijo:
- Hoy me he enterado de una cosa en el trabajo
- Mmmm ¿Qué? (medio adormilada)
- La dirección está pensando en actualizar la maquinaria
- Ajá
- Creo que ya está muy avanzado el tema, me refiero a la decisión
El sueño ya me tenía sin entender bien lo que me decía. Antonio seguía hablándome:
- He estado pensando que para mi trabajo, sería muy importante involucrarme en eso desde el inicio
- Ya
- Hacerme casi indispensable con las nuevas máquinas ¿Entiendes?
- Sí
- Me gustaría pedirle a mi jefe que me incluya en la formación inicial
- Bien
- Lo que pasa es que es en Barcelona y dura un mes
- De acue…
De repente, me desperté del todo ¿Un mes en Barcelona? Me incorporé y lo miré sorprendida:
- ¿Cómo?
- Ya, ya lo sé
- Pero ¿Un mes?
- Sí
- ¿Y nosotras?
- Como teletrabajas, te podrías venir con la niña y…
- No, no puede ser, Gema tiene que seguir la rutina para…
- Pero es algo muy temporal
- Coño, Antonio, ¿un mes??? un puto mes
- Ya sé que no es un buen momento, Gema con su rutina por la diabetes, tú con el trabajo y el tiempo que pasas con ella, la casa… Sé que es una putada pero es que me voy a quedar estancado en el trabajo y…
Me quedé mirándolo sin creérmelo. Lo estaba planteando de verdad. Tuvimos una fuerte discusión durante media hora, sin gritos pero sí con mala leche por mi parte aunque en el fondo lo entendía y sabía que tenía razón. Él siempre me había apoyado en todo lo de mi trabajo, sin poner pegas, incluso en aquel viaje que hice con Carlos a Londres para negociar una contrata de servidores. En aquella ocasión fueron 5 días y él me animó y no tuvo dudas de mí para nada a pesar de saber que me iba con otro hombre. Y todas las noches que llegaba a las tantas por quedarme con Carlos resolviendo un problema urgente. Jamás me había dicho nada ni puesto mala cara, lo entendía.
Me encerré en el cuarto de baño para tranquilizarme. Me eché agua en la cara y luego me puse a limpiarme los dientes para hacer algo. Estuve un buen rato hasta notar que mi mala leche disminuía lo suficiente. Salí y volví al salón donde seguía Antonio. Le dije:
- Lo siento, he reaccionado fatal, pero es que jamás hemos estado tanto tiempo separados desde que empezamos a salir y, encima, con la niña así...
- Lo sé, lo sé, por eso he pensado otra cosa
- ¿El qué?
- Que os vengáis los fines de semana a Barcelona
- Mejor te vienes tú
- Va a ser complicado, también hay clases los sábados, es intensivo
Lo miré indecisa… ir los fines de semana no era mala idea. Él siguió:
- Incluso he pensado otra cosa
- ¿El qué?
- Que uno o dos te vengas tú sola
- ¿Sola? ¿Y Gema?
- Se podría quedar con tu madre, o con Carlos, que para eso es su padrino, que ejerza de eso
Me quedé mirándolo. Era lo que decía Carlos, una escapada los dos solos mientras él se quedaba con Gema. Le sonreí:
- Mmmm pues no estaría mal
- ¿Mal? ¿Hace cuánto que no estamos solos, Silvi?
- Ya, ya… Mmmm lo podríamos ver
- ¿Verdad? Sería genial, nena
Le sonreí más ampliamente. La idea también me parecía genial. Le pregunté:
- ¿Y cuándo sería?
- Eso no lo sé, en un mes, o dos, o tres… lo que quería era comentarlo contigo para ver si me dabas tu apoyo o no antes de ir a hablar con mi jefe. Si no estás de acuerdo, no hablo con él, eso seguro
Me acerqué a él y le cogí una mano:
- Nene, no me hace ni puta gracia no tenerte aquí tanto tiempo, pero lo entiendo, y sí, te apoyo, claro que sí
- ¿Sí? ¿De verdad?
- Sí
Me levantó en volandas y me empezó a dar besos. Cuando me dejó en el suelo dijo:
- Pero nada de esto es seguro ¿Eh?
- ¿De qué depende?
- De que al final hagan el cambio y de que me elijan a mí
- Eso segundo es seguro, eres de los mejores
- No sé, no sé… Incluso he pensado en ir a hablar con Carlos
- ¿Carlos? ¿Por qué?
- Bueno, es de recursos humanos, y la formación de los empleados la lleva él, seguro que podría echarme una mano con mi jefe si es necesario ¿No?
- Mmmm, sí, también hablaré yo con él, seguro que nos ayuda
Lo besé y nos quedamos mirándonos. Ahora me sentía avergonzada por mi reacción histérica, me había cerrado en banda sin atender sus argumentos que eran lógicos y normales. Le dije:
- ¿Sabes que pega tras una discusión, no?
- Jeje ¿Tienes ganas?
- Muchas
Me alzó en brazos y me llevó al dormitorio entre risas de los dos. Me echó suavemente en la cama y me desnudó lentamente, dándome besos en las partes de mi cuerpo que iba desnudando. Cuando me tuvo totalmente desnuda, me besó ardientemente y luego bajó lamiéndome hasta mis tetas, que chupó y mordisqueó levemente.
Tras un par de minutos dedicándose a mis tetas, bajó con su lengua lamiendo mi cuerpo hasta que noté que llegaba a mi clítoris. Me estremecí de gustito al notarla y gemí. Lamió con intensidad y me di cuenta que hacía mucho que no me lo comía de esa forma, demasiado tiempo, y que era culpa mí porque, aunque me gustara, también me incomodaba tenerlo ahí abajo, pero esta vez decidí disfrutar de su lengua y me relajé abriendo bien mis piernas para que notara que estaba receptiva.
Notaba como estaba de mojada y, me parecía increíble haber estado preocupada en el pasado por si me había vuelto frígida. Sus dedos entraron en mí mientras su lengua seguía lamiendo incansablemente. Le acaricié la cabeza y me di cuenta que me quería correr con su boca, cosa que sabía que no iba a tardar en ocurrir. Y cuando Antonio estaba a punto de provocarme un orgasmo, noté como introducía un dedo en mi ano. Lo mío no era el sexo anal pero un dedito ahí en el momento justo me volvía loca, y ese era el momento. El orgasmo fue casi inmediato. Giré la cabeza para ahogar mi grito contra la almohada mientras me convulsionaba.
Entonces tiré de él hacia arriba y nos besamos ansiosamente. Le busqué la polla y se la cogí. La tenía dura y la apunté a mi coño:
- Fóllame, fóllame
Él no se hizo esperar y me penetró rápidamente, follándome despacio al principio pero aumentó el ritmo siguiendo la cadencia de mis jadeos y gemidos. Nos corrimos a la vez, o más bien me corrí inmediatamente al notar como él explotaba dentro de mí.
Nos quedamos abrazados, con su polla dentro de mí. Luego, él se apartó para tumbarse a mi lado. Le acaricié el pecho y le dije:
- Vaya, vamos a tener que discutir más
- Jeje
No tardó nada en dormirse. Me levanté, me limpié y me puse el pijama. Luego, me tumbé a su lado arropándonos. Sonreí al pensar que mi propósito de año nuevo de follar más se estaba cumpliendo, y además con un plus, las cinco veces (sin contar el polvo por detrás de fin de año) que lo habíamos hecho en dos semanas, se había corrido dentro de mí y con un poquito de suerte, aunque no quería pensar en eso, podría dejarme embarazada en cualquier polvo de esos, sería un regalo fenomenal.
Entonces recordé la discusión y no pude evitar sentirme mal al pensar en estar un mes sin él a mi lado, era egoísta pero no podía evitarlo. Me dije “Bueno, al menos tengo a Carlos” y entonces sonreí avergonzada “joe, acabo de follar con mi marido, estoy pensando que voy a echarlo de menos y que al menos tengo a otro… cualquiera que escuchara eso en esta situación pensaría que sería para sustituir a Antonio en la cama” y meneé la cabeza.
Continúa en
- Relato #209876— title-regex: contiguous parts (23 -> 24)
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