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Dominaciónoct 2023

La perversión me sedujo 3

Sandra creía conocer a su amiga, pero la noche de fin de curso reveló una faceta oscura que la dejó sin aliento. Ahora, con el sabor de la resaca y la humedad entre las piernas, se pregunta si ella también está lista para perder el control.

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Sobre todo, lo que había sucedido esa noche ya lo hablaría con Patricia al día siguiente, porque no sabía cómo iba a afectarme o si se iba a quedar como un caso puntual aislado.

Analizando lo que había visto anoche, había una locura. Las escenas me venían a la cabeza, su manera de seducción, cómo la pervirtió y la humilló, hasta denigrarla en pocos minutos. Mi corazón palpitaba, notaba que estaba húmeda por el sudor hasta que me desperté de sopetón.

No sabía a qué hora me desperté de la cama, con un dolor de cabeza que no podía, pensando en las escenas que había visto de Patricia con su amiga.

Noté que tenía mojada mis bragas, por un momento pensé que me había orinado, pero no era eso. Me había corrido o había soltado fluidos vaginales con toda la excitación del sueño que tuve, reviviendo esas escenas alocadas de manera salvaje.

La puerta se abrió, y me di cuenta de que no estaba en mi habitación, sino en la habitación de Yolanda, la cual abrió la puerta y entró para preguntarme.

–¿Ya estás despierta Sandra? –preguntó Yolanda.

–¡Menuda borrachera llevabas anoche! –dijo Yolanda.

–Pufff. Me duele la cabeza y todo el cuerpo. –dijo Sandra.

–Te llamó tú compañera de piso Patricia, para saber si estabas bien. –dijo Yolanda.

–¿Y qué le dijiste? –preguntó Sandra.

–Que te llevaría a mi casa porque ibas bastante bebida y que no podía dejarte irte a casa sola. –dijo Yolanda.

–¡Muchas gracias, Yolanda! –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que te paso anoche? –preguntó Yolanda.

–Tú no eres de beber tanto, así que tuvo que ser por algo o fue por festejar la terminación del curso. –dijo Yolanda.

–Bueno, fue por eso y por todo un poco. –dijo Sandra.

–Quise olvidarme de todo, del final de curso y evadirme de todo. –dijo Sandra.

–Y te dio por ahí. –respondió Yolanda.

–Desde luego, decidiste beberte todo el local entero. –dijo Yolanda.

–¡Menos mal que te vi antes de irme, porque todos los compañeros continuaron la fiesta! –dijo Yolanda.

Entonces me empecé a preocupar de todo lo que podía haber dicho sin darme cuenta, así que se lo pregunté directamente.

–¿Me escuchaste decir algo? –preguntó Sandra.

–Pues, que hablabas de sexo fuerte, en el que unas chicas que estaban jugando liándose, sexualmente. –dijo Yolanda.

Seguramente has visto alguna la película y te dio por ahí, hablar sobre ella. –dijo Yolanda.

–Sí, pudo ser eso. –dijo Sandra.

–Tan caliente estabas que te corriste manchando la falda y las medias, dejando manchada la silla del bar de la fiesta. –dijo Yolanda.

–¡Menos mal que lo limpie todo con una bayeta! –dijo Yolanda.

–No creo que te vuelvan a dejar entrar a ese lugar, porque dije que te habías meado. –dijo Yolanda, con una sonrisa riéndose. –¡Ja, ja, ja!

–¿Y me vieron bien la cara para reconocerme? –preguntó Sandra.

–Pues, no lo sé, chica. –respondió Yolanda.

–Haces unas preguntas,… –dijo Yolanda.

–Piensa que yo también, iba contentilla, así que no te sabría decir si me hubiera cruzado con mi madre, la hubiese reconocido. –respondió Yolanda.

–De todas maneras, ese tipo de películas de 50 Sombras de Grey están causando una gran impresión a todo el mundo, si son esas las escenas con las que has soñado. –dijo Yolanda.

–Pero si te causó tanta impresión es porque te excitaste con alguna escena de sexo que viste y no estabas acostumbrada a ver. –dijo Yolanda.

–Yo admito que cuando vi escenas de ese tipo, me excité muchísimo, tanto que me corrí en las bragas, a todas mis amigas les sucedió, también. –dijo Yolanda.

–Además, me corrí en el asiento un cine con público delante. –dijo Yolanda.

–No se lo dije a nadie, pero supongo que la señora de la limpieza se llevaría un susto al ver una mancha en el asiento del cine. –dijo Yolanda.

–¿Te sucedió eso en serio? –preguntó Sandra.

–Si, pero intenté limpiarla con una toallita de esas que llevamos en el bolso, pero no salió completamente. –dijo Yolanda.

–Y te digo la verdad, me sentí muy sucia y muy guarra hasta pensé que era una puta zorra prostituta de esas callejeras. –dijo Yolanda.

–Pero yo no te dije nada, y si lo dices lo negaré. –dijo Yolanda, riéndose.

–¡Ja, ja, ja! –reía Yolanda, quitándole hierro a la cosa.

–Esas películas son muy fuertes psicológicamente, seducen de manera erótica, y todo eso nos excita mucho a las mujeres. –dijo Yolanda.

–¿Tú crees? –preguntó Sandra.

–Sí, lo creo y pienso que se te pasará, ya verás. –dijo Yolanda.

–Después de unos días, te calmaras y te relajarás. –dijo Yolanda.

–Me da la impresión de que tienes experiencia en esto. –dijo Sandra.

–Y si es otra cosa, entonces no sé. –dijo Yolanda.

–Bueno, hace cuatro años cuando salió la primera de las películas de ese tipo, causó un gran revuelo, por lo que todas mis amigas, se excitaron igual que tú, yo incluida. –dijo Yolanda.

–Pero tienes que saber la diferencia de lo que es un juego o una fantasía y lo que no lo es. –dijo Yolanda.

–De todas formas, ¿No tienes novio/a? –preguntó Yolanda.

–No, no tengo novio ni novia. –dijo Sandra.

–Cuánto más ganas de sexo tengas más te excitará todo esto, o sea si estás tan salida, sexualmente, cualquier cosa sexual se potenciará. –dijo Yolanda, que tenía tres o cuatro años más que yo.

–Bueno, se te va hacer tarde ¿Te llevo a casa o quieres ir dando un paseo, mientras vas meditándolo todo? –preguntó Yolanda.

–A veces, una necesita asentar las cosas que nos suceden para decidir mejor. –dijo Yolanda.

–Puedo pasear para pensar sobre todo esto. –dijo Sandra, mientras se vestía y se preparaba para irse.

–Pero, antes Yolanda le dio una taza de café con una pastilla para que se le pasara la resaca y le aliviara el dolor de cabeza.

Después de tomárselo, y descansar un poco se despidió de Yolanda.

–¡Hasta luego, Sandra! –dijo Yolanda.

–¡Nos vemos y ya quedaremos otro día! –dijo Yolanda.

Sandra salió del piso de Yolanda para darle al botón del ascensor, mientras iba pensando en todo lo que había visto anoche.

Decidí caminar, dando un paseo en dirección al autobús, ya que no hay nada mejor que andar para que se te pasen las preocupaciones, al menos momentáneamente. Para llegar a la parada del autobús, debía de atravesar dos calles que era el que me dejaba cerca de mi casa.

Por el camino, iba mirando los establecimientos hasta que me topé con uno era una especie de Club Nocturno, llamado la Golondrina Negra en la que había un amplio escaparate en el que salía un maniquí de una dominatriz con un látigo en la mano y dos maniquí de esclavos de rodillas.

La esclava estaba de rodillas sentada sobre sus plantas de los pies con las manos detrás de su cabeza. Pude apreciar que tenía unas anillas que perforaban sus pezones atados con una cadenita fina, que se conectaba al collar del cuello y a otra anilla en la vagina.

También, pude ver que llevaba unas pulseras en los tobillos junto con unos brazaletes en las muñecas. Otro maniquí llevaba además de todo eso llevaba una capa de color rojo purpura que la cubría enteramente. Pero estaba levantada para ver en la espalda una señal de una marca grabada en la cintura cerca del culo, en el que se podía leer Aliyah y en cambio el otro, ponía Amira.

No sabía lo que significaría esa marca de la esclava, si era su nombre o algún tipo de señal en su cuerpo para que se viera el nombre de su Ama. Mientras estaba mirando, hubo gente que entraba al establecimiento para comprar o para mirar, así que me pico a curiosidad entrando, también para ver lo que había dentro.

Es verdad, qué si no hubiese visto esa escena de Patricia con esa chica, ahora no sentiría curiosidad por esos temas, así que, de alguna manera, todo aquello, había pervertido mis pensamientos y mi conducta, porque me había afectado sexualmente, pero me empezaba afectar psicológicamente.

Había varias secciones de todo tipo, lleno de películas de sexo, de sadomasoquismo, BDSM, fetichismos de todo tipo como el de los pies o el cuero. En otra sección estaba las muñecas hinchables tanto de hombres como de mujeres o de chicas transexuales. Pude ver como había una de exposición de alguna muñeca, mostrando su gran pene.

Me puse roja de mirarlo, así que seguí mirando hasta que se me pasara la emoción de todo. Curiosamente vi una sección dedicada al BDSM, se veía fotos, muñecas y carteles de las Amas y de los esclavos.

Había estanterías llenas de pinzas, látigos, anillas, collares, tobilleras y pulseras. Todo muy bien colocado y cada uno con sus precios hasta había packs que te vendían todo junto. Luego había todo tipo de vibradores, tanto anales como vaginales, consoladores de todos los tipos y tamaños, junto con arneses con pollas de silicona, unas dobles para que los dos sientan placer.

Incluso pude ver packs de esclavas novatas en el que te venía todo dentro con unas instrucciones y fotos animadas de las diferentes posiciones que debía ponerse la esclava/o ante su Ama/o.

Era curioso, porque el precio era bastante caro, unos 200 euros, pero también había más baratos o más caros, dependiendo de la calidad del material. Me atreví a coger uno para darle la vuelta y mirar que había escrito o que imágenes traía.

En la parte posterior ponía Mistress Anisa, lo que se traduciría como Ama Anisa, una mujer árabe dominante, de unos 20 años, en el que ponía su foto con su teléfono, WhatsApp, Twitter y redes sociales. Ponía que el tributo para ser su esclava a distancia era de 30 euros mensuales.

A cambio te daba ordenes diarias, semanales y vídeos gratuitos en su plataforma de Onlyfans y otras redes de publicidad para ir convirtiéndote paso a paso en una esclava y perra blanca suya con una promoción de qué si terminas el taller de D/s con ella, podrías viajar para conocerla en persona y servirla durante las vacaciones o también podría venir ella, a tu casa para que las sirvieras como tu Ama y dueña.

De hecho, todo aquello, hacía que sintiera más curiosidad por comprender todo aquello, que me parecía ilógico, pero que comenzaba a excitarme y a ponerme cachonda perdida en varias ocasiones.

Una chica se me acercó, poniéndose a mi lado para preguntarme.

–Hola, buenos días, señorita.

–¿En qué puedo ayudarla? –preguntó una joven de mí misma edad, la cual me sorprendió al verla, porque iba de la misma forma que las chicas que salían en las imágenes de publicidad del pack de esclava, que había cogido para mirarlo.

La chica estaba desnuda completamente, salvo por el collar que llevaba puesto en el cuello con una cadena que le colgaba de él. Luego me fijé en sus pechos desnudos, que por cierto eran muy bonitos, en los que aprecié unas anillas que perforaban sus pezones, las cuales se les enganchaba una cadenita de menor diámetro que con respecto a su cadena de su collar del cuello, que las ataba.

Note que llevaba un brazalete en el brazo izquierdo, una pulsera en su muñeca y una tobillera en su tobillo. Luego, observé que iba descalza andando por la tienda. Tenía las uñas muy cortadas tanto de las manos como de sus pies, pero sin pintarse. Algo que hoy en día en las chicas de nuestra edad, no era habitual, porque todas nos pintamos las uñas o nos hacemos la manicura o la pedicura. Otra cosa que me fijé, rápidamente era que llevaba unas anillas perforadas en sus labios vaginales.

Pensé que cuando hiciese sexo, seguro que lo sentiría más aún, sin duda alguna.

–¿Le gusta mi aspecto? –preguntó la chica.

–Yo, no quería.., disculpa. –dijo Sandra.

–Es la primera vez que veo una chica desnuda con todo eso puesto. –dijo Sandra.

–No se preocupe, que es normal. –dijo la chica.

–¿No es algo incomodo llevar todas esas cosas? –preguntó Sandra.

–Al principio, es extraño, pero luego te acostumbras y posteriormente te gusta llevarlo siempre. –respondió la chica.

Desde el primer momento me puse roja al verla desnuda completamente. Cosa que le hizo gracia, ya que notó que me había perturbado al ver su aspecto.

Observé que llevaba en la vagina un vibrador de color rosa que sobresalía, viéndose el rabillo sobresalir de sus partes. Pude suponer que llevaba otro metido en su ano ya que las fotos en los packs de esclavas, así lo mostraban.

–Soy una esclava y mi nombre es Maika. –dijo la esclava, haciendo una reverencia con su cabeza.

–Hola, buenos días, Maika. –dijo Sandra.

–¿En qué puedo ayudarla? –preguntó la empleada.

Observé que su mirada estaba siempre fija en mis botas, atenta a lo que fuese a decirla o a preguntarla.

–Pues, estaba mirando en general el establecimiento, todas las cosas que tenéis y los juguetes eróticos. –dijo Sandra.

–Pasaba por delante del escaparate y me llamó la atención los maniquíes, así que pasé a mirar un poco todo. –dijo Sandra.

–Me alegra que le haya causado curiosidad para hacerla entrar a la tienda. –dijo la esclava.

–Lo cierto que desde que se emitió la película de “50 Sombras de Grey” el mundo del BDSM, tuvo un gran auge y se hizo muy popular. –dijo la esclava.

–De hecho, yo cuando vi la película me empezó a gustar hasta que poco a poco me fue gustando la idea de convertirme en una esclava sexual. –dijo la esclava.

–Pero ¿Trabajas como empleada o eres esclava de alguien del local? –preguntó Sandra.

–Si, soy empleada de la tienda, a media jornada atendiendo a los clientes. –dijo la esclava.

–El resto de tiempo, estudio y hago mi vida. –dijo la esclava.

–Lo que sucede que cuando empecé a trabajar aquí, me empezó a seducir este mundo y poco a poco fui descubriendo que me gustaba experimentarlo, así que me compré un pack, fui poniéndomelo hasta que me sentí una esclava. –dijo Maika.

–Desde ese día, acató el protocolo del BDSM y me visto así, porque me gusta y siento placer. –dijo la esclava.

–¿Y llevas mucho tiempo cómo esclava? –preguntó Sandra.

–Unos meses de hecho, desde que empecé a trabajar aquí, cuando pusieron un cartel en el que ponían se necesita empleada de Club Nocturno. –dijo la esclava.

–Me pagan muy bien, unos 1800 euros/mes. –dijo la esclava.

–Pero no trabajo sólo por el dinero, sino porque me gusta y me excita este tipo de vida sexual. –dijo la esclava.

–Pago la mensualidad de la facultad, mi parte de mi alquiler de mi piso y me da para comer y poder ir al gimnasio, y estudiar inglés y hacer otros cursos. –dijo Maika.

–Si, es mucho dinero, imposible de rechazarlo, y te da para pagar todas las cosas que quieras. –dijo Sandra.

–¿Saben algo de esto tu familia, amigos y compañeros? –preguntó Sandra.

–Porque poniéndome en tu lugar, me daría miedo, vergüenza que me viesen así, o que se lo dijeran. –dijo Sandra con cara de susto.

–Son juegos y fantasías eróticas BDSM, que tratan sobre la dominación y sumisión entre las personas. –dijo la esclava.

–Es cierto y verdad, que cada persona lo lleva a su manera, unos son muy radicales, viviéndolo 24/7 con un contrato de esclavitud escrito y con notario, y en otras que es todo verbal, de palabra, en el que es como una relación de pareja que pueden romper en cualquier momento. –dijo la esclava.

–Sobre mi familia, y amigos, algunos saben mis gustos sexuales, y otros no lo saben, se lo oculto, porque me da vergüenza, pero es mi vida privada e íntima y a nadie le importa. –dijo la esclava.

–¡Entiendo, es todo muy razonable y tiene sentido! –dijo Sandra, comprendiéndolo todo.

–Mírate es que estás desnuda con un collar y cadena al cuello como un perro, luego con anillas perforando tus pezones, con vibradores y pulseras. –dijo Sandra.

–Da un poco de miedo, todo. –dijo Sandra.

–No entiendo. –dijo la esclava.

–Quizás, si todo lo practicases en privado sin mostrarte a los demás, sería más acertado. –dijo Sandra.

–Quizás, es por eso que te pagan tanto dinero. –dijo Sandra.

–Mira, yo antes pensaba igual que usted, pero míreme ahora. –dijo la esclava.

–Me gusta ser una esclava y una perra blanca, me excita exhibirme y que me vean públicamente mostrando lo que soy una puta zorra y guarra. –dijo la esclava.

–Pero, mírese usted, ahora. –dijo la esclava.

–Ha entrado sin saber nada de esto. Luego ha estado mirando todo el local, las cosas que venden y mirando lo que cuestan. –dijo la esclava.

–Has sentido mucha curiosidad, porque has decidido entrar al establecimiento, y no pasar de largo como otras personas hacen. –dijo la esclava.

–Algo te ha llamado la atención, y has decidido pasar para curiosear lo que había dentro. –dijo la esclava.

–Nada más verme, te has sonrojado y me has recorrido con la mirada desde mis pies hasta mi cabeza. –dijo la esclava.

–Y mirándote la humedad de tu falda, se nota que te has corrido de gusto, así que esto te excita y te pone cachonda pérdida. –dijo la esclava.

–Y ahora, me está haciendo las preguntas que tú te harías ante tu familia o tus amigos, poniéndote en mi lugar, pensando lo que dirían o lo que pensarían. –dijo la esclava.

–Demuestra inseguridad, que dudas de si misma, y que no sabe aún, lo que quiere. –dijo la esclava.

–Sólo puedo decirle que sea sincera consigo misma, quizás es un consejo sencillo y fácil. –dijo la esclava.

–Hágase la pregunta en voz alta si te gusta esto o no, qué cosas le gustan. –dijo la esclava.

–Así, saldría de dudas, y le aclararía mejor todo. –dijo la esclava.

La esclava, cogió mi móvil que tenía en la mano, y me añadido su nombre y su contacto, diciéndome qué si tenía dudas o alguna pregunta más, que la llamara.

–Respondiendo a la pregunta de antes, hay certámenes, visitas guiadas, conferencias sobre BDSM y sesiones a las que tengo acceso gratuitamente, ya que es un club selecto de BDSM, al que no todo el mundo puede entrar. –dijo Maika, mirando la parte delantera de gente que seguía pasando hasta la parte de atrás del local hasta desaparecer.

–Todo aquí, es caro y nada sale gratis, sobre todo cuando se trata de sexo. –dijo la esclava.

–Casualmente, de todos los packs que hay, ha cogido el pack de esclava propiedad de Ama Anisa, que cuesta unos 199,99 euros de precio, pero al lado estaba el pack de Ama de la misma marca Ama Anisa, y no lo has cogido. –dijo la esclava.

–Quizás, son cosas que deberías de pensar y analizar, si ha sido casualidad o si sin darte cuenta tu mente lo ha cogido porque siente esa curiosidad, por la que has decidido entrar al local. –dijo la esclava.

–Yo estoy aquí para ayudar aconsejar los clientes a comprar lo que desean, de acuerdo con sus gustos y fantasías, digamos que asesorar sexualmente. –dijo la esclava.

Por un momento, pensé que podía ser una estudiante de psicología, porque de alguna manera me estaba autoanalizándome.

–De todo lo que ha estado mirando, mire las de las etiquetas en rosa, que están en oferta y son más baratas, sea lo que le interese. –dijo la esclava.

–Si, se decide a comprar la caja, está ahí. –dijo la esclava.

–Puede comprar a través de una caja automática o en una donde la atienda una empleada como yo. –dijo la esclava.

–Perdone, pero debo irme para atender a otro cliente, que me están llamando. –dijo la esclava, marchándose.

La verdad que había dado en el clavo, me había analizado, diciéndome todo directamente. Podía haberle preguntado si estudiaba psicología, pero si no lo estudia, tiene madera la chica para ello.

Realmente, no abrí la boca, porque todas sus deducciones y análisis eran acertados, así que continue mirando más artículos que había en esa estantería. Pensando en lo que me gustaba o no, de todo aquello que estaba mirando.

Eso es muy fácil de pensar cuando es otra cosa como una chaqueta o un pantalón, pero cuando son tus gustos, emociones, sentimientos, pues es más difícil porque se complica todo con cada pequeño detalle.

Todo era muy extraño en ese lugar, había como un ambiente raro. La gente entraba y pasaba con sigilo hasta desparecer en el fondo del local. Por todo el local había varias empleadas que eran esclavas de la misma edad que la mía, y todas desnudas con collares puestos y cadenas como Maika.

Después de estar mirando todos los packs, los látigos, las cadenas, los collares, las pollas gigantescas, me di cuenta que no todas las cadenas o collares eran iguales a simple vista.

Dependiendo del material y de su diámetro subía el precio o descendía. Vi los materiales de oro, plata, cobre, platino, cuero con sus diferentes aleaciones y precios. Cogí una tarjeta del club, y salí del establecimiento algo más aclarada, pero a la misma vez más confundida de lo que me había imaginado.

Pensaba, que quizás Patricia había entrado en un lugar así, y le había empezado a gustar el BDSM por la escena que vi anoche con una chica que no conocía. Quizás era una amiga o una compañera o un ligue, desconocía si mi amiga era lesbiana o bisexual, nunca me lo dijo.

En ese momento, Maika salió por la puerta y me llamó.

–Disculpa, esto es un regalo del club para usted. –dijo Maika, dándomelo en la mano.

–¿Y este regalo a qué se debe? –preguntó Sandra.

–Hoy es la firma de uno de los libros que se ha presentado en la trastienda, por lo que el establecimiento ha dicho que todos los asistentes reciben un regalo por haber estado en él. –dijo la esclava.

–Por cierto, ¿Estudias psicología o algo similar? –preguntó Sandra.

–Sí, estudio la titulación de psicología de la Universidad Complutense de Madrid.

–¿Por? –preguntó Maika.

–Por la manera de hablar y autoanalizarme. –dijo Sandra.

–Muchas gracias, un placer ayudarla. –dijo la esclava, marchándose.

Cuando se giró pude ver en su espalda, una marca en su cintura en la parte de abajo del final antes de llegar al culo. Continue caminando, mientras miraba la bolsa, para ver una caja negra que ocultaba su contenido.

–Bueno, cuando llegue a casa, miraré lo que es. –dijo Sandra.

Continue hasta que llegué a la parada del autobús, el cual vino nada más llegar a la parada, así que me subí y me senté en un asiento.

Iba mirando las calles, el tráfico y la gente que caminaba por ellas, fijándome en los locales y en los edificios hasta que llegó mi parada en la cual me bajé. Me quedaba un trozo caminando hasta que llegué al portal.

En la puerta, me cruce con varias vecinas.

–Hola, Sandra. –dijeron Marta, Sonia y Julia.

–Hola, chicas. –dijo Sandra.

–Tienes pinta de venir de una fiesta por las pintas que traes. –dijo Julia.

–¡Has acertado! –dijo Sandra.

–Tampoco, era muy difícil al ser sábado por la mañana. –dijo Sonia con una sonrisa.

–Hemos visto entrar a Patricia, así que está en casa. –dijo Marta.

–¡Vale, gracias! –dijo Sandra, mientras que las chicas salían para irse.

Estaba ya dentro, esperando a que viniese el ascensor, dándole al botón de llamada hasta que vino, y cuando se abrieron las puertas, salieron por ella Estefanía, Natalia y Gloria. Que al verme me saludaron con mucho énfasis.

–Hola, Sandra. ¿Qué tal estás? –preguntaron ellas.

–Hola, chicas. –dijo Sandra.

–Tienes cara de resaca y de haberte pegado la fiesta padre. –dijeron ellas.

–Estoy bien, vengo de la casa de una amiga con la que estuve anoche cuando estaba de fiesta de fin de curso. –dijo Sandra.

–Lo mismo que nosotras, pero nosotras llegamos anoche. –dijo Natalia.

–¡Ja, ja, ja! –rio Natalia.

–Por cierto, ¿Sabes lo de Teresa? –preguntó Gloria.

–No, no sé nada. –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que le ha sucedido a Teresa? –preguntó Sandra.

–¿Es tú vecina la del quinto? –preguntó Sandra.

–Sí, esa misma. –dijo Natalia.

–Pues que anoche la vimos desnuda de rodillas a cuatro patas con un collar al cuello con una correa. –dijo Estefanía, que se lo habían dicho sus compañeras.

–No tenía ni idea. –dijo Sandra.

–¿Y adivina más? –preguntó Gloria.

–Pues no sé ¿qué es lo que no se? –preguntó Sandra.

–Pues que es una esclava sexual al estilo de la película de “50 Sombras de Grey” y su Ama es Patricia. –dijo Natalia.

–Tú amiga y compañera de piso, Sandra. –dijo Gloria.

–No tenía ni idea de todo esto que me estás contando. –dijo Sandra.

–Nunca me contó nada sobre sus fantasías o gustos sexuales. –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que llevas ahí? –preguntó Natalia, curioseando la bolsa extraña de ese color negro con un símbolo de una golondrina, en la cual había una caja de color roja purpura.

–Pues, es un regalo que me han dado cuando he pasado por la calle Otelo sobre el establecimiento ese llamado el Club de la Golondrina Negra. –dijo Sandra.

–Parece que hoy según me ha dicho la empleada es la firma de un libro de temática de la de 50 Sombras de Grey, y que a todas las clientes que pasen, se lo dan gratis. –dijo Sandra.

–Pues, no digas más que nos vamos para allí. –dijo Natalia, que era un poco curiosa.

–Bueno nos vamos Sandra, cuídate. –dijeron todas, marchándose, rápidamente.

–Pues sí que les ha dado a todas por ir a por el regalo. –dijo Sandra.

Detrás de la conversación que había mantenido con mis vecinas, fui pensando todo lo que me habían dicho. Teresa era la chica a la que había denigrado y humillado Patricia, manteniendo una mini sesión de BDSM o gran sesión, porque yo me fui cuando entraron al baño, y al cruzar vi como la meo en la boca y por toda la cara, cabeza y cuerpo en unos minutos.

Con esos pensamientos en mi cabeza, comencé a excitarme y a ponerme cachonda. Notaba la humedad en mis bragas, ya de por si sucísimas, llenas de mis corridas y flujos vaginales. Otra vez, recordé lo que me había dicho Yolanda, confesándome que se había corrido en un cine, dejando sus bragas totalmente empapadas de flujos vaginales, sintiéndose muy sucia y guarra, vamos toda una zorra y puta asquerosa de campeonato.

El dolor de cabeza se me estaba pasando, pero mi vagina necesitaba marcha, ya de por sí, me costaba no meterme un par de dedos y masturbarme ahí mismo, con lo puta y guarra que me sentía, pero me sobrepuse ante las tentaciones.

Fue cuando salí del ascensor y abrí la puerta para entrar en el piso. Dejé la chaqueta en el perchero, que creo que era lo único que no había manchado con mis fluidos para quitarme la ropa, desnudándome para tirarme en la cama.

Sí, como lo oís, me dejé caer en bolas encima de mí cuarto, dejando la ropa desperdigada por el suelo, porque estaba hecha trizas.

A pesar de todo, Patricia fuese Ama o no, era mi amiga, no creo que fuese tan hija de puta de pasársele por la cabeza hacerme lo que le ha hecho a Teresa. Nos unían unos 20 años de amistad, no creo que unos juegos eróticos por muy excitantes y morbosos que fuesen nos separaran.

Me quedé frita roncando, quedándome dormida completamente hasta que la puerta se abrió, entrando Patricia en el piso, qué viendo la puerta abierta, y la ropa desperdigada, pensó que menuda cogorza ha pillado esta anoche.

En ese momento, se acercó Patricia, asomándose a la habitación para verme. Vio que estaba dormida roncando, pero desnuda completamente y los restos de la ropa tirada por la habitación.

El espacio estaba cerrado, y mirando las bragas y la falda, le dio un olor a zorruno, que dedujo que claramente como había sido la noche de espacial. Pero no detectó olor de semen, así que sea como sea, dijo.

–Está se lo estuvo pasando bien, quizás se excitó, pero no ligó y estando cachonda perdida se mojo las bragas la muy guarra, riéndose.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia.

Justamente vio una bolsa negra con cosas dentro, entre ellas una caja de color roja purpura, tirando a bermejo y violeta oscuro. Pensó muy bonita, por cierto, pero vio la etiqueta regalo de inauguración por la firma de un libro de BDSM en la calle Otelo.

Hacía tiempo que no veía desnuda completamente a Sandra, tiene una buena figura. Un buen culo, una bonita espalda, sus ojos son azules. Además, la forma de los dedos y de las uñas, tanto de sus manos como de sus pies con muy cuadradas, con lo que son muy bonitas y gusta mucho a los hombres, mirándoles los pies y sus manos. –dijo Patricia.

Bueno, me voy a por mis regalos, porque esta creo que tardará en despertarse. –dijo Patricia, así que se marchó como si hubiese visto el diablo.

Cuando Patricia fue al Club Nocturno, se reunió con las amigas y las vecinas como Teresa, que llegó unos minutos más tarde, y una vez allí, estaban dando las bolsas con regalos. Estefanía, Gloria y Natalia les dieron una a cada una y estaban en la fila para que les firmaran un libro.

A cada una les dieron una bolsa con una caja como a los demás clientes que estaban allí, esperando la llegada del autor del libro, el cual, no hizo más llegar para comenzar a firmar autógrafos mientras se sentaba en una silla detrás de una mesa.

Todos iban pasando, uno detrás de otro, el cual iba firmando los libros y manteniendo una charla con sus fans o no fans, pero allí, estaban con su libro, así que él estaba encantado.

Patricia cogió el móvil y llamó a Sandra para hablar con ella.

–Pero Sandra no respondía, porque estaba durmiendo desnuda encima de su cama.

Solamente por el hecho de venir a que les firmaran los libros, la propia editorial les regalaba una bolsita con unos pintalabios, maquillaje, lencería, y pendientes, así que cuando llegó el turno de Patricia, al firmarle dos libros, el suyo y el de una amiga, le dio dos bolsas con una sonrisa.

Al salir de la fila, se encontraron todas con los regalos, así que se marcharon cada una por su lado. Patricia se cruzó con Teresa, y ambas querían hablar sobre lo que había sucedido anoche.

En cambio, Natalia, Gloria y Estefanía se marcharon por su lado para volver a casa, mientras que Susana, Gema, Yolanda y Marta, estaban yéndose a su aire, investigando el local, y mirando todo lo que había.

–Hola, Patricia. –dijo Teresa.

–Hola, Teresa. –dijo Patricia.

–Lo que sucedió anoche se quedó en esa noche. –dijo Patricia.

–Me contaste lo que te gustaba y debido a mi estado de embriaguez, perdí los papeles, Teresa. –dijo Patricia.

–Pero creo que todo lo que te hice, te gustó y me obedeciste sumisamente y fielmente. –dijo Patricia.

–Si, es cierto. –dijo Teresa.

–Me gustó que me tratara así de esa manera denigrante y humillante. –dijo Teresa.

–Lo noté, disfrutabas como una puta cerda, Teresa. –dijo Patricia.

–Eres una puta esclava y perra blanca que busca Ama a la que servir. –dijo Patricia.

–Si, Ama, es lo que soy una esclava y perra blanca. –dijo Teresa.

–Me postró a sus pies, mi Ama Patricia, y le pido permiso para ser su esclava y perra blanca si me acepta. –dijo la esclava, arrodillándose para hacer una reverencia y besar sus botas.

–Lo pensaré, esclava. –respondió Patricia, que en cierto sentido le encantó que se hubiera denigrando y humillado delante de la gente de la tienda, a la cual les gustaba todo aquello.

–¡Ponte el pack de esclava nada más llegues a tu casa, esclava! –ordenó Patricia.

–Compra todo aquello que necesite una esclava de mierda como tú para empezar a seguir este estilo de vida, puta cerda. –ordenó Patricia.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia, escupiéndola dentro de su boca un gran escupitinajo que le llenó la boca, y delante de la gente que los rodeaba. Patricia le ordenó.

–Trágatelo y vuelve a abrir la boca, esclava. –ordenó Patricia, para continuar escupiéndola dentro de su boca y fuera.

En ese momento, se acercaron tres compañeras de facultad de ellas, que al verlas las reconocieron, y quedándose impresionadas, fueron a preguntarlas lo que sucedía, aunque lo tenían muy claro.

–Hola, Patricia. –dijeron ellas, poniéndose delante de la esclava junto a Patricia.

–¿Y Teresa qué es una nueva esclava? –preguntó Mara, con sarcasmo.

–Sí, es una puta esclava y perra blanca. –respondió Patricia, escupiendo en su cara y en su boca.

–Podemos unirnos a la fiesta, también. –dijo Serena.

–Por supuesto, esta puta esclava necesita que la adiestren y domen. –respondió Patricia, siguiendo escupiendo en su boca.

Entonces Diana, Mara y Serena comenzaron escupiéndola en su boca, una detrás de otra hasta que se llenó su boca completamente.

–Trágatelo y cierra la boca esclava. –ordenó Patricia.

La esclava obedecía su orden hasta que se acercó una de las esclavas, diciéndoles qué si era una esclava, debía desnudarse y ponerse collar con cadena, así que esta la desnudó dejándola desnuda, para abrir la caja, mientras la gente se quedaba mirando como lo hacían.

Le pusieron los brazaletes y las pulseras de los tobillos, luego las anillas, perforando sus pezones y sus labios vaginales, pero le puso antes una mordaza en la boca para que no gritara, para al final ponerle el collar con la cadena y las cadenas restantes junto con los vibradores.

Luego esa esclava, recogió su ropa y la metió en una bolsa para dársela a Patricia que la cogió por no hacer el feo. La esclava esta roja de vergüenza, pero excitándose como una perra en celo, así que bajó su mirada al suelo.

–Bueno, chicas, esta noche empezamos el turno en el hospital. –dijo Patricia.

–Sí, y esta puta esclava de mierda, también. –dijo Serena.

–¿Has tenido algo contra ella? –preguntó Patricia.

–Sí, sacó dos decimas más que yo, así que no puedo estar en el hospital que quería. –respondió Serena.

–Pero eso no es culpa de ella, así que no la pagues con Teresa. –respondió Patricia.

–Y que le guste ser una esclava y perra blanca, no tienes derecho sobre ella, ni a menos preciarla. –dijo Patricia

–Presenta tus respetos a mis amigas, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

La esclava hizo la reverencia y beso las botas de Serena, Mara y Diana, riéndose de risa, mientras que otras personas y amigas lo veían y algunas hasta se mojaron las bragas, viéndoseles unas manchas entre las piernas.

Patricia se puso a andar para recoger su pack y sus regalos, con la esclava siguiéndola detrás. Todas se habían excitado en el momento que le despojaron de su humanidad a esa chica, denigrándola y humillándola para convertirla en una esclava y perra blanca sin derechos y sin privilegios.

–Una esclava se acercó, diciéndole que debía de marcarla para que se supiera que era una esclava, ahora, así que Patricia encendió el sello, poniéndole la marca en su espalda, pegando un gemido de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–De momento, como esclava que eres, debes de leer las normas del BDSM y seguirlas como esclava y perra que eres. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, besando sus botas en señal de obediencia y sumisión delante de la gente.

–Recuerda que tenemos prácticas en el mismo hospital, y lo que menos necesitamos es que te descubran, así que mantén tú secreto oculto en el hospital. –dijo Patricia, algo preocupada.

–Tú sabrás cómo te las apañes, pero si te pillan, yo no te conozco y tú no me conoces. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

–Si te gusta ser una esclava o no, es algo que no me concierne, pero a ti, sí. –dijo Patricia.

–Si, es verdad y lo reconozco mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–Además, sólo de pensarlo, te estás mojando las piernas de gusto. –dijo Patricia.

–Eres una puta sumisa de mierda y lo sabes, así que menos mal que lo has admitido y lo has reconocido, abiertamente. –dijo Patricia.

–Mira, ves a esas esclavas, eres cómo ellas una puta esclava, te excitas viéndolas y te identificas como ellas. –dijo Patricia.

Teresa se quedó mirándolas, mientras sus fluidos chorreaban por sus muslos, gimiendo de placer y de dolor por las perforaciones de las anillas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Abre tu boca, esclava! –ordenó Patricia, para escupirla dentro de su boca repetidamente hasta que llenó su boca de su saliva.

–Mantenla así, que toda persona que pase por delante, te escupa, esclava. –ordenó Patricia, y sinceramente la gente pasaba, escupiéndola en su boca, cara hasta que le ordenó tragárselo todo.

–Ahora muestras tus respetos a todas las que pasen por delante de ti, les dices lo que eres y le das las gracias, esclava.

Todos iban pasando por delante, para pararse y que la esclava besara sus botas y le diera las gracias hasta que todos pasaron según se marchaban. Todo eso estaba causando una gran expectación y unas buenas sensaciones, porque entraba más gente y reían, compraban cosas.

Mientras que estuvieron allí, las dejaron ver las salas de las sesiones y vieron las cabinas en las que había mujeres y hombres que se ponían un antifaz y practicaban BDSM de forma anónima sin saber si identidad.

Todo aquello, puso muy excitada y cachonda perdida a Teresa, que se le iban los ojos, mientras una Ama daba con el látigo a su esclava y otra lamía las botas de otra Ama y en otra una esclava le escupían en la boca, mientras la iban insultando y denigrando verbalmente.

Las Amas que la vieron con su esclava detrás, le ofrecieron unirse a las sesiones, así que Patricia aceptó, sólo que tenía que ponerle un antifaz. –¡Ja, ja, ja! –reía Patricia.

En cada una de las sesiones Patricia entró con su esclava, e hizo lo mismo que las demás, mientras que el público la veía y captaba más atención. Teresa la pobre disfrutaba como una perra en celo, mientras sus amigas, vecinas y compañeras la veía como era sometida, denigrada y vejada totalmente delante de ellas.

De manera, que cuando todas las sesiones terminaron de verse, todos se fueron yendo del establecimiento para volver a sus casas. Patricia, se montó en el coche de Teresa, llevándola a ella en el maletero como un objeto más.

Cuando llegó al aparcamiento, salió del coche y abrió el maletero para que saliera su esclava y perra blanca para dirigirse a su portal en el que entraron para subir por el ascensor.

Durante la subida se cruzaron con varias vecinas que se rieron de ella, y por otro lado se asombraron de sus gustos pervertidos. Patricia, llevó a su esclava a su piso para abrir la puerta y entrar con ella, para dejarla en su casa.

–¡Lee las instrucciones del pack de esclava, y síguelas como esclava que eres! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, besando sus botas y lamiéndoselas antes de que se marchase de su piso, dejándola de rodillas, agachada como la puta esclava y perra blanca que era.....

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