Xtories

Nina, de nuevo

Nina siempre ha sido dulce, pero esta noche ha cambiado. Max la observa, impotente y excitado, mientras ella se entrega a la mirada de extraños en restaurantes, bares y baños públicos. No es solo sexo; es un juego de poder donde ella controla la exhibición y él solo puede mirar.

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Nina, de nuevo.

I

Ha pasado ya algunas semanas desde ese fin de semana en el que Nina descubrió su naturaleza de sumisa. Los días han ido transcurriendo como siempre, de la casa al trabajo, cenas delante del televisor y, eso sí, más actividad sexual que la que teníamos antes, pero nada del otro mundo. No hemos vuelto a hablar de lo que pasó durante esos tres días, tal vez por vergüenza, pero me doy cuenta, cuando follamos, que si la agarro fuertemente del cuello se corre con mucha más facilidad que antes. Parece que no solo ha descubierto su nueva condición, sino que eso también la ha convertido en una putita multiorgásmica. Pero sí noto que a cada día que pasa, algo se va tensando en el ambiente, como una especie de rumor soterrado que invade el espacio entre los dos y se convierte en un obstáculo casi físico.

Así que, un viernes por la mañana, Nina no puede más y me dice:

- Tengo que confesarte algo, Max, pero no quiero que me malinterpretes. No podio estar más a gusto contigo, pero me gustaría que volviéramos a tener otra noche de descontrol como aquel finde. ¿A ti no te apetece? – me mira con su carita de niña buena y sus ojos verdes brillan bajo los rizos de su rubia melena.

- ¿Cómo no me va a apetecer? Lo recuerdo cada día, minuto a minuto, pero no quería forzarte a repetir hasta que tú no lo decidieras. ¿Te parece si salimos otro día y vamos viendo cómo se desarrolla la noche?

- Me parece perfecto, pero ¿por qué no hoy? – Realmente tiene ganas - Ya son las ocho. Me visto y nos vamos a cenar, ¿Vale? – Y la veo entrar en el dormitorio, canturreando, alegre. Me siento a esperar tranquilamente, con una copa en la mano. Pero no estaba preparado para la Nina que aparece al rato. Lleva un vestido blanco, corto, que transparenta casi todo su cuerpo entre blondas. El escote son unas tiras de tela que se anudan en su nuca y que descienden desde sus hombros hasta la cintura, donde se unen a la falda. Debe haberlo comprado uno de esos días, seguramente online. Lleva también unas sandalias de tacón alto con unas tiras que envuelven sus pantorrillas.

- ¿Quieres que salga así? – Trago saliva.

- Claro, preciosa. – Le tiendo una gabardina, tal vez refresque.

Conduzco hasta el restaurante griego de Aribau que ahora viene recomendado en todas las guías. A esa hora, son casi las nueve y media, me cuesta un poco aparcar, pero finalmente lo consigo casi delante. Salimos y nos dirigimos hasta la entrada, que franqueamos, para darnos cuenta de que el local está abarrotado. Solícito, el maître viene a recibirnos.

- Buenas noches. ¿A qué nombre tienen la reserva? – me pregunta

- Buenas noches. No, no tenemos reserva, pero… y me interrumpe:

- Lo siento señor, sin reserva es imposible. Estamos llenos hasta el día…- Se vuelve para consultar la agenda y yo aprovecho para quitarle la gabardina a mi mujer. – hasta el día – se gira hacia nosotros de nuevo y enmudece de golpe viendo a Nina con el vestido que lleva. – Esperen, voy a ver.

Miro al comedor y advierto como grita unas órdenes a un par de camareros, que rápidamente sacan una mesa de lo que imagino será el almacén y la disponen al lado de una ventana.

- Los acompaño - nos dice, sin apartar los ojos del escote de mi chica.

Nos sentamos y pedimos. Es imposible no darse cuenta de las caras de los camareros cada vez que se acercan a la mesa. Me parece que se van turnando, porque viene uno distinto con cada plato. Nina ha empezado el juego y les sonríe coqueta mientras va fingiendo que coloca las tiras de su escote para tapar sus pechos, descubriendo un pezón cada vez que lo intenta. Me sonríe cada vez que alguno de los chicos se marcha, turbado.

- Sigo, ¿no? – me dice. Por toda confirmación, agarro su mano bajo el mantel para que palpe mi erección. Se ríe.

Terminamos de cenar y pido la cuenta y el maître de antes se acerca con ella y una botella de orujo.

- Les ruego que acepten esta invitación. - nos dice mientras nos sirve un par de chupitos.

Me extraña que sea tan descarado mirando a Nina, pero cuando me vuelvo hacia ella no me sorprende ver que ha dejado al descubierto uno de sus pechos, que exhibe en todo su esplendor, mientras disimula mirando por la ventana. Entretanto, repaso la cuenta, que me parece sospechosamente barata. Le tiendo mi tarjeta y se va. Al poco vuelve con la gabardina de Nina y de la pone educadamente – Esperamos verlos pronto de nuevo por aquí – Todos los camareros están mirándonos desde el comedor. Incluso han aparecido también un par de cocineros para saber cómo es la mujer que de la que han hablado tanto sus compañeros.

II

No vamos a coger el coche aún, porque el Dry Martini está cruzando Aribau, a pocos metros. En el paso de peatones encontramos a un grupo de hombres muy escandalosos. Por sus pintas se ve claramente que están de despedida de soltero de uno de ellos, el más pringado, que se pasea con una capa estrafalaria. Excepto éste, los demás parecen mayores y llevan una camiseta conmemorativa. Parecen ir ya bastante contentos. Y, claro que sí, se fijan en Nina, que, lejos de mostrarse ofendida, desabrocha la gabardina para darles algo de espectáculo. Le silban entre piropos, a lo que ella les sonríe dándose una vuelta entera para que alegren la vista.

Entramos al Dry. Miro hacia la barra, bastante llena. Un montón de gente habla entre ellos, ajenos a nosotros. También las mesas están ocupadas, así que creo que hoy no vamos a poder quedarnos, pero, al darme la vuelta, veo por el espejo de la barra que una de las parejas se está levantando de una mesa del centro de la sala así que, rápidamente, nos sentamos, Nina de frente a la barra, apoyada la espalda en la pared y yo delante de ella, frente al espejo que refleja toda la sala. Al acercarme a la barra a pedir nuestras copas, percibo varios tipos vueltos hacía nuestra posición, por lo que sospecho que Nina se ha quitado ya la gabardina. Cuando vuelvo a mi sitio lo confirmo. Está espectacular. Se acerca a mí y me dice, muy nerviosa:

- ¿Has visto quien está en la barra?

- No, ¿Quién?

- Es ese tertuliano de televisión que sale cada día, no me acuerdo como se llama, ese…

Me doy la vuelta y confirmo que sí, que es él. Ella me mira con cara de niña buena y me pregunta:

- ¿Puedo? - Yo sonrío. Ella lo entiende.

No, claro que no le es difícil llamar su atención. Solo tiene que sonreírle, coqueta, y cuando él la mira, echarse disimuladamente hacia delante, simulando coger su copa, para darle una vista completa de su pecho izquierdo de lado. Él la mira y ella le sonríe otra vez. Pero de nuevo los amigos le reclaman, así que tiene que dejar de prestar atención a Nina, pero contemplo por el espejo que hace esfuerzos para volverse hacia nosotros. De la forma en que estoy situado, puedo verlos a los dos y, así, cuando él se voltea, Nina aprovecha para descruzar sus piernas y darle una vista privilegiada de la blancura de su tanga, sin dejar de mirarle. Empieza a desatarse, bien, pienso, y le digo.

- Vamos, lo estas deseando.

- ¿Estás loco? ¿No ves donde estamos? Esto no es un club de mala muerte. – protesta.

- Tu misma. No tendrás otra oportunidad como hoy, con lo que siempre dices que te gusta.

Me da la impresión de que es justo el pequeño empujón que necesita. Me mira con vicio, y espera que él tuerza la cabeza de nuevo hacia ella. Cuando lo hace, Nina se levanta despacio, regalándole de propina otra vista de sus braguitas, y se levanta sin dejar de mirarle, dirigiéndose al baño. El me mira a mí, que disimulo, como si no estuviera dándome cuenta de nada. Nina pasa por su lado, rozándole, Su cabellera rubia va dejando un rastro de lujuria tras de sí. Él se disculpa con sus amigos y va tras ella. Los dos se encuentran en la entrada del baño. Parece que él no se decide, así que Nina toma la iniciativa. Sin mirarle, le coge de la mano. Él no se retira, y cuando queda libre el primer cubículo, entran los dos. Sin hablar, Nina le besa con lascivia, moviendo la lengua dentro de su boca, con ganas. No puede creer que vaya a montárselo con él. Este acepta el inesperado regalo y sus manos empieza a levantar el vestido de Nina, hasta que queda con la ropa en la cintura. Ella ayuda a la maniobra bajándose el tanga hasta los tobillos. Se da la vuelta, dándole la espalda. El espacio es mínimo, así que Nina nota su aliento en la nuca mientras le acaricia los muslos subiendo hasta su coño. Cuando empieza a frotarle el clítoris, la encuentra mojada, así que, sin más, se saca la polla. No tienen más que un par de minutos. Todavía no se han cruzado palabra cuando:

- No tengo ningún condón, - le dice él al oído. Esa voz, la que escucha cada día en la televisión, le nubla la razón.

- Da igual – responde Nina sin poder aguantarse, e inmediatamente siente como le hunde el pene hasta el fondo. Ella gime sordamente, pensando en quien se la está follando. “Pues no tiene el rabo muy grande”, piensa. Él sólo aguanta una docena de embestidas y Nina siente como ya eyacula dentro de ella. La incomodidad, las prisas y el poco tamaño de la polla que acaba de follarla la ha dejado con las ganas. “Bueno. Alguien se aprovechará de ello”, piensa, mientras se limpia con un poco de papel de váter el semen que se escurre por sus muslos.

- Sal tú primero. – le pide, y él obedece.

Ella se queda un par de minutos más, limpiándose y recomponiéndose. No quiere ser la comidilla del bar si los ven salir a la vez. Cuando le parece que ha pasado suficiente tiempo, regresa y se sienta a mi lado. Parece sofocada y se deja caer sobre el asiento. Él ya se ha marchado, pero antes ha pagado nuestras copas.

- ¿Qué tal? – le pregunto.

- Bah. Nada del otro mundo. - Noto sus ganas desatendidas. - ¿Me llevas a otro sitio?

III

Salimos y subimos al coche. Nina está muy excitada por haberse quedado con las ganas. Perfecto, eso hará que se atreva a más y yo lo voy a disfrutar minuto a minuto. Mientras conduzco tengo que prestar toda mi atención al tráfico porque Nina se ha levantado la falda, sentándose sobre sus nalgas y se está masturbando. Esta vez no es que le importe que alguien pueda verla, sino que lo hace precisamente para eso, y se lo deja claro a cualquiera de esos que no están mirando cada vez que nos detenemos. En un momento dado, me susurra al odio:

- Llévame donde haya gente. – Y nos vamos a una discoteca cercana, que concemos de otras veces.

Cuando entramos vemos que ya hay bastante público. Nos sentamos en un taburete de la barra y empezamos a beber. Nina está espectacular y la luz negra de los neones transparentas su vestido Está virtualmente desnuda. Ella parece encantada con eso y me pide:

- ¿Vamos a la pista?

- No, ve tú, princesa.

Por nada del mundo quiero perderme ese espectáculo, así que me recuesto en la barra, de cara a la pista y la observo. Cómo no puede ser de otra forma, varios moscones acuden a su encuentro. Ella les sonríe y sigue sus movimientos, permitiéndoles rozarla e intentar agarrarla para después separarse con una risita. Ellos empiezan a sudar. Los está volviendo locos y me mira, riéndose. Cuando le parece que se están cansado, pega su culo al paquete de uno y se restriega descaradamente. Éste la coge por la cintura y se mueve, simulando un coito. Ella se arrima más, echando el cuerpo hacia delante. Su cabellera rubia se mueve al ritmo de mis latidos. Después, deja que otro se le acerque de frente y se una al baile. Parecen jóvenes, con la piel bastante morena. Nina es el relleno de un sándwich que se mueve al unísono. Los chicos se miran entre ellos, cómplices. Pero ella, de golpe, se aparta y les dice algo al oído. En seguida veo como los coge de la mano y se acercan los tres a mi posición. “Otra vez el mismo juego”, pienso, impaciente.

- Mira, Max, estos son Yeison y Brayan. Son los dos cubanos. Este es mi marido. – Nos presenta. Los dos están alucinando.

- Encantado. - respondo rápidamente, antes de que la confusión se extienda. - Ya he visto como bailabais los tres.

- Sí, bueno… - empieza el tal Yeison, pero se atora, así que tengo que ayudarle.

- Da gusto bailar con ella, ¿verdad? Es tan sexy…

- Sí, sí. – sigue cortado.

La miro y ella lo comprende, así que coge la cabeza de Yeison y le mete la lengua hasta la campanilla. En principio, éste no devuelve el beso, pero al poco mete también la lengua en la boca de Nina y ésta le acaricia la bragueta. Después, mi mujer se vuelve hacía Brayan y repite la operación. Brayan parece más atrevido, o más salido, y le toca el culo por encima del vestido. Siguen los tres a mi lado, de pie frente a la barra donde estoy sentado. Ella se separa, les da la espalda y me besa a mí. Yo, con las dos manos, levanto su vestido, mirándolos, para darles unas vista completa del culo de mi chica. Yeison se aproxima y empieza a amasarle los glúteos, pegado a su espalda, tapando la escena. Nadie parece darse cuenta de nada, así que sigue hasta que le aparta el tanga, desliza sus dedos hasta delante y empieza a masturbarla introduciéndole un dedo en el coño. Nina gime en mi oído. No puede más. Yo dejo de besarla y ella se vuelve hacia Yeison para morrearle otra vez. Le hago un gesto a Bryan para que se acerque y le digo:

- ¿Porqué no os la lleváis al baño?

Así que sin decir nada más, la coge de la mano y, sin preguntar, le dirige hacia allí. Yeison les sigue detrás. Después del primer día, a Nina ya no le importa que la vean entrar al baño de los hombres y, aunque le importara, está demasiado cachonda para dudar. Los que están de pie en los urinarios los miran entrar a uno de los cubículos. Es muy pequeño, así que Nina toma la iniciativa y se sienta sobre la tapa de la taza. Los dos saben lo que viene ahora, así que se sacan la polla y la enfrentan a la boca de Nina, que, golosa, las engulle una tras otra. “Dios. Son enormes” piensa, relamiéndose. Con la mano libre, va masturbándose mientras las chupa, dejando que la saliva resbale visiblemente por su barbilla para regocijo de ambos. Cuando cree que ya no se pueden poner más duras, se levanta, se quita el tanga y coloca a Yeison en su lugar. Éste, solícito, ya se ha puesto el condón y se sienta, así que Nina, completamente lubricada, salta sobre su polla y se la hunde hasta el final. El chico queda sorprendido de la habilidad de mi chica y empieza a gemir junto con ella. Bryan vuelve a acercarle su pene a los labios para que Nina sigua chupándoselo con ansia. Ella está excitada al máximo, así que se corre una y otra vez brincando sobre la polla del chico hasta que se cansa.

- Córrete. - le susurra.-

Y Yeison cumple, con un grito sordo. Eso hace que Nina se de cuenta de lo que está haciendo y de donde está y, aún más excitada, cambia a Yeison por Bryan y se monta en él, desbocada. Cuando mira al techo, ve dos caras asomando del tabique que separa dos de los cubículos, que la observan con lascivia. Sentirse como se siente, una auténtica putita, le provoca un orgasmo tras otro, hasta que Bryan se corre también, incapaz de contenerse ante el vicio de Nina. Esta vez no se corta y sale junto con ellos hasta los lavamanos, donde se retoca ligeramente el pelo, sonriendo ante todos los que la miran.

- Hasta otra. – se despide teatralmente con un beso al aire. Cuando vuelve a mi lado le pregunto, con sorna

- ¿Ya estás mejor?? – ella todavía no ha recuperado totalmente el ritmo de su respiración.

- Sí, gracias por todo. – me responde, melosa. Viéndola así, nadie adivinaría que es un lobo con piel de cordero – Me termino la copa y ya nos vamos. – Y, remolona, empieza a beber.

Al cabo de un par de minutos, Yeison y Bryan pasan frente a nosotros.

- Nos vamos ya.

IV

Ahora parecen estar cortados. En fin. Nina ni los mira cuando se alejan, pero un bullicio cerca de la entrada llama su atención. Hombre, son los tipos de la despedida que nos hemos cruzado saliendo del restaurante. Ahora sí van claramente borrachos, con el chico enmedio de todos. Nina me mira. El brillo que desprenden sus ojos es casi hipnótico.

- Entonces nos quedamos un poco más, ¿no? – le pregunto.

Ella esboza una mueca de niña mala y asiente. No sé que llevará de cabeza, pero me da bastante igual, sé que me voy a divertir. El grupo toma al asalto la totalidad de uno de los sofás, en forma de U, y siguen riendo y bebiendo. Nina les observa, como un águila a un rebaño. Cuando uno de ellos se acerca a la barra para pedir otra ronda, Nina hace lo necesario para que se fije en ella. Gira su taburete y ahueca su escote para que uno de sus pechos quede libre a la vista de él. Cuando ya ha fijado su atención, soy yo quien le digo:

- Hola otra vez. Nos hemos cruzado antes en Aribau. ¿Te acuerdas?

- Sí, claro que me acuerdo. - responde desacomplejado - ¿Cómo no me voy a acordar?

- Estáis de despedida, veo.

- Sí, mi sobrino, un pringado, ya ves.

- Pobrecito – interviene Nina – a mí me parece muy mono. – Y sostiene la mirada del hombre. Éste no se achanta y se la aguanta, hasta que por fin, suelta:

- Oye, si queréis tomaros una con nosotros…

- Sí, claro. Ahora vamos.

Dejo trascurrir un par de minutos para que el tío anuncie a los demás que vamos y luego cojo a Nina de la mano y nos sentamos con ellos. El que nos ha invitado dice:

- Yo soy Tomàs, por cierto. Y esté bobito es Vicente, mi sobrinito – señalando a un jovencito que no tendrá más de veinte años. – Se casa mañana.

- Ella es Nina y yo Max. - respondo.

Después, todos van presentándose, aprovechando para dar dos besos a Nina mientras otean dentro de su escote. Ni ella ni yo vamos a hacer ningún esfuerzo para recordar sus nombres. Vicente es el último y Nina ladea un poco la cabeza al besarle para que los labios del chico toquen la comisura de los de ella. Varios de los hombres se dan cuenta. Van todos bastante pasados de alcohol. No pierden de vista las piernas de mi chica que, provocativamente, va cruzando y descruzando de tanto en tanto, como quien no quiere la cosa. Al poco, la conversación empieza a centrarse en ella y en lo guapa que es, aunque, a pesar de las copas, no van más allá, intimidados por mi presencia. Ella se ríe casquivanamente a cada comentario.

- ¡Hala! que burrada has soltado – le dice a uno que se ha pasado de piropo – ¿Tan bonitas te parecen? – a otro que alaba sus piernas – ¡No me hagas reír tanto, que se me ha salido un pecho! – al que tiene enfrente – Pues yo creo que no estoy tan buena – le responde a otro, levantándose y dando una vuelta sobre sí misma.

Yo dejo que vayan calentándola porqué sé que al final de la noche vamos a disfrutar recordando juntos este momento. Hasta que al cabo de un rato Tomás anuncia:

- Señores, nos tenemos que ir. Me acaban de llamar y ya llega. – Los demás parecen desilusionados.

- ¿Adónde vais ahora? - les pregunto.

- Hemos alquilado una suite en el hotel para seguir la fiesta y contratado a una stripper. ¿Por qué no os venís? Es decir, si a Nina no le asusta tanta testosterona junta. – se ríe.

- A Nina no le asusta casi nada. - responde ella misma, levantándose provocativamente. – Claro que venimos, ¿no, Max? – Yo también me rio.

El hotel es un cuatro estrellas que queda muy cerca, así que vamos andando. Cuando llegamos al hall, el recepcionista le tiende una llave a Tomàs, que le dice:

- Cuando llegue la chica, que suba. – y le da un billete.

La suite es magnífica, con un salón grande lleno de butacas y una pequeña barra a la que varios se lanzan a comprobar que el bar esté bien surtido. Al fondo, una gran puerta corredera encierra el dormitorio, que queda fuera de la vista. Nina se acomoda en una butaca, pero yo prefiero sentarme algo alejado para ver mejor la situación. Con una mirada me indica que lo entiende. Nada más sentarnos, suena el teléfono y Tomás se ausenta un momento. Cuando vuelve, abre teatralmente la puerta de la suite, baja la intensidad de las luces, y aparece tras el una pelirroja despampanante, vestida con un mini uniforme de policía. Alguien ha encendido un altavoz y suena You can leave you hat on. “Todo muy previsible” piensa Nina.

La pelirroja entra al centro del salón contoneándose provocativa. Vicente está sentado en el centro y ella se va desnudando frente a él pieza a pieza hasta quedar solamente con un pequeño tanga, y la gorra, claro, justo cuando termina la canción. Todos aplauden, piropeándola. Ella simula un saludo, echando el tronco hacía delante, a modo de reverencia, y se va hacia el dormitorio. "Tiene un culo magnífico", piensa Nina.. La chica deja la puerta entreabierta mientras empieza a vestirse, cuando Tomás se acerca a ella y vemos como hablan. Ella va haciendo que no con la cabeza, pero Tomás insiste, con un par de billetes en la mano. Finalmente, asiente y Tomás vuelve al salón, donde están todos expectantes:

- Señores, Tania ha accedido ha hacer un último baile para mi sobrino, así que preparaos.

Todos se callan cuando alguien vuelve a encender el altavoz. Suena otra vez una música sensual, que esta vez no acierto a adivinar, y ella se centra en Vicente, que sigue sentado, visiblemente avergonzado. Es el más joven del grupo, donde casi todos son cincuentones como su tío. Ella se coloca a su espalda y le acaricia el pecho, dejando que su cabellera pelirroja caiga sobre la cara del muchacho. Luego se planta frente a él y se va dando la vuelta al tiempo que se quita lentamente el tanga para descubrir un pubis arreglado, pero con una pequeña línea de pelo pelirrojo. Nadie se fija en Nina en este momento, solamente en Tania, que se sienta en el regazo de Vicente, moviendo su culo. Cuando la música parece llegar al final, se levanta, balancea sus pechos y mete la cara del chaval entre ellos, entre el regocijo del público, que aplaude a manos llenas. La vemos retirarse de nuevo al dormitorio, seguida por Tomás, que esta vez no puede convencerla de que se quede. Cruza la puerta despidiéndose con un beso y es cuando repara en Nina, mirándola extrañada. Cuando se cierra la puerta, el ambiente de pronto se ha impregnado de la sensualidad e Tania. El ansia de sexo casi se palpa, pero todos vuelven a sus chanzas.

Veo a Tomás que se me acerca. Ya sé qué quiere, pero, con un gesto, le redirijo hacia Nina, que le atiende. Se van los dos hasta el dormitorio y cierran la puerta. Al minuto, aparece de nuevo Tomás, que reclama la atención del resto.

- Amigos, acabo de hablar con nuestra invitada. Como os veo a todos muy excitados, le he pedido que complete el número de Tania... – Todos le miran expectantes. La pausa se hace interminable -...¡y ha accedido! así que volvamos a bajar las luces y, con todos nosotros, ¡Nina!

El aplauso es ensordecedor, pero de pronto se hace el silencio cuando la vemos salir del dormitorio. Se me antoja mucho más sensual que la tal Tania y noto que los demás piensan lo mismo porque se quedan mudos mirándola. Ahora suena “Lady Mermelade” en el salón y a Nina le resplandecen los ojos. Recorre la sala en círculo, llevando lentamente sus manos a la nuca para desabrochar las tiras de su vestido. Cuando lo ha hecho, las sostiene con las manos sobre sus pechos. Se mueve como una pantera, mirando a cada uno a los ojos, sin pestañear, menos cuando me toca a mí, dedicándome un guiño. Después, deja caer el vestido, levantando voluptuosamente los brazos por encima de la cabeza mientras se va dando la vuelta. Alguien lo recoge del suelo y lo deja sobre una silla vacía. Ahora centra la atención en el avergonzado Vicente, al que coge de las manos y las lleva hasta sus caderas, al tiempo que las va moviendo, para que coja con las manos la tira de su tanga. Pero el chico no se atreve, o está demasiado abochornado, así que Nina, en voz alta para que todos la oigamos, le dice:

- Quítame las braguitas, Vicente. Los están deseando todos, cariño.

Y Vicente obedece, le va bajando las braguitas despacio y queda al descubierto su pubis, depilado, y su culo. A Lola la excita sobremanera quedar así desnuda delante de un auditorio, que, ahora sí, estalla en un estruendo de aplausos y silbidos, creyendo ya terminado el espectáculo, Pero se quedan mudos cuando empieza a sonar otra en el altavoz je t’aime mais non plus. Tomás y yo nos miramos, cómplices. Nina empieza otra vez a balancear sus caderas, ahora solamente para Vicente, que sigue sentado. Despacio, se va agachando frente a él mientras se coloca entre sus piernas, sin dejar de moverse. Sigue mirándole fijamente cuando le desabrocha la bragueta. El chico, ya sin voluntad, se va dejando hacer y así acaba con los pantalones y los calzoncillos en los tobillos. Los hombres aplauden su evidente erección y él se ruboriza ostensiblemente, pero Nina, con un lengüetazo en el tronco de su pene, reclama su atención. Después, agarra con cada mano las nalgas del joven y, sin tocarla, engulle su polla hasta el fondo. Todos se callan, asombrados ante la osadía de Nina, y durante varios minutos solo se escucha a Jane Birkin cantando y a mi chica chupando el pene de Vicente. Lo hace con tanto entusiasmo que saliva abundantemente, por lo que el ruido al continuar con la mamada es perfectamente audible. Hasta que, sacándose la polla de la boca y sin dejar de mirarle, le pregunta, en voz alta:

- ¿Quieres follarme, Vicente, o quieres correrte en mi boca?

Ahí sí que el chico no puede aguantar más, echa la cabeza hacia atrás y eyacula en silencio en la boca de Nina, que la recibe sin dudar. Luego se aparta, sonriendo. Los demás se ríen, nerviosos. Se les nota algo descolocados. Nina se levanta y se dirige hacia Tomás, tomándo de su mano la copa de cocktail vacía que sostiene. Primero me mira a mí y luego a él, y despacio, abre la boca para depositar la corrida de Vicente en la copa. Uno de los tipos no puede más y se levanta para acercarse, pero ella le detiene:

- Siéntate. – le ordena, firme. Y el hombre se sienta otra vez. Ella deja la copa en el suelo, se levanta para seguir de pie frente a un Tomás que ha quedado mudo y le pregunta:

- ¿Y tú, Tomás? ¿Quieres follarme o que te la chupe? - A Tomás le cuesta reaccionar, pero superada la sorpresa:

- Follarte, preciosa, yo quiero follarte.

Entonces Nina asiente con la cabeza, va al centro de la sala y se tumba en el suelo, flexionando las piernas mientras las separa, invitándole. En el altavoz suena Baby, one more time. El hombre se coloca torpemente un condón y se tumba sobre ella, que levanta un poco el culo para facilitarle la maniobra. Tomás ha dejado de ver más allá de Nina, y empieza con el mete saca, suspirando trabajosamente en el oído de ella, que gime. Se está corriendo claramente, con los ojos entrecerrados. Luego dirige su boca al cuello de Tomás y le susurra:

- ¿Te das cuenta de cómo me haces disfrutar, cabrón?

Eso es demasiado para el pobre Tomás, que, con un berrido, anuncia su orgasmo, que coincide con otro de ella. Cuando ha acabado, Nina le quita el preservativo y lo vacía en la copa que está a su lado. Después gatea hasta la posición del hombre con la copa en la mano y le pregunta, en voz alta:

- ¿Ahora a quien quieres que me acerque, Tomás? - y, señalando la copa - Todavía no está llena.

Tomás se estaba subiendo los pantalones y se queda atorado por la osadía de Nina:

- Eres una maravilla, niña. – y a mí – que suerte tienes, mamón. – Y le señala a un hombre delgado que está sentado a mi lado, que no puede creer su suerte. – A Juan.

Nina se aproxima a cuatro patas, con los pechos bamboleándose y el culo levantado y le dice:

- Elige, Juan.

- Yo quiero comerte el coño mientras me la chupas. – se atreve.

Nina vuelve a tumbarse, de lado, y abre las piernas. Juan se pone en posición y empieza a lamerle el clítoris, afanoso. Aprovecha para meterle dos dedos en la vagina mientras lo hace, para acabar introduciendo también la lengua entre los pliegues de su coño. Nina está disfrutando y lo demuestra. La excitación de verse así en medio de un montón de tipos que acaba de conocer al enciende aún más y se corre con la polla de Juan en la boca. Después, se corre otra vez. Y otra, de nuevo, que coincide con la eyaculación de Juan en su boca, entre estertores. Éste se aparta y Nina se yergue de rodillas, abre la boca frente a todos y deposita la lefa de Juan también en la copa.

- No me has dicho a quien le toca a hora, Juan.- le dice. - Quiero seguir hasta que rebose.

En fin, para qué más detalles. El resto de la noche lo recuerdo como en una película. Nina siempre en la escena, follando con alguien, chupándosela a cualquiera, uno tras otro o a dos tres a la vez, en la alfombra, en un sofàm, en la cama... hasta que avaba con todos. inasequible al cansancio. Finalmente, con los mechones rubios despeinados y los ojos inyectados de deseo, se me acerca gateando para mostrarme la dichosa copa, repleta.

¿Lo ves, Max? Lo he conseguido. Ahora llévame a casa. Te te toca a ti.