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Mi esposa argentina 6 parte 2

Carlos tenía todo planeado para sorprender a su esposa con una noche de lujuria organizada. Pero cuando un viejo amante de 18 años aparece en su camino, el control se pierde y la humillación se vuelve la única regla de la noche.

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MI ESPOSA ARGENTINA 6 Parte 2

_ ¿Has visto a Joselu?_ le pregunté a Anita mi enfermera preferida

_No ha venido hoy Doc_ dijo

Anita era menuda, muy delgada, eficiente en el trabajo como una navaja suiza

_ ¿Qué opinas de él?_

_Jolines…doc…..no me ponga en ese sitio_

_No que no….solo te pregunto….entre nosotros…a mi….. es que no le tengo confianza la verdad_

Ella me miró frunciendo un poco el ceño, no era guapa la verdad, tampoco fea, tenía una linda boquita.

_Bueno…entre nosotros eh……. ha estado en varios sitios ya…no dura mucho en ningún lado…no durará mucho aquí tampoco….tiene sus vicios…y… haces bien en no tenerle confianza_

_Pero es que Ana…no se…no deberíamos tener un tío así aquí_

_No se Doc…yo no puedo hacer nada….ya estamos de acuerdo con otras compañeras en no quitarle ojo…por las dudas sabes…otra cosa no podemos_

_ ¿Por qué dices que tiene sus vicios?_

_ Doc tengo confianza en usted…….pero hasta aquí llego, no me pida más_

_Está bien Anita_

El sábado tampoco lo vi y ya dejé de pensar en él.

Por la mañana recibí el mensaje de Ernesto avisándome que estaría en Madrid ya por la tarde.

_Voy con mi hermano y un amigo_ me ponía, también decía de ir a beber algo antes pero solamente le pedí el nombre del hotel donde estarían.

En mi cabeza tenía el plan de como quería que sucedieran las cosas.

Pensaba vendar los ojos de Fernanda y hacerlos entrar por sorpresa en la habitación.

El día anterior había comprado un vestido para mi esposa, era de color blanco, le dejaba un hombro al descubierto y al tener una abertura a la altura del vientre, parte de su ombligo también, era muy ceñido, tenía escote asimétrico, pues uno de sus brazos llevaba una manga larga ceñida al brazo y la falda por encima de la rodilla.

Había acertado con el talle claro y eso no era complicado con el cuerpo perfecto de Fernanda.

La niña estaba con nosotros y debimos llamar a Amaia su canguro desde que Sol era muy pequeña.

Me costó un poco que Fernanda aceptara ponerse el vestido, siendo que no le había contado nada de Ernesto y en principio el plan era solo ir a cenar.

_ ¿Quieres que vayamos a ligar a algún sitio?_ me dijo

_No amor…es solo que me apetece vértelo puesto_

_Pero es que…….. Carlos….más de putón no lo encontrás_

_Venga…dame el gusto…quiero ver cómo te queda_

Las piernas de Fernanda eran algo increíble, la redondez de sus rodillas, esa simetría perfecta y pura, poderosas y delicadas al mismo tiempo, los finos tobillos sobre las sandalias de tacón, los muslos modelados por el ejercicio, pero sobre todo esas rodillas y la parte de atrás de las mismas me alucinaban como si la viera por primera vez.

Bajamos a la cochera, salíamos con el coche y cuando ya casi estábamos en la calle, una persona casi se lanza sobre nosotros, su cuerpo golpeó en el capó de coche, di un brusco frenazo.

_Pero qué coños te pasa subnormal_ dije

_Que pelotudo_ dijo Fernanda

El hombre levantó la cabeza, no era un hombre en realidad, era Gonzalo el amigo de Aitor.

Allí estaba con cara cubierta de acné, flaco, desgarbado con una camiseta colorida y vaqueros ajustados.

Bajé el cristal de la ventanilla.

_ ¿Pero estás loco? ¿Quieres que te arrollemos o qué?_

_Ja,ja,ja, quise venir así sin aviso, macho……. muerte súbita_ su voz era ligeramente aguda tal como la recordaba

_Muerte rápida, por gilipollas es lo que vas a encontrar_ dije

Fernanda lo miraba con curiosidad.

_Ya nos íbamos ¿Qué quieres?_ dije, molesto por esta interrupción en mis planes.

_ ¿Me dais un aventón?_ dijo

Miré a mi esposa, esta tenía una expresión divertida, observé la blanca y suave piel de su pecho, el nacimiento de las tetazas que el vestido insinuaba.

_Sube_ dije por fin

_Joder Fernanda como estás tía_ dijo Gonzalo, ella se inclinó hacia atrás para darle los besos en las mejillas pero demasiado cerca de la boca me di cuenta. El sonido del beso me distrajo y me puso en alerta inmediatamente, sentí la mano de Gonzalo en mi hombro a modo de saludo.

_ ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás con Aitor?_ dijo ella

_ Escapada de fin de semana, Aitor está liado con una chica, el gordo se ha enamorado me parece_

_ ¿Si? ¿Es guapa?_ dijo Fernanda

_La más guapa del inti ¿Qué? ¿Estás celosa?_

_Uff esta noche no duermo_ dijo ella

_Igual no te dejo dormir yo_ dijo Gonzalo con su desparpajo de la vez anterior (Mi esposa argentina 4).

_Chico, vas muy rápido_ dije

_Bah, la vida es corta, eso dicen ¿no?_

_Tenemos un compromiso, dime donde te dejamos_ dije

_Joder ¿de verdad? Imaginé que podríamos liarnos un poquillo_

Fernanda se rio tomándose la cara y mirando para abajo.

_Joder Fernanda ya me había olvidado lo buena que estás tía, eres la milf más hermosa del mundo tía, con 35 tacos ya te digo_

_ ¿Soy una milf?_

_Joder, la mejor tía_

_ ¿Estás solo aquí?_ lo dije antes de pensarlo, tal vez pensando en la orgía que yo mismo había organizado con Ernesto como fiesta sorpresa para mi esposa

Su rostro se demudó y se puso serio de repente.

_Si……estoy en el piso de un amigo de mi padre_

Gonzalo asomaba su rostro con acné entre medio de los dos asientos, miraba yo a este chaval de 18 años, quien ya había dado por el culo a mi esposa hace dos meses, sus brazos tenían varios tatuajes incomprensibles para mí, salvo un nombre, Yolanda.

_ ¿Quién es Yolanda?_ le dije

_Ah por esto, mi madre_ dijo mirándose el brazo.

_ ¿Qué edad tiene tu madre?_ dijo mi esposa

_ ¿Ella? No se…cuarenta…creo_

_Sabes la edad que tengo yo y no sabes la de tu mamá_ dijo Fernanda con una sonrisa

_Es que de ti me interesa todo tía_ dijo y giró para darle un beso, sentí el sonido de un pico, mi esposa se apartó hacía atrás.

_ Ey no te pongas tonto que te bajamos del auto_ dijo ella

_La próxima vez que venga traigo tu nombre tatuado, así no te pones celosa de mi madre_ dijo riendo y se dejó caer en el asiento trasero, las piernas bien abiertas, con el bulto de la erección marcando paquete.

_Bueno te dejamos por aquí_ dije

Mi esposa me miró, entre divertida y como queriendo decirme algo con la mirada.

_Venga ¿por qué no vamos al piso y tomamos unas birritas allí?_ dijo Gonzalo

_Ya te dije que tenemos un compromiso_

_Venga Fernanda pídeselo tú, nos tomamos una birra y os vais_

_Podemos llevarlo hasta el piso y después vemos_ dijo mi esposa

La cabeza de Gonzalo volvió a aparecer entre los dos asientos.

Me dijo la dirección del piso.

_ Mola un montón como sois vosotros_

_ ¿Si?_

_Ya te digo que sí_ dijo Gonzalo

_Como me flipan tus piernas, tía ¿Puedo tocar un poquillo?_

Vi de reojo como la mano nudosa y tosca de Gonzalo se posaba sobre el muslo de Fernanda

_No, quita la mano_ dijo ella

_Solo un poco….es que no puedo evitarlo……..Ostras que maciza estás…es…..una pasada__

_ ¿Para qué preguntas si haces lo que queres al final?_ dijo ella pero me daba cuenta que no iba a detenerlo, que estaba a gusto. Comencé a ponerme nervioso y a impacientarme, pensaba en que nos encontraríamos con Ernesto y su hermano luego de cenar, es decir dentro de unas dos horas pero no estaba en mis planes que este chaval apareciera de la nada

_Pregunto porque soy un caballero joder_ y siguió recorriendo el muslo poderoso de mi esposa hasta llegar a la perfecta rodilla que envolvió con una mano, sus nudillos se pusieron blancos de apretar la rodilla de mi esposa.

Ella lo miró y él inclinó la cabeza, girándola hacia ella y sentí el chupeteo morboso de un beso.

_ ¿Por qué no te pasas al asiento trasero como la otra vez?_Dijo él

_No…no_ dijo ella con voz queda

Otra vez escuché el ruido de los besos, un chupeteo sonoro y ridículo, una, dos, tres veces y más, se besaban y separaban las bocas y las cabezas ruidosamente.

_No…para…_ dijo ella poniendo su mano sobre la de él que ya buscaba su coño bajo la exigua falda.

Otra vez el sonido de los besos, ese chupeteo obsceno, varias veces y luego un Mmmm de Fernanda, largo y sentido.

_Joder ya tienes las bragas empapaditas_ dijo Gonzalo.

_ ¿Es por aquí?_ dije yo, superado por la situación

_Si, es ese edificio de allí al lado de la farmacia_ dijo él

Aparqué, mi esposa se acomodaba la falda y el vestido, sus ojos estaban brillantes, nos miramos brevemente para saber si estábamos de acuerdo.

Era una mujer de 35 años en la cúspide de su belleza y sensualidad y estaba a punto de entregarse a un chaval de 18 con acné en la cara, una verdadera milf hecha para follársela a lo bestia, a darle por saco, a metérsela hasta en el bolso.

Escuchamos la puesta cerrarse cuando Gonzalo bajó del coche.

MI esposa cogió su pequeña cartera y bajó del coche.

Joder teníamos dos horas, no estaba en mis planes, no sabía que esperar.

Ya la primavera estaba comenzando y era una noche cálida, serían las ocho de la noche.

Cuando cerré la puerta del coche, ya Fernanda y Gonzalo se estaban besando de pie en la acera.

Ella ponía sus delicadas manos a los lados de la cara del chaval, este tenía sus manos en el culazo de ella, sobre el vestido.

Fernanda con su 1,72 de estatura, más los diez centímetros de tacón era ligeramente más alta que él, pero parecía colosal junto al chaval quien era extremadamente delgado aunque fibroso.

Ella era toda curvas y redondeces exageradas y él era flaco como un alambre y correoso como de cuero.

Las bocas se separaron, el perfil de ella, apolíneo, con su pequeña nariz respingada frente al rostro lleno de acné y la nariz un poco curva y torcida del chaval.

Luego se entrelazaron una mano, el cogió las llaves del piso y caminaron juntos hacia el portal, como si yo no estuviera. Por dios, era demasiado morboso, mi polla estaba a punto de explotar, allí estaba otra vez esta sensación de adrenalina, esta droga que me ponía a mil, el colocón era tremendo.

La vi caminar, el culazo marcado bajo el vestido, los finos tobillos pisando con cuidado, haciendo equilibrio en la acera despareja, cogida de una mano con Gonzalo, los dedos entrelazados y yo detrás como una sombra, siguiéndolos a cierta distancia.

Ingresamos al edificio. Se volvieron a besar frente a mí, mientras llegaba el ascensor, como si yo no estuviera. Gonzalo levantó un poco la falda y acarició la blanca nalga desnuda.

Nos metimos en el ascensor. El rostro con acné pegado al de mi esposa, el ruido morboso de los besos, la forma en que ese maldito chaval le comía la boca, dándose un banquete, ahora sobó un pecho por sobre el vestido y levantó aún más la falda, toda una nalga quedó a la vista, la mano nudosa del chico apretujó con deleite y le dio un pequeño azote.

_Que buena estás…me cago en la leche_ dijo él tomándola de la nuca y volviéndola a besar.

Fernanda me miró a través del espejo como avergonzada.

El ascensor llegó a destino, caminaron abrazados de la cintura por el angosto pasillo, el edificio era cutre y vulgar. Yo iba detrás, él levantó la falda otra vez y le dio otro pequeño azote como empujándola al picadero.

Metió la llave, ella se giró para mirarme, pegada a él, siempre con esa vergüenza en los ojos azules, la melena rubia que ya no tenía una forma carre tan definida y que le llegaba a los hombros.

Me ponía cuando ella se comportaba tímidamente y cuando se encendía y perdía los papeles también, era exquisitamente bella de las dos maneras.

Había una luz encendida, una raída lámpara de pie con luz mortecina y una de las ventanas que daba a la calle estaba abierta, por allí entraba la calidez de la noche y el ruido de los coches que pasaban.

Había unos sillones y un sofá, Gonzalo le descolgó la cartera Louis Vuitton del hombro desnudo y la arrojó sobre uno de los sillones.

La cartera había sido regalo mío para un aniversario, modelo Felicie, color crema, 1250 euros. Allí había quedado tirada sobre un sillón de tapizado marrón roto y mugriento.

El chupeteo de los besos me volvió la atención hacia la pareja despareja que se besaban nuevamente. Lo dicho, ella parecía gigante a su lado, la flacura del chaval era extrema y el culazo de mi esposa sobresalía en pompa hacia afuera.

Gonzalo levantó la falda una vez más, esta vez las dos nalgas quedaron a la vista, blanca, carnosas, firmes como rocas, apetitosas y tersas, el tanga también blanco, era una fina tira embutida entre esos dos globos de carne trémula.

También le levantó la falda por la parte de adelante y metió una mano por entre el tanga y escarbó allí en la intimidad de Fernanda ruidosamente mientras seguía con los besos y el sobeteo del culo.

Ella inclinó la cabeza sobre el hombro de él.

_Ah!....._ fue un gemido corto y sentido de mi esposa mientras la mano del chico seguía hurgando en el coño ya acuoso.

Las piernas musculadas temblequearon levemente, un nuevo azote en el culo, esta vez más ruidoso y dominante.

_Que macizorra estás…ven aquí….súbete al sofá_

Le dijo y cogiéndola de la mano la hizo girar hacía el sofá, tapizado con una especie de felpa marrón ya descolorida por el uso.

_Ven ponte así….como una buena gata…una gata mimosa_ mientras ella subía sus rodillas sobre el sofá, para quedar con el culo en pompa hacía Gonzalo, este le dio unos pequeños azotes como guiándola y premiándola.

Luego se puso de rodillas detrás de ella, corrió a un lado la tira del tanga y hundió su cara con acné, justo allí en medio de esa raja palpitante y jugosa.

_Ahhh!!....mmm…._ dijo ella.

Cogí el móvil y comencé a filmar, casi como una especie de filtro entre lo que estaba pasando y yo, una barrera protectora.

Las manos delicadas y de dedos largos y fuertes de Fernanda se aferraban al respaldo del sofá raído, allí estaba mi esposa, psicóloga de 35 años, madre de una niña de dos años y medio, con un chaval comiéndole el coño y el culo como una rata golosa, las piernazas cuidadas por el gimnasio y el ejercicio diario, de rodillas, entregada sobre el cutre sofá. Toda una vida de cuidados desde pequeña para ser la belleza que era en ese momento, para servir de platillo a un vulgar chaval con acné que podría ser su hijo, quien la estaba haciendo suspirar y gemir como una perra en celo.

Qué diría alguno de sus pacientes si la pudiera ver ahora.

Gonzalo se puso en pie y comenzó a desnudarse, el pantalón cayó con estrépito. Se quitó las tenis y las pateó, también tenía varios tatuajes en el pecho lampiño que no recordaba de la vez anterior.

Mi esposa giró la cabeza hacía él, anhelante, su espalda se arqueó, sus tetones estaban prietos dentro de un sujetador adhesivo sin tirantes que iba de maravillas con ese vestido, su culazo se bamboleó con el vestido arremangado sobre la cintura, tenía aún las sandalias puestas, estas tenían una pulsera con hebilla sobre el tobillo, la fina cadenilla dorada sobre el pie era un diseño exquisito y femenino.

Y justo allí detrás de ella, Gonzalo se pajeaba con dureza, una polla erecta y brillosa que sobresalía del cuerpo escuálido y fibroso.

_Joder Fernanda te voy a volver follar tía_ dijo

Y subió una rodilla huesuda sobre el sofá, corrió un poco más la tira del tanga, hizo chocar la cabeza de la polla sobre los labios hinchados del coño y empujó.

Mi esposa dio como una especie de sollozo y levantó la cara hacía mí.

Otra vez, estábamos en nuestro juego, ¿no me cansaría nunca de ver a mi hermosísima esposa follar con otros tíos? ¿No me cansaría nunca de sentir esta humillación que quemaba y era dulce a la vez como un antiguo ron con miel pasando por la garganta en una noche de invierno?

Pero la noche era cálida y entraba por la ventana con balcón abierta a la calle, se escuchó un ruidoso claxon y una música estridente y cuando pasó ese ruido, escuché el PLASSS! De un azote en el culo y Gonzalo cogiendo con sus dos manos la pequeña cintura de mi esposa y empotrándola con un pie en el suelo y el otro subido sobre el sofá.

La empujó sobre el respaldo del sofá a puro golpe de polla, la cogía del hombro y la atraía hacía si para follarla con impulso.

El cuerpo lleno, redondeado y opulento de Fernanda usado al antojo de ese chaval escuálido de instituto. Y los golpes de pelvis contra culo eran escandalosos y las nalgas temblaban con cada embestida y Gonzalo ya no tuvo piedad y aceleró y los azotes se sucedieron y ya sabía yo que no tardaría ella en explotar pues hacía dos semanas que no follaba con nadie salvo conmigo y estaba caliente y cachonda y ya el juego se le había vuelto necesidad y ese cuerpazo del infierno se lo exigía, independiente de lo que ella pudiera querer desde su status de mujer culta casada con un médico, éramos un matrimonio ejemplar y burgués con un pasar holgado.

Ahora era solo una hembra anhelante de polla y de maltrato y humillación.

Y se corrió dando sus acostumbrados gritos espasmódicos.

_Si….si….acabo….la puta madre….pendejo….me voy…me voy_

_Adonde tía…adónde vas tú_ le dijo él contestando a esas expresiones ridículas y penetrándola sin piedad primero y luego con las manos en la cintura, manejándola como una gran muñeca de porcelana, haciendo que ella misma se clave la polla, echando el cuerpazo hacia atrás desvergonzadamente, buscando sentir esa verga hasta el fondo de su coño argentino

Luego Gonzalo le bajó la cremallera del vestido y ayudo a que Fernanda sacase la manga larga de su brazo y por último ella misma tiró del sujetador adhesivo para liberar sus increíbles tetones y el chaval se apoderó de ellos y los exprimió como melones maduros y aferrado a ellos hundió su polla varias veces en un mete y saca rápido y furioso.

_Ahhh!!………Como me coges pendejo…._ gritó

_Que melonazos tienes guarra_ dijo él

_Ven aquí y mámame la polla como una buena milf_ dijo Gonzalo y la hizo girar y ella quedó sentada en el borde del sofá y le comió la polla violentamente, la rubia melena agitándose en la mamada y sus tetones danzaron golpeándose entre sí, el chico les dio un pellizco en el pezón a cada uno como probando su consistencia, mi esposa se quejó con un gritito de dolor ahogado en la verga de Gonzalo.

Luego le quitó el ya maltrecho vestido y el tanga y la volvió a poner en cuatro patas sobre el sofá.

Veía yo el arrugado vestido, solo una mancha blanca de tela sobre el sofá marrón de felpa.

Y cuando levanté la cabeza casi doy un grito pues allí estaba Aitor, desnudo.

Pero no, había sido un ilusión óptica, no era Aitor, era otro chaval un poco regordete, de pelo azabache y pajoso también pero más alto que Aitor y su polla no era tan grande, aunque de buen tamaño, pues estaba completamente desnudo y caminaba lentamente pajeándose esa polla gorda y venosa.

Y Gonzalo miró hacia atrás y sonrió incrementando la velocidad de la follada sobre Fernanda quien estaba desnuda solo con las sandalias puestas y la fina cadenilla del calzado tintineaba suavemente entre los gemidos y los gritos de placer de mi esposa.

Y Gonzalo se apartó y abrió las nalgas de ella para que el intruso hiciera lo suyo y Fernanda debió presentir algo pues giró la cabeza justo en el momento en que el otro chico refregaba la polla sobre el coño y luego se hundía en ella con un grito ronco y la penetraba de un solo envión.

_Ahhh dios……_ dijo ella

Y Gonzalo dio la vuelta al sofá y cogió del pelo a mi esposa, esa mano nudosa aferrando la rubia melena sedosa de Fernanda, haciéndola alzar la cabeza y ella lo aceptó, pues sabía yo de sobra que lo deseaba más que ellos.

Y su boca atrapó de un bocado la polla de Gonzalo y este cerró los ojos en una mueca de placer y triunfo.

Y el chaval regordete también cerraba los ojos y estiraba un brazo para acariciar un pecho turgente mientras follaba a Fernanda y él mismo tenía unas tetillas de gordo algo ridículas.

Y otro chaval emergió de los oscuros pasillos de aquel piso, era bajo de estatura y también de cuerpo raquítico y pálido pero tenía una gran polla que parecía grotesca en aquel cuerpo tan menudo y luego otro chaval alto y moreno, este un poco más musculoso con el cabello ensortijado.

Ambos estaban desnudos.

Y todos tendrían 18 años y claro, serían los amiguetes de Gonzalo del insti o de algún club y estaban allí para follarse a la milf esta tan putona y que estaba tan buena, de la que Gonzalo tanto les había hablado, la tía buena que el chaval les había prometido, estaban allí para follarse a mi esposa.

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