Rosalinda
Después de años, el entrenador se cruza con Rosalinda, la mujer que fue novia de su exjugador. La noche de copas se transforma en una sesión de sexo crudo y sumisión en su propia cama, donde el pasado y el deseo chocan bajo la mirada silenciosa de la familia.
Dicen que la pandemia nos cambió cosa que yo dudo pero lo que es cierto es que provocó algunas situaciones un tanto extrañas. Justo antes del confinamiento yo entrenaba a un equipo de baloncesto amateur. Ya había pertenecido al club de mi ciudad como jugador. No lo hacía mal, con mi 1'93 era un ala-pivot con muy buena muñeca. Pero mi fragilidad en las rodillas me impidieron llegar algo más arriba. Con 43 años me hice cargo del banquillo del equipo con el objetivo de salir de las categorías provinciales y alcanzar una compwtición más importante.
La plantilla estaba mal confeccionada y el base titular era un veterano (34) bastante malo al que nos tuvimos que tragar durante las siguientes 3 temporadas ante los problemas economicos. La temporada se vio interrumpida por la pandemia de manera que durante muchos meses no volvimos a vernos las caras. Una vez quedó todo bajo control comenzamos una nueva temporada. Cada uno había afrontado el confinamiento de una manera diferente. El que más nos sorprendió fue Lazaro, el base. Al parecer había comenzado una relación a distancia (por internet) con una chica peruana 6 años menor que él, (28).
Durante muchos meses nos estuvo dando la brasa con lo de su novia peruana. Muchos compañeros le gastaban bromas acerca del poco tamaño de su miembro. Él se reía y decía que nunca nadie se le ha Ia quejado lo que demostraba que la sabía usar bastante bien. A decir verdad, Lázaro gastaba una mini polla. En medio de una mata de vello púbico asomaba un trozo de carne circundado en lo que era el capullo. Pero ni rastro de un tronco. Entendíamos que cuando se empalmaba crecería pero en cualquier caso quedaba lejos de otros compañeros. En especial de Fernan, un joven de 22 años al que la naturaleza le había dado un miembro de caballo. Por supuesto, las bromas sobre que no le presentara al joven a su novia peruana eran constantes.
Por fin, en diciembre del 20, seis meses después de comenzar la relación Rosalinda, así se llamaba la chica, aterrizaba en España para empezar a vivir con su novio, Lázaro. En el primer partido del nuevo año, el base nos presentó a su novia. La trajo al primer partido en casa. La peruana no era nada fea. Era una mujer bajita de piel muy morena, melena negra, unas tetas pequeñas pero muy bien puestas y un culo espectacular. Sus rasgos raciales le daban una belleza morbosa. Desde aquel día, Lázaro la trajo a todos los partidos del equipo, tanto en casa como de visitante. Ella se colocaba justo detrás de nuestro banquillo y, un poco perdida, animaba al equipo con independencia del resultado. A mi me solía saludar tímidamente y me sonreía.
Antes de acabar la temporada 20/21, Lázaro nos anuncio que había dejado preñada a la peruana. Todos los compañeros le dieron la enhorabuena pero comenzaron a conjeturar en broma sobre su paternidad en favor de Fernan. El joven se ruborizaba al oír las cosas que decían los jugadores. Alison, un brasileño, le cogió la polla a Fernan y le dijo al base que para ser padre había que tener un rabo como aquel y que con la minipolla de Lázaro era imposible preñar a una mujer. El futuro padre se defendía llamando homosexual al brasileño por cogerle la polla a otro tío. Una vez nacido el hijo, Rosalinda dejó de acudir a los partidos. Todo parecía en orden hasta que un año después saltó la noticia. Lázaro había dejado a la madre de su hijo, Rosalinda, peruana de 30 años, por una exuberante colombiana de 42 años y dos hijos que había conocido en un bar latino. El jugador abandonó el equipo y nadie le echó de menos. En el vestuario siempre quedó la duda de si la paternidad era de Lázaro o de cualquier otro jugador con mejor dotación viril.
El viernes, en una de esas cenas de plantilla, salí de copas con unos amigos. Después de varias vueltas por los distintos bares de copas acabamos en uno que estaba a rebosar de gente de todas las edades. En una de las esquinas, un tipo con la cabeza rapada y bajo los evidentes efectos de varios psicotropicos alentaba a la muchedumbre a bailar con los temas latinos actuales. Bien entrada la noche coincidí en la barra con Rosalinda. No la veía desde el último partido que vino a ver antes de su embarazo.
La mujer se había recuperado muy bien del parto. Se había quedado un poco más delgada y su figura estaba más definida. Ayudaba mucho su vestuario más moderno y una actitud menos timida. Fue ella quien se acercó a saludarme:
-Hola entrenador, ¿no se acuerda de mí?
-Hola Rosalinda, ¿qué tal estás?
La invité a una copa y nos pusimos al día sobre nuestras respectivas vidas. El alcohol facilitó que la conversación fluyera. Eso nos llevó a echar unas risas y posteriormente unos bailes. La mujer se movía de manera sensual con los temas latinos. Con cada frase de aquellas canciones Rosalinda se rozaba conmigo. Dándome la espalda y levantando su melena con sus manos movía el culo por mi cuerpo. No tardé en reaccionar y comenzar a acariciar su cuerpo y besar su cuello.
Aquello no podía acabar de otra manera que en su casa. Conduje mi coche con Rosalinda comiéndome el cuello hasta un bloque de pisos de ladrillos rojizos. Subimos besándonos por las escaleras hasta la tercera planta. Con cierto nerviosismo la peruana cogió las llaves de su bolso mientras yo le mordía el cuello y le cogía su maravilloso culo. Sin encender siquiera las luces me condujo a su dormitorio, el mismo que había compartido con el padre de su hija, Lázaro, mi exjugador. Cerró la puerta y comenzamos a desnudarnos sin dejar de comernos la boca.
He de decir que nunca me había follado a una mujer andina y me sorprendió. Rosalinda enía un desnudo espectacular con unas tetas no muy grandes pero muy bien puestas. Con una aureola y pezón muy oscuros, casi negros, ahora totalmente empitonados por la excitación. Su coño, de labios gordos, estaba cubierto por una franja de vellos negros y rizados. Su vagina era de un color rosa intenso provocando un morboso contraste. En la cama era una auténtica putita complaciente. Con una actitud sumisa casi provocadora.
Quedé con el torso desnudo y el pantalón puesto cuando me tumbé sobre ella que permanecía boca arriba. La besé antes de descender, desde su boca hasta sus tetas, lamiendo con mi lengua. Con la mano derecha le separaba los labios del coño y exploraba aquella húmeda cueva ardiente. La mujer cruzó sus brazos por mi cuello obligándome a comerle las tetas entre suspiros y gemidos por su parte. Seguí descendiendo hasta colocarme entre sus piernas y lamerle aquella rajita "indígena". Rosalinda se aferró a mi cabeza con las manos y empezó a alabar mi lengua y mi habilidad para el soxo oral:
-Así papito, así. Dame mucho placer.
Yo no dejaba de lamer y succionar la pipa de aquel coño rosado. Bebía sus jugos calientes y arrancaba gritos de la ex novia de Lázaro. Agarré sus nalgas para separarlas y comprobar cómo su ojete arrugado se estiraba. Le pasé la lengua e intenté penetrarla con ella:
-Ay, que macho es usted entrenador. Métame los dedos en el agujerito.
De repente, ella se incorporó y se dispuso a terminar de desnudarme para comerme la polla. No pudo evitar una risita nerviosa cuando liberó mi polla erecta. Ante ella se erigía un buen trozo de carne duro y caliente, totalmente depilado y surcado de venas. Coronado por un capullo más ancho que el tronco. Sin duda era más grande que la del padre de su hija. Rosalinda alabó la polla que se dispuso a comer de inmediato. Abrió la boca sin dejar de mirarme a los ojos y lentamente la fue engullendo hasta donde pudo sin vomitar. Durante 10 minutos me regaló una mamada casi profesional. Pero yo no quería correrme. Quería follarme el precioso coño de Rosalinda.
La detuve, le besé la boca y la tumbé boca arriba. La peruana se abrió de piernas ofreciéndome una imagen tremendamente sensual. Tras ponerme condón, me tumbé sobre ella y la penetré de un golpe de cadera. La mujer gritó al sentirse fuertemente penetrada por mi polla. Me clavó las uñas en los hombros antes de volver a percutir contra ella. Con cada golpe de cadera ella gritaba, gemía, suspiraba y alababa lo buen amante que me estaba mostrando:
-Ay papito, usted si que sabe tratar a una mujer como yo.
Después de estar percutiendo incesantemente, Rosalinda se corrió varias veces demostrando que era multiorgasmica. Yo se la dejé clavada, haciendo fuerza y provocando que gritase y se quejase de dolor antes de correrme con un grito casi animal. Nos quedamos unos segundo unidos, besándonos. Por fin se la saquè y ella quedó casi en un estado de semi inconsciencia. Durante unos 20 minutos estuvimos acariciándonos hasta que me fui recuperando. Mi polla reaccionaba las caricias de la mujer y mis dedos en su culo. Poco a poco fui masajeándole el ano hasta que ella me agarró la mano y se metió el dedo en la boca. Luego lo volvió a llevar a su ano:
-¿Quieres darme por culo, papasito?
Le sonreí con lascivia. Ella se giró y se puso a 4 patas. Se agarró las nalgas con las manos dejando a la vista un ano casi virgen:
-Es usted un buen semental. Haga lo que tenga que hacer conmigo.
Me coloqué de rodillas tras ella, le escupí en el agujero del culo y me ensalivé el tronco de la polla. Apunté el capullo a su entrada trasera y comencé a hacer fuerza. Al paso de la cabeza de la polla por el esfínter Rosalinda gritaba de dolor pero me pedía que ni se me ocurriera sacársela. En ese momento se la hundí hasta los cojones. Ella respiraba entrecortada y me pedía un respiro que no le concedí. Se la dejaba clavada muy dentro e inmediatamente le da a otro puntazo.
-Toma perra.
-Sí papito, soy su perra.
Comencé a acelerar mis embestidas contra el ano de la peruana. Lo hacía tan fuerte que por un momento pensé que se lo reventaría. Ella comenzó a disfrutar la enculada. A pedir más con obscenidades y a insultarme para que le diera lo que ella necesitaba. Por fin me corrí dentro de sus intestinos. Mi semen viscoso comenzó a salirse de su ano con cada penetración. Ella cayó rendida sobre la cama con el ano dolorido pero satisfecha.
Pasé la noche en su cama y a la mañana siguiente desperté con ganas de volver a descargar. Me acerqué a la peruana por atrás y lamiéndole el cuello masajeé las tetas con una mano. Ella comenzó a suspirar complacida. Le susurré al oído que tenía que volver a casa pero quería una buena despedida. Que deseaba que me la chupara pero como una perrita sumisa. Así que la puse de rodillas ante mí y le até las manos a la espada con un cinturón y empecé a follarle la boca a gusto mientras la definía de manera casi insultante diciéndole lo perra que era dándome placer de esa manera. Por supuesto se tragó toda mi corrida sin rechistar.
Salí del dormitorio vestido y dejando a la mujer en la cama para que siguiera durmiendo. Quedé paralizado cuando al pasar por el salón vi que su madre estaba allí desayunando. Sin duda nos habría oído follar durante toda la noche y la última mamada de su hija. Yo desconocía por completo que esta señora vivía con su hija así que por cortesía le di los buenos días. Ella me lo devolvió pero cubriendo su cara como avergonzada, no sé si por el comportamiento de su hija o por no haberse escondido para que yo no supiera que ella lo había oído todo. De repente se levantó y se dirigió a uno de los dormitorios donde dormía el hijo de Rosalinda:
-Voy a despertar a Nestor. Tiene un sueño muy profundo.
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