La perversión me sedujo 2
Nunca imaginó que confesar sus secretos más oscuros a una amiga llevaría a tal extremo. Ahora, desnuda y a cuatro patas, Teresa descubre que la verdadera perversión no está en lo que sueña, sino en lo que Patricia está dispuesta a hacerle.
Patricia se dedicó a jugar con ella, que a la misma vez era una compañera de su facultad. Su destino se selló cuando en su estado de embriaguez le contó sus oscuros juegos y fantasías sexuales.
Entre otros juegos de ir a por la pelota y volver con la pelota en su boca, estaban la de darle la pata, tumbarse, darle algo de comer masticado por ella. Toda clase de situaciones denigrantes y humillantes que iban la iba pervirtiendo.
Además, Patricia mientras estaba mirando unas cosas en el móvil, ordenó a su esclava a lamerle sus botas. Su posición era la misma que la de antes, en la cual, le había ordenado abrirse de piernas, sentada sobre sus plantas con las manos detrás de la espalda, lamiendo las botas, que le pasaba por la cara, mientras Teresa con su lengua fuera limpiaba la suela de esta.
–¡Muy bien, esclava! –dijo Patricia.
–Así me gusta, cerda asquerosa. –dijo Patricia.
–¡Lame bien la suela hasta que me la dejes totalmente limpia de toda suciedad, puta guarra! –ordenó Patricia,
–Y chúpame bien los tacones, zorra. –ordenó Patricia.
Teresa obedecía todo lo que le ordenaba Patricia, sumisamente. La verdad qué hasta ese momento, no había tenido ninguna experiencia erótica de tipo BDSM, pero con la ayuda del alcohol, se había atrevido a confesárselo a su compañera de facultad. Eso le había producido una excitación en su cuerpo que la hacía ser más sumisa y obediente de lo normal.
Después de estar dos horas, jugando en el jardín de su bloque con ella, le pareció que había sido suficiente humillación pública. Se levantó para ponerse a andar, mientras tiraba de la correa que sujetaba el cuello de su perra, poniéndose ésta a caminar detrás de ella.
A la hora de estar en la puerta del portal, se encontraron con unas compañeras suyas, Natalia y Gloria, qué al ver a Teresa desnuda de rodillas y a cuatro patas como una perra, se quedaron sorprendidas y alarmadas.
–Hola, Patricia. –dijeron ambas.
–Hola, chicas, ¿qué tal la fiesta? –preguntó Patricia.
–Pues, la verdad que muy bien. –dijo Natalia.
–Pero no tan entretenida o sorprendente como la tuya, Patricia. –dijo Natalia, mirando a Teresa.
–¿Qué está haciendo Teresa desnuda y de rodillas a cuatro patas como un perro? –preguntaron las dos.
–Pues que a Teresa le gusta ser una esclava sexual. –respondió Patricia.
–Le gusta ser humillada, denigrada y tratada cruelmente de esta manera. –dijo Patricia.
–¡Joder! No tenía ni idea que le gustaba todo este tipo de fantasías y de juegos sexuales. –dijo Gloria.
Lo cierto es que esta noche en la fiesta bebió un poco más de la cuenta, y me lo confesó, así que quise investigar más sobre el tema y experimentarlo. –dijo Patricia.
–Como veis me ha obedecido sumisamente como una perra en celo. –dijo Patricia.
–Además, está salida perdida, soltando sus fluidos vaginales. –dijo Patricia.
–¡Ya lo veo! –dijo Gloria.
–¿Estos son los juegos eróticos y sexuales BDSM? –preguntó Natalia.
–¿Y qué más has estado experimentando con ella? –preguntó Natalia, inocentemente claro, pero se le notaba cierta curiosidad por saberlo.
–Pues todas las denigraciones que se te ocurran, Natalia. –respondió Patricia.
–¡Ponte en posición, y abre la boca, esclava! –ordenó Patricia, mientras que las compañeras se quedaban flipando al verlo todo.
Teresa se abrió de piernas con las manos detrás de la cabeza, mientras abría la boca, levantando la cabeza. Teresa se puso roja al ver que sus compañeras estaban presentes mientras que Patricia la estaba humillando y denigrando, pero por otro lado le excitaba y se estaba poniendo cachonda, humedeciendo su coño de lo zorra que se había vuelto.
Patricia comenzó a escupirle dentro de la boca, y en la cara de forma continua, delante de sus amigas, que se quedaron congeladas mirándola. Además, había estado comiendo una bolsa de patatas, así que la escupía la comida en su boca junto con los escupitinajos.
–¡Mastica y trágatelos, esclava! –ordenó Patricia, mientras Teresa masticaba y se tragaba todos los escupitinajos de su Ama, delante de sus compañeras de clase.
–¡Vamos, cómetelo todo, perrita! –ordenó Patricia, mientras escupía la comida masticada al suelo delante de ellas.
Teresa se acercaba y comía la comida escupida para terminar lamiendo el suelo para volver a ponerse delante de ellas, y besar las botas de Patricia. Tanto Gloria como Natalia, fliparon de ver ese tipo de humillaciones y denigraciones.
–Creo que se me va a quitar esta borrachera que llevo. –dijo Natalia, sin saber que decir sobre todo esto, porque la dejó a cuadros.
–Si, creo que nos vamos a casa a dormir la mona. –dijo Gloria.
–Saluda y muestra tus respetos a mis amigas, esclava. –ordenó Patricia.
Teresa se puso delante de cada una de ellas, para besar sus botas sumisamente, mientras que las dos se marchaban muy sorprendidas de ver todo aquello. En cambio, Patricia se reía, marchándose en dirección al mismo portal que Gloria y Natalia, las cuales subieron todas en el ascensor, mientras Teresa estaba a los pies de su Ama.
Durante la subida en el ascensor surgió una conversación entre ellas de manera natural. Y tanto Gloria como Natalia, se dieron cuenta que Patricia hablaba con ellas, ignorando la presencia de Teresa. Era como si no estuviese delante, haciéndola un vacío como si fuera una perra.
–¿Y de dónde venís? –preguntó Patricia.
–Pues, hemos estado en la fiesta en la sala caracol.
–En esa sala van muchas personas a pasar la nochevieja o la nochebuena, y sin duda alguna hacen todo tipo de fiestas. –dijo Patricia.
–¿Y tú dónde has estado? –preguntó Gloria.
–En la fiesta de despedida de curso de mi facultad, que se celebraba en una sala de fiestas cerca del centro. –dijo Patricia.
–¿Asistieron todos en una fiesta oficial o era más privada? –preguntó Natalia.
–Pues, era semioficial, porque está noche ya me toca turno de guardia en el hospital como el resto de mis compañeras.
Sin embargo, Teresa era como si no existiera, hablaban como si no estuviese allí con ellas. Eso era una especie de denigración y vejación evidente que se captaba, porque despojaba de humanidad a Teresa, dejándola sólo como un objeto o un animal.
El ascensor llego a la planta del piso de Gloria y Natalia, las cuales, se bajaron expectantes mirando Patricia se bajaba o no, ya que Teresa vivía en esa planta y eran vecinas de ella o al menos lo eran antes de todo eso.
Pero no fue así, Patricia junto con su esclava siguió subieron dos plantas más arriba para salir por la puerta y llegar a su piso, el cual estaba vacío, ya que Sandra no estaba y Vanesa estaba de erasmus.
–¡Vamos a la ducha, esclava! –ordenó Patricia.
–Si, mi Ama. –respondió Teresa.
Esta vez Patricia no le pegó un bofetón, sino que tiró de su cuello con la correa para que la siguiera como la perra que era. En el baño, Patricia soltó la correa de su esclava para ponerse a esperar.
Teresa, lo pilló al vuelo, ésta comenzó a desnudar a su Ama, y a llenar la bañera con agua, mientras que iba echando jabón, y los productos para el baño de su Ama.
–Siempre he querido probar lo que se siente cuando una esclava te lava. –dijo Patricia.
–Muy bien, mi Ama. –respondió Teresa.
–Su esclava la obedece. –respondió Teresa.
Ella comenzó lavando el cuerpo de Patricia y toda y cada una de sus partes de manera suave para finalizar con el lavado de su pelo, mientras que Patricia se quedaba quieta expectante, mirando como Teresa la obedecía a todos sus deseos.
Patricia se quedó en remojo dentro de la bañera, mientras que su esclava se quedó de rodillas con las manos detrás de la espalda y con su mirada al suelo. Patricia se quedó como una hora y media dentro hasta que se cansó para salir de la bañera, poniéndose de pie encima de la alfombra.
Teresa no lo dudo, cogió la toalla grande que estaba colgada y comenzó a envolver el cuerpo de su Ama, secándola hasta que le puso el albornoz para después con una toalla secarle el pelo y posteriormente peinárselo.
–Tráeme las zapatillas, esclava. –ordenó Patricia.
–Si, mi Ama. –respondió Teresa.
–Como ordene, Ama. –respondió Teresa, yéndose de rodillas a cuatro patas para volver con sus zapatillas en la boca para dejárselas delante de ella.
–Muy bien, esclava. –dijo Patricia.
–Has obedecido muy bien, esclava. –dijo Patricia.
–Muchas gracias mi Ama! –respondió Teresa.
–Comienza a limpiar el piso, y después te metes a la bañera y te lavas, esclava. –ordenó Patricia.
–Si, mi Ama. –respondió Teresa.
En las pocas horas que quedaban hasta el amanecer, Teresa limpio toda la casa, puso a lavar la ropa y a tenderla mientras que Patricia estaba tumbada en el sofá, mirando la televisión hasta que Teresa terminó de todo.
Teresa volvió a ponerse de rodillas ante ella, para besar sus zapatillas y quedarse de rodillas con la cabeza agachada, esperando. Patricia no había perdido el tiempo, y había buscado maneras o prácticas de dominación y sumisión entre Ama y esclava, posiciones de esclava ante su Ama.
–Date la vuelta y pon la cabeza pegada al suelo con tus codos pegados al suelo junto con tus manos, esclava. –ordenó Patricia.
–Si, mi Ama. –respondió Teresa.
Teresa se puso en la posición que le había ordenado Patricia, y Patricia comenzó a darle latigazos con la correa de su pantalón, que era más fina y esbelta que la de los hombres.
–¡Comienza a contarlos, esclava! –ordenó Patricia.
–Si, mi Ama. –respondió la esclava.
–¡Zas! Uno, mi Ama. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava.
…….
Mientras que iba sintiendo los latigazos con la correa de Patricia, Teresa comenzó a gemir de dolor. Además, el color rojo comenzó a ponérsele en su culo hasta que después de estar recibiendo una serie de latigazos, comenzó a gemir de placer, y a soltar sus flujos vaginales, dejando impresionada a Patricia.
La verdad que eso, nunca lo había visto ella, salvo en los videos que había visto esa noche. Sabía que Vanesa le había visto publicidad de clubes nocturnos de temática sexual BDSM, pero hasta la fecha no lo había practicado con nadie porque no se había dado esa oportunidad hasta ahora.
Teresa comenzó a correrse como una perra en celo, después de experimentar toda esa clase de humillaciones y denigraciones. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.
Patricia se quitó sus bragas humedecidas por sus flujos vaginales, lleno de sus fluidos y corridas para metérselo en la boca de Teresa.
–Bueno, ya has limpiado todo, así ahora vete a bañarte, y te vas a tu casa. –ordenó Patricia.
Teresa hizo una reverencia, volviéndose a los pies de su Ama para besarlos en señal de obediencia y sumisión hasta que se marchó de rodillas a cuatro patas como una perra, mientras chorreaba sus flujos por sus muslos.
Realmente, con las bragas dentro de su boca, no se escuchó gran cosa, así que la esclava se fue a la bañera en la cual se metió dentro de la bañera para lavarse con el agua sucia con el que se había lavado su Ama, y secarse con su toalla sucia en pocos minutos sin tardar nada de tiempo.
Patricia ideo una tortura más divertida, así que cuando salió de rodillas a cuatro patas para ponerse delante de ella para besarla sus pies, teniendo sus bragas dentro de su boca, Patricia ató su calzado con una cuerda que la engancho en una pinza que puso en cada uno de sus pezones, pegando ésta un gemido de dolor.
Estaba claro, que a Teresa le gustaba el dolor y estaba experimentándolo gracias a su amiga Patricia, que le estaba haciendo toda esa clase de perrerías debido a su confesión intima.
Mientras que con una cuerda ató el resto de su ropa al extremo de su correa, así de esa forma se iba a ir Teresa a su casa. Pero no iba a terminar su perversión de esa manera tan sencilla y tan tonta.
–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia.
Teresa obedeció de inmediato al ponerle la vagina su boca para comenzar a mearla dentro de ella, mientras que iba tragándola. Después de toda la noche, ya se había acostumbrado al sabor de su pis, así que comenzaba a disfrutarla.
Para luego, terminar mearla por toda la cara, cabeza y por toda su espalda, dejándola muy bien meada completamente.
–Ya te puedes ir, esclava. –ordenó Patricia, mientras cogía sus bragas y se limpiaba su coño para metérselas dentro de su boca.
–Es un regalo para ti, por la estupenda noche que he pasado contigo, esclava. –dijo Patricia.
Teresa se fue de rodillas a cuatro patas, arrastrando su ropa atada al extremo de la cadena que llevaba atada al collar de su cuello, y su calzado colgando de sus pezones, provocándola excitación y soltando flujos de su coño, ya que estaba cachonda perdida después de toda esa noche.
Por otro lado, Patricia cerró la puerta y se fue a la cama, ya que no había dormido nada desde el día anterior, y como tenía descanso hasta la noche del sábado que volvía a comenzar su turno, no perdió el tiempo acostándose para dormir.
Teresa llegó a su piso, para irse al baño, y quitarse todo lo que la había puesto encima Patricia, para después ducharse, mientras estaba en la bañera, pensaba todo lo que había hecho y todo lo que había permitido que le hiciera Patricia, que sin duda lo había disfrutado.
En la bañera aún sentía el dolor de los latigazos de la correa de Patricia que había recibido su culo. El rojo de los latigazos, se iba yendo, pero aún lo tenía marcado como si fuera fuego. Había tenido una noche de BDSM que la dejó solamente cachonda pérdida, sino loca perdida.
Estaba excitada y cachonda pérdida, además la habían visto en público como una puta perra de rodillas a cuatro patas, desnuda con un collar al cuello y con una correa. Había sido una humillación y denigración salvaje y extrema.
Además, otras compañeras de facultad, habían visto todo y se había excitado muchísimo, verse de esa manera tan denigrada y vejada. También, estaba un poco avergonzada por como habían descubierto sus gustos sexuales de esa manera, pero había cumplido sus fantasías eróticas con las que soñaba desde hacía un tiempo.
La cabeza de Teresa daba vueltas pensando en todas las escenas que se le sucedían en su mente a modo de flashbacks hasta que salió de la bañera para secarse e irse a la cama para dormir para descansar para esa noche.
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