Barco del amor
El barco está fondeado, los niños se han ido y la cubierta es solo para ustedes dos. Ana se quita el sujetador bajo el sol y te reta a cumplir lo que siempre has deseado. Pero la noche apenas ha comenzado, y ella tiene planes mucho más sucios esperándote en la oscuridad de la playa.
Uno de los colegas de negocios de nuestro cuñado, nos invitó a pasar un fin de semana en su velero, y como había sitio de sobra el nos invitó a Ana y a mi con los niños.
Embarcamos el viernes de tarde, y fondeo la primera noche en la ría de Arousa, como hacia una noche espectacular y con buena temperatura, cenamos todos fuera, y cuando los niños se marcharon a dormir, los adultos seguimos en una animada conversación que nos llevo hasta altas horas de la noche y con unas cuantas copas encima.
Nuestra falta de costumbre de beber, nos hizo que el sábado nos levantáramos mas tarde de lo normal, y nos llamó la atención el silencio que había a bordo.
Salí del camarote mientras Ana se ponía el bikini, y me encontré una nota de mi hermana, diciéndome que como estábamos tan dormidos, decidieron dejarnos, y se han llevado a los niños a la isla de Arousa y que volverían sobre las 3 con la comida.
Así que nos tomamos algo de desayuno y salimos a la cubierta para tomar algo el sol.
Ana me pidió que le echase crema solar, y dediqué varios minutos a hacerlo, regocijándome en el tacto de su piel, en su culo, en sus pechos, los cuales apreté con tanta fuerza que hice que Ana soltase un alarido, mezcla de dolor y placer.
Acabe el masaje con un te quiero, y un tierno abrazo, que ella respondió mordiéndome en el pectoral, para inmediatamente después darme un beso en el mismo sitio, mientras metía su mano en mi bañador para apretar mis nalgas.
Sin soltarme, miro a su alrededor, y tras comprobar que el barco fondeado mas próximo, estaba lo suficientemente lejos como para solo ser dos puntos en aquella cubierta, me arrimó mas a ella, se sentó y empezó a besarme y meter su lengua en toda mi boca, lo que provocó una inmediata erección en mi.
Entonces, con la mayor parsimonia de la que era capaz, Ana, extendió su toalla, se sacó el sujetador, y sin dejar de mirarme, se recostó a tomar el sol, y como veía que yo no reaccionaba, me preguntó ¿No tienes pensado venir aquí a follarme ahora mismo?
Me tumbé a su lado, y volvimos a besarnos apasionados, y en una de las pocas veces que apartamos los labios, me dice Ana, ¿No decías que te gustaban mis tetas? ¿Por qué no te las comes?
Así que sin decir nada, empecé a besar su cuello, bajé por su escote, y empecé a chupar su teta derecha, donde alternaba una gran succión donde metía lo que me entraba de sus enormes y magníficos pechos en la boca, con momentos en los que mi lengua jugueteaba con su pezón, lo que hacia que mi esposa suspirase de placer.
Tras recorrer la distancia de una teta a la otra, con mi lengua, repetí el proceso en la otra teta, y cuando me cansé de esta, junte ambas en el centro, para chupetear ambos pechos a la vez, lo que hizo que Ana, ya bastante excitada. me dijese. Ayúdame con esta braga y follame.
Mientras le quitaba las bragas la mire malicioso, y en lugar de meterle mi polla que estaba ansiosa por entrar en su dulce y húmeda cueva, metí mi cara, para empezar a comerme su clítoris, empezando muy despacio, y con unos cariñosos besos y lambetazos por los labios superiores, para después empezar a chupar, y lambérselo provocando grandes gemidos de mi esposa.
Y cuando Ana ya no pudo contener mas las ganas de ser penetrada, agarró mis orejas y me hizo subir para que empezase la penetración mientras la brisa y el sol nos acariciaban los cuerpos completamente desnudos.
Tras unos minutos bombeando en esta posición, quiso cambiar, y ser ella la que me montase a mi, lo hizo como la gran amazona que es, casi sin moverse, y disfrutando de cada centímetro de mi pene erecto en su interior, mientras me hacia disfrutar como un loco.
Pero su mente perversa no estaba aun conforme, y entonces se levantó, para apoyarse en mi cara, lo que hizo que automáticamente, yo empezase a chupar su muy mojado coño, pero solo lo que ella me autorizaba, ya que enseguida se levantaba, para que no pudiese seguir con mi placentera labor
Entonces volvió a montarme, lo cual no pude soportar mucho mas, y me corrí en su interior entre grandes alaridos, y por fin la recibí en mis brazos, y ambos agitados y sudorosos nos besamos y nos dijimos te quiero, y viéndonos a los ojos, como dos enamorados, empecé a acariciar su clítoris hasta que le hice correrse.
A los pocos minutos de acabar, y estar vestidos, llegaron todos los que faltaban de aquel fantástico fin de semana.
La tarde, la pasamos en una playa próxima a donde estábamos fondeados, jugando con los niños, mientras nuestras miradas se cruzaban, deseosas de otro momento como el de la mañana.
Al atardecer volvimos al barco, donde Arturo, él anfitrión, nos llevó a Ribeira mientras nosotros nos cambiábamos para bajar al puerto para cenar.
Ana llevaba un vestido largo, azul, y unas sandalias doradas, mientras que yo llevaba un pantalón corto blanco con un polo rojo, y los demás iban acorde a la situación, con ropas parecidas a las nuestras. Los siete cenamos agradablemente en él puerto, y tras una sobremesa amena, hasta que los niños dieron síntomas de cansancio, por lo que mi hermana y su marido se fueron con ellos a dormir al barco mientras los demás acabábamos las copas.
Alargamos un poco mas la noche, yendo a otro bar con Arturo, donde este se encontró con unos amigos, con los que se sentía en mayor confianza que con nosotros, por lo que notando que estorbábamos, decidimos volver al barco, dando un paseo, cuando Ana me dijo- Me hago pis, voy a bajar a esta playita, y hago, esperame porfi.
Y cuando estaba allí, esperando, me llamaron por teléfono, sorprendido, vi que era Ana, así que le cogí
Dime cariño
Gonza ¿Puedes bajar?
Es que necesito ayuda
Vale, voy
Le colgué y bajé por las mismas escaleras que antes había bajado ella. Cuando estaba en la arena, me di cuenta de que la luz de las farolas del paseo, no llegaban allí, pero en seguida la encontré medio escondida entre unas rocas próximas al muro del paseo. Me acerque y le pregunté.
¿Qué necesitas amor?
No tengo con que limpiarme, me dijo Ana con esa mirada picara que solo ella sabe ponerme. Así que me agaché a sus píes, ella puso su pierna sobre mi espalda, y me puse a comerme su delicioso néctar, que en esta ocasión tenia cierto gusto amargo por el efecto de la orina, pero que igualmente era delicioso. Ella allí de pie, agarrada a mi cabeza gemía lo mas bajo que el placer le permitía para que la gente del paseo no se asomase, y cuando estuvo satisfecha me detuvo, me levantó, se sacó las bragas, me las metió en la boca y bajándome los pantalones, empezó a comerse mi miembro viril, con tal maestría que me dejó completamente indefenso ante ella. Tras unos deliciosos minutos de comida, se levanto, me besó, y me dijo, vamos al barco a acabar esto, que me tienes loca.
Una vez en él camarote, solo yo fui al baño, pués Ana ya había ido en la playa, y al volver al camarote, me encontré la completamente desnuda, y abierta de piernas, esperándome
Yo me acerque a ella, y empezamos a explorar la boca del otro con nuestras respectivas lenguas, mientras Ana me desnudaba, y yo no dejaba de sobar sus pechos.
En cuanto separamos las bocas, ella me susurro un comeme, mientras hacia una leve fuerza hacia abajo, como indicándome él camino a su cueva del placer.
Yo estuve varios minutos devorándola y bebiendo sus jugos, hasta que de nuevo Ana me subió para que la penetrase. Pero esta vez, en vez de tirar de mis orejas, uso su dedo índice, a modo de garfio, para pescarme y subirme a la cubierta de sus pechos, donde comencé a bombear, con los gemidos de ambos como acompañamiento
Tumbate a mi lado, me pidió, y al hacerlo, en lugar de montarme, volvió a hacerme otra estupenda mamada, pero está vez no se detuvo, y acabó haciéndome correrme en su cara, aún en sock pues mi esposa nunca había querido tal cosa, la hice tumbarse, y aún agitado por él orgasmo, me metí entre sus piernas de donde no salí hasta que ella se corrió de forma abundante.
A la mañana siguiente, me despertó él graznido de las gaviotas, y como la vi tan hermosa a mi lado, empecé a hacerle un dedo hasta que se subió encima mía y follamos hasta que me corrí y la remate a ella con mis dedos para que se corriera.
Tras pasar la mañana de nuevo por él puerto, volvimos destino a casa, parándonos a medio camino para bajar a la playa con los chicos, y a media tarde estar atracados en el puerto de destino, donde nos despedimos del Arturo y él barco que tan buenos momentos nos hizo pasar.
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