Selección de personal (6)
El restaurante es lujoso, pero la verdadera riqueza de Juan acaba de llegar con tres mujeres desnudas a sus pies. Mientras degusta el mejor vino de la ciudad, descubre que su nueva vida implica órdenes que cruzan la línea entre el placer y la degradación total. ¿Está preparado para asumir el peso de ser el Amo absoluto?
Mientras caminaban, Juan estaba escuchando las explicaciones de Elena, sin fijarse demasiado por donde iban, así que cuando Lu se detuvo en la puerta del restaurante y la abrió para que su dueño entrara, Juan se dio cuenta de el local en el que estaba a punto de entrar era uno de los mejores, más prestigiosos y más elitistas lugares de la ciudad, famoso no sólo por su exquisita comida, sino también, por aplicar unos precios que únicamente podían ser asumidos por un pequeño grupo de privilegiados.
Nada más entrar en el restaurante, le esperaba un hombre de unos cuarenta años, bien conservado que Juan conocía como uno de los más respetados hosteleros de la ciudad, pero que, en ese momento, estaba inclinandose en una exagerada y respetuosa reverencia ante él, a la vez que lo saludaba:
- MI señor, soy Miguel encargado y responsable del restaurante, eres bienvenido a la que desde ahora es tu casa, yo mismo y todo el personal estamos a tu servicio y esperamos conseguir que tu estancia sea cómoda y agradable. Dada tu condición, hemos preparado uno de los reservados para atenderte, si eres tan amable de seguirme, por aquí…..
Sin siquiera pararse a saludar a Elena, Miguel precedió al grupo hasta uno de los laterales del local en el que una pequeña escalera conducía hasta la entreplanta en el que un amplio distribuidor permitía el acceso a varias dependencias; adelantandose, Miguel abrió una de las puertas situadas en el centro y esperó hasta que Juan entró seguido por las tres mujeres.
Cuando Miguel estaba cerrando la puerta del reservado, sonó el teléfono de Elena que, nada más ver la pantalla, se dirigió a Juan:
- Con el permiso del Señor, debo contestar a la llamada del Amo.
Sin esperar la respuesta, Elena, casi en un susurro, mantuvo una breve conversación:
- Amo, estoy a tu servicio….. Si, mi Amo, el Señor está en el reservado del restaurante…. Si, Amo, tu voluntad será obedecida….. A tu servicio, Amo.
Mientras Elena escuchaba las instrucciones que su Amo le daba por teléfono, Juan pudo comprobar que el reservado era una habitación amplia en cuyo centro había una mesa redonda con capacidad para varios comensales que, además, tenía en uno de los laterales un sofá de tres plazas y un par de sillones con una mesita central.
En silencio, Miguel señaló a Juan uno de los sillones y, cuando se hubo sentado, en voz muy baja, para no interferir en la conversación de Elena, preguntó:
- ¿Desea el señor tomar alguna cosa mientras espera? ¿Una cerveza, un vino, un aperitivo?
Más pendiente de la llamada telefónica que de lo que le ofrecía Miguel, Juan se limitó a decir: “Vino tinto”; mientras Miguelmarchaba, viendo que Elena había terminado de hablar, le preguntó:
- ¿quién era, y qué te ha dicho?
Acercándose a Juan, Elena se quitó el vestido y, completamente desnuda, se arrodilló ante él, manteniendo la mirada baja, los brazos detrás de la nuca, con las piernas completamente abiertas, y, en esa postura, le comentó:
- Mi Señor, el Amo, me ha llamado para comprobar que el señor era servido adecuadamente y, además para saber si el señor querría reunirse, después de comer, con alguno de los Amos, aquí mismo; me ordena que le informe al señor que los Amos lo han hablado y consideran conveniente no dejar pasar más tiempo, así que están dispuestos a venir para conocer al señor hoy mismo y plantear si el señor asume la plaza en la organización o se queda al margen. Cuando el señor me comunique si está dispuesto a recibirlos, transmitiré inmediatamente su respuesta a través de un mensaje y, si es positiva, informaré a mi Amo cuando el señor haya acabado de comer y pueda celebrarse la reunión.
- Mientras tanto, el Amo me ordena ofrecerme al señor desnuda y abierta como la esclava dócil, sumisa y obediente que soy, estoy a la disposición del señor para que me use a su antojo si le apetezco.
Mientras Elena estaba acabando de hablar, Miguel volvió a entrar en el reservado, seguido por dos camareras que, vestidas únicamente con un delantal, portaban varias botellas de vino y copas en bandejas; al acercarse a Juan, el hombre se inclinó en una exagerada reverencia, haciendo un gesto a las dos camareras para que se acercaran, comentó:
- Pido disculpas al señor, pero al no conocer cuál es el vino que gusta al señor, me he permitido traer varios tipos diferentes para que el señor elija el que prefiera.
Sin siquiera contestar, Juan eligió una de las botellas que se le presentaba, e, inmediatamente, Miguel le sirvió una copa, a la vez que cogiendo de una de las bandejas una carpeta serigrafiada, se la ofreció comentando:
- El señor ha hecho una buena elección que espero le satisfaga; también me complace ofrecer al señor la carta en la que puede elegir las espcialidades del restaurante, pero, si al señor le apetece cualquier otra cosa para comer, no tiene más que decirlo, y será inmediatamente servido.
- Si el señor me permite un consejo, ya que es la primera vez que come en el restaurante, puede ordenar que le preparemos varios platos y así probar diferentes opciones; los que no sean del agrado del señor o que el señor no se acabe, puede darselos a las esclavas, que se comerán lo que el señor les ordene, tanto si las sienta a su mesa como si las pone a comer aparte.
- Por cierto, ¿el señor va a comer solo o desea sentar a la mesa a alguna de las esclavas que ha traido? Como al señor le apetezca….
Antes de que tuviera oportunidad de contestar, Juan notó que Lu, ligeramente inclinada y ronroneando de forma suave, le pedía permiso para hablar por lo que, con un gesto de su mano le indicó que podía hacerlo mientras con la otra seguía degustando el vino, a la vez que Lu, sin modificar la postura de ofrecimiento que había adoptado, y hablando en voz baja, le decía:
- Con el permiso del Amo, tal vez, al Amo le apetezca sentar a la mesa a las esclavas en pelotas, como los animales que somos y hacernos comer de lo que al Amo le sobre o no le guste, como a señalado Miguel; mientras el Amo disfruta de la comida, puede hacer que las esclavas le sigan informando de los detalles que todavía no conoce en su nueva situación, para preparar la reunión con los otros Amos, también puede poner a cualquiera de ellas, o a las tres, a mamar la polla del Amo o metersela por sus coños o sus culos.
- Tal y como hemos sido adiestradas, no sólo las que somos de su propiedad, sino también, la esclava Elena, sólo empezaremos a comer si el Amo nos lo ordena, y lo haremos cuando el Amo diga y cómo el Amo quiera.
- Además, aunque Miguel no lo ha comentado, tanto las camareras del local, como todo el personal del restaurante, incluido el propio Miguel, en su condición de objetos propiedad de la organización, están a la plena disposición del Amo para que los use como y cuando quiera.
Cuando Lu acabó de hablar, Juan notó que Elena, demostrando su impecable adiestramiento y su capacidad de adaptación, se ponía a ronronear imitando a Lu, solicitando, de esa manera, permiso para hablar:
- Mi señor la esclava Lu tiene toda la razón, me permito señalarle que esta esclava no ha completado la información detallada sobre las propiedades que el señor ha adquirido y que, por razones de discreción, no está incluida en la documentación que le he entregado, me refiero, tanto a la descripción de la mansión principal del Amo como del detalle del mobiliario y enseres que hay en ella, más concretamente de las instalaciones así como los esclavos, esclavas y criados que pertenecían al Amo XXX, anterior propietario de Lu y que están depositados en esa mansión señorial a la espera de que el Amo decida como quiera usarlos.
- También podría hacerle al señor un resumen general de las diferentes actividades a las que se dedican las empresas que el Amo ha adquirido así como de los beneficios que le puede producir el mantener la integración de esas empresas en la organización; así el Amo poddrá hacerse una idea más real de su situación financiera, económica y empresarial antes de hablar con los Amos; porque se me ha ordenado asegurarle al señor que los Amos consideran al señor como un igual, y les parece conveniente que el señor tenga toda la información necesaria para tomar su decisión, de forma libre y voluntaria, para el beneficio mutuo.
Dado que ya se había acabado el vino, Juan se levantó, hizo un gesto a Elena para que se callara y se acercó a la mesa para sentarse; inmediatamente, una de las camareras dejó su bandeja, se dirigió rápidamente hasta la silla que iba a ocupar Juan, retirandola lo suficiente para facilitar que el hombre pudiera sentarse cómodamente, quedandose finalmente, de pié, a su lado.
Por su parte, la camarera que llevaba la botella de vino elegida por Juan, se aproximó a la mesa llenando la copa vacía y retirandose ligeramente, se quedó quieta al otro lado de la silla.
Una vez acomodado, Juan hizo una seña al maitre para que le acercara la carta, mientras se dirigía a las muchachas, ordenandoles:
- Vais a sentaros a la mesa para comer conmigo, no me gusta hacerlo solo; os quiero desnudas a las tres. Elena sientate frente a mi, Mónica a mi derecha y Lu a mi izquierda.
Inmediatamente, Mónica y Lu dejaron caer al suelo sus vestidos y, sin decir ni una sola palabra, las tres mujeres se acercaron a la mesa sentandose en los lugares que había indicado Juan en los que adoptaron, sin que nadie se lo ordenara, la postura que tenían aprendida, es decir, con la espalda tiesa, los hombros retirados, la cabeza ligeramente inclinada, los labios entreabiertos, las piernas separadas y los brazos dejados caer sobre la mesa a ambos lados de los cubiertos con las palmas de la mano hacia arriba.
Después de consultar la carta, Juan hizo una seña a Miguel que, inmediatamente, se acercó con el bloc de comandas, tomando nota de los platos elegidos y retirandose inmediatamente, no sin antes hacer un gesto a la camarera para que llenara la copa de vino.
Mientras esperaba a que trajeran la comida, Juan contempló la extraña situación que estaba viviendo, repitiendose a sí mismo que estaba completamente despierto, que no tenía alucinaciones y que era cierto y real que estaba en un reservado de uno de los mejores y más elitistas restaurantes, sentado a la mesa con tres hermosas mujeres completamente desnudas, rodeado por varias camareras escasamente vestidas, todas ellas dispuestas a satisfacer, de inmediato, cualquier capricho que se le ocurriera, y no sólo eso, sino que dos de esas muchachas se habían declarado hacía unas horas como sus esclavas, asumiendo y proclamando que le entregaban la propiedad tanto de sus cuerpos como sus mentes; además, por si no fuera suficiente, se había convertido en el titular de una enorme y totalmente inesperada fortuna económica de la que acababa de tomar posesión.
La llegada de Miguel con los primeros platos, hizo que Juan abandonara esos pensamientos para retomar el control de la realidad, disponiendose a probar la comida a la vez que dejaba clara su autoridad, ordenando:
- Mónica, antes de comer, vas a tomar un aperitivo; ponte bajo la mesa y hazme una mamada; cuando me corra, te vuelves a sentar, y comerás de los restos que Lu y Elena no se hayan comido, pero antes, le darás un buen morreo con lengua, a Elena, para que pruebe mi sabor.
- Lu y Elena, vais a empezar a comer de los platos que yo vaya apartando, hasta que Mónica acabe de hacerme la mamada y salga de debajo de la mesa, en ese momento, Lu la sustituirá, me limpiará la polla y los huevos y me la meterá dentro del pantalón.
- Mientras, Elena, quiero que me cuentes a qué te referías cuando hablabas de la mansión del Amo y del mobiliario y enseres, después quiero que me completes la información de la situación económica y financiera.
Dirigiendo a Lu una mirada de superioridad y con una radiante sonrisa, Mónica se apresuró en colocarse bajo la mesa, entre las piernas de su dueño, desabrochando, con todo cuidado, la bragueta, para sacar la polla del hombre lamiendola y acariciandola tanto con la lengua como con los labios, hasta que, cuando empezó a adquirir consistencia, se la introdujo en la boca, tragando, con avidez, todo el miembro; consciente de que su propietario no tenía intención de moverse, Mónica colocó sus manos rodeando los huevos del hombre, para sujetar delicadamente su sexo de manera que pudiese acoger la totalidad del miembro hasta la más profundo de su garganta sin incomodar al hombre, sacandolo a continuación, a la vez que la practicaba un suave masaje que finalizaba con una ligera caricia de sus labios para volver a repetir, una y otra vez, el mismo movimiento; por su parte, Lu y Elena se mantuvieron a la espera hasta que Juan fue apartando los platos que no quería, solo entonces empezaron a comer, mientras Elena continuaba sus explicaciones:
- De entrada, puede que al Amo le interese saber que esta esclava perteneció, inicialmente, al Amo XXX, que la adquirió en una subasta, por lo que fue parte del mobiliario de la mansión hasta que los Amos decidieron dedicarla al servicio de la organización, usandola como directora de la oficina bancaria, emparejandola con Miguel, con el que se apareó y parió una cachorra que tiene 9 años y que está siendo domada y adiestrada y que es propiedad del Amo
- Como parte de su mobiliario el Amo tiene, en la mansión, 13 hembras y cinco machos adultos, así como tres cachorros pequeños. También tiene tres criados y tres amas de llaves (que fueron esclavos y ahora son libertos) y que viven en semilibertad, pero están al servicio del Amo las veinticuatro horas del día.
- La propiedad del Amo la integra un terreno de doscientas hectáreas, situado a unos veinte kilometros de la ciudad, protegido por una valla de seguridad, y al que sólo se puede acceder por un único camino que tiene controles de seguaridad, puertas automáticas y cámaras de vigilancia; todo con el objetivo de asegurar la privacidad del Amo, garantizando el aislamiento y la ausencia de visitas no autorizadas. Alrededor de las edificaciones hay un bosque que ocupa casi las tres cuartas partes del terreno y que mantiene aislada la propiedad.
- En el centro del bosque, se levantan las edificaciones; Se trata de un conjunto de tres casas, la mansión principal es un edificio señorial de varias plantas con habitaciones, salones y galerías, de estilo antiguo, pero conservada y mantenida en perfectas condiciones y que es, lógicamente, la residencia del Amo. Cerca de la mansión principal, pero separadas por la piscina y un jadín, se ecnuentran otras dos residencias, más pequeñas, que pueden acoger, con toda comodidad, hasta diez invitados del Amo.
- En la parte posterior de la mansión principal hay varios establos en los que viven algunos caballos y se guardan las esclavas y los esclavos cuando no se usan o no están de servicio; en la parte superior de los esatablos están las cuadras en las que viven los criados y amas de llaves y también hay un garaje para los vehículos del Amo y de sus invitados.
- La mansión está rodeada por un extenso jardín llega hasta el bosque y en el que hay una piscina exterior y otra interior climatizada, un gimnasio y algunas otras instalaciones menores para servicio del Amo y sus invitados.
En ese momento, Elena se dio cuenta de que Juan había dejado de prestarle atención, ya que la mamada de Mónica estaba a punto de surtir plenos efectos, por lo que hizo un alto en sus explicaciones.
Al darse cuenta de la esclava había dejado de hablar, y como no le había dado ninguna instrucción en ese sentido, Juan giró la cabeza y le preguntó:
- ¿Porqué te callas? ¿Quién te ha dado permiso para parar la explicación?
Elena contestó:
- Pido disculpas al señor si le he molestado, pero la esclava ha visto que el señor está a punto de correrse, y como el señor ha ordenado a Mónica que, en cuanto el señor se corra, salga de debajo de la mesa y le dé un morreo con su semen en la boca, la esclava se ha callado para no molestar al señor mientras se corre y esperar a recibir su semen de la boca de Mónica.
Antes incluso de que Elena acabase de responder, Juan cerró los ojos dió un profundo suspiró y relajó su expresión mientras se derramaba en la garganta de Mónica que, en cuanto notó que la polla de su dueño dejaba de lanzar chorros de semen, con mucho cuidado, hizo un gesto a Lu para que ocupase su lugar, retrociendo para que la boca de su compañera pudiese acoger el flácido miembro de su Amo, limpiandolo con tanto cariño como cuidado.
Tal y como le había sido ordenado, Mónica salió de debajo de la mesa y se acercó a Elena que ya la esperaba con la boca entreabierta; en cuanto ambas empezaron a besarse, Mónica notó como Elena recogía, con su lengua, la mayor cantidad posible de semen que no se tragó hasta que se separaron.
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- Relato #196069— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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