Xtories
Amor filialoct 2023

La profesora de matemáticas 36

En la casa reina el silencio, pero bajo las sábanas arden secretos que no deberían existir. Mientras él la espera con la puerta entreabierta, ella sueña con ser poseída por quienes deberían protegerla. Dos mundos, un mismo juego de riesgo y placer prohibido.

baltrex18K vistas8.7· 9 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Clara no se perdió detalle y de vez en cuando soltaba un hala abriendo mucho la boca.

- Joooder. - Acabó por decir.

- Me dejó totalmente seco.

- Que fogosidad. Oye, conmigo solo me echas uno cada vez.

Alberto acarició el pelo castaño de su hermana.

- Tenemos que tener cuidado porque casi siempre hay alguien cerca. No hemos tenido una tarde entera para nosotros solos.

- Ya.

- No es por falta de ganas. Yo te follaría todo el día.

- Bobo. - Clara sonrió. Parecía satisfecha con la explicación de su hermano. - Vente esta noche a mi cuarto y me echas dos polvos.

- Encantado.

Alberto quería complacer a su hermana. A pesar de que tenían que madrugar al día siguiente y del riesgo de ser descubiertos. Alberto esperó en la noche a que todo estuviera en silencio. Con mucho cuidado abrió la puerta sin que chirriara. Fue de puntillas por el pasillo y agradeció que Clara hubiera dejado la puerta prieta sin cerrar del todo. Procuró que no hiciera ruido y tampoco al cerrar con sumo cuidado. Su hermana sonrió y le esperaba bajo el edredón totalmente desnuda.

- Ya estoy aquí. - Susurró.

Se sumergió bajó el edredón y en la entrepierna de su hermana. Catando el néctar que emanaba de su coño humedecido.

- Me esperabas, ¿eh?

- Calla y sigue.

Alberto siguió lamiendo y mordisqueando el clítoris de Clara, que tenía que ponerse la mano en la boca para ahogar sus gemidos de placer. Cuando recogió la recorrida fue a besarla y luego volvió a bajar a sus tetas, apetecibles como dos frutas frescas. Entonces la penetró muy despacio y hasta el fondo, disfrutando al máximo. Clara se mordió el labio y exhaló un largo suspiro mientras dibujaba una amplia sonrisa. Feliz de sufrir los embates de su hermano en su propia cama. Furtivamente. Alberto disfrutaba del delicioso y apretado coño de su hermana y poco después lo llenaba de su semen.

- El primero. - Le susurró al oído.

- Te queda el segundo.

Los dos se estuvieron besando y acariciando. Alberto sacó la polla e hizo que Clara se la pusiera a punto de nuevo. Se quedó luego tumbada de medio lado y Alberto le atacó desde atrás. Postura que le gustaba y le hacía poder tocarle bien el culo o las tetas. Clara volvía a taparse los gemidos. No pensaba colaborar más allá de la mamada. Alberto seguía sudoroso embistiéndola por detrás, esforzándose en satisfacer a su, esta vez, caprichosa hermanita. Finalmente hizo un último esfuerzo y volvió a eyacular por segunda vez en el coño de su hermana. Quedó apoyado sobre ella y respirando hondo tratando de recuperarse del esfuerzo. Su hermana sonrió satisfecha, se deslizó sobre la cama para girarse y con mucha dulzura le limpió la polla.

- Muy bien. Has cumplido.

- Ya, me voy. Buenas noches.

Clara le despidió con la mano y lanzándole un besito. Cansado, Alberto volvió a su cama con el mismo sigilo y cuidado con los que había salido de ella. Las dos mujeres de la casa le dejaban seco. Estaba muy contento no solo de haberse follado a su cándida madre, sino volver a follarse a una mujer. Era muy feliz follándose a Clara pero deseaba a una mujer ya totalmente formada.

Desde que Mariví y Alberto habían follado, se miraban de una manera especial, furtivas sonrisas y guiños, deseando ambos volver a tener otro momento de estar solos y disfrutar. Mariví recibía muy receptiva los asaltos de Alberto y trataba de devolvérselos, cosa que a Alberto agradaba sobremanera. A los pocos días hablaban a solas en la cocina mientras desayunaban.

- Cuando hay fútbol es buen momento. - Dijo Alberto.

- Sí, pero está tu hermana.

- La podemos controlar. Pasa tiempo en su cuarto.

- Prefiero no arriesgar, cariño. Déjame pensar un poco.

Alberto le podía decir que no saliera pero sería descubrir su relación incestuosa a Mariví. Mariví se quedó pensando y no era mala solución pero prefería no arriesgarse. Quizá si no quedaba otra.

- ¿Venir de noche a mi cuarto?

- No puedo ausentarme de la cama tanto rato como requeriría.

- Ya encontraremos cómo.

El siguiente sábado, Alberto madrugó con idea, sabiendo que su madre acostumbraba a levantarse temprano. Dio la casualidad que se levantó además con una erección mañanera. Mariví estaba preparando el café y le sonrió al verle entrar.

- Buenos días, madrugador.

- Buenos días, mamá.

Mariví se había percatado de la erección y sonrió satisfecha. Su hijo le abrazó por detrás, le dio un beso en la mejilla y depositó sus manos en las tetas, acariciándolas haciendo círculos y haciendo fuerza.

- ¿Por qué no vamos a mi cuarto ahora? Nadie se dará cuenta.

- Um, espera al menos que suba el café.

- Esto también ha subido.

Se sacó la polla tiesa y Mariví sonrió agradada.

- Sí, ahora vamos.

Alberto sonrió satisfecho y volvió a meterse dentro la polla. Pasó el tiempo de espera metiendo mano a su madre y besándola con dulzura. Mariví apartó la cafetera y apagó el fuego.

- Polvo mañanero. La mejor manera de empezar el día.

Mariví sonrió algo nerviosa y excitada y Alberto la cogió de la mano para llevarla a su cuarto. Cerró la puerta y le dio un largo beso. Le desabrochó la lazada de la bata y le ayudó a dejarla en el sillón. Se desnudó rápidamente mostrando orgulloso su polla enhiesta. Mariví se dejó caer el camisón y quedó igualmente desnuda.

- Me excita mucho cuando te quitas así el camisón.

- Me alegra.

- Mira como me pones la polla.

- Ya veo. Voy a desayunarla.

A Alberto aún le sorprendía algo esos comentarios picantes de su madre pero cada vez menos. Mariví se puso de rodillas y empezó a hacerle una mamada.

- Um, que rico, me encanta tu pene.

Alberto se dejó hacer y suspiró de placer cuando sintió la lengua de su madre recorriendo sus testículos.

- Que placer me das, mamá.

Le elevó del suelo cogiéndole de la mano y la depositó con delicadeza en la cama. Iniciando un cunnilingus que entusiasmó a Mariví.

- Seguiría un poco más pero no tenemos mucho tiempo.

- No te preocupes, hijo, métemela ya. Lo estoy deseando.

Alberto obedeció como buen hijo y volvió a sentir la sensación indescriptible de penetrar a su propio madre. Suave y cadenciosamente se la estaba follando.

- Más deprisa, hijo, el tiempo. - Le indicó sonriendo.

Alberto volvió a obedecer y aumentó el ritmo. Las tetas de Mariví se bamboleaban como flanes y ahogaba sus gemidos.

- Mmm, mmm.

- Vas a desayunar, mi leche vas a desayunar.

Mariví abrió solícita la boca y Alberto derramó en ella y su cándido rostro la corrida contendida durante la noche. Mariví sonrió tímida y se tragó sin rechistar el particular desayuno. Alberto le alcanzó un pañuelo.

- Gracias.

- Espera que te ayudo.

Le ayudó con el pañuelo a limpiarse y luego dejó que le limpiara la polla.

- Un poco más de leche. - Dijo Mariví sonriendo con cierta picardía.

Luego con naturalidad se vistió y fue al baño a lavarse la cara Regresó a la cocina y desayunó tranquilamente con su hijo.

- Joder, os pasáis el día follando, ya al punto de la mañana. - Dijo Clara.

- Lo tengo más difícil que contigo. - Trató de mediar.

- A mí no me vienes a follar por la mañana.

- Ya lo haré el próximo sábado. Pero recuerdo que es a ti a quien te follo a cualquier hora.

- Ese espero.

- Siempre que no venga mamá a buscarme jaja. - Se rió Alberto.

- Jaja imagina que no te ve y va a buscarte a mi cuarto.

Alberto sonrió viendo lo guapa y sexy que estaba su hermana mientras se reía.

- Y nos pilla follando jaja.

- Con lo guarro que eres te montarías un trío jaja.

- No digas nada que tú te le insinúas mucho y te encanta meterle mano.

- Bobo. - Dijo sacándole la lengua.

- Ya procuraremos que eso no pase, ¿verdad?

- Pero va a pasar ahora.

Clara se desnudó con su rapidez habitual e incitó con la mirada a Alberto a hacer lo mismo. Se encogió de hombros, medio sonrió y se desnudó. Su polla estaba tiesa, siempre la tenía preparada y a punto cuando se lo requerían. Clara la miró con deseo libidinoso.

- Me pones cachonda contándome estas cosas.

Poco menos que se abalanzó a chupar la polla de su hermano. Algo sorprendido por el ímpetu de Clara. La chupaba a sorbetones.

- Frrr, schh, frrr.

- Que ruidosa estás hoy.

- Calla, bobo. - Interrumpiendo la labor por un momento.

- No te enfades, la estás chupando de maravilla.

Clara se incorporó después de unos cuantos sorbetones y de haber saboreado bien la polla. Le daba morbo chuparla después de haber estado en el coño de Mariví, pero no dijo nada para que su hermano no se hiciera componendas o le dijera un comentario sarcástico. Le dio un empujón para tumbarlo en la cama y se colocó encima de él. Con habilidad y facilidad se encasquetó la polla en su coño y empezó a cabalgar. Sus incipientes tetas rebotaban arriba y abajo y Alberto las miraba embelesado.

- Que dos tetas tan bonitas se te están poniendo.

- ¿Si? Ya las tenía de antes. - Sin perder el ritmo.

Solo se paraba de vez en cuando para inclinarse a besar a Alberto. Enseguida se incorporaba y seguía moviendo la cadera. Sonrió satisfecha al notar como subía el semen caliente por su coño, le encantaba esa sensación. Se recostó y le dio tiernos y amorosos besos.

- Quería follarte yo hoy.

- Lo has hecho de maravilla.

- Te quejarás, hoy te has follado a las dos mujeres de la casa.

Nati estaba dando clase y de repente se dio cuenta de que estaba totalmente desnuda. Se quedó paralizada. Levantó la vista y los alumnos estaban desnudos de cintura para abajo mostrando sus pollas. A un gesto de Alfonso se encaminaron decididamente al lugar donde estaba Nati. Pero no pudo moverse.

- No, parad, iiih.

Le salió un hilo de voz casi imperceptible. Sus alumnos se rieron y empezaron a tocarle por todo el cuerpo. Nati se sentía humillada.

- Nos la vamos a follar a turnos como os he prometido, pero yo el primero.

- Noooo, socorro, chicas avisad a alguien, noo, iih.

De nuevo casi imperceptible. Los chicos volvieron a reírse y las chicas contemplaban con curiosidad como su profesora de matemáticas iba a ser violada en la misma clase. La llevaron entre varios chicos en volandas a la mesa. Sin dejar de ser manoseada por otros chicos cada vez más excitados e impacientes. La dejaron ligeramente recostada boca arriba. Totalmente expuesta su desnudez y a merced de lo que quisieran hacerle. Seguía sin poder moverse.

- Mirad que par de tetas tiene. - Dijo Alfonso.

Señalándolas y manoseándolas a continuación. Los chicos vitorearon. Alfonso pasó a señalarle el coño y a hurgarle en él.

- Mirad su coño peludo. Nos lo vamos a follar todos.

Alfonso hizo un gesto a la clase, fue nuevamente vitoreado y se giró con la intención de penetrar vaginalmente a Nati, que sentía ya la punta de la polla de su alumno a la entrada de su coño.

- Nooooo.

Justo despertó en ese momento. Sudorosa y algo desorientada. Tardó unos segundos en situarse. Estaba desnuda pero en su cama, como acostumbraba a dormir. Miró el despertador y era poco más de las tres de la mañana. Encendió la luz de la mesilla y se levantó para ir a por un vaso de agua. Más relajada sonrió por los efectos que le podía llegar a provocar su situación en el instituto. Trató de olvidarlo y volver a dormirse. A la tarde siguiente venía Felipe y le hizo dormirse con una sonrisa.

Felipe se tumbó satisfecho junto a Nati después de haberle echado el primer polvo de la tarde. Nati también sonreía satisfecha y acariciaba suavemente a su amante. No quiso comentarle nada de la pesadilla de la noche anterior. Seguramente se hubiera reído. Comentaron alguna cosa trivial del instituto y a los pocos minutos Nati empezó a mamarle la polla. Se colocó encima y se encasquetó sin problema la polla para cabalgar una vez más a su director. Le follaba como con rabia, queriéndose desquitar del mal recuerdo de la noche anterior.

- Buf Nati, que manera de follar, eres increíble.

- Así, así. - Respondió jadeante y sudorosa.

Nati se dejaba caer con todo su peso cuando se clavaba la polla hasta el fondo, emitiendo un chac al chocar. Se sentía penetrada en lo más profundo. Nati se hundió toda la polla, sonrió lasciva y dejó que el semen caliente le subiera por las entrañas.

- He de reconocer que este ha sido de los mejores polvos que hemos echado, Nati.

- Y ha habido unos cuantos. - Dijo sonriendo.

- Sí.

- Me da pena sacarme la polla pero ya está bajando y la tengo que limpiar. - Dijo con cierta sumisión y resignación.

Felipe sonrió y pensó en el viaje a Italia que había preparado a Carmen. Sabía que le gustaban esos viajes románticos. Ya se imaginaba paseando de su mano por bellos lugares y follándola en hoteles con encanto.

- Te has quedado absorto. - Dijo Nati interrumpiendo sus pensamientos.

- Eh, sí. Pensaba un poco en esta evaluación. - Dijo disimulando.

- Pues nada.

Nati había finalizado y se recostó sonriente y satisfecha junto a su amante. Felipe le acarició el pelo y le besó la cabeza.

- Me gusta mucho estar junto a ti.

Nati sonrió y se giró para besarle en los labios.

- Sintiéndolo me tengo que ir, ya sabes, Carmen se impacienta y me haría preguntas.

Nati esbozó un gesto de resignación y se encogió de hombros. Felipe fue a ducharse. Se despidió de Nati y salió a la calle. La tarde ya era más larga y algunos árboles empezaban a sacar las yemas que anunciaban la cercana primavera. La temperatura era algo fresca pero agradable. Llegó a casa y besó en los labios a Carmen, abrazándola.

- Cuánto trabajas, cariño.

- Sí, siempre hay pequeñas cosas que me entretienen un poco más de lo que quisiera.

- Me hace tanta ilusión ese viaje. - Apretándose a él.

- A mí también. Lo pasaremos muy bien.

- Seguro.

Nati, solo con unas bragas puestas, llamó a su madre. De nuevo emplearía las vacaciones, de Semana Santa esta vez, en hacerles una visita a sus padres. Le contó que le iba bien y que estaba contenta.

- No, no me he echado novio aquí.

- Con lo guapa que eres y lo que vales.

- Ya, ahora estoy bien sola.

- Pobre, ese tipejo de tu novio anterior… ni me quiero acordar de su nombre.

- Estoy bien, ya te he dicho, ya me he olvidado de él.

Nati se despidió y colgó el teléfono. Puso gesto serio, si su madre supiera que lo de su novio anterior no era nada comparado con el calvario que había pasado las últimas semanas del curso anterior. Intentó pensar en la gozosa tarde que había pasado y volvió a sonreír. Se agarró las tetas autoafirmándose y se levantó a preparar la cena.

Las redondas tetas de Carmen amasaban la polla de Felipe. Ella sonreía juguetona. Rápidamente pasó a chuparle la polla con fruición y a lamer y succionar los huevos. Se colocó encima de él y empezó a cabalgar.

- Te mereces un descanso y un momento de placer, después de tanto trabajo. Um, um, aaaah.

Felipe sonrió agradecido y no pudo evitar acordarse del polvo con Nati de hacía unas pocas horas en la misma posición. Al igual que con Nati se corrió hasta lo más profundo del coño y su compañera sonrió satisfecha, recostándose sobre él con la polla en su interior.

- Cuánto me hace disfrutar tu polla, cariño.

- Y a mi tu coño.

- Que gusto cuando sube todo el semen hacia arriba, buff. - Dijo sonriendo recreándose.

Le estuvo dando besitos sobre el pecho y finalmente se sacó la polla, ya algo flácida, de su coño lampiño, que le daba un aspecto más aniñado que agradaba a Felipe. Este no se atrevió a pedirle que le limpiara la polla. Una polla que había cumplido con nota en los tres compromisos del día. Carmen se dio media vuelta y se aprestó sonriente a dormir.

Alberto cumplió con su palabra y se puso el despertador a las 7 el sábado. Sabía que su madre se levantaba sobre las 8 todos los días. Eso le daba poco menos de una hora para su cometido. Sonrió y negó con la cabeza con una sonrisa de compromiso, lamentándose de tener que madrugar tanto un sábado para satisfacer a su dulce hermanita. Con su madre no tenía que madrugar tanto.

Se incorporó procurando no hacer ruido y se fue descalzo a la puerta. En previsión la había dejado prieta y no cerrada del todo. Afortunadamente su hermana había hecho lo mismo. Estaba encantadora dormida, parecía aún más angelical. Se acercó y deslizó el edredón. Clara dormía profundamente y estaba de lado. Con cuidado la dispuso boca arriba. Le bajó los tirantes del camisón y le sacó las tetas, jugueteó con ellas y las besó y lamió. Pensó el sueño tan profundo que tenía su hermana.

- Ummm, déjame, anda. - Reaccionó Clara por fin.

- ¿Pero no has dicho que viviera hoy a follarte?

- Sí, pero no tan pronto bobo. - Dijo algo desorientada con los ojos a punto de vencerse.

- Son más de las 7 y mamá se levanta a las 8. No tenemos tanto tiempo.

- Um.

Por respuesta, Alberto se desnudó y refrotó la polla por el angelical rostro de Clara. Cosa que le divirtió. Su hermana seguía quejándose. Le llevabano la polla a la comisura de los labios y los entreabrió pero no lo suficiente para poder acoger un aparato de ese tamaño. Alberto no se desanimó y decidió levantarle la falda y buscar su coño. Empezó a lamerlo y buscar el clítoris. Clara se desperezó y emitió una sonrisa de satisfacción, pero seguía somnolienta.

Decidió que había llegado el momento y la penetró con decisión de un solo golpe.

- Oooooh.

- Calla, que nos van a oír.

- Bobo, no seas tan bruto.

- Era la única manera de despertarte.

- Fóllame dormida.

- No te hubieras dado cuenta y me habrías dicho. - Sin dejar de empujar en el tierno coño.

- Sí que me he dado cuenta de todo lo que me has hecho desde las tetas. Solo tenía los ojos cerrados, me escocían.

- El próximo día ponte el despertador a la misma hora.

- Ya estás tu para despertarme a pollazos. - Dijo con retranca.

- ¿Y te gusta?

- No hay mejor manera de despertar.

Alberto siguió follando el coño a su hermana, que deliciosa sensación de como le apretaba la polla, se mordió los labios para reprimir un gemido de placer y se corrió. Clara le sonreía dulcemente.

- Eres todo un caballero, has cumplido tu palabra.

- Y mamá no nos ha pillado.

- Bobo. A lo mejor te la follas ahora.

- Ojalá.

Alberto le llevó la polla a la comisura y esta vez si abrió los labios para dejarla reluciente. Se volvió a vestir y salió tan sigilosamente como había llegado. Se había follado a su hermana en su cama y no se había movido un centímetro para ello. Se quedó unos minutos tumbado en la cama recreándose. Puntual como era habitual, Alberto oyó la cisterna del baño y a su madre pasar por el pasillo. Esperó otros cinco minutos y se levantó. Tanto recordar, se le había puesto gorda la polla sin llegar a estar en plenitud. Mariví se dio cuenta y sonrió con picardía mirando con descaro.

- Buenos días, hijo. Veo que te levantas en forma.

- Buenos días, mamá.

Alberto la besó en los labios y en respuesta a sus palabras le agarró las tetas. Mariví sonrió y se dejó hacer. Luego le bajó los pantalones y le miró como si lo reprendiera pero estaba sonriendo.

- Ya desde que te levantas estás pensando en sexo.

- La verdad es que sí.

Mariví sonrió y acabó de preparar el desayuno. Alberto le ayudó pero la excitación de mostrar el pene a su madre había completado la erección. Mariví se quitó la bata y se sentó. Le miró con ternura, esbozó una sonrisa pícara y se bajó los tirantes del camisón. Durante todo el desayuno estuvo enseñando las tetas para deleite de Alberto.

Al acabar y sin decir palabra se arrodilló frente a Alberto y le sacó la polla. La besó y lamió de arriba a abajo. Siguió haciendo lo mismo con los testículos. La agarró firmemente con su mano para poder abarcarla y pajearla a la vez que se la metía en la boca. Una mamada muy placentera que acabó con más leche en su boca.

- Um, que placer me has dado, mamá.

- Venga, ahora ya puedes irte más tranquilo a tu cuarto. Ventílalo y hazte la cama. - Dijo mientras se incorporaba.

Mariví se recompuso el camisón y se volvió a colocar la bata.

- No nos pillen. - Dijo con un gesto de complicidad.

- No. Pero te habías quedado con hambre del desayuno. - Dijo algo jactancioso.

- No seas grosero con tu madre.

- Perdón.

- No pasa nada, venga, vete.

Alberto obedeció, contento de haber tenido la mamada que no le había dado Clara, a ver que cara ponía cuando se lo contara. Mariví, con una media sonrisa, se puso a fregar los tazones como si nada hubiera pasado.

Continúa en