Vuelo 69... Siempre nos quedará París (Capítulo 2)
Marta siempre creyó conocer los límites de su cuerpo y su matrimonio, hasta que una mirada indiscreta y una amiga atrevida comenzaron a derribar sus barreras. Ahora, cada imagen prohibida y cada susurro la arrastran hacia una tentación que no sabía que habitaba en ella.
VUELO 69... SIEMPRE NOS QUEDARÁ PARIS
Fran&Sylke
CAPÍTULO 2 – Preparando el viaje
-Marta-
Había sido una tonta en no ver la oportunidad de este viaje que le había surgido a Fran. Sabía que sería un viaje de trabajo, pero al mismo tiempo una oportunidad única de estar los tres juntos, nada menos que en París y conocer tantas cosas... Tanto Fran como yo, siempre habíamos soñado con un viaje así, pero no sé, no estaba convencida del todo.
Cuando me disponía a salir de la habitación, me percaté de que el portátil de María estaba a los pies de nuestra cama y me extrañó bastante, pues todos los papeleos y gestiones las suele hacer Fran con el nuestro, por eso no entendí que hacía allí, sobre nuestra cama. Pero cuando levanté la tapa casi me caigo de espaldas al descubrir que se ponía en marcha un video pornográfico. Una mujer morena agachada hacía una mamada brutal a un hombre que permanecía de pie sujetando su cabeza y que parecía disfrutar de la boca de ella, que lamía con una intensidad fuera de lo normal. Me quedé impactada viendo esa habilidad de la boca de ella, ante un miembro que parecía no caberle en la boca, pero tragaba y tragaba sin parar. Suponía que todo eso eran trucos del cine, pues no era normal poder tragarse semejante miembro tan fácilmente. Lo cierto es que yo no tenía experiencia en eso, pero sí que sabía las reglas de la física.
Estaba tan aturdida viendo esa escena que no era capaz de asimilar qué demonios hacía ese pequeño portátil allí y precisamente por qué era el de María el que contenía semejante vídeo. ¿Sería que Fran lo había descubierto y por eso estaba apurado incapaz de confesármelo? Sin duda él es muy permisivo siempre con la niña, pero era algo que me parecía un poco fuerte para ella lo tuviera allí. Lo peor no era eso, sino que, al cerrar ese video, descubrí que no era el único, pues había una buena colección en esa carpeta con títulos a cada cual más alucinante.
Cerré el portátil, con intención de hablarlo más tarde con Fran y que me dijera cómo había averiguado eso y cómo afrontar hablarlo con la niña con cierto tacto, pues me parecía algo muy fuerte. Curiosamente al pasar mis dedos por mis pechos, me di cuenta de que mis pezones se habían puesto duros y al separar las mallas de mi entrepierna noté que me había mojado. ¿Cómo era posible mojarme con esa guarrada?
Bajé a la cocina a tomarme un zumo de uva, para recuperarme y marqué el teléfono de Sonia para que me echara una mano con el tema de la ropa para el viaje y así evadirme de ese sofoco, pero fui incapaz de quitarme de la cabeza el tema de los videos porno y ese concretamente que visualicé en el que aquella mujer desnuda, en cuclillas, con unos largos tacones, mamaba con tantas ganas una enorme verga tiesa y venosa.
Sonia, como siempre, que es adorable, enseguida aceptó ser mi anfitriona en eso de qué ropa ponerme, pues está acostumbrada, viajando con Fran a visitar diversos actos, cenas y demás congresos por el mundo.
- Pues te tengo que llevar a la tienda nueva del centro que vas a alucinar, Marta. Conozco a Adrián, el dueño y es majísimo- me decía ella.
- Oye, que no quiero gastarme mucho dinero. Solo algún trapito, ya sabes, por si hay algún evento especial.
- No, tranquila, es ropa cara, pero tampoco necesitarás mucho, sólo algo cómodo para el día a día, un par de vestidos, unos tacones y algún bikini. Poco más... Confía en mí.
- No, yo no uso bikini, Sonia, suelo llevar bañador. - respondí, pues siempre he tenido complejo de tener mucho pecho y no me gusta ir enseñando más de la cuenta.
- Pues yo había pensado en unos tangas preciosos que tienen allí. Con ese cuerpo tuyo, quedarías impresionante.
- ¡Qué dices, Sonia! Ni loca. ¿Enseñar el culo?
- No me digas que no te apetece ponerle alegre a tu Fran, seguro que te lo agradece con esas tetas que tienes y un bikini que tape el pezón. Seguro que estás preciosa con eso.
- No, no... qué vergüenza, además Fran ya me tiene muy vista.
- Bueno, pues a la comitiva del viaje. Sabes que además de Marcos, que ya sabes lo bueno que está, sin desmerecer a tu marido, claro, vienen dos guardaespaldas de esos macizos que están para comerles todo. Uno de ellos es negro. ¿Te acuerdas cuando vimos uno así en mi despedida de soltera?
- Bueno, de eso hace mucho...
Yo recordaba aquella despedida y fue algo loca la verdad, yo me sentí algo incómoda cuando fuimos todas a un local de boys, que nos enseñaron todo.
- ¿Te acuerdas de la polla del negro? Nunca he visto nada igual.
- Anda, bruta. - dije notando como el calor empezaba a extenderse por todo mi cuerpo.
- Pues yo voy a darles un buen espectáculo, primero a Marcos, que sé que le pongo un montón y ya sabes que me gusta lucirme.
- Con ese cuerpo, les tienes locos a todos.
- Y con el tuyo, guapa, que no te sacas partido, pero déjalo de mi cuenta que te voy a poner rompedora y verás como más de uno quiere que le hagas una cubana o una buena mamada.
- No, yo eso no... - dije apurada.
- Sí, ya sé que solo tienes ojos para tu Fran, hija, que no te lo van a robar y que eres la mujer más fiel que conozco.
- No, me refiero a eso, Sonia, que yo no...
- ¿Qué tú no que...?
Hubo un silencio, hasta que ella se dio cuenta de lo que yo le decía.
- Espera, Marta, no sé si te estoy entendiendo ¿me estás diciendo que no se la has chupado nunca a Fran?
- ¡Hija, qué directa!
- No me lo puedo creer. ¿En serio?
- Pues no, Sonia.
Sonia se mantuvo en silencio unos segundos.
- ¿Qué pasa? - pregunté.
- No, nada que estoy alucinando.
Por un momento me sentí un bicho raro. ¿Debía ser la única que no hacía esas cochinadas?
- Eso me da un poco de asco y no sé, no creo que sea para tanto, ¿no? - dije al fin.
- ¿Qué no? Tú no sabes lo rico que está eso. Cuando te comes una polla no quieres otra cosa.
- Quita, quita. ¿No es asqueroso?
- Para nada... todo lo contrario es delicioso y debes ser la única que conozco que no le guste hacer eso.
- ¡Anda, exagerada!, ¡No será para tanto!
En ese momento recordé el vídeo que había visto en el portátil de María y en el fondo me di cuenta de que cómo era posible que a ella le gustase ver eso. ¿Sería yo una carca por ser tan puritana y tan anticuada?, ¿Realmente ese acto era tan natural?
- Pues te aseguro que a Fran le encantaría. - añadió Sonia al otro lado del teléfono.
- Si, ya lo sé, el pobre no deja de pedírmelo, pero no sé, no me veo... me parece tan indecente.
- Hija, estoy flipando contigo Marta. Tienes que probarlo, lo primero porque Fran acabará buscando quien se lo haga, seguro que puede tener muchas candidatas... ¿no querrás eso?
- No, Fran no es así.
- Ya lo sé, mujer, no lo digo por nada, sé que tu hombre es fiel al máximo, pero imagínate, en este viaje hay mucha loba, sin incluirme yo, jajaja... y ahora sabiendo que tu Fran no lo ha probado nunca...
- ¡Anda, loca!
- Estoy de coña, mujer, pero de verdad, deberías hacer un esfuerzo y probarlo, no es para nada indecente, sino maravilloso.
Siempre me ha dado asco con sólo pensarlo, pero Sonia no dejaba de relatarme el sinfín de ventajas de comérsela a un hombre, aparte de disfrutar una misma, algo que yo no entendía del todo, pero también la de tenerle totalmente a tus pies, según me decía y que es comiéndosela como una auténtica guarra y cuanto más mejor... porque me fue detallando cómo lo hacía ella, con todas las artes que empleaba y además de disfrutarlo como loca, la manera en que tenía a los tíos entregados a su merced y por la forma de decirlo debía conocer bien ese arte, incluso contándome pormenores de algún otro hombre que no era Mario, su marido, pues ella decía que nunca perdía la oportunidad de meterse en la boca una polla diferente.
El caso, es que sólo con escuchar sus palabras, estaba logrando ponerme bien caliente, si a eso sumábamos el video que había descubierto en el ordenador de mi hija, que me había dejado sensaciones raras, aparte de un gusto interno muy extraño y eso que yo nunca me había lanzado a probarlo ni casi a planteármelo, quizás estaba equivocada y no sería tan asqueroso como pensaba, ni tan anormal, ni tan inmoral... quizás mi educación tan estricta me llevaba a pensar esas cosas, no sé, pero tuve que despedirme de Sonia, porque ella se había venido arriba, detallándome cómo le gustaba comerse una buena polla (palabras literales), chupar unos huevos cargados y que descargasen en tu cara...
No dejé de llamarla guarra con cada uno de sus comentarios, pero a la vez sentía cierta intriga. ¿Chupársela a Fran en ese viaje, no podría ser un buen regalo? Seguro que se desmayaba si me viera hacerle eso.
Una vez que colgué la llamada, pasé mi mano por mi entrepierna y noté que me había vuelto a mojar ligeramente... ¿Qué me estaba pasando? ¿Era todo fruto de ese viaje inesperado que nos había cambiado el destino y la forma de pensar?
A pesar de todo, intenté reponerme y me fui al baño para contarle a Fran que me iba al día siguiente de compras con Sonia y de paso hablar sobre el asunto de los vídeos del portátil. Abrí la puerta y vi que estaba en la ducha, entonces corrí la puerta de la mampara.
- Fran, acabo de hablar con Sonia y mañana nos vamos de tiendas.... pero ¿qué estás haciendo? - dije sujetando la puerta de la mampara sin creerme lo que tenía delante y ver a Fran con una tremenda erección, masturbándose con todas las ganas con su miembro tieso entre los dedos.
- Pero, cariño. - dijo él protestando por haber entrado sin llamar.
Mi mirada se quedó clavada en la polla de mi marido en total erección. Y no pude evitar recordar al mismo tiempo las palabras de Sonia, de la suerte de tener a un hombre como Fran y eso que ella no sabía, además, que tenía una polla preciosa, pero el pobre nunca había tenido mi regalo de chupársela, a pesar de su insistencia. ¿Era yo una mujer tan rara? Le miré a la cara y le recriminé por ese comportamiento. Y yo que iba dispuesta a hablar seriamente con él sobre el descubrimiento de los videos de María... y ahora no sabía ni qué decir.
- Desde luego, Fran, te comportas como un adolescente, es increíble que con tu edad andes haciendo estas cochinadas, ¿es que no te es suficiente conmigo o qué? - mi voz intentaba ser de enfado total.
En el fondo, mirando de nuevo su erección y lo que Sonia me decía, que mi marido podría pensar en otra mujer o peor aún, que se la chupara en lugar de yo... y luego haber visto aquel video impactante, no podía evitar sentir una calentura extraña recorriendo todo mi cuerpo.
Me di la vuelta, dispuesta a salir, pero Fran me sujetó del brazo, atrayéndome hacía él.
- Ven, cariño... - me repetía él mirando el canalillo con lascivia y no era para menos, pues era más que sugerente la forma que hacía mi top de gimnasia.
Sonia tenía razón, mi cuerpo podría tener mucho potencial, ser mucho más deslumbrante, sin tener nada que envidiarle a otra mujer como ella o cualquiera que fuera a ese viaje tan especial, sin embargo, yo seguía siendo la de siempre, muy pudorosa o recatada o ambas cosas a la vez... en cambio Fran, con su cara, parecía estar comiéndome entera. ¿Debía hacerle caso a Sonia y cambiar mi actitud?
- A saber, en quién estabas pensando... - le dije.
- En ti. ¿En quién si no?
Fran, a pesar de verse rodeado de mujeres por su trabajo, algunas muy bellas, como la misma Sonia, siempre ha tenido ojos en exclusiva para mí, aunque era inevitable volver a recordar las palabras de mi amiga, que cualquier loba en este viaje, le llevara a probar eso que tantas veces me reclamaba y yo me negaba... pero no, Fran no era así, sería incapaz de engañarme y de eso si que estaba segura.
- ¿De verdad que eso es por mí? - pregunté, pero él seguía agarrándome con una mano y meciendo su polla con la otra.
- Sí, estás para comerte. - dijo mirándome de arriba abajo.
El hecho de estar medio sudada, con esa camiseta corta ceñida que marcaba mis enormes pechos como si fuera mi segunda piel y las mallas ajustadas, la cara de mi marido parecía indicar que lo que tenía delante era lo que más deseaba en ese momento, por eso sus brazos me rodearon como tentáculos acercándome hacía él y fundirnos en un beso intenso.
- Fran estate quieto, me voy a empapar. - protesté cuando el agua de la ducha caía sobre los dos y yo aún tenía mi top y mis leggings.
- Calla y entra... - repetía él, tirando de mi mano, hasta que el agua de la ducha caló todo mi cuerpo, mojando también esas prendas que se pegaron aún más a mi piel.
- ¡Joder, Marta! - repetía él y no sé por qué le noté más excitado que nunca. Supongo que verme empapada y su ya evidente calentura acabaron por desbocarle del todo.
- Pero Fran, puede venir la niña y que vergüenza que nos viera.
Yo intentaba por todos los medios zafarme de su abrazo, pero él me sostenía con firmeza de la cintura, acariciando mi cadera y besándome, hasta que sus manos subieron a mis tetas y el contacto con el agua, mi calentura o la suya, empezaron a aflojar mis fuerzas y a dejarme llevar por ese abrazo loco y robado, en esa ducha con mi marido despelotado. Creo que esa era la primera vez que nos dejábamos llevar por la pasión fuera de nuestra cama matrimonial y es que no sé por qué cedí, pero estaba más cachonda que nunca. ¿Sería verdad que Paris, como ciudad del amor, estaba empezando a hacer efecto desde la distancia?
Fran amasó mis pechos con ganas y luego me subió el top hasta que su boca atrapó uno de mis pezones. Ahí estaba prácticamente rendida... demasiadas sensaciones en ese día...
- ¡Fran, por Dios! - protesté, pero con poco afán, pues me encantaba estar así, atrapada por sus brazos, que me chupara de esa forma loca, prohibida, salvaje... parecía un desconocido y curiosamente, eso me gustó y es que yo misma me estaba comportando extrañamente.
Él ya me había atrapado con sus dos manos, una me sujetaba firme del culo contra él y la otra pasaba de mis pechos a mi entrepierna... notando además esa polla tiesa a la altura de mi tripita.
- Para, para... Fran, ¿estás loco o qué? - mi voz salía temblorosa y sin convencimiento.
Nuestras lenguas se entrelazaban sin parar y Fran aprovechó para sacar completamente el top por mi cabeza y agacharse a continuación para arrastrar las mallas y las pequeñas braguitas, hasta dejarme totalmente desnuda.
- ¡Joder, Marta!, ¡que ganas de follarte!
- Fran, pero... ¿qué te pasa? No podemos... la niña... no estoy tomando nada...
Casi nunca usábamos la palabra follar, como mucho decíamos “vamos a hacerlo”, pero sin nombrarlo, sin embargo, en ese instante me gustaba oírle decir eso, hablar de forma soez, como su propio comportamiento, era algo inaudito, pero tan excitante...
Fran sujetó mi mano y la llevo a su polla, que pude notar más dura que nunca y al empezar a mecerla y escuchar su respiración agitada, mientras el agua bañaba nuestros cuerpos desnudos, era demasiado para mí... demasiado para ambos. Fran ronroneaba ante mis caricias y sé cuánto le gusta el roce de mis dedos masajeando su miembro y esta vez me esmeré, haciéndole una paja lenta, con una mano y acariciándole los huevos con la otra.
- ¡Uf, Marta!, ¡joder! - dijo él pues no estaba acostumbrado a eso tampoco.
Aumenté el ritmo de mi mano sobre su pene al tiempo que sus dedos ya se habían adentrado en mi coño húmedo para follarme con ellos, de una forma guarra e inaudita. De pronto Fran se agachó y abriendo mis labios vaginales, los separó para meter su lengua y empezar a lamerme el coño, algo que no hacíamos a menudo, más bien cada mucho, aunque sí le permitía hacer, pues en cambio él nunca dijo que aquello fuera asqueroso, como me parecía a mí hacérselo a él.
Su lengua abría mis labios calientes y babeantes y un rápido movimiento de su lengua recorriendo mi rajita hizo que una corriente invadiera mi cuerpo sintiendo esa boca impregnada de mis jugos llenando su boca. No sé si por el momento, el cercano viaje, mi propia calentura o la suya, pero nunca antes había sentido nada igual. Estaba muy cachonda, como ida.
- ¡Ay, Dios! - gemía yo, corriéndome como nunca, al sentir como labios y lengua me devoraban con auténtica pasión, mientras sus manos sujetaban mi culo tembloroso, pues apenas podía mantenerme en pie.
Entonces Fran se levantó y me miró fijamente con sus ojos de deseo, con esa cara de ruego... y admiraba una vez más a mi esposo sintiéndome dichosa de tener a ese hombre para mí, la suerte de tenerle a mi lado
- Fran no podemos. Estoy en el descanso. - le recordé yo, muy seria, por mi parada técnica con las píldoras anticonceptivas.
Y él giró su cabeza, con cara de ruego y parecía estar pidiéndome lo de siempre, aquello que siempre le negaba.
- Fran sabes que no me gusta y no entiendo por qué insistes en ello. - le dije, pues sin decírmelo me estaba pidiendo evidentemente que se la chupara.
- Por favor cariño sólo un poquito la punta nada más…- me suplicaba mirándome a los ojos y le notaba tan desesperado...
Me limité a volver a masturbarle sin dejar de mirarle, para volver a recordar las palabras de Sonia, que no hacían más que llenarme de confusión, pues se mezclaba mi contrariedad y la excitación ante algo que por mi moralidad o por vete a saber qué, me resultaba repugnante realizar. Luego vinieron a mi mente las escenas famosas de ese video de aquella mujer en cuclillas comiéndosela a ese hombre y me dije, ¿Por qué yo no?
- Sólo pongo la punta de la lengua….pero nada más- dije de pronto, sin saber por qué y mirando a esa polla tiesa y venosa.
- Vale, amor. - respondió con los ojos abiertos de par en par sin creerse lo que le acababa de prometer.
No me lo pensé mucho más y agachándome, de la misma forma que la mujer del video, acerqué con cierta timidez la punta de mi lengua a ese capullo brillante, a la vez que le masajeaba el tronco en erección con mis manos, pudiendo notar cómo se tensaba. No me supo mal, ni me sentí rara, ni inmoral cuando mi lengua entró en contacto con esa punta brillante y húmeda, entonces volví a apoyarla hasta que lo rodeé al completo, dándole un chupón sonoro.
- ¡Joder, Marta! - exclamó él tembloroso sin creerse que mi boca hubiese atrapado ese glande violáceo.
Mi lengua iba por libre, lamiendo aquella punta, mientras con la otra mano palpaba sus huevos duros llenos de leche, deseosa de poder ofrecerle por fin, lo que ninguna otra mujer le haría, como si fuera exclusivamente mío y de nadie más... pero además me gustó sentir mi lengua por primera vez rozándole, viéndole gozar, con sus ojos cerrados, acariciando mi pelo y esa sensación tan novedosa y tan intensa para ambos... como lo era su respiración y el temblor de todo su cuerpo, cuando separé mi lengua de ese capullo.
Fue inmediato: El primer chorro salió disparado chocando contra mi cuello y los siguientes cayeron por mis tetas, bañando mi tripita y recorriendo mis curvas.... llenándome los pechos de esa leche caliente y espesa.
Permanecía ahí, en cuclillas frente a esa polla que se desinflaba y yo seguía acariciando sus huevos tiernamente.
- ¿Te ha gustado? - le pregunté.
- Mucho ¿y a ti? ¿Te ha gustado? - dijo él, esperando con expectación la respuesta.
- Es una sensación rara, pero......bueno, hasta ahí llego y no me pidas más. - respondí, pues aún no me creía yo misma le haber hecho tal cosa en la que me veía sucia, como si hubiera hecho algo indecoroso.
Mi marido volvió a abrazar mi cuerpo desnudo y así estuvimos un rato, con el agua todavía cayendo por nuestros cuerpos, sin creerme haber lamido ese glande.
- Vamos a apresurarnos que María está a punto de llegar – dije y empujando a Fran fuera de la ducha y cerrando la mampara, terminé de aclararme para quitar todo ese semen con el que me había regado.
Por un momento estuve a punto de recordarle lo que había visto en el portátil, pero pensé que si él no me lo había dicho sería por no importunarme y yo tampoco me veía capaz de confesarle que aquella imagen tan atroz me había excitado. Por un momento sentí mis carrillos arder, con la idea de saber qué pensaría Fran de mí, después de ese acto indecoroso que nunca había practicado con él... bueno, ni con él, ni con nadie, claro.
Al día siguiente madrugué más de la cuenta, pues siempre que Fran tiene un viaje temprano, me gusta desayunar con él.
- Has madrugado mucho- me comentó sorprendido al verme levantada tan pronto.
- Sí, ya sabes que me gustan los desayunos en familia.
- ¿Y la niña?
- Está en la ducha, ya sabes lo pesada que es.
Por un momento, la palabra “ducha” debió pasar por nuestras mentes, pero solo mantuvimos la mirada fija, sin decir nada.
Volví a llamar a María, que apareció a los pocos minutos, con una pequeña faldita de cuadros, demasiado corta y un jersey de manga corta, azul, muy ceñido que remarcaba sus grandes pechos.
- ¿No pensarás ir a sí a la uni? - le recriminé.
- Ay, mamá, no empieces. - protestó, robando una tostada a su padre, como suele hacer siempre.
- Pero hija, si te agachas vas a enseñar el culo y las tetas se ven enormes. ¿no llevas nada debajo?
- No, mamá, si llevo sujetador se me marca mucho.
- ¡Pero hija! - protesté.
- Déjala mujer. - interpuso Fran, que siempre sale en su defensa y le perdona todo e inevitablemente volví a recordar la famosa carpeta de videos porno en su ordenador. ¿Se excitaría ella con esos videos? Evidentemente sí, por eso los guardaba.
Es cierto que María no tiene nada que ver conmigo, bueno sí en lo físico, que somos parecidas en muchas cosas, pero no en lo recatada o en no llamar la atención, porque mi hija es todo lo contrario a mí y verla ataviada con esa faldita tan corta y esas tetas tan marconas, no me gustaba nada. Se lo volví a recordar, pero me remitió a su padre, que volvió a defenderla y a mimarla, como siempre.
- Es joven... - dijo con una sonrisa, cuando la otra le arrebató traviesamente otra tostada.
- Fran le perdonas todo.
Él se encogió de hombros y María se salió con la suya, abandonando la cocina canturreando algo que escuchaba en sus auriculares.
Mi esposo se levantó y agarrando mi cintura me atrajo hacia él. Un escalofrío recorrió mi cuerpo, pero disimulé.
- Bueno, Fran, que tengas buen viaje, voy a aprovechar a llevar a María a la universidad y luego he quedado con Sonia para desayunar y me va a llevar a la tienda de moda esa que te dije, para ver alguna ropita. - dije algo azorada.
- Cariño, entonces, hoy desayunas dos veces, ¿no?
- Bueno, tomaremos solamente un café. - respondí.
Él metió unos papeles en su cartera y al despedirme con un beso de los nuestros, volvió a agarrarme por la cintura dibujando mis curvas y decirme en un susurro.
- Tenemos que repetir lo de anoche.
- ¡Fran! - le dije dándole un manotazo en el pecho, arrepentida por aquello.
- Fue genial. - dijo él. - eres la mejor.
- ¡Calla, tonto!, ¡Eso no va a volver a pasar! - respondí dándole otro manotazo.
- ¿Qué pasa? - preguntó María desde la puerta de la cocina al oírnos cuchichear.
- Nada, cosas de tu padre. - salté yo y salimos de casa.
Por el camino estuve tentada en varias ocasiones de comentarle a María lo de los videos, pero entonces pensé que caería en la trampa de violar su intimidad, algo que siempre le inculqué a ella, que nunca debía hacer, por eso me pareció inapropiado comentárselo muy directamente por lo que solté una cosa que me sorprendió a mí misma nada más pronunciarla.
- María, ¿qué piensas del sexo oral?
- ¿Mamá?
Me limité a sonreírle.
- ¿Qué pregunta es esa? - dijo ella abriendo los ojos como platos, pues nosotras nunca hablábamos esas cosas, al menos de algo tan directo y personal.
- No sé, curiosidad. - dije, queriendo sonsacarle algo más sobre esos videos sin confesar que se los había espiado.
- ¿Y tú? ¿Qué opinas? - me preguntó dándole la vuelta a la tortilla.
- Bueno, ya lo imaginas, ¿no?
- Una cerdada, ¿no, mamá?
- Pues sí.
- Lo sabía... déjalo, pero que sepas que no lo es en absoluto. - y sentenció eso, meneando la cabeza, mientras salía del coche justo cuando llegamos frente a la puerta de su facultad.
Tras dejar a mi hija, Sonia me esperaba en una cafetería céntrica próxima a la Gran Vía y en cuanto me vio, se puso de pie y me saludó efusivamente como siempre. El hecho de que aquella mujer, ataviada con su vestido floreado corto y un gran escote, hizo que todos los hombres presentes se fijarán en ella, en cambio yo había decidido llevar uno más holgado, que no marcaba precisamente mis curvas y largo por encima de la rodilla. Nada más sentarme y darnos dos besos, compartimos café y una charla con curiosidades sobre viaje a realizar y en cómo le iba la vida a cada una.
- Espero que no me hicieras mucho caso ayer, cuando hablamos. - me dijo ella.
- ¿Por qué?
- No sé, por todo lo que te dije de mamarla a tu marido y eso.
- ¡Sonia! - le recriminé por si alguien de alrededor pudiese oírnos.
- Pues eso, que no me hagas caso, que a veces me vengo a arriba y ya sabes... se me va la pinza.
La sonrisa de Sonia, como siempre indicaba que ella era una mujer lanzada y decidida, al contrario que yo, mucho más indecisa, tímida, pudorosa... pero lo que ella no sabía es que sus frases y sus comentarios, habían logrado disparar algo dentro de mí, que ni yo misma llegaba a creer, para hacer algo inaudito.
- Te voy a llevar a una tienda que está muy cerca de aquí, tienen una ropa muy interesante y además conozco a Adrián, el gerente de la tienda, y estoy segura de que nos hará una buena oferta en la compra - apostó ella con una sonrisa de entusiasmo.
- Bueno tampoco quiero nada extravagante ni llamativo, ya sabes como soy, algo bonito y tampoco muy caro, porque luego son vestidos que te pones una vez y ya no vuelves a saber de ellos.
- Cuando los veas te vas a enamorar, Marta. Voy a ayudarte a dar un cambio radical.
- No sé...
- Te aseguro que en la tienda de Adrián hay cosas maravillosas.
Agarradas de la mano, salimos de la cafetería en dirección a la dichosa tienda y como era temprano acababan de abrir, por lo que no había nadie, apenas el movimiento de los dependientes colocando prendas en sus diversos estantes.
- Hola buenos días, disculpa ¿ha llegado Adrián? - preguntó Sonia a uno de los chicos, justo al que estaba frente a nosotras, pues el otro estaba al otro lado de unos vestidos y no le vi la cara.
- Sí, en su oficina está - respondió ese joven señalando a una puerta situada en una planta superior y echando, al mismo tiempo, un buen repaso al canalillo de Sonia.
Ambas subimos las escaleras para saludar a ese amigo de Sonia que salió a la puerta de su despacho a recibirnos.
- ¡Hombre, guapísima, qué bien acompañada estás! - dijo ese hombre abrazando con demasiada efusividad a Sonia.
Adrián era un hombre realmente atractivo, aparentaba menos de 50 años, alto con una mezcla de pelo canoso y negro y un porte desde luego muy interesante con el traje de color azul oscuro que llevaba, luego dirigió su mirada a mí y me plantó dos besos de forma imprevista, pues yo había estirado la mano para saludarle y él se aferró a mi cintura con demasiada confianza. No niego que por un lado me molestó su atrevimiento, pero por otro me gustó esa forma de abrazarme. Luego me dije a mí misma que si aquel amago de mamada a mi esposo me había convertido en toda una zorra.
Después de las presentaciones pertinentes, Sonia le comentó sobre lo que estaba buscando en vestidos para eventos de alto rango, mientras Adrián me escaneaba el cuerpo de arriba abajo, no sé si desnudándome o con su visión más profesional, pero me hizo sentirme algo incómoda.
- Creo que vas a quedar genial, Marta. - dijo él con esa confianza desbordante.
Con una sonrisa que hipnotizaba nos enseñó varios modelos y de vez en cuando me guiñaba un ojo, ensalzando mi figura y lo bien que me podría ir quedando una cosa u otra, pero yo rechazaba aquellos modelos demasiado atrevidos, pero lo cierto es que había uno negro ajustado precioso que me encantó desde el primer momento.
- ¿A qué es precioso? - dijo mi amiga.
- La verdad es que sí...
- Este vestido tiene que sentarte como un guante, Marta. - añadió Sonia cuando me vio ensimismada con él.
- No sé, lo veo muy ajustado y con mucho escote- añadí no muy convencida en cuanto a mi habitual vestuario, pero ese modelo era tan bonito...
- Es para algo especial, ¿no?
- Sí.
- Pruébatelo a ver que tal te sienta. - añadieron al unísono Adrián y Sonia mirándome fijamente.
Miré a ambos y a continuación entré en el probador, me quité el vestido que llevaba y observé mi figura en el espejo. La ropa interior tampoco era demasiado sugerente, pero mis curvas estaban ahí en el reflejo y eso no se podía negar, aunque no me gustara presumir de ellas o mucho menos exhibirme, pero en el fondo Sonia tenía razón, este viaje era especial y Fran se merecía una mujer más lanzada, que incluso vistiese para él en la intimidad algo más atrayente y también que se sintiese orgulloso de mí ante los demás. Al ponerme el nuevo modelo, vi que todo mi cuerpo se transformaba, ensalzando cada parte de él, tanto mis pechos mucho más llamativos, como mis piernas o mis caderas. Aquel vestido era realmente perfecto en cuanto a su diseño y a su forma porque me sentaba realmente bien, suelto de tirantes y comprobé que era algo caro, pero tampoco viajaba una por tantos lugares todos los días. ¿Por qué no darme un capricho?
Llamé a Sonia varias veces desde detrás de la cortina del probador, pues necesitaba de una opinión femenina para ver si realmente me quedaba tan bien como yo lo veía en el espejo y que fuera ella la que me orientase, pero no hubo respuesta ninguna de las veces que la llamé, así que me asomé y al final acabé saliendo del probador buscando a mi amiga, pero no la veía por toda la tienda, entonces supuse que debía estar arriba en el despacho de Adrián y subí decidida las escaleras. Al hacerlo me sentí apoteósica, porque, aun sin mirarlos, notaba que los dos jóvenes empleados de la tienda seguían mis pasos y el sonido firme de mis tacones subiendo las escaleras con ese vestido tan ceñido y yo me sentía como si fuera una famosa o algo así. No niego que noté un gusto raro en mi entrepierna viendo a esos chicos devorando a una madurita como yo y me hice la distraida, aunque estaba segura de que seguían mis pasos detenidamente. Al pasar delante de una puerta que tenía pinta de ser la trastienda o un almacén, oí unos ruidos detrás de ella y la inconfundible voz de Sonia, por lo que me quedé parada intentando escuchar, pero solo se oían susurros. Como la puerta estaba entreabierta me pudo la curiosidad y la empujé levemente.
Una exclamación de sorpresa salió de mi garganta poniendo la mano sobre mi boca cuando vi lo que tenía enfrente.
Adrián, sentado en una especie de sofá, recibía una mamada por parte de Sonia, que estaba arrodillada entre las piernas de él y tenía su vestido arremangado hasta la cintura mientras ese hombre tenía un dedo metido en su culo. La boca de mi amiga sonaba lastimosamente cada vez que tragaba una buena porción de polla de Adrián, que parecía empujarle la cabeza cada vez que ella tragaba, logrando que de vez en cuando ella soltara una arcada.
De momento lo primero que me vino a la mente fue el miembro de mi marido, tan distinto, tan mío... como si estuviese orgullosa de haberlo hecho, mientras veía que Sonia se la chupaba a ese extraño de aquella forma tan cerda.
Me quede ahí, estupefacta, viendo cómo mi amiga tragaba con total devoción y no sólo eso, sino que cada vez que la sacaba de su boca, la lamía de principio a fin, esmerándose en impregnar con su saliva todo ese tronco venoso y luego repasar sus huevos, succionarlos, meterlos en su boca alternadamente para volver a tragarse a continuación ese sable con asombrosa habilidad. Todo lo hacía de una forma guarra y soez y que extrañamente me daba un gusto interno muy extraño. ¿Así era como había que chupar una polla? Eso era mucho más fuerte que el famoso video del portátil de María, aquello era un show en vivo y tremendamente excitante.
En ese momento Adrián giró su cabeza y me vio ahí plantada, mientras él sujetaba la cabeza de mi amiga que seguía con toda esa polla insertada en la boca. Me asusté al ver que me había descubierto, pero no fui capaz de moverme. Los ojos de ese hombre me indicaban que le gustaba cómo le miraba y además estaba observando mi figura ataviada en ese vestido tan sexy, algo que me parecía demasiado atrevido, pero me gustó tanto cómo me miraba, mientras la otra seguía comiéndole el miembro ajeno a nuestras mutuas miradas... Los ojos de Adrián recorrían mis largas piernas, ensalzadas con los tacones, que por ende elevaban mi culo y además el escote era demasiado generoso para que aquel canalillo mostrase mis tetas de una forma increíble. No estaba del todo segura de mi comportamiento tan extraño, pero estaba claro que sí estaba mojando mis braguitas por culpa de la mamada antológica de Sonia sobre Adrián, mientras este le metía el dedo en el orificio posterior o porque su mirada estaba clavada en mi cuerpo y se mordía el labio admirándome. Parecía estar pensando que era yo, en ese preciso momento, quien se la estaba mamando. De forma instintiva llevé dos de mis dedos a mi sexo, retiré la braguita y empecé a masturbarme viendo esa escena, estaba tan cachonda y tan fuera de mí, que no me importaba hacerlo delante de ese hombre que me miraba fijamente, su mirada era descarada y mi comportamiento impúdico.
De pronto él no pudo más y sujetando la cabeza de Sonia empezó a correrse en su interior, sí, sí, no me lo creía, me parecía algo fuera de lo normal, pero toda su carga fue a parar a la garganta de Sonia que tragó sin rechistar y cuando hubo acabado, aun se esmeró en darle unas cuantas lamidas, mientras Adrián no dejaba de mirarme fijamente, mordiéndose el labio, con esos ojos cargados de lascivia.
Salí a toda prisa de ese pequeño almacén cruzándome en la puerta con uno de los empleados, que debió verme entrar en el almacén, pero yo no me atreví ni a mirarle a la cara, pues estaba sofocada por todo y corrí de nuevo en dirección a los probadores, como si realmente quisiera pensar que yo nunca estuve ahí.
A los dos minutos oí la voz de Sonia al otro lado de la cortina y de repente la corrió sin tiempo a nada. Todavía me latía el corazón desbocado. A su lado Adrián me sonreía, parecía estar preguntándome si me había gustado el numerito.
- ¡Joder, qué guapa Marta! - dijo Sonia al verme. - Tu Fran va a alucinar contigo, bueno y todos los que vayan a este viaje.
- No sé sí... - intenté decir.
- ¿No está preciosa, Adrián? - preguntó ella a ese hombre que me devoraba con la mirada.
- Estás increíble. Pareces una diosa. - añadió logrando que mi coño soltase un pequeño chorrito.
- Estás divina Marta y mira qué bikini he elegido para ti. - comentó Sonia
En ese momento sacó su mano de la espalda para mostrarme un bikini negro, que eran apenas unas tiras que cubrirían difícilmente mis pezones y abajo un triángulo pequeño para tapar justamente mi pubis y otra tira que se colaría en mi culo por detrás. Nunca había llevado nada semejante.
- No me pienso llevar eso. - afirmé rotunda.
- Ya me lo ha pagado Sonia. - respondió él, como dándome a entender que lo había hecho de otra forma especial y que no podía negarme a aceptarlo.
Cerré la cortina, volví a ponerme mi otro vestido y salimos de la tienda con unas cuantas bolsas, con otros vestidos, algún zapato y ese tanga negro que tanto esmero había puesto Sonia en regalarme. ¿Qué le diría a Fran en casa si me lo viera?
Al llegar a casa, me senté en el sofá y sirviéndome una copa de vino, mi cabeza empezó a pensar en lo que había presenciado, sabía que Sonia a pesar de estar casada era una mujer bastante liberal, pero no pensaba podía llegar hasta este extremo. No me quitaba de la cabeza la imagen de su boca tragando y tragando. Me avergoncé por haberme quedado allí, plantada, masturbándome mientras Adrián me miraba fijamente. ¿Qué clase de depravada era yo, con ese comportamiento?
Por un momento me quedé pensativa: ¿Haría ella lo mismo con Fran si se le diera la oportunidad?, una especie de angustia me recorría pensando que a mis espaldas pudiera estar haciendo lo mismo que vi hacer en ese almacén, comiéndose ese largo falo de Adrián, abriendo sus labios al máximo mientras veía el dedo de él en su culo entrando y saliendo cada vez con más ritmo......nunca había sentido nada así y de siempre me ha dado repugnancia ese tipo de actos, me ha resultado siempre denigrante, pero al mismo tiempo un calor intenso me recorría el cuerpo pensando en ello. No podía ser, incluso le eché la culpa al vino... y me dirigí a mi habitación a probarme lo que había comprado.
Puse todas las bolsas sobre la cama y me desnudé completamente. Lo primero fue ponerme un conjunto de lencería de color lila, con un sostén pequeño que a duras penas sujetaba mi pecho y una braguita diminuta tipo tanga, algo que tampoco usaba nunca.
- ¡Pareces una puta! - es lo primero que dije mirándome en el espejo con eso conjunto tan atrevido.
A continuación, me puse encima el vestido negro y me calcé los taconazos, girando frente al espejo, comprobando que marcaba mis curvas de forma exagerada, ensalzando mi culo, alargando mis piernas siendo tan corto y mostrando un escote descomunal. Sentí cierto apuro de verme ahí reflejada, pero había que admitir que realmente me quedaba espléndido y a pesar de no tener un cuerpo tan escultural como el de Sonia, mi cuerpo se veía distinto, poderoso, atrayente...
Me quité el vestido y volví a comprobar mi cuerpo con esa ropa interior que sin duda iba a poner como una moto a Fran. Al menos, no podía negar que él iba a disfrutar de este viaje viendo a su esposa con una lencería que jamás había usado. Luego miré el bikini sobre la cama, pensando que ni loca iba a ponerme eso. Lo cogí, lo volví a dejar pensando... “demasiado sugerente” pero algo me empujó a terminar de desnudarme dispuesta a ponérmelo, al fin y al cabo, era un regalo de mi amiga, que pagó de una forma tan inusual a aquel hombre. Cuando me miré en el espejo, mis pechos quedabas todavía más realzados y si a eso añadimos que mi talla es de casi 100 pues más todavía, para colmo, la braguita era tan diminuta que algunos pelitos salían por fuera de la braguita, por lo que pensé que tenía que depilar más mis ingles, pero volví a negarme una y otra vez, que no sería capaz de llevar algo así, pero a continuación pasé mis manos por todo mi cuerpo y me dije “pensándolo bien, no estoy mal”... ¿Sorprendería a Fran?
Sorprendiéndome a mí misma, no me quité el bikini y me fui recorriendo toda la casa de esa guisa, luciendo mis tetas como nunca y enseñando mi culo casi completamente, pues la tira del tanga se colaba entre mis glúteos. Me veía ahí ensayando como si estuviera en una playa ante mucha gente, aunque volvía a negarme de hacer tal cosa, pero el sólo hecho de caminar así, con ese diminuto bikini me ponía realmente cachonda, como pocas veces. ¿Qué demonios me estaba pasando?
Al pasar por la habitación de María observé el portátil sobre su mesita y recordé los archivos que tenía en esa carpeta y adentrándome, sentada sobre su cama con mi bikini en el que me veía medio desnuda, no pude evitar la tentación de abrirlo, colocándolo sobre mis rodillas y empezar a visionar todos esos penes gruesos, de todos los colores, duros calientes, entrando en las bocas de las protagonistas, que tragaban como poseídas y volví a pensar en el amigo de Sonia mirándome mientras ella se la comía allí arrodillada. Las pollas que veía en esas escenas no tenían nada que desmerecer a la de Adrián, y lo que más me hacía subir el calor por todo mi cuerpo era la imagen de esos ojos de Adrián mirándome, diciéndome en silencio que me deseaba y quería poseerme.
- ¡Por Dios, basta ya tanto pensamiento obsceno! - me dije a mí misma - ¡Soy una mujer casada!
Sin embargo, mi cuerpo no reaccionaba a la rectitud de mi mente, quería negarme, pero mis manos empezaron a recorrer mi cuerpo, acariciaban el estómago mientras mi vista no se apartaba de la película del portátil: dos chicas chupando la polla de un morenazo impresionante, una rodeando con su lengua el vástago del hombre y la otra metiéndose los huevos entre sus labios.
Mi respiración se entrecortaba de la excitación, mis manos subían con desesperación hacia mis pechos subiendo el top del bikini para dejarlos al desnudo, mis dedos amasaban mis pezones duros, notando un calor más intenso, que me llevó a soltar los cordones del tanga del bikini, mientras aquellas escenas que tenía delante se mezclaban con la mamada de Sonia en aquel almacén y los ojos de Adrián cargados de deseo. Mi mano izquierda estrujaba mis pechos cada vez más intensamente al tiempo que mi mano derecha se internaba en el interior de los muslos acariciándolos, notaba mucho fuego en mi cuerpo, mi mano fue subiendo a mi coño y no me creía poder estaba así de empapada... cerré los ojos, vergas duras y calientes entraban en mi boca, quería negarme a ello, mientras mi dedo corazón abrían los labios gordos de mi coño completamente empapados y con la yema del dedo busqué el botón de mi clítoris, notándolo duro, sensible y muy caliente. Volví a rozarlo con suavidad en redondo, pero era tanta la excitación que aumente la fricción empezando a gemir frenéticamente... ni siquiera recordaba la última vez que me había masturbado, pero estaba fuera de mí, rodeada de pollas, de cuerpos desnudos y de hombres que deseaban follarme... Movía la cabeza de un lado a otro, mis dedos recorrían mi coño de arriba abajo, me sentía poseída, mi cuerpo se retorcía y pensaba en esas pollas venosas latiendo a punto de estallar cuando una inmensa corriente me invadió y mordiéndome los labios me abandoné a un orgasmo intenso y brutal.
Cuando abrí los ojos ni me creía donde estaba, en la habitación de mi hija, sentada sobre su cama, totalmente desnuda, después de haberme hecho la paja más bestial de mi vida y con el portátil sobre mis rodillas.
Salí de allí dejando todo como estaba y repitiéndome que eso no podía volver a pasar, que había sido simplemente un día extraño. Pero a pesar de que mis convicciones, mi educación, mi pudor o lo que fuera, me querían llevar por otro camino......el deseo se estaba apoderando de mí, eso estaba claro, descontrolándome de una forma que llegó a asustarme. Me prometí que no iba a dejarme llevar por el diablo, que quería hacerse con el control completo de mi cuerpo. Pensé en esas vacaciones tan soñadas con mi familia que me vendrían muy bien para estabilizarme, serenarme, relajarme y, sobre todo, para volver a ser yo.
Continuará...
Fran & Sylke
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