Xtories

El camino de Débora (2) - Mi nuevo Jefe

La fiesta se vacía, pero la tensión se concentra en una mesa. Él sabe que no debería mirar, pero la forma en que ella se deja tocar por el joven jefe despierta demonios que no puede callar. Esta noche, la línea entre la realidad y su propia paranoia se desdibuja.

SinSage8.3K vistas8.7· 11 votos

Eran casi las 12:00 cuando Mónica propuso “Jugar a un juego”.

Estábamos en una fiesta de empresa, la mas loca de todas y nos encontrábamos en una sala separada, varios empleados e invitados.

No dejaba de sentirme incomodo por la cercanía que parecía haber entre mi mujer, Débora, y mí nuevo jefe, Alberto.

Había 3 cosas que me inquietaban.

Primero, de verdad existía ese “acercamiento” o, era simplemente una cosa que estaba en mi cabeza, un complejo de inferioridad que desarrolle yo solito por mi mala mentalidad.

Segundo, Débora, habría sido una persona mas bien retirada, no es algo que imagine, al fin de cuentas, la conocí hace 20 años y pasé la mitad de mi vida con ella, la conozco y era de lo mas lejos a un extrovertido que podría imaginar. ¿Porque en esa noche me resultaba tan receptiva, sobre todo con Alberto?

Y tercero, por último, aunque mi paranoia fuese cierta, algo así no podría pasar, me resultaba imposible, indigno y humillante, Alberto era solo un crio de 26 años que heredó la empresa de su padre, nada más. Mí Débora, a sus 38, era una señora decente, elegante, con la cabeza asentada, madre de familia, una persona con cabeza y sentada, ella nunca se dejaría llevar por un cachondeo hasta el punto de mantener una relación sexual fuera de su matrimonio y, menos aun con un crio que por poco podría ser su hijo.

- ¿Y qué propones guapa? Preguntó Cristian, quien estaba sentado a mi izquierda, seguido de Mónica.

- Vamos a jugar a “Yo nunca he”. Por si nunca habéis jugado, básicamente, el juego va por turnos, donde cada uno en orden dice una palabra que empiece por “Yo nunca he” y sigue con algo que nunca hizo, mientras que los demás de la mesa, si hicieron eso en su vida, tienen que beber. Explicó Mónica.

- De puta madre. Dijo Alberto en tono de alegría. El hecho de que haya usado esa expresión tan vulgar delante de todos, delante de mi mujer, casi que me da repugnancia.

- Pero, para eso necesitamos chupitos, ¿Bea? Dijo el señalando a Beatriz, la hija de Luis que se encontraba la más próxima a la puerta.

- Ve y pídele a Alba unas botellas de Malibu y unos chupitos.

- Vale, ahora vuelvo. Contesto Beatriz sumisamente.

No lo entendía, porque había tanta normalidad, porque todo el mundo lo veía tan normal, su forma de hablar, incluso, la forma de pedirle las cosas a Beatriz que era la becaria, ni dijo por favor ni nada, simplemente dio ordenes y eso no aparentaba molestar a nadie, ni siquiera a Luis, el padre de Beatriz que llevaba siendo empleado del padre de Alberto más de 20 años y ahora este crio estaba haciendo de jefe con su propria hija y a el ni siquiera parecía inquietarle…

La normalidad con cual todo el mundo trataba la situación no dejaba de darme a pensar que a lo mejor solo soy un paranoico de mierda, y todo esta en orden, que simplemente estamos bebiendo y nos estamos divirtiendo, aunque, ocasionalmente, seguía viendo a mi mujer apoyando el brazo en la pierna de Alberto, y siempre que esta pedía un cigarro, que ya iban unos cuantos, este le metía el cigarro en la boca y se lo enciende, como si fuese una dama de compañía o algo así.

Beatriz retiro las cortinas y entro junto a Alba, la camarera, trayendo varios chupitos, un cubo con hielo y un par de botellas de Malibu, sacándome de mi cadena de pensamientos.

- Gracias guapas. Dijo Alberto.

Me seguía pareciendo muy, muy inapropiado ese tipo de comentarios por parte de Alberto a Beatriz, sobre todo delante de su padre, pero… a fin de cuentas Beatriz era ya una mujer hecha y derecha y a lo mejor simplemente yo la confundía con mi propria hija que todavía era una adolescente.

- Vamos vaquera, ya que estás, ¿empieza no? Le dijo Pilar la que estaba casi encima de Alberto, a su amiga Mónica.

- Vamos allá, dijo Raúl desde el otro lado de la mesa, abriendo una botella y sirviendo un chupito a cada persona presente en la mesa.

- ¡Yo nunca tuve un accidente de coche! Dijo en voz alta Mónica, como si fuese un logro.

Cristian de mi izquierda y Alberto que estaba a mi derecha, después de mi mujer, empezaron a reír y bebieron de su chupito.

- Pero que os pensáis que esto es el Need For Speed ese, dijo Luis y empezamos todos a reír.

- Yo nunca sentí atracción sexual por alguien que hay en esta mesa. Dijo Cristian y bebió de su chupito.

Todos empezaron a reírse.

- ¿Pero qué fuerte empiezas no, y tu porque bebes? Pregunto Pilar.

- ¿Porque yo si lo hice, no de eso trata el juego? Contestó Raúl y seguimos riéndonos todos.

Yo obviamente bebí, pero, en mi caso era obvio, Débora y yo estábamos casados. Pero acto seguida, Raúl y Mónica bebieron también, La novia de Raúl, Marta y Pilar bebieron también y Beatriz, la hija de Luis les siguió. Casi a todo el mundo se le abrieron los ojos más de la cuenta, habíamos bebido todo el mundo, menos Luis que era “El señor mayor” para nosotros, había bebido hasta su hija, y, aun así, ¡en la mesa solo había 2 parejas!

Al momento de tranquilizarnos un poco y dejar de lanzarnos miradas incomodas uno al otro, sabía que era mi turno, pero no tenía nada clara que decir, quería decir algo que fuese “escandaloso” como lo que dijo Cristian, y, ser el centro de atención, ¡pero no sabía que!

Casi sin mi voluntad, abrí la boca y dije:

- Yo nunca engañé a mi pareja.

Todos empezaron a reír.

- Buena esa eh, campeón. Dijo Luis, casi “derrotado” y procedió a beber de su chupito, quedándose con una cara casi de aliviado al ver que su hija no se metió en la conversación y no pidió explicaciones.

A Luis, le acompañaron bebiendo Mónica y Alberto.

- ¿Ala, pero que par de infieles sois no? Dijo Débora, finiendo ser “Molesta”, pero era evidentemente que lo decía por pura ironía.

- Ya sabes bonita, no sabes por qué caminos te lleva la vida. Le contesto Alberto y miro a Mónica, mientras todos estábamos riendo

Pero… a pesar de estar riendo, yo no podía sentirme ofendido de que llamó a mi mujer “Bonita”… Sabia que es solo en mi cabeza, que tengo que quitarme de alguna forma esos pensamientos, no me estaban haciendo bien y estaban impidiendo que disfrute de una noche de mi mujer, en quien confió y a quien quiero, no sé qué me estaba pasando.

- Ay dios mío, no sabéis lo que me hacen pasar de vergüenza, dijo mí mujer, Débora, al saber que la toca a ella.

- Vamos mujer, ánimo. La dijo Alberto chocando su puño muy suavemente contra el hombro de Débora.

- Yo nunca monté en barco. Dijo ella seriamente.

Todos nos reímos por lo simple pero serio que lo dijo, y, la única persona de la mesa que no bebió fue Pilar.

Hasta yo bebí.

En mi matrimonio con Débora, es cierto que nunca fuimos de vacaciones en un crucero y nada por el estilo, porque, yo tenía muy clara que me mareo en el barco, no me gustaba nada. Lo sabia desde cuando era pequeño y mí padre nos llevaba a mi hermana y a mi de pesca con el barco, yo siempre me mareaba. Pero, no sabia que fuese algo que Débora quisiese, nunca se me pasó por la cabeza, siempre elegimos otros planes para nuestras vacaciones, nunca salió realmente el tema.

- Ya sabes jefe, la fiesta de navidad en un crucero en las maldivas, dijo Raúl riendo a carcajadas.

- Eh, no te creas, no lo veo nada mal, pero a saber en que crucero caben todos los culos de todos los que hay hoy en la fiesta. Contestó Alberto.

- Bueno, todos no, por lo menos los que somos vips. Contestó Pilar mirándole con cara de lujuria a Alberto y acariciando su hombro.

Otra vez empezaba a preguntarme si yo era el único de esa mesa que estaba notando todo eso, porque, todo el mundo parecía de lo más normal posible.

- Yo nunca fui al instituto. Dijo Alberto, y, todos bebimos.

- ¿Que? Preguntó Débora antes de dar su trago y entregarle el vaso a Raúl para que lo vuelva a rellenar

- Pues, mis padres eran más bien conservadores y no se fiaban de la educación, así que estuve haciendo Home-Schooling siempre.

- ¿Qué me estas contando? Volvió a preguntar Débora

- Ya… es lo que tienen, pero oye, que fueron buenos padres yo no tengo quejas. Contestó Alberto.

- Si, pero eso es raro de cojones, ¿te criaste sin tener amigos? Siguió preguntando Débora hasta el punto en donde me estaba incomodando que le hiciese tantas preguntas, aunque, todos los de la mesa estaban atentos a las historias de Alberto.

- A ver mujer, claro que tuve amigos, iba mucho a todos los clubs con mis padres. Me llevaban todos los domingos al Golf, allí jugaba con los otros niños de los otros ricachones, iba a clases de Karate y allí tenia amigos, con los hijos de nuestros vecinos quedaba todos los días, no sé, no fue malo ni nada, solo que diferente, esas escenas del pasillo del instituto o de bromas en clase con los profesores con los compañeros, esa vida de estudiante yo solo la ví en las películas americanas.

- Ay, pobrecito, que feo. Dijo Débora, dándome la espalda por completo, acariciándole con una mano la muñeca y con la otra el hombro a Alberto.

En esos momentos, me daba curiosidad ver la cara con cual le esta mirando, pero, me dije otra vez que no debo pensar cosas por el estilo, ya que lo mismo ella esta actuando como una madre con él, nada más.

- Yo nunca me he tirado a un compañero de trabajo. Dijo de repente Pilar, dejando a todos con la mirada clavada en ella.

- Joder, me vais a emborrachar cabrones, dijo Alberto que fue el único que bebió de su chupito haciendo que casi todas las mujeres de la mesa le sonrían.

- ¡Eso te pasa por putero! Grito Mónica y nos reímos todos, incluso el que simplemente lo admitió riéndose sin debatirle nada a ella.

Pasaron unos momentos hasta que Marta, la novia de Raúl dijese:

- Yo nunca he montado en moto.

- Buena esa, dije yo, sin saber exactamente por qué.

Todos, todos de la mesa procedimos a beber. Yo de adolescente era motero y cuando éramos jóvenes, Débora y yo íbamos de ruta en moto, pero, decidimos dejarlo cuando vino al mundo Emma nuestra hija.

- Yo nunca he bebido hasta no recordar nada. Dijo Raúl.

- Mis cojones, contesto Alberto haciendo que nos riésemos todos.

Beatriz bebió, dejando a su padre Luis con cara de sorprendido. Luis bebió también, seguido de Pilar, Cristian y yo.

- No habíamos dicho que no mentimos, pues no mentimos. Dijo Raúl que también bebió.

- Así vas mejor campeón, ahora te creo, le contesto Alberto riéndose.

- Yo nunca tuve un hijo sin querer. Dijo Luis.

- No que yo sepa. Le contestó Alberto haciendo que todo el mundo empezase a reír de forma descontrolada, pero…

Los únicos padres que había en la mesa éramos Luis, Débora y yo… y… Débora levanto tímidamente su vaso y bebió.

Eso me dejo con la boca abierta, fue algo que me dejo sin palabras, no lo entendía quería hablarla quería explicaciones, ¿pero fue aún peor el hecho de que nadie se fijó en que ella había bebido y nadie abrió tema de conversación y se me hacía raro ser yo el que la pregunte delante de mis compañeros de trabajo “Oye cariño tu no quisiste tener a nuestra hija”?

Que cojones había visto, no me lo podría creer…

- ¿Y tú? Me preguntó Mónica.

- ¿El qué? Devolví la pregunta saliendo de mi cadena de pensamientos´

- Beatriz dijo que ella no fumo porros. Me informó Mónica.

Yo bebí, casi todo el mundo se estaba riendo, casi todos habíamos probado por lo menos una vez, pero yo estaba tan a profundizado en mi propria mente paranoica que ni me enteré de lo que estaba pasando alrededor.

- ¿Estás bien? Preguntó Débora

- Si, es que necesito irme al servicio, perdona. Contesté levantándome y abriéndome paso entre la mesa y Cristian, y terminando de pasar a Mónica empecé a buscar con la mirada donde estaba el servicio. La verdad, no era ninguna mentira, me estaba meando cosa mala.

- ¿Necesitas algo? Pregunto Alba, la camarera que me vio desorientado

- El servicio por favor. La conteste casi entrando en shock porque no me había fijado en lo guapa y tremendamente buena que estaba la camarera hasta ese momento.

- Al final del pasillo a mano izquierda. Me contesto sonriendo y señalando con la mano.

- Gracias. Dije antes de empezar a andar hacia el servicio.

Llegue allí, termine con mis necesidades, me eche algo de agua fría en la cara para quitarme los malos pensamientos y los efectos del Alcohol que ya estaba sintiendo y me volví hacia la sala.

No era verdad, ¿no? Todo eso de que Débora estaba coqueteando con Alberto estaba solo en mi cabeza, el hecho de que Pilar estuviese cachonda perdida al lado nuestro, también, ya está, ya vale de ser un crio paranoico que tenemos una edad.

Son cosas que me estaban pasando por la cabeza, antes de abrir la cortina de la sala privada. Lo primero que se me paso por la cabeza es cuanto humo había allí dentro, estuvimos fumando tanto y, aunque había extractores, había bastante humo, pero hasta no salir y volver a entrar no me había dado cuenta.

Lo siguiente que sentí después de entrar fueron ganas de vomitar, al quedarme con la boca abierta, viendo a Alberto con un brazo alzado, por encima de los hombros de mi mujer y a esta con la cabeza apoyada en su pectoral.

¿¡Que… cojones, pero que… cojones que coño!?

Era lo único que pasaba por mi cabeza mientras que me abría paso por entre Mónica, Cristian y la mesa para volver a mi sitio.

Al llegar, tuve la necesidad de decir algo, pero no sabía el que…pero tampoco quería montar un pollo, no tenia claro como reaccionar. Me pensé intentar parecer guay y fingir que todo es normal, igual que lo hacían todos los demás y, para sentirme “en control” de la situación, me puse la mano sobre la pierna de Débora, que a su vez coloco su mano por encima de la mía, mientras que seguía abrazada por Alberto.

- Chiquitos, yo se me de uno que va a sobarla. Dijo Luis de la nada.

- Pero Kame-Senin no me vayas de viejo. Afirmo Raúl. Kame-Senin es como frecuentemente le llamábamos a Luis en la oficina. Los más jóvenes decían que es porque esta mayor ya, yo siempre le defendía diciendo que es porque es el más sabio.

- Vamos pulga que cualquier espermatozoide mío perdido podrías haber sido tu. Dijo Luis levantándose y todos empezamos a reír. El viejo Luis no perdonaba ni una, las devolvía todas.

- Ya sabes Luis, baja a cualquier planta y que habitación este abierta, cierra con llave para que no te molesten.

Luis asentó con la cabeza antes de retirarse tras las cortinas

- Bueno, ya que estamos, tengo que ir al servicio. Dijo Cristian que estaba a mi izquierda.

- Me apunto bro. Dijo también Alberto levantándose

- ¿Alguien me acompaña? Pregunto Pilar

- Si, yo también voy, contestó Débora

Y Cristian se levantó esperándoles en la entrada, mientras que yo me hacia pequeño para dejar a Débora, Alberto y Pilar salir… y allí caí lo estúpido que fui, iba a dejar a Débora, que se fuese por allí con Alberto, pero yo había ido al servicio minutos antes, no podía decir que quiero ir otra vez y acompañar a mi mujer, habría quedado en ridículo, no quería que alguien se enterase de que estoy celoso. Trate de tranquilizarme diciéndome a mi mismo que no es nada más que paranoia.

- ¿Oye, cuanto pensáis que tarda la Pilar en perder las bragas con Alberto? Pregunto Raúl en cuando pasó el tiempo prudente para que se hubiesen alejado lo bastante.

Marta, su novia, le dio un empujón como “No hables así mongolo”, aunque no tuvo intenciones de mal rollo.

- ¿Hacemos apuestas? ¿Quién se apunta? Yo digo que vuelve sin ellas, me apuesto 20 pavos. Siguió diciendo Raúl.

- Pues yo digo que tarda lo mismo que la Débora en perderlos.

Yo me sentí obviamente, ofendido sobre cualquier limite, mientras que Raúl se quedo pálido mirando a Mónica.

Nunca sentí la necesidad de ser agresivo, menos con una mujer, nunca estuve involucrado en una pelea ni nada por el estilo, pero me estaba hirviendo la sangre, solo pensaba darla un bofetón a esa cría.

- ¿Qué me estas contando el alcohol te afectó el cerebro? Pregunte yo, tratando de sonar tranquilo

- Que Débora es la mujer de Dani, Mónica. Dijo Raúl al ver mi reacción, antes de que Mónica pudiese abrir la boca para contestarme.

- Noooooo, no jodas, la pelirroja es tu mujer? Preguntó Mónica.

Me sentí ligeramente aliviado, ya que había entendido que el comentario de la chica venia en base a que ella no sabía que Débora era mi esposa.

- Pues sí, lo es. Dije yo firmemente, sonando seguro en mi mismo, como presumiendo de mujer.

- Pues anda que la Débora madre mía…

- ¿Qué quieres decir con eso? Volví yo a preguntar en tono enfadado, ya que esa frase suya había rota toda la tranquilidad que tenía. Incluso había mirado el reloj para cuando se fueron y habían pasado ya 2 minutos y no volvieron.

- Nada, nada, que es un pibón y que se estaba comiendo a Alberto hace nada. Contesto esa cría maleducada…

- Con la mirada Dani, déjala que bebió demasiado, ¿No la ves? Intervino Beatriz antes de que yo pudiera contestarla.

- Madre mía tía… bueno. Dame un cigarro anda. Le dije yo a Raúl, tratando de sonar indiferente, tratando de sonar seguro, como el macho, tratando de hablar como hablaba Alberto sin por favor ni gracias.

- No pasa nada tío tu traqui. Me dijo Raúl ofreciéndome un cigarrillo que no tarde en encender.

Empezamos una charla leve, llevando mas bien entre Beatriz y Marta, con un par de preguntas, y Beatriz contándonos que le gustaría quedarse a trabajar en la misma empresa que su padre en cuando se acabe su contrato de becaria, ya que la mola el rollo

Habían pasado ya 5 minutos y me empezaba a inquietar bastante, sobre porque Débora no esta volviendo del servicio.

Mi mujer, siempre fue mas bien normal en la cama, no la iban las experiencias fuertes, no veíamos porno, no hacíamos mas que el misionero y ocasionalmente perrito, no le gustaba el sexo oral, era de lo más normal que había, pero no dejaban de venirme imágenes a la cabeza…

Alberto teniendo a Débora de rodillas en el baño mientras que Pilar la empujaba la cabeza para chupar mas y Cristian hacia de guarda para que no entrar nadie. A Alberto agarrándola de las manos por detrás y empotrando a mi mujer mientras que esta la come el coño a Pilar que esta sentada sobre el lavabo. Alberto metiéndose la polla en el interior de Pilar y luego en la boca de mi mujer. Teniéndolas a las 2 con los pantalones bajados apoyadas sobre el lavabo, tirando para meter 3-4 embestidas en las entrañas de cada una antes de pasar a otra. Alberto acabando sobre las caras de las 2 y ellas besándose entre sí restregándose el esperma. A mi mujer volviendo con la vagina rellena de semen. Débora comentando con Pilar lo bien que se la esta follando Alberto, diciendo entre embestidas que la folla mejor que yo.

Todo eso eran imágenes y escenarios que no dejaban de venirme a la cabeza, antes de que Mónica se me acercara.

- Eh, échate para allá, anda. Me dijo ella arrastrando su culo y empujándose en mi lateral.

No me estaba enterando muy bien ya que estaba en mi proprio mundo. Habían pasado 10 minutos desde que se fueron, y, por fin regresaron. Me di cuenta de que el gesto de Mónica quiere decir que haga hueco para que se vayan sentando a la izquierda y que no nos tengan que saltar por encima. Como pensé al principio de haber visto la sala, todo era muy bonito, pero poco práctico.

No sabría como reaccionar, no sabría qué hacer, no quería no sentarme al lado de mi mujer, pero igual que antes, no quería levantarme y decir, no, yo quiero al lado de mi mujer, como un niño pequeño o como un marido celoso, yo solo quería ser guay y llevar una relación sana.

- Vamos, muévete, un poco más, sé que puedes, tan borracho no vas, ¿No? Me dijo casi susurrando al oído Mónica.

Sin tener nada claro, procedí y me fui moviendo de asiento, hasta quedar casi al lado de marta.

Ellos se fueron incorporando, ahora nuestra distribución era:

Beatriz-Raúl-Marta-Yo-Mónica-Pilar-Alberto-Débora-Cristian

Esta distribución no me convencía del todo, por la mesa redonda, ahora Débora y yo estábamos casi cara a cara, la veía perfectamente, pero no podía observar detalles como antes, como por ejemplo si Alberto le toca la pierna, o peor aún, ella a él.

- ¿Habéis ido a mear a Narnia? Preguntó Mónica.

- Ya ves, y lo a gusto que me he quedado, dijo Alberto acomodándose contra el respaldo del sofá, subiendo sus dos brazos musculosos por detrás de la cabeza de Débora y de Pilar, haciendo que las dos se queden abrazadas sumisamente a él, con la cabeza sobre sus pectorales, Débora con la mano sobre su pecho y Pilar con la mano sobre su abdomen, o eso es lo que el borde de la mesa me permitía ver.

Que es lo que estaba viendo, que es lo que estaba pasando, no sabia ni que pensar ni como reaccionar, ya estaba casi en estado de shock.

- Esta que tarda mucho, dijo Pilar haciendo referencia a Débora, que tenia apoyada la cabeza en el otro extremo del pecho de Albert.

- Anda que tu… Contestó Débora y se empezaron a reír.

Al mirarlas más atentamente, las 2 estaban sonrojadas… ¿Otra vez, porque, que había pasado, que estaba pasando?

¿Qué pasa y que tenía que hacer?

Trataba de tranquilizarme, pero no lo conseguía, mi mujer estaba abrazada a Alberto en el otro extremo de la mesa, sentimiento de humillación y preguntas incomodas no dejaban de atormentarme por dentro, sobre todo una, sobre todo tenia una voz en la cabeza que no podía sacarme.

Era la voz de Mónica que decía “Tu mujer perdió las bragas con Alberto como te lo dije”.

Continuará...

¿Vosotros… que pensáis que había pasado y que pensáis que tendría que haber hecho?